Claudio.—¡Ah!
Hamlet.—Tal vez un hombre puede pescar con el gusano que ha comido á un rey, y comerse después el pez que se alimentó de aquel gusano.
Claudio.—¿Y qué quieres decir con eso?
Hamlet.—Nada más que manifestar cómo un rey puede pasar progresivamente á las tripas de un mendigo.
Claudio.—¿En dónde está Polonio?
Hamlet.—En el cielo. Enviad á alguno que lo vea, y si vuestro comisionado no le encuentra allí, entonces podéis vos mismo irle á buscar á otra parte. Bien que, si no le halláis en todo este mes, le oleréis sin duda al subir los escalones de la galería.
Claudio.—Id á buscarle.
(Vanse los criados).
Hamlet.—No, él no se moverá de allí hasta que vayan por él.
Claudio.—Este suceso, Hamlet, exige que atiendas á tu propia seguridad, la cual me interesa tanto como lo demuestra el sentimiento que me causa la acción que has hecho. Conviene que salgas de aquí con acelerada diligencia. Prepárate pues. La nave está ya prevenida, el viento es favorable, los compañeros aguardan, y todo está pronto para tu viaje á Inglaterra.