Hamlet.—¿Ni de suelas á su calzado?
Ricardo.—Ni uno, ni otro.
Hamlet.—En tal caso estaréis colocados hacia su cintura: allí es el centro de los favores.
Guillermo.—Cierto, como privados suyos.
Hamlet.—Pues allí en lo más oculto... ¡Ah! dices bien, ella es una prostituta... ¿Qué hay de nuevo?
Ricardo.—Nada, sino que ya los hombres van siendo buenos.
Hamlet.—Señal que el día del juicio va á venir pronto. Pero vuestras noticias no son ciertas... Permitid que os pregunte más particularmente: ¿por qué delitos os ha traído aquí vuestra mala suerte á vivir en prisión?
Guillermo.—¿En prisión decís?
Hamlet.—Sí: Dinamarca es una cárcel.
Ricardo.—También el mundo lo será.