[Nota de transcripción]



QUINCE MINUTOS EN GLOBO


Esta obra es propiedad de su autor, y nadie podrá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en España y sus posesiones de Ultramar, ni en los países con quienes haya celebrados, ó se celebren en adelante, tratados internacionales de propiedad literaria.

El autor se reserva el derecho de traducción.

Los comisionados de la Administración Lírico-dramática de D. EDUARDO HIDALGO, son los encargados exclusivamente de conceder ó negar el permiso de representación y del cobro de los derechos de propiedad.

Queda hecho el depósito que marca la ley.


QUINCE MINUTOS EN GLOBO

DISPARATE CÓMICO-LÍRICO-BAILABLE

EN UN ACTO, EN PROSA Y VERSO

ORIGINAL DE

JOAQUÍN BARBERÁ

Y

«LOZANO FRANCO»

Estrenado con gran éxito en el TEATRO LARA en
Diciembre de 1895

MADRID

R. Velasco, impresor, Marqués de Santa Ana, 20
Teléfono número 551

1896


REPARTO

PERSONAJESACTORES
DOÑA ANSELMASra.Valverde.[*]
CARLOTA Pino.
PETRASrta.Lasheras.
ESTRELLA Sinova.
LUISA Núñez.
ELISA Grajera.
ROSA Palma.
JUANA Gómez.
RUFINOSr.Ruiz de Arana.
MR. WAN-VIN Larra.
DON ROSENDO Rubio.[*]
ANDRÉS Nortes.
RAMÓN Gonzálvez.
PÉREZ Valle.
LÓPEZ Barbero.
Convidados y artistas,—Coro general

[*] La Sra Valverde y el Sr. Rubio se han encargado de papeles inferiores á sus categorías en obsequio á los autores, que se lo agradecen mucho.

Nota. En esta obra el Sr. Santiago tomó parte haciendo la imitación del ventrílocuo O’Kill, siendo muy aplaudido. También las Srtas. Peña bailaron sevillanas, siendo celebradas justamente.

El derecho de reproducir los materiales de orquesta de esta obra pertenece á D. Florencio Fiscowich, á quien dirigirán sus pedidos las empresas teatrales que deseen ponerla en escena.


ACTO UNICO

Jardín. A la izquierda fachada de hotel con ventana practicable en primer término, y puerta en segundo. Muchas sillas que esta colocando Ramón. Al foro tapia y telón de horizonte; á la izquierda árboles y plantas.

ESCENA PRIMERA

Sale por la derecha RAMÓN y se dirige á la puerta del hotel; á poco PETRA.

Ram.

¡Petra! (Viendo que no le contesta se dirige al segundo término y llama más fuerte.) ¡Petra! Pero ande andará esta zángana. (Se dirige otra vez á la derecha. Sale Petra por la puerta del hotel y le grita al oído á Ramón muy fuerte.) ¡Petra!...

Pet.

¡Qué quiees!

Ram.

¡Animal! Dispués que tengo ya enritación de gritar. ¿Por ande andabas?

Pet.

¡Por el suelo, avestruz! ¿A qué vienen esas voces?

Ram.

A que me digas si están colocadas estas sillas como me ha dicho la señora, patológicamente, en semicírculo.

Pet.

Lo que hace falta es que estén mu limpias, porque no deben tardar la señora y su acompañamiento.

Ram.

Pus ya debían estar aquí, porque el tren ya ha llegao hace rato.

Pet.

Si han ido á esperar á muchos amigos de Madrid, al novio, á la señorita y á su padre.

Ram.

Ya lo sé.

Pet.

Pero, ¿no sabes que la señorita no le quiere á su futuro?

Ram.

Pus le quedrá á la fuerza, porque si no nuestra señora no se casará con el padre de esa señorita.

Pet.

Esa es la condición que ha puesto la señora, pero me parece que no les va á salir la combina.

Ram.

Saldrá con vino, porque hoy por la cuestión de concederle la mano juerga onomástica, y el día de la boda...

Pet.

No digas barbaridades. (Imitándole.)

Ram.

Lo que yo digo, es que entre trago y trago, achuchón, y que con vino se anda el camino y con el tiempo...

Pet.

Ya están ahí. (Idem. Se oyen las voces de don Rosendo y doña Anselma.)

Ram.

Pus chitón y vámonos. En boca cerrada... ya se sabe, y más vale un quién pensara... (Vase Ramón por el segundo derecha y Petra por la puerta del pabellón.)

ESCENA II

CARLOTA del brazo de RUFINO. DON ROSENDO del de DOÑA ANSELMA. PÉREZ en medio de ELISA y ROSA y LÓPEZ en medio de JUANA y LUISA. Los demás convidados detrás, hablando con mucha animación.

Ans.

Ya estamos en casa.

Ros.

¡Gracias á Dios!

Carl.

Eso, Suélteme usted. (Bruscamente.)

Ans.

¡Pero niña!...

Ruf.

¿De usted todavía?

Ros.

Es preciso que tutee usted á su futuro.

Carl.

No puedo acostumbrarme.

Ans.

¡Y qué cara de panoli tiene el novio de Carlota!

Elisa

Pues es muy extraño, porque está empleado en el Ayuntamiento.

Jua.

¡Qué suerte tienen algunas! ¡Casarse con un hombre tan feo!

López

¡Como que se llama Rufino!

Ans.

Vaya, vaya, adentro. Lo que exijo de todo el mundo es que haya franqueza.

Ros.

¡Que no haya cumplimientos!

Ans.

A quitarse cada uno lo que le acomode. Vayan ustedes pasando. (Vanse por detrás del hotel todos los convidados, los últimos Rosendo y Anselma.)

Carl.

Yo me quedo aquí tomando el fresco.

Ros.

Acompáñala, Rufino.

Ans.

Y tutéale.

Carl.

(Voy á acusarle las cuarenta y me voy á salir de los tres.)

ESCENA III

CARLOTA y RUFINO.

Ruf.

Vamos, Carlotita...

Carl.

¡No se acerque usted!

Ruf.

Pero, ¿hasta cuándo?...

Carl.

Y le advierto á usted que me importa muy poco que mi mamá le conceda mi mano, porque como soy yo la que tiene que pronunciar el sí...

Ruf.

Mira, Carlota, yo no sé por qué me has tomado esa ojeriza, yo no tengo la culpa de que nos quieran casar. Mi papá me dijo un día:—Vamos á ver, Rufino, ya no eres un niño, no eres guapo... pero tampoco... lo serás nunca.—¿Te gusta Carlota, la hija de doña Anselma? Yo le contesté...—Papá, yo soy como Telémaco, me gustan todas.—¿Pero Carlota te gusta más?—Me gusta.—Pues es preciso que te cases con ella. Yo le dije:—Tendrá que ser un domingo, porque los demás días tengo que ir á la oficina.

Carl.

(¡Estúpido!) (Riéndose.)

Ruf.

Pues por eso quiero que te cases con ella para que no volvamos á la oficina; y claro, como allí se me figura que me toman el pelo, pues dije, me casaré con Carlota para que me lo tome ella sola.

Carl.

¡Y no lo sabe usted bien! Como me vea obligada á casarme con usted...

Ruf.

Pero, ¿por qué me tienes esa rabia?

Carl.

Porque no le quiero á usted.

Ruf.

Pues eso me pasa á mí. Pero me gustas, porque á mí me gustan todas...

Carl.

¡Pues á mí no me gusta más que uno!

Ruf.

Y no soy yo, ¿verdad?

Carl.

¿En qué lo has conocido?

Ruf.

En que no lo sabes disimular; pero al otro día de la boda cambiarás de opinión. Mira, yo me acerco á una mujer y dice ¡qué feo es! Pero como lleguemos al seno... de la intimidad concluye por llamarme simpático. Pero lo que aquí sucede es que tú tienes otro novio.

Carl.

Le tenía, porque no sé qué es de él; un joven que conocí en Biarritz el verano pasado; no sé qué es de él.

Ruf.

Pues créete que entonces ha volado con otra paloma. Nada, ya verás como acabo por gustarte.

Carl.

Es que yo le quiero al otro y seguiré amándole aunque me casen con usted.

Ruf.

¿A mí qué? Como él no te querrá...

Carl.

Pues le engañaré con el primero que encuentre.

Ruf.

¡Bueno!

Carl.

¿De modo que si yo tengo otro amante se quedará usted tan fresco?

Ruf.

Tendré filosofía como hacen otros; porque suponte que tú me pillas con una mujer, como ya te he dicho que me gustan todas...

Carl.

Es que además no le dejaré á usted un momento tranquilo, porque yo tengo muy mal carácter y le reñiré por cualquier cosa. Tendremos un infierno continuo.

Ruf.

Peor para el carbonero.

Carl.

Y si me contraría usted en lo más mínimo seré capaz de pegarle.

Ruf.

Manos blancas no ofenden.

Carl.

¡Es que cogeré un palo!...

Ruf.

¡Cómo!

Carl.

Así. (Le quita el bastón y le amenaza.)

Ruf.

No vale hacer daño, ¿eh? (Huyendo.)

ESCENA IV

DICHOS y DON ROSENDO y DOÑA ANSELMA por el segundo derecha.

Ros.

¿Ve usted? ya están jugando.

Carl.

Para juegos estoy yo. Le estaba haciendo el programa para cuando nos casemos.

Ruf.

Y dice que me va á pegar.

Carl.

Que le pegaré y que se la pegaré.

Ans.

¡Niña!

Carl.

¡Sí, mamá, yo no le quiero, ea!

Ans.

¿Oye usted?

Ros.

Cosas de chiquillos. No la haga usted caso. (Ahora un poquito de energía.)

Ans.

¿Pero estás loca? Es preciso que me obedezcas.

Carl.

¡Si no fuera usted mi mamá!...

Ros.

¡Está loca!...

Carl.

Sí, señor, de rabia. (Tira el bastón y vase corriendo por el hotel.)

Ros.

Anda Rufino, acompáñala.

Ruf.

¡Es que me va á pegar!...

Ros.

Con eso te vas acostumbrando.

Ruf.

(¡Pues lo que es ahora no me le quita!) (Coge fuertemente el bastón y vase detrás de Carlota.)

ESCENA V

DON ROSENDO y DOÑA ANSELMA.

Ans.

¿Y qué hacemos?

Ros.

¡Qué hemos de hacer, convencerla, á mí me gusta usted mucho! Y como una cosa depende de la otra, ¡velay!

Ans.

Yo también le aprecio á usted, pero hemos convenido en hacer antes la felicidad de los chicos.

Ros.

Ya verá usted como convencemos á Carlota. A todas las muchachas les pasa á ustedes lo mismo.

Ans.

Muchas gracias. (Con gazmoñería.)

Ros.

Felizmente yo soy muy previsor y como usted me ha autorizado para que yo disponga hoy lo que quiera, ya verá usted qué diversiones he preparado para esta tarde.

Ans.

¿Qué diversiones?

Ros.

Pues una función con una sorpresa al final. A esa muchacha hace falta distraerla.

Ram.

¡Señora!

Ros.

¿Qué hay?

Ram.

Que tenemos títeres. (Muy contento.)

Ros.

¡Ah sí! Que pasen. Son unos artistas que van de paso para Madrid. ¡Ya verá usted lo que nos vamos á divertir!

Ans.

Por supuesto que yo pago los gastos.

Ros.

¡Ah, señora! No pensaba ofenderme.

ESCENA VI

DICHOS, WAN-VIN, ESTRELLA, ANDRÉS y ARTISTAS. Coro general por la puerta del foro.

Música

Todos

Buenas tardes.

(Haciendo un saludo como si acabaran de hacer un ejercicio.)

Aquí estamos los artistas

cuya gran celebridad

por el mundo entero corre

pero á gran velocidad;

por Italia, Francia y Rusia,

por Pekín y el Indostán,

por Loeches, por Brihuega

y otros mil puertos de mar.

Wan.

Yo de la troupe

el jefe soy,

Mosié Wan-Vin

su servidor.

Los que hay aquí

mis hijos son,

también de gran

reputación.

Yo soy equilibrista

de fama y de valer,

gimnata este muchacho (Por Andrés.)

y Estrella lo es también.

Y todos aquí

dispuestos se hallan ya

para lo que nos quieran

ustedes mandar.

Todos

Para lo que nos quieran

ustedes mandar.

Wan.

En montgolfier

asciendo yo,

siempre con gran

exposición;

porque á diez mil

metros ó más

al ascender

suelo llegar.

Estoy entre las nubes

igual que estoy aquí,

y escucho á las estrellas

á veces discutir.

Y todos aquí

dispuestos se hallan ya

para lo que nos quieran

ustedes mandar.

Todos

Para lo que nos quieran

ustedes mandar.

¡Lá!

(Haciendo el mismo saludo que antes.)

Hablado

Ros.

¡Pero cúbranse ustedes!

Wan.

¡Hace calor, mocho calor!

Todos

(A compás.) ¡Mocho calor!

And.