Nota de transcripción
- Los errores de imprenta han sido corregidos.
- La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
- Para facilitar la lectura, se han expandido las abreviaturas en los nombres de los personajes.
LOS CACIQUES
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LOS CACIQUES
FARSA CÓMICA DE COSTUMBRES DE POLÍTICA RURAL
DISTRIBUIDA EN TRES ACTOS
ORIGINAL DE
CARLOS ARNICHES
Estrenada en el TEATRO DE LA COMEDIA de Madrid
el 13 de febrero de 1920
MADRID
R. Velasco, Impresor, Marqués de Santa Ana, 11, dup.º
TELÉFONO, M 551
1920
REPARTO
| PERSONAJES | ACTORES | |
| CRISTINA | Srta. | Redondo. |
| EDUARDA | Sra. | Alba. |
| SEÑÁ CESÁREA | Mesa. | |
| TÁRSILA | Villa. | |
| LA ANASTASIA | Andrés. | |
| MELITONA | Srta. | León. |
| MARÍA TERESA | Redondo (J.) | |
| CHICA 1.ª | Caba. | |
| CHICA 2.ª | Cortesina. | |
| PEPE OJEDA | Sr. | Bonafé. |
| ALFREDO | Asquerino. | |
| DON ACISCLO | Tudela. | |
| DON RÉGULO | Górriz. | |
| CAZORLA | Roa. | |
| EL CARLANCA | Pereda. | |
| EL MORRONES | Caba. | |
| DON SABINO | Del Valle. | |
| EL PERNILES | Gutiérrez. | |
| GARIBALDI | Riquelme. | |
| EUSTAQUIO | Gutiérrez. | |
| DON ALICIO | Pereda. | |
| MONREAL | Insúa. | |
| CHICO 1.º | Roldán. | |
La acción ocurre actualmente en un pueblo de España.
Derecha e izquierda, las del actor.
A S. M. el Rey Don Alfonso XIII
Señor:
La emoción que me produjeron las altas palabras que escuché de V. M. la noche que presenció la representación de esta obra, me impulsa a dedicárosla.
Se consigna en ella una amarga y viva realidad de las costumbres políticas españolas expresada sincera y noblemente; pero sería injusto no consignar también en su primera pagina, con la misma sinceridad y nobleza, que si todos los españoles se hubiesen penetrado de los altos propósitos renovadores de V. M., esta obra no hubiese podido ser escrita, porque el caciquismo no existiría.
Y esta rotunda afirmación tiene el valor de estar hecha por un hombre independiente que no tiene su espíritu coaccionado por ninguna devoción política, ni desea del Trono otra cosa sino la egregia bondad de Vuestra Real estimación.
Madrid, 10 de marzo de 1920.
Señor, a L. R. P. de V. M.
Carlos Arniches.
ACTO PRIMERO
Sala de despacho en la planta baja de un caserón de pueblo, habitado por gente de buen acomodo.
A la derecha, en segundo término, puerta de entrada en comunicación con el zaguán; en primero, puerta de otra habitación. Al fondo, una ventana con reja y una puertecilla que dan al huerto, inundado de sol, y del que se ven arriates llenos de flores. A la izquierda, puerta de una hoja, que comunica con habitaciones interiores. Ante esta puerta una mesa de despacho antigua y un sillón de baqueta. El resto del mobiliario adecuado: antiguo, cómodo y fuerte. Un reloj de caja en lugar visible.
ESCENA PRIMERA
EDUARDA y DON ACISCLO
Al levantarse el telón, aparece la escena sola. A poco se ve por la ventana del huerto a doña Eduarda que viene acongojada, huyendo. La sigue, jadeante y ansioso de amor, don Acisclo; ella le rechaza de un empujón y entra indignada en escena por la puertecilla del foro.
Eduarda
¡No, no!... ¡Por Dios, quieto!... (Huye de él, que entra siguiéndola.) ¡Déjeme usted o demando auxilio! (Toda la escena en voz baja y emocionada.)
D. Acisclo
¡Es que me tie usté loco!
Eduarda
Respete usté que soy casada.
D. Acisclo
¡Y a mí qué me importa!
Eduarda
¡Qué cínico!... ¿Pero y mi marido y su mujer?...
D. Acisclo
He dicho que na me importa. (Intenta ir hacia ella.) ¡Esos ojos me tien trastornao y!...
Eduarda
(Con cómica energía.) ¡Atrás!
D. Acisclo
Pero, Eduarda, si es que...
Eduarda
(Heroicamente.) ¡Si da usted un solo paso, me secciono la carótida con el raspador!
D. Acisclo
(Asustado.) ¡Eduarda!
Eduarda
¡Atrás!... ¡O me ve usted tinta en sangre! (En uno de sus ademanes, mete los dedos en el tintero.)
D. Acisclo
¿Tinta?
Eduarda
¡Tinta! (En un ademán trágico, vuelca el tintero.)
D. Acisclo
¡Por Dios, el tintero!
Eduarda
¡Nada me importa! ¡Mi honor ante todo!
D. Acisclo
Pero si yo...
Eduarda
¡Es usted un miserable!... ¡Estar yo tranquilamente en la huerta cogiendo manzanas, subida a la escalera y de pronto sentir!... ¡Oh, qué vergüenza! (Llora.)
D. Acisclo
Es que creí que se caía usté.
Eduarda
¿Y me iba usted a sujetar con dos dedos? (Acción de dar un pellizco.)
D. Acisclo
Cuando una persona se cae...
Eduarda
Cuando una persona se cae, se la sostiene, pero no se la retuerce... ¡Y de dónde se me ha retorcido a mí! Que... ¡Ah, si lo supiera mi Régulo! ¡Oh, Régulo, Régulo!
D. Acisclo
Y usté, Eduarda, por qué no quie ser una miaja complaciente y...
Eduarda
(Con altivez.) ¡Basta de indignidades!... Déjeme usted salir.
D. Acisclo
(Con pasión.) Salga usté, pero no será sin que antes... (Intenta sujetarla para darla un beso.)
Eduarda
(Rechazándole.) ¡No, nunca!... ¡Socorro! (Le muerde la mano.)
D. Acisclo
(Retorciéndose de dolor.) ¡Rediez, qué bocao en el dedo! ¡Se me ha comido la yema!
Eduarda
¡Canalla, seductor! ¡¡Satírico!! (Vase puerta izquierda.)
D. Acisclo
(Intenta sujetarla antes que se marche.) Eduarda... Eduarda... (Luchan brevemente. Ella le rechaza y le coge con la puerta la americana, dejándole sujeto. Aterrado.) ¡Atiza! ¡La americana con la puerta!... ¡Cogido por el vuelo! (Suplicante.) ¡Por Dios, Eduarda, abra usté, que estoy cogido! ¡Eduarda!... ¡El vuelo!... ¡Eduarda!...
ESCENA II
DON ACISCLO y SEÑÁ CESÁREA primera derecha.
Cesárea
¡Hola, hombre!
D. Acisclo
¡¡Mi mujer!!... ¡¡Tableteau!!
Cesárea
¿D’ande sales?
D. Acisclo
Pues de ahí, de la... que venía de...
Cesárea
¿No ibas con doña Eduarda por el huerto?
D. Acisclo
Sí, con ella iba, que quería unas manzanas.
Cesárea
¿Y qué la dio, que sentí un grito?
D. Acisclo
Como darla, no la dio na; pero arrimó la escalera, se subió al árbol —que ya la ties conocía en lo resoluta— y de poco se cae.
Cesárea
Pos ya no tie edad pa andarse por las ramas.
D. Acisclo
¡Toma!... Eso la he dicho yo, pero...
Cesárea
(Cambiando el tono irónico por otro más acre y resuelto.) Ni tú tampoco la tienes de andarla a los alcances.
D. Acisclo
¡Cesárea!... (Se sopla el dedo dolorido.)
Cesárea
¡Que te creerás que no lo estoy notando too!... ¡Así que una es tonta! ¡Te figurarás que me chupo el dedo como tú!
D. Acisclo
¡Mujer, yo!...
Cesárea
¡Y ten cuidao no te corte yo los vuelos!
D. Acisclo
(¡Ojalá!)
Cesárea
¡Que no me dejas una en paz!... ¡Que me ties más reconsumía!... ¡Ahí agarrao como una rata!... ¿Te paece bonito? (Le zarandea.)
D. Acisclo
(Avergonzado.) ¡Cesárea!...
Cesárea
(Amenazadora.) ¿Qué debía yo hacer ahora?
D. Acisclo
¡Pues traerme otra americana u abrir por detrás!
Cesárea
¡Maldita sea!... Y que te coste, que el día que me harte, se lo digo a don Régulo, que ya le ties conocío, que ese por custión de celos le pega un tiro a su familia.
D. Acisclo
Mujer, después de too, por una broma...
Cesárea
¡Por una broma!... ¡Acisclo, parece mentira que tú, ¡¡tú!!, el dueño, el amo, el rey del pueblo, una persona de tu mando y de tu valer, un hombre al que too el mundo le tie miedo, que haces que se le mude la color a los más templaos... un hombre que causa un respeto que eriza, ahora, por esa tía cursi... ahí prendío como un murciélago!... ¡Si alguien se enterara!... ¡Si yo no tuviera prudencia!... (Levanta el pestillo, abre la puerta y deja en libertad a Acisclo.)
D. Acisclo
Mujer, los hombres semos hombres, Cesárea, y con esto ya está dicho que semos mu poca cosa... Salomón era Salomón, y en custión de faldas, u de lo que se llevase en aquel entonces, pues... ya te acordarás que sumó dos mil y pico... Y Napolión, con ser lo que era... pues... también se sumaba lo suyo... Conque uno, que es una meaja menos... pues, algún sumandillo...
Cesárea
¡Sumandillo, y llevas veintidós en lo que va de mes, y estamos a cinco!...
ESCENA III
DICHOS y MORRONES (Alguacil).
Morrones
(Segunda derecha. Desde fuera.) Ave María Purísima.
Cesárea
¿Quién se extraña?
Morrones
¿Se pue pasar?
D. Acisclo
¡El alguacil! Pasa, Morrones.
Morrones
(Con gran respeto.) Güenos días nos dé Dios; con premiso de ustés.
Cesárea
Regulares que sean.
D. Acisclo
¿Qué te trae por acá tan de mañana?
Morrones
Pos naa, que tengo un desgusto, con premiso de usté, que no sé cómo no le da a uno itiricia.
D. Acisclo
¿Pues qué pasa?
Morrones
Pues pasa que don Sabino el médico, el Perniles y Garibaldi, pus m’han hecho de venir a molestarle a usté, con premiso de usté, porque quién hablale de no sé qué cosas nómalas y urgüentes, que me lo he tenío que apuntar. (Mira un papel.)
D. Acisclo
¿Quejas tenemos?
Morrones
¡Qué sé yo!... Cuatro garambainas... Que si los sueldos, que si el riego, que si la contrebución... Naa, lo e siempre: potrestas.
Cesárea
¡Madre, qué tropa!... Pero si esos protestan de too.
Morrones
Toma, como que el año pasao les cayó la lotería y elevaron una potresta por haberles caído en la de tres pesetas.
D. Acisclo
Güeno, pues les dices que aguarden, si quieren, que yo voy a tomar el chocolate. Eso si no encuentras alguna razón de las tuyas pa que se vayan.
Morrones
Yo, si usté lo manda, razones siempre tengo. Les abro la puerta y les abro la ventana y ellos escogen: u se marchan u los marcho. (Acción de echarlos.)
D. Acisclo
Déjales, que todavía no es el caso. Pero como me hurguen mucho les va a doler, ¡por estas! Que esos tres me andan buscando las cosquillas...
Cesárea
¿Y viene con ellos Garibaldi, el republicanote ese?...
Morrones
El mismo. Ahora ice que s’ha sindicao con un garrote que tiene, así de gordo.
Cesárea
¡Mala troná en ellos! ¡Valiente gentuza! (Vanse don Acisclo y señá Cesárea, primera derecha.)
ESCENA IV
MORRONES, DON SABINO, PERNILES y GARIBALDI, segunda derecha.
Morrones
(Desde la puerta.) Que les da a ustés su premiso... pero pa pasar aquí hay que limpiarse los pies.
D. Sabino
(Entra. Se descubre.) Buenos días.
Perniles
(Ídem, ídem.) A la paz de Dios.
Garibaldi
(Pasa sin quitarse el sombrero.) Libertá, fraternidá...
Morrones
Quítate el sombrero.
Garibaldi
Igualdá.
Morrones
Igual da, pero quítatelo, (se lo quita y lo tira sobre una silla.)
D. Sabino
¿Has tenido la bondad de decirle al señor alcalde?...
Morrones
Le he dicho lo que le tenía que icir y dice que si quién ustés esperale que le esperen, que ahora saldrá...
D. Sabino
Entonces... (Mira como buscando una silla.)
Morrones
Que ahora saldrá con su señora a dar un paseo y que golverá a la una, pero que ustés hagan lo que sea de su convenencia, que él no se va a privar de sus cosas por naidie.
D. Sabino
Pues esperaremos, ¿no os parece?
Perniles
¡Qué remedio! Yo no me voy sin que me oiga. (Van a coger sillas para sentarse.)
Garibaldi
Ni yo... Le quio presentar al noy del fresno. (Por el garrote.)
Morrones
(Muy extrañado.) ¿Pero es que se van ustés a sentar?
D. Sabino
Hombre, si es posible...
Morrones
(Como resignándose.) Güeno, pero cojan ustés taburetes, que las sillas son pa los amigos políticos.
Perniles
Tá bien (Se sientan en taburetes.)
Morrones
(A Garibaldi.) Y tú, tira ese cigarro, que aquí no se pue fumar.
Garibaldi
¿Y por qué fumas tú?
Morrones
No se pue fumar viniendo de vesita. (A Perniles que se vuelve a mirar el reloj.) ¿Y tú qué miras?
Perniles
Hombre, iba a mirar la hora...
Morrones
¡La hora!... En seguía si fua yo el Alcalde iba a tené un reló destapao pa que se aprovechasen d’él los del partido contrario... Mañana lo forro.
Garibaldi
Lo que debías tú de hacer, aunque seas aguacil y estés amparao por ciertos mandones, es mirarte una miaja más en la atención de las presonas que necesitan del monecipio y no avasallar a too Cristo por menos de naa.
Morrones
Tú, lo que vas a hacer, es callarte la boca ahora mismo.
Garibaldi
Y prencipalmente por don Sabino lo he dicho, que es una presona médica y respetable, llena de canas; que uno al remate no es letrao ni muchismo menos y anda con Dios y que le falten a uno, que tan hecho está uno a trancas como a barrancas.
Morrones
Tú eres un parlero que hablas más de la cuenta, y si no te callas te agarro de los cabezones y sales... (Le amenaza.)
Garibaldi
(Enfurecido.) ¡Prueba y te doy con el noy!...
Morrones
¿A mí?... (Se dispone a acometerle.) ¡Por vida e...!
ESCENA V
DICHOS, DON ACISCLO, primera derecha.
D. Acisclo
(Autoritario y despótico.) ¿Qué es eso?
Morrones
Señó alcalde... Era que...
D. Acisclo
¡Silencio! Anda pa un rincón, que es lo tuyo.
Morrones
No, dejarme... ¡Maldita sia! (Va a sentarse junto a la puerta, refunfuñando.)
D. Acisclo
(Se va a su mesa y se sienta.) Sentarse.
Morrones
Y encima les dice que se asienten. ¡Se cae usté de güeno! Así le tratan.
D. Acisclo
A callar. Sentarse he dicho.
Los tres
Con permiso. (Se sientan con cómica rapidez.)
D. Acisclo
Pues ustés dirán... (Se levantan los tres como para hablar.) ¡Sentarse he dicho! (Vuelven a sentarse con mayor rapidez que antes.) Sé que me quien ustés hablar. Acedo; pero uno a uno y cuidaíto con lo que se dice. Escomenzaremos por usté, don Sabino.
D. Sabino
(Poniéndose de pie.) Como usté mande.
D. Acisclo
Conque usté dirá qué istentino se le ha deteriorao.
D. Sabino
Pues... nada, señor alcalde, que un servidor de usted...
D. Acisclo
Por muchos años.
D. Sabino
Por muchos, sí, señor... Me veo, bien a mi pesar, en la precisión de molestarle respetuosamente, acuciado por las dolorosas necesidades de la vida. Porque claro, aunque uno es un humilde médico rural, pues tiene uno que comer de vez en cuando, tiene uno que vestir, llamémoslo así; tiene uno que...
D. Acisclo
Exigencias no faltan, no.
D. Sabino
Las igualas son cortas, las visitas escasas... y como el digno Ayuntamiento de su acertadísima presidencia tiene la bondad de adeudarme...
D. Acisclo
(Agriando mucho más el gesto y dando un golpe en la mesa con una regla; carraspea.) ¡Ejem!...
D. Sabino
(Sobrecogido, trata de dulcificar el concepto.) ...nada, siete efímeras y cortas anualidades, que importan la insignificante suma de catorce mil quinientas pesetas; pues yo, agotados todos mis recursos para la vida, me permito elevar a usted una humilde súplica...
D. Acisclo
(Dando otro reglazo sobre la mesa.) ¡Dita sia!... ¿Y tie usté la frescura de venir aquí con esas quejas?
D. Sabino
¿Cómo la frescura, señor alcalde?