| Nota del transcriptor: La ortografía del original fue conservada. |
RIMAS
DE
BARTOLOMÉ MITRE
CON
UN PREFACIO DEL AUTOR
SEGUNDA EDICION, CORREGIDA Y AUMENTADA
BUENOS AIRES
Carlos Caravalle, Editor
Imprenta y Librerías de Mayo, Moreno 337 y Potosí 189
1876
| [INDICE] |
Puedan estos cantos encontrar un alma sensible que goce en sus acordes, despertando en ella risueñas fantasías ó elevándola á nobles sentimientos, aunque en seguida mueran! No aspirando á conmover á la posteridad lejana, deben resonar y apagarse al mismo tiempo. La inspiracion de un momento les dió vida, por eso huyen mezclados á la ligera danza de las horas.
Schiller.
ADVERTENCIA DEL EDITOR
Á ESTA SEGUNDA EDICION
Hace treinta años que el ilustre poeta D. Estéban Echeverría consignó estas palabras en un libro dedicado á la jóven generacion de sus dias: «El señor Mitre, artillero científico, soldado en Cagancha y en el sitio de Montevideo, ha adquirido, aunque muy jóven, títulos bastantes como pensador y poeta. Su musa se distingue de los contemporáneos por la franqueza varonil de sus movimientos, y por cierto temple de voz marcial que nos recuerda la entonacion robusta de Calímaco y Tirteo. Se ocupa actualmente de trabajos históricos que le granjearán, sin duda, nuevos lauros.»
Precisamente en la época en que las líneas que acaban de leerse se publicaban, (año de 1846) la musa del señor Mitre enmudecía, pues, como él lo ha dicho en su conocida Carta-Prefacio, casi todas las poesías líricas que forman su coleccion fueron escritas por él á la edad de veinte años.
Estas poesías, reunidas por la primera vez en un volúmen, se publicaron en Buenos Aires en 1854, precisamente por la imprenta en que hoy se da esta nueva edicion, siendo su editor el mismo que firma esta advertencia.
Aunque se hizo un tiraje bastante copioso para la época, la edicion se agotó muy luego, al punto que á los pocos meses nos fué imposible atender á la demanda creciente de la obra. La demanda, lejos de disminuir ha ido creciendo cada vez mas, como hemos podido cerciorarnos por nosotros mismos en el comercio de libros de que hace veinte años que nos ocupamos, obteniendo precios subidos, que no ha alcanzado entre nosotros ningun libro, los pocos ejemplares que por casualidad se ofrecen en venta.
Esta circunstancia nos ha determinado á hacer de las Rimas de don Bartolomé Mitre una edicion mas completa y correcta que la anterior, á la vez que mas lujosa, satisfaciendo así la demanda del público y enriqueciendo con ella la Biblioteca de Escritores Argentinos que hemos emprendido y de que llevamos publicados ya algunos volúmenes.
Para el efecto, hemos obtenido la colaboracion de un joven literato, quien teniendo á la vista un ejemplar de la edicion de 1854 anotado por el mismo autor, se ha prestado gustoso á dirijir este trabajo, encargándose de su clasificacion y correccion.
A esto se deberá poder incluir en este tomo varias composiciones que no tuvieron cabida en la primera edicion, y que publicadas anónimas andaban dispersas en los diarios; así como el poder presentar algunas otras con toda correccion en su forma definitiva.
Aun cuando el señor Mitre no ha hecho profesion de poeta, como él mismo lo ha dicho, y dejó de escribir versos muy temprano, como todos sus contemporáneos, Mármol, Gutierrez, Dominguez, Rivera Indarte, Irigoyen, Thompson, Balcarce, Cuenca y otros para quienes la lira fué mas bien un arma de combate que un instrumento artístico, precisamente por esto su obra poética es una página de nuestra historia revolucionaria, siéndolo á la vez de la literatura nacional.
Para hacer resaltar este carácter especial de sus poesías, han sido clasificadas bajo un órden metódico, dividiéndolas en cinco libros y agrupándolas por séries segun sus afinidades.
El «Libro Primero», comprende sus poesías patrióticas, escritas casi todas durante la gloriosa lucha de la libertad contra la tiranía, en la que el autor manejó al mismo tiempo la lira y la espada. Entre ellas el Canto á la derrota del Quebracho, la Muerte de Zacarias Alvarez, la Elegía á Lavalle, El Grito de Alarma en 1841 y su composicion Al 25 de Mayo en 1844, durante el sitio de Montevideo, son verdaderas páginas históricas llenas de vida, en que las heróicas pasiones de sus contemporáneos acompañan el canto varonil del poeta. Los Recuerdos de Buenos Aires, en que el proscripto rememora sus bellezas, sus glorias y sus desgracias, el Himno á los Mártires de la Libertad y su popularísima cancion del Inválido, pertenecen tambien á esta série, y tanto ellas como las anteriores justifican el juicio aventajado que á su respecto hizo Echeverría en 1846.
El «Libro Segundo», contiene bajo el epígrafe de Armonías de la Pampa, algunas composiciones, que segun el mismo autor lo ha dicho en una nota puesta al pié de una de ellas, pertenecen á un género esencialmente nacional, que puede llamarse nuevo, así por los asuntos como por el estilo, segun la teoría que él mismo ha desenvuelto sobre este tema. A este género pertenece Santos Vega, El Caballo del Gaucho y El Pato. Por razon del escenario y aun del asunto, hemos creido deber incluir entre ellas la Revolucion del Sud y El Ombú en medio de la Pampa, bien que la primera corresponda mas á las poesías patrióticas y la segunda á las de diverso género reunidas en otro libro.
El «Libro Tercero», comprende bajo la denominacion de POESÍAS DIVERSAS, los asuntos morales, sentimentales, fantásticos ó de caprichosa y fugitiva inspiracion, que corresponden á varios géneros y asuntos. Señalaremos entre ellas la que se titula En la Tumba de un Poeta, El Valz, La Despedida, La Agonía del Poeta, La Desesperacion, las Noches de Diciembre y los Dos Pensamientos, en que no obstante sus variados tonos, predomina un tinte melancólico que les da un aire de familia.
El «Libro Cuarto», bajo el rubro de Poesías Familiares, comprende las composiciones inspiradas por los afectos íntimos del hogar y de la amistad espansiva, descollando entre todas ellas la que lleva por título A mi hija Delfina.
Por último, en el «Libro Quinto» están coleccionadas todas las imitaciones y traducciones poéticas del autor. Entre ellas sobresalen El Cementerio de Campaña de Grey, El Salmo de la Vida de Longfelow y El Apóstol de Beranger, que así por la celebridad universal de los testos, como por la manera magistral con que están manejados, jueces muy competentes estiman como los trabajos mas notables que encierra este libro.
Tal es la edicion que presentamos y que viene á agregar un volúmen mas á nuestra Biblioteca de Escritores Argentinos, de la cual forma parte integrante, habiendo por consiguiente adoptado el mismo formato y papel de los ya publicados, continuando nuestro propósito.
C. C.
CARTA-PREFACIO
DE LA PRIMERA EDICION
Buenos Aires, Marzo 1º de 1854.
Recuerdo que en uno de los mas bellos capítulos de sus Impresiones de Viage, me llamó «poeta por vocacion».
Hoy, al tiempo de publicar mis poesías, se me ocurre retribuir á Vd. aquella fineza, colocando esta carta al frente de su primera edicion. En el mismo capítulo en que me hacía el agradable cumplimiento que he citado, decía Vd., hablando del sitio de Montevideo, de que yo era soldado en aquella época:—«En medio de este caos de intereses, respirando la atmósfera cargada de humo, y encerradas en un horizonte que á cada punto tiene aparejadas tormentas que de una hora á otra pueden descargar sobre sus cabezas, las musas argentinas, cualquiera que sea la ribera donde les sea permitido entregarse á sus sueños, lo divinizan todo, hasta la desesperacion y el desencanto. Me parece que una causa profunda hace al pueblo español por todas partes poeta: inteligencias caidas, como aquellos nobles de otro tiempo descendidos á la plebe, con organizaciones é instintos desenvueltos; mentes elevadas y ociosas que se remueven y agitan én su nada, revelando su elevada condicion por entre los harapos que las cubren. El español, inhábil para el comercio, que esplotan á sus ojos, naves, hombres y caudales de otras naciones, negado para la industria, la maquinaria y las artes; destituido de luces para hacer andar la ciencias, ó mantenerlas siquiera, rechazado por la vida moderna para que no está preparado, el español se encierra en sí mismo y hace versos; monólogo sublime á veces, estéril siempre, que le hace sentirse ser inteligente y capaz si pudiera, de accion y de vida, por las transformaciones que hace esperimentar á la naturaleza que engalana en su gabinete, como lo haria el norte-americano con el hacha de los campos, aquel poeta práctico que hace una pastoral de un desierto inculto, é inventa pueblos y maravillas de la civilizacion, cuando del bosque asoma su cabeza á la márgen del rio aun no ocupado. ¡Yo os disculpo, poetas argentinos! Vuestras endechas protestarán por mucho tiempo contra la suerte de vuestra patria. Haced versos y poblad el rio de seres fantásticos, ya que las naves no vienen á turbar el terso espejo de sus aguas. Y mientras otros fecundan la tierra, y cruzan á vuestros ojos con sus naves cargadas el almo rio, cantad vosotros como la cigarra; contad sílabas, mientras los recien venidos cuentan patacones; pintad las bellezas del rio que otros navegan; describid las florestas y campiñas, los sotos y bosquecillos de vuestra patria; mientras el teodolito y el grafómetro, prosáicos en demasía, describen á su modo y para otros fines, los accidentes del terreno.—¡Qué de riquezas de inteligencia, y cuánta fecundidad de imaginacion perdidas! ¡Cuántos progresos para la industria, y qué saltos daria la ciencia si esta fuerza de voluntad, si aquel trabajo de horas de contraccion intensa en que el espíritu del poeta está exaltado hasta hacerle chispear los ojos, clavado en su asiento, encendido su cerebro y agitándose todas sus fibras, se empleara en encontrar una aplicacion de las fuerzas físicas para producir un resultado útil!»
La diatriva es un poco fuerte, y aunque algo merecida, hace tiempo que le guardo rencor por la parte que me toca como soldado raso en la falange de poetas del Rio de la Plata, que ha divinizado hasta la desesperacion y el desencanto. Monólogo estéril, mentes decaidas, hombres incapaces para la accion, inhábiles para el trabajo, derrochadores de la inteligencia, tales son los calificativos que prodiga á la poesía y á los poetas, deplorando que la fuerza creadora aplicada á ensanchar los límites del mundo inmaterial no se hubiese aplicado esclusivamente á hacer alguna nueva conquista sobre el mundo material. Para confusion de sus detractores y para honor de la poesía, ha tenido que valerse de su propio lenguaje al atacarla, como esos caudillos de la montonera, que al mismo tiempo que procuraban desacreditar la táctica europea, se servian para contrarrestarla de sus propias maniobras mal aprendidas y peor enseñadas.
Ya veo, que si le diesen á organizar el mundo, desterraría como Platon, á los poetas de su república, sin embargo de que Vd., lo mismo que aquel grande hombre, tiene mas de poeta que de filósofo, y solo le falta para complementar su inteligencia privilegiada, iluminar la parte tenebrosa de su mente con la luz resplandeciente de la poesia.
Tal es el objeto que me propongo en esta carta, y creo que lo conseguiré, haciendo resonar en el fondo de su conciencia aquella voz misteriosa que gritó á San Pablo, perseguidor de los cristianos:—«Saulo, ¿por qué me persigues?»
Habiendo V. estudiado filosofía sin maestro, como yo, debe haber leido á Herder, Bouterweck, Richter, Jouffroi, Schlegel, Burke, Winckelman y tantos otros, y por consecuencia debe saber lo que es estética, palabra derivada del griego, que, si hemos de dar crédito á los que comprenden este idioma, significa sensacion, sentido, facultad de sentir; y por medio de la cual se designa la parte de aquella ciencia que esplica y analiza la teoría de lo bello, de lo agradable y lo sublime. Asunto es este que ha inspirado á Kant uno de sus libros mas serios y bien pensados, libro que obligó á los espíritus mas austeros á dar carta de ciudadanía en los dominios filosóficos á la ciencia de la estética, que ya Baumgarten habia bautizado con el nombre alambicado de «Filosofía de las Gracias y de las Musas».
Sabiendo todo esto, debe saber tambien que la estética divide el imperio de las artes en dos; artes de espacio, y artes de tiempo, es decir, artes que se ven ó que se palpan, ó artes que se oyen ó se sienten. A las primeras corresponden la pintura, la escultura y la arquitectura; y á las segundas, la música y la poesía, division con la cual yo no estoy del todo conforme, por las razones que paso á esponer.
Yo considero la poesía como un arte sintético, ó lo que es lo mismo, un arte que obra sobre la imaginacion y sobre los sentidos á la vez, por la doble combinacion de las formas materiales é inmateriales del espacio y del tiempo. Así ha observado Sismondi con mucha propiedad que «la poesía es una feliz combinacion de dos de las mas bellas artes: música por los sonidos y pintura por las imágenes.» Esto se comprueba con la profunda observacion hecha por todos los críticos de que, los mas grandes poetas son precisamente aquellos cuyas ideas poéticas son susceptibles de representarse por medio de la pintura, como se vé leyendo con atencion las obras del Dante ó de Milton; habiendo el primero inspirado á Miguel Angel los famosos frescos, cuyos dibujos ornados por la mano del Giotto, habrá podido ver en la biblioteca del Vaticano; y habiendo sido propuesto el segundo como modelo á los pintores por uno de los grandes prosadores de nuestra época, por Guizot. D'Ampere, un espíritu no menos sério, ni menos profundo ha dicho á este respecto: «La grande escultura griega, tal como se muestra en la Niobe de Florencia ó en las estátuas del Partenon, es la poesía homérica traducida en mármol. El Dante dibuja sus figuras á la manera enérjica, atrevida y grandiosa de Miguel Angel; y el fresco del Juicio final es un canto del Dante.»
No puede negarse que la línea, el colorido y la palabra tiene sus límites, y que á la pintura y á la escultura les está vedado lo que es permitido á la poesía, pero esto no destruye la regla general de que, para escitar la admiracion, la pintura necesita ser poética, así como la poesía necesita ser pintoresca. La razon de esto es muy clara: la idea que escapa á la pintura, es decir, la idea que no es pintoresca ó que no tiene cierto movimiento dramático, se presenta confusamente á la imaginacion.
Toda esta disertacion metafísica—que vá á hacerme pasar la plaza de pedante—no tiene mas objeto que crearme un punto de apoyo para repetir lo que se ha dicho tantas veces, que «algo le falta al hombre que es insensible á los encantos de la música ó de la pintura» y que por consecuencia le falta todo al que no es susceptible de comprender todas las bellezas de la poesía, que condensa á la vez la imágen y la armonía.
Y á propósito, ya que hablamos de música, ¿sabe V. quien fué el inventor de la lira? Segun dice Apoliodoro, (aun cuando los descubrimientos de Champollion parecen desmentirlo, pues solo se ha encontrado el arpa en los monumentos egipcios) su inventor fué Hermes Trimegisto, secretario de Osiris, quien habiendo encontrado en las riberas del Nilo una tortuga muerta, cuyos nérvios resecos por los rayos del sol se habian convertido en cuerdas sonoras, tomó de aquí la idea del instrumento que hoy simboliza la poesía y al son del cual bailaba el hierofanta egipcio, espresando simbólicamente las revoluciones de los astros y el órden aparente del universo. A esta escuela musical perteneció Moises, y ella dió orígen al arpa hebráica, á los salmos de David, á los cantares de Salomon y á las lamentaciones de Jeremías.—Algun tiempo despues, inventó Hiagnis la flauta frigia, que acompañó los primeros himnos que se cantaron en honor de Baco y de Pan. Estos dos instrumentos (poniendo, si se quiere, el arpa en vez de la lira) tomados de la naturaleza, compusieron la primera orquesta de los tiempos primitivos, y de la lira ó arpa egipcia y de la flauta frigia, ha nacido ese lenguaje universal que cuenta hoy mas de ochenta sonidos, y que segun me lo aseguró un dia el gran pianista Hertz, puede dar mas de cien sonidos distintos en el piano; mientras que los idiomas mas ricos de nuestros dias no pueden dar ni la mitad. ¿Cómo esplica Vd. este misterio? Es que la música, mas filosófica que los filósofos, y menos desdeñosa que los hombres de letras, ha recojido en su seno todas las modulaciones de todos los idiomas antiguos y modernos del norte y del mediodia, con las cuales se ha enriquecido, en la misma proporcion en que se ha empobrecido el idioma hablado, por el radicalismo exagerado de hombres que á título de espíritus sérios y positivos, pretenden desalojar á la armonía poética del último atrincheramiento en que se defiende aun con heroismo, rechazando los ataques violentos de los prosistas iconoclastas, cuyo bello ideal es un lenguaje sin símbolos y sin música, y para quienes la estructura del verso no es una forma tomada de la naturaleza misma, como la lira egipcia, (ó griega segun otros) sinó una combinacion feliz del capricho humano—«un ingenioso contrasentido», como decía Newton. Por eso el verso se le presenta á Vd. como la prision del pensamiento; por eso vé en él un obstáculo mas bien que un punto de apoyo; por eso, en fin, cree que una idea pierde en profundidad todo cuanto gana en sonoridad; y esto esplica, ya que no disculpa, su juicio desventajoso sobre la poesía.
Si Vd. hubiese hecho un estudio detenido de las leyes de la versificacion, si se hubiera propuesto darse cuenta de la razon del yambo, del dáctilo, del troquéo y del espondéo, habría visto que todo su mecanismo reposa sobre la combinacion de las sílabas agudas y graves caracterizadas por los acentos; y que el movimiento del verso, su número y sus pausas, obedecen á reglas constantes que tienen su orígen en la naturaleza de los idiomas, y en la organizacion humana, siendo la rima y la cantidad de sílabas, lo mas secundario que hay en la estructura del verso. Así vemos que el francés, que es el único idioma moderno que no haya adoptado para su versificacion la prosodia poética inventada por los provenzales,—de que hablaremos mas adelante—es en manos de sus mas grandes poetas, un instrumento pobre é insonoro, por no contar con mas recursos métricos que con los que le presta el número de sílabas y la repeticion de la rima, lo que hace que los franceses hayan llegado hasta el grado de negar que exista una armonía poética fuera de estas dos condiciones materiales. Por eso la lengua francesa es la lengua mas prosáica del mundo, segun lo han reconocido sus grandes hablistas, y entre ellos Cárlos Nodier y Michelet; lo cual esplica porque la Francia no haya producido un gran poeta, digno de rivalizar con Homero, con Virgilio, con el Dante, con Byron, con Goethe, con Camoens ó con Calderon, y la razon porque no lo producirá jamás. Aquí tiene Vd. demostrado hasta la evidencia la importancia de la forma métrica, y la influencia que ella ha ejercido y ejerce en el desenvolvimiento del entendimiento humano.
No estrañe que entre en estos detalles minuciosos sobre la cadencia poética en sus relaciones con la música y con la naturaleza humana, desde que ellos me sirven tan eficazmente al objeto que me he propuesto en esta carta. Ademas, como lo ha dicho Sismondi, «la estructura del verso, esta parte en cierto modo mecánica de la poesía, está ligada por acordes misteriosos y secretos, con nuestras sensaciones, con nuestras emociones, con todo aquello que habla á nuestro corazon y á nuestra imaginacion, y seria conocer muy mal el lenguaje divino de los poetas, considerarla solamente como una traba impuesta al pensamiento. Los versos no conmueven nuestras almas, no cautivan nuestras pasiones, sinó porque tienen algo de mas íntimo que la prosa, algo que se apodera de todo nuestro ser, encontrando mas directamente el camino del espíritu y de los sentidos, y trayéndonos impresiones mas completas que las que el lenguaje por sí solo y desprovisto de estos accesorios puede despertar.» Y mas adelante agrega: «La rima es una especie de llamamiento al recuerdo y á la esperanza, ella despierta una sensacion pasada y hace desear una nueva, realza la importancia de los sonidos, y dá en cierto modo una especie de colorido á las palabras.»
Nada de estraño sería que los poetas elogiasen su lenguaje, pero cuando los mas eminentes prosistas proclaman su superioridad, preciso es reconocer que hay en él algo de verdaderamente sublime, y que por lo menos, no se le debe juzgar sin haberle estudiado antes.
Si del lenguaje poético, considerado en sus relaciones con la música y con la organizacion humana, la mente se eleva hasta la contemplacion de la idea abstracta, y penetra en los dominios de la psicología, se verá que, siendo la poesía á la prosa, lo que el drama lírico es al drama recitado, ella no es otra cosa que el lenguaje á toda orquesta, la palabra que se acompaña con la música del ritmo y de la rima, que se impregna de ella, que la asimila á su ser, que funde en un todo compacto la idea y la armonía al fuego inestinguible de la inspiracion que arde en la cabeza del poeta. Así es como la poesía, á la manera de una onda sonora, penetra en lo mas hondo de la imaginacion y de la conciencia, apoderándose al mismo tiempo de los sentidos, despertando suavemente las emociones perezosas que dormitan, haciendo sentir al hombre la unidad de su ser, formando en el fondo del alma un acorde sublime, y dominando con su canto las emociones disonantes del corazon humano.
Suprimid la poesía, y las relaciones del hombre con la naturaleza quedan interrumpidas, mientras que nuestras facultades, funcionando aisladamente como en sueños, jamás producirán ese acorde sublime que es el resultado de la imágen, del sonido, del movimiento y de la abstraccion; que son las cuatro grandes manifestaciones de la vida, los cuatro principios constitutivos de las bellas artes, los cuatro elementos de cuya combinacion se forman todos los productos intelectuales, y que la poesía es la única que condensa y reduce á una sola fórmula.
La poesía es el puente misterioso que une al hombre físico con el hombre moral, y que pone en contacto todas sus facultades; por eso decia Schiller:—«Para filosofar, basta la mitad del hombre mientras que la otra mitad puede descansar: pero las musas lo absorben todo.» Para ser poeta, se necesita sentir y pensar á un mismo tiempo, y poner en ejercicio el poder de abstraccion á la vez que la imaginacion, porque lo que no conmueve y convence, no merece el nombre de poesía. Las ciencias y las artes no tienen alas para volar mas allá de las fronteras del mundo material, ni ojos para objetos que se hallen fuera del alcance del telescopio. La poesía ademas de tener alas y de tener ojos para recorrer el universo y contemplar en él cuanto hay de grande y de bello, puede lanzarse á los espacios infinitos de la creacion, penetrar en los dominios del mundo inmaterial, poner al hombre en relacion con Dios, y establecer entre el cielo y la tierra aquella cadena de oro, que segun los antiguos, ligaba á la criatura con su Criador.
Esto es la poesía, esto es el arte divino, del cual ha dicho Vd. que solo tiene sacerdotes entre los hombres incapaces de accion, esto es lo que Vd. ha llamado «monólogo sublime á veces, estéril siempre».
Una república prosáica, tal cual Vd. parece desearla, tendria mucha semejanza con aquella pálida mansion de los héroes de la antigüedad, que el Dante nos describe en su Infierno: imágen debilitada de la vida, en que las sombras vagan sin esperanzas de un bien mejor, llorando la pérdida de una felicidad que nunca conocieron. Sería un cuerpo sin alma; sería la bella estátua de Prometeo sin el fuego sagrado que la dió vida y movimiento. Desheredados de la poesía, ¿qué voz simpática responderia á las armonías secretas del corazon? ¿qué potencia sobrenatural nos elevaria á la contemplacion de lo infinito? ¿qué relámpago iluminaria con sus resplandores pasageros las profundidades de nuestro ser? ¿por qué medio se dirigirian los instintos, una vez quebrado el instrumento usual con que se forma y desarrolla el sentimiento y la inteligencia de lo bello? Preguntas son estas que pondrian en bárbaros aprietos al legislador en teoría de esa soñada república platónica.
No sé por qué me parece encontrar cierta analogía entre su idea y las asociaciones de las abejas, de las hormigas y de los castores. Hé aquí tres repúblicas que realizan el bello ideal de los positivistas, y que llenan todas las condiciones pedidas por Vd.: repúblicas de matemáticos, de ingenieros, de químicos y de industriales, que pasan la vida cavando la tierra, edificando y destilando, «aplicando al trabajo todas las fuerzas físicas sin «malgastar sus fuerzas intelectuales en ornamentaciones inútiles, ni en monólogos sublimes, pero estériles»; y deshojando las flores para arrojar sus perfumes en el gran alambique de la fábrica comunista! Hé aquí su bello ideal: el hombre menos la idea del progreso, menos la aspiracion á lo infinito, menos la condicion de la perfectibilidad; porque, desengáñese, sin la poesía bajo alguna de sus formas, el progreso, la abstraccion y la perfectibilidad son imposibles. Así se vé que los castores, las hormigas y las abejas fabrican sus casas, hacen sus provisiones, trazan sus exágonos y destilan la miel lo mismo hoy que al principio del mundo, lo mismo mañana que hoy, sin dar un paso adelante. ¿Por qué? Porque les falta la poesía que satisface á la aspiracion de lo mejor, de lo ideal, que es el resorte poderoso de la perfectibilidad humana. Su aspiracion prosáica me trae á la memoria en este momento los versos de un poeta español del siglo pasado:
Dura resolucion desesperada
Labrarse un molde en qué vaciar la vida,
Sin que se altere de la estampa nada.
Los espartanos pretendieron tambien estirpar la poesía del corazon, y lograron fabricar un molde artificial para dar una nueva forma á la naturaleza humana, ¿y qué consiguieron? destruir el libre albedrío, arrebatar á la inteligencia el atributo mas bello de la divinidad, despojar á la humanidad de sus amables virtudes, sin estirpar sin embargo esa poesía colectiva, á despecho del mismo pueblo que la rechazaba, que, como lo ha observado Tocqueville, es el signo característico de la poesía democrática. La república de Esparta no es, por otra parte, sino un engendro de la imaginacion poética de Licurgo, que concibió una asociacion en su cabeza, la formuló en un poema que llamó leyes, y fanatizado por su idea, como Saint-Simon y Fourrier en nuestros dias, dió su vida á trueque de ver realizada su teoría, hija mas bien de la fantasía que de la observacion de la naturaleza humana.
Apesar de tantas precauciones, la música y la poesía tenian un culto secreto en el corazon de aquellos austeros ciudadanos, dispuestos á morir por sus santas leyes; y la prueba de esto es, que allí fué donde se añadió una cuerda mas á la lira, lo que le valió un destierro perpétuo al inventor, bajo el pretesto de que tales armonías convidaban al pueblo á la molicie.
La lira se encargó de su venganza.
Años despues, los de Esparta en guerra con los Mesenianos, pidieron auxilio á Atenas. Esta República les envió por contingente un poeta armado de una lira. El poeta se llamaba Tirteo. Sus himnos guerreros encendieron el entusiasmo en todos los corazones y templaron la fibra viril del pueblo abatido por la derrota, que voló con decision á la batalla. Rotos los escuadrones de Esparta, los dispersos oyeron á su espalda la voz robusta de Tirteo, que se acompañaba con la lira encordada por los Espartanos, y volviendo caras, conquistaron de nuevo el lauro de la victoria, probando á sus enemigos que la poesía lejos de convidar á la molicie sabe exaltar lo que hay de mas noble y de mas sublime en el corazon humano. Por esto, el mismo Licurgo se vió obligado á confesar que el triunfo de Lacedemonia se debia á Tirteo. Los Lacedemonios, salvados por la poesía, que en vano habian procurado proscribir, dieron á Tirteo el título de ciudadano, y promulgaron una ley para que en adelante sus poesías fuesen recitadas á los ejércitos de la república, reunidos en torno de la tienda de campaña de sus Generales.
A Vd., á quien veo muy propenso á seguir el ejemplo del éforo espartano, puesto que, segun Vd., la poesía es hija de la impotencia y la pereza, bueno es predicarle con estos ejemplos elocuentes que echan por tierra todas sus teorías, que con la mayor seriedad llama cosas prácticas. Y ya que andamos viajando por la antigua Grecia no abandonaremos este pais encantador, cuyos laureles nos quitan el sueño, sin haber hecho otra escursion por su historia. En una carta que nada tiene de geográfica, son permitidos estos paseos caprichosos, en que la imaginacion gusta estraviarse por los senderos floridos que se abren ante sus pasos, aunque ignore á donde van á parar.
La palabra poesía deriva del griego, y si hemos de dar crédito á los filólogos, significa crear, componer, fabricar, hacer, construir, en fin, es una verdadera palabra enciclopédica, que representa dignamente á la potencia creadora por escelencia, que á la manera del Creador sobre el barro, sopla sobre una idea invisible, le dá forma y vida, y la inmortaliza por los siglos de los siglos, sin el auxilio de la reproduccion.
Marmontel pretende que allí donde esa palabra tuvo su orígen fué donde nació la poesía. La historia desmiente esta hipótesis: la poesía nació con el hombre, y el idioma rítmico fué el primero que vibró en su lábio balbuciente, como el gorjeo es el primer sonido que sale de la garganta de las aves. Si el hombre no fuese perfectible habria hablado eternamente en verso, como el pájaro que por no ser susceptible de aprender á hablar, se ha quedado con su lenguaje primitivo, sin poder alcanzar hasta la prosa, que es, como lo observa Michelet, la última forma en que se concreta el pensamiento humano. ¿Y quién nos dice que porque el pájaro no pronuncie palabras como el hombre no hay poesía en su canto? Qué otra cosa es la poesía sino la queja tierna ó dolorida, la vibración armónica de cada organizacion, las emociones ó las ideas íntimas que se convierten en sonidos al pasar por los lábios como el viento al pasar por las arpas eólicas? En este punto estoy de acuerdo con Calderon, que dice que el pájaro es poeta, susceptible de pensar y de sentir, y por lo tanto de hacerse comprender en el lenguaje que le es peculiar. Cito los versos en que así lo da á entender, porque son admirables y dignos de un gran poeta:
Y con acento suave
Se queja una simple ave,
Y en amorosa prision
Así aliviarse pretende;
Que al fin la queja se entiende
Si se ignora la cancion.
Pero dejando aparte esta profunda cuestion fisio-ornitológica; de lo que no hay duda es, que el verso precedió á la prosa, y sus mas antiguos monumentos así lo atestiguan. Esto se prueba con la historia de los tiempos primitivos.
El Ejipto, cuna de la civilizacion del mundo, donde estudiaron la música Moises y Pytágoras, tuvo en su orígen cantos para todos los trabajos, calculados para reglar el movimiento de los trabajadores por médio del ritmo, pues sus habitantes como grandes observadores de la naturaleza habian descubierto ya el fenómeno fisiológico que se ha esplicado en nuestros dias, de como la música y las canciones hacen sobrellevar por mas largo tiempo la fatiga con menos cansancio del hombre. Este pueblo, que tenia sin duda el órgano de la simetría, y que sujetaba al ritmo hasta los trabajos de campo, las ceremonias religiosas y las revoluciones de los astros, no puede haber hablado en sus primeros tiempos otro lenguaje que el métrico; y aunque ni los Árabes ni los Griegos hagan mencion de sus poetas, esto no prueba que su modo de hablar dejase de ser cadencioso, como el de todos los pueblos primitivos pues de esto á lo que propiamente se llama poesía hay una gran distancia.
Los primeros civilizadores de la Grecia fueron músicos y poetas. Los sacerdotes, los sábios los médicos los filósofos y los matemáticos, fueron los primeros poetas griegos.
Anfion, por el poder irresistible de las armonías de su lira, segun cuenta la fábula, puso en movimiento las piedras y levantó los muros de la ciudad de Tebas.
Orfeo, que hizo parte de la espedicion de los Argonautas, cuyo viage es tan cierto como el de Colon, domesticó á las fieras con los blandos sonidos de su lira, segun cuenta la misma fábula. Aun cuando pueda ponerse en duda este milagro y el de Anfion, ahí están sus Himnos de Iniciacion para comprobar que antes de que hubiese prosa hubo un poeta. Ahí están para mayor abundamiento los mitos y las poesías Índicas, anteriores á las leyendas y á los himnos de Orfeo.
Homero y Hesiodo, su contemporáneo, que ennoblecieron el dialecto jónico, reasumieron en sus poemas toda la civilizacion de un mundo, concretaron todo un ciclo histórico, y ensanchando los límites del corazon y de la intelijencia, pusieron al hombre en relacion con todos los objetos de la naturaleza de que estaba rodeado.
Solo ochocientos años despues de Orfeo, y cuatrocientos años despues de Homero y Hesiodo, apareció por primera vez la prosa en Grecia, en el año 600 (antes de J. C.) Segun algunos eruditos, el honor de esta invencion corresponde á un indio llamado Bidpai; segun otros, á un esclavo frigio llamado Lokman, que no falta quien diga que es el mismo Esopo. Plinio sostiene que la gloria de la prosa corresponde al filósofo Pherecydes, y á Cadmo de Mileto la de la historia. Otros piensan con Strabon que deba darse la prioridad á Cadmo. Ambas opiniones encontradas convienen empero en un punto, y es, que tanto la prosa de Cadmo como la de Pherecydes, su contemporáneo, eran todavia una imitacion del lenguaje poético, consistiendo toda su innovacion en romper la medida del verso.
Pytágoras, la cabeza mas matemática que haya producido el mundo, sin escluir la de Pascal, continuó pensando en verso, y en verso continuó hablando á sus discípulos, que en sus Versos Dorados nos han transmitido las lecciones de aquel gran maestro y de su inmortal escuela.
Hasta la época de Platon no se acreditó la prosa entre los filósofos griegos.
Los latinos no conocieron la prosa sino 307 años despues de la fundacion de Roma, en que con motivo de una arenga pronunciada ante el Senado por Apio Caecus, para exitarlo á que no hiciera alianza con Pyrro, se introdujo el uso de este lenguage en la vida civil.
Los Arabes no escribieron en prosa hasta el siglo VI de nuestra era, es decir, bajo la dominacion de Mahoma; y en Irlanda no se hizo uso de ella hasta el siglo XII.
Basta lo dicho para demostrar que la poesía precedió á la prosa, y que esta no es otra cosa en realidad, que el verso roto y descompuesto ajustado á otra cadencia mas grave y menos vibrante.
Aquí tiene Vd. como al descomponer los versos y ensartarlos unos tras otros, no ha hecho otra cosa que plagiar á los primitivos prosadores, repitiendo sin sospecharlo, uno de los pasos mas gigantescos que haya dado el lenguage universal, cual es la transicion del verso á la prosa.
Pero lo que en los antiguos era un progreso, en Vd. es un retroceso; y para demostrarle claramente esto que parecerá una paradoja, necesito entrar en algunos detalles técnicos sobre la versificacion.
En las edades primitivas era mas fácil hacer verso que prosa, porque el lenguage métrico era para el hombre lo que el canto para el pájaro, en razon de que, fundándose los idiomas primitivos sobre sonidos imitativos, eran mas sonoros, mas armoniosos, mas ricos en su pronunciacion, y todas sus palabras, á la manera de esas tres notas musicales que de cualquier modo que se combinen producen una melodía, de cualquier modo que se mezclasen, siempre daban por resultado un verso. Eran tambien, si así puede decirse, mas pintorescos, pues como lo observa un crítico español, "los sonidos prolongados mas bien que articulados, de que están llenas las lenguas salvages, parecen mas propios para conmover la imaginacion pintando, que para hablar al entendimiento definiendo." En tales idiomas, todo el artificio del verso—si es que artificio habia—consistia en la medida de las partes y en los tiempos de la pronunciacion. La inspiracion era todo: el verbo no se habia encerrado todavia—segun la espresion de Nodier—en el tubo de una pluma. Como entre los antiguos la música y la poesía estaban identificadas, pues segun dice Strabon, "hablar y cantar era lo mismo en otro tiempo", el ritmo gobernaba á la melodía. Cada sílaba tenia un sonido y una duracion determinada, y la division de las sílabas en largas y breves, habia asimilado completamente el ritmo poético al ritmo musical. Así es que en Grecia, el descubrimiento de un nuevo metro daba por resultado inmediato la invencion de una nueva música, y las escuelas musicales que conocemos con los nombres de dórica, lidia, frigia, jónica, y eólica, no estaban fundadas sino en la diversidad de metros, siendo los sonidos radicales exactamente los mismos. Cada verso estaba dividido en cierto número de compases, á que damos todavia el nombre de pies, y cuya pronunciacion, alternada dentro de tiempos iguales, producía la cadencia que venia á herir el oido periódicamente, cualquiera que fuese la diversidad de los sonidos. El movimiento alternado de las sílabas largas y breves ó vice-versa, y la combinacion armoniosa de los pies ó compases, era lo que producía la diversidad de metros, la cual fué prodijiosa entre los Griegos y Romanos. Debido sin duda á ese sentimiento de la armonía que se desarrollaba con el hombre, y que dejaba libre la imaginacion para remontar su vuelo, es que las edades primitivas hayan producido poetas tan sublimes como Homero y como Job, poetas que no serán igualados jamás, á menos que la humanidad no vuelva á encontrar la rica prosodia de los primeros tiempos.
Hoy sucede todo lo contrario. Es mas fácil hablar y pensar en prosa, que cantar en verso, habiéndose multiplicado las dificultades de la versificacion, así por la complicacion del nuevo sistema métrico cuanto por las abstracciones de que las lenguas modernas se han impregnado, al absorver tantas ideas nuevas y complexas como han surgido de la mente humana. La rica prosodia de los idiomas onomatopéyicos ha desaparecido en los idiomas modernos, y con ellos el ritmo y la cadencia de la versificacion primitiva, falta que ha sido necesario suplir con la invencion del actual sistema métrico, cuyos recursos armónicos consisten en períodos musicales, marcados por consonantes ó asonantes, acentos y apoyaturas, arte completamente desconocido de los antiguos, por que esto era totalmente inútil, desde que el ritmo suplía ventajosamente la rima. Los provenzales fueron los primeros que se apercibieron de la dificultad de distinguir las sílabas en largas y breves, como lo hacían los antiguos, y los que á imitacion de los Arabes (á lo que parece) sacando partido de una lengua enérgicamente acentuada, combinaron hábilmente las acentuaciones haciéndolas alternar con las sílabas no acentuadas, y añadiendo el ornamento de la rima produjeron en su conjunto un movimiento análogo al del verso antiguo, aunque por otra parte cada sílaba dejó de tener su valor musical, como sucedía anteriormente. Tal es la teoría de la cesura que divide el verso en dos partes de un movimiento uniforme ó acompasado, dando al oído un ligero descanso que rompa la monotonía, de lo que proviene que versos de un mismo número de sílabas difieran tan notablemente entre sí. La colocacion respectiva de los acentos y apoyaturas decide del movimiento del verso: así es que, hay varias clases de versos endecasílabos, cada uno de los cuales representa en realidad un metro distinto, fenómeno de que no se han apercibido todos los poetas españoles.
Tales son las leyes de la versificacion moderna, á las cuales se han sometido las lenguas del mediodia de la Europa, á escepcion de la francesa, como lo observé antes. En esta última, el esfuerzo de la pronunciacion está repartido igualmente entre todas las sílabas, sin que el acento marque el sonido capital de cada palabra, de lo que proviene el martilleo monótono de sus versos, martilleo que Víctor Hugo ha pretendido corregir por el corte del alejandrino, asimilándolo en cierto modo á la prosa, que es lo mismo que los españoles—y entre ellos Moratin y Jovellanos—han hecho con el verso blanco. Hablando de esto, dice el autor de La Literatura del Mediodia de la Europa:—"En nuestra poesía moderna, las sílabas no son consideradas por lo que respecta á su duracion solamente, sino tambien en cuanto á sus acordes; y esas vocales, ya ligeras, ya sensibles ó sonoras, no pasan desapercibidas cuando la rima las hace esperar y determina su situacion. ¿Qué seria de la poesía provenzal si no buscásemos en ella mas que el pensamiento, tal cual puede reflejarlo una prosa lánguida? Habia en ella algo mas que el simple sentido de las palabras, cuando el trovador armonizaba su bello lenguage con los sones melodiosos de su arpa; cuando la inspiracion guerrera le suministraba rimas enérgicas, nerviosas y resonantes; cuando espresaba la embriaguez del amor por medio de sonidos tristes y voluptuosos. La prosodia, del mismo modo que la rima, se acordaba con las emociones de su alma, mucho mejor que el sentido de las palabras; la acentuacion repetida y precipitada, que golpeaba cada segunda sílaba en los versos yámbicos, parecia corresponder á las pulsaciones de su corazon, y al movimiento del alma. Así fué como por medio de esta sensibilidad esquisita de las impresiones musicales, y de esta organizacion delicadísima, inventaron los trovadores un arte de que ellos mismos no podian darse cuenta, y como, con el auxilio de una nueva armonía, lograron comunicar esa emocion del alma, que todos los poetas han buscado, y que no pueden encontrar sinó siguiendo las huellas de esos inventores de nuestra prosodia."
La rima y el acento: hé aquí, pues, los dos pilares en que se columpia suavemente el verso, hé aquí las dos condiciones que lo caracterizan; hé aquí las dos líneas pronunciadas que lo separan del verso antiguo, y la causa de que sea tan difícil hablar y pensar en verso en nuestros dias. Esta dificultad es tal vez la causa de que el mundo, despues de la aparicion de la prosa, y despues de la extincion de los idiomas muertos, haya producido un número tan limitado de grandes poetas, todos los cuales han quedado siempre muy abajo del original, incluso Virgilio, que es un reflejo de la poesía primitiva. Pero estas nuevas dificultades impuestas al lenguage poético, si por una parte han disminuido el número de los que pueden hablar en verso, por otra parte han servido eficazmente á su adelanto, dándole ese resorte poderoso que hace que el pensamiento se escape con mas potencia á medida que mas se reconcentra. La rima, que Madama Staël, llama "el eco del pensamiento," ha contribuido no poco á templar la poesía, que de otro modo sería un lenguage lánguido y descolorido, y asi se observa estudiando las obras de los grandes poetas, que huyen con cuidado de emplear consonantes vulgares para espresar pensamientos sublimes, y que muchas veces la rebusca de un consonante original, imprime á la idea una novedad inesperada, abriendo á la imaginacion nuevos horizontes, que de otro modo la inteligencia no habria entrevisto.
Los que crean ver en esos accesorios de la poesía, las ornamentaciones plásticas de un arte en decadencia, se equivocan sobremanera; desde que, como se vé, esos accesorios de la poesía son parte integrante de ella, como los nervios del cuerpo humano. La fuente de la poesía no se ha agotado aun, bien que los poetas de estos tiempos no vayan á beber la inspiracion en las ondas de Helicona, y la lira del clásico Apolo es un instrumento que está muy lejos de haber dado todas sus armonías. Como lo observa D'Ampere:—"todo en este mundo tiene su colocacion, y la poesía conservará eternamente la suya. Siempre habrá una necesidad de ideas, una aspiracion hácia un mundo superior, que cada dia será mas difícil satisfacer, y á la cual no podrán jamas bastar ni las altas abstracciones del pensamiento, ni los curiosos resultados de la ciencia, ni los descubrimientos de la historia. Despues de todo lo que se ha hecho, hay todavia muchos abismos que esplorar en la imaginacion y en el corazon del hombre. Hay que pintar todavia los nuevos sentimientos que desenvuelve el progreso de los siglos; y hasta las grandes ideas de la ciencia, las vistas elevadas de la filosofía, de la historia, tienen su poesía, y esta poesía, está por crearse. Existe para la humanidad un océano de entusiasmo que está muy lejos de agotarse." Renuncie pues, á su insensato empeño de romper ese instrumento, cuya escala no tiene término, cuyas notas son infinitas, y que todavia no ha recorrido la millonésima parte del diapason de las pasiones. Lejos de eso, si á mí me fuera dado, no solo procuraria retemplarlo, sino que daria mucho por poder rehacer los libros poéticos de las antiguas religiones, que Vd. sabe leemos hoy en prosa, por haberse perdido la prosodia de los idiomas primitivos, sin embargo de que el perfume de su exquisita poesía, trasciende al través de las edades.
Pero observo que el sendero florido que seguíamos nos ha llevado á la frontera del antiguo Egipto. Volvamos hácia atrás en busca de nuestra querida Grecia, que todavía no he agotado el tema, y en ella hemos de volver á encontrar al Egipto. Hablábamos de Homero.
Para Vd., la epopeya de Homero es un monólogo estéril y sublime. Pues bien, ese monólogo estéril y sublime es el resúmen de la cosmogonía y de la filosofía sacerdotal del Egipto, cuna de la civilizacion del mundo. Así dice el erudito don Agustin Duran, que «Hesiodo y Homero, creadores de la epopeya Griega, formaron sus poemas, redactando con sus fábulas todo el sistema político, filosófico y religioso que constituye el espíritu de los pueblos progresivos, bajo cuyos auspicios marcha aun la sociedad europea.» No es de estrañar que en vista de una obra tan vasta y tan sublime, muchos hayan dudado de la existencia de Homero—entre ellos Vico, en su Scienza Nuova—acreditando la hipótesis de que la Iliada y la Odisea se componen de una série de cantos populares, que transmitidos de siglo en siglo por la tradicion oral, adicionándose con nuevos cantos al pasar por cada generacion, llegaron á formar esos dos libros inmortales, cuyo verdadero autor es todo el pueblo griego. Cuando hablemos del Romancero español verá que la hipótesis no carece de fundamento racional, pero por ahora, sea que Homero haya existido ó no, para el fin que me propongo es lo mismo, puesto que con este ejemplo le demuestro hasta la última evidencia, que no solo el lenguaje poético sino la poesía mas sublime, fué la primera manifestacion de la inteligencia humana, el primer molde en que se vació el verbo hecho hombre para redimirnos del cautiverio de la ignorancia.
Si esto no le bastase para convencerse de la verdad de mi tésis, oiga á los génios investigadores que han compulsado los monumentos escritos de la antigüedad, y le dirán que el Veda enigmático de los Bracmas, las tradiciones pérsicas de los Güebros, el Zend Avesta de Zoroastro, los libros de Osiris, el Koran, y el Edda de los Escandinavos, fueron escritos, «en un lenguaje métrico y sentencioso», así como el Génesis y los demás libros poéticos de la Biblia; y que los Frigios y los Licios, en la estremidad occidental del globo, lo mismo que los Túrdulos y Turdetanos en el mediodia de la Europa—segun lo dice Strabon y lo repite Humboldt—redactaron en verso sus leyes, á las cuales asignaban una antigüedad de seis mil años.
¿Cómo, pues, habla con tan poco respeto de la poesía que hizo surgir la luz de la inteligencia, el mundo moral de las ideas, del caos sin forma ni color de las masas inertes de nuestro ser material?
¡Arrodíllate, pecador, y pide la absolucion de tu blasfemia, á los piés de esa madre misericordiosa, que se llama poesía, y de cuyo seno mana la leche y la miel con que alimentas tu alma!
Pero no, antes de vestir la cándida túnica de los neófitos, volvamos á la Grecia por la última vez, y estudiemos el mágico poder de la poesía en uno de sus mas grandes pueblos y de sus mas grandes hombres: Atenas y Solon.
Los atenienses, despues de haber sido batidos por los de Megara—ciudad dórica—decretaron la pena de muerte contra todo el que hiciera una mocion para retornar á Salamina. Algunos años despues, un poeta hizo llorar al pueblo con el relato de las desgracias de Jonia, y el poeta fué multado por el tribunal, imitando en esto la crueldad de Esparta al desterrar al que encordó la lira.
Solon, comprendiendo todo el partido que podia sacarse de la poesía para imprimir al pueblo un movimiento eléctrico y sublime, haciéndose el insensato, infringió el decreto sobre Salamina, entonando en la plaza pública un cántico guerrero, por medio del cual, el futuro legislador, cual otro Tirteo, logró encender el entusiasmo popular. El pueblo pidió á gritos el ataque de Salamina, y Solon haciéndose general en gefe, y cambiando la lira por la espada, tomó á Salamina á la cabeza de quinientos hombres.
Al dejar para siempre las playas de la Grecia, yo le impongo por todo castigo, que coloque ese lauro militar sobre las sienes de la poesía, para que otra vez se mida un poco, antes de calificar de estéril á la que tantos hechos gloriosos, tantas acciones generosas, tantas ideas sublimes y tantos sentimientos nobles ha sabido producir.
No es este y el de Tirteo, el único lauro guerrero que la poesía puede revindicar para sí.
Dando un salto al través de los siglos, trasladémonos á la risueña Italia, que Vd. ha visitado con religioso respeto, segun nos cuenta en sus Viages.
Si es que ha leido la historia del mediodia de la Europa, debe acordarse que el emperador Luis II, cautivo del duque de Benevento, debió su libertad á una cancion compuesta por sus soldados. Esta cancion, que es el monumento mas antiguo de la baja latinidad, reunió en torno de la bandera caida del monarca á sus antiguos soldados dispersos por toda la Italia, que marchando valientemente contra Adelghiso, duque de Benevento, lograron rescatar de su cautiverio al ilustre prisionero.
Sin la poesía, la humanidad contaría esta accion generosa de menos en el catálogo de los grandes hechos que la honran y dignifican.
¿Quién ignora la influencia que la poesía tuvo en la batalla de Hastings? La historia nos cuenta que próximos á chocarse los ejércitos de Haroldo y de Guillermo el Conquistador, un caballero normando, dando espuelas á su caballo, entonó entre los dos ejércitos el célebre canto carlovingiano, que conocemos desde aquella época con el título de «Cancion de Rolando», y que es la mas sublime epopeya de la edad media. El poeta, presentando el ejemplo de paladin de Roncesvalles, y evocando los gloriosos nombres de Carlo Magno, de Oliverio y de Turpin, logró inflamar el entusiasmo de los normandos, escitándolos á vencer ó morir, y por eso vencieron, repitiendo en coro la «Cancion de Rolando». Dán testimonio de esto el poeta Wacé, y los historiadores Guillermo de Malmesbury, Mateo de Paris, Ralph Hyden, Alberico y Mateo de Westminster.
La influencia de la poesía no fué menos decisiva en la revolucion de los Paises Bajos. Es sabido que el alma de esa revolucion fué el famoso Marnix de Saint-Aldegonde, político, escritor, orador, teólogo, renombrado diplomático y uno de los célebres hombres de guerra de sus dias. Pues bien; cuando el duque de Alba ocupó los Paises Bajos en 1569, degolló 18,000 hombres y proscribió 100,000. El príncipe de Orange, á la cabeza de 24,000 hombres, no pudo triunfar del terror, y fué vencido sin combatir. Es entonces que Marnix escribe en el destierro el canto nacional, que se ha perpetuado hasta nuestros dias, con el título de Wilhelmus Lied (Cancion de Guillermo). Con esas estrofas en los labios, se sublevó un pueblo en masa, se levantó el entusiasmo guerrero y religioso, se triunfó del terror, y se inauguró una nacion que combatió sin tregua cien años por su independencia, entonando el himno varonil, que, como dice Edgar Quinet, «es una meseniana bíblica, que dió su ritmo á la revolucion, y por el cual los escritores del siglo XVI llamaron á Marnix nuevo Tirteo, alterum quasi Tirteum». Este gran poeta, profeta de la nacion Neerlandesa, es el mismo de quien ha dicho el austero Bayle, que cada verso de sus canciones valía por un libro; el mismo que redactó la constitucion de las Provincias Unidas y tradujo en verso la Biblia, que es la fuente de la lengua holandesa, siendo otra rara coincidencia, que tambien sea un poeta el criador de un idioma, cuya raiz y genealogía es necesario buscar en la poesía.—Dan testimonio de todo esto las crónicas y memorias de la época.
Pero ¿para qué ir tan lejos? No hemos sido testigos del poder mágico de la Marsellesa en nuestros días? ¡Cuántas victorias, cuántos valientes de menos contaría el pueblo francés, sin ese canto bélico que ha dado la vuelta al mundo!
Hasta los tiranos y los conquistadores han reconocido el poder irresistible de la poesía, persiguiendo con mas encarnizamiento á los poetas que á los soldados en armas. Testigo de ello es Eduardo I, conquistador del pais de Gales, el cual hizo degollar á todos los Bardos de la comarca para consolidar su conquista, porque temia con razon que, mientras hubiese un arpa pulsada por ellos, mientras sus inspirados himnos resonasen en aquellas agrestes montañas, el recuerdo de la antigua libertad no moriría en sus habitantes, y que las armas serian impotentes para vencerla. Muertos los Bardos, la conquista se consolidó. Esta es la catástrofe que Thomas Grey ha cantado en versos inmortales.
No quiero abusar de mi superioridad en este punto, y guardándome otras muchas citas históricas que mantengo de reserva en mi cartera, me contentaré con recordarle otro ejemplo del mismo género. ¿Quién sublevó el espíritu teutónico del nacionalismo germánico contra la intervencion napoleónica en Alemania? ¿Quién, sino la falange de poetas, á cuya cabeza se puso Koerner, el intrépido Tirteo del siglo XIX, que murió atravesado de una bala al frente de su Regimiento de Cazadores, entonando el himno marcial con que habia reclutado sus soldados? ¡Niegue ahora el poder de la poesía!
Si prescindiendo de la parte rítmica de la poesía, y no contando para nada los progresos que ha hecho hacer á la civilizacion en el sentido de la filosofía y de la cosmogonía, pasamos igualmente por alto la influencia irresistible que ejerce sobre los móviles que impulsan al hombre al sacrificio generoso de la vida, y descendemos á considerar la poesía como instrumento de adelantos filológicos, vamos á ver que sin el auxilio de la poesía, los idiomas modernos serian los mas bárbaros del mundo!
Ya le he demostrado que la prosa fué hija de la poesía. Ahora voy á demostrarle que la prosa ha hecho progresos alumbrada por la antorcha de la poesía, que ha sido para ella la columna de fuego que la ha conducido hasta la tierra de promision.
Dejemos á un lado los idiomas de la antigüedad, y las lenguas teutónicas, y estudiemos tan solo los cuatro principales idiomas que fluyeron como cuatro raudales del seno del latin, en el momento en que de la descomposicion del mundo romano surgian los elementos de una nueva civilizacion.
El italiano era un dialecto vulgar cuando el Dante se sirvió de él para escribir su Divina Comedia, que á la par de la mas grandiosa epopeya de los tiempos modernos, es la fuente del idioma mas puro, y mas armonioso de la raza latina. El Petrarca ornamentó, dió elasticidad y clasificó en cierto modo la lengua dignificada por el Dante, cambiando hasta cierto punto su esencia, como lo dice Sismondi, y legando á su patria un idioma digno de rivalizar con los de Grecia y Roma. Los poétas que le han sucedido, dieron la última mano á la obra iniciada por los padres de la poesía italiana.
Queda establecido que el idioma italiano es hijo de la poesía, y esta creacion bastaría por sí sola para inmortalizar á su progenitor, y desmentir las imputaciones de esterilidad que se le hacen.
¿Cuál es el orígen del francés moderno? Por supuesto que la fuente original es el latin, que por espacio de cinco siglos estuvo depositando en el fondo de las poblaciones, los materiales de los nuevos idiomas que debian reemplazarlo, y que hasta hoy son conocidos con el nombre de lenguaje romance, y del cual dice Sismondi que «circunstancias accidentales, mas bien que diversidad de razas, han dado orígen á la diferencia que se nota entre el portugués, el español, el provenzal, el francés y el italiano, cuyo fondo comun es el latin.» Las Galias, despues de haber perdido su idioma indígena (el celta) el cual ha llegado hasta nuestros dias refugiado en la antigua Armórica, se hallaron—en el espacio que media entre el V y X siglo—divididos por los idiomas franko, theotesco ó tudesco y el latin, y en una multitud de gergas y dialectos, que al fin se reconcentran en dos grandes fracciones: el roman provenzal ó lengua de oc (si), y el roman-wallon ó lengua de Oil ó de Oui (si).
Estos dos idiomas se repartieron la Francia. Al Mediodia el provenzal, que pasó los Pirineos é invadió la Navarra, dando orígen al catalan; y al Norte el roman-wallon, que modificado por los Normandos, dió orígen al francés actual, y fué el mismo que Guillermo el Conquistador llevó á Inglaterra, y que bajo el reinado de Hugo Capeto se hizo la lengua nacional.
El provenzal, que en el siglo X produjo millares de poetas, dando á luz una literatura original que[Pg XL.] en nada se parece á la griega ni á la latina, fué por el espacio de tres siglos la lengua de la poesía y del canto en Europa, así como hoy lo es el italiano. Hoy es una lengua muerta y solo se conoce por los cantos de sus trovadores.
El roman-wallon, que tambien fué en su orígen un dialecto poético, aunque mas áspero y seco que el provenzal, produjo los troveros ó trouveres, que no deben de confundirse con los trovadores ó trouvadours, que son provenzales. Son los troveros los que primero compusieron los fabliaux, y los lais de amor.
A ellos tambien debe la Europa los romances caballerescos y las representaciones dramáticas; y gracias á la poesía, la lengua francesa, tan pobre como es, ha llegado á ser un idioma universal, el idioma de la prosa por excelencia, pasando de las manos de Corneille y de Racine á las de Pascal, que es el que tiene la gloria de haber fijado esta lengua, complementada por Voltaire, Montesquieu, Buffon y Rousseau.
El portugués dejó de ser gerga, y es hoy considerado como idioma, gracias á las Lusiadas de Camoens, que inmortalizando á su patria con sus cantos, inmortalizó á la vez la lengua materna, fijándola en versos de bronce, para probar á las edades venideras que el lenguaje que la poesía adopta por suyo, por vulgar y pobre que sea, se sublima, se complementa y se hace eterno con su solo contacto.
El español, que es el antiguo romance, y que se llamó así para distinguirlo del romano ó latino, vino al mundo bajo los auspicios de la poesía, y por medio de ella se generalizó, se perfec[Pg XLI.]cionó, y se perpetuó de generacion en generacion, hasta llegar á ser la lengua de Cervantes y de Solis. El monumento mas antiguo del romance castellano, es el poema del Cid, que en este momento tengo ante mis ojos. Un poema fué, pues, el núcleo de la lengua castellana que hoy hablamos, y aunque no se conozcan las demas composiciones anteriores al siglo XII, en que este poema fué compuesto, debe suponerse que fueron en verso, pues solo por medio de la cadencia métrica podrían trasmitirse de generacion en generacion, sin corromperse, los libros fiados á la tradicion oral, no habiéndose inventado todavía el uso del papel, siendo el pergamino carísimo, y habiendo cesado de venir el papirus de Egipto con motivo de la invasion de los Arabes.
Así, pues, la poesía desempeñó entonces el mismo oficio que hoy está encomendado á la imprenta. Ella fué la que se encargó de gravar en la mente las producciones del idioma vulgar, dando á la memoria puntos naturales de apoyo en el corte simétrico del verso y en la repeticion periódica de la rima, de tal modo que, cuando una generacion perdía un verso la siguiente lo echaba al momento de menos.
Al poema del Cid siguió la traduccion del Fuero Juzgo, y el código de las Partidas, cuyo autor, el célebre D. Alonso el Sabio, fué como Solon, poeta al mismo tiempo que legislador. Sus cántigas y sus coplas de arte mayor, verdaderas joyas poéticas, contribuyeron inmensamente á pulir el tosco lenguaje de aquella época de barbárie.
Despues vino el Romancero, esa magnífica epopeya caballeresca, escrita por millares de au[Pg XLII.]tores, en el curso de varios siglos, y cuya unidad de accion y de lenguaje ha venido á demostrar prácticamente que la Iliada de Homero pudo haber sido compuesta del mismo modo por la agregacion sucesiva de los cantos de diversos autores y edades. El Romancero es el arca santa del idioma castellano, es su verdadera gramática y su verdadero diccionario. Sin los cantos del Romancero, es decir, sin la poesía, la España hablaria catalan, árabe, gallego ó teothesco, y el mundo no poseería este idioma abundante y sonoro, que segun Cárlos V, parece hecho para hablar con Dios. Los progresos sucesivos del castellano fueron obra esclusiva de sus poetas, que lo pulieron y ornaron, imprimiéndole esos giros elípticos, valientes y atrevidos que lo caracterizan, que llevan en sí el sello de la inspiracion poética. Puede decirse que Calderon y Lope de Vega han hecho mas por el idioma castellano que toda la Academia Española desde su fundacion.
¿Qué me dice ahora del monólogo estéril y sublime de esta musa, que despues de obrar tantos prodijios, vuelca su urna y derrama de su seno cuatro idiomas inmortalizados por la poesía, y que han sido por espacio de cuatro siglos, los agentes poderosos de la civilizacion moderna?
Mucho podria decirse sobre la influencia de la poesía en el desarrollo de las lenguas vivas de orígen teutónico, especialmente sobre el inglés, que debe á Shakespeare mucho de lo que vale; pero me limitaré á apuntarle, que el solo Milton introdujo en el lenguaje vulgar mas de seiscientas palabras nuevas; y que el aleman debe á sus poetas, especialmente á Lessing, á Goethe y á Schiller, la asombrosa flexibilidad que lo hace[Pg XLIII.] tan propio para espresar las ideas mas abstractas y vaporosas, dándoles forma y color por un proceder completamente poético.
No estrañará, pues, que á despecho de la oposición de hombres como V., la poesía haya conquistado una alta posicion, y que, en cada dia que se pasa, estienda y afirme mas su imperio sobre la imaginacion y sobre las conciencias, invadiendo audazmente los dominios psicológicos. En este sentido, la poesía ha hecho y hace mas por la mejora y por el conocimiento íntimo del hombre, que cuantos estudios filosóficos se han emprendido. «El hombre y sus enfermedades invisibles, lo que es y lo que debe ser», tal es la interminable espiral en que asciende la poesía moderna, marchando en torno de un eje sin encontrarse jamás sus estremos. Así se vé, que por lo que respecta al hombre íntimo, la poesía inicia, la filosofía esplica y la prosa vulgariza, y que por esta triple operacion llega á formar parte del fondo del gran tesoro del sentido comun, lo que al principio se presentó como una brillante paradoja. Y en esta carrera precipitada de las ideas, mientras que la filosofía se entretiene en esplicar, y la prosa en vulgarizar, la poesía sigue su marcha ascendente hácia la region de luz, marcando con una columna de oro el gran paso dado por la humanidad, y dejando muy atrás á sus auxiliares en la labor constante del progreso.
Bajo este punto de vista, la poesía, puede considerarse hoy como un método de enseñanza superior, que coadyuva eficazmente al progreso moral en el sentido de la Inglaterra y de los Estados-Unidos, los pueblos mas progresistas del mundo,[Pg XLIV.] y los dos que con mas tenacidad y valentía han perseguido el ideal en el terreno del esperimento. Estas dos naciones trabajan hace mucho tiempo por mejorar la condicion social por medio de la mejora parcial de los individuos, á la inversa de los alemanes, que pretenden regenerar á la humanidad entera por medio de esos ensalmos universales, que se llaman sistemas filosóficos; y á la inversa tambien de los franceses, que hace sesenta años se agitan en el círculo vicioso de las revoluciones, buscando instituciones adecuadas al hombre, antes de haber formado los instintos del hombre, ó lo que es lo mismo, el hombre adecuado á las instituciones. La cuestion capital en Inglaterra y en los Estados-Unidos, es la que se relaciona con las almas y las conciencias. Así los vé V. contraer todas sus facultades á la propagacion de las sociedades morales que mejoran las costumbres, al desarrollo de la libertad de pensar, á la difusion de la instruccion primaria, que mejora la condicion del hombre, derramando con profusion por el universo todo la palabra poética del antiguo y nuevo Testamento. Por eso ha dicho un escritor norte-americano:—«Tenemos ya bastante ciencia popular; lo que falta á nuestros hijos son libros capaces de formar sus instintos.» Este es el rol que desempeñan en la mejora del género humano los libros de poesía, que como se ha dicho, son los que forman la conciencia de un mundo mejor. Si ellos nos faltan, ¿con qué los reemplazaremos?
Dejando á un lado la poesía, y pasando á los poetas, tengo que decirle cosas que le parecerán un poco paradójicas, y que sin embargo no son[Pg XLV.] menos positivas, ni menos prácticas, que las anteriores.
Vdes., los hombres prácticos, sérios y positivos, tienen una manera muy singular de juzgar de la capacidad de los demas hombres, y la llamo singular, por no darle el nombre de absurda. Cuando un hombre sabe cuanto hay que saber en este mundo, ó al menos tanto cuanto puede aprender un hombre, y á mas la poesía, dicen Vds. ¡es un poeta! Y con esto queda condenado. De manera que para que un hombre sea completo, es necesario que ignore la poesía, es decir, que desconozca al hombre moral; que no tenga el sentimiento de lo bello; que carezca de las facultades perceptivas de la armonía; que no haya leido ni á Homero, ni á Horacio, ni á Schiller, ni á Shakespeare, ni á Lope de Vega, ni á Lamartine, ni á Dante; que no conozca la historia literaria de los pueblos antiguos ó modernos; que no le ande sobrando la imaginacion, y que sea incapaz de crear séres de la nada en el silencio de la inspiracion. Faltándole todos estos requisitos, es decir, siendo un ser incompleto, puede contar por seguro cualquiera que responda á tales condiciones negativas, que será proclamado como hombre positivo por el Areópago de los hombres sérios. Pero si sabe todo lo que ese hombre puede saber, mas la poesía, que supone otra multitud de conocimientos, puede contarse por seguro que será declarado sin apelacion, espíritu superficial. ¿Es sério este modo de juzgar?
¿Sabe Vd. lo que Napoleon decía del poeta Corneille? Pues bien, decía que á haber vivido en su tiempo le habria nombrado su primer minis[Pg XLVI.]tro. Napoleon, que fué un gran poeta á la manera de Alejandro, era digno de comprender cuánta ciencia política había en el creador de esos grandes caracteres de la antigüedad, en cuya boca ha puesto palabras que han inmortalizado á su autor, y que prueban que quien tan profundamente conocía á los hombres bien pudo atinar con el mejor modo de dirigirlos.
¿Tiene Vd. conocimiento que haya existido en alguna época un hombre mas sábio que Homero, si hemos de juzgarle por sus obras? Astrónomo, geógrafo, erudito, filósofo, político, habla de la guerra con la precision de Xenofonte, describe los detalles culinarios como Careme en nuestros dias, conoce perfectamente la mineralogía, y habla por la boca de Nestor y de Ulises con mas buen sentido que nuestros titulados hombres de Estado. Debido á esto hace treinta siglos que preside á los destinos de la poesía, y que domina en todas las bellas artes. ¿Qué le falta á los ojos de los hombres sérios para ser un hombre completo? No ser poeta, es decir, no haber escrito el libro mas sublime que haya producido el ingenio humano, y por el cual el mundo quemaría diez bibliotecas como la de Alejandría. ¿Esto es sério?
¿Qué dice Vd. de Shakespeare? ¿Quién ha penetrado mas hondamente que él en los arcanos del corazon humano? ¿Quién con mas sabiduría y mas profundidad que él ha sabido crear esos tipos inmortales, que personifican las pasiones de tal modo, que á no haber surgido de su mente, el hombre no se conocería á sí mismo? Shakespeare, puede decirse, que, no solo nada de lo que tenia relacion con el hombre le era indiferente,[Pg XLVII.] sino que sabia todo cuanto al hombre concernia. ¡Lástima que fuese poeta! dirá Vd., y que en vez de escribir dramas no haya empleado su fuerza de voluntad en buscar alguna aplicacion útil de las fuerzas físicas, en vez de estasiarse en un monólogo estéril y sublime! ¿Esto es sério?
Podría seguir bosquejando otra porcion de cuadros del mismo género, por medio de rápidos perfiles, pero la multiplicidad de ellos no probaria mas que los nombres de Homero, de Corneille y de Shakespeare, á quienes tendríamos que clasificar de hombres incompletos, si hubiésemos de juzgar con el criterio de los hombres positivos, que cuando les presentan un libro de poesía preguntan ¿y esto qué prueba? Esos tres génios prueban, por lo menos, el poder del hombre; y no es poco probar, pues sin ellos no sabríamos de lo que somos capaces. Las ciencias y las artes nos han revelado ó hecho presentir todo aquello que podemos percibir ó alcanzar por medio de los sentidos, menos los límites del entendimiento, que, como dice Leibnitz, es lo único que no entra por los sentidos. Lo primero está fuera del hombre, corresponde á una vida esterior que no es la suya. Lo segundo pertenece al hombre mismo, y, como lo dice Leroux, es la espresion de su propia vida, ó mas bien, su propia vida que se realiza, comunicándose á los demas, y esforzándose en eternizarse.
Preveo de antemano la objeccion.
Puede decírseme que por muy completo que sea un poeta, la preponderancia de la imaginacion produce en sus facultades un desequilibrio que lo hace poco apto para los negocios prácticos de la[Pg XLVIII.] vida. Esta es una vulgaridad desmentida por los hechos. Para poner de manifiesto lo contrario, bastará decir que si algun dia hubiese de escribirse el código del buen sentido práctico, es á los libros de los poetas adonde irian á beberse sus principios. El ser poeta no impidió á Solon ser el primer legislador de la antigüedad. El poeta Esopo representa la moral del sentido comun. Tito, no por hacer versos dejó de ser un gran político y un gran guerrero. Salomon, apesar de ser un gran poeta, es el tipo de la sabiduría gobernando. Ciceron, que era poeta, hablando en prosa, ha escrito hermosos versos que han llegado hasta nosotros. Augusto, el político mas sagaz de la antigüedad, hacia versos, y en versos lloró la muerte de Virgilio, para salvar de la destruccion á la Eneida. César y Bruto, la víctima y el matador, tambien hicieron versos, que depositaron en bibliotecas públicas. Poetas tan débiles como Ciceron, pero mas felices que él, pocas personas supieron que los hacían. Machiavelo, que, á haber vivido en este siglo se reiría de Talleyrand y de Metternich, era poeta. Cervantes, el buen sentido hablando, era poeta, y Sancho Panza, el sentido comun personificado, es una creacion eminentemente poética. Un político célebre, reconocido por uno de los primeros oradores del mundo, el Lord Chattam, empezó por hacer versos, como puede verse en Villemain. D. Alonso el Sabio, el hombre mas práctico de su tiempo, fué tambien poeta. Poeta fué tambien el marques de Villena, eminente hombre de Estado de su época. El Dante bebió todas sus inspiraciones del conocimiento práctico que tenia[Pg XLIX.] de la vida y de los negocios públicos de su pais. L'Hopital, «representante de la conciencia humana,» como le llamó Sainte Beuve, hacia versos. Halley, el mas grande astrónomo de la Gran Bretaña, amó y cultivó la poesía, y en hermosos versos que brillan como astros al frente de los Principios de Newton, celebró las sublimes ideas de su predecesor, hermanando el cálculo con la inspiracion. Grocio, el severo publicista, es contado entre los poetas de su nacion, y legó á Milton el gérmen de su inmortal poema. Milton, que ha escrito panfletos políticos, fué un hábil Ministro de Relaciones Exteriores, antes de ser el autor del Paraiso perdido. El célebre Bolinbroke fué poeta, y de poetas se rodeó y aconsejó en la época en que la Inglaterra pesaba con todo su poder en la balanza de los destinos del mundo.
Montesquieu, que tenia todas las calidades brillantes de poeta, y que se estasiaba en leer á Ovidio, Montesquieu, el que encontró las tablas perdidas de los derechos del hombre, tambien ha escrito poesías. Beaumarchais, el autor del Barbero de Sevilla, fué un hábil negociante y un diplomático sagaz. Pocos hombres han poseido en tan alto grado la ciencia del mundo y el conocimiento del corazon humano, como el poeta Molière, cuyas obras valen por doscientos tratados de moral. Voltaire, el representante del buen sentido de la humanidad, fué un poeta, y como tal será admirado en el futuro, cuando nadie lea sus obras en prosa. Federico II, á pesar de ser un mal versificador, rindió también culto á las musas, y sus composiciones poéticas, escritas en la víspera de sus grandes batallas, han sido reco[Pg L.]gidas por la historia y adoptadas por la literatura. Canning, el hábil Ministro que salvó la Inglaterra, fué un poeta. Beranger, otro representante del buen sentido universal, es uno de los primeros poetas del siglo. Madama Stael, una de las cabezas mas fuertes de nuestros dias, era una cabeza eminentemente poética. Rossi, el profundo economista, el político sesudo, uno de los primeros jurisconsultos del siglo, empezó su carrera literaria traduciendo en verso italiano los poemas de Byron, por lo que ha merecido los elogios del severo historiador Mignet. El mismo Lamartine, á quien por su calidad de poeta se le han negado las facultades del hombre político, tuvo (con todas sus deficiencias) la idea de la República cuando todos vacilaban; pacificó la Europa con un manifiesto, y en tres meses de gobierno hizo mas y se mostró mas hábil que el hábil Luis Felipe auxiliado por Thiers y por Guizot, en el espacio de diez y ocho años. Entre nosotros, Florencio Varela, el hombre de tacto político, el hombre de recto juicio y de tino práctico, era tambien poeta. De manera, que si los poetas pueden revindicar para sí la ciencia práctica y el buen sentido que por la vulgaridad se les niega, los hombres positivos que se enorgullecen de su ignorancia poética, deben convenir, en vista de estos ejemplos, que son incompetentes para juzgar aquello de que no entienden, ó no son capaces de sentir.
Alejandro, Tácito, Sócrates, Platon, Herodoto, Napoleon, Tito-Livio, Colon, Bolívar, han sido poetas á su manera, y si no escribieron poemas, fué porque dieron otra direccion á las fuerzas[Pg LI.] poéticas de que podian disponer. El primero, las aplicó á las grandes conquistas civilizadoras; el segundo, á las pinturas dramáticas que lo han inmortalizado. Sócrates y Platon presintieron, por intuicion poética, las sublimes verdades del progreso moral. Herodoto es el verdadero rival de Homero, y Tito-Livio eclipsa muchas veces á Virgilio. Para comprender la idea poética que hizo á Colon descubrir el Nuevo Mundo, es necesario leer su Diario de Viaje, publicado por Navarrete, en el cual se ve al visionario, al espíritu entusiasta, mirando con los ojos del alma la tierra prometida de que se reian los espíritus positivos. Además, es bien sabido que Colon hizo realmente versos, habiéndose salvado algunos de los que le inspiró la musa cristiana en su Libro de las Profecías. Bolívar, que carecía del genio metódico de la guerra y de las calidades sólidas del político, derramó toda la poesía que rebosaba en su alma en bríndis, proclamas, discursos, boletines y acciones grandiosas dignas de la epopeya; procurando en esto marchar tras la huella de Napoleon, poeta en accion, cuyo genio militar se dilataba en presencia de las Pirámides ó evocando los recuerdos de la antigua Roma: y que se dormia bajo su tienda militar leyendo á Corneille ó á Ossian, como Alejandro leyendo á Homero, y derramando lágrimas de dolor á la idea de que no tendría un poeta semejante que cantase sus hazañas.
¿Sabe Vd. cuál es el reproche que los ingleses hacen á Roberto Peel, el primer hombre de Estado de nuestros dias? Pues bien, le reprochan no haber sido poeta. No se sonría: lea la biografía de Peel, escrita por D'Israeli, el gefe del partido[Pg LII.] tory, y se convencerá de que hablo formalmente. Todos convienen en que este reproche es merecido. Roberto Peel era un gran organizador, pero carecía de esa facultad poética que se llama creadora, sea que ella se aplique á la composicion de un poema, ó á los negocios de la administracion ó de la política. Nada de lo que Peel ha hecho ha sido creado por él, y aun la misma reforma comercial que ha ilustrado su nombre, á la cual se opuso largo tiempo, fué, como se sabe, idea original de Cobden, caudillo audaz de la Liga de Manchester. Sus reformas sobre la Irlanda le fueron sugeridas por O'Connel, el gran poeta de los meetings al aire libre, á cuya palabra poética debe su redencion un pueblo que lo aclama su libertador. Si Peel hubiese poseido la potencia creadora, es decir, si hubiese podido merecer el nombre de poeta que se le niega, habria sido el mas eminente hombre práctico de nuestros dias, habria equilibrado la gloria de Napoleon y completado el binomio de los grandes hombres en el siglo XIX, y hoy se diria: Napoleon + Peel. No se dice por qué faltó al segundo término la potestad creadora, que es el patrimonio de los génios poéticos, sea que hagan ó no versos. Así, pues, en los negocios prácticos de la vida las calidades poéticas, lejos de ser un inconveniente, constituyen una ventaja real y positiva, siempre que la imaginacion no predomine de tal modo, que sofoque todas las demas facultades del entendimiento.
Ahora estudiemos al poeta por el lado de la seriedad. Generalmente se le considera como un hombre frívolo, que pasa su vida contando sílabas[Pg LIII.] en vez de contar patacones, y que malgasta todo su talento en producir ficciones, en vez de llevar á cabo realidades. Distingamos. Hay dos especies de poetas: unos que se llaman objetivos y otros que llamaremos sugestivos. Los primeros son los que se asimilan todas las ideas poéticas de los demas identificándolas con las suyas propias, y que sin agotar su propia sustancia, las vuelven modificadas y digeridas como si esclusivamente les pertenecieran. Estas naturalezas artísticas pero frias, no se gastan jamás y producen siempre, y á ellas corresponden Voltaire y Goethe, que debieron á esta circunstancia el poder alcanzar una ancianidad serena. Los poetas por temperamento, para quienes la poesía es una vocacion, son como las lámparas: alumbran gastando en sus poemas el aceite de la vida, derramando en sus obras su propia sustancia y apagándose muy temprano, como Byron ó como Schiller. Considerada bajo este punto de vista, hay pocas ocupaciones mas serias que la del poeta, que en cada sílaba, en cada verso, en cada estrofa, gasta tal vez un minuto, una hora, un dia de su existencia, viviendo en un solo momento lo que otros en un año. Todo cuanto el poeta describe ó pinta lo ha visto, lo ha sentido, y existe desparramado en toda la creacion, aunque los ojos del vulgo no puedan percibir su armonioso conjunto. Los tipos inmortales creados por Rafael, no han existido ni existirán jamás; ¿son por esto una mentira? ¡Oh, no! ellos son la idealizacion de la realidad, ó como se ha definido el ideal, "la espresion mas alta de la verdad." Tal es la poesía; y el poeta, su inspirado intérprete, y cuando de pié sobre la trípode[Pg LIV.] del genio fatídico repite las palabras misteriosas que susurran en su alma, se asemeja á la síbila de la antigüedad, que solo entonaba el canto profético en medio de dolorosas convulsiones.
En vista de todo esto, podremos decir que tanto la prosa como la poesía, son dos manifestaciones de la palabra, son las dos formas de que se reviste el pensamiento, y que si la una es el fruto, la otra es la flor; que sin flor no puede haber fruto, y que por lo tanto, enredarse mas en esta cuestion seria lo mismo que disputar sobre si tiene mas importancia la base que la cúspide de la pirámide, ó cual fué primero: el huevo ó la gallina.
Por lo que, pongo aquí el punto final á mi disertacion.
He terminado, pues, y sin embargo, apenas he desflorado el vasto campo de mi tésis. Podrian escribirse sobre ella muchos volúmenes, gastando tantas plumas de diamante, cuantas yo he gastado de acero en esta carta. Dejo á otros esa agradable tarea. A mí me falta tiempo para ser literato, así como me ha faltado para ser poeta, si es que hubiese podido serlo.
Hubo un tiempo en que fuí poeta por vocacion, como Vd. me ha llamado en sus Viages, y cuando me acuerdo de esto, me digo á mí mismo, penetrado de una profunda melancolía: ¡Y yo tambien viví en Arcadia!
Las poesías que va á leer, fueron escritas casi todas ellas á la edad de veinte años. Entonces soñaba con la inmortalidad, y los laureles de Homero me quitaban el sueño. Pronto comprendí que ni podia aspirar á vivir en la memoria de mas de una generacion como poeta, ni[Pg LV.] nuestra sociedad estaba bastante madura para producir un poeta laureado. Sin embargo, ese poco de poesía que Dios habia depositado en mi alma, lo he derramado á lo largo del camino de mi vida, consagrándolo unas veces á mi patria, otras á mis amigos, otras á las afecciones puras y serenas del hogar, porque el que cuenta por seguro que sus versos no llegarán á la posteridad, debe ser generoso con su pequeño tesoro.
Tal es el orígen de las pocas composiciones que he escrito despues de los veinte años. Hoy, hace tanto tiempo que no hago versos, que creo que me he olvidado de pulsar la lira, hablando en estilo metafórico de mal gusto. Por eso amo las páginas que siguen, las cuales reflejan algunos de esos dolores intensos y de esos momentos solemnes de la última revolucion contra el tirano de nuestra patria, tiranía que, para honor de nuestro culto, no ha contado un solo poeta entre sus filas. La tiranía se levantó, imperó veinte años en nuestro pais haciendo rodar cabezas, y cayó al fin postrada por sus propios escesos, sin que un solo poeta le quemara un grano de incienso, lo que prueba que la poesía ha sido considerada entre nosotros como un verdadero sacerdocio, mientras que la prosa se prostituia torpemente. Por este solo rasgo serian acreedores nuestros poetas á la corona cívica, aun cuando no fuesen dignos de ceñir sus sienes con el lauro literario de los grandes génios. En la antigua Roma, el despotismo de Augusto tuvo por auxiliares la musa de Horacio, de Virgilio y de Ovidio; y la bárbara tiranía de Neron tuvo por aduladores á Séneca y á Lucano, no[Pg LVI.]tables poetas de la decadencia latina. Entre nosotros, la tiranía de Rosas apenas ha merecido algunas coplas vulgares, porque la poesía que tiene el sentimiento de lo bello, huye de la fealdad moral, á la par que se apasiona por la virtud y la justicia, que es un reflejo de la belleza ideal sobre la tierra. Por eso los poetas del Rio de la Plata han derramado en sus versos, su amor á la libertad y su ódio por la tiranía, guiados siempre por ese sentimiento de lo bello, que hace comprender cuánto hay de sublime y de hermoso en la libertad y en la justicia.
Tengo otra razon mas para odiar á Rosas, y la publicacion de estas Rimas es mi venganza. Odio á Rosas, no solo porque ha sido el verdugo de los Argentinos, sino porque á causa de él he tenido que vestir las armas, correr los campos, hacerme hombre político y lanzarme á la carrera tempestuosa de las revoluciones sin poder seguir mi vocacion literaria. Hoy mismo, en medio de las embriagantes agitaciones de la vida pública, no puedo menos de arrojar una mirada retrospectiva sobre los dias que han pasado, y contemplar con envidia la suerte de los que pueden gozar de horas serenas entregados en brazos de la musa meditabunda. Cuando esto me pasa, se me viene á la memoria un cuento que en otro tiempo me hizo reir, y que hoy me hace suspirar, tal es la profunda verdad que encierra. Oiga el cuento, por fin de carta. Un pobre pastor, hablando consigo mismo, se decia:—¡Ah! si yo fuera rey!....—Y bien, qué harias? preguntóle uno que le oia, sin él advertirlo.—¿Qué ha[Pg LVII.]ria? dijo el pastor, ¡cuidaria mis ovejas á caballo! Digo lo mismo. Si fuese rey haria versos. Y sin embargo, es probable que en el resto de mi vida no haga una docena de versos:
Bartolomé Mitre.
LIBRO PRIMERO
POESÍAS PATRIÓTICAS
———
I
Á LA
DERROTA DEL QUEBRACHO
(CON MOTIVO DE LA MUERTE DE RUFINO VARELA)
Corramos al combate, á la venganza
Y el que niegue su pecho á la esperanza
Hunda en el polvo la cobarde frente.
QUINTANA.
Cuando tremolen patrios pabellones
Anunciando del pueblo la victoria,
Entone el vate bélicas canciones
Y cante los guerreros y la gloria;
Mas si la patria yace en agonía
Rompa el canto á la fúnebre elegía.
Cuando en liza ó al pié de la muralla
Derrotados se miren los valientes,
Cuando vea que el plomo y la metralla
Ha postrado patriotas eminentes,
Arda su pecho en fuego sacrosanto
Y entone de la guerra el noble canto.
Cuando un laurel los déspotas levanten
Y en medio de los brindis de la orgía
El triunfo impío en su insolencia canten,
Fulmine su tremenda profecía,
Y anuncie con su voz aterradora
De libertad la celestial aurora.
Sí, que del vate la mision sagrada
Es inflamar del bravo el ardimiento,
Dar nuevo temple á la fulmínea espada
Con el soplo encendido de su aliento,
Y al fúnebre clamor de la derrota,
Alzar del libre la bandera rota.
Para probar los pueblos de la tierra,
Para templar las almas de los bravos,
En medio del estruendo de la guerra
Dios suele coronar á los esclavos,
Mas luego con su mano poderosa
Los hunde de la noche en la honda fosa.
En la derrota el pueblo valeroso
Templa su brazo y su robusta lanza,
Para volver despues mas ardoroso
Y entre el polvo, la sangre y la matanza,
Y entre el humo que envuelve la pelea
Desafiar el cañon que centellea.
Cancha-Rayada viera con denuedo
A los héroes de Mayo caer vencidos,
Pero sin dar cabida al torpe miedo
Alzaron sus pendones abatidos,
Al cielo sus espadas elevaron
Y en sus hombros la patria sustentaron.
Imitemos nosotros su alto ejemplo:
El pendon de la patria enarbolando
Marchemos de la gloria al sacro templo
«O muerte ó libertad» todos clamando;
Y apoyando la planta en los escombros
La libertad alcemos en los hombros.
Aquel cobarde que del triunfo dude,
Quien al tirano eternizado crea,
El que á los gritos del honor no acude
Y do el pendon de libertad flamea,
Ese es un vil de corazon cobarde
Do el entusiasmo de la patria no arde.
¿Y quién no abriga fuego sacrosanto
Y vuela con ardor á la batalla?
¿A quién detiene ni el amor, ni el llanto,
Ni el silbo de la bala y la metralla?
¿Quién por la patria perecer no jura
De Varela en la yerta sepultura?
Los atrevidos cantos de la guerra
Resuenen en la losa del soldado,
Y de flores cubramos esa tierra
Donde cayó sin vida, ensangrentado,
Y de la patria el estandarte santo
Sea de paz y proteccion su manto.
No débil llanto su cabeza inunde!
Que una corona del laurel sagrado
Su frente polvorosa orne y circunde,
Y empuñando su hierro ensangrentado,
La juventud que á combatir se apresta
Muestre la enseña de la patria enhiesta.
El funeral del martir generoso
Le corresponde al pueblo redimido,
Cuando libre del yugo vergonzoso
La pira encienda en el altar ungido,
Y cuando puedan respirar sus almas
Y sus manos alzar cívicas palmas.
Vamos á conquistarle noble tumba
En la tierra natal purificada,
Para que aquel que en esta lid sucumba
Pueda dormir en tierra libertada,
Y no sean sus huesos quebrantados
Por tiranos ni siervos pisoteados.
Duerme en tanto en el campo de batalla
Mientras su patria gime en servidumbre;
Mientras la fé del corazon desmaya
Y el hierro se carcome con la herrumbre;
Cuando el tirano al vernos en derrota
Con su lauro la espalda nos azota!
¿Quién es el vil que ríe, canta y danza
Cuando el lamento de la patria suena,
A sus hijos llamando á la venganza?
Y si el cañon de la batalla truena,
Quién el torpe que el miedo no sacude
Y al grito ronco del honor no acude?
Juventud de mi patria, los laureles
Se conquistan peleando con bravura,
Y la lira, la pluma ó los cinceles
No eternizan jamás progenie impura:
Los genios á los fuertes divinizan
Y á los cobardes con su planta pisan.
Vuestros padres, titanes todos fueron,
Que desplegando al viento sus banderas
Contra un poder gigante combatieron,
Y encima de las altas cordilleras
Lanzaron sobre el leon de las Españas
Del pueblo irresistible las montañas.
Y vosotros, qué sois? flojos pigmeos
Sin brazos, sin espada, sin creencia,
Temblando ante el tirano como reos
Sofocando la voz de la conciencia...!
Y bebereis oprobio eternamente
Sin levantar la deslustrada frente!
Mas así no será, que de Varela
Todos van á clamar sobre la tumba,
Que es un cobarde el que á pelear no vuela,
Su canto de victoria ya retumba
Y en medio de las huéstes debeladas
Resuena el estridor de las espadas.
En esa triste y yerma sepultura
Entonad los cantares de la gloria,
Ensalzad el martirio y la bravura
Y volad en seguida á la victoria
A recoger laureles inmortales,
Cantando con denuedo: «Oid mortales!»
Imitad su constancia y bizarría
Y el alto ejemplo que su vida abona,
Que de la Patria en el hermoso dia
El pueblo os ceñirá sacra corona,
Y vuestra muerte con guerrera pompa
Publicará la fama con su trompa.
Empuñad una lanza vibradora,
Abandonad el ócio y la molicie,
Arrimad una mano protectora
Antes que nuestra patria se desquicie
Y arrastre en su caida soberana,
La libertad, la gloria americana.
II
RECUERDOS
DE BUENOS AIRES
———
¡Oh patria! oh Buenos Aires! oh sueño de mi vida!
Como inmortal recuerdo reinas en mi memoria
Recorriendo los dias de dicha promisoria
Que en tu seno amoroso, Buenos Aires, pasé.
Recuerdo la ribera do á meditar yo iba
Y el árbol perfumado que sombra me prestaba,
Recuerdo los momentos en que se deslizaba
Mi vida por un lago sereno de placer.
¡Oh patria, oh Buenos Aires! tú ocupas hoy la mente
De miles de proscriptos por tierras estrangeras,
De grandes ciudadanos á los que el ser tu dieras
Y vagan desterrados del suelo de su amor;
Y tu eres para ellos el sueño de su vida,
Eres la blanca estrella que guia al peregrino,
Y en noche tempestuosa le enseña su camino
Como astro de los mares que alumbra al viajador.
Pasaron ¡ay! pasaron las puras alegrias,
Y errante y solitario por playas estrangeras
Poeta peregrino, con quejas lastimeras,
Al pais de mis recuerdos dirijo esta cancion.
En vez de ornar con flores las cuerdas de mi lira,
Pensando en Buenos Aires las riego con mi llanto,
Y encuentro entre esas gotas amargas de quebranto
En los recuerdos nobles viril consolacion.
¡Oh patria! Aunque de lodo te cubran la cabeza
Yo siempre con orgullo pronunciaré tu nombre,
Diré que con tus hechos ganaste un gran renombre
Que oscurecer no pueden mil siglos de baldon.
¡Ah! vuélvante la espalda degenerados hijos:
Yo inclinaré mi frente ante tu altar caído,
Y besaré la orla del manto carcomido,
Llorando tus desdichas, cantando tu esplendor.
En vano en los albores de una existencia estéril
Abandoné tus playas; no te olvidé por eso,
Como al dejar la bella que nos brindó su beso
Dá mas placer al alma pensar en él despues.
Atravesando mares y recorriendo campos,
La pluma manejando con la ñudosa lanza,
Vivificado siempre por íntima esperanza
Jamás he sacudido tu polvo de mis piés.
Si leo algun escrito que nombra á Buenos Aires
Sus páginas exalan magnético perfume,
Y todas las palabras mi mente las asume
Como el rocío puro que cae sobre la flor;
Y entonces se presentan á mi memoria triste
Tus torres, tus jardines, tus calles animadas,
Tu cielo hermoso y puro, tus brisas perfumadas,
Tu rio, tu horizonte, tu hermoso bicolor.
¿Dó están aquellas plazas llenas de movimiento,
Sus altas catedrales, sus grupos bulliciosos,
Sus verdes arboledas, sus alazanes briosos,
Que ofrecen á la vista contínua variedad?
¿Qué es del perfume suave del polvo de la patria,
De aquel aroma puro de sus lozanas flores,
De sus flotantes nubes de vívidos colores,
De la dulzura grata de su agua de cristal?
Tus magas misteriosas contemplo entusiasmado
El rayo de la luna bañando su alba frente,
Con blancas vestiduras cruzar rápidamente,
Cual cruza por los aires celeste aparicion.
Mi mente acalorada poblando los espacios
Admira la aérea forma que tienen las porteñas,
Sus ojos que derraman miradas halagüeñas,
Sus lábios que destilan el bálsamo de amor.
Y veo en mis ensueños tus bailes voluptuosos,
Salones que perfuman las ninfas Argentinas,
Y grupos en que brillan sonrisas peregrinas—
Cual no las ha fijado de Fidias el cincel.—
Y siento entre los giros del valz, que corre, vuela,
La brisa que producen las alas del ambiente
Cargadas con efluvios que envuelven dulcemente
Mi corazon y mi alma, mi espíritu y mi ser.
¡El valz! silfos alados sin duda lo inventaron
Al ver entretegida la madreselva airosa
En torno de la encina que altiva y vigorosa
Se viste con sus galas cuando sus brazos dá!
Así te me presentas ciudad fuerte y hermosa
Pendientes de tus brazos tus hijas hechiceras,
Como guirnaldas ténues que adornan las palmeras,
Y al recibir su apoyo le dan su emanacion.
No suenan en mi oido las dulces vidalitas
Que en medio de la noche modula el tucumano,
Ni los sentidos Tristes que repite el riojano,
Ni el alegre cielito que el porteño hace oir;
Cantares de mi patria, al abrir yo mis ojos
Susurrabais suaves á la par de mi cuna,
Y vuestro éco inefable en las noches de luna
Es música del alma que el alma sabe oir.
A veces, paseando de noche por las calles
De la dulce guitarra el éco me encantaba,
Cuando el amante tierno un Triste modulaba
Al pié de los balcones del ángel de su amor.
Mientras, tal vez la niña oyendo las canciones
Que desde la ventana le enviaba su querido,
Entre cendales albos el plácido sonido
Llenaba su alma y mente de plácida ilusion.
No veo el rio hermoso, de mástiles cubierto
Como un espeso bosque de gigantescos pinos,
Ni aquel conjunto bello de buques Argentinos
Que ostentan sus pendones bañados por el sol;
No veo el alta torre del templo magestuoso
Cuyo círculo cubre la gloria con sus alas,
Al verle acribillado de las rugientes balas
Que el cañon Argentino lanzara á Whittelok.
No veo aquellos muros que consagró la gloria
Cuando asilado en ellos ejército estrangero,
El pueblo omnipotente con ademan severo
Hizo rendir la espada del bravo Berresford;
No veo el foro inmenso do fueron nuestros padres
A usar de los derechos que Dios les concedia,
Ni el balconage rústico donde el Cabildo un dia
La gran soberanía del pueblo proclamó.
No veo la tribuna do ardientes oradores,
El pan de la palabra caliente derramaban,
Y desde lo alto de ella terribles fulminaban,
Rayos á los tiranos con santa indignacion;
No veo el pueblo inmenso la catedral llenando,
Oyendo los sonidos del órgano, suaves,
Ni entre nubes de incienso cruzando por las naves
Leopardos, quinas, leones, mirar con emocion.
¡Oh patria! como esclava suspiras en cadenas,
Cubiertas de cadalzos tus calles enlutadas,
Marchitos tus laureles, tus glorias mancilladas,
Ajada tu bandera de gloria y esplendor;
Tu seno profanado por déspota cobarde
Que duerme resguardado de míseros esclavos,
Que en su calvario triste remachan férreos clavos
Al pueblo generoso que en Mayo se elevó.
Pero ¡ay! de tí, apartado y errante por el mundo,
Hijo desheredado de tu cariño inmenso,
De la estranjera playa te quemo el puro incienso
Que á tí tan solo, oh madre! me es dado tributar.
No solo en llanto estéril he de inundar la tierra:
Mis vacilantes manos arrimaré á tus aras;
Si derrumbadas bajan.... entre reliquias caras
Feliz si entre su polvo, me puedo sepultar!
III
LA MUERTE
DE ZACARIAS ALVAREZ
(EN LA BATALLA DEL SAUCE GRANDE)
———
Los gritos de los bravos,
El ¡ay! de los esclavos,
Y el trueno del cañon;
Del plomo los rugidos,
Del sable los crugidos,
Y el golpe del tambor.
Del potro las carreras,
Los vivas y los mueras,
Y el toque del clarin,
Cual trueno tramontano
Que asorda todo el llano
Retumba en el confin.
Y en medio á las legiones
Penachos y pendones
Se miran tremolar;
Y en la humareda envueltos,
Como cabellos sueltos
Del sol se ven flotar.
Los bravos se adelantan,
Y el polvo que levantan
Con ímpetu veloz,
Sus rostros ennegrece,
Y entre él desaparece
La enseña del honor.
El Escuadron de Maza
Sin casco ni coraza
Se avanza con valor,
Y su entusiasmo brilla
Como en verde cuchilla
Los reflejos del sol.
Y con marcial fiereza
Se mira á su cabeza
Zacarias marchar:
Alma grande y altiva
Que renunció la oliva
Del pacífico hogar.
Y voló á la batalla,
Y la acerada malla
Y el plomo despreció,
Y al frente de sus bravos
De Rosas los esclavos
Valiente acuchilló.
Potentes escuadrones
Al pié de los cañones,
Su lanza dispersó,
Y en medio á sus fusiles
Y bayonetas viles
Su caballo dejó.[1]
Al frente de su tropa
Zacarías galopa
Y hace el suelo crugir,
Y la potente lanza
Blandida con pujanza
Se mira relucir.
Magnífica tremola
La bella banderola
Del ínclito campeon,
Y en medio á la pelea
La moharra centellea
Como una exalacion.
Escúchase un redoble:
La infantería inmoble
Sus armas descargó.
Y al ver sus bayonetas
«Á la carga, cornetas!»
Zacarías gritó.
Y todos enristraron
Y en pos de él se arrojaron
Sus lanzas á estrellar.
¿El plomo y la metralla,
El foso y la alta valla
Su furia detendrá?
Proteja Dios al fuerte
Que va á retar la muerte
Cargando con valor!
Y si caer le toca,
Caiga como una roca
Con ímpetu y fragor.
Y en la veloz carrera
Flameaba la bandera
Del ínclito Escuadron,
Y al ver la artillería
Su gefe le decía:
«Soldados, al cañon!»
Mas ¡ay! bala traidora
De pronto silvadora
Su pecho traspasó;
Y con ferrea pujanza
Apretando la lanza
Moribundo cayó.
Alzando la cabeza
Repite con firmeza:
«Avance el Escuadron!
«Este es mi adios postrero...
«Yo por la patria muero...
«Soldados, al cañon!»
Ningun soldado gime,
Pero dolor sublime
Las frentes inundó;
Mas él del hondo seno
Lanzaba voz de trueno:
«Soldados, al cañon!»
Y el Escuadron valiente
A la batalla ardiente
Con furia se lanzó,
Y en la garganta estrecha
Y encima de la mecha
Su gefe le miró.
Y su bandera viendo
Él esclamó muriendo:
«¡Oh de mi Patria sol!»
Y su cabeza noble
Como gigante roble
Al polvo descendió.
Murió como un valiente
De su Escuadron al frente
Cargando con valor,
En un túmulo inmenso
Y en medio del incienso
Del taco del cañon.
No cánticos pagados...
Sus voces sus soldados
Alzaron en loor;
No funerales fuegos...
Ardientes lanzafuegos
Brillaron en su honor.
No triste terciopelo,
Ni lágrimas de hielo,
Ni orgullo y vanidad;
Banderas le envolvieron,
Y ¡vivas! le siguieron
A la mansion de paz.
IV
AL SOL DEL 25 DE MAYO DE 1844
(EN MONTEVIDEO SITIADO)
———
Cascadas del Niagára y Tequendama
Donde el agua de un mundo se derrama
Para apagar de América la sed!
Amazonas, Ontario, bello Plata,
Donde la vírgen pura se retrata
En la márgen bañándose los pies!
Pampas inmensas, selvas olorosas,
Del Andes cordilleras orgullosas
Que corona la ardiente cruz del Sud!
Perfumaos como nube de incensario,
Armonizaos cual himno del santuario
Para decir de Mayo al Sol: Salud!
Salve, página inmensa de la historia,
Divino resplandor de la memoria,
Fuente de perennal inspiracion!
En tus alas de fuego me sublimas,
Y al entusiasmo sacro en que me animas
Calientas mi cabeza y corazon.
Hoguera abrasadora del gran Mayo,
Do se incendió terrible como el rayo
El fuego de un pensar generador;
Que el corazon templó cual hierro fuerte,
Y dió existencia á la materia inerte,
Como el soplo divino del Creador.
Al vivífico rayo de tu lumbre
Se estremeció la inmensa muchedumbre
Y el polvo del esclavo sacudió;
Allí surgió la dignidad humana
En la nacion potente y soberana
Que el soplo democrático animó.
Allí, genios pujantes, inspirados,
Formularon derechos conculcados
En solo una palabra: ¡Libertad!
Y Dios vertió con generosa mano
Perfumes sobre el mundo Americano,
Y le dijo: «Naciones, levantad!»
La inspiracion del alta inteligencia,
El calor de la intrépida elocuencia
En el astro de Mayo concentró;
Y del ardiente labio de Moreno
Se desprendió de su palabra el trueno
Y el programa de Mayo formuló.
«Derribemos su trono al despotismo,
«Abramos ancha via al patriotismo,
«Alcemos los fanales de la Ley;
«Rompamos su barrera á la ignorancia,
«Alumbremos la mente de la infancia,
«Y ennoblezcamos á la humana grey!»
Esta palabra el entusiasmo inflama,
Prende en los corazones noble llama,
Que como chispa eléctrica cundió:
Y cual hierve entre escollos la marea,
Hirvió entre las cabezas una idea
Que dió vida á la gran revolucion.
Revolucion sin lanzas ni fusiles,
Un alto pensamiento fué su Aquiles,
Y la razon su escudo tutelar;
Revolucion fundada en la justicia,
Que tuvo los principios por milicia,
Y por columna ardiente la verdad.
Revolucion con cauda de cometa,
Que atravesó el espacio, cual saeta
Despedida del arco del Señor;
Parto de mil ideas generosas
Que volaron en chispas luminosas
Por todo el continente de Colon.
Solo una vez brillaron sus espadas:
Para romper cadenas execradas,
Y sostener las tablas de la Ley;
Para postrar esclavos y tiranos,
Para afirmar los vínculos de hermanos,
Y atarlos con cadenas de laurel.
Tuvo ejércitos, grandes generales,
Que pasearon gloriosas y triunfales
Sus banderas, del pueblo paladion;
Y de los Andes en la blanca cima,
En Chile hermoso y opulenta Lima
Postraron al ibérico leon.
Legisladores de alta inteligencia
Que encendieron la luz de la esperiencia
Para legar un pacto al porvenir,
De Independencia el acta formularon
Y entre rayos y truenos proclamaron
Decálogo del nuevo Sinaí.
Sol de Mayo, que entonces refulgente
Suspendido por Dios en el oriente
Alumbraste la gran Revolucion,
Al fecundar su universal semilla
Hoy te doblan humildes la rodilla
Los nietos de esa audaz generacion.
Mira el árbol sembrado por sus manos,
Que enarbola sus gajos soberanos
Sombreando el Sud, el Norte y Ecuador;
A cuyo pié la Libertad divina
Vagando por el mundo peregrina
La tienda americana levantó.
En vano las segures cortadoras
En su tronco se hundieron destructoras
Sin conseguir sus ramas marchitar;
Y aunque hollado por hondas cicatrices
Estiende poderoso sus raices
La América abarcando cual titan.
Contempla al Norte, en trece fajas bellas
Como flamea el pabellon de estrellas
Simbolizando libertad y union;
Y en la torre de su alto Capitolio
La democracia antigua en su gran solio
Con mas justicia y con mejor razon.
De allí voló de Mayo la simiente,
De allí de Libertad el soplo ardiente
Que la mente del pueblo calentó;
Como se esparcen jugos y colores
En el fecundo polen de las flores,
Que la brisa en sus alas derramó.
Contempla al pueblo libre que en el Istmo
Defendió con intrépido heroismo
El suelo que dos mundos ha de atar;
Al formarle parece que Dios quiso
Dar á su Americano paraíso
Vínculo de eternal fraternidad.
Al Sud, siete Repúblicas hermanas
Enarbolan banderas soberanas
En vez del estandarte colonial,
Y al soplo tempestuoso de la guerra
Fortalecen sus astas en la tierra
Como árbol que sacude el vendabal.
Las Repúblicas hijas de Bolívar
Beben en copa de oro miel y acíbar
Caminando á un hermoso porvenir,
Y Chile cual fanal del marinero
Nos muestra mas seguro derrotero
Porque debe la América seguir.
¿Y qué es de la República que un dia
Hizo surgir de entre la noche fria
De esclavitud, un mundo colosal;
La que dando patrióticas lecciones
Fundó en el Continente tres Naciones
Sobre el polvo del trono colonial?
De aquella que con brazos vigorosos
Derribó los guerreros orgullosos
Del Brasil, de la Iberia y Albión;
La que abatió la cima de los Andes,
Y dió á la historia de los hombres grandes
Páginas inmortales de esplendor?
La que envuelta en el manto de la gloria
Sobre el carro triunfal de la victoria
Se coronó la frente de laurel;
Y en vez del negro trono de los reyes
Supo elevar el ara de las leyes
Y derramó sobre ella mirra y miel?
La que libre, feliz y soberana
Bebia la virtud republicana
En el soplo viril del huracan;
La que en alas del rápido pampero
Parecía decir al mundo entero:
«Adonde vá mi viento el brazo vá.»
La que Atenas del mundo Americano
Distribuyó con generosa mano
De ilustracion y de verdad el pan,
Y en la mente sin luz de la criatura
Encerraba la ardiente levadura
Que con la edad debia fermentar?
Ahí la teneis en lo alto de un calvario,
Envuelta por el fúnebre sudario
Que le arrojó la torpe esclavitud;
Reina con el cabello pisoteado,
Laurel al que la lluvia no ha regado
Y se marchita en flor de juventud.
Su sociedad sin leyes, desquiciada,
Y bajo férrea mano nivelada,
Tiembla ante la cuchilla del terror;
Los nombres de patriotas eminentes,
No gravados en bronces relucientes
Sino en tablas de ingrata proscripcion.
Los principios de Mayo conculcados,
Los derechos del hombre pisoteados,
Sin que pueda decir: «yo tengo un pan»;
Un pueblo destinado al sacrificio
Sobre el horrendo tajo del suplicio
Que sangre pura destilando está.
Al deshonor sus hijas entregadas,
Las madres en los templos azotadas
Coronadas del moño de irrision,
Arrastrando cual mulas torpe carro
Donde llevan un ídolo de barro
Que colocan al lado del Señor!!
La tribuna de Agüero y de Dorrego,
Cuya palabra descendió cual riego
En medio de la barra popular,
Hoy la ocupan estúpidos sectarios
Donde leen un papel sin comentarios
En defensa del crímen y maldad.
La bandera que guiaba al combatiente
Despojada del sol resplandeciente,
Y ennegrecido su divino azul;
Desterrado el honor de su milicia,
Derrumbado el altar de la justicia,
Sus poetas sin patria ni laud.
En todo impreso del demonio el sello:
El robo, la injusticia y el degüello
Sancionados en ley y religion;
Coágulo de los vicios mas inmundos
Que emponzoñara el aire de mil mundos
Si no se contuviese su espansion.
El genio que preside esta anarquía
Entre el vapor espeso de la orgía
Desparrama en su aliento corrupcion:
Aborto abominable del infierno,
Ó maldicion tremenda del Eterno
Porque el lazo rompimos de la union.
Salvage que en sus raptos de demencia
Volcó la hermosa antorcha de la ciencia
Para encender con ella su fogon,
Donde quemó del pueblo los derechos,
Y el bello libro de los grandes hechos...
Mas ¡ah! su cifra está en el corazon.
Entonces en demanda tuya, ¡oh Mayo!
Armamos nuestra diestra con tu rayo
Para acorrer la patria en su orfandad,
Dando al viento de nuevo los colores
Que engalanó en los nítidos albores
De nuestra patria el sol de libertad.
Pero la diestra que mi patria azota
La revolcó en el campo de la rota,
Y vió abatido su inmortal pendon;
Los cruzados de Mayo sucumbieron
Y á las playas de Oriente se acojieron
Cual la paloma que huye del halcon.
Hijo del pabellon del Argentino
Su bandera dió sombra al peregrino
Como el palmero al pobre viajador;
Pero el feroz tirano, en torvo ceño,
Los despertó de su ajitado sueño
En la tierra de lenta proscripcion.
Al mirar levantarse agigantado
Un pueblo por las leyes gobernado,
Vió su trono sangriento bambolear;
Ante la ley retrocedió el salvage
Y sus hordas hambrientas de pillage
Bajo rojo pendon hizo juntar.
Y dijo:—«Al otro lado de este rio
«Se levanta con fuerte poderío
«El odiado pendon de libertad;
«Corred allí, mis bravos federales,
«Y quemad esos libros infernales
«En que se habla de Patria y de Igualdad.
«A la carga! á degüello! mis sicarios,
«Que mueran los salvages unitarios
«Por mi mazhorca á filo de puñal;
«Despedazad sus cráneos con la bola
«Y arrastrad de los potros á la cola
«Sus cabezas en medio de un cardal!
«Que vista en pocos dias triste luto
«Y que me pague en llanto su tributo
«La que llaman República Oriental:
«Atádmela á la cincha con un lazo
«Que dando espuela y rienda á mi picazo
«La vereis por las pampas arrastrar.
«Predicad que á los pies de mi caballo
«He borrado los códigos que en Mayo
«Una turba de locos escribió,
«Y he formado en la palma de mi mano
«Un famoso sistema americano
«Para reinar sobre las leyes, yo!»
La mesnada de torpes asesinos
Que deshonran el nombre de Argentinos
Volaron cual hambriento gavilan,
Y al barbárico son de un clamoréo
Llegan ante la gran Montevideo,
Donde los libres en su puesto están.
Llegan, y se detienen asombrados
Ante los fuertes muros, levantados
Del pueblo por la mano colosal:
Y en el Cerrito de eternal memoria
Donde Rondó se coronó de gloria
El invasor levanta su real.
No ya cual otro tiempo, en las almenas
Van á trozar las bárbaras cadenas
De tres siglos de oprobio y opresion:
Renegando las glorias de esos dias
Vienen á traer satánicas orgías,
Vienen á traer degüello y proscripcion.
Por las orillas fértiles del Plata
La gavilla de Rosas se dilata
Amenazando hundir la Libertad:
Montevideo grande, fiel, sublime,
Bajo el enorme peso que la oprime
Alza tranquila el último fanal.
Oponiendo su espada á la venganza
Guarda el arca de la última esperanza
Como el pueblo elejido de Jehová;
Y en ella cual depósito sagrado
Se encierra el porvenir ilimitado
Que en los tiempos su luz proyectará.
En ella, como en surcos misteriosos
Fructifican los gérmenes hermosos
Que fecunda la sangre y el sudor,
Y dia y noche la ciudad invicta
Guardando con amor su arca bendita
Vela al pié del sagrado pabellon.
En vano viejos pueblos enervados
Escriben por el miedo dominados
«El oro! el oro es de la tierra Dios;»
Que ella dice con hechos elocuentes:
«En los pueblos viriles y valientes
«El Dios, es de la patria el santo amor.»
Funde cañones, arma ciudadanos,
Y al niño, á la muger y los ancianos
Les infunde su aliento varonil;
Amasa con su sangre su muralla
Bajo el fuego de la hórrida metralla
Y el mortífero plomo del fusil.
La pólvora y la sangre siempre humea,
De sol á sol su ejército aun pelea,
Y uno á uno sus hijos vé caer;
Pero ella mas heróica y mas constante
Los envuelve en su manto rutilante
Y les ciñe coronas de laurel.
Al que infame, cobarde y miserable
Deserta su defensa inimitable
Le estampa el sello ardiente del traidor,
Y teje siempre-viva y mustio lirio
Para ceñir coronas de martirio
Al que le dé su vida en oblacion.
Y sus hijas tambien, con patriotismo,
Bendan al que cayó con heroismo
Defendiendo su hogar y castidad;
Y comprendiendo su mision inmensa
Se entregan de la patria á la defensa
Ofreciendo sus hijos en su altar.
Oh, mil veces, mil veces venturosa
La juventud que en lucha tan hermosa
Puede toda su sangre derramar;
La que serena ante el embate rudo
De los tiranos, cae en el escudo
Del mártir de una causa universal.
Estos tus hijos son, los que á tus dogmas
Hoy tributan sus cánticos y aromas
Su brazo y su poder intelectual:
Que acaudillan de Mayo aquellos hombres
Cuyos gloriosos é inmortales nombres
Son nuestro patrimonio nacional.
Cada viejo de Mayo es flor divina
De la corona cívica Argentina
Y la corona cívica Oriental;
Y si el viento arrebata alguna hoja
Tu luz seca las gotas de congoja
De nuestra patria en la divina faz.
Detente, oh Sol, y mira ese caido:—
Fué un guerrero de nombre esclarecido
Que en holocausto tuyo se ofreció,
Y hasta lanzar sus postrimer aliento
Á tí te consagró su pensamiento,
Y al ver tu faz contento sucumbió.
Grande, entre los gigantes de aquel Mayo
Que robaron á Dios su ardiente rayo
Para decir al pueblo: Fiat Lux,
Hoy miró su postrer aniversario,
Sirviéndole de espléndido sudario
De la ciudad el estandarte azul.
Tuvo seis hijos, del amor el fruto,
Que presentó á la Patria por tributo
Cuando miró su estátua bambolear,
Y á la cabeza de su prole hermosa
Desenvainó su espada victoriosa
Para poner á raya la maldad.
Y en cien combates de eternal memoria,
Do la ciudad se coronó de gloria
Relampagueó su acero vencedor,
Y el entusiasmo puro en que en él ardía
Á sus valientes hijos infundía
Entre el silvo del plomo matador.
Hermosa cual su vida, fué su muerte:
Con el aliento varonil del fuerte
Peleando por la patria sucumbió.
En hombros de su ejército esforzado,
De balazos el pecho acribillado
El campo de batalla abandonó.
Estendido en el lecho de agonía
Reconcentró de su alma la energía
Para poderte contemplar ¡oh Sol!
Y á veces repetia el fuerte anciano:
«Pueda mirar el astro soberano
«Que el dia de la América alumbró!»
El cielo oyó su ruego. Esta mañana
Cuando tocaba á vuelo la campana
Y tronaba la salva del cañon,
Sintió fuego patriótico en el alma
Y cual hojas al tronco de la palma
Su valerosa prole le rodeó.
Sobre su calva é inspirada frente
Relucía la chispa refulgente
Que fijó con su dedo el Hacedor:
Abrió sus ojos á la luz süave,
Y arrojó una mirada dulce y grave
A sus retoños, que en amor regó.
Los estrechó con paternal terneza,
Y elevando exaltada su cabeza
En las nubes de Oriente la fijó:
Cayeron de rodillas ante el lecho
El corazon en lágrimas deshecho
Y así les dió postrera bendicion:
«Benditos seais, para salvar la Patria
«Y fecundar de Mayo la simiente,
«Para adornar con palma refulgente
«De nuestra patria el pabellon triunfal.
«Benditos seais, para morir por ella,
«Entre el ardor de la feral batalla,
«Para oponer incontrastable valla
«En la tribuna al despotismo audaz.
«Benditos seais, para rasgar el pecho
«Del torpe Rosas, con robusta mano,
«Y dar al pueblo en que nació Belgrano
«De libertad y gloria la señal.
«El mundo entero aplaudirá ese golpe,
«La humanidad consagrará loores,
«Y el cincel de los grandes escultores
«Os armará del salvador puñal.
«Himnos sin cuento os rendiran los vates,
«Párvulos tiernos, santas bendiciones,
«Casta doncella, puras emociones,
«Y admiracion la noble ancianidad.
«El pueblo grato os ceñirá de lauros,
«Enjugareis de una nacion el lloro,
«Que vuestro nombre escribirá con oro
«En las fajas del Lávaro triunfal.
«Grandes sereis por mil generaciones,
«Y vuestra gloria inundará este suelo,
«Y vuestro padre desde el alto cielo
«Os enviará su bendicion de paz.
«Benditos seais, para salvar la Patria
«Y dar al mundo ese inmortal ejemplo
«Volar de gloria al sacrosanto templo
«Y de Mayo las aras levantar.»
Dijo el anciano, y el gran sol de Mayo
Vertió sobre su frente un puro rayo
Que en misteriosa auréola la ciñó.
Le contempló con ojo entusiasmado
Diciendo: «¡Patria mia!».... y apagado
Quedó su inteligente resplandor!
Así de Libertad sucumbe el hijo:
Sobre la Patria el pensamiento fijo,
Abrazando las gradas de su altar;
Como Castelli y cual Beron de Astrada,
Como Lavalle de alma no domada,
Muere para vivir, vida inmortal.
Con mártires de grandes corazones
Se alzan y regeneran las naciones
Y su sangre es la ofrenda que les dan:
Mártir fué el Redentor, y de un madero
Do lo enclavó el impio, al mundo entero
Regeneró con su mision de paz.
Bebiendo el entusiasmo de sus hechos
Buscaremos del hombre los derechos
Á la radiante luz de la verdad;
En el templo de Mayo elevaremos
Hostia de paz y allí profesaremos
Su doctrina de amor y de hermandad.
Profética la mente ve otros dias
En que se oirán sublimes armonías
Bajo el domo que habremos de elevar
No habrá tiranos, ni sangrienta guerra,
Tierra de promisión será esta tierra,
Norma de la aflijida humanidad.
¡Oh Mayo! de tu espíritu invisible
Penetrarás un mundo indivisible,
Como la luz la vasta la inmensidad:
Y al relucir tu sol del alto cielo
Se elevará sonoro desde el suelo
Un coro de alabanza universal.
Coro
«Gran lámpara del templo soberano,
«Vasta concretacion del ser humano,
«Condensacion de la inmortal verdad;
«Fuente perenne de fecunda idea
«Que en los espacios, nuevos mundos crea,
«Antorcha de la inmensa eternidad.
«Inagotable manantial de vida
«Que fecunda la savia bendecida
«Del árbol de la sacra libertad;
«Árbol que ostenta flores inmortales
«Teñidas de colores celestiales,
«Con que perfuma Dios la humanidad.
«Cosmopolita cifra que concreta
«Las utopias doradas del poeta
«Y el ideal del genio pensador;
«Efluvio poderoso de otros mundos,
«Que haces brotar los gérmenes fecundos
«En el limbo del surco de labor.
«Del gran dia celeste monumento,
«Donde arde su divino pensamiento
«Como el fuego sagrado en el altar:
«Tú alumbrarás del mundo las edades
«En medio de las negras tempestades
«Para impedir al mundo naufragar.
«Númen del libre, signo de victoria,
«Luz de los pueblos, astro de la gloria,
«Que das al genio noble inspiracion:
«Tú, la divina imágen que soñaron,
«Los hombres que tus luces invocaron,
«Realizas con tu sola emanacion.
«Tú guardas de los hombres el tesoro
«Y en tus altares, de las urnas de oro
«Derramas democrático raudal;
«Tú bañas con tu linfa á las naciones,
«Y viertes en sedientos corazones
«De la justicia universal maná.
«Bajo la ígnica cruz del cristianismo
«Que corona tu domo, el despotismo
«Yace herido del rayo popular,
«Y la divina imágen que soñaron
«Los hombres que tu basa levantaron
«Le oprime con su planta de titan.»
V
EL CORSARIO
(PROSPECTO DE UN PERIÓDICO POLÍTICO EN 1840)
Es mi barco mi tesoro,
Es mi Dios la libertad.
Espronceda.
Es una linda goleta
Ligera como la brisa,
Que en el Plata se desliza
Cual fantástica vision.
Ruge el viento enfurecido
En la blanquecina vela,
Mientras ligero revuela
Del corsario el pabellon.
Sentado un hombre en la popa
El ancho rio admirando
Meditabundo fumando,
Entre una nube se vé:
Es su frente ancha y altiva,
Es tostado su semblante,
Es su mirar penetrante
Y su brazo de temer.
Entre sus manos robustas
Una guitarra se mira,
Que blandamente suspira
Como querella de amor,
Y mientras ruge en los cables
El pampero embravecido,
De su guitarra al sonido
Entona aquesta cancion.
CANCION
"Es mi goleta el cisne de este rio
Que tiende el ala cuando brilla el sol:
Es en el puerto libre como el viento
Y en altos mares libre como yo.
A mi querida la llaman
La goleta «Libertad,»
Porque asila al hombre libre
Y hace fuego á la maldad.
Y de todos tiranos los pendones
Se abaten al rugir de sus cañones.
Ha navegado hasta la vieja Europa
Enarbolando el argentino sol,
Y en su crucero, al pabellon de Iberia
Con sus rayos ardientes eclipsó:
Y al divisarse sus velas
De Cádiz en la ciudad,
Decían los gaditanos:
«Allí viene la «Libertad!»
Y flotaba el pendon Americano
Desafiando las balas del tirano.
Cubierto el puente de caliente sangre
Izando al tope flámula de honor
Ha visto la bandera de un Imperio
Sepultarse entre el humo del cañon.
Y al pasar por su costado
Brown que el combate ordenaba
Con su bocina de mando
A los bravos saludaba.
En el Juncal, donde con pecho fuerte
Clamaban todos: «Libertad ó muerte!»
Ora corsario de los hombres libres
Se vé mi enseña por do quier flotar,
Y el marinero en medio de la noche
Suele decir: «Ahí vá la «Libertad!»
Soy el amigo del pueblo,
Ante nadie me arrodillo,
Ni á los esclavos halago,
Ni á los déspotas me humillo.
Vivo en el mar, desprecio los tiranos,
Nunca con ellos enlacé mis manos.
Cuando cruzando el Rio de la Plata
Veo flamear de Rosas el color,
De alerta el grito doy á mis marinos
Empuñando la barra del timon.
Y cuando al frente aparecen
Grito á mis valientes ¡fuego!
Por no tomar esas presas
A las llamas las entrego.
Que allí mi Libertad tan solo impera:
Bajo sus fuegos rinden su bandera.
Mi divisa es:—«Valor é Independencia.»
Mi ley:—«Aborrecer al opresor.»
Mi religion:—«La libertad del mundo.»
Mi patria:—«El continente de Colon.»
Y sin tener mas tesoro
Que mi barco y mi puñal,
Primero daré la vida
Que rendir la Libertad.
Que ese pendon que brilla con la luna
Jamás se abate ante bandera alguna.»
El marinero que en la cofa estaba
Gritó al Corsario que tambien velaba,
«Un barco viene.»
El se levanta magestuoso y mudo,
Y de los vientos al silvido rudo
Todo previene.
Era francés el buque que venia,
Y allá en su mástil ondear se via
De Julio el pabellon.
Viva la Francia! gritan muchas veces;
Vivan los libres! gritan los franceses
De noble corazon.
Sigue el buque francés su derrotero
Impelido del soplo del Pampero
Por el piélago azul.
En tanto que el Corsario navegaba
Y al divisar sus velas esclamaba
«A los libres, salud.»
Un negro bergantin pasó á lo lejos,
Y de la mústia luna á los reflejos,
Dijo, al ver su pendon:
«Mirad, se llama de la mar señora
«Esa bandera que enlutada llora
«En el templo de Dios.
«Hoy de la Francia muéstrase celosa
«Porque cree que fuerte y poderosa
«Nos podrá sojuzgar.
«Islas quiere la Francia? Ya el Britano
«Ha robado en el mundo Americano
«Malvinas y Roatan.
«Quiere nuestras ciudades? los pedazos
«De la bandera inglesa, que á balazos
«Supimos conquistar,
«Y son de gloria nuestra herencia rica,
«Levantados en lo alto de una pica
«A la Europa dirán:
«Que en todo el continente Americano
«Ni el francés, ni el inglés, ni el castellano
«Su mano asentará.
«A ver! que alguno la conquista intente
«Y de todo un ejército insolente
«Los cráneos mostrará.»
Dijo el Corsario, y en su altiva frente
Relámpago de luz cruzó luciente
Como una exalacion.
Volvió á la popa, y se acostó en su asiento,
Y en medio de la música del viento
Tranquilo se durmió.
——
La aurora aparece con dulce sonrisa
Y llena de aromas la atmósfera está,
Hermosa goleta que impele la brisa
Surcando va el agua del gran Paraná.
En tanto el Corsario la costa admirando
Saluda aquel rio de gracia inmortal,
Y en alto levanta, su sien desnudando,
Tres fajas de blanco y azul celestial.
Y dice las islas y el bosque mirando:—
«Lavalle y sus bravos aquí me hallarán,
«Y el rio en mi barco, veloces pasando,
«Mi vida y mi barco por suyo tendrán!»
De pronto en el llano se ven mil guerreros,
Bandera Argentina se mira lucir,
Y al pié resplandecen los fuertes aceros
Que van sus valientes con gloria á esgrimir.
«Salud, hombres libres, la patria os espera,
«Guerreros antiguos y nuevos, salud.»
Gritóles, y todos al ver su bandera
Bajaron sus lanzas diciendo: «Salud.»
VI
ELEGÍA
AL GENERAL LAVALLE
Mejor se triunfa muriendo que matando.
INTRODUCCION
En la region andina que libertó Bolívar
Reposa la cabeza del mártir esforzado,
Que en sus membrudos hombros potente ha sustentado
La inmensa pesadumbre de gran revolucion.
Robusto como el pino que bate la tormenta
Sus ramas han crujido con ímpetu violento,
Y hoy yace por el suelo tendido y sin aliento...
Tendido y sin aliento, pero domado nó!
Donde un mortal sucumbe, un héroe se levanta,
Sus formas luminosas se animan lentamente....
Relámpagos y nubes coronan su alta frente
A par de los gigantes que doman la creacion:
Los Andes, atrevidas pirámides del mundo
Vestidas por la pompa severa del invierno;
Inmensos pedestales que levantó el Eterno
De pedestal le sirven y de eternal panteon.
Cual página mas grande para inscribir su nombre
Que esas gigantes moles que mundos equilibran,
En cuyas canas frentes los huracanes vibran
Como arpas misteriosas que pulsa el vendabal?
Atleta americano lanzóse de su cumbre
Por conquistar á hierro la libertad de un mundo,
Y de su altivo paso se vé surco profundo
Que el tiempo despeñado se para á contemplar.
Su vida fué un invierno, sañudo, interminable:
Envuelto por el hielo, luchando brazo á brazo,
Y el fuego de la patria guardando en su regazo
Para encender la antorcha de gloria y libertad.
Por eso para libro de sus heróicos hechos
Los Andes han abierto su inmensurable seno,
Como para la tumba del inmortal Moreno
Bastar pudo tan solo la inmensidad del mar.
EL CENTINELA
Trémula brilla en la celeste esfera
La blanca antorcha que sucede al dia,
Y de la noche la mortaja fria
Sus anchos pliegues tiende en derredor.
Soberbia en tanto entre la espesa bruma
Se vé la cumbre de los altos Andes,
Donde un gran pueblo con alientos grandes
La alta bandera de igualdad clavó.
Sordo fragor en sus entrañas ruge
Al despeñarse el agua del torrente,
Cual si arrastrase en rápida corriente
De un mundo el esqueleto colosal.
Y allá en su cima los eternos hielos
Brillan como el almete de un guerrero,
Cuando cubierto de fulmineo acero
Se vé atrevido su creston ondear.
Y en ancho mar de blanquecina nieve
Solo una forma humana se elevaba:
La de un fiel centinela que velaba
Apoyada la mano en su fusil.
Blancos cabellos su cabeza orlaban,
Hondos surcos cruzaban su semblante,
Y su mirada firme y penetrante
Revelaba un aliento varonil.
Era una sombra de las grandes huestes
Que de Mendoza al Ecuador partieron,
Y que del grande San Martin siguieron
Por entre abismos la pisada audaz;
Era un guardian de la ignorada tumba
De los caidos sin legar su nombre,
Que esperaba á los héroes de renombre
Para dar á otro mundo la señal.
Asi velaba en medio de dos mundos
Los vivos y los muertos custodiando,
Cuando un rumor los ámbitos llenando
La montaña en su base conmovió.
¿Quién vive? preguntó, y tristes voces
«Quien murió por la Patria,» contestaron,
Y cuarenta adalides avanzaron
Alzando un desgarrado pabellon.
Negros los rostros y la frente roja,
La mano herida y como sierra el sable
Llevaba aquella hueste formidable,
Fugitiva del campo del honor.
Envueltos en banderas argentinas
Conducian los restos de un soldado,
Y brillaba en su cráneo descarnado
La aureola que al mártir coronó.
El centinela comprendió que á un héroe
Aquellos huesos frios sustentaron:
Sus lágrimas ardientes resbalaron
Y su fusil al hombro levantó.
¿Quién es el héroe? preguntó, y un jóven
De veinte Mayos é inspirada frente,
Doblando la rodilla reverente
En discurso elocuente respondió:
DISCURSO
«Su nombre está escrito del pueblo en el seno,
De sus altas glorias el mundo está lleno,
Su frente circuye laurel inmortal;
Atleta de Mayo, venció los esclavos,
De un pueblo de siervos rompiendo los clavos
Bañó su cabeza con óleo de paz.
«Los Andes le vieron alzarse á su cumbre,
Y allí derramando magnética lumbre
De América el mundo con ella alumbró;
Le vieron soberbio venciendo á los Reyes,
Llevando el programa de glorias y leyes
Grabado en el sable que grillos trozó.
«Con lanza enristrada cruzó como rayo
Llevando la enseña del pueblo de Mayo
Del Plata á los Andes y ardiente Ecuador;
Y reales diademas, y tronos y cetros
Se hicieron pedazos, cual viejos espectros,
Crujiendo á las plantas del gran lidiador.»
——
El centinela alzó la noble frente
Que súbito relámpago cruzó;
Y atónito, el fusil resplandeciente
Ante los huesos frios presentó.
——
«Alzóse en su patria soberbio tirano,
De libres la senda mostrónos su mano
Y heróico el primero por ella cruzó.
Y justos principios alzando en su espada
Llevó el estandarte de santa cruzada
Que en rota y victoria seis veces se vió.
«Pero él en su espada, con nervio pujante
La patria y sus glorias sostuvo constante,
Y nunca cobarde su espalda dobló:
Miró su bandera de polvo cubierta,
Miró de la lucha la arena desierta,
Y entonces su frente soberbia rindió.
«Su grande destino la muerte ha cortado!
La causa camina, pero ¡ay! está helado
El soplo de fuego que vida le dió!
Así en otros tiempos en circo estendido
El fuerte guerrero yacia caido
Y el carro que hollaba seguir triunfador!»
——
El centinela atento le escuchaba
Y el corazon guerrero arder sintió,
Y aquel fusil que al frente presentaba
Rendido hasta sus plantas abatió.
——
«Envueltos sus restos por patria bandera
Encuentren al menos en tierra estrangera
La tumba que al mártir su patria negó.
Sus fieles soldados cavando su fosa
Cubrirán de tierra con mano piadosa
La frente laureada que el mundo admiró.
«Al pié de su tumba que calle la envidia!
Su espíritu noble preside á la lidia
Que aun arde en nosotros su llama inmortal.
Apóstol y mártir su pueblo le nombra,
Y grande y serena su pálida sombra
De dulce esperanza levanta el fanal.
«Un dia los hijos del pueblo argentino
Orlando sus sienes con lauro divino,
Darán á sus manes sagrada ovacion,
Y entonces nosotros los Andes cruzando
Vereis que volvemos en triunfo llevando
Los huesos proscriptos del grande campeon.»
——
El centinela contempló aquel muerto
Que un huracan del mundo arrebató,
Y arrodillado sobre el suelo yerto
Humilde ante su gloria se postró.
EPILOGO
Como una chispa de la luz divina
Se vé brillar en la region andina
La estrella matinal;
Y una mano invisible, misteriosa,
Levanta de la noche silenciosa
El fúnebre cendal.
Y descubre un cadáver coronado,
De lágrimas y espinas incrustado
Su lauro triunfador:
Y en su presencia el ángel del aurora
Levanta con su voz consoladora
El himno del dolor.
HIMNO
Lavalle, tu cabeza
De penas fué calvario,
Y vaso lacrimario
Tu grande corazon:
Y los cautivos pueblos
Vertieron en tu seno
El llanto de amor lleno
Que el pueblo derramó.
Luchando cuerpo á cuerpo
Caiste en noble guerra,
Sobre la misma tierra,
Que tu sudor regó.
Y el corazon del mártir
Que atesoraba el llanto
Un génio sacrosanto
Del cuerpo arrebató.
Alzóse hasta las cumbres
Del alto Chimborazo,
Y allí con fuerte brazo
Tu corazon clavó;
Y cual en noble túmulo
Brilla la urna de oro,
La urna de nuestro lloro
Allí vierte esplendor.
Torrente de dolores
Por Dios atesorado,
Cual dictamo sagrado
Que destiló el amor!
¡Oh corazon que fuiste
El cáliz de amarguras,
A las espadas duras
Dá el templo del honor!
Acérquese allí el jóven
Y beba fortaleza,
Allí busquen firmeza
Los brazos sin vigor;
Allí vaya ese pueblo
Que dobla su garganta,
Y beba la ira santa
Que hiera al opresor.
Allí vaya la vírgen
A derramar sus flores,
Para jurar amores
Al que combata al vil;
Acérquese allí el niño
Y en su dolor templado
Levante el grito osado
De lucha varonil.
Y diga á los que duermen
En el polvo sangriento:
«Dad otra vez al viento
«De Mayo el pabellon;
«Y vencidos cien veces,
«Otras tantas deshechos,
»Oponed duros pechos
«A la dura opresion.»
Sí, que la voz del niño
Oráculo es del cielo
Para anunciar consuelo
A un pueblo en horfandad,
Y sus puras palabras
Al tiempo de verterlas
Se convierten en perlas
En la urna funeral.
VII
JOSÉ CAMPON
(PÁGINA DE UN DIARIO MILITAR EN 1839)
I
Cuando las huestes de Rosas
Pisaron de Oriente el suelo,
Al toque de la corneta
Seis mil bravos acudieron:
A su cabeza se vió
Al héroe antiguo de Haedo,
Acaudillando los bravos
Que de la patria en el seno
Heróicos se levantaron
En sosten de sus derechos.
Todo Oriental que abrigaba
De la libertad el fuego,
Bajo el pendon de la gloria
Iba á desnudar su acero,
Lleno de noble energía,
Y de patriotismo lleno.
II
Campon tranquilo vivía
Bajo del paterno techo:
Ciñóse al punto su espada,
Montó un veloz parejero,
Y voló do le llamaban
De la corneta los ecos.
Ni le detuvo el peligro,
Ni el triste llanto materno,
Ni del amor las dulzuras,
Ni del dolor los lamentos:
Solo escuchó al patriotismo
Que atesoraba en su pecho.
III
A la orilla de un arroyo
Se vén veinte coraceros
Dispersados en guerrilla
Sobre caballos lijeros;
Se ven al frente asomar
Bajo los talas y seibos
Que baña Santa Lucía
Míl y quinientos guerreros;
Y el denodado Campon
Mandando los coraceros
Con firmeza les repite:
«Antes que rendirse... ¡fuégo!»
Lanzando grito salvaje
Viene la tropa de siervos,
Como una nube de polvo
O una bandada de cuervos.
Campon, cual muro de bronce
El choque espera sereno,
Y á sus valientes soldados
Manda hacer continuo fuego,
Y cuando balas no tuvo
Dijo la espada blandiendo:
«La carabina á la espalda
«Sable en mano, coraceros!»
IV
Santander con su Escuadron
Se lanza en el entrevero;
Cuadra, ¡A la carga! ¡á la carga!
Repite con voz de trueno:
Sigue Blanco con sus bravos
Montados en moros negros.
Por su valor y su arrojo
Es conocido el primero,
Y se distingue el segundo
Por su semblante sereno:
La calva frente de Blanco
Es de su alma fiel espejo,
Pues se retratan en ella
La honradez y el ardimiento.
Trescientos hombres le siguen
Cargando al son de degüello,
En proteccion de los bravos
Que lidiando como héroes,
Mas que hombres de hueso y carne
Parecen hombres de hierro!
Ni les intimida el número,
Ni el morir les causa miedo;
Con sables hechos pedazos
Sus ojos despiden fuego,
Está abollado el morrion
Y sangre vierten sus miembros,
Ruge el plomo en sus cabezas
Y retiembla el pavimento;
Pero ellos imperturbables
En medio del entrevero,
Sueltan la rienda al caballo,
Descargan golpes tremendos;
Y ante su diestra valiente
Llenos de susto los siervos,
Bajan la mústia cabeza,
Abren un ancho sendero;
Y allí donde el clarin
Resuenan los tristes ecos
Llenos de sangre y de polvo
Júntanse los coraceros.
Blanco, que fué rechazado
En el encuentro primero,
Al frente del enemigo
Organiza los dispersos,
Hace tocar á la carga
Y otra vez los lleva al fuego.
V
Campon y Alberdi entretanto
De los esclavos en medio,
Abandonados se miran
Del hombre, no de su aliento.
De su alarido de guerra
Retumba el éco á lo lejos;
Al galopar sus corceles
Con fragor retumba el suelo;
Sobre sus negras corazas
Rechina el fúlgido acero,
Los sables cubren la luz
Sobre sus cráneos sangrientos.
Heróicamente lidiaron,
Cien heridas recibieron,
Y clamando—¡Libertad!
Al suelo cayeron muertos.
Y la divina corona
Que la Patria dá al guerrero,
Sobre sus frentes marchitas
Se vió caer desde el cielo.
Blanco á la carga conduce
A sus valientes de nuevo,
Pero al querer batallar
Todos se miran envueltos,
Y cual las hojas de otoño
Por la campaña dispersos.
En vano el buen coronel
Levanta su voz de trueno,
Abandonado y sin gente
Solo le ampara su acero.
VI
En la inmediata cuchilla
Un relámpago de fuego
Brilló, rugiendo con furia
Del cañon el ronco trueno.
Nuñez avanza atrevido
Con setecientos guerreros,
Blandiendo lanza potente,
Montando un tordillo negro.
Es imponente su marcha,
Y por su rostro moreno
El entusiasmo asomaba
Como en la noche un reflejo.
Al marchar de sus campeones,
Al relumbrar de sus hierros,
Y al tremolar su estandarte
Los enemigos huyeron.
Los libres en vez de rostros
Espaldas tan solo vieron.
VII
Cuando los viles esclavos
Riendas al caballo dieron,
De cadáveres y de armas
El campo quedó cubierto,
En expiacion de los libres
Que con honor sucumbieron.
Cuarenta bravos perdimos
En este glorioso encuentro,
Y al otro dia al pasar
Aquel campo de los muertos
Nuestros soldados decian:
«Tanta sangre vengaremos,
«Por cada gota de sangre
«Un arroyo verteremos.»
VIII
En los campos de Cagancha
En medio al humo y al fuego,
El escuadron de Campon
Admiró por su denuedo.
El ala izquierda ocupaba,
Y en el furibundo encuentro
El campo quedó sembrado
De hombres y caballos muertos.
Quedó en medio á la cuchilla
De sangre un ancho reguero:
¿Quién lo hizo? el escuadron
Que por vengar sus guerreros,
Pasó legiones de esclavos
A los filos de su acero.
VIII
HIMNO
Á LOS MÁRTIRES DE LA LIBERTAD
INVOCACION
Llegad en torno mio,
Venid, sombras nocturnas,
Y alzad con poderío
Las cinerarias urnas,
Cubiertas con el lirio
Que consagró el martirio:
Alzad, sombras, alzad!
Bañadlas con el llanto
Del pueblo que suspira,
Y el ardoroso canto
Que se alce con mi lira,
Por todo el hemisferio
Libre del cautiverio.
Llevad, sombras, llevad!
CORO
De América las vírgenes
Con mano temblorosa,
La cabellera frígida,
Sangrienta y polvorosa
De las heróicas víctimas,
Con flores ceñirán.
Entre perfumes célicos
Y grata melodía
De cánticos suavísimos,
Hasta la tumba fria
Entre aureolas fúlgidas
Los héroes bajarán.
Sobre la huesa húmeda
Donde su lauro brilla,
Los pueblos redimidos
Doblando la rodilla,
Al trono del Altísimo
Plegarias alzarán.
El Bardo de la América
Invocará sus manes,
Y al son de la arpa armónica
Que pulsan los titanes,
Sobre su frente pálida
La inspiracion caerá.
POETA
La tumba del valiente
No pide débil llanto,
Sino del vate ardiente
El estridente canto,
Que imite en su armonía,
Vibrante vocería
Del campo del honor.
Qué importan á los bravos
La pompa de los templos
Que compran los esclavos!
Les bastan sus ejemplos,
Su inmarcesible gloria,
Su tumba, su victoria,
Sus lauros, su valor!
Cual rinde su alta frente
El sol al Océano,
Como el audaz torrente
Que baja al ancho llano,
Debe ser la caida
Del que rinde la vida
Del pueblo en el altar.
Cantemos á los muertos
En la feral pelea,
Que sus despojos yertos
De América presea,
Valen mas que la pompa
Que celebra la trompa
Del poeta servil.
Indómitos guerreros
Ante el altar caidos,
Blandiendo los aceros
De sangre reteñidos,
Venid, llegó la hora:
La América hoy valora
Vuestra mision viril.
Llegad, nubes de incienso
Bañando vuestras frentes,
Oireis el himno inmenso
Que pueblos reverentes
Cantan en el osario,
No al génio sanguinario,
Ni al Régulo opresor.
Generaciones nuevas
Ricas de independencia,
Tras dolorosas pruebas
Por fecundar tu herencia,
Se acercan á las aras
Que con tu sombra amparas
Del Plata al Ecuador.
Oh brazos tan robustos
Que á un mundo estremecieron,
Y en dias mas augustos
Sus aras contuvieron,
Poderosos se eleven
Y á la mansion me lleven
De sacra inspiracion!
CORO
Sus lívidos cadáveres
Veranse entre humo denso,
Del pueblo, del incienso,
Y entre la pompa nítida
Del templo de Israel.
Relucirán las lámparas
Ante el sombrío coro,
Y al órgano sonoro
Se mezclarán melódicas
Las arpas de Sion.
Resonará en la bóveda
El cántico suave,
Y en medio á el ancha nave
Se elevará en el túmulo
La gloria y libertad.
Y el inspirado vate,
Envuelto por el manto
Del entusiasmo santo,
Exclamará profético:
«Tu nombre vivirá.»
POETA
La libertad se encumbra
Sobre sangrienta pira,
Y con su antorcha alumbra
Las cuerdas de la lira,
Que el vate pulsa altivo
Al son del éco divo
Del férvido huracan.
Su luz, los nombres dora
De la urna funeraria,
Donde enlutada llora
La musa solitaria,
Los mártires valientes
Cuyas soberbias frentes
Humeando sangre estan.
Miradlos sobre el suelo
Que hollamos con la planta,
Mirad: en raudo velo
Su espíritu levanta
La célica bandera,
Que ondear hace altanera
La ráfaga veloz.
Cayeron cual jigantes
En medio de la gloria:
Sus páginas brillantes
Abrió la inmensa historia,
Y en letras de granito
Su triunfo ha sido inscrito
Con fúlgido esplendor.
Ese pendon miraron
Yaciendo moribundos,
Del suelo se aferraron
Con brazos tremebundos,
Cual si al morir peleando
La tierra asi abrazando
Quisieran defender.
Sublime abrazo inmenso
Rodeado por las balas,
En medio al humo denso;
Bajo las negras alas
De la terrible muerte
Y con la sien inerte
Ceñida de laurel!
Y al abrazar la tierra
Con ánimo esforzado,
Su alarido de guerra
Por el viento llevado
Resonó en los hogares,
Y en los undosos mares,
Cual voz de redencion.
Y hoy sus huesos dispersos,
En la estéril llanura,
Blanqueados por los cierzos,
Se estiman mas que el oro
Y forman el tesoro
Del mundo de Colon.
Si existe una creencia
Y un pabellon triunfante,
Si es libre la conciencia,
Si en libro de diamante
Se esculpen altos hechos,
Debémoslo á los pechos
Que el hierro atravesó.
A los varones fuertes
Que la espada blandieron,
Que arrostrando mil muertes
En el campo cayeron
Del noble sacrificio,
Bajo el marcial auspicio
Del alto galardon.
De todo un pueblo el luto,
De todo un mundo el llanto,
Es mísero tributo
Para su polvo santo,
En que renacen palmas,
Y en que resurgen almas
Al soplo del creador.
No necesitan urnas
Ni estátuas levantadas,
Porque las horas diurnas
De estrellas coronadas
Guardan el monumento,
Que cubre el firmamento
Del hemisferio austral.
CORO
De la tierra sangrienta
Se elevarán los muertos,
Y con rayos inciertos
La luna amarillenta,
El esqueleto pálido
Trémula alumbrará.
De luces coronada
La sombra de los fuertes,
En túmulos inertes
Relucirá animada,
Cual la vision fantástica
Del Cristo Salvador.
Las fúlgidas espadas,
Las bélicas banderas,
Trotones y cimeras,
Y lanzas destrozadas,
Cual súbito relámpago
Fulmíneas brillarán.
Se elevarán ardientes
Atléticas legiones
Al pié de sus pendones,
Cuando el Omnipotente
Les diga como á Lázaro:
«Del polvo levantad.»
POETA
Cuando la densa bruma
Los valles enlutaba,
Cuando la blanca espuma
Los mares circundaba,
Cual mágicos concentos
Nacian los acentos
Del arpa de Ossian.
Al eco melodioso
La bruma relucía,
Y en carro vaporoso
Celeste aparecía
Poblando la colina,
La sombra de Malvina,
De Morven y Fingal.
¿Y el Bardo arrebatado
Que invoca realidades,
No ha de poder osado
Anticipar edades
Del tiempo en la penumbra,
Cuando su mente alumbra
Inspiracion mas fiel?
¿La losa de la tumba
Levantará mi lira?—
Oid: el viento zumba,
El Hacedor me inspira,
Siento su soplo ardiente
Que en alas del ambiente
El polvo hace tremer.
¡Campeones inmortales!
Alzad la noble frente,
Que adornan las señales
De la metralla ardiente,
Alzaos del frio lecho,
Con voces en el pecho,
Latiendo el corazon.
Rasgad con mano fuerte
La fúnebre mortaja
Con que os vistió la muerte,
Y oireis la sorda caja
Que toca ¡á bayoneta!
La voz de la corneta,
Y el trueno del cañon.
La luna brilla hermosa
Cual lámpara divina
Rielando misteriosa;
En la region Andina
Su genio se levanta,
Y en torno se quebranta
La tierra con fragor.
Los cascos resplandecen
Cual rápido meteoro,
Las plumas que se mecen
Entre celajes de oro
Anuncian mil campeones,
Y en medio á las lejiones
Se eleva un pabellon.
Mil ecos fragorosos
Producen los aceros,
Los potros ardorosos
Relinchan altaneros,
Y en masas apiñadas
De sombras laureadas
Se forma una legion.
Descance con mi plectro
Mi cítara de acero,
Desfile cada espectro
Con ademan severo,
Al son de los clarines
Que llenan los confines
Con son atronador!
¡Silencio! los tambores
Ya la señal han dado,
Y rayo de fulgores
El campo ha iluminado.
¡Gloria á los inmortales
Que pisan los umbrales
De un mundo superior!
Mirad, ya no es del alma
Fantasma vaporoso,
Vestidos con la palma
Del mártir generoso,
Despues de su caida
Renacen á la vida
De glorias perennal!
CORO
De América las lágrimas
Bañando los cabellos
De los gigantes mártires,
Cual nítidos destellos,
Una corona bélica
A sus virtudes cívicas
Y á su valor serán.
En las eternas páginas
Del libro de los hombres,
Como inmortal espíritu
Revivirán sus nombres,
Y las coronas pálidas
De las edades áridas
De gloria teñirán.
El santo tabernáculo
De la igualdad preciosa
Protegerán impávidos
Con su égida gloriosa,
Guardando el testo bíblico
Del inmortal decálogo
Que á un mundo redimió.
Aéreo coro de ángeles
Entonará mil cánticos
Como la brisa plácidos;
La libertad en tanto,
Como vision espléndida,
Tendiendo el ala rápida
Se elevará hasta Dios.
POETA
Del tiempo la corriente
Bramando se derrumba,
Como la voz rugiente
Del huracan retumba,
Y en rápida carrera
La humanidad lijera
Se hunde en la eternidad.
Despeñados los siglos
Cruzan los hemisferios,
Como inmensos vestiglos
Se abaten los imperios,
Y en medio á la ruina
Encúmbrase divina
La santa Libertad.
Como en el Andes brama
El huracan tremendo,
Cuando veloz derrama
El trueno ronco estruendo,
Y en tanto el polo cruje,
Resisten al empuje
Sus quicios de cristal;
Así del tiempo el vuelo
Que abate las barreras,
Estiende por el suelo
Sus ondas altaneras,
Chocando resonantes
El muro de diamantes
Del alma libertad.
Y ella con faz serena
Sus furias dominando,
Desde la escelsa almena
Los cielos contemplando,
Mira nacer la aurora
Que al mundo es precursora
De paz y de igualdad.
Y su sagrada enseña
Al viento desplegando,
A tiranos domeña
Pueblos emancipando,
Y concita á sus bravos
Rompan de los esclavos
La argolla y el cordel.
Y por eso los nombres
De redentores fuertes
Alientan á los hombres,
Y cuando caen inertes
Las almas se electrizan,
Y gratas divinizan
Su nombre y su laurel.
Vuestros restos divinos
Son nítidas lumbreras,
Que alumbran los caminos
De edades venideras,
Por donde ardientemente
La juventud valiente
Se lanza al porvenir,
Son cual la luz bendita
De la columna ardiente
Del pueblo Israelita;
La estrella reluciente
Cuyos reflejos vagos,
A los tres Reyes Magos
Condujo hasta el Señor.
Vendrán horas serenas
Que vuelen en pedazos
Las últimas cadenas
Que amarran nuestros brazos,
Alzando los escudos
Que con brazos membrudos
Vuestro aliento elevó.
En ellos sostendremos
Al génio Americano,
Y altivos hundiremos
A todo vil tirano
Que con su torpe planta
A la corona santa
Manche de libertad.
Y de Colon la sombra
El ámbito cruzando
Sobre celeste alfombra,
Se elevará clamando:
«La aurora de Dios brilla!
«Tiranos, de rodilla!
«Naciones, levantad.»
IX
INVOCACION
(EN EL ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DE CHILE)
I
Pueblos, batid vuestro pendon glorioso
Del Atacama al Cabo tempestuoso
Donde se estrella el mar;
Que en este dia la nacion Chilena
Lo hizo flamear sobre la antigua almena
De independencia al grito popular.
II
Guerreros, por la sangre consagrados,
De inmarcesibles lauros coronados
En el campo de honor;
Despertad del cañon al estampido,
Que hoy rememora un pueblo agradecido
Que os debe de su gloria el esplendor.
III
Niños, alzad las inocentes palmas
Y ardan en entusiasmo vuestras almas
Honrando á la virtud,
Que niños cual vosotros vuestros padres
Descendieron del seno de sus madres
Para destruir la dura esclavitud.
IV
Vírgenes puras, como el sol hermosas,
Que os coronais con perfumadas rosas
La frente virginal;
Cubrid con ellas los sepulcros yertos
De los valientes por la patria muertos
Que duermen sobre almohada terrenal.
V
Sacerdotes del Dios crucificado,
Quemad sobre el altar inmaculado
Inciensos al Señor,
Y suba entre la nube de humo denso
La sublime oracion de un pueblo inmenso
Que ensalza de la patria al Redentor.
VI
Legisladores de alta inteligencia,
Que alumbrasteis del pueblo la conciencia
Clamando: Fiat lux!
Si los campeones dieron altos hechos,
Vosotros proclamasteis los derechos
De la igualdad, que predicó Jesus.
VII
Ancianos, cuya mano temblorosa
Nos indica la ruta misteriosa
Que debemos seguir;
Bendecid con amor á vuestros hijos,
Para que sigan con los ojos fijos
La estrella que los lleve al porvenir.
VIII
Jóvenes, de la patria la riqueza,
El porvenir está en vuestra cabeza,
Bella es vuestra mision:
Es coronar el noble monumento,
Que simboliza el grande pensamiento
Que inauguró la tierra de Colon.
IX
Sombras de las falanges militares
Que alzaron los escudos tutelares
Al pié del patrio altar;
Dejad caer el casco rutilante
Dejad caer el hierro fulminante
Y vuestra obra venid á contemplar.
X
Naves, alzad las flámulas hermosas
Envueltas por las nubes magestuosas
Del humo del cañon,
Conmemorando los gloriosos dias
En que Chile botó á las ondas frias
En leño audaz su invicto pabellon.
XI
Campos feraces do la mies ondea,
Selvas en donde el pájaro gorjea,
Rios que vais al mar:
Un himno alzad con voz estrepitosa,
Que os fecundó la sangre jenerosa
Que enrojeció las gradas de su altar.
XII
Andes, en cuya frente encanecida
La historia americana está esculpida
En cifra colosal;
Tú que levantas la cabeza al cielo,
Pídele á Dios la lluvia del consuelo
Y á la América baña en su raudal.
X
AL CONDOR DE CHILE[2]
———
Tú que en las nubes tienes alto nido,
Tiende tu vuelo, condor atrevido,
Que sustentas de Chile el paladion;
Sigue del sol la luminosa huella,
Y trae cual Prometeo una centella
Para incendiar con ella á la nacion.
Para incendiarla en alto patriotismo,
Para animar la antorcha del civismo
Para encender del pueblo la virtud;
Para templar los tibios corazones,
Para quemar los últimos girones
Del manto de la torpe esclavitud.
Estiende, estiende el ala vigorosa,
Cual la vela que en noche procelosa
Alza la nave en negra tempestad;
Vuela á traer la vívida centella
Que en ochocientos diez, fulgente y bella,
La antorcha reanimó de libertad.
Tú sabes ya el camino, ave altanera,
Fuiste de nuestros padres mensajera
Para pedir á Dios chispa inmortal
Y dar fuego de alarma los cañones,
Y derretir los ferreos eslabones
De la innoble cadena colonial.
Tú los viste lanzarse á la pelea,
Blandir la espada, sacudir la tea,
Vencer, y caer en la pujante accion
Mientras que tú, cruzando las esferas
Dabas aire de Chile á las banderas,
Y fuego del patriota al corazon.
Tú los viste en la noche tempestuosa
Guiados por tu pupila luminosa,
Cual por la estrella el navegante audaz,
Escalar de los Andes las montañas,
Esculpiendo en su cima las hazañas
Que realizaron con vigor tenaz.
Allí tambien reverberó tu lumbre
Cuando bajó rodando de la cumbre
Desmelenado el iracundo leon,
A par que retumbaba en la eminencia
El grito atronador de independencia
Que repetia el mundo de Colon.
Desde entonces tu llama se ha apagado,
El corazon del pueblo se ha enfriado,
Y ha muerto el fuego patrio en el altar,
Fuego necesitamos: danos fuego,
Que nuestros ojos abundante riego
De libertad al árbol dieron ya.
Haz por los hijos lo que en otros dias
Hiciste por sus padres, cuando hendias
Las esferas con ímpetu veloz,
Para traer la centella salvadora
Que de ese sol, que el universo adora,
Brotó, y en tus pupilas puso Dios.
Las alas tiende y sube hasta los cielos,
Cual si fueras á traer á tus hijuelos
El alimento que la vida dá;
Y mientras bajas desde el alta esfera
Nuestra voz de Setiembre á la bandera
Con himno popular saludará.
Y cuando venga la centella ardiente
Que del cobarde el corazon caliente
Y nos llene de aliento varonil;
Danos sombra propicia con tus alas,
Mientras que en el espíritu que exalas
Impregnamos la túnica viril.
Despues condúcenos á la victoria,
Traza con luz la senda de la gloria
Que nos lleve sin sangre á la igualdad;
Toma luego en tu pico oliva y palma
Y arrancando una chispa á nuestra alma
Vuélvesela á ese sol de libertad.
XI
LA ORACION DE SETIEMBRE
———
Doblemos la rodilla: ya luce en el oriente
El sol, que en otros dias con brillo refulgente
Inauguró del pueblo la estátua colosal.
Miradle en este templo que alzó la providencia:
Sobre el altar se eleva, fijando la creencia
Que llena nuestras almas de espíritu inmortal.
Chile es el templo inmenso: los Andes sus altares,
Sus flores el incienso, sus cedros los pilares,
Sus aves la armonía, su cielo el pabellon;
Valparaiso el pórtico que sobre el mar se inclina,
Y el sol que nos alumbra, la lámpara divina.
Do arde sagrado fuego de eterna religion.
Mirad cual lo saludan del muro los cañones,
Cual alzan los guerreros sus ínclitos pendones,
En que la estrella luce cual signo de hermandad;
Mirad como se riza del mar la blanca espuma,
Cual se disipa en torno la misteriosa bruma,
Y cual se tiñen de oro los Andes, ¡contemplad!
Oid como resuenan los ¡vivas! nacionales,
Cual desde el alta torre sus glorias inmortales
Publica la campana con lenguas de metal;
Oid como retumban los bélicos tambores,
Los cantos de la infancia, del pueblo los clamores,
Que llenan todo el templo cual coro universal.
Doblemos la rodilla, y en nuestros labios vibre,
Una oracion solemne digna de un pueblo libre,
Que en alas de los ángeles remonte hasta el Señor;
Doblemos la rodilla, y alzando el pensamiento,
En un amor unidos y un mismo sentimiento,
Roguemos al abrigo de un manto protector.
Roguemos por la suerte del mundo Americano,
Porque sus nobles hijos con palmas en la mano
En nombre de un principio se abracen con amor;
Roguemos porque caigan los réprobos caudillos,
Que en el altar sagrado dan filo á los cuchillos,
Para apagar, matando, de libertad el clamor.
Roguemos, porque nunca naufrague la creencia,
Para que tenga un culto la excelsa inteligencia
Que dice á la barbarie:—«¡De aquí no pasarás!»
Roguemos porque todos escriban en sus pechos
Con sangre de sus venas, sus leyes y derechos,
¡Que nunca borrar pueda la tiranía audaz!
Pidamos para el campo las mieses abundosas,
El pan para los pobres, virtud á las hermosas,
Y para el pueblo todo, la luz de la razon;
Y ante la tumba fria do yacen nuestros padres,
Que de laurel eterno cubrieron nuestras madres,
Pidamos para todos de paz la bendicion!
Este es el ruego digno de un pueblo generoso,
El único que al sólio del Todo-Poderoso
En alas de los ángeles la brisa llevará;
Roguemos, que templados por el sublime ruego,
El alma encandecida del entusiasmo al fuego
A otras generaciones su ardor trasmitirán.
Doblemos la rodilla: ya luce en el Oriente
El sol que á nuestros padres encandenció la mente
Para vaciar en ella de Chile la nacion;
¡Silencio! en nuestros lábios como en el arpa vibre
Una oracion solemne digna de un pueblo libre
Que pida para todos Amor y Redencion.
XII
Á LA AMÉRICA
———
Por las fieras hambrientas perseguido
Cruza indómito potro las llanuras,
Y amarrado con fuertes ligaduras
En sus hombros Mazzepa va tendido.
Por la carrera al fin desfallecido
El bruto cae sobre las breñas duras,
Y libre de sus recias ataduras
Mazzepa se levanta rey ungido.
Asi América gime entre cordeles
Al rudo potro colonial atada,
Seguida por la jauría de lebreles;
Y exánime, y sangrienta y lacerada
Corre, cae, se levanta y de laureles,
Resplandece su frente coronada.
XIII
Á LOS MÁRTIRES DE LA INDEPENDENCIA
———
Herido por un dardo en la pelea
Epaminondas cae sobre su escudo,
Abierto el pecho por el dardo agudo
Que mata el cuerpo, pero no la idea.
Y al ver triunfal que su pendon flamea
Afloja de la muerte el fiero nudo
Y dice á Tebas: «Madre, te saludo!
«Quedan mis hijas: Leuctra y Mantinea!»
Tambien dos hijas bellas nos dejaron
Los que el libre pendon dieron al viento,
Y á su sombra su espíritu entregaron;
Hijas son de su esfuerzo y su ardimiento:
La Independencia que ellos proclamaron,
La libertad que dió su pensamiento.
XIV
EL INVÁLIDO
———
No mirais aquel mendigo
De aquella iglesia á la puerta,
Cuya miseria despierta
Simpática compasion;
Y que á todos los que pasan
Tendiendo mano transida,
Pide con voz dolorida
Una limosna por Dios!
Es un mártir de la patria,
Un soldado valeroso
Del estandarte glorioso
Que el hemisferio cruzó;
Soldado que en otro tiempo
Hizo temblar al guerrero
Y que hoy pide al pasagero:
Una limosna por Dios!
Ved: en su manga derecha
Se perciben dos galones,
Y de Maipo los cordones
Que la patria le donó:
Cabo inválido, sin brazo,
Solo le resta en la tierra
Pedir despues de la guerra
Una limosna por Dios!
A la puerta de la iglesia
Rememora sus hazañas,
Y las gloriosas campañas
Que en otros siguió;
Y mostrando con orgullo
De su frente un ancha herida,
Pide con voz dolorida
Una limosna por Dios!
«Fuí soldado de los Andes,
«En Maipo Cabo me hicieron,
«Y las balas deshicieron
«Mi brazo en Ituzaingó:
«Entonces mi voz se oia
«En medio del fuego recio,
«Y hoy me arrojan con desprecio
«Una limosna por Dios!
«De frente! A la bayoneta!
«El coronel nos gritaba,
«Y sin miedo nos llevaba
«A la boca del cañon.
«Al brazo el arma llevaba,
«Metralla y bala llovia,
«Y entonces yo no pedia
«Una limosna por Dios!
«Cuantas veces en los Andes
«Al venir la madrugada,
«En medio de una nevada
«Mi bigote emblanqueció.
«Hoy la nieve de los años
«Mi cabello ha encanecido,
«Y estiendo la mano y pido
«Una limosna por Dios!
«Dónde están mis camaradas
«Del Cerrito y Ayacucho,
«Que mordian el cartucho
«Con indomable valor?
«Dónde están? tal vez ahora
«Duermen en la tumba helada,
«Ó piden con voz quebrada
«Una limosna por Dios!
«Como ellos yo moriré,
«Y en la tierra de mi fosa
«¿Qué alma verterá piadosa
«Una gota de dolor?
«Y cuando en algun camino
«Bajo los años sucumba
«¿Quién dará para mi tumba
«Una limosna por Dios!»
Cesa, cesa en tus lamentos
Cabo lleno de laureles,
Que hay olvidos mas crueles
Que los que llora tu voz:
La República Argentina
Bajo el yugo de un tirano
Pide al mundo americano
Una limosna por Dios!
1838
XV
LA CAMPANA
Profético metal, los ciudadanos
Que de agüero y comento son exentos
A tu voz bailarán por estos llanos,
En tanto que tu voz y tus acentos
Oyen descoloridos los tiranos
Y te atienden los reyes macilentos.
QUEVEDO.
(Polimnia—Musa II.)
I
¡Oh, Campana! de mi Patria
Eres símbolo de gloria:
O heraldo de la victoria,
O intérprete del dolor;
Eres corona de bronce
En los aires suspendida,
Que los fastos de la vida
Publicas con tu clamor.
Tú concretas nuestra historia:
Has dado la voz de alerta,
Golpeando de puerta en puerta
Con tu metálica voz;
Has anunciado las paces
Adornada con la oliva,
Y envuelta con palma altiva
La guerra cruenta y feroz.
Has sido la grave orquesta
De los cánticos triunfales,
Y en los tristes funerales,
Melancólico pregon;
Y colgado de tus cuerdas
Un pueblo de audacia lleno,
Ha hecho brotar de seno
La voz de revolucion.
Y tus ecos tempestuosos
Por el aire resonaron
Cuando en Mayo saludaron
El sol de la redencion,
Cuyo vivífico rayo
Como un martillo de oro
Te dió el acento sonoro
De la estátua de Memnon.
Has publicado cien veces
Por el mundo americano,
Las victorias de Belgrano,
De San Martin y Alvear;
Has proclamado á los pueblos
En medio de la matanza,
Y alentado su esperanza
Los triunfos al publicar.
En las contiendas civiles
Esclava de las facciones,
Te ha arrancado tristes sones
La espada del vencedor,
Y dominando el murmullo
Del pueblo desenfrenado,
Ante el mundo has protestado
Con dolorido clamor.
Y cuando por un tirano
El pueblo se vió oprimido,
Tú articulaste un gemido
Con tu lengua de metal,
Y otra vez sobre tu torre
Sonaras estrepitosa,
Cuando mires victoriosa
La bandera azul flotar.
Eres la voz del destino
Que presides á las horas,
Que con sus alas sonoras
Te golpean sin cesar,
Y tú, su vuelo marcando,
Generosa en demasía,
Devuelves una armonía
Por el golpe que te dan.
II
Al pueblo siempre anuncia la campana
Lo que ha sido, lo que es, lo que será:
Cuando á su trono se alza soberana
La virtud que combate á la maldad;
Y cuando los tiranos en su cuello
Han posado su planta ignominiosa
¡Ay! entonces resuena dolorosa
Cual llorando perdida libertad.
¡Ah! de mi patria saludó el bautismo
Cuando subiendo al rango de Nacion,
Sobre su frente el oleo del civismo
Dios derramó cual sacra bendicion.
Mas hoy llora, cual llora por los muertos,
Porque no tiene pueblo soberano,
Y es el despojo de feroz tirano
La que en sus puños desgarró un leon!
Pero ella ha de sonar en algun dia
En la torre de la alta Catedral,
Para mi Patria anuncio de alegría;
Para el tirano un eco funeral.
Y se alzarán los cánticos sagrados
Como cuando cayeron los leones,
Y cuando cien Británicos pendones
En su techumbre el pueblo hizo colgar.
Y entre incienso, plegarias y armonía,
Entre gritos de Patria y Libertad,
Descenderá la horrenda tiranía,
Se elevará radiante la Igualdad:
No existirán divisas de partidos,
Será el color azul, de los hermanos,
Que para combatir á los tiranos
Se abraza con amor la sociedad.
Envuelto en un pendon ensangrentado
En el pendon azul de la Nacion,
Conducirán el cuerpo de un soldado
Tendido en la cureña de un cañon,
Y al pié de la pirámide de Mayo
El cadáver del mártir colocando,
De laureles su frente coronando
Le votarán espléndida ovacion!
¡Muera yo así en mi Patria redimida
Dejándola con gloria y libertad!
¡Muera yo así cantando en mi caida
El himno de la Paz y la Igualdad!
¡Pueda llegar hasta el hermoso dia,
En que suba mi Patria á su alto asiento,
Y ábranse con estruendo en el momento
Las puertas de la negra eternidad!
1839
XVI
SATIRA Á SANDOVAL
AL TRAIDOR QUE ENTREGÓ Á ORIBE Á LAS ILUSTRES VÍCTIMAS
AVELLANEDA Y VILELA
Le traite se fait justice
Il se chasse de nos rangs
Ah! que son nom retentise
Maudit par nos veterans!
Barthelemi.
Prendiendo fuego á un templo portentoso
Erostrato su nombre eternizó;
Vendiendo Judas á Jesus piadoso
Su fama en el Madero se esculpió.
Entregando al verdugo dos cabezas
Te has hecho en nuestros fastos inmortal,
Que si no tienes que contar proezas,
Tienes una traicion ¡vil Sandoval!
¡Vil Sandoval! tu nombre será eterno,
Como un remordimiento le has de oir,
Y hasta tocar el linde del infierno
La maldicion de Dios te ha de seguir.
Siete veces traidor, tú, miserable,
De la historia en el libro vivirás,
Como en jardín ameno y deleitable
Vive entre flores el reptil audaz.
Tú te has hecho justicia con tu crimen:
Mi noble patria batirá las manos,
Al ver que en tí sacuden sucio limen
Los libres que combaten á tiranos.
Signe por esa huella ensangrentada
Que el verdugo señala con su planta,
Y encontrarás al fin de la jornada
Un buen cordel que oprima tu garganta.
Y mientras tu amo el látigo sangriento
Hace sobre tu espalda resonar,
Yo empuñaré el azote del tormento
Para tu nombre infame flajelar.
Tu nombre dije! En qué gloriosas lides
Entre la voz del plomo resonó?
Entre qué renombrados adalides
Tu acero vencedor relampagueó?
Mas no en batallas se probó tu aliento:
En pulperías fueron tus campañas,
Armado con un naipe mas mugriento
Que el corazon que abrigan tus entrañas.
Pérfido el vaso de licor tendiendo
Y bajo el poncho armando la cuchilla,
Y á tus contrarios por la espalda hiriendo,
Seguido por vandálica gavilla;
Tendido entre las patas del caballo,
En vez de sangre revolcado en vino:
Tales son tus proezas, vil lacayo;
Tales tus hechos son, vil asesino.
Escoria de la fragua de los vicios,
Tahur, ladron, borracho y asesino!
Tu eterno compañero es el suplicio;
Traicionar á los libres, tu destino.
Ojos de gato, lengua de serpiente,
Garras de tigre, boca de lagarto!
Satan sin duda con un beso ardiente
Selló tu rostro en la hora de tu parto.
Y al contemplarte mísero gusano
En medio de una gloria colosal
Dijiste tú:—«Ya no pondré mi mano,
«Adonde alcance con su pié triunfal:»
Y envidiando el laurel de la derrota,
Y de los libres la postrera gloria,
Fuiste á vender cual miserable ilota,
Los hijos de la patria y la memoria.
Sí, que la inmensa gloria de los bravos
No era para tus hombros sin pujanza:
Debes cargar cadenas entre esclavos,
No de los libres la quebrada lanza.
Los libres solos su bandera alzando
Con doble esfuerzo treparán los Andes,
Y entre Argentinos el aliento dando
Los buenos solo llamaránse grandes.
Tú, Sandoval, tan ínclita guirnalda
Con tus manos inmundas no ajarás,
Porque ese hierro que marcó tu espalda
Te ha impreso ya su cicatriz tenaz.
No azul pendon te prestará su sombra
Sino la planta del señor feroz,
Que haciéndote servir como de alfombra
Te lanzará iracundo, torpe coz.
El lodo cubra tu cabeza infame,
Tu cuello dobla al récio bofeton,
De tu señor el pié sangriento lame,
Y de tu labio mane corrupcion!
Sicario vil entre sicarios seas,
Sucios insectos cubran tus heridas,
Arrastrado cual vívora te veas,
Y Dios te dé para sufrir, mil vidas!
Sangre bebas en vez de linfa pura,
Sangre tan solo bebas por do quier,
Y al entrar en el lecho, sangre impura
De la almohada veas tú correr!
El mas cobarde escúpate á la cara,
Tu nombre sea voz de deshonor,
Mientras mi musa con candente vara
Fija en tu frente el nombre de TRAIDOR!
La maldicion del mundo eternamente
En tu oido resuene noche y dia,
Y las furias con látigo crujiente
Te precipiten á la tumba fria!
Que por las furias siempre perseguido
Llegues á la mansion de Satanás,
Y al darte abrazo estrecho, estremecido,
Dedos ardientes sientas por detrás.
Y que te brinde copa reluciente,
Y al apurarla lleno de embriaguez,
En la lengua te pique una serpiente,
Que surja enfurecida de la hez.
Luego te traiga naipes caldeados,
Y te obligue con ellos á jugar,
Y sientas por tus dedos abrasados
Tu negra sangre á chorros destilar.
Y levantando un coro de clamores
Los demonios, al son de ronca trompa,
Te arrojen donde yacen los traidores,
Con infernal y con grotesca pompa!
1841
XVII
GRITO DE ALARMA
(DESPUES DE LA DERROTA DEL ARROYO GRANDE EN 1841)
———
Alzaos del polvo inerte
Vencidos, no domados,
Cerniendo la melena
Como soberbio leon;
Alzaos, y ante los bustos
De hermanos degollados,
Levante un pueblo libre
Su alejado pabellon.
Si conservais alientos
Y sangre en vuestras venas,
El aire que os circunda
De fuego llenaré,
Y la dorada copa
Que el entusiasmo inspira,
Al silvo de las balas
Tranquilo os brindaré.
Mas si temblais cobardes,
En vez de altivos cantos
Viriles maldiciones
Levantará mi voz;
Y en vez de alzar la copa
Del génio de la patria,
Os lanzaré mi lira
Con ímpetu feroz.
Oid, que del poeta
Las voces son augustas,
Ya entonen la agonía
O el cántico triunfal
A su eco se levantan
Los pueblos oprimidos,
Y en pechos maldecidos
Esconden el puñal.
A su eco se alza el pueblo
Rompiendo sus cadenas,
Con brazos vigorosos
Mas duros que el metal,
Y si en la dura lucha
Dan vuelta las espaldas,
Vuelven, si dá la lira
De alarma la señal.
Un dia fué en la Grecia
Que en medio á la derrota
Los cantos de Tirteo
Se oyeron resonar,
Y revolviendo al punto
Los escuadrones rotos,
El lauro de victoria
Supieron rescatar.
Será que ya en el mundo
No exista el entusiasmo,
Ni acorran á la patria
Los hombres de esta edad?
¡Oh, no! los corazones
Sacudan ese pasmo,
Y asiendo de la espada
Gritemos: «¡Libertad!»
La libertad no ha muerto,
Y en la sangrienta arena
Donde se vé postrada
Su aliento no rindió:
De heridas traspasada,
Y en rojo humor teñida,
En sus convulsas manos
Nuestro laurel salvó.
Secad el triste lloro
Que baña las mejillas
Al sol de la esperanza
Que miro ya lucir,
Los pueblos no se salvan
Con infecundo llanto,
Sinó queriendo altivos
Ser libres ó morir.
Agrúpense los libres
Al pié de la bandera,
Que las legiones rotas
Aun hacen tremolar,
Y firmes, denodados,
Velando en la trinchera,
Como la sombra al cuerpo
La sigan sin cesar.
Al que á su puesto falte,
Al que la muerte tema,
Al que cobarde tiemble
¡Oprobios veces mil!
Los cascos de los potros
Que doman los valientes
Pisen esas cabezas
Sin nervio varonil.
Verán á los bandidos
Sus puertas derribando,
Violadas en su lecho
Las prendas de su amor,
Y en medio á la algazara
De torpes asesinos
Los cráneos de sus hijos
Colmados de licor!
Honor á los valientes
Que vibren el acero
Confiando en nuestra causa
Con grande corazon;
Y firmes como roca
La espada levantando,
De esclavos y tiranos
Detengan la invasion!
Honor al que en las filas
Peleando como bueno,
Consagre á sus hermanos
La vida en oblacion!
La palma del martirio
Circundará su frente,
Que de los hombres libres
Tendrá la bendicion!
El fuego y el acero
Llevamos en las manos,
Lidiemos con denuedo,
Caigamos con valor,
Y antes que ver la patria
Revuelta por el fango,
En pálidas cenizas
Salvemos el honor.
Luchad como valientes,
Porque do quier que vayais,
Como á traidores viles
El mundo escupirá;
Luchad, que defendemos
El último baluarte,
Donde salvar podremos
La gloria y el hogar.
¡Al arma! Al arma! Al arma!
Y el grito repetido
Haga vibrar las almas
Con súbita emocion,
Y en torno de la hoguera
Que brilla moribunda,
Encienda sus antorchas
Del pueblo la legion.
Arriba, ciudadanos,
Dando de ¡alarma! el grito
Alzad vuestra bandera,
Rodead el patrio altar,
Antes que el nuevo Atila
Pisando vuestras sienes
Os haga á latigazos
Del polvo levantar.
De frente, infantería!
La boca en el cartucho,
La cara al enemigo,
La mano en el fusil,
Soldados, adelante,
Rompamos esas filas:
Quien caiga será grande,
Quien huya será vil!
Valientes escuadrones
Que en ardorosos potros
Oís con lanza en ristre
Los ecos del clarin,
En cargas redobladas
Romped esas legiones,
Que alzan bandera roja
Del campo en el confin!
Tranquilos artilleros,
Al pié de la cureña,
Ardiente lanza-fuego
Tended sobre el cañon;
Y entre humo y entre sangre,
Y en nubes de metralla
Vomite cada bronce
Muertes y destruccion!
Prudentes timoneros
Que con membrudos brazos
Luchais contra las olas
Que agita el huracan,
Poned la proa al viento
Con ánimo esforzado,
Fijando el gobernalle
Con mano de tiran!
Alzad, de alarma al grito,
Vencidos, no domados,
Cerniendo la melena
Como soberbio leon;
Alzad y ante los bustos
De hermanos degollados,
Levante un pueblo libre
Su ajado pabellon.
XVIII
HIMNO
AL 25 DE MAYO
(ARREGLADO Á MÚSICA)
Coro
Libertad, sube á tu trono
De la gloria en el broquel,
Agitando nobles palmas,
Coronada de laurel.
Estrofa
Como la flor hermosa
De cáliz recojido,
Que se abre al estallido
Del rayo destructor,
La Patria, al ronco estruendo
Del rayo de la guerra,
En Mayo dió á la tierra
Su aroma y esplendor.
Coro
Libertad, sube á tu trono
De la gloria en el broquel,
Agitando nobles palmas,
Coronada de laurel.
Estrofa
Esclava Buenos Aires
Gemía en desconsuelo,
Cuando brilló en el cielo
De libertad el sol,
Y entre flotantes nubes
El astro colocando,
Dijo, su sien orlando:
«¡Mirad mi pabellon!»
Coro
Libertad, sube á tu trono
De la gloria en el broquel,
Agitando nobles palmas,
Coronada de laurel.
Estrofa
Dando de alarma el grito
Con eco poderoso,
El pueblo generoso
La espada desnudó;
Y destrozó cadenas,
Y derribó coronas,
Y en las opuestas zonas
Laureles conquistó.
Coro
Libertad, sube á tu trono
De la gloria en el broquel,
Agitando nobles palmas,
Coronada de laurel.
Estrofa
Los héroes con su sangre
Sellaron la victoria,
Cayendo con su gloria
Bajo el sagrado altar,
Y el pueblo agradecido
Sus nombres rememora,
Que el sol de Mayo dora
En la urna tumular.
Coro
Libertad, sube á tu trono
De la gloria en el broquel,
Agitando nobles palmas,
Coronada de laurel.
Estrofa
Alzando verdes palmas
Tejidas con el lirio,
La gloria y el martirio
Reciba su ovacion;
Y alzando patrios himnos
Que vuelen por los aires,
Levante Buenos Aires
Su invicto pabellon.
Coro
Libertad, sube á tu trono
De la gloria en el broquel,
Agitando nobles palmas,
Coronada de laurel.
LIBRO SEGUNDO
ARMONÍAS DE LA PAMPA
———
I
Á UN OMBÚ
EN MEDIO DE LA PAMPA
———
Cual rústico campanario
Que en la campaña desierta
Indica al hombre la puerta
Del melancólico osario
Que ampara su vecindad;
Ahí estás, ombú gigante
A la orilla del camino,
Anunciando al peregrino
Que bajo el tronco pujante
Duerme por siempre un mortal.
La tempestad te acaricia
Con sus alas tenebrosas,
Y en tus entrañas hojosas
Te da con grata delicia
Ardientes besos de amor;
Y con atléticos brazos
Junto á tu tronco la aferras,
Y entre tus ramas encierras
Con titánicos abrazos
Su estrepitoso clamor.
Y tú á su voz amorosa
Enamorado palpitas,
Tu cabellera lujosa
En el seno precipitas
De la recia tempestad;
Y te envuelve con su manto
Que el relámpago colora,
Tu frente que el rayo dora
Te la riega con el llanto
De la mústia soledad.
Y celosa de la tierra
Que te nutre con su seno,
Ruge como ronco trueno,
Tus raices desentierra
Con delirante furor.
Cuando te siente postrado
Entre tus ramas suspira,
Y cual armónica lira
Lanza tu tronco humillado
Ecos de tierno dolor.
Al lucir el alba pura,
En la Pampa ya no brillas,
Y tus hojas amarillas
Rodando por la llanura
Van á perderse en el mar.
Los cisnes de la rivera
Que visten plumas de nieve,
Meciéndose en la onda leve
Siguen tu traza lijera
Por las ondas de cristal!
Eres la verde guirnalda
De la cabaña pajiza,
Que vas marchando de prisa
Con el pasado á tu espalda
Y á tu frente el porvenir.
Donde huye la tribu errante
Y clava el hombre su planta,
Tu cabeza se levanta
Cual la de inmenso gigante
Que está diciendo: «hasta aquí.»
Tú señalas las barreras
Que dividen al desierto,
Y oyes el vago concierto
Que alzan las auras ligeras
De la Pampa en el umbral.
Eres lo último que muere
De la morada del hombre,
Y sin registrar un nombre
Estás diciendo al viajero
Que allí descansa un mortal.
Deten tu paso y escucha
El gemido del hermano,
El rugido del tirano,
El estridor de la lucha...
¡De la lucha fraternal!
El alarido de guerra
A tus espaldas retumba,
La libertad se derrumba,
De horror palpita la tierra
Que en sangre teñida está.
¡Ah! prosigue tu camino
Por la pampa solitaria:
La tiranía es precaria
Y con esplendor divino
Se alzará la Libertad.
Sí, prosigue tu carrera,
Por la llanura estendida,
Y alza en tu cima florida
Del porvenir la bandera
Y del hombre la Igualdad.
Mas ¿qué miras? La campaña
Que á lo lejos se dilata,
El arroyuelo de plata,
El cielo que nada empaña,
O el inmenso pajonal?
No, tú miras á lo lejos
Al trasponer aquel monte
En el lejano horizonte,
Como en mágicos espejos
Lo que es y lo que será.
Miras la pampa argentina
De ciudades matizada,
Y por mil naves surcada
La laguna cristalina
Que hoy cubre verde juncal;
Miras la pobre cabaña
Que en palacio se transforma,
Y que al tomar nueva forma
Una nueva luz la baña
Con resplandor sin igual.
Míras al indio tostado,
Que lanzando un alarido
Vá huyendo despavorido
Por el llano dilatado
En pavoroso tropel;
Y tras él, el tigre fiero
Que abandona su dominio
Hoy teatro del exterminio,
Que ocupa un pueblo altanero
Y que transforma en vergel.
No pases mas adelante
Que mas lejos, abatido,
Marchito y descolorido
Verás al ombú gigante
Hoy de la pradera rey:
Y en su lugar la corona
Verás alzarse del pino,
Que unido al hierro y al lino
Sirve al hombre en toda zona
Para dar al mundo ley.
Ese destino te espera
Arbol cuya vista asombra
Que al caminante das sombra,
Sin dar al rancho madera,
Ni al fuego una astilla dar;
Recorrerás el desierto
Cual mensajero de vida,
Y tu mision concluida
Caerás cual cadáver yerto
Bajo el pino secular.
II
Á SANTOS VEGA
PAYADOR ARGENTINO
Cantando me han de enterrar
Cantando me he de ir al cielo.
Santos Vega.
Santos Vega, tus cantares
No te dieron fama y gloria,
Mas viven en la memoria
De la turba popular;
Y sin tinta ni papel
Que los salve del olvido
De padre á hijo han venido
Por la tradicion oral.
Bardo inculto de la pampa,
Como el pájaro canoro
Tu canto rudo y sonoro
Diste á la brisa fugaz;
Y tus cantos se repiten
En el bosque y en el llano,
Por el gaucho Americano,
Por el indio montaráz.
¿Qué te importa si en el mundo
Tu fama no se pregona?
Tú ya tienes la corona
Del poeta popular.
Y es mas bello, que en el bronce,
En el mármol ó granito,
Haber sus obras escrito
En la memoria tenaz.
¡Qué te importa! si has vivido
Cantando cual la cigarra,
Al son de humilde guitarra
Bajo el ombú colosal!
Si tus ojos se han nublado
Entre mil aclamaciones,
Si tus cielos y canciones
En el pueblo vivirán!
Cantando de pago en pago,
Y venciendo payadores,
Entre todos los cantores
Fuiste aclamado el mejor;
Pero al fin caiste vencido
En un duelo de armonías,
Despues de payar dos dias;
Y moriste de dolor.[3]
Como el antiguo guerrero
Caído sobre su escudo,
Sobre tu instrumento mudo
Entregaste tu alma á Dios;
Y es fama, que al mismo tiempo
Que tu vida se apagaba,
La bordona reventaba
Produciendo triste son.
No te hicieron tus paisanos
Un entierro magestuoso,
Ni sepulcro esplendoroso
Tu cadáver recibió;
Pero un Pago te condujo
A la tumba silenciosa,
Y lloraron en tu fosa
Niños y hombres con dolor.
Y los gauchos al volverse
A llorar entre sus ranchos,
Espantaron los caranchos
Que llegaban á escarbar:
Y se apearon del caballo,
Y con ademan contrito,
Rezó cada uno el bendito
Y volvieron á montar.
De noche bajo de un árbol
Dicen que brilla una bela,
Y es tu ánima que vela,
Santos Vega el Payador!
¡Ah! levanta de la tumba!
Muestra tu tostada frente,
Canta un cielo derrepente[4]
O una décima de amor!
Cuando á lo lejos divisan
Tu sepulcro triste y frio,
Oyen del vecino rio
Tu guitarra suspirar;
Y creen escuchar tu voz
En las verdes espadañas,
Que se mecen cual las cañas
Al soplo del vendabal.
Y hasta creen que las aves
Dicen al tomar su vuelo:
«Cantando me he de ir al cielo;
«Cantando me han de enterrar!»
Y te ven junto al fogon,
Sin que nada te arrebate,
Saboreando amargo mate
Veinte y cuatro horas payar.
Tu alma puebla los desiertos,
Y del Sud en la campaña
Al lado de una cabaña
Se eleva fúnebre cruz;
Esa cruz, bajo de un tala
Solitario, abandonado,
Es un símbolo adorado
En los campos del Tuyú.
Allí duerme Santos Vega:
De las hojas al arrullo
Imitar quiere el murmullo
De una fúnebre cancion.
No hay pendiente de sus gajos
Enlutada y mústia lira,
Donde la brisa suspira
Como un acento de amor.
Pero las ramas del tala
Son mil arpas sin modelo,
Que formó Dios en el cielo
Y arrojó á la soledad;
Si el pampero brama airado
Y estremece al firmamento,
Forma místico concento
El árbol y el vendaval.
Esa música espontánea
Que produce la natura,
Cual tus cantos, sin cultura,
Y ruda como tu voz,
Tal vez en noche callada,
De blanco cráneo en los huecos,
Produce los tristes ecos
Que oye el pueblo con pavor.
¡Duerme! duerme Santos Vega,
Que mientras en el desierto
Se oiga ese vago concierto,
Tu nombre será inmortal;
Y lo ha de escuchar el gaucho
Tendido en su duro lecho,
Mientras en pajizo techo
Cante el gallo matinal.
Duerme mientras se despierte
Del alba con el lucero
El vigilante tropero
Que repita tu cantar,
Y que de bosque en laguna,
En el repunte ó la hierra,
Se alce por toda esta tierra
Como un coro popular.
Y mientras el gaucho errante
Al cruzar por la pradera,
Se detenga en su carrera
Y baje del alazan;
Y ponga el poncho en el suelo
A guisa de pobre alfombra,
Y rece bajo esa sombra,
¡Santos Vega, duerme en paz!
III
EL PATO
CUADRO DE COSTUMBRES
Clara, bella y perfumada,
Era una tarde serena,
De esas tardes en que el cielo
Todas sus galas ostenta,
En que la brisa y la flor
Nos hablan con voz secreta,
En que las bellas suspiran,
En que medita el poeta,
En que el infame se esconde,
Y en que el pueblo se recrea.
Y matizando la alfombra
De una estendida pradera
Se vé una alegre cuadrilla
Con sus vestidos de fiesta,
Porque cien gauchos reunidos
Las pascuas de Dios celebran.
En las ancas del caballo
Cada cual lleva su bella,
El que ufano con su carga
Bate el suelo con sobérbia,
Mientras que el viento levanta
La nevada pañoleta,
Que acaricia las mejillas
Del ginete á quien estrecha
Tal vez por no resbalar...
Quizá de puro coqueta.
No llevan collares de oro,
Ni carabanas de perlas,
Ni relucientes sombreros,
Ni corbatines de seda:
Humildes son los vestidos
Que las mujeres ostentan;
Y bajo pieles curtidas
Y de ponchos de bayeta
Aquel rústico gauchage
Alma independiente alberga.
Como el tosco ñandubay
Bajo su áspera corteza
Roba á la vista del hombre
Del corazon la belleza.