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HISTORIA DE LA LENGUA
Y
LITERATURA CASTELLANA
(ÉPOCA DE CARLOS V)
POR
D. JULIO CEJADOR Y FRAUCA
CATEDRÁTICO DE LENGUA Y LITERATURA LATINAS
DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL
MADRID
TIP. DE LA "REV. DE ARCH., BIBL. Y MUSEOS"
Olózaga, 1.—Teléfono 3.185.
1915
ES PROPIEDAD DEL AUTOR Y QUEDA HECHO EL DEPÓSITO
QUE MARCA LA LEY
AL INSIGNE HISPANÓFILO
MR. ARCHER MILTON HUNTINGTON
Señor:
Los escritores y eruditos españoles todos se honran con vuestra cariñosa amistad, la literatura española os adeuda beneficios sin cuento, el nombre español brilla cada día con nuevas luces en vuestra nación merced á las empresas que habéis acabado para enaltecerlo, la España culta os cuenta entre sus hijos predilectos, el Rey os tiene por amigo y familiar, vos mismo sois tan apasionadamente aficionado y devoto, no sólo de las letras, antigüedades é historia de España, sino de cuanto á España atañe, que sólo sentís no haber nacido español, teniendo tan española el alma y en esta nuestra tierra todos vuestros amores.
Permitid, pues, que el último de los eruditos de España, aunque no lo es de los que os admiran y quieren, os dirija este liviano trabajo sobre la "Historia de la lengua y literatura castellana durante la época de Carlos V", que tan hondamente conocéis y cuyos mejores monumentos escritos guardáis como el más preciado de vuestros tesoros.
Llamaros Mecenas de las letras españolas sería llamaros bien poca cosa, para lo que de hecho habéis sido, sois y habéis de ser respecto de ellas. Harto lo tenemos sabido cuantos en ellas entendemos; pero justo es no guardárnoslo agradecidos, sin que lo pregonemos á cada paso por todas partes para que el mundo entero lo sepa y os lo reconozca debidamente. Interesamos en ello los españoles, porque ensalzar vuestras obras es ensalzar á nuestra misma patria.
Como disfrutaseis en vuestra tierra de la magnífica biblioteca de libros españoles allegada por el benemérito hispanista Ticknor, á quien debe la literatura española la primera y mejor historia que tenemos, os tomó tan desapoderada afición por nuestras letras, que no descansasteis hasta venir á España, y, enamorado de la vieja epopeya de Castilla, os entregasteis de lleno al estudio del añejo pergamino que del "Cantar de Mio Cid" guardaba en cofrecito de hierro, como oro en paño, don Alejandro Pidal. Planeasteis los tres magníficos tomos de la obra, con la edición crítica, la versión inglesa, variantes del texto y comentarios; recorristeis paso á paso los que el héroe castellano hubo de dar con sus mesnadas; paseasteis la tierra, le bebisteis el espíritu, sacasteis costosas fotografías y disteis al cabo á la estampa el maravilloso monumento de vuestra obra, digna de parearse con la que Alejandro ordenó sobre la epopeya homérica.
Erais además arqueólogo, porque no hay campo de la cultura que á vuestra alteza de pensamientos esté vedado, y os fuisteis á Itálica, arrendasteis los terrenos particulares arrendables de Santiponce, pagando más que si los hubieseis comprado, y ordenasteis las excavaciones á todo coste. Desenterrados magníficos tesoros, las piezas mayores regalásteislas al Museo Arqueológico de Sevilla; con lo demás enriquecisteis el Museo que á las antigüedades españolas levantabais en Nueva York, así como en la Biblioteca hispánica, que juntamente fundabais, habíais recogido ya hasta 18.000 volúmenes, comprados parte de la biblioteca de Ticknor en Boston, parte en España, pagando aquí y allá á peso de oro, libro por libro, cuanto de más raro y precioso sabía rebuscar el ansia que os aquejaba de allegar cosas españolas.
Dos años mortales luchasteis con el Marqués de Jerez de los Caballeros por que os vendiese su inestimable biblioteca de 22.000 volúmenes, la flor y nata de los más exquisitos y rebuscados libros de la antigua España. Cuando al cabo vencisteis, y, pagados un millón de francos, sacasteis de España tamaño tesoro literario, con lágrimas del corazón lloraron los eruditos españoles aquel, al parecer, triste y fatal acontecimiento. Los pergaminos de nuestra antigua hidalguía salían de la casa solariega, dejábannos sin los últimos testigos que acreditasen nuestras glorias pasadas. Pero bien pronto enjugaron los eruditos sus lágrimas, y no sólo se consolaron, sino que se congratularon y á buena estrella para la cultura española atribuyeron el que hubieran pasado á tales manos, que sabrían guardarlos mejor que no los hubiéramos nosotros sabido guardar.
Habíais comprado en el Andubon Park de Nueva York, donde cada día se extiende lo más granado de aquella gran ciudad, terrenos bastantes para labrar, como labrasteis en ellos, el magnífico palacio del "Museo y Biblioteca hispana", verdadero templo del arte y del saber español, obra única en el mundo, como no la hay consagrada al arte y saber de ningún otro pueblo.
No contento con esto, comenzasteis á devolvernos los mejores libros, rica y fielmente reproducidos, regalando ejemplares á los centros de cultura y á cuantos particulares eruditos pudieran aprovecharlos, como la reproducción de las dos primeras ediciones de la primera parte del "Quijote", hechas por Cuesta en 1605, y la de la segunda de 1615: la reproducción del famoso manuscrito del "Abecedarium", de Hernando Colón, índice de la antigua biblioteca colombina, y tantas y tantas otras reproducciones que allanan las antes insuperables dificultades que ofrecía el estudio de nuestra literatura.
¿Qué más? No hay libro, no hay obra de arte, no hay papel, pergamino, lienzo, tabla ó cascote que atestigüe el menor pedazo de nuestra antigua cintura, que no lo apreciéis como un inapreciable pedazo del alma española, que tan al alma propia os llega, y no derrochéis vuestros bien empleados caudales para haceros con ello, depositándolo en aquel templo de las glorias españolas que habéis levantado en el corazón de la capital de la más rica y poderosa de las naciones. Exposiciones de pinturas españolas, compra de cuadros, todo lo hacéis y no os cansáis de glorificar con ello á España.
Y para que la obra fuese duradera, fundasteis allí en 1914 "The Hispanic Society of America", la Sociedad hispana de América, que os nombró su Presidente, la cual lleva y llevará adelante lo emprendido, será perpetua vocera del nombre español, guardará los tesoros de la española cultura y facilitará todo linaje de estudios y trabajos sobre cosas españolas.
Sólo sentís no haber nacido en España; pero sois tan español de alma, de sentimientos, de cariños, como el mejor de los españoles. Pasa tan de la raya este vuestro encariñamiento por España y por todos sus hijos, que con el fin de regalarles y hacerles á todos gustosa la estancia en aquel Palacio que les habéis aparejado, siendo protestante os ocurrió la peregrina idea de levantar un templo católico, y lo habéis levantado, luciendo en él una hermosa lámpara de bronce, regalo de S. M. Alfonso XIII.
Justamente nuestro augusto Monarca os trata de amigo y os asienta á su mesa particular con su esposa la Majestad de nuestra augusta Reina, así como á vuestra propia esposa, cuando á Madrid os acompaña.
Éstas son, señor, sin ponderaciones y llanamente recordadas, las cosas que habéis emprendido y acabado para honra de España. Éste el amor entrañable, el cariño de hijo, que á España tenéis.
Permitid que vuestro claro nombre venga á honrar este mi trabajo, dirigiéndooslo como escasa muestra de la admiración y amistad que os tiene
Julio Cejador.
ÍNDICE
| PÁG. | |
| Dedicatoria á Archer Milton Huntington | [v] |
| Bibliografía de la historia del teatro | [1] |
| Época de Carlos V. El Renacimiento Clásico y el Eramismo la lírica y la prosa | [5] |
| Índice por año de autores y obras anónimas | [273] |
COLOCACIÓN DE LAS LÁMINAS
| PÁG. | |
| Gonzalo Hernández de Oviedo | [44] |
| Dr. Andrés Laguna | [118] |
| El M. Fray Luis de Granada | [122] |
| El magnífico cavallero Pero Mexía | [154] |
| Martín de Azpilcueta | [164] |
| Gutierre de Cetina | [168] |
| Don Antonio Agustín | [174] |
| Ambrosio de Morales | [180] |
| El maestro Juan de Mal-Lara | [196] |
| Carlos V | [208] |
| Don Fray Bartolomé de las Casas | [220] |
| Parte Primera de la crónica del Perú (de Pedro de Cieza de León) | [227] |
| Lope de Rueda | [256] |
BIBLIOGRAFÍA DE LA HISTORIA DEL TEATRO
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"No hay, no ha habido, ni habrá en la tierra pueblo que en una misma época presente en igual grado de desarrollo todas las ramas del árbol de la cultura...".
(Men. Pelayo).
ÉPOCA DE CARLOS V
EL RENACIMIENTO CLÁSICO Y EL ERASMISMO. LA LÍRICA Y LA PROSA
(PRIMERA MITAD DEL SIGLO XVI, 1517-1554)
Literatura italiana.—Poetas: Ariosto (1474-1533). Orlando Furioso (1516-1532). Rucellai (1475-1525). Michelangelo (1475-1564). Trissino (1478-1550). Molza (1489-1544). Vittoria Colonna (1492-1547). Berni (1498-1535). Bernardo Tasso (1493-1569). Aretino (1492-1557). Alamanni (1495-1556). Anníbal Caro (1507-1566). Tansillo (1510-1568).—Historiadores: Paolo Giovio (1483-1552). Guicciardini (1483-1540). Machiavelli (1469-1527), el Príncipe (1514-1518), Décadas (1515-1520), Historia de Florencia (hacia 1525). Vettori, Histor. de Italia (hacia 1527). Benedetto Varchi (1503-65). Benvenuto Cellini (1500-1571). Vasari (1511-1574).—Novelistas, moralistas, etc.: Bembo (1470-1547). Baldassare Castiglione (1478-1529), Cortigiano (1528). Bandello (1485-1561). Firenzuola (1493-1545). Giraldi Cinzio (1504-1573).—Dramáticos: Bernardo Dovizi (1470-1520), La Calandria (1513). Alamanni, Rucellai, Aretino, Machiavelli, Giraldi. Los Ingannati (1531). Cecchi (1518-1587).
Literatura francesa.—Poetas: Clément Marot, Adolescence Clémentine (1532), Psaumes (1541-1543). Marguerite de Navarre, Poésies (1531-1547). Du Bellay, Défense et illustration de la langue française (1549). Ronsard, Odes (1550), Hymnes (1555), Mystères et Farces. La Pléyade.—Prosistas: Calvin (1509-1564), Institutio (1536-1541), Sermones. La Boétie, Contr' un (hacia 1548-1550). Despériers, Cymbalum mundi (1538), Joyeux Devis. Rabelais, Pantagruel (1533), Gargantua (1535), 3.e livre (1546), 4.e livre (1552).—Humanistas: Budé (1468-1540). Turnèbe († 1565). Robert y Charles Estienne. Henri Estienne (1528-1598). Amyot (1513-1593). Erasmo (1467-1536).
1. En la época de Carlos V sazonan los frutos de las humanidades en los grandes maestros que comenzaron á florecer en la época anterior y en los que de nuevo en ésta florecen. Pero una no esperada empresa, á más de las ya emprendidas en Italia y América, se ofrece á los ojos de los españoles, que no les deja vagar para entregarse de lleno á los sosegados ocios de las letras, teniendo que empuñar la espada á la vez que la pluma. El Emperador desea emular el carácter de protector de la Iglesia católica, que le imprimió la corona de hierro de Carlomagno, y España, ganosa de aventuras, no olvidando su recién acabada cruzada contra el Islam en la misma patria, emprende otras dos de no menor empeño: la una contra los moros africanos, que habrá de extenderse después contra el poderío de los turcos, el único que en Europa puede hacer frente al español: la otra contra la naciente reforma luterana. Este grito de guerra contra todos los enemigos de la Fe católica, en que se aúnan las gloriosas ambiciones de Carlos V con las tradicionales costumbres de los españoles, ponen nuevo y más fuerte valladar al paganismo que consigo trae el renacimiento clásico, y al rechazar sus ideas anticristianas hace nacer en el pecho del Emperador y de España entera la contrarreforma, esto es, la reforma interna de la Iglesia, de las costumbres, mayormente de religiosos y eclesiásticos, ya comenzada en parte por Cisneros. El Emperador batalla sin tregua ni descanso con la corrompida y paganizada Corte romana, hasta lograr se convoque el Concilio de Trento (1545), en el que nuestros grandes teólogos, tan sobresalientes en aquel palenque del dogma y de la moral como nuestros capitanes en los campos de batalla, echaron los cimientos de la renovación de las costumbres harto mejor que no pretendía hacerlo el despicado é interesado Lutero con la befa y el escarnio, encenagándose más y más él mismo en lo propio que en los otros condenaba. Erasmo, el renacentista del Norte, que sentía como los protestantes la necesidad de la reforma eclesiástica, aunque sin abandonar, por verla relajada, la propia Fe, hubo de ser el dechado al cual miraron desde el Emperador hasta el último de los españoles en este nuevo renacimiento del Cristianismo, como le miraban cual á dechado del renacimiento clásico. Comúnmente hablando, los humanistas italianos, entrando en esta cuenta hasta los Cardenales y el mismo Sumo Pontífice, hallábanse tan desmoralizados y mancillados del paganismo anticristiano que abría nuevas brechas á la rotura de costumbres, que los nuestros no podían poner en ellos los ojos sin apartarlos al punto de asco. Erasmo, en cambio, se presentaba á la vez como humanista insigne y como verdadero reformador dentro de los linderos del dogma, sin la parte pagana ni el consiguiente enmollecimiento afeminado, antes alzando bandera por la renovación de las austeras costumbres de los viejos cristianos de otras edades. El humanismo erasmiano señoreó en España, por ser tan español, como española era la empresa que había tomado sobre sus hombros de defender á la Iglesia. Sólo así se explica el que toda persona culta, arzobispos, obispos, clérigos, religiosos y seglares, se hallasen de la noche á la mañana ser en España verdaderos erasmistas. Y como para que campee lo blanco necesario es que se dé lo negro, y para que resplandezca la luz menester es que haya sombra, tampoco ha de extrañar que hubiera en España no pocos antierasmistas, aunque fuesen los menos. Erasmo (1467-1536) es una representación histórica: representa y personifica el Renacimiento, no italiano, sino español; no pagano, sino cristiano. Fuera ó no más allá de donde la cristiana caridad aconseja que se llegue en las diatribas contra la parte gangrenada de la Iglesia, fuera ó no demasiado cruel cirujano al cortarla á cercén y sin piedad, gangrena había, y espantosamente hedionda, en el cuerpo de la Iglesia, y la literatura castellana de aquella época solfea sin duelo y satiriza con no menor saña que Erasmo los abusos de la gente eclesiástica. Que alzasen el grito los miembros gangrenados al sentir del cirujano feroz la legra desgarradora y la mano forzosamente pesada, nada tiene que asombrar. Erasmo, fuérase lo que se fuera, fué para los erasmistas españoles símbolo de sana y noble renovación, cifra de toda empresa grande y cristiana, por más que en su persona hubiese de los desfallecimientos y flaquezas, del sarcasmo cruel, de la mengua de tino y mesura que cual fruta del tiempo, recia y nada blandengue, como acaso sea la de hoy, igualmente se daba entre católicos y protestantes, italianos, alemanes y españoles. Fué Erasmo cabeza de un nuevo Renacimiento, más grandioso que el clásico, del cual no menos era para los nuestros adalid: del renacimiento eclesiástico. "Erudito insuperable—dice Bonilla en su excelente estudio Erasmo en España (New-York, París, 1907)—, comentarista sagaz, teólogo insigne, humanista consumado, literato de amenísimo estilo, de fina sátira, de profunda observación y delicado análisis. Sin reducir el humanismo á la forma, como la mayor parte de los renacientes italianos, y sin hacerlo consistir tampoco en frío dogmatismo, supo dar el justo matiz á su producción literaria, con tan buena elección y tan atinado criterio, que se acreditó de árbitro del buen gusto". Nadie le igualó en su tiempo como teólogo; pero fuélo cual lo hubieran sido en tiempo de Pericles ó en los jardines de Academo. "¿Qué representa, pues, Erasmo en la historia literaria del Renacimiento? El elemento de armonía y de concordia entre las tendencias extremas: la tolerancia y la paz, mezcladas con un sano escepticismo, no exento de cierta interior ironía. Erasmo es un creyente y al mismo tiempo censor severo del fariseísmo; su empeño constante es: cum elegantia litterarum pietatis christianae sinceritatem copulare". Pero, además, para los españoles y para Carlos V representaba Erasmo el renacimiento cristiano, bien hermanado con el renacimiento clásico. Como Ulrico de Hutten decía, Erasmo fué "el comentador más laborioso y sagaz de la Biblia, el restaurador de la verdadera religiosidad, el exterminador de la superstición, el descubridor de las supercherías de los papas, el restaurador de las buenas costumbres antiguas, desfiguradas por innovaciones inspiradas por la ambición y la codicia, el apóstol é introductor de la libertad y el adversario de los opresores tiránicos de la cristiandad". Por eso no pudo excusar la enemiga de los Bedas, Lees, Zúñigas y Escalígeros y de no pocos eclesiásticos italianos y algunos españoles, que se sentían heridos donde les escocía y no tenían suficiente grandeza de alma para comenzar por sí mismos y en sus propias casas la reforma, como la tuvieron la mayor parte de los eclesiásticos españoles. Por eso su eficacia en España fué mayor que no la de los renacentistas italianos; fué más íntima, más profunda, tocó más al fondo de la evolución que la influencia italiana. Halló, por lo mismo, mayor oposición que esta última y aparentemente fué menos duradera: pero el impulso estaba dado y no sólo señoreó el erasmismo en la época de Carlos V, sino que sus efectos dieron color á la, al parecer, contraria época de Felipe II.
2. Con lo dicho queda suficientemente declarado por qué en la época de Carlos V tampoco pudo penetrar en España el paganismo del renacimiento clásico, como había penetrado en Italia. El erasmismo ó el españolismo defensor de la Iglesia y reformador de las costumbres, que es todo uno, peleaba cabalmente contra la descreencia y desenfreno de costumbres que el paganismo traía consigo. Si por eso quieren decir algunos que no hubo en España renacimiento clásico, porque no lo hubo á la italiana, juntamente con renacimiento del paganismo, concedémoslo, y no fuera bueno lo hubiera habido. Primero, porque no era tan para apetecer tan dañina ponzoña. Segundo, porque sólo en pueblos entecos y amortecidos prende el virus y ponzoña traída de fuera, y España estaba en disposición de reaccionar contra ella, como reaccionó, robusta, cual se veía de vida nacional y enarbolando la bandera contraria á la del paganismo, entronizado en el mismo Vaticano. Tercero, porque imitar enteramente, copiar, tomar á zurrumburrun lo extraño, quédase para pueblos de menos valer. Bueno fuera que España no supiera más que copiar á Italia y tomar el renacimiento como ella se lo ofrecía. Los organismos sanos y recios aprópianse lo extraño, asimilándoselo, mudándolo en su propio ser, no tragándoselo como enfermo que ni sabe escoger ni mascar. España tomó del Renacimiento lo que debía tomar, dejando lo malo y apropiándose lo bueno conforme á su natural, bien así como no copió la pintura italiana ni la arquitectura italiana, sino que, empapados en estas artes italianas nuestros artistas, supieron crear la arquitectura plateresca y la pintura española. Así la literatura española inspiróse en la clásica é italiana, sin ser italiana ni clásica, sino genuinamente española. El Renacimiento fué, pues, en España español, como fué italiano en Italia, sin dejar de ser renacimiento clásico aquí y allá. Pero ¡qué diferencia, santos cielos! Italia, desgarrada ya de antiguo en jirones por sus propios hijos y los jirones en manos de gentes extrañas, se consolaba con sus artes, que la entretenían para no apesadumbrarse mirando á los que la tenían domeñada. Y esas artes, pintura y literatura sobre todo, eran propias de cortesanos que sirven á señores ajenos; eran de imitación, de hermosísima y á veces mejorada imitación, pero de imitación al cabo, de griegos y romanos. España, en cambio, de esclava ó medio esclava de los moros, había venido á ser señora de moros y cristianos: ¿cómo había de contentarse con serviles imitaciones? Los aceros de su celo contra la morisma hallaban nuevos campos donde emplearse: un nuevo mundo que evangelizar, un septentrión donde combatir las nuevas herejías, que por momentos brotaban como de inmunda gusanera; costumbres podridas que renovar en la misma cristiandad, hasta en Roma, su propia cabeza. La fe cristiana, arraigada y enardecida en los españoles por una cruzada de ocho siglos, robustecíase más y más en el fragor de tantos combates contra todos los enemigos de ella en el viejo y nuevo mundo. Este celo cristiano, verdadero ideal y verdadero título de la epopeya que emprendió la España del siglo xvi, la engrandeció tanto en sí y para cuantos la contemplaban, que los mismos resplandores paganos que el Renacimiento traía no la pudieron deslumbrar ni cegar, desapareciendo ensombrecida su personalidad artística entre ellos, como sucedió á Italia, sino que sobrepujándolos con los de sus propias hazañas y altísimos intentos, recogiólos en sí y apropióselos, para abrillantar más el arte y la literatura, que tamaña preñez de grandezas no podía menos de producir. Ni la más mínima de las ideas paganas que fuese contraria á nuestra religión hizo asiento en la cabeza de nuestros escritores; empapados, en cambio, todos ellos en la armonía elegante y ondulosa de la belleza clásica, fueron desesquinando y suavizando aquella ruda manera de pensar y decir de nuestros viejos guerreros medioevales, hiciéronse más sensibles á las delicadezas del trato social, afinaron sus sentimientos, ablandaron sus ásperas costumbres, hiciéronse, en una palabra, más humanos en la vida, en el pensar, en el sentir, en el expresarse, que son los verdaderos frutos del humanismo. La literatura y el arte en general tenía que ser tan pujante, tan propio y nacional como las demás manifestaciones del alma española en el momento de su entera madurez y el ideal cristiano de su política, en Europa y América, tenía que serlo no menos de su arte y de su literatura.
3. J. Gómez Ocaña, El Autor del Quijote: "Entonces, y desde mucho tiempo antes, España, los españoles, mejor dicho, tenían un ideal: la religión, y un carácter: el individualismo. El individualismo pulverizó á España en multitud de Estados pequeños, rivales entre sí, que vivieron muchas veces en guerra; la religión los unió para los efectos de la Reconquista y fué la base de la unidad española. El fervor religioso de los españoles se exaltó en la guerra de Granada, y parece que debió aquietarse después de vencidos los moros y expulsados los judíos; mas inmediatamente surgieron dos motivos para mantener excitado el celo religioso: la conquista de América y la Reforma. Merced á ella encontraron los sacerdotes y caballeros cristianos muchedumbres de indios que evangelizar ó de luteranos á quienes combatir".
Erasmo á F. Vergara (1527): "Hispania vestra quum semper et regionis amoenitate fertilitateque semper ingeniorum eminentium ubere proventu, semper bellica laude floruerit, quid desiderari poterat ad summam felicitatem ut nisi studiorum et eruditionis adiungeret ornamenta, quibus aspirante Deo paucis annis sic effloruit, ut caeteris regionibus quamlibet hoc decorum genere, praecellentibus vel invidiae queat esse vel exemplo".
M. Pelayo, Heterod., t. II, pág. 679: "Hubiéramos visto, en primer lugar, un pueblo de teólogos y de soldados que echó sobre sus hombros la titánica empresa de salvar con el razonamiento y con la espada la Europa latina de la nueva invasión de bárbaros septentrionales; y en nueva y portentosa cruzada, no por seguir á ciegas las insaciadas ambiciones de un conquistador, como las hordas de Ciro, de Alejandro y de Napoleón; no por inicua razón de Estado ni por el tanto más cuanto de pimienta, canela ó jengibre, como los héroes de nuestros días, sino por todo eso que llaman idealismos y visiones los positivistas, por el dogma de la libertad humana y de la responsabilidad moral, por su Dios y por su tradición, fué á sembrar huesos de caballeros y de mártires en las orillas del Albis, en las dunas de Flandes y en los escollos del mar de Inglaterra. ¡Sacrificio inútil, se dirá; empresa vana! Y no lo fué, con todo eso; porque si los cincuenta primeros años del siglo xvi son de conquistas para la Reforma, los otros cincuenta, gracias á España, lo son de retroceso; y ello es que el Mediodía se salvó de la inundación, y que el protestantismo no ha ganado desde entonces una pulgada de tierra, y hoy, en los mismos países donde nació, languidece y muere. Que nunca fué estéril el sacrificio por una causa santa, y bien sabían los antiguos Decios, al ofrecer su cabeza á los dioses infernales antes de entrar en batalla, que su sangre iba á ser semilla de victoria para su pueblo. Yo bien entiendo que estas cosas harán sonreir de lástima á los políticos y hacendistas, que, viéndonos pobres, abatidos y humillados á fines del siglo xvii, no encuentran palabras de bastante menosprecio para una nación que batalla contra media Europa conjurada, y esto, no por redondear su territorio ni por obtener una indemnización de guerra, sino por ideas de Teología..., la cosa más inútil del mundo. ¡Cuánto mejor nos hubiera estado tejer lienzo y dejar que Lutero entrara ó saliera donde bien le pareciese! Pero nuestros abuelos lo entendían de otro modo, y nunca se les ocurrió juzgar de las grandes empresas históricas por el éxito inmediato. Nunca, desde el tiempo de Judas Macabeo, hubo un pueblo que con tanta razón pudiera creerse el pueblo escogido para ser la espada y el brazo de Dios; y todo, hasta sus sueños de engrandecimiento y de monarquía universal, lo referían y subordinaban á este objeto supremo: Fiet unum ovile, et unus pastor. Lo cual hermosamente parafraseó Hernando de Acuña, el poeta favorito de Carlos V: "Ya se acerca, señor, ó ya es llegada | La edad dichosa en que promete el cielo | Una grey y un pastor sólo en el suelo, | Por suerte á nuestros tiempos reservada. | Ya tan alto principio en tal jornada | Nos muestra el fin de vuestro santo celo, | Y anuncia al mundo para más consuelo | Un monarca, un imperio y una espada". En aquel duelo terrible entre Cristo y Belial, España bajó sola á la arena; y si al fin cayó desangrada y vencida por el número, no por el valor de sus émulos, menester fué que éstos vinieran en tropel y en cuadrilla á repartirse los despojos de la amazona del Mediodía, que así y todo quedó rendida y extenuada, pero no muerta, para levantarse más heroica que nunca cuando la revolución atea llamó á sus puertas y ardieron las benditas llamas de Zaragoza".
M. Pelayo, Heterod., t. II, pág. 685: "España, que tales varones daba, fecundo plantel de santos y de sabios, de teólogos y de fundadores, figuró al frente de todas las naciones católicas en otro de los grandes esfuerzos contra la Reforma, en el Concilio de Trento, que fué tan español como ecuménico, si vale la frase. No hay ignorancia ni olvido que baste á oscurecer la gloria que en las tres épocas de aquella memorable Asamblea consiguieron los nuestros. Ellos instaron más que nadie por la primera convocatoria (1542), y trabajaron por allanar los obstáculos y las resistencias de Roma. Ellos, y principalmente el Cardenal de Jaén, se opusieron en las sesiones sexta y octava á toda idea de traslación ó suspensión. Tan fieles y adictos á la Santa Sede como independientes y austeros, sobre todo en las cuestiones de residencia y autoridad de los obispos, ni uno solo de nuestros prelados mostró tendencias cismáticas, ni siquiera el audaz y fogoso arzobispo de Granada, don Pedro Guerrero, atacado tan vivamente por algunos italianos. Ninguno confundió el verdadero espíritu de reforma con el falso y mentido de disidencia y revuelta. Inflexibles en cuestiones de disciplina y en clamar contra los abusos de la curia romana, jamás pusieron lengua en la autoridad del Pontífice ni trataron de renovar los funestos casos de Constanza y Basilea. Pedro de Soto opinaba á la vez que la autoridad de los obispos es inmediatamente de derecho divino; pero que el Papa es superior al Concilio, y en una misma carta defiende ambas proposiciones. Cuando la historia del Concilio de Trento se escriba por españoles, y no por extranjeros, aunque sean tan veraces y concienzudos como el cardenal Pallavicini, ¡cuán hermoso papel harán en ella los Guerreros, Cuestas, Blancos y Gorrioneros; el maravilloso teólogo don Martín Pérez de Ayala, obispo de Segorbe, que defendió invenciblemente contra los protestantes el valor de las tradiciones eclesiásticas; el rey de los canonistas españoles, Antonio Agustín, enmendador del Decreto de Graciano, corrector del texto de las Pandectas, filólogo clarísimo, editor de Festo y Varron, numismático, arqueólogo y hombre de amenísimo ingenio en todo; el obispo de Salamanca, don Pedro González de Mendoza, autor de unas curiosas memorias del Concilio; los tres egregios jesuítas Diego Láinez, Alfonso Salmerón y Francisco de Torres; Melchor Cano, el más culto y elegante de los escritores dominicos, autor de un nuevo método de enseñanza teológica, basado en el estudio de las fuentes de conocimiento; Cosme Hortolá, comentador perspicuo del Cantar de los Cantares; el profesor complutense Cardillo de Villalpando, filósofo y helenista, comentador y defensor de Aristóteles y hombre de viva y elocuente palabra; Pedro Fontidueñas, que casi le arrebató la palma de la oratoria, y tantos y tantos otros teólogos, consultores, obispos y abades como allí concurrieron, entre los cuales, para gloria nuestra, apenas había uno que no se alzase de la raya de la medianía, ya por su sabiduría teológica ó canónica, ya por la pureza y elegancia de su dicción latina, confesada, bien á despecho suyo, por los mismos italianos! Bien puede decirse que todo español era teólogo entonces. Y á tanto brillo de ciencia, y á tan noble austeridad de costumbres, juntábase una entereza de carácter, que resplandece hasta en nuestros embajadores Vargas y don Diego de Mendoza. ¿Cuándo ha sido España tan española y tan grande como entonces? Una serie de Concilios provinciales puso vigorosamente en práctica los Cánones del Tridentino, á pesar de la resistencia de los malavenidos con la Reforma. ¿Qué había de lograr el Protestantismo, cuando honraban nuestras mitras obispos al modo de fray Bartolomé de los Mártires, don Alonso Velázquez, don fray Lorenzo Suárez de Figueroa, fray Andrés Capilla, don Pedro Cerbuna, don Diego de Covarrubias, fray Guillermo Boil y el venerable Lanuza?".
M. Pelayo, Heterod., t. II, pág. 687: "Una sólida y severa instrucción dogmática nos preservaba del contagio del espíritu aventurero, y España podía llamarse con todo rigor un pueblo de teólogos. ¿Cuándo los hubo en tan gran número y tan ilustres? Desde el franciscano Luis de Carvajal y el dominico Francisco de Vitoria, que fueron los primeros en renovar el método y la forma, y exornar á las ciencias eclesiásticas con los despojos de las letras humanas, empresa que llevó á feliz término Melchor Cano, apenas hay memoria de hombre que baste á recordar otros, ni siquiera á los más preclaros, de aquella invicta legión. Pero por el enlace que con nuestro asunto tiene, no hemos de olvidar que fray Alonso de Castro recopiló en su grande obra De haeresibus cuantos argumentos se habían formulado hasta entonces contra todo linaje de errores, y disputó, con tanta sabiduría jurídica como teológica, de justa haereticorum punitione; que Domingo de Soto, cuyo nombre (gracias á Dios) suena todavía con elogio, gracias á su tratado de filosofía del derecho (De justitia et jure), trituró las doctrinas protestantes de la justificación en su obra De natura et gratia; que el cardenal Toledo impugnó más profundamente que ningún otro teólogo la interpretación que los luteranos dan á la Epístola á los romanos; que fray Pedro de Soto, autor de un excelente Catecismo, hizo increíbles esfuerzos con la pluma y con la enseñanza para volver al gremio de la Iglesia á los súbditos de la reina María; que el eximio Suárez redujo á polvo las doctrinas cesaristas del rey Jacobo y el torpe fundamento de la Iglesia anglicana, y que el obispo Caramuel, océano de erudición y de doctrina y verdadero milagro de la naturaleza, convirtió en Bohemia y Hungría tal número de herejes, que, á no verlo confirmado en documentos irrecusables, parecería increíble y fabuloso. Pero bien puede decirse que entre todos los libros compuestos aquí contra la Reforma no hay uno que, por la claridad del método y de la exposición, ni por la abrumadora copia de ciencia teológica y filosófica, ni por la argumentación sobria y potente, iguale á la del jesuíta Gregorio de Valencia, De rebus fidei hoc tempore controversis. ¿Quién lee hoy este libro, uno de los más extraordinarios que ha producido la ciencia española? ¿Quién el elegante y doctísimo tratado de don Martín Pérez de Ayala, De divinis traditionibus? ¿Quién las obras del padre Diego Ruiz de Montoya, fundador de la Teología positiva, y á quien siguieron y copiaron muchas veces Petavio y Tomasino? Pero digo mal: es en España donde no se leen, que fuera de aquí no hay teólogo que no se descubra con amor y veneración al oir los nombres de Molina y Bañez, de Medina, de Suárez y de Gabriel Vázquez. La sola historia de las controversias De auxiliis bastaría para mostrar la grandeza de la especulación teológica entre nosotros. No sólo nació en España la ciencia media y el congruísmo, sino también el sistema de la gracia eficaz, que llaman tomista por haberle defendido siempre los dominicos, pero que fué creación de Bañez en oposición á Molina".
4. Cuanto á la ciencia, el descubrimiento del Nuevo Mundo trajo á España mejoras que luego pasaron á Europa. Los físicos de hoy eran médicos entonces. ¿Qué hicieron los físicos españoles por la ciencia? Los dos textos de la historia de la ciencia que se han estudiado en Europa son los de Montucla y Saverien: el primero desconoce enteramente nuestra historia; el segundo no nombra á ninguno de nuestra patria en la historia de la navegación. Fuimos molestos á los europeos y creyeron científico correspondernos de esta manera. En ciencia de la navegación y astronomía, España hizo más que todo el resto de Europa; verdad es que aquí no hubo la astrología, brujería y hechicería que hubo en Tréveris, donde, en tres años, fueron procesadas 6.500 personas; en Flandes, donde, en un año, 800; en Ginebra, en tres meses, 500; en Francia, donde, según informe del Parlamento en tiempo de Francisco I, había 100.000 brujos, y el Inquisidor general se lamentaba de no tener tiempo ni bastar el Santo Oficio para quemarlos. Nicolás Remy se jactaba de haber hecho morir á 900. Los médicos creían en las enfermedades astrológicas é infernales, y escribían libros que jamás fueron imitados en España; y los Tribunales se negaban á juzgar á los astrólogos y brujos por no arriesgarse á su mal influjo, y les hacían entrar de espalda en la sala para evitar su mirada. De 1513 á 1819 hubo en las Inquisiciones de Toledo solamente 287 causas de hechicería, mientras que hubo 891 de judaizantes, 738 de blasfemia y 547 de palabras escandalosas.
Morejón, en el prólogo de la Historia Bibliográfica de la Medicina en España, dice que "somos más ricos que ninguna nación de Europa en ilustradores de Hipócrates, en monografías de pestes y tifus ptiquiales: que un español fué el primero que describió el croup; que otros fijaron el verdadero método de curar la lue sifilítica, introduciendo las preparaciones del oro y el método de prescribir el mercurio, el guayaco y otros remedios; que á los españoles se debe la introducción de la quina, de ese árbol de la vida, como le llama Torti; la del chocolate, el pensamiento de las cuarentenas, el establecimiento de los hospitales militares, el origen de la Medicina legal, las figuras anatómicas de seda del aragonés Tabar, la circulación de la sangre, la descomposición del agua, el uso de los eméticos y purgantes en las frenitis y hemotisis biliosas, muchos años antes que los aconsejara Stoll; las hospitalidades domiciliarias á mediados del siglo xvi, dos antes que en Francia é Inglaterra; la institución de la Medicina patológica en Zaragoza por los Reyes Católicos en el siglo xv, y en Valladolid y en Salamanca poco tiempo después; el sistema de la curación de los locos en Valencia y Zaragoza; la introducción en la Terapéutica de las aguas minerales artificiales por Gutiérrez de Toledo en el siglo xv, etcétera, etc. Pero cuanto á lo que la ciencia debe á España en el siglo xvi, ha tratado Felipe Picatoste, Apuntes para una Biblioteca científica española del siglo xvi. Madrid, 1891.
Resumen de algunos hechos notables de la ciencia española en el siglo xvi[1]: Acosta (José) y Fernández de Oviedo (Gonzalo), crean la Física moderna del globo sin tener imitadores, hasta que más de medio siglo después escribe Vanerio. Acosta descubrió mucho antes que Gasendo y Gilbert las líneas sin declinación. (1526-1589). Alava y Viamont (Diego de), aplica las Matemáticas á la Artillería y demuestra, por medio de la experiencia, los errores de Tartaglia respecto de los alcances de las piezas. (1590). Arfe y Villafañe (Juan), fija en la Junta de ensayadores (1585) los procedimientos científicos para el ensayo de los metales y de la moneda. Arias Montano, estudia detenidamente algunas plantas y se anticipa en sentar los principios y efectos de la presión atmosférica. (1594). Barba (Álvaro Alonso), sentó los principios de la Metalurgia y del beneficio de los metales con tal exactitud, que fueron adoptados en toda Europa. (1580). Barroso (Vicente), modifica las antiguas bombas de madera para la extracción del agua en los buques. (1545). Cano (Juan Sebastián del), primer navegante que dió la vuelta al mundo. Fué premiado con la cesión de la veintena real, con una pensión de 500 ducados de oro y uso de escudo con un emblema alegórico. (1522). Cedillo Díaz (Juan), corrigió los mapas y cartas de marear; inventó varios instrumentos matemáticos, entre ellos un nivel y el trinormo, y dió nuevas reglas para calcular la posición de los astros. (1590). Ciruelo (Pedro), escribió el primer curso completo de Matemáticas, dando la norma á sus sucesores, y reformó la teoría de la refracción astronómica. Refutó los errores supersticiosos de la Astrología. (1508). Collado (Luis), fué uno de los primeros escritores de Artillería, é impuso su obra y sus principios en Italia. (1586). Colón (don Fernando), fundó su magnífica Biblioteca en Sevilla. (1524). Corcuera (fray Rodrigo), inventa una brújula de variación. (1548). Córdoba (Alonso de), corrige las tablas astronómicas con tal acierto, que las usan los astrónomos italianos. (1508). Córdoba (don Fernando de), causó con su saber la admiración de Francia é Italia, hasta el punto de que la Universidad de París dudó si era el Antecristo ó si tenía parte con el demonio. (1480). Cortés (Martín), estudia el decrecimiento de los intervalos entre los paralelos mucho antes que Eduardo Wright y Gerardo Mercator. Presenta la teoría de la diversidad del polo magnético y el polo terrestre cuarenta años antes que Livio Sanuto. Escribe uno de los primeros tratados de Navegación, que se impuso en Inglaterra durante un siglo. (1551). Cosa (Juan de la), suscita, por sus conocimientos en Geografía y Marina, los celos de Colón, y traza su magnífico mapa, reproducido en Francia en nuestros días. (1500). Chacón (Pedro), informa y toma la parte principal y más activa en la corrección del Calendario, mandada por Gregorio XIII. (1570). Díaz (Manuel), escribió un tratado de Astronomía en chino, que ha sido el texto en este Imperio por espacio de dos siglos. (1596). Escrivá (Pedro Luis), fué el primer escritor de Fortificación moderna en Europa. (1540). Escrivano (Juan), fué el primero que trató de apreciar la fuerza elástica del vapor en relación con el volumen de agua, y anunció las grandes aplicaciones de este flúido. (1600). Esquivel (Pedro), aplicó la triangulación á la Geodesia, emprendiendo el trabajo geográfico más grande de todo el siglo xvi. (1566). Esteve (Pedro Jaime), determinó la clasificación y nomenclatura de más de 50 plantas del reino de Valencia. (1552). Falero (Francisco), escribió la segunda obra sobre el arte de navegar. (1535). Fernández de Enciso (Martín), fué el primero que redujo á reglas y preceptos el arte de la navegación y presentó un cuadro geográfico de América. (1519). Fernández Raxo (Francisco), crea en Zaragoza un Colegio para el estudio de las ciencias. (1578). Firrufino (Julio César), escribe el tratado más completo de Artillería de su siglo y hace observaciones nuevas é inventa procedimientos é instrumentos que perfeccionan esta ciencia. (1620). Fragoso (Juan), exploró botánicamente el reino de Sevilla, y clasificó y dió á conocer varias plantas. (1572). Francés (Miguel), después de ser un distinguido catedrático de la Universidad de París, fué consultado por la de Bolonia sobre ciertas dudas en la medida del tiempo, y las resolvió tan acertadamente, que esta Universidad le dió el nombre de Aristóteles español. (1558). Garay (Blasco de), hace varios inventos mecánicos, entre ellos el de las paletas para el movimiento de los buques y de las ruedas de los molinos. (1540). García de Céspedes (Andrés), inventa y construye gran número de instrumentos de Matemáticas y Astronomía, corrige las tablas de don Alfonso y de Copérnico, y reforma las cartas de marear y el mapa de América. Además hizo el Islario ó Atlas de las islas más completo en aquel siglo, y propuso á Felipe II la creación de un Observatorio astronómico en El Escorial. (1596). Guillén (Felipe), inventó en 1525 la brújula de variación y fué premiado con una pensión por el Rey de Portugal. Hernández (Francisco), exploró botánicamente el reino de Sevilla y estudió las producciones de Nueva España. (1570). Herrera (Juan de), inventó un nivel, un aparato de longitud y otro de latitud. Propuso al Rey la creación de la Academia de Matemáticas, institución nueva en Europa. (1530-1597). Isla (Lázaro de la), propuso al Rey la creación de una Escuela de Artillería, de que fué director; inventó los cartuchos de pergamino en vez de los de cotonía y un procedimiento para incendiar los buques. (1590). Labaña (Juan Bautista), trazó el magnífico mapa de Aragón, reproducido en las mejores colecciones de Europa. (1590). Laguna (Andrés), propone y consigue la creación del Jardín Botánico de Aranjuez, anterior á los de París y Montpeller; expone el modo de propagación de los helechos, y explica los sexos y la fecundación de las plantas fanerógamas. Además perfeccionó la Botánica, estudiando y describiendo gran número de plantas, y combatió muchas supersticiones. (1499-1560). López (Eduardo), escribe su viaje á África hasta las fuentes del Nilo. Los viajeros de nuestros días confirman todas sus observaciones. (1578). López de Velasco (Juan), redacta las instrucciones para la observación de los eclipses de sol y de luna de 1577, 1578 y 1584, dando á estas observaciones una importancia y una extensión que no volvieron á tener hasta últimos del siglo XVIII. Martín Población (Juan), escribió su obra sobre el astrolabio, que se adoptó como única en Francia. (1547). Medina (Pedro), escribió su tratado de Navegación, que se impuso durante todo el siglo en Francia é Inglaterra. (1545). Micó (Francisco), exploró botánicamente Cataluña, Castilla y Extremadura, y descubrió más de 30 plantas, mereciendo los elogios de Dalechamp y que Linneo dedicara á su memoria un género de plantas. (1560). Molina Cano (Juan Alfonso de), presentó nuevas relaciones geométricas para la resolución de los problemas. (1598). Monardes (Nicolás), crea un Museo de ciencias naturales de los más antiguos de Europa; estudia y da á conocer las producciones botánicas de América, y combate muchas preocupaciones de Medicina. Sus obras fueron traducidas en todas las naciones. (1493-1578). Muñoz (Jerónimo), hace la nivelación de los ríos Castril y Guadahardal con gran exactitud; observa la nueva estrella Casiopea, deduciendo la imposibilidad del sistema aristotélico; sus observaciones son admitidas por los astrónomos franceses y por Tico-Brahe. Inventa el planisferio paralelográmico, y demuestra los errores de Tartaglia en el cálculo de las trayectorias. (1566). Nebrija (Antonio), rectifica las medidas longitudinales romanas y mide un grado de meridiano. Indica la conveniencia de un sistema de pesas y medidas en que se relacione el volumen y el peso, reforma introducida por el sistema métrico. (1500). Núñez (Pedro), inventó el instrumento llamado nonius, que usan todos los aparatos de precisión de nuestro siglo; corrigió á Oroncio Fineo en muchos teoremas geométricos y en la demostración de las retrogradaciones; descubrió nuevas propiedades de las loxodromías, y resolvió el problema del menor crepúsculo, que se ocultó al gran Bernouilli, casi dos siglos después. (1537). Osorio (Antonio), inventa unas armaduras magnéticas para acrecentar el poder del imán. Oviedo (Juan de), hizo la nivelación de los ríos Guadalquivir y Guadalete y los planos para su comunicación. (1595). Pereira (Benito), rechazó toda imposición que no fuera de la observación y el propio juicio en materia de ciencias. Trató de unir la Física y las Matemáticas, y refutó los errores astrológicos. Sus obras fueron reproducidas en toda Europa. (1576). Pérez de Oliva (Fernando), idea por primera vez la aplicación del magnetismo á la comunicación de personas ausentes. (1497-1533). Piña (Vasco de), corrigió las tablas de Copérnico, aplicándolas al cálculo de las declinaciones del sol, referidas al meridiano de la isla Dominicana, y construyó las tablas desde 1583 á 1880. Poza (Andrés de), propuso varios medios para calcular la longitud, principalmente por medio de las distancias de la luna á las estrellas zodiacales. Río Riaño (Andrés de), inventó un instrumento para conocer la variación de la aguja y determinar la longitud. Conoció los errores de refracción y otras causas en el orto y ocaso de los astros. Rivero (Diego), inventa la bomba de metal para extraer el agua de los buques. Fué premiado con 60.000 maravedís y una pensión vitalicia. Rogete, construye los primeros y mejores telescopios de que hay noticia en la historia de la ciencia. Rojas Sarmiento (Juan), inventó un astrolabio fundado en una nueva proyección de la esfera; astrolabio que sustituyó al de Tolomeo en Francia é Italia. San Martín (Andrés de), demostró los errores de las tablas astronómicas, fundado en que no se correspondían con los movimientos celestes. Santa Cruz (Alonso de), construye las cartas esféricas; inventa los primeros instrumentos para determinar la longitud geográfica, y traza la carta de las variaciones magnéticas, precediendo á Halley en siglo y medio. Sarmiento de Gamboa (Pedro), inventó y construyó un instrumento para hallar la longitud por medio del plenilunio y del orto del sol. Sarzosa (Francisco), corrigió las tablas de los movimientos celestes. Su obra fué aceptada en Francia é Italia y usada por Tico-Brahe. Sepúlveda (Juan Ginés de), propuso, con Pedro Chacón, la reforma del Calendario. Tobar (Simón), redactó anualmente los catálogos de plantas como se hace hoy en los más célebres jardines botánicos; descubrió varias plantas, y corrigió la construcción de instrumentos matemáticos. Urdaneta (Andrés de), fué el primero que estudió los ciclones. Zamorano (Rodrigo), introdujo en las tablas astronómicas las correcciones que exigía la reforma del Calendario; creó un Museo de ciencias naturales y un Jardín Botánico. Zúñiga (Diego de), explicó y defendió el sistema de Copérnico treinta y un años antes que el padre Foscarini, á quien se atribuye esta gloria.
Celebración de las Juntas de Yelves y Badajoz para determinar los límites astronómicos de las conquistas y descubrimientos españoles y portugueses. Estas Juntas tuvieron, según demuestra Humboldt, una gran influencia en los progresos de la Astronomía. Creación de las cátedras libres en la Universidad de Salamanca, disponiéndose que no se exigiesen títulos para explicar las de Matemáticas, y que su número pudiese ser ilimitado mientras hubiese personas notables para ello. Creación en la misma Universidad de la cátedra de Luz y Magnetismo, primera de este género. Elección de la Cruz del Sur para sustituir á la estrella polar en el hemisferio austral, hecha por los marinos españoles y confirmada por el progreso de la Astronomía. Los Reyes Católicos crean la Casa de Contratación de Sevilla, verdadera Universidad científica y Cuerpo consultivo, único en Europa. (V. Chaves, Alonso). Proposición del gran premio para el cálculo de la longitud, que consistía en 6.000 ducados de renta perpetua y 2.000 de renta vitalicia. Hicieron oposición á este premio astrónomos de toda Europa. Fué el primero de su género. Holanda, Francia é Inglaterra le imitaron uno y dos siglos después.
5. Recordemos con Bonilla los más insignes erasmistas españoles. "El famoso secretario del Emperador, Alonso Valdés (¿1490-1532), á quien el humanista valentino Pedro Juan Oliver llamaba erasmicior Erasmo; su hermano el reformista Juan de Valdés (¿1501-1541), autor probable del Diálogo de la lengua y del Diálogo de Mercurio y Carón; Juan Francisco de Vergara (1492-1557) y sus hermanos Bernardino Tovar y Francisco de Vergara; Luis Núñez Coronel, secretario del arzobispo de Sevilla don Alonso Manrique de Lara; el benedictino fray Alonso de Virués y su hermano Jerónimo; el insigne arzobispo de Toledo, don Juan Alonso de Fonseca; el de Sevilla, don Alonso Manrique de Lara; los Arzobispos de Santiago y de Bari; el obispo Cabrero; el valenciano Pedro Juan Oliver, comentarista de Pomponio Mela; el catalán Vicente Navarra; Sancho Carranza de Miranda, adversario primero, ferviente admirador después, de Erasmo; su hermano Bartolomé Carranza de Miranda, arzobispo de Toledo; Juan Maldonado, vicario general que fué del Arzobispado de Burgos y elegantísimo latino; Juan Luis Vives (1492-1540); Alonso Fernández de Madrid, arcediano de Alcor (1474-1559); los hermanos Pedro y Cristóbal Mejía; el abad Pedro de Lerma y su sobrino el cancelario de la Complutense Luis de la Cadena; Francisco de Vitoria; Diego Gracián de Alderete; Fernando Alonso de Herrera, el autor del raro libro Breve disputa de ocho levadas contra Aristótil y sus secuaces (1517); Cristóbal de Villalón; el secretario Juan Pérez; el maestro Álvar Gómez de Castro (1515-1580), á quien no debe confundirse con el caballero Álvar Gómez de Ciudad Real (1488-1538); el humanista y pedagogo sevillano Alonso García Matamoros; Lope Alonso de Herrera, hijo del mencionado Fernando; los reformistas Juan Ponce de León, Julián Hernández, el maestro Blanco (García Arias), el doctor Juan Egidio y Francisco de Encinas; Luis Mejía, Bernardo Pérez, Juan Justiniano, Juan Martín Cordero, Juan de Jarava, Francisco Thamara, Fernando Ruiz de Villegas, Lorenzo Palmireno, Francisco Sánchez de las Brozas y otros de menos renombre, como Bartolomé Ferrer, Santiago de Cadenas, Alfonso Henríquez, Morillón, etc., etc., así eclesiásticos como seglares. Influyó el erasmismo hasta en la esfera literaria, porque se transparenta en los escritos de Gil Vicente, de Bartolomé de Torres Naharro y de Cristóbal de Castillejo. Puede decirse que, en la primera mitad del siglo xvi, no había en España una persona culta, desde el Emperador hasta el último vasallo; que apenas existía un humanista de gusto, desde el Primado hasta el último y más oscuro teólogo, que no participase, en grado más ó menos perceptible, del fervor erasmista".
6. Todas las grandezas españolas del siglo xvi debiéronse á la raza, por aquel entonces sana, entera y como llegada á su cabal madurez y bien encauzada en la reventazón juvenil de sus ardimientos y bríos por reyes tan notables como Fernando, Isabel y Carlos V. La raza aquélla daba de sí capitanes y maestros de capitanes, teólogos y maestros de teólogos, conquistadores y estadistas, prosistas y poetas, santos y fundadores religiosos. Lo que de sí no dió la raza, sino que le vino de fuera, es la dinastía que subió al trono de la recién unida España, y la política que los reyes de esa dinastía abrazaron, lo cual es mucho de considerar, si queremos entender las raíces que desde los mismos Reyes Católicos echó en la nación el mal, que, creciendo poco á poco, la fué carcomiendo y socavando, haciéndola ya amenazar ruinas y estragos á la muerte de Felipe II, y derrumbándola del todo con fragoroso estruendo á la muerte de Carlos II. Dos causas principales en el orden político hallo yo de la decadencia de España. La sustitución del absolutismo real á la monarquía templada por verdaderas Cortes, cual hasta los Reyes Católicos rigió en Castilla y Aragón, y el desplazamiento, que por la unión de estos dos reinos, y no con el de Portugal, y mucho más después, por la ambición de Carlos V por triunfar en Europa, llevó al destino político español, inclinándole hacia Italia y Europa, en lugar de hacerle caer hacia el Atlántico y América.
Los Reyes Católicos aprovecharon el soplo imperialista de absolutismo que el Renacimiento traía consigo como venido de la Roma imperial y de la imperial Bizancio, no de la democrática Grecia, para aplastar á los nobles, que andaban divididos. El absolutismo arranca, pues, de los Reyes Católicos; pero sin Renacimiento, sin aquel soplo histórico que en cada era trae sus ideas y las siembra en todas partes, aquel absolutismo, por ser español de raza, se hubiera mitigado, no se hubiera hecho agudo, según es de democrática é independiente la raza hispana. Vino, sin embargo, la casa de Borgoña, francesa por naturaleza y origen, y el absolutismo francés señoreó hasta hoy la política española. Los vocablos palaciegos que trajeron lo dicen bien claro: son vocablos absolutistas, centralistas. Con Felipe I el Hermoso, sólo de la casa de Austria por su padre el archiduque de Austria y emperador de Alemania, Maximiliano I, á quien casi no conoció, y de hecho de la casa francesa de Borgoña, nacido en los Estados de su madre, heredero de ellos siendo niño y que hablaba francés y franceses eran los oficios de su casa, vino su Guardia de Corps, ó Guardia borgoñona, sus gentileshombres ó camareros, vino la Orden suprema del Toisón, que los nuestros dijeron después Tusón; vinieron el bureo, el chapeo y el manteo; vinieron el meson, el acroy, el cadete y el contralor; vinieron el grefier, el fruitier, el busier, el potagier, el furrier, el guarda-mangier, el costiller, el sumiller de Corps. Para ser de la Guardia borgoñona era menester hablar walón y ser borgoñón; en francés se escribían, y aún se escriben, los nombramientos oficiales de Caballeros del Toisón, que sustituyen á los de Santiago del Espada. La cruz de Borgoña ó aspas de San Andrés irán en lugar de los castillos y barras en las banderas españolas por mar y tierra. Su hijo Carlos sólo querrá llamarse Carlos V, no Carlos I; ambicionará el Imperio de Alemania, y aunque las Comunidades le pidan no se ausente de Castilla, él se irá adonde le llama su ambición, y ahogará en un cadalso la independencia española. Todo el imperialismo romano se le mete en el cuerpo al Rey de Romanos, que no conoce otra ley que su capricho, conforme al Derecho romano ó imperial. Las Cortes tienen que callarse y someterse por primera vez á la servidumbre, siendo expulsados de ellas, contra la antigua constitución nacional, los grandes y prelados que griten contra los saqueos de Chievres y los demás llamados flamencos, cuando, al salirle á saludar Cisneros, no sólo no le recibe, sino que por toda muestra de agradecimiento le envía por otro la desvergonzada palabra de que se retire á su diócesis: con él se va la España independiente. Cisneros muere al oir tamaña palabra, y con él muere la España que fué. Si el rey don Fernando el Católico hubiera seguido siendo único rey de España, en vez de suceder á sus padres doña Juana, según la infausta voluntad de la Reina Católica, expresada en su célebre testamento, la historia moderna hubiera sido otra de lo que ha sido. "No faltaron personas señaladas, dice Mariana, que, no embargante esta disposición de la Reina, aconsejaban al Rey se tuviese por legítimo sucesor de aquellos reinos, pues descendía por línea de varones de la Casa Real de Castilla; que éste era el camino más derecho y más firme, que la vía de la administración; que los pueblos le amaban mucho... El Rey, sin embargo, en este punto estuvo tan sobre sí, con estar ofendido de su yerno en muchas maneras y la Princesa tan impedida y tener el camino muy llano para apoderarse de todo, el mismo día que falleció la Reina salió á la tarde, y en un cadahalso que se armó en la plaza de aquella villa, mandó alzar los pendones reales por doña Juana, su hija, como Reina propietaria de Castilla, y por el rey don Felipe como su marido". Esta condescendencia de la reina Isabel con el amor filial y esta magnanimidad de Fernando, trajeron al trono de España á la casa de Austria, con todas sus consecuencias de guerras y política en Europa, que si pusieron en manos de España la hegemonía del continente y del mundo, le acarrearon á la postre la más espantosa ruina y el descrédito y leyenda negra por la que todavía sigue menospreciada y acoceada de las demás naciones, á causa de haber seguido al emperador Carlos V en su política de reducir á sus rebeldes súbditos alemanes y levantar bandera en pro del Catolicismo y contra la Reforma. Á ser Fernando sucesor de Isabel en Castilla, los reyes españoles, en vez de gastar las fuerzas nacionales baldía y desdichadamente en Europa, hubiéranlas dirigido hacia África y América, robusteciéndose el solar español, en vez de desangrarse la nación por ajenos intereses. Sacrificio de la raza hispana en el altar de la cristiana civilización fué éste al que la llevaron los Austrias, jamás reconocido por la Europa, que deseaba romper con la Iglesia. Alemania, los Países Bajos, Inglaterra, Francia, todas las naciones tocadas del Protestantismo, juraron acabar con ella. La destrucción de la armada invencible por las borrascas del mar del Norte zanjó el poderío de Inglaterra y apresuró la independencia de Flandes. La política anticatólica de Richelieu y Mazarino, las alianzas de Francia con el turco y protestantes acabaron con el poderío militar de la casa de Austria. El maquiavelismo ó política pagana, que revivió en Italia con el Renacimiento, puesto en práctica por las naciones enemigas de España, triunfó al cabo en Westfalia, hundiendo para siempre, juntamente con la hegemonía española, la política cristiana tradicional. Vencida así la nación que defendía el Catolicismo y la política cristiana, Europa volvió de lleno al paganismo; la política pagana, de la fuerza bruta, del imperialismo, del interés material, gobernó la historia moderna y sigue gobernando la historia contemporánea, dando como naturales frutos el imperio napoleónico y el imperio germánico, con su desapoderado militarismo, que se extiende á las demás naciones y revienta al cabo en la horrible guerra europea de nuestros días. Caída nuestra nación, pudo ya preguntar con desprecio M. Masson lo que suelen repetir nuestros famosos europeizantes: "¿Qué se debe á España? Y en diez, en veinte siglos, ¿qué ha hecho por la civilización europea?" La supina ignorancia que supone en el autor francés semejante pregunta sube de punto cuando la oímos de labios de españoles, no de varones maduros, que tienen bien tanteado el valer real de nuestra raza, que conocen lo que España fué, que tienen bien asentado juicio sobre la vida, la religión, la política, sino de ciertos mozos que con el tiempo acaso ganen á dichos varones, pero que todavía no han tenido espacio bastante sino para pasear de sobrepeine ojos y pensamiento sobre las cosas y hojear algunas revistas y libros de los que hoy andan de moda, que son los extranjeros, pues para apechugar con viejos librotes españoles forrados de pergamino habrían de descalzarse los guantes, retraídos á la soledad, y son todavía de los que no saben vivir á solas y no salen de los salones, tertulias y Ateneos. Son los mismos mozos que repiten no hubo Renacimiento en España, y á poco que les apuréis, os lo dirán más claro: porque en España no entró la Reforma. Como si hubiera entrado la Reforma en la Italia del Renacimiento y como si, fuera de Melanchton, se diera entre los reformadores algún verdadero discípulo del Renacimiento. Son los mismos que pretenden dar vida á España con lo que llaman europeización, esto es, desespañolizándola, porque, para ellos, todo lo español es y ha sido siempre pésimo, y hay que hacer una España que no sea española. El que serenamente lea la historia y desapasionadamente dé su fallo, hallará, por el contrario, que las causas de nuestra decadencia son precisamente europeas y nada españolas, y que españolas y nada europeas fueron las causas que á nuestra nación le dieron el poderío y valer, que Masson y dichos mozos desconocen tuviera jamás, pero que eternamente reconocerá la civilización y la historia. El absolutismo y el haber terciado en la lucha de la Reforma cosas son que vinieron de fuera. España se había sabido gobernar de otra manera harto más democrática, conforme á su temperamento independiente. El absolutismo romano cuajó en la raza germánica, desde los francos de Carlomagno hasta los franceses de Luis XIV, desde el germánico feudalismo hasta el germánico militarismo de hoy. No hubo jamás pueblo más enemigo de lo feudal que el español, ni pueblo más rebañiego que el germánico, alma de la moderna Europa; advirtiendo que Francia, cuna de todo absolutismo, es un pueblo germano y nada mediterráneo. España, con todos los aceros de su madura virilidad, sacrificó en el siglo xvi su espíritu independiente á la noble idea, á la que el europeo Carlos V la arrastró, de defender en Europa la justicia y salir por los fueros del derecho, sofocar las rebeldías germánicas y restaurar la pureza de costumbres, manchadas por el paganismo italiano. Aplastó además el poder de moros y turcos, que, cual nuevos bárbaros, amagaban arrasar la civilización europea, y llevó la civilización á inmensas comarcas, levantando ciudades, abriendo Universidades y no haciendo desaparecer á los indígenas, como después lo hicieron los ingleses dondequiera que llevaron sus almacenes de comercio y Compañías explotadoras á título de colonizar y civilizar pueblos salvajes. Agotada España en tan gloriosas empresas, vencida por la Europa rebelde y pagana, hablará ésta en son de befa, por boca de M. Masson y de los europeizantes españoles, preguntando qué debe la civilización á España y echándonos en cara la leyenda que ellos forjaron como adversarios y de cuyos feos hechos fueron ellos cabalmente los que en América y Europa fueron actores.
7. La lírica y la prosa llegan á su perfección en la época de Carlos V merced á la maravillosa fusión de lo popular y nacional con lo erudito y humanístico greco-romano. Verdad es que luchan y andan separadas las dos escuelas líricas, la nacional y la italiana; pero en entrambas el lirismo llega á colmo y á menudo sin querer se compenetran. Sobresalen en la italiana Boscán, Garcilaso, Hurtado de Mendoza, Cetina y Francisco de Figueroa, que no han de ser sobrepujados en adelante. En la escuela nacional brillan, armonizado lo popular con lo clásico, Castillejo, Gregorio Silvestre, Sebastián Horozco. Más tarde llegarán fray Luis de León y Herrera, con la más perfecta armonía de entrambas escuelas. La dramática perfecciónase en sus tres direcciones de la época anterior, la de la Celestina, la de Juan del Enzina ó autos religiosos y la de Torres Naharro ó farsas profanas, sobresaliendo Carvajal, Lope de Rueda, Juan de Timoneda y Villegas Selvago. Los prosistas son legión, brillando entre otros Oviedo, los dos Valdés, Guevara, Delicado, el B. Ávila, el B. Orozco, Laguna, Villalón, Venegas, Granada, Mejía, Montemayor, Azpilcueta, Enzinas, Ocampo, Morales, A. Torquemada, Seb. Horozco, A. Villegas, Las Casas, Gómara, Estella y el autor del Lazarillo, si no lo es Horozco. La mayor parte escribieron en son de reforma y mejora de las costumbres, fueron espíritus críticos y varios de ellos satíricos. El fruto principal del erasmismo en los autores de la época del Emperador fué, efectivamente, aquel espíritu crítico y satírico que la lectura de Erasmo infundió en ellos. ¿De dónde lo sacó Erasmo? Sin duda de Luciano de Samosata. Aquellas galerías satíricas en las que van pasando todo linaje de personas vivas y difuntas y hasta los dioses, con todas sus necedades, verdadera comedia humana y divina de los tiempos del paganismo, vuelven á reproducirse en el Diálogo de Mercurio y Carón, de Juan de Valdés; en el Crotalón, de Cristóbal de Villalón, y en el Lazarillo de Tormes, desenvolviéndose dramáticamente la comedia de la sociedad del siglo xvi, con la misma variedad, ingenio y gracia, con la misma fuerza dramática que en los diálogos y tratados del gran satírico griego. Fué ésta la corriente más puramente helénica que llegó á España, y debióse, sin género de duda, á Erasmo, de quien la tomaron nuestros erasmistas. No había de agotarse su vena, y en ella bebió después Cervantes, cuyo Coloquio de los perros es enteramente lucianesco y tiene claros recuerdos del Mercurio y Carón y del Crotalón; no menos se la apropió Quevedo, cuyos Sueños son un Luciano revivido, y cuyo espíritu es el de un español Luciano. Los que niegan el Renacimiento en España podrán decir si sin ese espíritu lucianesco y erasmiano hubieran podido escribirse tales obras, de las mejores de nuestro siglo de oro.
8. M. Pelayo, idólatra del clasicismo, da á entender que la lírica italiana triunfó fácilmente en España de la lírica nacional. Cierto que sepultó los metros antiguos de origen extraño; pero de los castizos, ni fácil ni difícilmente llegó á triunfar. Lomas Cantoral, Figueroa y Espinel siguieron los pasos de Boscán y Garcilaso; pero sin abandonar los metros castellanos, los verdaderamente castizos, que los autores de la época de los Reyes Católicos sacaron del pueblo en villancicos, cantares y coplas. Y lo que más es: estos tres autores son mejores líricos sin comparación, cuando versifican en metros castellanos que cuando siguen la moda italiana. Que, fuera de esto, fuesen autores que casi caminaban solos por el nuevo sendero, pruébase, no sólo por los que conocemos que seguían el camino trillado, sino por el hecho notable de que, á pesar de declararse Montemayor, en su Diana, imitador de Sannazaro, "tanto entre las poesías que intercaló en aquella pastoral, en prosa, como en un tomo de rimas que más tarde dió á luz, se encuentran á menudo, como observa Ticknor, composiciones castellanas, y de lo mejor que salió de la pluma, pertenecientes á la escuela nacional. Las mismas observaciones pueden hacerse respecto á los otros autores de aquella época. Luis Barahona de Soto tampoco era partidario exclusivo de la escuela italiana, aunque en su obra principal de Las lágrimas de Angélica imitó decididamente al Ariosto. Y Rufo, que procuró seguir las huellas del Petrarca, tenía, sin embargo, un ingenio eminentemente castellano, que lo arrastró, á pesar suyo, por el camino de los antiguos escritores de su patria. Mayor es aún el número de poetas líricos contemporáneos, como Damián de Vegas y Pedro de Padilla, que son enteramente nacionales en su estilo y entonación; pero lo mejor de esta clase es El Cancionero, de López Maldonado, poeta que, unas veces con gracia y donaire, y otras con ternura y melancolía, fué siempre intérprete fiel de los sentimientos é instintos populares". Llega el teatro con Lope, ingenio castizamente español, y la lírica nacional toma mayores vuelos en las tablas que la italiana. El gusto por los romances entre los mayores ingenios llega á colmo. Y Góngora, en su primera época; Lope, después Quevedo, hacen letrillas, romances, quintillas, villancicos, etc., que vencen, no ya en valor estético, á las composiciones italianas, que esto es más claro que la luz, sino hasta por su muchedumbre. Olvídanse Boscán y Garcilaso; tiénense como cosa vieja, y señorea de nuevo la moda de los versos castellanos y más allegados á los populares que nunca. ¿Dónde está el triunfo de la lírica italiana? Los metros italianos entraron á enriquecer el caudal nacional; pero éste, con su tonalidad propia, quedó dueño del campo. Siempre se harán sonetos y tercetos; pero las coplas castellanas, las quintillas y el romance flotarán para siempre en la lírica castellana.
La verdadera épica castellana está en los romances, que comenzaron á publicarse en pliegos sueltos á principios del siglo xvi, y después en colecciones ó Romanceros. Así pudieron salvarse por la imprenta algunos pocos de los más antiguos, llamados romances viejos, aunque no lo sean más que el siglo xv. La verdadera lírica castellana está igualmente en las coplas y cantares, que también comenzaron á imprimirse en el siglo xvi, aunque no se hayan hecho sobre ellos los estudios que se han hecho sobre el Romancero. Esta poesía lírica popular hállase desparramada por los libros de aquel siglo, esperando que algún crítico la junte en libro aparte. Dos colecciones principales se conocen: el Cancionero de Upsala, Venecia, 1556, y el Cancionero musical de los siglos xv y xvi, hallado en la Biblioteca Real y publicado por Francisco Asenjo Barbieri, Madrid, 1890, llamado por lo mismo Cancionero de Barbieri. Añádase la Colección de poesías de un Cancionero inédito del siglo xv, existente en la Biblioteca de S. M. el Rey, Madrid, 1881, por Alfonso Pérez Nieva. Pero, fuera de estas colecciones, hállanse los cantares populares desparramados en los demás Cancioneros conocidos, á veces como tema de inspiración entre los versos de nuestros poetas de los siglos xv, xvi y xvii, á menudo glosados por ellos, algunas veces recordados en las comedias y aun en los romances de aquel tiempo, otras apuntados tan solamente, como en el tratado de música de Salinas, donde hay bastantes coplas sueltas para confirmar la doctrina que expone y en otros libros de música y canto. Había que juntar todas estas riquísimas perlas en un solo libro, anotando la procedencia. Cuando esto se haga se verá cuánta razón tenían los poetas de la escuela poética nacional para preferirla á la recientemente venida de Italia. El valor estético de esta lírica popular es tan grande como el de la épica popular del Romancero. Basta abrir por cualquier parte los Cancioneros de Barbieri y de Upsala. Los mayores esfuerzos de los poetas eruditos, aunque se llamen Góngora y Lope, no alcanzan á la naturalidad virginal, á la sinceridad de sentimiento, al candor de expresión de estas coplas populares. En el mismo Cancionero d'Herberay, sieur des Essarts, de mediado el siglo xvi (Gallardo, I, 451), hállanse trozos populares como éstos: "Soy garridilla é pierdo sazón | por malmaridada, | tengo marido en mi coraçón, | que á mí agrada". "Si desta scapo, sabré contar, | non partiré dell aldea | mientras viere nevar. | Una moçuela de vil semeiar | fizome adaman de comigo folgar, | non partiré dellaldea | mientras viere nevar". "Que non es valedero | el falso del amor, | que non es valedero, non". "La ninya gritillos dar, | no es de maravillar". De la misma manera hállanse á manta por doquier coplas populares. "En el campo la galana, | ¡juri á mí! | en el campo la vi". Conocidas son las Coplas de Antón Vaquerizo de Morana, las de Tan buen ganadico | y más en tal valle | placer es guardalle. Villancicos los hay á porrillo, como "No te tardes, que me muero, | carcelero, | no te tardes, que me muero". "Si no te dueles, señora, de mí, que muero por ti, | ¿quién se dolerá de mí?" "Pásesme, por Dios, barquero, | de aquesa parte del río, | duélete del dolor mío". "Romerico, tú que vienes | donde mi señora está, | las nuevas della me da". Y un sinfín de letrillas glosadas ó por glosar, como: "Taño en vos, pandero mío, | taño en vos y pienso en al". "Tus cabellos, niña, | mi cadena son, | cárcel son tus ojos | y el alcaide amor". "Aunque más os quiera | mis males contar, | no me dan lugar". "Duélenme los ojos | de mirar bajo; | si los alzo y miro, | dicen que mato". "Para mí son las penas, madre; | para mí, que no para nadie". "La que me robó mi fe, | sin tocarme en el vestido, | la morena morenica ha sido, | la morena morenica fué". "Los ojos por quien suspiro, | que han de remediarme espero; | aunque si los miro muero | y muero si no los miro". "Venturas y dichas son, | que los unos las saben y los otros no". "En el monte la pastora | me dejó: | ¿dónde iré sin ella yo?" "Arrojóme las naranjicas | con las ramas de blanco azahar; | arrojómelas y arrojéselas, | y volviómelas á arrojar". "Aquel caballero, madre, | tres besicos le mandé, | cresceré y dárselos he". "Yo me levantara, madre, | mañanica de San Juan". "Miraba la malcasada | que miraba la mar cómo es ancha y larga". "Guárdame las vacas, | Carillo, y besarte he; | si no, bésame tú á mí, | que yo te las guardaré". "Son tan lindos mis cabellos, | que á cien mil mato con ellos". "Libres alcé yo mis ojos, | señora, cuando os miré; | libres alcé yo mis ojos | y captivos los bajé". "Donde sobra el merecer, | aunque se pierda la vida, | bien perdida, no es perdida". "Besábale y enamorábale | la donzella al villanchón, | besábale y enamorábale, | y él metido en un rincón". "Pídeme, Carillo, | que á ti darte me han, | que en casa del mi padre | malaborrecido me han". "¡Ah!, galana del rebozo, | ¿no diréis | á cómo vendéis la onza | del chispirrichape | que tenéis?" "Criéme en aldea, | híceme morena, | si en villa me criara, | más bonica fuera". "No puedo apartarme | de los amores, madre, | no puedo apartarme". "Esta cinta es de amor toda, | quien me la dió | ¿para qué me la toma?" "En aquella peña, en aquélla, | que no caben en ella". "Abúrrete, zagal, | pues la zagaleja es tal". "Si queréis comprar romero, | de lo granado y polido, | qu' aun agora lo he cogido". "Madrugáballo el aldeana, | ¡cómo lo madrugaba!" "Lo que demanda | el romero, madre, | lo que demanda | no se lo dan". "Di, pastor, ¿quiéreste casar? | Más querría pan, más querría pan". "Ve do vas, mi pensamiento, | invidia tengo de ti, | pues verás el bien que vi, | sin sentir el mal que siento". "De piedra podrán decir | que son nuestros corazones: | el mío en sufrir pasiones | y el vuestro en no las sentir". "Vencedores son tus ojos, | mis amores, | tus ojos son vencedores". "Madre, lo que no queréis | vos á mí no me lo deis". "Ninguno cierre las puertas, | si amor viniere á llamar, | que no le ha de aprovechar". "Dime, Juan, por tu salud, | pues te picas de amorío, | si es mal de amor el mío". Basten estas muestras, dejando al lector saboree las dos colecciones dichas, que no he abierto para recordar estos ejemplos. Por ellas echará de ver cómo la huera bambolla, la fría sequedad, el postín declamatorio, que algunos creen ser cualidades de la lírica castellana, no lo son de la verdadera, que es la popular, sino de la imitada y extraña de los poetas renacentistas. El que no sienta en lo hondo de sus entrañas esta lírica popular, que no suelen mencionar los literatos, no sabe realmente lo que es lírica, no sabe más que pedantear con fríos sonetos.
Respecto de la lírica popular española ha escrito Ticknor (t. III, pág. 233): "Tal vez la dificultad misma de satisfacer el gusto popular en aquello que se miraba con tanto respeto y veneración fué causa de que la poesía llamada "á lo divino", sin adherirse estrictamente á las formas antiguas, se apegase más á ellas y ofreciese cierta semejanza con las más naturales y primitivas inspiraciones del antiguo ingenio nacional. Generalmente es pintoresca, como en las canciones ya citadas de Ocaña á la llegada de la Virgen á Belén y huída á Egipto; á veces hasta ruda y grosera, recordando los villancicos que los pastores cantaban en los antiguos autos de Navidad; pero siempre, hasta cuando pasa á ser mística y se contamina con el mal gusto, respira el verdadero espíritu de la fe católica, impreso en este ramo de la lírica española con más fuerza que en ningún otro de los cultivados posteriormente. Ni está marcada con menos vigor la parte profana, si bien con atributos del todo diferentes; en los géneros populares, sobre todo, tiene frescura, sencillez y aun á veces cierta rusticidad. Algunas de las "canciones" cortas, que tanto abundan en ella, y no pocas "chanzonetas", al paso que comienzan de una manera tierna y sentida, acaban con una chanza ó rasgo epigramático. Los "villancicos", "letras" y "letrillas" conservan con toda fidelidad el sello del carácter nacional y retratan con escrupulosa exactitud los sentimientos é ideas populares. Comúnmente tratan un suceso común y vulgar, ó bien ponen en escena un pensamiento trivial; ya es una muchacha inocente y candorosa, revelando á su madre la pasión que siente en su pecho, y que el pudor, por otra parte, la obliga á ocultar; ya una mujer de más años y experiencia pidiendo el remedio de un amor que no puede dominar; ya una doncella feliz y afortunada, que se goza en su cariño, mirándole como la luz y gloria de su existencia. Muchos de estos juguetes líricos son anónimos, y pintan las pasiones y sentimientos de las clases más humildes de la sociedad, de cuyos corazones brotaban tan espontáneamente como los antiguos romances, con los que generalmente van mezclados y á los que se parecen mucho. Sus formas son, por lo común, antiguas y muy pronunciadas; á veces se advierte en ellos cierta intención picaresca y maliciosa, aunque no reñida con la pasión y la ternura, que explica su origen y constituye una poesía singular y desconocida en todos los demás pueblos del mundo. Por otro lado, en la parte profana de la poesía lírica, menos popular y más infiel á las tradiciones patrias, se nota más variedad de intención, y el pensamiento está casi siempre formulado en metros italianos. Los sonetos, sobre todo, fueron mirados durante este período con extravagante idolatría, y su número llegó á ser inmenso y superior al de todas las demás composiciones de la lengua; pero desde el soneto hasta la oda grave y formal en estancias regulares de diez y nueve ó veinte versos cada una, todos los géneros posibles se encuentran: el solemne y majestuoso, el imponente y serio, el festivo, agradable y risueño".
M. Pelayo, Estud. Propaladia, CXLV: "Durante la primera mitad del siglo xvi coexistieron dos escuelas dramáticas: una, la más comúnmente seguida, la más fecunda, aunque no ciertamente la más original, se deriva de Juan del Enzina, considerado, no solamente como dramaturgo religioso, sino también como dramaturgo profano, y está representada por innumerables autores de églogas, farsas, representaciones y autos. Todas las piezas anónimas del códice grande de la Biblioteca Nacional, pertenecen á esta escuela, y pertenecen también las del Cancionero de Horozco, las de la Recopilación en metro, de Diego Sánchez de Badajoz, y, en general, todas las que tratan asuntos del Antiguo y Nuevo Testamento, misterios y moralidades y también las que describen sencillas escenas pastoriles, como la Comedia de Pretea y Tibaldo, del comendador Perálvarez de Ayllón, ó la Égloga Silvana, de Luis Hurtado de Toledo. La otra dirección dramática, que produjo menor número de obras, pero todas muy dignas de consideración, porque se aproximan más á la forma definitiva que entre nosotros logró el drama profano, nace del estudio combinado de la Celestina y de las comedias de Torres Naharro, sin que por eso se niegue el influjo secundario del teatro latino... y el de las comedias italianas. Suelen reconocerse, aun á simple vista, por su mayor extensión, por la división en cinco jornadas, por la versificación en coplas de pie quebrado, por el uso del introito y del argumento puestos en boca de un zafio y deslenguado pastor. Y penetrando más en su contenido, se ve que son, ó quieren ser, pinturas más ó menos toscas de la sociedad de su tiempo, y que con más ó menos fortuna aspiran sus autores á presentar caracteres ó caricaturas, á tramar una acción interesante, avivada con episodios jocosos y á sacar partido de las intrigas de amor y celos, fondo común del teatro secular en todos tiempos". El primero de estos precursores de la comedia de enredo y de la de costumbres es Cristóbal de Castillejo, en su único drama medio conocido Constanza, de desenfrenado cinismo é inmoralísimo. Menor lo ofrecen y menos sal que Castillejo, las dos groseras comedias de Jaime de Huete, Tesorina y Vidriana: "Quamvis non Torris digna Naharro venit", que se lee al final, y se ve claramente que le imita. Igualmente la Comedia Radiana, de Agustín Ortiz (hacia 1525); la Comedia Tidea, del beneficiado de Covarrubias, Francisco de las Natas (1550), pieza celestinesca por el asunto, pero escrita á la manera de Naharro; la Comedia Clariana (1522); el Auto de don Clarindo, por Antonio Díez (1535); la Farsa Salmantina, del bachiller Bartolomé Palau, de costumbres escolares (1552) y otras. Pero son mucho más aventajados observadores del natural y menos directos discípulos de Naharro, Luis de Miranda, en su Comedia Pródiga (1554), aunque deba mucho á la Comedia d'il figliuol prodigo, de Cecchi; y Miguel de Carvajal, en su Josefina (1540?), ambos de Plasencia.
9. Del trato de los españoles en Italia vinieron desde fines del siglo xv y durante el xvi la mayor parte de los vocablos italianos que tiene el castellano, sobre todo los de milicia y artes, que son los más; los náuticos llegaron probablemente antes, de Génova á las costas de Levante; algunos, pocos, son más modernos. Cuanto al lenguaje literario de esta época, los estudios clásicos, las traducciones y el estar de moda el latín hacen que se prefieran los vocablos más claramente latinos y que se introduzcan otros nuevos del latín, del griego y del italiano. Pero, por otra parte, los mismos estudios que despertaron la atención hacia el arte popular en la época anterior despiértanla en ésta hacia el habla del pueblo, apreciándola más y más y aun teniéndola por dechado del puro castellano. Hay, por tanto, lucha entre el habla vulgar y el latinismo; pero, así como en la época anterior vencía el latín, tiende ahora á vencer el vulgar. Clarifícase el lenguaje, asentándose como posos lo que antes lo enturbiaba. Los groseros latinismos de Lucena, de Mena, Santillana, y de casi todos los pasados escritores, del mismo Rojas, ya no se hallan en este período; el hipérbaton exagerado ha desaparecido; el período se ha contorneado y recibido del influjo clásico toda la libertad que sufre nuestro romance. En una palabra, el habla literaria toma del clasicismo, que antes la enturbiaba, lo que más le cuadra y tiene por norma el vulgar del pueblo, aunque dando todavía preferencia en este vulgar al elemento latino y aun tomando bastantes voces eruditas de prestado, y menospreciando como plebeyas y groseras las hasta entonces no llevadas á los escritos. El estilo alcanza en prosa y verso la serenidad y naturalidad del helenismo y la dulzura del habla toscana, siendo cuan clásico lo lleva el ingenio español; no es, sin embargo, todavía tan nacional y recio como lo será en tiempo de Felipe II. La norma del lenguaje literario en el siglo xvi fué el habla de Toledo, según los escritores de aquel siglo, como lo había sido desde los tiempos de Alfonso X. De hecho los más famosos escritores son de aquella región: Rojas, Horozco, Cervantes, y antes los Arciprestes de Talavera y de Hita.
10. Lo del lenguaje literario en la época de Carlos V tratólo ya por entonces Juan de Valdés en el Diálogo de la lengua. Pregúntanle sobre la ortografía, vocablos y estilo que guarda en sus cartas, y respóndeles que su dechado es el habla vulgar: "He aprendido la lengua latina por arte y libros, y la castellana, por uso: de manera que de la latina podría dar cuenta por el arte y por los libros en que la aprendí, y de la castellana no, sino por el uso común de hablar; por donde tengo razón de juzgar por cosa fuera de propósito que me queráis demandar cuenta de lo que está fuera de toda cuenta". Tacha á Lebrija de no haberse aprovechado de todo el léxico vulgar castellano: "parece que no tuvo intento á poner todos los vocablos españoles, como fuera razón que hiciera, sino solamente aquéllos para los cuales hallaba vocablos latinos ó griegos que los declarasen". Insiste en lo vulgar: "para considerar la propiedad de la lengua castellana, lo mejor que los refranes tienen es ser nacidos en el vulgo". Esto de apreciar el habla vulgar y tenerla por dechado de la literaria es la primera novedad de esta época. Así como en el reinado de los Reyes Católicos comenzóse á apreciar la literatura vulgar, así ahora hácese otro tanto con el habla. Sin embargo, no se saca de este sano principio cuanto se sacará después, porque el renacentismo lo refrena, y así dice: "es mi opinión que la ignorancia de la lengua latina que en los tiempos pasados ha habido en España ha sido muy principal causa para la negligencia que habemos tenido en escribir la lengua castellana". Dice bien, pues los estudios latinos del Renacimiento despertaron la atención sobre el estudio del habla vulgar, que nadie había antes hecho. Así Nebrija y Hernán Núñez, que aprenden y enseñan griego y latín, luego caen en la cuenta de que también el castellano puede aprenderse y enseñarse, y escribe el uno Diccionario y Gramática y recoge el otro refranes. Con todo, seguía creyéndose que el latín había de ser la norma á la cual el castellano se ajustase: "No apruebo lo que hacen los que, queriendo conformar la lengua castellana con la latina..., porque tengo por mejor, para conservar la gentileza (el casticismo) de mi lengua, hacer desta manera, que si...". "Porque os apedrearían aquellos notarios y los escribanos (de Valladolid), que piensan levantarse diez varas de medir sobre el vulgo, porque, con saber tres maravedís de latín, hacen lo que vos reprehendéis". Y el mismo Valdés cae en lo de apreciar más, cuanto al habla, la opinión de los doctos y renacentistas: "Huélgome que os satisfaga; pero más quisiera satisfacer á Garcilaso de la Vega con otros dos caballeros de la Corte del Emperador". Y menosprecia al vulgo, único maestro del habla: "Es la más recia cosa del mundo dar reglas en cosa donde cada plebeyo y vulgar piensa que puede ser maestro". Véase cómo luchan las dos tendencias: "Bien sé que el latín quiere m, y que, á la verdad, parece que está bien; pero como no pronuncio sino n, huelgo ser descuidado en esto: y así, por cumplir con la una parte y con la otra, unas veces escribo n (antes de p y b) y otras m". Vuelve al sano principio: "Esto hago, con perdón de la lengua latina, porque, cuando me pongo á escribir en castellano, no es mi intención conformarme con el latín, sino explicar el concepto de mi ánimo de tal manera, que, si fuera posible, cualquier persona que entienda el castellano, alcance bien lo que quiere decir". Cuanto á vocablos, solían los escritores todavía menospreciar muchos por vulgares: "Y esos vocablos que vos no queréis usar, ¿úsanlos otros?—Sí usan; pero no personas cortesanas ni hombres bienhablados". En cambio, en habiendo sinónimos, prefieren los claramente latinos: "Yo uso siempre del latino, que ya casi los más lo entienden"; con lo que da á entender no ser de pura cepa vulgar. Los eruditos introducían voces nuevas greco-latinas: "De la lengua griega deseo introducir éstos, que están medio usados: paradoja, iranizar, idiota, ortografía.—Larga nos la levantaríades á los que no sabemos griego ni latín, si, por introducirnos nuevos vocablos, nos pusiésedes necesidad de aprenderlos.—Por vuestra vida, que me consintáis usar destos vocablos; pues si bien miráis en ello, fácilmente los entenderéis". Bien se ve aquí la comezón erudita por la lengua que está de moda: entonces, el griego y el latín; hoy, además, el francés y el inglés. "De la lengua latina querría tomar estos vocablos: ambicion, excepcion, docil, supersticion, obyeccion". De este jaez se introdujeron muchos que hoy corren ya por castizos, pero que poquísimo se usan en el vulgo. Todos estos principios del criterio lingüístico y las cualidades consiguientes del habla literaria vense claramente en Granada, los Valdés, Guevara, Ávila y Villalón, los mejores prosistas de la época, en quienes domina el gusto renacentista. En todos ellos el castellano tiene toda la amplitud del período clásico, que encaja en el genio del romance; el vocabulario es castizo, pero castizo-latino, podemos decir. Con dificultad se hallará la riqueza de voces de origen no latino que después se emplearon en el reinado de Felipe II. Y es que todavía señorea el patrón clásico, y, al escribir, se están acordando los escritores del latín. Por eso, comparado Granada con León, es más aguado, menos colorista ni brioso, más pobre su vocabulario; puede verterse casi literalmente al latín, ya cuanto á las voces, ya cuanto á la construcción. Todavía es Villalón más turbio y parecido á los de la pasada época en muchos trozos, aunque en otros se allegue más al vulgo, cuando dialoga llanamente. La lucha de las dos tendencias es en este autor más turbulenta por ser más helenista. Los Valdés han suavizado su decir con el roce del melodioso toscano, y aun por ablandarlo como nadie, empobrecen el vocabulario: son los Moratines de la época, el colmo del refinado gusto; han pulimentado toda esquina; dejan correr el habla como sesga fuente que mana; no detienen al lector con voces que brillen por el color ó la fuerza; todo es igual y parejo. Montemayor y Boscán en la prosa, Boscán y Garcilaso en el verso, han adelgazado el habla con la misma finura toscana, la han convertido en música. Pero hay algo de frío en esta blanda y suave frescura, falta fuerza de la tonalidad castellana, pujante y colorista, que vemos en la prosa del Lazarillo y en el verso de Sebastián de Horozco y de Castillejo, los cuales anuncian ya el castellano más castizo y nacional de los escritores del reinado de Felipe II. El estilo llega á la perfección clásica, aunque no á la perfección propia del realismo español. Véase en el más acabado estilista de la época, en Juan de Valdés: "Para deciros la verdad, muy pocas cosas observo, porque el estilo que tengo es natural y sin afectación ninguna. Escribo como hablo; solamente tengo cuidado de usar de vocablos que signifiquen bien lo que quiero decir, y dígolo cuanto más llanamente me es posible, porque, á mi parecer, en ninguna lengua está bien la afectación". Es el canon helénico, y lo pone realmente, como nadie, en práctica al escribir. Pero nótese bien, con naturalidad y sin afectación caben variedad de estilos. Valdés, y generalmente los escritores de esta época, tanto prosistas como poetas, prefieren la llaneza ésta cuasi olímpica y sosegada; los de la época siguiente, con la misma naturalidad y carencia de afectación, tienen más del vigor y del color propios del realismo castellano, son más nacionales en estilo y lenguaje, más recios, de pincel más valiente; difieren de los de la época de Carlos V, como el Greco difiere de Pacheco, como la escuela española, que arranca del Entierro del Conde de Orgaz, difiere de la escuela italiana, aunque sea del mismo Tiziano, con ser el que más se nos allega en vigor y colorido. Véase el canon de mesura helénica en Valdés: "Todo el bien hablar castellano consiste en que digáis lo que queréis con las menos palabras que pudiéredes, de tal manera, que, explicando bien el conceto de vuestro ánimo y dando á entender lo que queréis decir, de las palabras que pusiéredes en una cláusula ó razón no se pueda quitar ninguna sin ofender á la sentencia ó al encarecimiento ó á la elegancia". Cierto, y el mismo canon repite y practica Cervantes; pero ¿quién duda de que la valentía del pincel de Cervantes y la riqueza de su vocabulario popular realza, rebulla y nacionaliza más sus escritos que no el encogido y puramente clásico é italiano de Valdés con los suyos? Y otro tanto se diga de los contemporáneos del uno comparados con los del otro. "En todas las lenguas del mundo hay unos que escriben mejor, más propia y galanamente que otros, y por esto, los que quieren aprender una lengua de nuevo, deberían mucho mirar en qué libros leen, porque siempre acontece que, así como naturalmente tales son nuestras costumbres cuales son las de aquéllos con quien conversamos y platicamos, de la mesma manera es tal nuestro estilo cuales son los libros en que leemos". He aquí el porqué de la diferencia del estilo y del lenguaje entre las dos dichas épocas. Los escritores del tiempo de Carlos V tenían puestos los ojos más en el latín y en el italiano, y en esos libros leían; los del tiempo de Felipe II, más nacionales, pasado ya algún tanto el hervor renacentista, los tenían puestos en el habla vulgar, buscaban la propiedad para decir en vulgar lo que hallaban en los clásicos, y más en la Biblia, ya que, como veremos, á los escriturarios romancistas se debe la nacionalización mayor del habla y estilo, y sacaron de las entrañas del habla popular la fuerza y el color en los vocablos, la soltura y concisión en el estilo, que sus antecesores no habían visto, por no leer este libro nacional del decir plebeyo y aquellos otros tan recios y realistas de la Biblia. Valdés tacha á Juan de Mena de latinizante desaforado en vocablos y estilo: "Dan todos comúnmente la palma á Juan de Mena, y á mi parecer... yo no se la daría, cuanto al decir propiamente, ni cuanto al usar propios y naturales vocablos, porque, si no me engaño, se descuidó en esta parte mucho, á lo menos en aquellas sus Trecientas, donde, queriendo mostrarse doto, escribió tan escuro, que no es entendido, y puso ciertos vocablos... que por muy latinos no se dejan entender á todos, como son: Rostro yocundo, fondon del polo segundo y ciñe toda la esfera, que todo esto pone en una copla, que todo, á mi ver, es más escribir mal latín que buen castellano". Otro tanto dice de La Celestina. La demasía en la afición al clasicismo puede verse en El Escolástico, de Villalón. Lo que maravilla es que la lengua castellana, llevada y traída por cien naciones de Europa y América, mezclándose en los tinelos de Italia como en los albergues de Flandes, en las mazmorras de Argel como en los bodegones tudescos, con todo linaje de hablas, chapurreada en Roma y Amberes, en París y Nápoles, destrozada por americanos cobrizos y negros africanos, campease tan limpia y castiza entre nuestros escritores y entre nuestros soldados, en labios de galeotes y trajineros, sin enturbiarse con tanto aluvión de lenguas como pasaban sobre ella por todos los rincones del mundo. Débese, sin duda, á la pujanza señoreadora del espíritu español en aquel siglo, á la robustez de la raza, que así como no se deja inficionar del descreimiento pagano de Italia, de la herejía de Alemania ni del mahometismo africano, así tampoco permite que su habla se mancille ni empañe: antes sacando del fondo popular nuevos aceros, se acrisola y nacionaliza, se enriquece y se arrea, se ennoblece y doblega, lo mismo para expresar las más altas elucubraciones platónicas de Grecia y místicas del Cristianismo, como las más rastreras y rufianescas de pícaros, jaques y hembras del partido. Tan verdad es que el idioma en cada siglo y nación pone de manifiesto la entereza ó decaimiento del pueblo que lo habla, espejándose en él su espíritu y cualidades más clara y transparentemente que en los libros de historia y aun en las obras de arte y de literatura. La misma pujanza de la raza se echa de ver en la fonética del castellano, que durante aquel siglo se mudó, abandonando algunos sonidos muelles y delicados y tomando otros tan recios y briosos, que frisan en broncos y desapacibles. Pero esta mudanza no acabó de hacerse hasta fines de siglo.
Pisa, Descripc. de Toledo, 1605, lib. I, cap. XXXVI: "Asimismo ordenó en las mismas Cortes el mismo rey don Alonso décimo (de Toledo, 1253) que si de allí adelante, en alguna parte de su reyno huviesse diferencia en el entendimiento de algún vocablo castellano antiguo, que recurriessen con él á esta ciudad, como á metro de la lengua castellana: y que passassen por el entendimiento y declaración que al tal vocablo aquí se le diesse, por tener en ella nuestra lengua más perfección que en otra parte". Cervantes dice esto mismo (Quij., 2, 9), y Mariana (Hist. Esp., 16, 15).
11. Radicales italianos (véase t. I, 69): acuarela neol. (dimin. de aqua), achicoria y chicoria (de *cichŏrĭa, cichōrēum, ϰιχόριον, interviniendo el it. cicorea, cicoria ó el fr. chicorée, rumano cicoare), adagio neol., aduana (del fr. douane, que, como el prov. doana, viene del it. doana, dogana, del árab. dīuān, ad dīuān), agio (de aggio; agiotaje del fr. agiotage, del mismo ital.), alabarda (de alabarda, labarda; del fr. hallebarde, helmbarte, hellebarte; del germ. helm == fût, harte == hacha, alem. Hellebarde), alerta (de all erta esser; de ērctum, erigere), alojar (de alloggiare, loggia, fr. loge; del ant. al louba), almidon (de amido; de amylum, ἄμυλον), amalgamar (de amalgamare, de malagma, μἀλαγμα), amartelar y martelo (de martellare), arcabuz (de archibuso, arcobugio, ó del fr. arquebuse; del hol. haakbus, al. Hakenbüchse; de Haken, haeck, haak == arco, y Büchse, buyse, bus == cañón de arma de fuego; modificado por analogía con arcus), aria neol. (de aria == aire), arlequín (de arlecchino, del guerrero maldito Hennequin ó Hellequin de cara negra, que guía á la noche por el cielo, Mesnie Hallequin de los bajo-normandos), arsenal (de arsenale, arzana; del árab. dārçana), artesano (de artigiano; de ars), avanzar (de avanzare; ab + ante), bagatela (it. bagatella, fr. bagatele), balandra (de balandra ó palandra; del hol. biennenlaender, barco que lleva á tierra; balandrán del fr. balandran, aludiendo á la vela de la balandra, it. palandra(na)), balaustro y balaustre (de balaustro y balaustre; de βαλαύστιον, flor del granado), balcón (de balco, palco; del ant. al. balcho, al. Balken), baluarte (de baluardo; del fr. boulevard, que lo tomó del al. Bollwerk y -ard), baqueta (de bacchetta, dim. de bac; de *bacus, baculus), banca, banco (de banca, banco; del germ. bank), batel (de battello, dim. de batto; del germ., ant. norso batr, al. Boot, bote), batuta (de battuta, battere), baul (de baule; baj. lat. bahudum; del germ. bahuten conservare, servare, medio al. behut, behuot), bayeta (de baietta paño negro, de bayo, badius), beca (de becca, beccare, picotear, despedazar; del celt.-ibero beccus, pico), bedel (de bedello, baj. lat. bidellum; del germ. bidal, ant. al. bital, pital, med. al. bitel; de bitten, tomada la terminación germánica como sufijo diminutivo y por etimología popular reducido á pedellus, cual si viniera de pes, pie, corredor, como quien dice), bellaco (de vigliacco, de vilis), belladona (de bella-donna, por el cosmético purpúreo que de ella se hacía y usaban las damas romanas), bemol (de b mole ó suave, b es el signo del bemol), bergamota (de bergamotta; del turco bergamōdi == reina de las peras), berza (de verza, verzo, vers; de viridiata, viridis), bicoca (bicocca, peña en la cumbre, de pico y coca), birreta, birrete (de birretta; de birrus, πυρρός; de aquí birro == sbirro == cast. esbirro, por el manto encarnado ó birro == birrum), bisel (de bisegolo: bis + acutus), bisoño (mejor del fr. bejaune ó becjaune, pajarillo, pipiolo, luego soldado bisoño), boceto neol. (de bozzetto), bodrio y brodio (de brodo, broda; del ant. al. brōt, guisar), borda y bordo (de bordo ó del fr. bord, del germ.), brida (de brida), brindis (de brindisi; del al. bring dir's, expresión para brindar), broculi (de broccolo; de brassicae-caulis), brújula (de bússola; de buxus), bruno (de bruno, del ant. al. brūn), buco y buque (de buco, buca, ahujero; del germ. būk, al. Bauch, vientre), busto (de busto; de bustum, por el que se ponía sobre la tumba ó urna de cenizas quemadas), cabalgata (de cavalcata, cavallo), cadencia (por analogía con cadenza, cadere), calafatear, calafate (de calafatare; del árab. qalafa), caminata (de camminata, cammino), canalla (de canaglia, canis), canciller (de cancelliere), canela (de cannella, canna), canje, canjear (de cangio, cangiare), capelo (de capello), capitán (de capitano), capitel (de capitello), capricho (de capriccio, capra), caporal (de caporale), carabela (de caravella; carabus, κάραβος), carabina (de carabina, dim. de calabre), carcaj (de carcasso; de carchesium, καρχήσιον), carena (de carena), carnaval (de carnevale), carroza (de carrozza), cartel (de cartello), cartucho (de cartoccio), casaca (de cassaca; del eslavo cosaco, por su traje), casamata (de casamatta), casulla (de casúpola), cédula (de cedola; schedula, σχἠδη), centinela (de sentinella; sente: senda), cimborrio (de ciborio, ciborium, κιβώριον), cofa (de coffa; ϰόφινος), cofrade (de co + frate), comparsa (de comparsa; de compar, compañero), cornisa (de cornice, coronis, ϰορωνίς), coronel (de colonello; de colona, columna), credencia (de credenza), crédito (de credito; credere); crujía, curuxia (Baena, 447) (de corsía, si no derechamente de cruz), crujir (de crosciare; del ant. bajo alem. *kraustyan, *krōstyan, gótico kriustan), cuartet-o, -a (de quartetto, quartetta), cúpula (de cupola; lat. cupa), chichisbeo (de cicisbeo), chusma (de ciurma; celeusma, κέλευσμα), dársena (de darsena; del árab. dār aç-çanāgha == casa de construcción; del arábigo derechamente vino atarazana, y arsenal del francés), dátil (de dattilo, δάϰτυλος), desmantelar (de smantellare), diseño (de disegno), dogal (de doga. δοχή); duela (dovela es su diminutivo), droga (de droga; del hol. droog, al. trocken), dúo (de duo, dos), embajada (de ambasciata) y embajador (de ambasciatore; de ambactus, que dió ambactia, ambasia, ambascia; de ambi- y ag- en forma participial en celta), esbelto (de svelto; ex + vellere), esbirro (vide birreta), esbozo (de sbozzo), escaramuza (de scaramuccia; del germ. skërman, ant. al. skirm, skerm, escudo, al. schirmen, proteger), escarpa (de scarpa, del germ. skarp), escayola (de scagliuola, scaglia; del germ. skalya, al. Schale), esclavo (de schiavo, del med. al. sklave, prisionero de guerra de los eslavos), escolta (de scorta; de cohors), escollo (de scoglio; de scoculus por scopulus), escopeta (de schioppetto, dimin. de schioppo, de *scloppus, golpe, tiro, por stloppus), escorzo (de scorcio; de curtus), escuadra (de squadra; de ex-quadrare), esdrújulo (de sdrucciolo, de sdrucciolare, tropezar), esfumar (de sfumare, fumus), esmaltar (de smalto; del germ. smalt, al. Schmelz), esmeril (de smeriglio, de σμερί por σμύρις), espingarda (de spingarda, del ant. al. springan), espoleta (de spoletta), esquife (de schifo; del ant. al. skif), estafermo (de sta fermo), estafeta (de staffetta, del ant. al. stapho, paso), estoque (de stocco; del ant. al. stoc), estofado, estofa (de stoffa, pedazo), estrambote (de strambotto, especie de estrofa); estropear (de stroppiare; de torpidare), estuco (de stucco, yeso; del ant. al. stucchi, costra), estufa (de stufa; de stuffa), extranjero (de straniero), facha (de faccia), fango (de fango, got. fani), faraute (de farabutto), fellón, felón (de fellone), feudo (de feudo, del germ. fehu, gót. faīhu), fiasco (de fiasco, por frasco), fieltro (de feltro; del germ. filt), filigrana, flauta (de flauto; del ant. franc. flaüte; de flatus), flecha (de freccia; del hol. flits, arco), floresta (de foresta; de foras), florete (de fioretto, de la flor de la punta), folleto (de foglietto; de folium), fracaso (de fracasso; frag + quassare), fragata (de fregata; navis fabricata), francolin (de francolino), fresco (de fresco; del ant. al. frisc), gaceta (de gazzeta, monedilla de cobre), góndola (de gondola, condy == κόνδυ vaso), grotesco (de grottesco, de crupta == κρύπτα), gualdrapa (de gualdrappa), guante (de guanto; del germ. want), intrigar (de intrigare, de intricare), joya (de gioja), lava (de lava), libreto (de libretto), lontananza (de lontano), macarrones (de macherone), malandrín (de malandrino), mariscal (de mariscalco; del germ. marah-skalk, criado de caballos), marrasquino (de marraschino), mastín (de mastino, mansuetinus), mazapán (de mazapane), menestra (de minestra, ministrare), mesana (de mezzana, mezzo, medio), millón (de milione), miniatura (de miniatura, minium), modelo (de modello, dim. de modo), mosaico (de musaico, μουσεῖον), mosquete (de moschetto, musca), mostachos (de mostacchio, μυστάκιον), muceta (de mozzetta, del al. mütze), nácar (de naccaro; del curdo nakera; árab. nakara grabar), nicho (de nicchio), norte (de norte, del gót. naurthr), novel y novela (de novello, novella), orzuelo (de orzöl; de hordeolus), palafrén (de palafreno; del bajo lat. paraveredus, celt., contaminado con freno), palanca (de palanca, φαλάγγη), palco (véase balcón), paquete (de pacchetto, pacco), parapeto (de parapetto), pastorela, pedal (de pedale), pedante (de pedante), pedestal (de piede-stallo), perfil (de profilo y per), peto (de petto), piano, piloto (de piloto), polea (de puleggia; de πολίδιον), póliza, popa (de poppa), porcelana (de porcellana, porcella, porcus), preboste (de prevosto, praepositus), proa (de proa), quilla (de chiglia; del germ. kiel), rada (de rada, med. ingl. rade), rancho (de rancio?), revellín (de revellino), rifa (de riffa; del germ. riffen), rimbombo (de ronda), saltimbanqui, sémola, sofión (de soffione), solfa, sonata, soprano, sotana, sotavento, superchería, tarantela, tarántula, tenor, terceto, tertulia (de trastullo, pasatiempo), tinelo, tómbola, tonel; (del ant. al. y galo tunna); tráfico, trinca, trinchar, trinchera, trinquete, tromba, trompa, ultraje (de oltraggiare), viola, violín y violón, vitualla (de vettovaglia).
12. Año 1517. Pocos meses antes de morir el cardenal Francisco Ximénez de Cisneros (1436-1517), estaba acabada, en 1517, la Políglota Complutense, cuyo texto griego del Nuevo Testamento había sido impreso en 1514; salió á luz la Políglota el año 1522, y la fecha del Breve apostólico de León X autorizándola es de 1520. Lleva el texto hebreo, el griego de los Setenta, el Targum, de Onkelos (Pentateuco), ambos con traducciones latinas interlineales, y la Vulgata latina. El Antiguo Testamento está en los cuatro primeros tomos; el Nuevo, en el quinto, con el texto griego y la Vulgata; el sexto es de gramáticas y vocabularios (hebreo, caldeo, griego). Diez años duraron los trabajos preparatorios. El hebreo y el caldeo corrió á cargo de los tres judíos conversos Alfonso de Alcalá, Alfonso de Zamora y Pablo Coronel; del griego cuidaron Lebrija, Demetrio Ducas, Hernán Núñez de Toledo (1475?-1553), Juan de Vergara (1491-1557), y en parte Nebrija, que tuvo mucha mano en la corrección de la Vulgata. Véase M. Pelayo, Heterod., II, pág. 46.—Martín de Arlés y Andosilla, canónigo de Aivar, en Navarra, publicó De Superstitionibus contra maleficia et sortilegia, París, 1517; Venecia, 1584.—Historia del Cavallero Arderique, 1517.—Compendio de la salud humana, Sevilla, 1517: reimpresión de la de Burgos, 1495: Espejo de cirugía y medicina.—Jaime Conill, valenciano, publicó Speculum conscientiae, Valencia, 1517.—Alonso de Córdoba, sevillano, publicó Tabulae Astronomicae, Venecia, 1517. Almanach perpetuum Abrahami Zacuthi.—Fray Pedro de Covarrubias († 1530), dominico burgalés, publicó Memorial de pecados y avisos de la vida, Burgos, 1517; Sevilla, 1521; Medina, 1545. Remedio de jugadores, Burgos, 1519; Venecia, 1526 (en lat.); Salamanca, 1543. Sermones, 2 vols., en latín, París, 1520. Aparejo de bien morir, Toledo, 1526.—Lorenzo Galíndez de Carvajal, de Plasencia, consejero de los Reyes Católicos, catedrático de Salamanca, publicó Addiciones á los Varones Ilustres de Fernán Pérez de Guzmán, con la Historia de Juan II, que revisó y publicó, Logroño, 1517. Los Ms., en Nic. Antonio. Consúltese Floranes, Vida y obras de don Lorenzo Gal. de Carvajal, en Doc. inéd. para la Hist. de España.—Hernando Alfonso de Herrera, talaverano y primer catedrático de Retórica en Alcalá, nombrado por Cisneros, publicó la Disputación de ocho levadas contra Aristótil y sus secuaces, Salamanca, 1517 (en castellano y latín). Fué el primer antiaristotélico español, escribió un comentario á las Elegancias, de Lorenzo Valla, y dejó discípulos: Expositio Laurentii vallensis de Elegantia linguae latinae, Alcalá, 1527.—Silvestre Velasco publicó Libro de Fisiognomia, 1517.
13. Año 1518. Cristóbal de Castillejo (1490?-1550) nació en Ciudad Rodrigo, entró de paje al servicio del infante don Fernando, hermano de Carlos V, acompañando á entrambos en sus viajes á Córdoba (1508) y á Extremadura (1516). Recibió órdenes sagradas y viajó como secretario con don Fernando (1525), cuando fué nombrado Rey de Bohemia (1526), Rey de romanos (1531) y Rey de Hungría (1540). Asistió con él á la dieta de Augsburgo y después anduvo en otras partes por Austria y Bohemia. En 1532 fué declarada noble su familia, y en 1536, nombrado él mismo para un beneficio en Ardegge, diócesis de Passau, que renunció en 1539, acaso por tener que pasar aquel mismo año á Venecia con el embajador Mendoza. Fué siempre delicado de complexión y pobre los últimos años de su vida, que acabó en Viena el 12 de junio de 1550, según reza la inscripción de su sepulcro en aquella ciudad. Como da á entender él mismo, recorrió la Francia y la Esclavonia, la Polonia y los Países Bajos, la Hungría y la Italia, la Alemania y la Inglaterra. Y no en vano, pues nunca se aprecian mejor las cosas de la patria como cuando se halla uno ausente de ella, y mientras Boscán y Garcilaso, Mendoza y Luis de Haro andaban hechos unos italianizantes enteros y verdaderos, como leemos en un su soneto, burlándose de novedades, se afianzaba él cada día más en los metros y maneras castizas, que tan al justo le venían á su ingenio regocijado y festivo, chistoso y socarrón de viejo castellano. Su musa fué la popular, lozana y fácil, levantada por las delicadas maneras de fino cortesano, sazonada con picante agudeza y hasta con licenciosa mordacidad. Los historiadores literarios, demasiadamente pagados de lo clásico, hanle tachado hasta de grosero y no han sabido apreciar su rica y pizmienta vena castiza. Canciones aldeaniegas de bodas y jolgorios, refranes populares y sabrosos decires, zumbas y risadas de sano humor, todo sacado del pueblo castellano, como del pueblo griego sacaba sus loquescas alegrías Anacreonte. Son las verdaderas anacreónticas españolas, tan sinceras y vivaces como muertas y mentirosas fueron las de los imitadores de aquel poeta. Por eso nadie le gana al cantar sus amores con Anna von Schaumburg, entre veras y burlas, con alegría mezclada de gravedad. Glosó á Jorge Manrique y el romance de La bella malmaridada; remedó otros como Tiempo es ya, Castillejo, con el mismo triste y melancólico plañido que lamentó Por la dolencia va el viejo. El Diálogo que habla de las condiciones de las mujeres, donde describe con satírico fuego el que oculto ardía en los pechos de algunas monjas enclaustradas, no podía salir con su nombre, así como ni el Sermón de Amores. Ambos fueron perseguidos y condenados al fuego. En sencillez, gracejo y hermosura puede parearse el Diálogo con los más elegantes de la antigüedad y del Renacimiento. Era más de alabar su afición á lo castizo y rancio, cuanto no puede desconocerse su erudición y conocimiento del latín. Tres traducciones hizo de Ovidio; en la poesía Vuestros lindos ojos, Ana, hay algunas estrofas remedadas de Catulo (carm. 51), y no menos en Dame, amor, besos sin cuento (carm. 5); imitó el epigrama de Navagero De cupidine et Hylla en las coplas Al amor preso, y se acuerda del Petrarca en la Torre del viento. Desde el año 1518, por lo menos, que compuso En una partida de la corte para Madrid en metro castellano, hasta los cuarenta de su edad, cuando Boscán y Garcilaso trajeron los nuevos metros de Italia, se había ejercitado siempre en la vieja poesía nacional; tenía cincuenta y más de edad al imprimirse las obras de aquellos ingenios italianizantes: nada tiene de extraño siguiese aferrado á lo castizo. Sobre todo, que su estro poético le llamaba á lo verdaderamente sincero y nacional, y le despegaba de cuanto fuese imitación y cosa extraña: fué el Anacreonte y el Catulo español. Aun bien que Castillejo, hallándose lejos de España, no pudo ser adalid formidable de los muchos que acaso hubieran acudido á su bandera contra la innovación; además que más que polémica dogmática, la que entabló contra ella fué polémica festiva, conforme á su genio y humor, siguiéndola en el mismo tono Gregorio Silvestre, el otro campeón de lo castizo. "Aquel verdadero poeta—dice Fitzmaurice-Kelly—impenitente conservador, representa con brillo una escuela poética que posee el sabor del terruño hispano, escuela que tres siglos de modas predominantes no han podido destruir". No hay confesión más clara del sólido valor que encierra lo castizo y nacional. Sobre ello pueden pasar modas que lo oscurezcan algún tiempo; pero siempre vuelve á lucir y su vivir es eterno. Sus obras se coleccionaron en 1573, aunque fueron saliendo antes sueltas.
En 1542 se publicó Sermón de amores, del maestro Buentalante, llamado Fray Nidel, de la Orden del Cristel, obra procaz, de la cual se cita otra edición, sin año ni lugar, con título de Sermón de amores, nuevamente trovado, por el menor de Aunes, á los galanes y damas de la corte: está en coplas de pie quebrado y versos pareados.
14. Diálogo que habla de las condiciones de las mugeres..., Venecia, 1544; Toledo, 1546. Otra edición, Va nuevamente corregida de algunas cosas mal sonantes, que en otras impressiones solían andar, con prólogo de Blasco de Garay, su corrector, 1546; Medina, 1548; Alcalá, 1615. Diálogo entre la verdad y la lisonja... Con otro tratado de la vida de la Corte. Por Cristóbal Castillejo, Alcalá, 1614. Historia de los dos leales amadores Píramo y Tisbe..., Alcalá, 1615. Las obras de Christóbal de Castillejo, corregidas y emendadas, por mandado del Consejo de la Santa y General Inquisición, Madrid, 1573. "Sumario ó división desta obra: En el primer libro las obras amatorias, cartas, villancicos, motes y letras; y al fin el capítulo al Amor, de sus defectos y pasiones. En el segundo libro las obras de conversación y pasatiempo, y al fin el Diálogo de Aletio y Fileno y el de la Pluma" (es el de las condiciones de las mujeres). En el tercer libro las obras morales, en que están el Diálogo de la vida de corte y el de la Adulación y Verdad; y al fin, las obras de devoción". Ediciones de Las obras..., Madrid, 1573, 1577; Amberes, 1598; Madrid, 1600. Libro de diversas trovas (Ms. de mediados del siglo xvi, Gallardo). Compuso en su mocedad varias comedias que han desaparecido, hasta la Farsa de la Costanza, ms. de El Escorial, que se le perdió á Gallardo, y los literatos han siempre deplorado. "Docto y sabio" le llamó Cervantes (Galatea, l. VI).
Cristóbal de Castillejo, Obras, Madrid, 1792, 2 vols.; Bibl. de Aut. Esp., t. XXXII. Consúltense: F. Wolf, Cristóbal de Castillejo's Lobspruch der Stadt Wien, en Sitzungsberichte der K. Academie der Wissenschaften, Wien, 1849, t. II, págs. 292-310; Ueber C. de C.'s Todesjahr, en Sitzungsberichte der K. Academie Wissenschaften, Wien, 1861, t. XXXVII, págs. 100-102; B. Sanviseuti, Un giudizio nuovo su C. de C. ne' soci rapporti coll' italianismo spagnuolo, en Atti della Reale Academie delle Scienzie di Torino (1905), t. XI, págs. 94-101; C. L. Nicolay, The Life and Works of Cristóbal de Castillejo, Philadelphia, 1910; Juan Menéndez Pidal, Datos para la biografía de Cristóbal de Castillejo (en el Boletín de la Real Academia Española, año II, t. II).
15. Año 1518. El M. Hernán Pérez de Oliva (1494?-1533), hijo de Hernán Pérez de Oliva, autor de La Imagen del Mundo, libro inédito, nació en Córdoba, estudió Artes en Salamanca y Alcalá, y desde 1512 con Juan Martín Silíceo dos años en París, á quien alabó en un diálogo, impreso con la Arithmetica de su maestro, en 1518: Dialogus in laudem Arithmeticae Hispana seu Castellana lingua, quae parum aut nihil a sermone Latino dissentit, París (véase año 1514). Siguió estudiando tres años Filosofía y Letras humanas en Roma, y otra vez en París, donde enseñó tres años Las Éticas de Aristóteles. León X le había dado los beneficios de su difunto tío, y Adriano IV le señaló una pensión de cien ducados; pero fallecido este Pontífice y vuelto á España (1524), obtuvo por oposición la cátedra de Teología moral en la Universidad de Salamanca, de la cual después fué Rector (1529). Nombróle Carlos V maestro del príncipe don Felipe, pero murió á poco, de edad de treinta y nueve años. Escribió además en elegante prosa La Venganza de Agamenon, tragedia... cuyo argumento es de Sófocles, Burgos, 1528, 1531; Sevilla, 1541; Madrid, 1914, por Ochoa. El Diálogo de la Dignidad del hombre, compuesto para probar cómo el castellano puede expresar tan elegantemente como el latín los conceptos más graves, publicólo, con una continuación, Cervantes de Salazar en 1546; tradújolo al italiano Alonso de Ulloa y lo publicó en Venecia, 1563. Compuso además: De las Potencias del alma y buen uso de ellas. Muestra de la Lengua Castellana en el nacimiento de Hércules ó Comedia de Amphitryon, tomado el argumento de la Latina de Plauto. Hécuba triste, de Eurípides. Razonamiento que hizo en el ayuntamiento de la Ciudad de Córdova sobre la navegación del Río Guadalquivir. Razonamiento que hizo en Salamanca el día de la lición de oposición de la cátedra de Philosophía moral. Títulos ó inscripciones en latín para las aulas de la Universidad Salmanticense. Enigmas en verso de arte mayor (octavas). Lamentación al saqueo de Roma, año 1527, en coplas de pie quebrado. Todas estas obras fueron juntamente publicadas por Ambrosio de Morales, su sobrino, en Córdoba, 1586: Las obras con otras cosas, Córdoba (comenzóse á escribir en Salamanca). Dejó sin acabar un Discurso en latín sobre la piedra imán, donde trató de "cómo se pudiesen hablar dos absentes", que no es más que el telégrafo moderno.
16. Hernán Pérez de Oliva, Obras, Madrid, 1787, 2 vols. Diálogo de la dignidad del hombre, Bibl. de Aut. Esp., t. LXV. Consúltese: M. Menéndez y Pelayo, Páginas de un libro inédito, en La Ilustración Española y Americana (1875), t. XIX, págs. 154-155 y 174-175; sobre todo en el Razonamiento que hizo (Pérez de Oliva) en Salamanca el día de la lición de oposición de la cátedra de Philosophía moral, donde nos da noticias de su vida.
17. Año 1518. Mateo Adriano publicó Introductiones in linguam Hebraicam, 1518.—Fray Alberto de Aguayo, de la Orden de Predicadores, publicó el Libro de Boecio Severino, intitulado De la Consolación de la Filosofía, agora nuevamente traducido de latín en castellano por estilo nunca visto en España, Sevilla, 1518; ibid., 1521.—Gonzalo Arredondo y Alvarado († 1518), benedictino en Arlanza y su abad, burgalés, de cerca de Belorado, escribió la Crónica Arlantina de los famosos y grandes hechos de los bienaventurados cavalleros sanctos conde Fernán Gonçález y Cid Ruy Díez... (Ms. Escorial, con permiso para la impresión de 1522). El Castillo inexpugnable y defensorio de la fe, Burgos, 1528, póstumo. Historia del Monasterio de Arlanza (ms.). Arlantina, poema en redondillas (ms. Acad. Historia).—Ordenanzas reales de Castilla. Burgos, 1518; Toledo, 1549; Salamanca, 1560; Alcalá, 1565.—Don Francisco de Castilla, palentino, gobernador en 1518 de Baza, Guadix, Almería, etc., publicó, en natural y elegante estilo, la Teórica de virtudes en coplas de arte humilde con comento... Práctica de las virtudes de los buenos reyes de España en coplas de arte mayor. Murcia, 1518; Zaragoza, 1552; Alcalá, 1554, 1564. De los tratados de filosofía moral en coplas, de don Francisco de Castilla, los siguientes: El Proemio de su Teórica de virtudes. Los Proverbios. Inquisición de la felicidad en metáfora. La satírica lamentación de humanidad. Otras cosas de devoción trovadas y algunas en latín, Sevilla, 1546: es la misma obra anterior, Zaragoza, 1552; Alcalá, 1554, 1564; Zaragoza, 1570.—Juan Dolz, de Castellar (Teruel), catedrático en París, publicó Cunabula omnium fere scientiarum et precipue physicalium difficultatum in proportionibus proportionalibus, Montalbán de Francia, 1518.—Pedro Cándido Dezimbre publicó, traducido, Quinto Curcio. Historia de Alexandro magno, Sevilla, 1518.—El licenciado Alonso Espina publicó Tratado contra toda pestilencia y ayre corrupto, Valladolid, 1518.—Jerónimo López publicó Libro primero del esforçado Cavallero don Clarián de Landanis, Toledo, 1518; Sevilla, 1527; Medina, 1542. Libro II de la Historia de don Clarián de Landanis, traducido en castellano por Albaro físico, Sevilla, 1550; Toledo, 1522. Libro III de la Historia de..., Toledo, 1524. La quarta parte de don clarián, en la qual se trata de... Lidaman de Ganayl, Toledo, 1528.
18. Año 1519. El capitán Gonzalo Hernández de Oviedo y Valdés (1478-1557) nació en Madrid, entró desde su niñez al servicio de don Alfonso de Aragón, segundo Duque de Villahermosa, á los trece de su edad, como mozo de Cámara del príncipe don Juan, que tenía los mismos años que él, y á su muerte (1497) partióse á Italia de soldado, siendo luego familiar del rey don Fadrique, secretario en España del Gran Capitán. Fué á América como veedor de las fundiciones del oro (1514), luego regidor y teniente del Darien en Tierra Firme y gobernador electo de la provincia de Cartagena. Nombróle Carlos V cronista de Indias, alcaide de la fortaleza y regidor de Santo Domingo, y vuelto á España, falleció en Valladolid, cumplidos los setenta y nueve años. Ni la confianza de los españoles en el Nuevo Mundo ni la predilección de la Corte fueron bastantes á engendrar en su pecho bastardas ambiciones, contento siempre con la medianía que le había tocado en suerte, trabajando sin cesar por la justicia en aquellas partes. Doce veces cruzó el Océano, yendo á América los años 1514, 1520, 1526, 1532, 1536 y 1549. Las ciudades del Darien, Panamá y Santo Domingo, mirándole como su libertador, acudieron constantemente á su lealtad para que les sacase de los mayores apuros. La Real Chancillería de la Isla Española no se desdeñó de investirle con su representación y poderes, sucediéndole siempre bien y en provecho de sus representados. Y entre tantos y tan espinosos negocios y correrías tantas, tuvo tiempo para escribir todos los acontecimientos de su tiempo, á los cuales había asistido ó conocido á los principales personajes y aun tratádoles con familiaridad y amistad, á Colón, al rey don Fernando, al Gran Capitán, á Las Casas, á los Conquistadores, á Carlos V. Pero su obra de mayor momento fué la que enseñó á España y á Europa entera las maravillas de la naturaleza de América, la historia de la Conquista, los intentos é intereses de los que la llevaron al cabo. No tienen precio sus infinitas noticias sobre las hazañas y sobre las torpezas mismas cometidas por los españoles en América, sobre las costumbres de los indios, naturaleza de plantas, animales y muchedumbre de cosas, que describe como quien las ha visto, en estilo llano y sin pretensiones, con aquella fresca naturalidad del historiador imparcial y grande observador de las cosas, de los hombres y de sus acciones. Es el Plinio americano y el más transparente historiador de aquella época, la más importante de la vida de la nación española, de los Reyes Católicos y del emperador Carlos V, mayormente en lo tocante á las primeras conquistas del Nuevo Mundo. No abarca como filósofo en conjunto los grandes acontecimientos; pero en cambio se detiene en pormenores, que otros menospreciarían, pintándonos con mayor viveza los hechos, los hombres y los objetos, sin faltarle de vez en cuando el calor que le comunica la visión de cosas tan maravillosas, de tan grandiosos acaecimientos y de tan pasmosas empresas.
(Toledo, 1526).
19. Batall.: "Yo nací año de 1478". Era oriundo del valle de Valdés, en las Asturias de Oviedo. Bat.: "Porque la villa de Cortes en Navarra era en essa saçón de doña Leonor de Soto, duquesa de Villahermosa, mi señora, madre de don Alonso de Aragón, duque de Villahermosa, mi señor, que me crió, al qual yo serví antes que sirviesse al príncipe don Juan". Á la muerte de éste es cuando se partió á Italia: "Mi descontento me llevó fuera de España á peregrinar por el mundo, habiendo passado por mí muchos trabaxos y nescessidades, en diversas partes discurriendo, como mancebo, á veçes al sueldo de la guerra y otras vagando de unas partes y reynos en otras regiones". "Discurrí por toda Italia, donde me di todo lo que yo pude saber é leer y entender la lengua toscana y buscando libros en ella de los quales tengo algunos que ha más de cincuenta y cinco años (escribía en 1555) que están en mi compañía, deseando por su medio no perder de todo punto mi tiempo". "En el mes de mayo de 1502, en otra armada, tornó á navegar la Reina, mi señora y dentro de ocho días fuymos á España, en Valencia del Cid, donde estaba su madre, y pocos meses después que ove dado cuenta de la cámara, con licencia de la reina, mi señora, fuy á Madrid, mi patria". Casó con Margarita de Vergara, "más mancebo y con menos hacienda que fuera menester", á los veinticuatro de su edad; murió ella á los pocos meses, de sobreparto. Estuvo en la guerra y victoria del Rosellón (1503). Volvió á casarse, y en 1509 tuvo un hijo. "Para volver á Italia el Gran Capitán, el qual quiso servirse de mí de secretario..., me volví á la Corte". Partióse á América con Pedrarias Dávila, con el oficio de Veedor de las fundiciones del oro y de Secretario general, en 1514, á los treinta y seis de su edad; pero volvióse á dar cuenta de la tiranía del Gobernador al Rey, el cual falleció entonces; Carlos V le despachó bien, fué nombrado teniente del Gobernador de Darien; perdió á su mujer; trataron de asesinarle, y embarcóse secretamente para España, donde acusó á Pedrarias, y obtuvo la gobernación de Cartagena, de donde pasó á Nicaragua. Nombrado procurador por las ciudades de Panamá y Santo Domingo, vino de nuevo á España, nombróle Carlos V cronista de Indias, adonde volvió, siendo elegido alcaide de la fortaleza de Santo Domingo. Tornó, con nueva procuración, á España en 1534, y el año siguiente publicó la primera parte de la Historia general y natural de las Indias, en que había trabajado cuarenta y tres años, siendo recibida con tan general aceptación, que "estaba ya en lengua toscana y francesa é alemana é latina é griega é turca é arábiga". Por quinta vez volvió á América en 1536, y por última vez, en 1549, y en 1556 estaba en España, donde, á poco, murió, impidiéndose así la impresión del resto de su obra principal. Obras de Oviedo. El libro del muy esforçado et invencible caballero de la Fortuna propiamente llamado don Claribalte, Valencia, 1519: obra que hizo después de la primera vuelta de América, cuando todavía los hechos militares y su primera visión americana le llenaban el alma de las ficciones caballerescas tan en boga á la sazón. La Respuesta á la Epístola moral del Almirante, 1524 (Ms. Bibl. Nac), del almirante don Fadrique Enríquez. Relacion de lo subçedido en la prision del Rey Francisco de Francia desde que fué traydo á España..., 1525, pinta la Corte de la época. Sumario de la natural y general istoria de las Indias ó Historia de Indias, Toledo, 1526; Sevilla, 1535; traducida al latín y reimpresa por Andrés González Barcia en el t. I de los Historiadores primitivos de las Indias occidentales. Cathalogo Real de Castilla y de todos los Reyes de las Españas é de Nápoles y Secilia, é de los Reyes y señores de las casas de Francia, Austria, Holanda y Borgoña..., 1535 ó Historia general de Emperadores, Pontífices, Reyes, etc. (Ms., Bibl. Escor.), 450 folios, con las fábulas consabidas en los orígenes; pero de valor desde la Edad Media, por haber depurado los hechos y cotejado muchas crónicas. Libro de la Cámara Real del Príncipe don Juan y offiçios de su casa é serviçio ordinario, 1546 y 1548 (Ms. Bibl. Esc. y Real), publicado en Madrid, 1870 (Bibl. Españ.), precioso arsenal de noticias sobre este asunto. Reglas de la vida espiritual y secreta theologia, Sevilla, 1548, traducción del italiano. Batallas y Quinquagenas, escritas en 1550, obra de genealogista, con muchas noticias del tiempo de los Reyes Católicos y anécdotas (Ms. Bibl. Nac., Real y de la Acad.). Tractado general de todas las armas é diferencias dellas é de los escudos..., 1550 ó 1551, obra de blasón, curiosa (Acad. Hist.). Libro de linages y armas, 1551 ó 1552 (Acad. Hist.). Las Quinquagenas de los generosos é illustres é no menos famosos reyes, prínçipes, duques, marqueses y condes é caballeros é personas notables de España, escritas en Santo Domingo de 1555 á 1556 y publicadas en Madrid, 1880; en 7.500 versos de arte menor, en tres Quinquagenas de á 50 estanzas, y cada estanza de 50 versos; tienen muchas noticias, además de las sentencias ó proverbios morales. Historia General y Natural de las Indias, Islas y Tierra Firme del mar Océano, los primeros 20 libros impresos en Sevilla-Salamanca, 1535-1537; con los restantes hasta 50, en Madrid, 1851-1855, 4 vols., por la Academia de la Historia. Es la principal obra de Oviedo, monumento imperecedero. Véase Prescott, Historia de los Reyes Católicos, t. I, pág. 112. La Vida y Obras de Oviedo, por José Amador de los Ríos, en la edición de la Academia de la Historia general y natural de las Indias, Madrid, 1851-1855, 4 vols.; Las Quinquagenas, ed. V. de la Fuente (Academia de la Historia), Madrid, 1880 (ed. sin acabar). Consúltese: A. Morel-Fatio, en Revue Historique (1883), t. XXI, págs. 179-190. La Historia del Estrecho de Magallanes, 1557, se extractó de la obra grande.
20. Año 1519. Cristóbal de Arcos, sevillano, capellán del arzobispo Deza, publicó Itinerario de... micer Luis Patricio Romano: en el qual cuenta mucha parte de la ethiopía Egypto y entrambas Arabias: Siria y la Yndia. Buelto de latín (de Luis Varthema Bolognese), Sevilla, 1519; ibid., 1523, 1570. La cruenta conquista y lamentable batalla de Rodas, del latín, de Jacome Fontano, Sevilla, 1526; Valladolid, 1549, 1564; Medina, 1571. Reprobación... contra la falsa pronosticación del diluvio... Compuesta por el excellente filósofo Augustino Nifa, saesano. Vuelta de latín en vulgar castellano, Sevilla.—Cancionero de obras de burlas provocantes á risa, Valencia, 1519, del cual sólo se conoce el ejemplar del Museo Británico. Editólo Luis Usoz y Río en Londres, 1841 (con falsa portada de Madrid). Es uno de los libros más deshonestos españoles, y en Valencia se había de publicar, donde la licencia y el escándalo llegaban al colmo (véase M. Pelayo, Oríg. novela, t. III, CLXXIII).—Fray Alonso de Córdoba († 1542), agustino, publicó Principia Dialectices, Salamanca, 1519. In Libros Aristotelis Ethicorum, Oeconomicorum et Politicorum.—Don Gonzalo de Córdoba publicó Historia de Ávila, Salamanca, 1519.—Martín Fernández de Enciso, sevillano, alguacil mayor de Castillo del Oro, hoy istmo de Darien, publicó el primer libro que trató de cosas de América: Suma de geographia que trata de todas las partidas & provincias del mundo: en especial de las indias..., Sevilla, 1519; ibid., 1530, 1546.—Enrique de Hamusco publicó Compendium totius scripturae divinum Apiarium nuncupatum, Toledo, 1519.—Hexamerón theologal sobre el regimiento Medicinal contra la pestilencia, Alcalá, 1519.—Don Diego López de Stúñiga († 1530), gran humanista, escribió Annotationes contra Jacobum Fabrum Stapulem, Alcalá, 1519; París, 1522. Annotationes contra Des. Erasmum in defensionem translationis Novi Testamenti, Alcalá, 1520. Itinerarium ab Hispania usque ad urbem Romam, Roma, 1521. Erasmi Roter. Blasphemiae et impietates, Roma, 1522. Libellus trium illorum voluminum praecursor quibus Erasmicas impietates ac blasphemias redarguit, Roma, 1522. Sobre esta controversia, M. Pelayo, Heterod., II, pág. 48.—Historia de la linda Magalona, Burgos, 1519; Sevilla, 1519; Burgos, 1521; Toledo, 1526; Sevilla, 1533, 1542, 1689; Barcelona, 1600 (en lemosín); Zaragoza, 1602; Baeza, 1628; Barcelona, 1650; Sevilla, 1689. Tradújose del francés de Bernardo Treviez, canónigo de Maguelonne, antigua ciudad junto á Montpellier.—Libro de medicina llamado macer que trata de los mantenimientos, Assi mesmo todas las virtudes del Romero. Fechas por Arnaldo de villanova. Segunda vez Imprimido: é puesto en buen romance, Granada, 1519.—El bachiller Juan de Molina, de Ciudad Real, publicó Confesionario de Juan Gerson, Alcalá, 1519. Epístolas de San Gerónimo, con una narración de la guerra de las Germanías, Valencia, 1520, 1522, 1526; Sevilla, 1532, 1541, 1548. Gamaliel traducido in lingua castellana; cum septem tractatibus, atribuido á San Pedro Pascual, Valencia, 1522, 1525; Toledo, 1525, 1527; Sevilla, 1534. Chronica de los Reyes de Aragón, de Marineo Sículo, Valencia, 1523. Vita b. marie en español (de la publicada en valenciano por Miguel Pérez en Barcelona, 1494); Toledo, 1525; ó De la Vida y excelencias de Nuestra Señora, Sevilla, 1531; Toledo, 1537; Sevilla, 1542; Toledo, 1549. Antonio Panormita (Ant. Beccatelli) de los dichos y hechos del Rey don Alonso de Nápoles, el V de Aragón, Valencia, 1527; Burgos, 1530; Zaragoza, 1552, 1554; Amberes, 1554. Lucio Marineo Sículo, de las cosas memorables de España, Alcalá, 1539. Homiliario de Alcuino, Valencia, 1552. Gayangos le atribuye las Guerras civiles, de Apiano, Valencia, 1522.—Don Jerónimo de Villegas, prior de Covarrubias y canónigo de Burgos (1504?), publicó la Sexta Sátira de Juvenal, Valladolid, 1519. Sátira dezena de juvenal..., Valladolid, 1519; del ital., de Fr.co Patricio publicó De Reyno y de la institución del que ha de Reynar, París, 1519; Madrid, 1591.—Nicolao de Pax, mallorquín introductor del lulismo, publicó Vita Raimundi Lulli, Alcalá, 1519. Commentaria super artem divi R. Lulli. Traducción del Desconort, 1540. Publicó el Ars inventiva Veritatis y otras obras lulianas.
21. Año 1520. Micael de Carvajal, clérigo, natural de Plasencia, teniendo de treinta y cinco á cuarenta años, publicó hacia 1520 la Tragedia llamada Josephina, obra eclesiástico-simbólica, tan acabada como un auto del siglo xvii; aunque mucho más natural en la expresión de los sentimientos, en los caracteres bien dibujados y en el dialogado. Es pieza del teatro religioso, de las que se representaban en las festividades; además con el elemento humano que siempre tuvieron, aunque sin las chocarrerías y los bajos personajes de otras. Sobre lo humano, cristiano y popular ha soplado el aire del Renacimiento tan sólo para prestarle delicadeza y elegancia. Compuso también el Auto de las Cortes de la Muerte; pero sin acabarlo, lo cual hizo Luiz Hurtado (véase año 1547).
El bachiller Hernán López de Yanguas publicó la Farsa sacramental en coplas; otra edición Farsa del mundo y moral... La qual declara como el mundo con sus cautelas engaña á cada uno de nosotros. Y en fin relata la Assumpcion de nuestra señora, 1520, 1528, 1551; Madrid, 1555, 1913 (Biblióf. Madril.). Triunfos de la locura, 1542. Los dichos ó sentencias de los siete sabios de Grecia: hechos en metros... "Estos bocadillos de oro | me plugo screvir en ternos | porque los niños más tiernos | los puedan saber de coro", Zaragoza, 1549 (Biblioteca Nacional); Salamanca, 1587; Madrid, Sevilla. Cincuenta preguntas con otras tantas respuestas, Valencia, 1550; en otra edición: Aqui, lector, veras juntas | por Hernán López compuestas | cincuenta vivas preguntas | con otras tantas respuestas. Y otra obra al mismo Yanguas. Obra nuevamente compuesta por el B. Hernán López de Yanguas, llamada Problemas que quiere decir Preguntas con sus respuestas: la cual, por no estar ocioso, compuso á imitación de Aristotiles e de Plutarco y de Alexandro Afrodiseo. Farsa nuevamente compuesta sobre la felice nueva de la concordia y paz y concierto de nuestro felicisimo emperador semper augusto y del cristianisimo rey de Francia, Madrid, 1913 (Biblióf. Madril.): el ms. en la Biblioteca Nacional. En el Registro de Colón, hay: Farsa de genealogía. Farsa de Natividad. Drama. Farsa turquesca. Jornada de tres peregrinos, en coplas, 1500.
22. Carvajal: "Después de otros filosóficos estudios, me pasé á la Sagrada Escritura"; parece, pues, que fué clérigo. En el Registro de Colón hay ejemplar de la Josephina, Salamanca, 1535; en la Bibl. Imper. de Viena otro de Toledo, 1546, estudiado por Wolf y reeditado en Madrid, 1870 (Biblióf. Españ.). Pero debió de haber otra edición anterior á la de 1315, pues está dirigida la obra á don Álvar Pérez de Osorio, el cual heredó en 1505 á su padre Pedro Álvarez Osorio, que murió hacia el 1523. De modo que debió de escribirse y publicarse hacia 1520. Hízose para la fiesta del Corpus, y se representó en la plaza. "Es materia que en figura contiene la causa que hoy causa esta sancta fiesta". Cañete, en su edic, XLIII: "No hay comedia (de aquel tiempo) profana en que se pinten pasiones y caracteres con mayor elevación y verdad, ni en que esté mejor expresada la poesía del sentimiento y de la naturaleza... ¿Hay en el famoso y popularísimo teatro español del siglo xvii una sola comedia profana donde las pasiones que aquí agitan el corazón del hombre estén puestas en relieve con más verdad y naturalidad que en la tragedia Josefina, escrita expresamente para una fiesta religiosa?" Id.: "Carvajal es elocuente prosador, discreto filósofo, sano moralista, conocedor del mundo y de los hombres y muy versado en letras divinas y humanas". Tragedia llamada "Josefina", ed. M. Cañete (Soc. de biblióf. españoles), Madrid, 1870; Las Cortes de la Muerte, Bibl. de Aut. Esp., t. XXXV. Consúltese: W. E. Purser, Palmerin of England, Dublin-London, 1904.
Hern. López de Yanguas, Égloga nuevamente trovada... en loor de la Natividad de N. S., en Sieben spanische dramatische Eklogen, ed. E. Köhler, Dresden, 1911, págs. 192-209. Consúltense: Fernando Wolf, Ein spanisches Frohnleichnamspiel von Todtentanz, Viena, 1852; E. Cotarelo y Mori, El primer auto sacramental y noticia de su autor el Bach. H. L. de Y., en Revista de Archivos (1902), t. VII, págs. 251-272.
23. Año 1520. Alfonso Álvarez Guerrero († 1577) publicó Las docientas del Castillo de la Fama, Valencia, 1520. Palacio de la Fama y Historia de las Guerras de Italia con la Coronación de su Magestad (Carlos V), Bolonia, 1530. De Bello iusto et iniusto, Nápoles, 1543. De modo et ordine Generalis Concilii, ibid., 1545. De administratione Justitiae. Thesaurus Christianae Religionis et Speadum Sacr. Sum. Pontificum, Imperatorum ac Regum et S. Episcoporum, Venecia, 1559.—Fernán Díaz Paterniano, de Toledo, publicó Grammatica Caldea, 1520.—Hernando Díaz publicó la Vida y excelentes dichos de los más sabios philosophos que hubo en este mundo, Sevilla, 1520; Toledo, 1527; Sevilla, 1535, 1538, 1541. Parece extracto de la compilación mucho más vasta de Gualtero Burley, Liber de vita et moribus philosophorum poetarumque veterum, traducida y muy leída en el siglo xv con el título de La vida y las costumbres de los viejos filósofos ("Crónica de las fazañas de los filósofos" la llamó Amador de los Ríos). Hermann Knust publicó juntos el texto latino y la traducción castellana en el tomo CLXXVII de la Bibliotek des litterarischen vereins, de Stuttgart (Tübingen, 1886). Historia de los honestos amores de Peregrino y Ginebra (Fern. Colón, sin lugar ni fecha), Sevilla, 1520?, 1527, 1548; Salamanca, 1548, dos sin lugar ni año: es traducción de Il Peregrino, de Jacopo Caviceo (1508). Véase su estudio en Adolfo Albertazzi, Romanzieri é Romanzi del Cinquecento é del Seicento, Bolonia, 1891, pág. 7.—Juan de Espinosa, racionero de la sancta yglesia de Toledo, publicó el Tractado de principios de música práctica é theórica, Toledo, 1520.—Antón Francés, vecino de Borja, publicó El Doctrinal de Motazafes ó fieles, Zaragoza, 1520.—La institución de la muy estrecha y no menos observante orden de la cartuxa y de la vida del excelente doctor San Bruno, primero cartuxano, buelta de latín en romance según el verdadero original d' la ystoria cartuxana, Sevilla, 1520.—La Historia de Leoneo de Ungría y de Vitoriano de Pannonia, su hijo, Toledo, 1520.—La fundación y destruyción de la cibdad de Monvedro antiguamente llamada Sagunto, Valencia, 1520.—Diego de Segura, jurisconsulto sevillano, publicó Repetitiones, Salamanca, 1520. Tratatus de bonis per maritum haereticum constante matrimonio quaesitis, Colonia, 1580.—Juan Viñao publicó su Cancionero, Valencia, 1520. Son notables las obras burlescas, provocantes á risa y hasta "nefandas y bestiales" (M. Pelayo).—Vocabulario para aprender francés, español y flamenco, 1520, anónimo.
24. Año 1521. Publicóse en 1521: Síguese la comedia llamada Thebayda nuevamente compuesta, dirigida al muy illustre señor Duque de Candia.—Síguese la comedia llamada: Ipólita, nuevamente compuesta en metro. (Portada aparte).—Comedia nuevamente compuesta llamada: Seraphina, en que se introducen nueve personas, las quales en estilo cómico y á vezes en metro, van razonando..., Valencia, ibid., 1524; sin la Hipólita, Sevilla, 1546 (Bibl. Imper. de Viena). La Thebayda y la Serafina parecen más ser de un mismo autor que no la Hipólita, la cual es una pieza dramática en verso, calcada sobre La Celestina, aunque difiere en el personaje principal y en el desenlace. La Serafina es más obscena, pero más ingeniosa que la Hipólita y la Thebayda, de excelente prosa, aunque deslustrada por la afectación y la pedantería de citas clásicas, á imitación de La Celestina. Su argumento son las aventuras amorosas de un hombre disfrazado de mujer. Encierra muchos proverbios é idiotismos familiares; tiene dicción pura, natural gracejo y, sobre todo, observación realista en la pintura de costumbres. Como en La Celestina, hay lenguaje renacentista y culto muy afectado, junto con el popular, entrambos más extremados que en su modelo. No es menos extremada la obscenidad. El autor subióla de punto, creyendo en ello imitar á La Celestina, sin tomar de ella el intento moral, bien patente en el desastrado desenlace de los amantes y de la misma tercerona. Inferior, aunque bastante parecida á la Serafina, es la Comedia llamada Thebayda, de prolija y fastidiosa lectura, en 15 escenas, con largos razonamientos y episodios, mezcla de retórica y de escolástica, y no pocos latinismos y citas mitológicas é históricas á granel. En suma: la Serafina y la Tebaida no desdirían de Proaza, pues tienen los mismos defectos que lo que éste añadió á la primitiva Celestina, no habiendo tenido talento más que para exagerar las faltas que en ella apuntaban y convertir en defectos sus virtudes. Son más útiles al filólogo por la riqueza de refranes y frases castizas populares. Algunas voces y alusiones muestran haberse compuesto en Valencia; pero no había por aquel tiempo autor valenciano que así conociese nuestro romance. Todo lo cual induce á sospechar si sería Proaza su autor, como lo fué de los actos que añadió en sus ediciones de La Celestina.
25. Alonso de Proaza, que escribió una Farsa, que editó La Celestina, añadiéndole nuevos actos, y probablemente hizo la edición de 1514 en Valencia, hombre trabajador, que andaba metido en cien cosas á la vez, no debió ser ajeno á la composición de estas tres comedias valencianas, remedadoras de La Celestina, y más de los defectos, esto es, remedadoras de lo añadido por el mismo Proaza. No carece de misterio el que estas primeras imitaciones de La Celestina, mejor dicho, de lo á La Celestina añadido por Proaza, se hiciesen en Valencia, donde él vivía. Ejemplar de la primera edición sólo se conoce el del Museo Británico; de la segunda los hay en las Bibliotecas Nacionales de Madrid, París y Viena. Reimprimióse la Serafina con la Selvagia en la Colecc. de libros españ. raros y curiosos, t. V, Madrid, 1873, y la Tebaida en la misma, Madrid, 1894.—La Hipólita está en verso y "plagia servilmente la fábula de La Celestina, salvo el personaje principal y el desenlace, que no es trágico, sino festivo y placentero, y, por consiguiente, inmoralísimo; su corta extensión, que no es mayor que la de las farsas de Jaime Huete y Agustín Ortiz, su versificación en coplas de pie quebrado á estilo de Torres Naharro y todas las condiciones externas, en suma, hacen de ella una pieza dramática y de ningún modo novelesca". (M. Pelayo, Oríg. novel., t. III, CLXXVIII). Timoneda (prólogo) dice de la Thebayda que es de "muy apacible estilo cómico, propio para pintar los vicios y las virtudes". No la prohibió la Inquisición, á pesar del parecer contrario de Zurita.
Los mejores escritores valencianos del tiempo de Carlos V escribieron en latín y algunos en catalán; hasta fines del siglo xvi no hubo en Valencia prosistas castellanos que pudiesen escribir estas comedias, propias de quien ha mamado el castellano con la leche. Además, el autor parece andaluz, como dice M. Pelayo. En la Seraphina (pág. 379) se menciona "el lienzo sevillano y el lino de Guadalcanal, que cuesta á moneda de oro la vara"; Galterio, en la Thebayda, dice: "Yo he sido prioste de juego de esgrima, y en San Lucar de Barrameda serví un hostal por el mismo señor de la casa, y en Carmona tuve casa de trato, y en algunas partes, como ya te es notorio, he sido padre" (pág. 64); una de estas partes era Lucena (pág. 48). "Seyendo mancebo y hijo de Ecija, me afrentó la justicia" (pág. 81). "Estábamos en Cabra, en la posada de Pedro Agujetero" (pág. 92). "De treinta años á esta parte no se ha hecho desafío en toda Andalucía donde ella (la espada) no se haya hallado, porque de Córdoba, de Cádiz, de Jerez, de Málaga y de otras muchas y diversas partes, donde suceden desafíos entre los amigos, luego me envían por ella, y con ésta fué con la que mataron al tablajero de San Lucar...". (págs. 132-133). "Estando en el Potro" (de Córdoba) (pág. 176). El vino que beben no es el de Murviedro, tan del gusto de Celestina, y que debía de ser el que más se bebía en Valencia, sino de la vega de Martos, de Luque ó de Lucena (págs. 326-27). Hay otros lugares más sobre Andalucía. Todo lleva á sospechar si el autor fué el sevillano Alonso de Proaza.
26. Año 1521. Juan Ginés de Sepúlveda (1490-1572), cordobés, nacido en Pozoblanco: estudió en Alcalá, y desde 1515, en Bolonia. Trató en Roma con los más eminentes autores; se carteó con Erasmo, el cual, en su Ciceronianus, apenas reconoció otro verdadero imitador de Cicerón que nuestro Ginés de Sepúlveda. Á los veintidós años de estancia en Italia, donde tuvo parte en la corrección del Calendario, volvió á España el 1536, aprovechando la llegada á Roma del Emperador, que le nombró su Cronista. Vivió hasta el 1557, ya en Valladolid, ya en Córdoba, ora en Madrid, ora en Pozoblanco. Disputó en Valladolid con fray Bartolomé de las Casas, contra los dominicos y contra la Universidad de Alcalá, probando ser lícito á los Reyes de España someter á los indios, no como á esclavos, sino como á sujetos civiles de la Monarquía. En 1557 fué á visitar á Carlos V, ya retirado en Yuste, y apartado desde entonces de la Corte, pasó el resto de sus días en Córdoba ó Pozoblanco. Alderete dice que fué prebendado de Córdoba (Antig. de Esp. y África, t. I, c. IV). Gran humanista, henchido de erudición, perito en latín y griego, elocuentísimo como ningún otro español en el estilo ciceroniano y como pocos de los extraños, fué Ginés de Sepúlveda una de las mayores glorias del Renacimiento en nuestra Patria y de los más celebrados por todos los escritores, como puede verse en Nicolás Antonio. Por afición fué peripatético, bebiendo la doctrina en sus mismas fuentes griegas.
27. Obras de Sepúlveda: De Vita et rebus Aegidii Cardenalis Albornotii, Roma, 1521. Dialogus de appetenda gloria, qui dicitur Gonzalus, Roma, 1523. De Fato et libero arbitrio, Roma, 1526. Alexandri Aphrodisiae Commentaria, ibid., 1527. Oratio ad Carolum V ut bellum susciperet in Turcas, Bolonia, 1529. De Ritu nuptiarum et dispensatione, Roma, 1531. Aristotelis Meteororum, Eiusdem de Ortu et Interitu y Parvorum Naturalium y De Mundo, París, 1531 y 1532. Antopologia pro Alberto Pio Comite Carpensi in Erasmum, París, 1532; Roma, 1532; París, 1541; Colonia, 1602. De Honestate rei militaris, qui inscribitur Democrates, Roma, 1535, traducido por Antonio Barba con el título De cómo el estado de la milicia no es ageno de la religión Cristiana, Sevilla, 1541. Dialogus de ratione dicendi testimonium in causis occultorum, Theophylus, París, 1541. De Correctione Anni et Mensium Romanorum, Venecia, 1546; París, 1547. Apologia pro libro de Iustis belli causis, Roma, 1550. Aristotelis Politicorum libri VIII, París; Colonia, 1601. Epistolarum libri VII, Colonia, 1602; en ellas se tratan puntos importantes. Opera cum edita tum inedita, accurante Regia Historiae Academia, Matriti, 1780, 4 vols. Véase M. Pelayo, Heterod., t. II, pág. 86. Cartas publicadas por la Acad. Historia en 1780.
28. Año 1521. Fray Alonso de Castrillo, trinitario, publicó Tratado de República con otras historias y antigüedades, Burgos, 1621; analizado por Ed. de Hinojosa en su discurso de ingreso en la R. Acad. de Cienc. Mor. y Polít., y por J. Costa en su Colectivismo agrario, Madrid, 1898, y hay ejemplar en la Bibl. Nac. Égloga de la fundación de la Orden de la Trinidad (Reg. Colón).—La Hystoria del muy valiente y esforçado cauallero Clamades, Burgos, 1521, 1562; Alcalá, 1603; Lérida.—Fernando de Enzinas, aragonés, nominalista y profesor en París, publicó De Compositione propositionis mentalis, París, 1521. Tractatus Summularum et syllogismorum, ibid., 1526. Oppositiones, ibid., 1527. De verbo mentis et Syncategorematicis, ibid., 1528. Termini perutiles et principia Dialectica, Toledo, 1534.—Fray Bernardino de Laredo († 1545), lego franciscano de Sevilla, publicó Modus faciendi cum ordine medicandi, Sevilla, 1521, 1522, 1527; Madrid, 1527; Sevilla, 1534, 1542; Alcalá, 1627. Metaphora medicinae, en castellano, con 600 autoridades de latín, fechas por un fraile menor de la provincia de los Ángeles, Sevilla, 1522. Subida del Monte Sión, Sevilla, 1535, 1538; Medina, 1542; Sevilla, 1553; Valencia, 1590; Alcalá, 1617. Véase en 1509 la obra con el mismo título atribuída á fray Jerónimo de Alcozer, dominico.—Fray Alonso de Madrid, franciscano, publicó Arte para servir á Dios, Sevilla, 1521; Alcalá, 1525, 1526; Burgos, 1530; Sevilla, 1539; Alcalá, 1555; Zaragoza, 1567; Tarragona, 1591; Lyon, 1593; Madrid, 1603, 1610, 1621, 1785 (Nueva Bibl. Aut. Esp., t. XVI). Espejo de ilustres personas, Burgos, 1524; Alcalá, 1525; Sevilla, 1539. Arte para servir á Dios... Con el espejo de illustres personas y una Epístola de San Bernardo de la perfección de la vida espiritual, Salamanca, 1545; Madrid, 1598. Siete Meditaciones de la Semana Santa, París, 1587.—Historia de la bendita Magdalena, Toledo, 1521; Medina, 1534.—Jacobo Martino, médico judío, publicó Paraphrasis Averrois de Partibus et Generatione Animalium, del hebreo, Roma, 1521. Paraphrasis Averrois super libros Platonis de Republica, ibid., 1539. In Organum Aristotelis, Venecia. In Posteriora Aristotelis, ibid., 1562. Interpretatio Averrois ad Introductionem Porphyrii, ibid., 1552.—Enrique de Olloa publicó Memorial de la vida en coplas, Alcalá, 1521.—Alonso de Salazar publicó Crónica de Lepolemo, llamado el Cavallero de la Cruz, Valencia, 1521; ibid., 1525; Sevilla, 1534; Toledo, 1543; Valladolid, 1545; Sevilla, 1548; Toledo, 1562, 1563. Libro segundo, Toledo, 1563.—Historia de la reina Sevilla, Toledo, 1521; Sevilla, 1532; Burgos, 1551.—Miguel de Ulzurrun, pamplonés, publicó De Damno infecto, Burgos, 1521. De Regimine Mundi, 1525.—Diego Velázquez, castellano, poeta laureado, publicó la Vida de San Orencio, en coplas de arte mayor, Zaragoza, 1521; ibid., 1529.
29. Año 1522. El magnífico Caballero Álvar Gómez de Ciudad Real (1488-1538), natural de Guadalajara, señor de los pueblos de Pioz, Atanzón, etc., en el partido de Madrid; teólogo y poeta castellano, y no segundo á ninguno en el metro latino; erasmista decidido; sirvió al emperador Carlos V como soldado y como letrado en su Casa en España y Flandes; escribió muchas obras latinas y algunas castellanas; Nebrija le llamó "Virgilio cristiano".
Obras: Thalichristia, poema latino en 25 cantos de versos heroicos, Alcalá, 1522, 1525. Musa Paulina, en elegíacos, paráfrasis de las cartas á San Pablo, ibid., 1529. Proverbia Salomonis, en hexámetros y pentámetros, ibid., 1536; Basilea, 1538. Septem elegiae in septem Poenitentiae Psalmos, Toledo, 1538, con prólogo de Alejo Banegas. De Militia Principis Burgundi, quam Velleris Aurei vocant: ad Carolum Caesarem, eiusdem Militiae Principem, libri quinque. Ad Magnum item Philippum, iuventutis Principem, in eiusdem Velleris locos obscuriores Alexii Banegas brevis Enucleatio, Toledo, 1540 (de la Caballería y orden del Tusón). Teológica descripción de los Misterios Sagrados en doce cantos, glosa y prólogo de A. Vanegas, con coplas de arte mayor, Toledo, 1541. La Translación de los Triunfos del Petrarcha, en verso (en las ediciones de Montemayor, Madrid, 1595, 1602 y 1622). De la Concepción de Ntra. Sra. De las Tres Marías. Satyras morales contra los siete Vicios, en el Tesoro de Sacra Poesía, de Juan Esteban de Villalobos, Madrid, 1587, 1604. De profligatione bestiarum, en prosa latina, confundiendo los dogmas de los heresiarcas.
30. Año 1522. En 1522 llegó Juan Sebastián del Cano, con su nave Victoria á Sanlúcar, habiendo salido con Magallanes en 1519 de aquel puerto y rodeado el mundo por vez primera (Ladislao de Velasco y Fernández Cuesta, Biografía de J. S. del Cano, Bilbao, 1860).—El doctor Diego Castillo de Villasante, natural de Molina, publicó Tratado de cuentas, Burgos, 1522; Salamanca, 1542, 1551, 1555. De Duello, con el Remedio de desafíos, anónimo, Turín, 1525. Las leyes de Toro glosadas, Burgos, 1527; Medina, 1553. Reprobación de los juegos, Valladolid, 1528; Sevilla, 1557. Á nombre de su hijo el bachiller Juan Arias del Castillo, salió su obra Doctrinal de confesores en casos de restitución, Alcalá, 1552.—Comedia llamada Clariana, por "un vecino de Toledo", Valencia, 1522. Los traductores de Ticknor, que la mencionan, nada dicen acerca de su paradero ni dan más noticias de ella sino que está escrita en prosa, mezclada de versos. Juan Pastor, natural de la villa de Morata, declara al fin de su Farsa ó Tragedia de la castidad de Lucrecia, haber compuesto otras dos, llamadas Grimaltina y Clariana, pero no sabemos si esta misma Clariana. La de 1522, por el título, parece ser la más antigua imitación dramática de La Celestina, aunque ya tomaron algo de ella Juan del Enzina, por ejemplo, en Plácida y Vitoriano, y no menos Gil Vicente y Torres Naharro en la Himenea.—Hernán Cortés (1485-1547), el famoso conquistador de Méjico, escribió en cartas al Emperador la relación de sus descubrimientos y hazañas con naturalidad y brío. Imprimiéronse: de la primera, no se sabe; la segunda, en Sevilla, 1522; Zaragoza, 1523; la tercera, en Sevilla, 1523; la cuarta, en Toledo, 1525; Valencia, 1526 (Gallardo). Véase Cartas y relaciones, ed. P. de Gayangos, París, 1866. Tuvo en su casa, en Madrid, la primera Academia literaria, á la que concurrían insignes varones españoles y extranjeros. Después de la Academia literaria que juntó en su casa Hernán Cortés, la primera que se conoce en Madrid es la Academia Imitatoria, hacia 1586, que no llegó á cumplir un año, presidida por un caballero joven, rico y poeta, y á la que asistieron Lupercio Argensola y Cervantes, que la cita en sus novelas. En 1602 publicó Lope su Arte nuevo de hacer comedias, dirigido á la Academia de Madrid. En 1612 se abrió la Academia Selvaje, por estar en casa de su presidente, don Francisco de Silva, á la que perteneció Lope y los mejores ingenios. Lope cita posteriormente otra Academia Madridense, presidida por un gran señor, á la que concurrían Lope, Mendoza, Barrionuevo, Luis Vélez, Elisio, Bosque y otros (Filom., ep. 9). Siguióse la protegida por don Félix Arias Girón, en la que fué laureado Espinel (Lope, Laurel, dedic.). Otra de Madrid, de 1623 á 1626, en la que Pantaleón de Ribera dió su segundo Vejamen. Después la de 1649, en que dió Cáncer el suyo. Bernal Díaz: "Era latino y oy dezir que era bachiller en Leyes, y quando hablaua con letrados y hombres latinos respondía alo que dezian en latín. Era algo poeta, hazia coplas en metros y en prosa". Sobre sus Relaciones, véase Barcia, Historiadores primitivos de las Indias Occidentales, Madrid, 1749.—Juan de Robles publicó Vida y excelencias de Santa Ana, Salamanca, 1522; Sevilla, 1604. Diálogos entre dos sacerdotes en razón del uso de la barba, ibid., 1642.—Juan de Vedoya publicó Comedia llamada Flerida, en coplas, Sevilla, 1522 (Reg. Colón).
31. Año 1523. Pedro de Altamira, de Hontiveros, publicó Auto de la aparición que N. S. Jesucristo hizo á los discípulos que iban á Emaus, Burgos, 1523, en metro de arte mayor.—Arte de confesión breve, Burgos, 1523, 1535. Hay un Arte de bien confesar, Toledo, 1524, 1525, 1536, refundición probablemente del libro así intitulado del maestro Pedro Ciruelo, y con no menor probabilidad lo es el libro burgalés.—Sancho Carranza de Miranda publicó Libellus, in quo refellit Errorem quemdam adversus virginei portus veritatem, Alcalá, 1523.—Luis Domínguez tradujo el Innamoramento di Carlo Magno (Venecia, 1481), con el título de Libro del noble y esforçado cavallero Renaldos de Montalbán, Toledo, 1523; Sevilla, 1525; con variantes en el título se reimprimió en Salamanca, 1526; Sevilla, 1535; Alcalá, 1563, 1564; Burgos, 1564; Perpiñán, 1585, 1589. La Trapesonda que es tercero libro de don Renaldos, Sevilla, 1533, 1543; Toledo, 1538, 1558; Alcalá, 1563; Perpiñán, 1585. Debía de estar ya impresa en Salamanca en 1526 (Registro de Colón) y es traducción de la Trabisonda historiata, de Francesco Tromba, Venecia, 1518. El quarto libro del esforçado cavallero reynaldos de montalván, que trata de los grandes hechos del invencible cavallero Baldo y las graciosas burlas de Cingar. Sacado de las obras del Mano Palagrio en nuestro común castellano, Sevilla, 1542. Tercera parte de Reynaldos de Montalbán, en la qual se cuentan los famosos hechos del infante don Roserin..., Sevilla, 1550; Toledo y Medina, 1586.—Erudita in daviticos psalmos Expositio incerto autore, Alcalá, 1523.—Luis Gómez, de Orihuela, publicó Ad Titul. Institutionum de Actionibus, Padua, 1523. In Regulas Cancellariae Apostolicae, París, 1545. Decissionum Rotae, París, 1546. De Litteris Gratiae, Lyon, 1573; Roma, 1587. Y otras obras.—Luis de Lucena, (1490-1552), médico de Guadalajara, publicó De tuenda, praesertim a peste, integra valetudine, deque huius morbi remediis, Tolosa, 1523. Colección de inscripciones de España, Ms. en la Vaticana. Inscripciones aliquot Hispaniae collectae ex ipsis saxis.—Juan Montes de Oca, ó Juan Hispano, averroísta sevillano, enseñaba en Padua y compuso bastantes obras inéditas y comentarios sobre obras ajenas que publicó (Nic. Ant.). Aristotelis Parva naturalia, Venecia, 1523; París, 1530. In librum IX Phisicorum... Padua, 1523. In VIII libros Physicorum, Padua, 1523.—Rodrigo Sineto, cordobés, publicó Dialectica Introductio, Toledo, 1523.—Fray Pedro Tierra publicó Supplementi Privilegiorum, Barcelona, 1523.—El maestro Gabriel publicó Utilissima et compendiosa expositio sacri canonis missae, Toledo, 1523.
32. Año 1524. Mosén Juan Ángel, valenciano, publicó Tragitriunfo de don Rodrigo López de Mendoza..., Valencia, 1524, en verso.—Lorenzo Balbo de Lillo, gran humanista toledano, publicó Quintus Curtius, Alcalá, 1524. In Valerii Flacci Argonautica, ibid., 1524.—El presbítero valenciano M. Bartolomé Cucala publicó la Obra muy provechosa no sólo para los Reverendos Sacerdotes, Rectores, Curas y Vicarios; mas también para los mismos penitentes: y en fin para todo fiel Christiano. Llamada Baculus Clericalis, Valencia, 1524, 1529 y 1539; Zaragoza, 1548, 1551 y 1552; Barcelona, 1553; Alcalá, 1554; Zaragoza, 1562, 1577.—Doctrina xriana en español, de San Agustín, Sevilla, 1524; Toledo, 1526.—Álvar Gutiérrez de Torres, de Toledo, publicó Breve Compendio de las Alabanzas de la Astrología, con el Sumario de las maravillosas y espantables cosas que en el mundo an acontecido, Toledo, 1524.—La Istoria d'l noble cauallero Paris é d' la hermosa doncella Viana, Burgos, 1524; tradújose del francés; su origen es provenzal; el traductor fué morisco. Ed. E. Saavedra, en Rev. Histórica, Barcelona, 1876, t. III, págs. 33-41. Véase I, 131 de esta nuestra obra.—Historia del esforçado y muy vitorioso cavallero Reymundo de Grecia, Salamanca, 1524.—Fray Cristóbal de San Antonio, franciscano, publicó Triumphus Christi Jesu contra Infideles, Salamanca, 1524.—En 1524 se publicaron las obras de Gabriel de Tárraga, médico catalán.
33. Año 1525. Juan Boscán, ó Mosén Juan Boscá Almugaver († 1542), de familia honrada, nació á fines del siglo xv en Barcelona; su padre, probablemente, fué Francisco Boscá, á quien nombró caballero don Fernando el Católico en 1510. Fué nuestro poeta, de mancebo (Garcilaso), ayo del gran duque de Alba, don Fernando Álvarez de Toledo (1507-1583), y discípulo de Lucio Marineo Sículo, como se ve en cartas que se cruzaron, siendo criado de la Real Casa desde el tiempo de los Reyes Católicos, y seguía siéndolo en 1533, al imprimir El Cortesano, y así se educó y vivió casi siempre en Castilla, y bien se ve por la pureza de su lenguaje. Asistió con Garcilaso á la frustrada empresa de Rodas (1522), y ya estaba entonces al servicio de la Casa de Alba. Había hecho amistad con Garcilaso (1503-1536) en la Corte, donde estuvo desde los diez y siete años, y guardáronla entrambos hasta la muerte. Entre 1525 y 1528, que Navagero (1483-1529) estuvo de embajador veneciano en España, hablando con él en Granada, se animó á escribir sonetos y versos al modo italiano, y comunicando á Garcilaso las dificultades que encontraba, alentóle no menos con su buen juicio primero y luego con su mismo ejemplo. Así llegó á España el endecasílabo toscano que tanto había de realzar la poesía erudita de nuestra nación, como llegó hasta Inglaterra más tarde y á Francia, por lo menos el soneto, ya que el endecasílabo no lo sufrían aquellos idiomas como el nuestro, en el cual asentaba como de molde. Tradujo El Cortesano del italiano, y se publicó en Barcelona, 1539, obra "muy bien romanzada". (J. Valdés, Diál. lengua). "El Cortesano no habla mejor en Italia, donde nació, que en España, donde le mostró Boscán, por extremo bien el castellano". (Ambrosio de Morales, en el Disc. sobre la lengua castellana, delante de las Obras de Francisco Cervantes de Salazar, 1546). Aunque el fondo de la obra no sea de Boscán, por el estilo y lenguaje es, sin duda, el mejor libro en prosa escrito en España en la época de Carlos V y el mejor intérprete que hasta ahora ha tenido la prosa italiana. Al publicar El Cortesano vivía ya Boscán en Barcelona, donde se casó con doña Ana Girón, valenciana, de origen aragonés, y de ella tuvo una hija, doña Mariana, que casó con don Martín de Bardaxí. Á su mujer alude en muchos de sus versos, por haberla querido entrañablemente y ser "sabia, gentil y cortés", como la llama don Diego de Mendoza en su carta á Boscán, de quien fué amigo, y cuya escuela italiana siguió. Seis años después de caer Garcilaso descalabrado por una piedra en la campaña de Provenza (1536), murió su amigo Boscán el 1542. (Documentos inéditos, tomo XVI, pág. 161, por Eustaquio Fernández de Navarrete, en su Vida de Garcilaso). Había preparado sus obras en verso para imprimirlas juntamente con las de Garcilaso, que le habían sido confiadas, ó por su mujer doña Elena de Zúñiga ó por alguno de sus compañeros de armas. Apareció la colección en Barcelona al año siguiente de morir Boscán, en 1543, por diligencia de su viuda.
34. En 1525, Andrés Navagero, llegó á la Corte de Toledo como embajador de Venecia, historiógrafo de ella y bibliotecario de San Marcos, filólogo de nota y refinado renacentista, y de los más famosos, con Bembo, Sadoleto, Frascator y Jerónimo Vida, ciceroniano tan intransigente como el mismo Longolio. Famoso es Il Viaggio fatto in Spagna (Venecia, 1563), y tan importantes sus cinco cartas á Ramusio, para conocer lo que sintió de España, viajando por ella tres años, hasta volverse en 1528; murió en Francia en 1529. Él fué el que un día en Granada, en 1526, animó á Boscán á "probar en lengua castellana sonetos y otras artes de trovas usadas por los buenos autores de Italia", y le "rogó que lo hiciese" (Bosc., prólogo al l. II de sus poesías). "Tratando con él en cosas de ingenio y de letras, y especialmente en las variedades de muchas lenguas, me dixo por qué no probaba en lengua castellana sonetos y otras artes de trovas usadas por los buenos autores de Italia; y no solamente me lo dixo así livianamente, mas aun me rogó que lo hiciese. Partíme, pocos días después para mi casa, y con la largueza y soledad del camino, discurriendo por diversas cosas, fuí á dar muchas veces en lo que el Navagero me había dicho, y así comencé á tentar este género de verso. En el qual al principio hallé alguna dificultad, por ser muy artificioso y tener muchas particularidades diferentes del nuestro. Pero después, pareciéndome, quizá con el amor de las cosas propias, que esto comenzaba á sucederme bien, fuí paso á paso metiéndome con calor en ello. Mas esto no bastara á hacerme pasar muy adelante, si Garcilaso con su juicio, el qual no solamente en mi opinión, mas en la de todo el mundo, ha sido tenido por regla cierta, no me confirmara en esta mi demanda. Y así alabándome muchas veces este mi propósito y acabándomele de aprobar con su ejemplo, al cabo me hizo ocupar mis ratos ociosos en esto más particularmente". Sá de Miranda volvía por entonces de Italia y por poco no se adelanta á Boscán en la introducción del metro toscano. Dos meses antes que Navagero vino también su amigo el conde Baltasar Castiglione (1478-1529), perito en las dos lenguas clásicas, hombre de armas y de Corte, profesor de cortesanía galante no menos que de filosofía platónica, amigo y consejero de Rafael, poeta lírico y dramático, dechado de florentinos y autor de El Cortesano, trasunto de las discretas pláticas que se tuvieron en las fiestas y saraos en la elegante Corte del duque Guidobaldo de Urbino, á cuyo servicio entró en 1504, después de pelear con su señor natural el marqués de Mantua, Francisco Gonzaga, de la parte de los franceses, en la para ellos desgraciada batalla del Garellano (1503). En aquella Corte aprendió de la gentil duquesa Isabel Gonzaga y de su cuñada la ingeniosa Emilia Pía; del magnífico Julián de Médicis, hermano de León X; del futuro duque de Génova, Octaviano Fregoso; de su hermano Federico, arzobispo que fué de Salerno; del conde Luis de Canossa, y de los futuros cardenales Bembo y Bibbiena, interlocutores de los diálogos de su libro; pero, sobre todo, de su primo César Gonzaga, con quien compuso y representó en 1506 la égloga dramática Tirsi. Para otra fiesta del año siguiente compuso Bembo las estancias que Boscán imitó en su Octava Rima, su mejor ensayo en metro italiano. Clemente VII nombró á Castiglione protonotario apostólico y su Nuncio en España, llegando á Madrid el 1525 y murió en Toledo el 1529, cuando el Emperador trataba de hacerle Obispo de Ávila. Il Cortegiano, de Castiglione, se publicó en Venecia, 1528, anotado por Vittorio Cian en su edición de Florencia, 1894. Leyólo Boscán en el ejemplar que desde Italia le envió Garcilaso (carta dedicatoria del Cortesano). Con razón dice M. Pelayo que el que quiera apreciar el valor de la traducción de Boscán la coteje con la que Juan Nicasio Gallego ha hecho en el siglo xix de la novela de Manzoni "y comprenderá lo que va del uno al otro y lo mucho que hemos retrocedido en materia de estilo y lengua". Edic. Los cuatro libros del Cortesano, compuestos en italiano por el Conde Baltasar Castellón y agora nuevamente traducidos en lengua castellana por Boscán, Barcelona, 1534: Toledo, 1539; Salamanca, 1540; otra acaso del 1541; Toledo, 1542; Amberes, 1544; otra de 1549; Zaragoza, 1553; Toledo, 1559: Amberes, 1561; Valladolid, 1569; Amberes, 1573, 1574; Salamanca, 1581; Amberes, 1588; Salamanca, 1591; Madrid, 1873 (Libros de Antaño). Entre las copias de las poesías de Boscán hay que citar el códice 17.969 de la Nacional y número 693 del catálogo de Gayangos, donde además están la mayor parte de las de Garcilaso, algunas de Diego de Mendoza y de Juan de Mendoza y el Triunfo de Amor, del Petrarca, traducido por Álvar Gómez. Hay 26 poesías suyas (12 que no se hallan en ninguna de sus ediciones) en el Cancionero General de obras nuevas nunca hasta aora impressas, Zaragoza, 1554, ejemplar de la Biblioteca de Wolfembüttel, que reimprimió Morel-Fatio en L'Espagne au xvie et au xviie siècle, Hellbronn, 1878. Edic: Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso, Barcelona, 1543; otra del mismo, 1543; Lisboa, 1543; Medina, 1544; Amberes, 1544; Lyon, 1547 (dos edic.); Roma, 1547; París, 1548; Toledo, 1548; Lyon, 1549; Amberes, dos ediciones sin año; Valladolid, 1553; Venecia, 1553; Barcelona, 1554; Amberes, 1554; Stella, 1555; Amberes, 1556; Toledo, 1558; Amberes, 1569; Alcalá, 1575; Granada, 1575; Amberes, 1576; Zaragoza, 1577; Londres, 1578 (ingl.); Amberes, 1597; Madrid, 1875, que editó Knapp críticamente, añadiendo la bibliografía.
35. Boscán trajo por primera vez á España el endecasílabo del Petrarca, aunque tiene mucho verso escabroso, sobre todo por las sílabas átonas que se hallan donde debería haber acento, como: "Dando nuevas de mi desasosiego,—El alto Cielo que en sus movimientos". También peca en las cesuras: "Siguiendo vuestro | natural camino". Menudea los versos agudos, que nos disuenan, habiendo vencido el endecasílabo llano con Garcilaso, al cual estamos hechos.
Introdujo Boscán ó generalizó el soneto, la canción, el terceto, la octava rima y el verso suelto, aunque ya Santillana había hecho sonetos, pero casi nadie le había imitado. "Boscán—dice Menéndez y Pelayo (Antol., tomo XIII, pág. 379)—fué un ingenio mediano, prosista excelente cuando traduce, poeta de vuelo desigual y corto, de duro estilo y versificación ingrata, con raras, aunque muy señaladas excepciones. Reconozco que no tiene ni el mérito de la invención ni el de la forma perfecta".
36. La Historia de Leandro y Hero consta de unos 3.000 endecasílabos y está tomada del poeta griego Museo, que la despacha en tres ó cuatro centenares de hexámetros; lo mejor en esta taracea, bastante pesada, es lo que toma de la paráfrasis que de Museo hizo Bernardo Tasso (1493-1569) en la Favola di Leandro ed Ero (1537). Vale más la Octava Rima, alegoría de la Corte de Amor y de la Corte de Celos, con la historia de una embajada de la Corte de Amor á dos rebeldes barcelonesas, aunque en gran parte no sea más que traducción de las Stanze, de Bembo.
Herrera, Anotaciones á Garcilaso: "Boscan, aunque imitó la llaneza de estilo i las mesmas sentencias de Ausias, i se atrevió traer las joyas de Petrarca en su no bien compuesto vestido, merece mucha más onra que la de la censura i el rigor de juezes severos, porque si puede tener desculpa ser estrangero de la lengua, en que publicó sus intentos; i no exercitado en aquellas disciplinas, que le podían abrir el camino para la dificultad i aspereza, en que se metía; i que en aquella sazón no avía en la habla común de España á quien escoger por guía segura; no será tan grande la indinación, con que lo vituperan queriendo ajustar sus versos i pensamientos; i no reprehenderán tan gravemente la falta suya en la economía i decoro i en las mesmas vozes; que no perdonen aquellos descuidos i vicios al tiempo, en que él se crió; i á la poca noticia, que entonces parecía de todas estas cosas, de que está rica i abundante la edad presente".
Boscán, en la introducción al lib. II de sus poesías: "La cosa era nueva en nuestra España y los nombres también nuevos, á lo menos muchos dellos... estas trovas, las quales hasta agora no las hemos visto usar en España... he querido ser el primero que he juntado la lengua Castellana con el modo de escribir Italiano... Petrarca fué el primero que en aquella provincia le acabó de poner en su punto: y en éste se ha quedado y quedará, creo yo, para siempre. Dante fué más atrás: el qual usó muy bien dél, pero diferentemente de Petrarca. En tiempo de Dante y un poco antes, florecieron los Proenzales, cuyas obras... Destos Proenzales salieron muchos autores ecelentes Catalanes. De los quales el más ecelente es Osías March...". Cristóbal de Castillejo argumentó que Mena tenía algunos endecasílabos, y Argote de Molina, en el Discurso de la Poesía castellana, añadido á la edición de El Conde Lucanor (1575), reconoció endecasílabos en don Juan Manuel, y añade: "No fueron los primeros que los restituyeron á España el Boscán y Garcilaso (como algunos creen), porque ya en tiempo del rey don Juan el segundo era usado, como vemos en el libro de los sonetos y canciones del Marqués de Santillana, que yo tengo, aunque fueron los primeros que mejor lo tractaron, particularmente Garcilaso, que en la dulçura y lindeza de concetos y en el arte y elegancia no debe nada al Petrarca ni á los demás excelentes poetas de Italia". Repitió Herrera la especie, añadiendo un soneto del Marqués, en sus Anotaciones á Garcilaso, Sevilla, 1580, pág. 75, y Juan de la Cueva, en su Exemplar Poético, 1904, pág. 60. Sánchez, en el siglo xviii, halló endecasílabos en el Arcipreste de Hita. Hoy se sabe que el endecasílabo pasó de los provenzales á los galaico-portugueses. Su origen es latino, mudada la cantidad en la acentuación silábica, como aconteció con los demás versos. Los clásicos latinos procuraban que coincidiese el golpe fuerte ó thesis (el arsis, según el sistema de otros) con la sílaba larga de fin de verso y de hemistiquio y dondequiera deseaban sobresaliese el ritmo, y esto por el genio de la lengua latina, que daba más importancia que la griega al acento intensivo, como que en él se fundó la verdadera métrica latina del Carmen Saturnium, antes de llevarse á Roma la métrica griega, la cual jamás penetró entre el pueblo, que siguió con la suya y salió vencedora al decaer la literatura clásica, pasando á los nuevos idiomas neolatinos. Por esta razón nos suenan mejor los versos latinos que no los griegos. Nada tienen que ver con el endecasílabo el endecasílabo latino ni los demás metros clásicos dactílicos ni el endecasílabo arcaico, que no pasaron á la liturgia ni al pueblo cristiano. Litúrgico y medioeval fué, en cambio, el verso sáfico, más latinizado por Horacio al emplear el espondeo en el segundo pie y ponerle cesura || en el dáctilo:
Iam satis terris || nivis atque dirae
— u|— —| — || u u |— u |— u
Igualmente Prudencio:
"Bis novem noster || populus sub uno
Martyrum servat || cineres sepulchro".
Este verso fué muy usado en la liturgia. Conocido es el himno de Guido de Arezzo, del que se tomaron los nombres de las notas musicales:
"Ut queant laxis || resonare fibris".
Y el que rezan los eclesiásticos á cada paso:
"Iste confessor || Domini colentes".
Lo usaron mucho fuera de la liturgia, como Teodulfo, obispo de Orleáns, en el recibimiento de Ludovico Pío, y el del Cid (Du Méril, Poésies popul. Lat. du Moyen-Age, 1847, págs. 248-314):
"Eia! laetando, populi catervae
Campidoctoris hoc carmen audite:
Magis qui eius freti estis ope,
Cuncti venite".
Así el verso sáfico, de once sílabas, de pies cuantitativos, se mudó en endecasílabo de puro acento silábico. La composición del Cid y otras latinas fueron obra de clérigos españoles, en la época en que, introducido el rito romano en España por los Cluniacenses franceses, "allá van leyes do quieren reyes", aficionados á ellos, ó reinas y obispos afrancesados, si se quiere. Por el rito romano, pues, se hizo común este verso entre los clérigos, esto es, por influjo francés. Y efectivamente, de este verso había salido en Francia el verso épico francés y el endecasílabo lírico de Provenza é Italia. No menos hay que tener en cuenta el trímetro yámbico acataléctico ó senario:
"Phaselus ille, quem videtis, hospites".
Siendo de seis yambos ó doce sílabas, perdida la cantidad, pronuncióse como un sáfico esdrújulo, y así formó estrofas sáficas, usándose en la liturgia y fuera de ella, como en la destrucción de Aquileya, atribuida á San Paulino:
"Ad flendos tuos, Aquileia, cineres
Non mihi ullae sufficiunt lacrymae,
Desunt sermones, dolor sensum abstulit
Cordis amari".
Como todo ritmo yámbico, fué muy aceptado por los franceses, en cuya lengua cuadra al justo por tener agudas las voces; mientras que al castellano, que las tiene graves, conviene el ritmo trocaico. Así el canto sobre la muerte de Carlomagno (Du Méril). Y en la canción de Modena (929), de 36 trímetros asonantados (e-a), que ya citamos:
"O tu qui servas armis ista mOENIA
Non eam cepit fraudulenta GrAECIA...".
Tenemos así la forma llana del endecasílabo, sacada del sáfico, y la esdrújula del trímetro yámbico, éste ya en el mismo latín con asonantes, como en los antiguos versos franceses. Muchos sostienen que el endecasílabo italiano les llegó de Provenza y que á Provenza les llegó de la Francia del Norte. De todos modos á España vino de fuera y siempre fué propio de la poesía erudita. Oigamos ahora á M. Pelayo (Antol. lír. cast., t. XIII, pág. 183): "En los orígenes de las lenguas romances aparecen tres versos análogos, cuyas particularidades conviene deslindar. Y son por este orden:
"a) El decasílabo épico francés.
"b) El endecasílabo lírico provenzal.
"c) El endecasílabo italiano.
"Conservamos al verso épico el nombre que los franceses le dan, según su sistema de no contar la última sílaba átona, pues aunque este verso tenga generalmente once sílabas, según el cómputo español ó italiano, puede en algunos casos llegar hasta doce, por virtud de su estructura interna. En efecto, todo decasílabo consta de dos miembros desiguales é independientes, separados por una pausa: puede ser átona la última sílaba del primer miembro, ó la del segundo, ó ambas á la vez. En este metro están compuestas las mejores y más antiguas gestas francesas, entre ellas la Chanson de Rollans. De los poemas conocidos hoy, unos 47, la mitad, próximamente, según el cálculo de León Gautier, pertenecen al tipo decasílabo, que fué sustituído luego, sin ventaja alguna de la epopeya, por el pesado y monótono alejandrino. El verso épico tiene dos tipos, que Rajna ha distinguido con los nombres de decasílabo a minori y decasílabo a maiori. Estos dos tipos jamás se mezclan ni se presentan juntos en una misma composición. El decasílabo a minori, que es con gran exceso el que más abunda, consta de dos miembros: el primero de cuatro, el segundo de seis sílabas, ó, hablando con más propiedad, el primero tiene por sílaba tónica la cuarta; el segundo, la sexta. Así en la Chanson de Rollans:
"Rollans s'en turnet, | le camp vait recercer
Desoz un pin | e foluf e ramer...".
En el otro decasílabo, que es más raro, pero se encuentra en un poema importante de que hay dos redacciones, francesa y provenzal, el Girart de Rosilhó, la fórmula aparece invertida, resultando el primer hemistiquio de seis y el segundo de cuatro sílabas:
"Esteirent tote noit | hauberc vestiz;
E quant li jors paraist, | bien fu joïz...".
"Este metro... es el primogénito de las lenguas romances y de él procede, según toda apariencia, el endecasílabo provenzal... Pero... los provenzales... le consideraban como un metro épico... en algunos trovadores del último tiempo, como Aimerico de Pegulhan, llega á ser forma casi única... El endecasílabo provenzal, todavía en algún verso de Marcabrú, conserva la antigua pausa épica, que parece indicio claro de su origen. Pero desde Ventadorn se convierte en ley general la acentuación de la cuarta sílaba... Y ésta es la forma definitiva del verso provenzal y catalán, que Ausias March y los poetas de su escuela regularizaron, empleando sistemáticamente finales agudos en los primeros hemistiquios. Pero en los trovadores provenzales, como Ventadorn, hay ejemplos de sílabas átonas que para el verso se cuentan, y entonces resultan verdaderos endecasílabos á la italiana, acentuados en 3.ª, 6.ª y 10.ª... De este modo la pausa fuerte del decasílabo épico se va debilitando y convirtiéndose en mera cesura, con lo cual pierde el verso en rigidez y gana en libertad métrica... La mezcla de los dos tipos del endecasílabo a minori y a maiori está severamente proscripta en las Leys d'amor... Pero este rigorismo no siempre se observó en la práctica, abriéndose camino con ello á la absoluta libertad del verso italiano, que es propiamente el endecasílabo emancipado, con cesura debilísima, con ritmo libre y variado". Entre el endecasílabo de Dante y Petrarca y el sáfico latino ha intervenido la métrica francesa y provenzal, y esto mismo nos dice la historia: que la lírica provenzal comunicó su técnica y tecnicismo á Italia hasta fines del siglo xiii. De los tres metros antes vistos, "el decasílabo francés, que en la primera de sus formas, dice M. Pelayo, corresponde las más veces á un endecasílabo castellano con acento en la 4.ª, y en la segunda á un endecasílabo con acento en la 6.ª, no tuvo derivación inmediata en la literatura española de la Edad Media". Con todo, comenzando por el primer verso de Mio Cid,
"De los sos ojos | tan fuertemientre llorando",
hay bastantes versos en el poema, que M. Pelayo se calla, pero que puede verlos el que quiera. Ellos vienen de Francia, sin duda, así como los alejandrinos (7 + 7), que forman la mayor parte del poema; los octonarios ó de pie de romance (8 + 8), se le escapan al autor, que, queriendo como erudito usar metros franceses, le retiñen en los oídos los romances populares españoles. El endecasílabo lírico provenzal entró en España por dos caminos, engendrando casi simultáneamente el endecasílabo catalán y el endecasílabo galaico-portugués. "Coplas de diez sillabas á la manera de los lemosis", llamaba Santillana al verso en su tiempo, usado por catalanes y valencianos, y es el endecasílabo de Aquitania, que á Levante trajeron los trovadores provenzales y sobrevivió en Cataluña á la poesía provenzal, sobre todo con mosén Jordi y Ausias March, que en la métrica no imitaron nunca á Petrarca. El endecasílabo gallego aparece ya en las Cantigas del Rey Sabio, ya con finales llanos, ya agudos:
"Sancta Maria os enfermos sana
E os sanos tira de la via vana...
Porque trobar e cousa en que ias
Entendimiento, poren quen os fas...".
Abunda este metro en los Cancioneros de Ajuda, del Vaticano y Colocci Brancuti, y es el mismo provenzal, con cesura monótona después de la sílaba 4.ª ó 5.ª, y con acentos principales en la 3.ª ó 4.ª y en la 10.ª No pocos castellanos hicieron tales versos gallegos: ¿qué mucho se hiciesen algunos endecasílabos parecidos en castellano? Tal don Juan Manuel, en las moralidades ó sentencias del Libro de Patronio:
"Ganará de tal salto un ome el cielo
Si á Dios obedeciere acá en el suelo.
En el comienço deve ome mostrar
Á su mujer cómo deve passar".
Cuanto al endecasílabo del Marqués de Santillana, ya dijo M. Pelayo (Antol. poet. lír. cast., t. XIII, pág. 212) que es "un endecasílabo incipiente, un aprendiz de endecasílabo", respecto del endecasílabo italiano. Falta muchas veces el acento en la 6.ª, aunque nunca en la 4.ª y en la 10.ª; y en vez de la 8.ª, suele acentuarse la 7.ª, como en el verso gallego:
"Las géntes délla con tóda fervéncia...
Viéron mis ójos en fórma divína...
Fáce por cúrso de tiémpo sennal...".
Otras veces el movimiento anapéstico no se hace sentir más que desde la 4.ª, como en los siguientes, parecidos á los que Juan de Mena, por influjo galaico-portugués, emplea en sus versos de arte mayor:
"Por bien quel sexo contraste é desdiga...
Enxemplo sean á tantos sennores...".
"En un poeta como el Marqués de Santillana, que tanto admiraba á Ausias March y á mosén Jordi, dice M. Pelayo, es muy probable la influencia del endecasílabo catalán, no sólo en la acentuación de la cuarta sílaba, sino en la grande abundancia de versos agudos".
Boscán, que conocía bien el endecasílabo catalán, huyó de él siempre, y no tiene ni un verso acentuado como los de Ausias, aunque le tome más pensamientos é imágenes que al mismo Petrarca. Por conocer el verso de arte mayor, huye del acento en la 5.ª Su endecasílabo es el italiano, que además del acento obligatorio de la penúltima, le lleva en la 2.ª y 6.ª, ó en la 2.ª, 4.ª y 8.ª Pegáronsele á veces del arte mayor y aun de algunos versos italianos, los versos acentuados en 4.ª y 7.ª, al modo gallego.
La oposición á las novedades de Boscán hecha por Castillejo y Gregorio Silvestre, dice M. Pelayo que más fué festiva que doctrinal, y diez años después de publicarse sus versos, esto es, en 1554, Hernando de Hozes, traductor de Petrarca, pudo decir: "Después que Garcilaso de la Vega y Juan Boscán traxeron á nuestra lengua la medida del verso toscano, han perdido con muchos tanto crédito todas las cosas hechas ó traducidas en cualquier género de verso de los que antes en España se usaban, que ya casi ninguno las quiere ver, siendo algunas, como es notorio, de mucho precio". Aunque es cierto que los antiguos metros no fueron del todo desechados, ya que los siguió empleando hasta don Diego de Mendoza, tan amigo de Boscán, por no decir nada de Jorge de Montemayor, Gálvez de Montalvo y otros, que seguían prefiriéndolos y que Castillejo murió impenitente en sus trece. Gregorio Silvestre, su discípulo, se dió á partido (véase Pedro de Cáceres y Espinosa, en el prólogo á las Obras, de Silvestre, Granada, 1599). Los portugueses Sá de Miranda, Antonio Ferreira y Camoens siguieron la innovación. Sebastián de Córdoba, vecino de Úbeda, viendo cuán común y manual andaba en el mundo el libro de las obras de Boscán y Garcilaso, malgastó doce años en parodiarlas á lo divino: Las obras de Boscan y Garcilaso trasladadas en materias christianas y religiosas, Granada, 1575; Zaragoza, 1577. Lo mismo hicieron fray Bartolomé Ponce en la Clara Diana y Juan de Andosilla Larramendi en Cristo N. S. en la Cruz hallado en los versos de Garcilaso. Esto da bien á entender la boga que tuvieron las poesías de los dos amigos, hasta que en el siglo xvii le llama ya Cervantes "el antiguo Boscan"; quiere decir que había pasado de moda.
M. Pelayo, Id. estét., t. II, vol. II, pág. 385: "La introducción de los metros italianos se verificó sin resistencia alguna que tuviera verdadero carácter crítico: las trovas de Castillejo y de Gregorio Silvestre contra los petrarquistas son una humorada sin alcance, que de ningún modo puede tenerse por guerra literaria. Oposición formal no la hubo, ni podía haberla, puesto que no se trataba de un conflicto entre la poesía nacional y la trasplantada de Italia, sino de un conflicto entre dos escuelas líricas igualmente artificiosas, derivación lejana la una del arte provenzal y galaico-portugués (no estoy conforme de todo punto con esto); pero modificada ya desde fines del siglo xiv por elementos italianos; y nacida la otra de la inteligente comprensión de los primores de la forma en las obras del Renacimiento toscano, y á través de él en las del arte latino, y más remotamente en las del arte helénico. Y de hecho, como nada de la poesía indígena se perdía, como sólo se trataba de sustituir una imitación á otra, y como aquella imitación era más discreta (y en el fondo más original), y de obras, sin duda, más perfectas y armoniosas, y traía además la poderosa palanca de un nuevo metro, "capaz (como escribió Boscán) para recibir cualquier materia, ó grave ó sotil, ó dificultosa ó fácil, y assimismo para ayuntarse con cualquier estilo de los que hallemos entre los autores antiguos aprobados", y, finalmente, como el espíritu de aquel siglo y la tendencia de los sucesos y la disposición de los espíritus se encaminaban fatalmente hacia il bel paese, la batalla estaba ganada antes de darse, y bien se les conoce á los innovadores en la arrogancia é imperio con que se asientan sobre la tierra de su conquista". En estas palabras muestra M. Pelayo su predilección por todo lo que el Renacimiento trajo consigo; pero el hecho es que la copla castellana es española de origen, antiquísima, que es la única popular hasta hoy y la que más se acomoda á nuestro idioma. Somos los españoles demasiado vivos para soportar la pachorra de tan largos versos y no nos gusta desleir en ellos el pensamiento, que, cuajado en versos cortos y trocaicos de ritmo, brinca y corre con la galanura propia de nuestra lengua. De mí sé decir que pierdo el hilo, ó me cuesta trabajo seguirlo, en los endecasílabos; mientras que en las coplas no necesito hacer el menor esfuerzo para seguir el pensamiento.
37. Ahora digamos claramente el juicio que formamos de la introducción de este metro en castellano, así como del soneto, tercetos y octavas. El castellano es tan flexible y musical, que se acomoda hasta al ritmo yámbico, que es el más opuesto á su naturaleza: así se acomodó á los metros medioevales franceses y á los italianos del siglo xvi, todos ellos de ritmo yámbico. Fué provechosa, pues, su introducción, porque añadió nueva cuerda á la lira castellana; pero entiéndase: á la lira erudita. Tardó mucho tiempo el castellano en acomodarse á él, y apenas se hicieron nunca en la época clásica endecasílabos italianos perfectos en castellano.
Fué, sin embargo, dañosa la introducción, porque todos los poetas que con él se entretuvieron hubieran podido hacer obras mucho mejores si se atuvieran á los metros castizos. Otro tanto se diga de sonetos, tercetos y octavas, estrofas artificiales todas, que plagaron nuestro parnaso y le llenaron de afectación y de obras de pura técnica. No hay cosa más artificial, fría y hasta aovillada que un soneto. El sentimiento se sacrifica en él á la pura técnica. Y con ese metro y esas estrofas, vinieron los fríos y eruditos asuntos y géneros clásicos, como la égloga y bucólica mentirosa y sosísima, que puso en olvido la verdadera y viva égloga castellana de Juan del Enzina, por ejemplo, y de Gil Vicente. Todo fué Arcadias embusteras, escenas campestres de un campo fantástico que no era el que gozamos en España; pastores que no son los de por acá, hasta ideas paganas en religión, que sonaban en labios de pastores españoles á pura quimera, como puede verse hasta en la misma Galatea, donde se pinta una sociedad enteramente falsa. Las necedades, las sosainas que nuestros líricos escribieron no tienen fin ni cabo. Desde Boscán, de toda aquella hojarasca lírica huera, apenas nos gustan más que las contadas piezas compuestas en los metros y manera antigua; todo lo italiano nos suena á lo que era de hecho: á puro ejercicio de escuela, á fría imitación, á afectación y amaneramiento. El espíritu castizo hizo que los poetas verdaderos posteriores volviesen á los metros castellanos, á los versos cortos y al romance, esto es, á los siempre usados por el pueblo. La innovación italiana mató la verdadera lírica de la época clásica, desnacionalizándola en la mayor parte de los autores. Éste es el juicio, severo acaso, para los pagados de la pura erudición; pero que brota de los hechos mismos y de lo que el común de los lectores siente al leer hasta las más delicadas composiciones de Garcilaso, que no podemos menos de exclamar: "¡Lástima de poeta, que se entretuvo y malgastó tan lindo ingenio en fríos lirismos y en lirismos afectados!" Y no hay mayor enemigo del lirismo, que consiste en la sincera expresión de los sentimientos, que la frialdad y la afectación. Con razón, pues, le achacaba Castillejo á Boscán el haber errado el camino: "El mismo confesará | que no sabe dónde va".
38. Alfonso García Matamoros, en el mismo panegírico del Renacimiento español, en su De adserenda Hispanorum eruditione (1553), da bastante á entender que "los versos á la italiana son más artificiosos que suaves y canoros". No se atreve á condenar á los nuevos poetas; pero dice que "en los oídos de algunos suenan mejor los versos de los antiguos y también aquellos romances viejos que, con cierto horror de antigüedad, celebran tan sabrosamente los amores, hazañas y victorias de nuestros antepasados", y compara los nuevos poetas, que, no contentos con los ritmos tradicionales, han traído los nuevos, á las hierbas, dañosas á los frutos, que produce el ingenio feraz de los españoles, el cual no sólo da frutos exquisitos, sino hasta esas hierbas. "Si yo fuera poeta, preferiría cantar, añade, á la manera antigua, que á todo el pueblo gustase y me aplaudiese". Lope admira igualmente á estos nuevos poetas; "pero en el fondo de su alma, dice M. Pelayo, era poeta popular, amigo de los metros cortos, que son el nervio de su teatro, y si hubiese vivido en los tiempos de Castillejo, probablemente se hubiese alistado en su cruzada contra los petrarquistas". Véase Obras sueltas, edic. Sancha, t. I, pág. 83, Laurel de Apolo: "Las coplas castellanas, | si bien después de ser puras y llanas, | son de naturaleza tan suave, | que exceden en dulzura al verso grave (al endecasílabo); | en quien con descansado entendimiento | se goza el pensamiento | y llegan al oído | juntos los consonantes y el sentido, | haciendo en su lección claros efetos, | sin que se dificulten los concetos. | Así Montemayor las escribía, | así Gálvez Montalvo dulcemente, | así Liñán y ahora los modernos: | que como ésta nos es propia Poesía... | ingenios españoles hace eternos". En este sentido estoy con Gracián, cuando dice en el Criticón (2.ª pte., cr. 1): "No hay hartazgo de zanahorias como unos cuantos sonetos del Petrarca y otros tantos de Boscán". Y en la crisis cuarta: "Descolgó (la diosa de la Poesía) una vihuela, tan de marfil, que afrentaba la misma nieve; pero tan fría, que al punto se le helaron los dedos y hubo de dejarla, diciendo: "En estas rimas del Petrarca se ven unidos dos extremos, que son: su mucha frialdad con el amoroso fuego. Colgóla junto á otras dos muy sus semejantes, de quienes dijo: "Éstas más se suspenden que suspenden, y en secreto confesóles eran del Dante Aligero y de el español Boscan". J. Castellanos, Elegías, 4.ª pte., cap. XIII: "Jiménez de Quesada, licenciado, | que es el Adelantado deste Reino, | de quien puedo decir no ser ayuno | del poético gusto y ejercicio; | y él porfió conmigo muchas veces | ser los metros antiguos castellanos | los propios y adaptados á su lengua, | por ser hijos nacidos de su vientre, | y éstos (los italianos) advenedizos adoptivos, | de diferente madre y extranjera". Notable testimonio filológico en el primer conquistador del Nuevo Reino de Granada.
Juan Boscán Almogaver, Obras, ed. W. I. Knapp, Madrid, 1875. El Cortesano, ed. A. M. Fabié, en Libros de antaño, Madrid, 1873, t. III. Poesías, ed. A. de Castro, Bibl. de Aut. Esp., ts. XXXII y XLII. Las Treinta, ed. H. Keniston, Hispanic Society of America, New-York, 1911. Consúltense: M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. XIII. F. Flamini, La "Historia de Leandro y Hero" e l' "Octava Rima" di Giovanni Boscan, en Studi di storia letteraria italiana e straniera, Livorno, 1895, págs. 383-417. F. Pércopo, Giovanni Boscan e Luigi Tansillo, Arpino, 1913. P. Verrua, Precettori italiani in Ispagna durante il regno di Ferdinando il Cattolico, Adria, 1906.
39. Año 1525. Garcilaso de la Vega (1503-1536) nació en Toledo, fué hijo segundo de don García, político en tiempo de los Reyes Católicos, y de doña Sancha de Guzmán, señora de Batres. Huérfano de padre siendo de pocos años, pasó su mocedad en Toledo, y á los diez y siete le admitió el Emperador entre los mancebos nobles de su guardia, entre los cuales sobresalió en gallardía de cuerpo y en las partes de un cumplido cortesano, pues sabía griego, latín, toscano y francés, jugaba las armas con tanta gentileza como tañía una arpa ó una vihuela, que se llevaba de calle á las damas, entre las cuales, la que en la égloga I llama Galatea ó Elisa, tempranamente fallecida, y otra napolitana (soneto XXVI, etc.), á quien conoció allí sirviendo al virrey don Pedro de Toledo. También fué á Francia con la embajada de la Emperatriz. Desposóse (1526) con doña Elena de Zúñiga, hija de don Íñigo, maestresala de la reina doña Isabel.
Mostróse valiente soldado contra los Comuneros en Olías, donde fué herido, con los sanjuanistas en la defensa de Rodas (1522), contra los franceses en Fuenterrabía (1523), contra los florentinos en Italia (1530), en el cerco de Viena por los turcos (1532), contra Barbarroja en la empresa de Túnez; herido no pocas veces, en el rostro las más, vióse en varios peligros de muerte con serenidad y arrojo temerario, pereciendo en uno de ellos. En 1536, el 23 de setiembre, tardaba la artillería en abrir brecha en el muro de la fortaleza de Muey, cuatro millas de Frejus, en Provenza; como sintiera impaciente al Emperador por esta tardanza, Garcilaso, maestre de campo de la Infantería española, se lanzó al asalto con los suyos, sin detenerse á armarse de su casco y coraza, sólo con una rodela y la espada en la mano, subió por una escala puesta al muro y alcanzóle en la cabeza una peña despedida desde los adarves, que le hizo caer tendido de espaldas en lo hondo del foso, mortalmente herido. Ciegos con esto sus peones, escalaron la torre y el Emperador la mandó luego arrasar, ahorcando á sus defensores, "rigor desacostumbrado en el ánimo benigno de tan gran Príncipe, que nos muestra bien el exceso de dolor y rabia con que destrozó su alma tan trágico suceso". (Navarrete, Vida, pág. 85). Llevado á los reales de Niza, falleció Garcilaso el 14 de octubre, de edad de treinta y tres años, en brazos del Marqués de Lombay, después San Francisco de Borja (1510-1572). Enterráronle dos años más tarde en San Pedro Mártir, de Toledo. Las Musas castellanas hubieron de contentarse con los primeros y juveniles frutos, de imitación y remedo los más, de este elegantísimo poeta clásico, que hallaba ratos de esparcimiento para ensayarse, entre el fragor de las armas, en escarceos poéticos, que pudieran haberse convertido, andando el tiempo, si más durara, en obras de mayor aliento y grandeza. Así es de creer en un ingenio, un spirto gentil, como le llamó Tansillo, que á los primeros pasos que dió en las sendas del Parnaso, dejóse muy atrás, no sólo á su amigo Boscán y á cuantos le precedieron, sino á los más de los que tras él habían de venir.
40. Fué nieto de Pérez de Guzmán. Don García tomó por apellido el de su abuela doña Elvira, hermana del marqués de Santillana, don Iñigo, por haberse educado con ella y haber sido hijo segundón, pues el apellido de su padre don Pedro fué Suárez de Figueroa. Doña Elvira conservó el apellido de su madre doña Leonor Lasso de la Vega, pues el del padre, don Diego, sabido es que fué Hurtado de Mendoza. El solar de la Vega se halla en las Asturias de Santillana, riberas del Vesaya, una legua de Santillana y otra del mar. El mayorazgo don Pedro Lasso, corregidor de Toledo y cabeza de Comuneros, "era un caballero de sanas entrañas y sin malicia, y junto con esta bondad, amigo de justicia y del bien del reino, y por esto se metió tanto en estos bullicios" (Sandoval, Hist. de Carlos V, l. V). El mismo nombre de Pedro Lasso tuvo su antepasado el Almirante de Alfonso el Sabio. Navarrete cree, contra los demás, que se crió en la Casa Real, según la antigua costumbre de los nobles. Tamayo de Vargas, fol. 4: "En el hábito del cuerpo tuvo justa proporción, porque fué más grande que mediano, respondiendo los lineamentos y compostura á la grandeza; la trabazón de los miembros igual; el rostro, apacible con gravedad; la frente, dilatada con majestad; los ojos, vivísimos con sosiego, y todo el talle tal, que, aun los que no le conocían, viéndole, le juzgaran por hombre principal y esforzado, porque resultaba de él una hermosura verdaderamente viril". Sobre su temeridad y arrojo, véase Luis Zapata, Carlo Famoso. Á su muerte le quedaron de su esposa tres hijos: Garcilaso, don Pedro y doña Sancha; don Lorenzo se sospecha fuese hijo natural. Murió el primero de veinticinco años, defendiendo á Vulpiano contra el francés; fué dominico el segundo, y doña Sancha casó con don Antonio Portocarrero. Cuanto á don Lorenzo, desterrado á Orán por una sátira mordaz, murió en el camino. En el alzamiento de los Comuneros (1520-1521) se puso al lado del Emperador, mientras su hermano mayor, Pedro Lasso de la Vega († 1554), les siguió á ellos. Llevóle Carlos V á Italia en 1529 y le envió á París en 1530 con una comisión secreta. Habiendo partido en 1531 á Alemania con su amigo el Duque de Alba, cayó en desgracia del Emperador, por haber alentado el matrimonio de su sobrino con Isabel de la Cueva, dama de la Emperatriz y sobrina del Duque de Alburquerque, contra la voluntad de Carlos V, el cual le encarceló en una torre de la Grosse Schütt Insel, isla del Danubio, donde escribió Danubio, río divino. Allí estuvo tres meses y pasó á las órdenes del virrey de Nápoles, don Pedro de Toledo, marqués de Villafranca, tío del Duque de Alba. Entre 1532 y 1533, estando en Nápoles, dirigió una oda latina al erudito Antonio Telesio (1482-1534) y tuvo amoríos, que suenan en sus composiciones. El mismo año de 1533 fué á ver al Emperador en Barcelona, donde halló á Boscán; volvió á aquella ciudad en 1534 y de allí á Italia por tierra, deteniéndose en Valclusa, y allí compuso á su amigo Boscán una epístola, "do nació el claro fuego del Petrarca". En 1535 asistió á la jornada de Túnez, recibiendo dos heridas, al lado de Diego Hurtado de Mendoza. Vuelto á Nápoles, dirigió un soneto á Mario Galeota; y Scipione Capece, uno de los principales entre los Accademici Pontaniani, le dirigió la edición de Virgilio.
41. No se cuidó Garcilaso de sus versos; los que conocemos los recogió Boscán, su amigo entrañable, y, con los del mismo Boscán, diólos á la luz la viuda de éste doña Ana Girón de Rebolledo, en 1543. Tres églogas, dos elegías, una epístola, cinco canciones y varios sonetos, que, con los hallados hasta hoy, llegan á 38, dudosos algunos. Hizo otras composiciones en versos cortos, una Carta-prólogo para El Cortesano, de Boscán; otra Carta al Emperador, un Villancico, versos italianos y latinos. Garcilaso, en su edad madura, hubiera quizá sido un poeta castizamente español en el fondo, clásico en la forma: un poeta de cuerpo entero; comenzó, á fuer de principiante, ensayándose en la imitación del clasicismo italiano, y en este terreno salió maestro. Es el mejor poeta castellano de los cultos, aristócratas, nada populares, que imitaron á los latinos al través de los italianos.
Herrera, el Brocense y sus demás comentadores, descubrieron su poca originalidad, precisando los trozos imitados, las frases, las metáforas tomadas de Tansillo, Sannazaro, Petrarca, Dante, Marcial, Virgilio, Marcello Filosseno, Bembo, Tasso.
El italianismo exagerado procedía en Garcilaso de menospreciar la antigua poesía castellana. Alabando á Boscán por su traducción del Cortegiano, dice: "Yo no sé qué desventura ha sido siempre la nuestra, que apenas ha nadie escrito en nuestra lengua sino lo que se pudiera muy bien escusar". Sin duda, no conocía el Mio Cid ni el Arcipreste de Hita; pero un poeta que no aprecia el Romancero ni la poesía de Enzina, muestra no tener capacidad para apreciar la poesía recia popular por exceso de aristocracia en sus venas y de enfermiza admiración por la poesía culta. Quiso romper enteramente con la tradición é hizo bien en lo que toca á la poesía erudita, la única que él entendía; pero, menospreciando la popular, como su antiguo pariente Santillana, no hizo obra nacional, sino de pura imitación seudoclásica. Carece del nervio, del realismo, del color y de la sinceridad, cualidades propias del alma española, que sacrificó por una versificación intachable, una dulzura que á la larga empalaga y unos asuntos que no llenaban á los españoles. Sus versos no hieren el alma: pasan rozándola suavemente, como un rumor músico que agrada al oído, pero que no nos dice nada. Transparéntase por demás el amaneramiento y el artificio y su idealismo no arranca de la vida real española, de modo que son puras nubes, que toman variadas formas y se coloran ricamente, pero que se ve no llevan dentro sustancia alguna, sino que son puro aire. Si alguno imitando consiguió fama, fué Garcilaso en España, como en Roma Virgilio; porque imitó con libertad y puso de su cosecha elementos realmente poéticos: la música, la frase, la dulzura, el sosiego, la nobleza de sentimientos. Es una rozagante y deslumbradora tela recamada de oro; pero hecha con filamentos de tela de araña. Increíble parece que este poeta escribiese "tomando ora la espada, ora la pluma", como él dijo, sin que jamás se oyese en sus versos el chasquido de las espadas y sólo veamos la pluma de un cisne traída de la remota Arcadia, que melopea suavemente sin decirnos cosa. El simbolismo en los nombres de sus pastores, etcétera, nada añade de poesía después de conocidas las personas que expresan, al igual que en Virgilio, á quien se parece mucho, cuanto á la técnica y dulcedumbre de expresión, quedando, sin embargo, muy lejos de él en el sentimiento y en la plasticidad y relieve de sus pinturas, que son en Garcilaso descoloridas y sin bulto. Logró lo que Boscán no pudo lograr: la españolización casi completa del endecasílabo, doblegando la lengua castellana á su ritmo de una manera maravillosa, naturalizando el soneto, ensanchando el marco de la canción, amoldando el período castellano á su libre y redondeada amplitud, para lo cual nuestro idioma es tan acomodado. Acertó en el terceto y en la octava rima, aunque no tanto en la rima al mezzo. Suya es la estructura de la oda y de la silva (versos de siete y once sílabas).
La alta sociedad española, cada vez más cortesana, refinada y elegante é italianizada, gustó sobremanera de la manera de Garcilaso: y sus versos, impresos con los de Boscán en lindas ediciones de bolsillo, andaban en boca de todas las gentes de cuenta, hasta el punto de que los no tan avenidos con las insulseces extrañas y clásicas del fondo, los acomodaran á lo divino, haciendo centones con ellos. Así Sebastián de Córdova Sazedo publicó Las obras de Boscán y Garcilaso trasladadas en materias cristianas y religiosas, 1575; Juan de Andosilla publicó Cristo N. S. en la Cruz, hallado en los versos de Garcilaso. Fuera de España apreciaron su maestría, y François de Belleforest arregló con su segunda égloga la Pastorale amoureuse (1569), y Mariano le ponía junto á Ronsard, en su Galleria (1619), aunque valía mucho más que él. Paulo Jovio, en el l. XXXIV y en los elogios de los hombres doctos, alaba las Odas, que escribía con la suavidad de Horacio. Pedro Bembo, en carta latina que le dirigió (1535), y en otra toscana á Fasitelo, piensa que no sólo á los españoles, pero que excederá á los italianos si no se cansa en aquel estudio. Versos en su favor, véanse en Herrera.
42. De Garcilaso sobre todo, como cabeza de los demás, hay que decir lo que escribe Rodríguez Marín (Barahona, pág. 282): "Nuestros poetas se apropiaron, como bienes mostrencos, las ideas que en aquellas formas habían vertido los italianos, y éstos y los clásicos antiguos de Grecia y Roma abastecieron á la musa ibérica, de tal modo, que en los unos y en los otros pueden buscarse, casi siempre con fruto, durante los dos últimos tercios del siglo xvi y una buena parte del xvii, las fuentes de nuestro vasto caudal de asuntos y pensamientos poéticos. Todos imitaban, todos traducían; trajímonos con los moldes la masa echada en ellos, y nuestro Parnaso perdió en originalidad genuinamente española cuanto ganó en brillantes atavíos, en amplitud de formas y en riqueza y variedad de modos de expresión". De su estilo escribió Francisco de Medina (Herrera, Anot., pág. 8): "Las sentencias son agudas, deleitosas y graves las palabras, propias y bien sonantes; los modos de decir, escogidos y cortesanos; los números, aunque generosos y llenos, son blandos y regalados; el arreo de toda la oración está retocado de lumbres y matices que despiden un resplandor antes nunca visto; los versos son tersos y fáciles, todos ilustrados de claridad y ternura, virtudes muy loadas en los poetas de su género". Herrera (Vida): "Es el estilo de G. L. inafetado, como se dixo de Xenofón, ó, por más cierto, que ninguna afetación lo puede alcançar halla con agudeza i perspicacia; dispone con arte i juizio, con grande copia i gravedad de palabras i concetos; que no podrá, aunque escriva cosas umildes, inclinar su ánimo á oración umilde. está lleno de lumbres i colores i ornato poético, donde lo piden el lugar y la materia; i de grandes afetos i eloquencia, no sólo esprimiendo, mas amplificando, i componiendo i ilustrando sus pensamientos con tanta elegancia, que ninguno le ecede. tiene riquíssimo aparato de palabras ilustres, sinificantes i escogidas con tanto concierto, que la belleza de las palabras da luz al orden, i la hermosura del orden da resplendor á las palabras, i aunque en algunas partes se pudieran mudar algunas vozes i ilustrar con mejor disposición; está todo tan lleno de ornamentos i bellezas, que no se puede manchar ni afear con un lunar, que se halle en él. Los sentidos, ó son nuevos, ó, si son comunes, los declara con cierto modo proprio sólo dél, que los haze suyos; i parece que pone duda si ellos dan el ornato, ó lo reciben. Los versos no son rebueltos ni forçados, más llanos, abiertos i corrientes, que no hazen dificultad á la inteligencia, si no es por istoria ó fábula. i con aquella claridad suave i fácil, i con aquella limpieza i ternura i elegancia i fuerça de sentencias i afetos se junta l' alteza de estilo á semejança de Virgilio. Sin la cual claridad no puede la poesía mostrar su grandeza; porque donde no ái claridad, no ái luz ni entendimiento; i donde faltan estas dos virtudes, no se puede conocer ni entender cosa alguna. i aquel poema que siendo claro tendría grandeza, careciendo de claridad es áspero y difícil. L' alteza nace en G. L. de las palabras escogidas i dispuestas con buen juizio; porque la primera, que es de materia alta y grande en invención i ornamento, no se halla en él por falta del argumento. tiempla la gravedad del estilo con la dulçura haziendo un ligamento maravilloso, i que raramente se halla aun en los poetas de más estimación, porque la grandeza aciende en sobervia, i la dulçura deciende en umildad. pero él anudó con tal temperamento estas dos virtudes, que juntas en sus versos hazen un' armonía igualmente proporcionada. las flores i lumbres, de que esparce su poesía, parece que nacieron para adornar aquel lugar, do las puso. Las figuras i traslaciones están de suerte, que no por ellas se pierde la inteligencia de los versos, no es más cuidadoso en escrevir proprio, que figurado, ni al contrario; antes tiempla uno con otro. porque no dize apuestamente para ostentación de ingenio, sino para alcanzar su intento con la persuasión i afetos. haze los assientos de los versos siempre llenos de hermosura i magestad en lugar, que quien lee respira i descansa. i aquel número tan suave i armonioso es sólo suyo. con su regalo i blandura i suavidad es estimado por mui fácil; porque es tanta la facilidad de la dición que á pena parece que puede admitir números, i tanto el sonido de los números, que á pena parece que puede admitir lenidad alguna. finalmente escrivió mucho en poco, porque no dexó en aquel género lugar para los que le sucedieron. Mas si alguna cosa ái en él, que de todo punto no satisfaga á los ombres, que entienden, puede dezir, como dixo Ovidio: "defuit scriptis ultima lima meis". i en otra parte: "Quicquid in his igitur vitij rude carmen habebit, | emendaturus, si licuisset, erat". Herrera, Anot. á Garcilaso: "Garci Lasso es dulce i grave (la cual mescla estima Tulio por mui difícil) i con la puridad de las vozes resplandece en esta parte la blandura de sus sentimientos; porque es mui afetuoso i suave. pero no iguala á sus canciones i elegías; que en ellas se ecede de suerte, que con grandíssima ventaja queda superior de sí mesmo. porque es todo elegante i puro i terso i generoso i dulcissimo i admirable en mover los efetos; i lo que más se deve admirar en todos sus versos, cuantos an escrito en materia de amor le son con gran desigualdad inferiores en la onestidad i templança de los desseos. porque no descubre un pequeño sentimiento de los deleites moderados, antes se embevece todo en los gozos, ó en las tristezas del ánimo". Hern. Hozes, Triunfos, 1554: "Después que Garcilasso de la Vega y Joan Boscan truxeron á nuestra lengua la medida del verso thoscano, han perdido con muchos tanto crédito todas las cosas hechas ó traduzidas en qualquier género de verso de los que antes en España se usaban, que ya casi ninguno las quiere ver, siendo algunas (como es notorio) de mucho precio". Á lo que añade Ticknor: "Si la opinión que indica este escritor hubiera prevalecido por más tiempo, no sería la literatura española lo que es hoy día". Y poco antes: "No cabe duda que Garcilaso hubiera hecho aún más por sí y por la literatura de su patria, si, en lugar de imitar tan completamente á los grandes poetas italianos, que justamente admiraba, hubiera acudido más á menudo á los elementos del antiguo carácter nacional". Pero lo extranjerizo le cegaba, hasta el punto de decir en su carta del Cortesano: "Porque yo no sé qué desventura ha sido siempre la nuestra, que apenas ha nadie escripto en nuestra lengua sino lo que pudiera muy bien escusar".
43. Obras de Garcilaso, con las de Boscán, Barcelona, 1543, y otras varias ediciones, bonitas y de bolsillo, hasta que se imprimieron aparte: Las obras del Excellente Poeta Garcilasso de la Vega, en esta postrera imprissión corregidas de muchos errores que en todas las passadas auía, Madrid, 1570; con Anotaciones y Emiendas del M. Francisco Sánchez, conforme á la de Salamanca de 1581: Francisci Sanctii Brocensis Opera Omnia, t. IV, Génova, 1766. La primera edición, con notas del Brocense, es de Salamanca, 1574; después, 1577, 1581, 1589, etc. Estas notas señalan los pasajes de autores latinos é italianos imitados por el poeta. El gaditano Cobos se enfadó en un soneto de que pareciese censurarle esta imitación; pero Sánchez volvió á la carga en el prólogo de la edición de 1581. Obras de Garci-Lasso de la Vega con anotaciones de Fernando de Herrera, Sevilla, 1580, con el famoso discurso sobre la lengua castellana del maestro Francisco de Medina, uno de los más elegantes y de magnífico estilo que se han escrito en nuestra lengua, y la Vida de Garci Lasso de la Vega. Es el comento más acabado; pero de ésos que toman pie de una palabra para dilatarse en cosas que no vienen al caso. El Prete Jacopin, esto es, don Pedro Fernández de Velasco, replicó á los defectillos que Herrera le tacha. Garci-Lasso de la Vega, natural de Toledo, de don Thomás Tamayo de Vargas, Madrid, 1622: crítica, expurgo y fijación del texto y noticia de pasajes imitados. Obras de Garcilaso, ilustradas con notas, Madrid, 1765, por don José Nicolás de Azara, con prólogo sobre la decadencia del castellano. Poetas líricos de los siglos xvi y xvii, de Adolfo de Castro, Madrid, 1854. Garcilaso, edic. de Clásicos cast., Madrid, 1911, por Tomás Navarro Tomás. Las estrofas latinas de Garcilasso, dirigidas á Antonio Telesio, están impresas en las Opera de este erudito (Nápoles, 1762), págs. 128-129. Obras [facsímile de la ed. (Lisboa) de 1626, por Archer M. Huntington], New-York, 1903. Una oda latina de Garcilaso de la Vega, ed. P. Savj-López y E. Mele, en Revista crítica, etc. (agosto-setiembre, 1897), págs. 248-251. Una oda latina inédita de Garcilaso de la Vega y tres poesías á él dedicadas por Cósimo Anisio, en Revista crítica, etc. (junio-setiembre, 1898); Oda latina de G. L. de la V., ed. A. Bonilla en Rev. crít. (julio-agosto, 1899), págs. 362-371. Consúltense: E. Fernández de Navarrete, Vida del célebre poeta Garcilaso de la Vega, en Colección de documentos inéditos para la historia de España (1852), t. XVI, págs. 9-287. B. J. Gallardo, Ensayo, etc., t. III, col. 317-333; t. IV, col. 1271-1325. B. Croce, Intorno al soggiorno di G. de la V. in Italia, Napoli, 1894. F. Flamini, Imitazioni italiane in G. de la V., en La Biblioteca delle scuole italiane (Milano, julio, 1899), t. VIII (2.ª serie), págs. 200-203.
44. Año 1525. El doctor Francisco de Sá de Miranda (1495-1558), caballero portugués nacido en Coimbra, doctor en Derecho, perito en Griego y Humanidades, dejó la cátedra de Jurisprudencia que tenía en su patria, viajó por España é Italia y se retiró á un lugar, donde era Comendador de la Orden de Cristo; se casó con doña Briolanda de Acevedo y se entregó á la poesía, en la que le tienen los portugueses por el segundo después de Camoens. De las 190 composiciones que Michaëlis de Vasconcellos ha recogido en su edición, 75 están en castellano. Compuso al principio cantigas y esparsas al estilo antiguo, que se hallan en el Cancionero general, de Resende; pero después de viajar por Italia (1521-1526) se hizo bastante italiano, sin dejar enteramente la manera antigua. Pastoril es la Fábula de Mondego (1528); más italiana es la égloga Alexis (1528-1532), en que ensaya el endecasílabo. Hasta entonces no parece habían influido en él Boscán ni Garcilaso; pero en 1534 ó 1535 Antonio Pereira Marramaque le dió, en copia manuscrita, los versos de entrambos, y se despertó en él la admiración por Garcilaso, cuya muerte lamenta en Nemoroso, la mejor de sus cinco églogas castellanas. Á pesar de algunos portuguesismos, escribió en castellano correcto. Usó, como Boscán, versos agudos é imitó bastante bien á nuestros dos poetas italianizantes. Hizo Sátiras en portugués y ocho Églogas, de ellas seis en castellano.
45. As Obras de Doutor Francisco de Saa de Miranda, Lisboa, 1595, 1605, 1614, con su vida; 1632, 1651, 1677. As Comedias, Lisboa, 1595, 1622. Poesías, ed. señora C. de Michaëlis de Vasconcellos, Halle, 1881.
46. Año 1525. Jaime de Huete, aragonés, publicó, hacia 1525, la Comedia intitulada Thesorina, la materia de la qual es unos amores de un penado por una señora, y otras personas adherentes, 1551; Madrid, 1913 (Biblióf. Madril.). Y la Comedia llamada Vidriana, Madrid, 1913 (Biblióf. Madril.). Ambas están en la Bibl. Nacional. Proceden de La Celestina y de Torres Naharro combinados, en cinco jornadas y coplas de pie quebrado y lenguaje tosco y abundante en aragonesismos: "Quamvis non Torris digna Naharro venit", se lee al final; claramente se ve que le imita.
Agustín Ortiz publicó, hacia 1525, la Comedia Radiana. Véase The Comedia Radiana, ed. R. E. House, Chicago, 1910. Hállase en la Bibl. Nacional.
Fray Francisco de Vitoria († 1546), dominico alavés, maestro de Melchor Cano, estudió Teología en París y la enseñó en Valladolid, siendo prefecto del Colegio de San Gregorio el año 1525; después en Salamanca, siendo el primero que sacó de Santo Tomás la escolástica, reformando el estudio de la Teología, aunque no quiso publicar sus obras, y sólo después de fallecido vieron la luz pública: Theologicae Relectiones XII, vol. 2, Lyon, 1557; Salamanca, 1565. Summa Sacramentorum, Valladolid, 1561; Zaragoza, 1565. Confesionario, Salamanca, 1562; Medina, 1569. Inéditos quedaron In universam Summam Theologiae S. Thomae Commentaria é In IV Sententiarum. Consúltense las monografías sobre Vitoria, de don Fidel Abad y Cavia, Madrid, 1909, y del padre fray Luis G. Alonso Getino, El maestro fray Francisco de Vitoria, en La Ciencia Tomista, núms. 1-16.
47. Año 1525. Miguel Asensio publicó Instructio Curatorum, Zaragoza, 1525. Acaso es el canónigo y vicario general de Huesca, que imprimió el Tratado llamado Tripartito: compuesto por el venerable Juan gerson, Zaragoza, 1525, 1562.—Soliloquio de San Buenaventura, Alcalá, 1525. Véase Ponce (1597).—Jerónimo Cucalón publicó la celebrada obra Apostillae et Repertorium... super Tit. de Regulis Juris, Lyon, 1525.—Tratado del nombre de Jesús; compuesto por maestro Navarro, canónigo de Sevilla, Sevilla, 1525. Magistri Navarre. De nomine Jesu, en español, Toledo, 1526.—Don Fernando de Loazes, de Orihuela, publicó De Conversione et baptismo Agarenorum, Valencia, 1525. De Matrimonio Regis Angliae Henrici VIII, Barcelona, 1531.—Juan Maldonado, conquense, vicario general de Burgos, publicó Hispaniola, quae Plautina festivitate, Terentianaque facundia redundans varios amantium casus, iucundosque successus non sine venustate elegantiaque complectitur, Valladolid, 1525. Paraenesis ad bonas literas, 1527. De Senectute Christiana, y Paradoxa, Vita hominis instar diei, y Ludus chartarum et triumphus, y Geniale Judicium, Burgos, 1549. Vitae Sanctorum, 1530, 1548; Burgos, 1573.—Fray Jerónimo Pérez, mercedario valenciano, publicó Monoctium, Nápoles, 1525. In 1am D. Thomae, Valencia, 1548. In 1am 2ae. Contra Haereticos unius diei opus, Nápoles.—Perla preciosísima que asegura y repara la vida christiana, Toledo, 1525.—Historia del Emperador Carlomagno y de los doze pares de Francia, Sevilla, 1525, 1528, 1534, 1547, 1548, 1549; Alcalá, 1570; Lisboa, 1613; Huesca, 1641; Cuenca (sin año); Sevilla, 1650; Barcelona, 1696. Está sacada del poema francés Fierabrás del Speculum historiale, de Vicente de Beauvais, y acaso de un compendio del Turpin. El pueblo le llama Carlomano, é inspiró á Calderón La Puente de Mantible. Es libro muy vulgar, que todavía se imprime, y lo tradujo Nicolás de Piemonte.—Libro de cozina compuesto por maestre Ruberto de Nola, Toledo, 1525, 1529, 1538, 1544, 1568, 1577; traducido del latín.—Jaime Soler, aragonés, publicó Summa de los Fueros y Observancias del Reyno de Aragón, Zaragoza, 1525. Repertorio de todas las Leyes de Castilla, Toledo, 1529.—Francisco de la Torre, que no parece ser el famoso posterior, publicó Comedia Pontifical, en español, Roma, 1525 (Abeced. Colón).—Don Francisco Sarzosa, de Cella de Aragón, publicó In Aequatorem, planetarium, París, 1525 (?), 1526.
48. Año 1526. Juan Alfonso de Benavente publicó Tractatus de penitentiis et actibus penitentium et confessorum, Alcalá, 1526.—Fernando de Basurto, natural de Jaca, muerto en 1540, publicó el Libro agora nuevamente hallado del noble y muy esforçado cavallero don Florindo hijo del buen duque Floriseo, Zaragoza, 1526, 1530 y 1550. Descripción poética del martirio de Santa Engracia, Zaragoza, 1533. Vida y milagros de Santa Orosia, Zaragoza, 1539. Diálogo entre un caballero cazador y un pescador anciano, Zaragoza, 1539. Véase Cotarelo, Teatro espñ. anterior á Lope, Madrid, 1902.—Bonaventurae Sacti historia ó leyenda mayor de s. Francisco, y s. clara en español, Toledo, 1526.—Caroli imperatoris, sumario del aceptación que tomó con el Rey de Francia en Madrid, Toledo, 1526.—Álvaro Castro, médico toledano, escribió Ianua vitae, 1526, 2 tomos (ms. Catedr. Toledo), es Diccionario de los seres naturales, con nomenclatura castellana, latina, griega y árabe. Fundamenti Medicorum, 2 partes (Ms., Toledo).—En 1526 se publicó El octavo libro de Amadís: que trata de las estrañas auenturas y grandes proezas de su hijo Lisuarte y de la muerte del ínclito rey Amadís... Fué sacado de lo Griego é Toscano en Castellano por Juan Díaz, bachiller en cánones, Sevilla.—Las Fábulas de Esopo, Sevilla, 1526, 1533, 1571, traducidas por tercera vez, después de las impresas en Zaragoza, 1489, y en Burgos, 1496.—Diego García, general de la Armada, en 1512 y 1526, escribió Relación que presentó á S. M. de su derrota en el segundo viaje que hizo al descubrimiento del río de la Plata, desde su salida de la Coruña, á 15 de enero de 1526 (ms.).—Tripartito de Juan Gerson, Toledo, 1526.—Margarita confessorum, Sevilla, 1526, por un dominico.—Juan Martín Población, valenciano, médico, matemático y astrólogo, publicó De usu astrolabi Compendium, París, 1526, 1527, 1547, 1550, 1553, 1554, 1556; Salamanca, 1550. Tratado y uso del astrolabio, traduc. por Roberto Deuport (ms. Bibl. Nac).—Fernando de Oropesa publicó Memoria de una redempción en español, Toledo, 1526.—Nicolás de Plove publicó Tractatus sacerdotalis: de ecclesiasticis sacramentis, Alcalá, 1526, 1553.—Historia del invencible cavallero don Polindo, Toledo, 1526.—Diego Sagredo, capellán de doña Juana la Loca, publicó la primera obra de Arquitectura que se escribió en España (y también en Francia, traducida al francés en 1542), en la cual pretendió restaurar y compendiar la doctrina de Vitrubio, sin romper del todo con la arquitectura plateresca de entonces: Medidas del Romano, Toledo, 1526; Lisboa, 1541 (dos ediciones); Toledo, 1549, 1564. Véase Llaguno y Amírola, Noticias de los arquitectos y arquitectura de España, Madrid, 1829.—En la edición de La Celestina, de Toledo, 1526, se entremetió el Auto de Traso é sus compañeros (entre el 18 y el 19), y al principio se dice: "El proceso deste auto fué sacado de la comedia que ordenó Sanabria". No se sabe qué comedia fuese.—Fray Alonso Venero (1483-1560), dominico burgalés, publicó El Enchiridión de los tiempos ó Universalis ab Origine rerum Historiae Summarium, Burgos, 1526, 1529, 1540; Alcalá, 1541; Salamanca, 1545; Zaragoza, 1549; Medina, 1551, Amberes, 1551, 1554; Toledo, 1569, 1576, 1587; Alcalá, 1641. La Vida del Confesor San Lesmes, Burgos, 1563. La Vida de Santa Casilda. Agiographia ó vidas de Santos de España. Poligraphia de España (descripción). Tratado del origen y fundación de Burgos.—Francisco de Vergara († 1545), canónigo toledano, erasmista y hermano del doctor Juan de Vergara, y que, según Scoto, era "inferior á Juan en el ingenio, pero superior en el estudio", catedrático por diez años de griego en Alcalá, publicó Graecorum characterum apicum et abbreviationum explicatio, Alcalá, 1526. De omnibus Graecae linguae Grammaticae partibus, Alcalá, 1537; París, 1550. D. Basilii Magni Conciones novem... His accesserunt Graecae linguae Alphabetum et Litteraria Rudimenta, Alcalá, 1540, 1544. Teagenes y Clariclea ó La Historia Ethiopica de Heliodoro, Amberes, 1554; Salamanca, 1581. Theonis Sophistae Progymnasmata.
49. Año 1527. Alonso de Valdés (1490-1532) debió de nacer en Cuenca, donde su padre, don Hernando ó Fernando, asturiano de origen, fué regidor perpetuo y procurador en Cortes, padre, asimismo, de Juan y de Andrés, en quien renunció en 1520 la regiduría. Parece fué discípulo de Pedro Mártir, por lo menos se carteó con él, y se retrató en aquel Lactancio del Diálogo, "mancebo, seglar y cortesano"; no fué clérigo ni teólogo, como algunos han creído. Suena por primera vez su nombre en sus tres cartas que desde Flandes y la Baja Alemania dirigió á Pedro Mártir en 1520; acompañaba á la Corte imperial, acaso como escribiente de la cancillería, á las órdenes de Mercurio Gattinara. Asistió, y la describe en estas cartas, á la coronación de Carlos V en Aquisgrán y á la Dieta de Worms, mostrándose en ellas desfavorable á Lutero, "audaz y desvergonzado", "venenosos" sus libros. Vuelto á España, siguió en la cancillería, redactó unas Ordenanzas (1524), que se conservan de su puño y letra, por encargo del canciller, siendo ya "registrador" y "contrarrelator"; en 1525 el sobre de una carta le apellida "secretario del canciller", y en 1526 el Emperador le nombró "secretario de cartas latinas", con salario de 100.000 maravedís anuales; más tarde se le llama "secretario", y Crammer le dice, en 1532, "secretario principal". Siguió á la Corte imperial en sus viajes por España, y redactó y suscribió muchos documentos oficiales, entre ellos la Investidura é infeudación del ducado de Milán á Francisco Sforcia (1524); la carta del Emperador á Jacobo Salviati (1527), sincerándose del asalto y saqueo de Roma; la carta al Rey de Inglaterra (1527) sobre lo mismo, y la Liga clementina; la respuesta al cartel de desafío de los Reyes de Inglaterra y Francia (1528) al Emperador; una carta al Embajador de Londres sobre el divorcio de Enrique VIII (1529); el Tratado de paz con Clemente VII en Barcelona (1529); la cédula de Carlos V, reconociendo á su hija natural madama Margarita (1529), etc. Escribió, sobre todo, la Relación de las nuevas de Italia: sacadas de las cartas que los capitanes y comisario del Emperador y Rey nuestro Sr. han escripto á su majestad: assí de la victoria contra el rey de Francia (de Pavía) como de otras cosas allá acaecidas (1525). Asimismo suscribió las cartas que en 1526 dirigió Carlos V á Clemente VII y al Colegio de Cardenales, quejándose de los agravios que había recibido del Papa y solicitando la celebración de un Concilio general, impresas en Alcalá, 1527 y muchas otras veces. Fué Alonso de Valdés más erasmista que Erasmo, Erasmiciorem Erasmo, como dijo Oliver; divulgaba sus escritos, hacía ediciones de ellos á su costa, le servía en sus negocios particulares. Fué de índole afable y pacífica y todo el mundo le estimaba; sólo tuvo contienda con Juan Alemán y el nuncio Castiglione, con ocasión del Diálogo de Lactancio y un arcediano, "tesoro de lengua", según M. Pelayo, retocado por su hermano Juan y aun recargado en la dureza y acedia, como á su vez lo hizo el editor de París de 1586. Trata del saco de Roma (1527), defendiendo á Carlos V. En estilo dramático, fogoso y pintoresco, narra el saco de Roma el Arcediano y por el Emperador sale Lactancio, en quien Valdés se reviste, echando la culpa al Papa, que promovió la guerra y se alió con Francia, y, repitiendo muchas de las diatribas de Erasmo contra frailes y clérigos y contra la corrupción de la Iglesia, acaba clamando por la reforma. En 1529 salió Valdés de España, acompañando á la Corte imperial; asistió en Bolonia á las vistas de Clemente VII y el Emperador, y en Alemania, á la Dieta de Ratisbona. En 1530 estaba en Ausburgo; en 1531, en Colonia y Bruselas; en 1532, en Ratisbona. En la Dieta de Ausburgo debieron entenderse bien él y Melanchton, el cual, oídas las explicaciones de Valdés, en nombre del César, formuló por escrito las creencias luteranas en la famosa Conferencia de Ausburgo (1532). Valdés la leyó antes de presentarse á la Dieta y halló amargas é intolerables algunas proposiciones; luego la tradujo, por orden de Carlos V, al italiano. Murió Valdés en Viena, de la peste. Los extranjeros le ponen á la cabeza de los reformistas españoles; don Fermín Caballero vindica su ortodoxia; M. Pelayo le tiene "por un fanático erasmista, Erasmiciorem Erasmo, que participó de todos los errores de su maestro". "El juicio (añade) que de éste se forme, ya se le considere como católico (aunque malo), ya como hereje, debe aplicarse, punto por punto, á Alfonso, que nunca vió más que por los ojos del humanista roterodanense. Sin estar separados uno y otro pública y ostensiblemente del gremio de la Iglesia, sostuvieron principios de disciplina, y aun de dogma, incompatibles con la ortodoxia, y una y otra vez condenados, é hicieron cuanto en su mano estuvo por concitar los pueblos contra Roma, menoscabar el prestigio de la dignidad pontificia y acelerar y favorecer los progresos de la Reforma. Si no reformistas, son padres y precursores de los reformistas, y bien hacen éstos en contarlos entre los suyos". No fueron luteranos ni Erasmo ni Alonso de Valdés, ni reformistas heterodoxos, sino reformadores de las costumbres dentro de la Iglesia, aunque, en el fragor del combate, se saliesen á veces de la raya, y al criticar los desmanes de clérigos y frailes generalizasen demasiado. El pueblo no podía escandalizarse de que les pintasen la vida desreglada que él mismo veía en tanta gente de iglesia.
50. Alonso de Valdés compuso de por sí, ó valiéndose de su hermano Juan, en 1528, el Diálogo de Lactancio y un arcediano, con el fin de defender al Emperador, cuando el asalto de Roma en 1527, mirado en España por los erasmistas, y aun los que no lo eran, como justo castigo de Dios contra las liviandades y vicios de la Corte romana, como se ve por las cartas del Abad de Nájera, de Juan Pérez y de Fernando de Salazar. El mismo Valdés, secretario de cartas latinas del Emperador, había ya redactado las que en 1526 dirigió Carlos V á Clemente VII y al Colegio de Cardenales, quejándose de los agravios recibidos del Papa y pidiendo la celebración de un Concilio general. Como erasmista que era, tuvo otro fin, que fué el de pintar los horrores del asalto, achacando, con razón, las causas de la guerra al Papa y sus consejeros. "Si él, de esta vez, reforma la Iglesia, allende del servicio que hará á Dios, alcanzará en este mundo mayor fama y gloria que nunca príncipe alcanzó y dezirse ha hasta el fin del mundo que Jesu Christo formó la Iglesia y el Emperador Carlos V la restauró". M. Pelayo entiende que la reforma deseada por Valdés es la luterana; pero no habiéndose nunca hecho luterano y siendo bienquisto de los católicos erasmistas españoles, no se le puede colgar tal sambenito; la reforma que él quería era la que querían los demás erasmistas: la reforma eclesiástica dentro del catolicismo. Hay que suponer mejor enterados en esto al Inquisidor general y al Presidente del Consejo de Castilla, que no á M. Pelayo. En la pág. 463, ed. Usoz: Dos diálogos escritos por Juan de Valdés, ahora cuidadosamente reimpresos, 1850, t. IV de los Reformistas Antiguos Españoles. No se imprimió por entonces, pero, sin nombre de autor, se copió y leyó y voló hasta Alemania, como dice Castiglione en su Risposta: "Dopo l'aver publicato il libro, è mandatolo in Alemagna, in Portogallo è in diversi altri luoghi". Denunciólo al Nuncio Castiglione el primer secretario del Emperador, Juan Alemán, enemistado ya mucho antes con Alonso de Valdés. Castiglione pidió al Emperador lo hiciese recoger y quemar, el cual le respondió que lo vería y llevaría al Consejo, aunque tenía á Valdés por buen cristiano é incapaz de escribir herejías á sabiendas; divididos los pareceres del Consejo, aunque los más favorables á Valdés, diólo el Emperador á examinar al doctor De Praet (Pratensis) y al doctor Granvella. El inquisidor general, don Alonso Manrique, erasmista, á quien también acudieron Alemán y el Nuncio, declaró que no hallaba doctrina sospechosa, y el Arzobispo de Santiago, Presidente del Consejo de Castilla, absolvió á Valdés y su libro de los cargos de injuria y calumnia. Boehmer conjetura que la primera edición es de 1529. La edición conocida, sin lugar ni año, dice: Diálogo: en que particularmente se tratan las cosas acaecidas en Roma: el año de M. D. XXVII. Cita Boehmer ejemplares de las Universidades de Rostock y Goettingen y de la Bibl. de Munich. De la 2.ª, ed. lo hay en la Univers. de Goettingen; de la 3.ª, en el Museo Británico; de la 4.ª, en la Bibl. de Munich; de la 5.ª, en la Nacional de París y Munich, tiene variantes, y se imprimió suelta, París, 1586. Se imprimió, como el Mercurio, siete veces en italiano, desde 1546, y se tradujo al inglés, 1590. Consúltense: A. V. Litteras XL inéditas, ed. E. Boehmer, en Homenaje á Menéndez y Pelayo, Madrid, 1899, t. I, págs. 385-412. E. Boehmer, Spanish Reformers, Strassburg-London, 1874, t. I, págs. 65-115. Usoz, Consideraciones Divinas, de Valdés, 1863. Fermín Caballero, Valdés. M. Pelayo, Heterod., t. II, pág. 97.
51. Año 1527. Alonso Fernández de Madrid (1474-1559), nació en Palencia, protegióle el arzobispo de Granada, fray Hernando de Talavera; fué canónigo de Palencia y arcediano de Alcor, llegando á ser vicario general de don Francisco de Mendoza, obispo de Palencia; "varón de mucha virtud y bondad, muy estudioso y honesto" (Nic. Ant., Bibl. nova, I, 23); fué erasmista. Publicó, en 1527, el Enquiridio ó manual del cauallero cristiano... traduzido en castellano, sin lugar ni fecha (véase Bonilla, Erasmo en España), Zaragoza, 1528; Alcalá, 1529 (?); Lisboa, 1541; Amberes, 1555. Publicó esta traducción del Enchiridion militis christiani, de Erasmo, Alonso Fernández, sin poner su nombre. Además publicó Doctrina y amonestación caritativa, en la qual se demuestra no ser lícito á los cristianos ricos que dejen de socorrer con lo que les sobra á los pobres que tienen presentes, por guardarlo para remediar á los venideros; compuesta en latín por el R. en Cristo P. el Dr. Juan Bernal Díaz de Luco, doctor en decretos, obispo de Calahorra y la Calzada y del Consejo de S. C. C. M. Traducida en romance por Alonso de Madrid, arcediano de Alcor, en la iglesia de Palencia, Stella, 1547. De la antiguedad y nobleza de la cibdad de Palencia (Ms. Bibl. Nac.); publicada la parte de la Silva Palentina referente á las Comunidades, en la Colección de documentos inéditos para la Hist. de Esp., II, 331. Según Bonilla, del mismo autor es la Exposición y sermón sobre dos Psalmos, de Erasmo, Toledo (?), 1531.
52. Año 1527. Fernando de Briz publicó la Comedia en coplas de Josep, 1527 (Hern. Colón).—En 1527 se celebró el bautizo de Felipe II, en Valladolid, y, entre otros festejos, se representaron cinco dramas á lo divino, como el Bautismo de San Juan. Véanse, por ser importantes para la historia del teatro estas festividades, en Sandoval, Historia de Carlos V, Amberes, 1681, t. I, pág. 619, l. XVI.—Recopilación de las ordenanças de la muy noble ᘔ muy leal cibdad de Sevilla, Sevilla, 1527.—El doctor Enrique de Ribera, médico del Emperador, publicó el Tractado contra pestilencia, Valladolid, 1527.—Fray Francisco de Meneses, franciscano, publicó Difficilium accentuum Compendium, París, 1527.—Jaime López, médico de Calatayud, publicó Aboali Aviceni, vulgo Avicenae, liber de viribus cordis, cum commentariis, Tolosa, 1527.—Pro invictissimo Caesare Carolo Augusto... epistolae Franci Regis ad principes Imperii transmissae ac apologiae madriciae convencionis dissuasoriae refutatio..., Alcalá, 1517. Item: Invictissimi rom. imper. Caroli... ad duo Clementis septimi... brevia responsio, in qua ab ipso Pontifice appellat: petitque generalis Christianorum omnium Concilii congregationem, Alcalá, 1527.—Vita beati Pauli heremite: ex soluto sermone ac prosa: in elegantissimos: perpulchros: atque luculcutos versus, Toledo, 1527.
53. Año 1528. Fray Antonio de Guevara (1480?-1545) nació en Treceño, de las Asturias de Santillana, de linaje alavés; su padre, Beltrán de Guevara; su madre, Elvira Noroña y Calderón. Á los doce años llevóle á la Corte su padre, donde siguió estudiando, y á la muerte de la reina Isabel entró en la Orden franciscana, profesando en Valladolid ó, según otros, en la provincia de Nápoles. Elevado á las más altas dignidades de la Orden, fué predicador, consejero y cronista de Carlos V, Inquisidor de Valencia, Obispo de Guadix (1527?), luego de Mondoñedo (1537) y falleció en Valladolid. Escribió el famoso Libro de Marco Aurelio y el Relox de Príncipes, incorporados en una sola obra, en 1529, por su autor; el Monte Calvario, Epístolas familiares, Menosprecio de la Corte, Aviso de privados y doctrina de cortesanos, De los inventores del arte de navegar y otras obras.
No es para creído el estruendo que armaron, no sólo en España, pero en toda Europa, los libros del donairoso y grave moralista, que en ser uno y otro y en la elocuencia del decir y en la musical armonía del versificar su elegante prosa, estribó, sin duda alguna, su fama de un siglo entero, como incontrastada por la de ningún otro escritor, y no menos hoy y para siempre, á mi parecer, su altísimo valor artístico, como de uno de los que más suntuosa y lujosamente supieron manejar la lengua castellana y acertaron á embelesar á los lectores, persuadiéndoles, burla burlando, con la socarronería de su desenfadado ingenio, los más nobles y levantados principios de política y moral cristiana.
54. Epíst., 34: "Que como nací en Asturias de Santillana". Epíst. pte. 2, 15: "Los viejos de mi tierra, la Montaña". Epíst. á don Alonso de Acuña: "Acuérdome que siendo muy niño, en Treceño, lugar de nuestro mayorazgo de Guevara"; allí dura la torre de los de su apellido.
En España fué tan leído como el Amadís y La Celestina, dice, con razón, M. Pelayo, que es cuanto encarecerse puede. Fuera de ella se menudearon sus ediciones en latín, en italiano, en francés, en inglés, en alemán, en holandés, en danés, en húngaro, hasta hubo quien, en el siglo xviii, le tradujo al armenio. Fué la biblia y el oráculo de los cortesanos y de las damas; la admiración de los letrados y escritores; el terrero de la envidia de muchos, y el escándalo de algunos necios. Según afirmaba el hijo de Casaubón, ningún libro, fuera de la Biblia, tuvo en su tiempo tanta difusión como el Marco Aurelio. El Marqués de Pescara regaló al autor una pluma de oro. En Francia fué reimpreso el mismo año en que salió en Valladolid el Relox de Príncipes: Libro Aureo de Marco Aurelio, París, 1529, texto tomado de las fraudulentas de Sevilla, Portugal y Aragón, á que el autor alude en su prólogo de la edición vallisoletana. Al francés tradujo el Marco Aurelio Herberay des Essars, el que trasladó el Amadís y otros libros de caballería. Montaigne dice (Essais, II, 2) que era una de las lecturas favoritas de su padre. Brantôme repite, en las Damas galantes, los cuentos de Lamia y Flora. El del villano del Danubio se halla en las Historias prodigiosas, de Bouistán, Tesserant y Belleforest (1560); varios poetas lo trataron: Brunet, Pedro Sorel, Chartrain, Nicolás Clément y Gabriel Fourmenois; lo inmortalizó Lafontaine, y, según M. Pelayo, "las cartas y los tratados del primer Balzac, que pasa por reformador de la prosa francesa en los primeros años del siglo xviii y por el primero que puso número en ella, parecen un producto de la escuela retórica de Guevara. En Inglaterra, en tiempo de la reina Isabel, tuvo aún más honda y duradera influencia, pues, imitado Guevara, por haberlo traducido cinco ó seis intérpretes, fué una de las principales causas del nuevo estilo llamado euphuismo. Tal sostuvo Landmann en su obra sobre Shakespeare y el euphuismo (1884), probando que el estilo de Lily viene de Guevara, que muchas de las ideas y aun largos pasajes de la célebre novela Euphues, the anatomy of wit, que dió nombre al género, están tomados de Guevara. "El Marco Aurelio, sobre todo, dice J. Jusserand, traducido por lord Berners en 1532, y por sir Thomas North en 1537, gozó de extremada popularidad. Las disertaciones morales de que aquel libro estaba henchido encantaron á los pensadores más serios; el lenguaje insólito del autor español encantó á las personas frívolas. Antes de Lily ya varios autores ingleses habían imitado á Guevara; cuando Lily apareció, embelleciendo todavía más aquel estilo, el entusiasmo fué tan grande, que se olvidó el modelo extranjero, y aquel estilo exótico fué rebautizado en signo de adopción y de naturalización inglesa". (Le Roman au temps de Shakespeare, París, 1887). Garret Underhill dedica, en su Spanish Literature in the England of Tudors (págs. 65-84), un capítulo entero al grupo de Guevara en la Corte de Enrique VIII. En Inglaterra, fray Luis de Granada destronó á Guevara, á fines del siglo xvi, y en el continente destronóle el Telémaco. La crítica presente y futura juzgará el hecho. En Alemania se llevaron la palma Quevedo y Gracián. Tal fué el triunfo de la socarronería castellana, alma de los escritos del famoso Obispo de Mondoñedo. Las principales ediciones francesas son: Livre doré de Marc Aurèle, París, 1531. L'horloge des princes, París, 1540. L'horloge des princes, París, 1555. Italiana: Vita, gesti, costumi, discorsi di M. Aurelio, Venecia, 1544, con otras 22 ediciones. En inglés: The Golden Boke of Marcus Aurelius, reimpreso 14 veces en el siglo xvi. Alemana, en Munich, 1599, con siete reimpresiones. Holandesa, en 1612. Latinas: Horologii Principum sive de vita M. Aurelii, Torgae, 1606. Horologium principum ad norman vitae M. Aurelii, Francfort, 1664. Armenia, por Kapriel Hamuzasbian, Venecia, 1738.
55. El estilo de Guevara se reconoce al punto por el afectado amontonamiento de antítesis, como las llaman los retóricos, que se corresponden cual frases musicales de un ritmo agradable de suyo; pero que, tan menudeadas, trasparentan la afectación y fatigan. La facundia y abundancia en el decir pasa de la raya, y suena á derroche. Si el río de su elocuencia se contuviese dentro de las riberas y no se derramase á la continua sin medida por todas partes, y si el dejo rítmico de la cadencia musical no bambanease tan repetidamente, sería Guevara el más elocuente de los escritores españoles. Suelto, rico, desenfadado, socarrón, elegante, es como el que más; grave en las sentencias, moral en los intentos, como nadie. Pedro de Rúa, Antonio Agustín y otros muchos le achacaron el dar por verdadero lo que sólo era obra de su fantasía, cuanto al citar antiguos autores, que jamás vivieron y él fantaseó, y al contar historias que él supo fraguar en su magín. Pero ya él se había curado en salud, diciendo que no creía más que en la Sagrada Escritura, de modo que no le parecía debía contenerse cuando, de su propio caletre, inventaba casos más bonitos y á propósito que los que hallaba en las historias y autores verdaderos. Nuestro hombre los fabricaba á su antojo, sin reparo, y se los colgaba á escritores, que jamás fueron en el mundo, con un tan desenfadado desparpajo y una tan grave seriedad, que no es el menor de los deleites para el que le va leyendo gozar de tan sabrosos embustes, afirmados gravemente por varón tan autorizado y sesudo.
56. M. Aurelio, prólogo: "Yo comencé á entender en esta obra el año de mil y quinientos y diez y ocho, y hasta el año de veynte y cuatro ninguno alcanzó en que yo estava ocupado: luego el siguiente año de veynte y cuatro, como el libro que tenía muy secreto estuviesse divulgado, estando su Magestad (Carlos V) malo de la quartana, me le pidió para pasar tiempo y aliviar su calentura. Yo serví á su Magestad entonces con Marco Aurelio: el qual aún no le tenía acabado ni corregido, y supliquéle humildemente que no pidía otra merced en pago de mi trabajo sino que á ninguno diesse lugar que en su real cámara trasladase el libro, porque en tanto que yo yva adelante con la obra, y que no era mi fin de publicarla de la manera que entonces estava, si otra cosa fuesse, su Magestad sería muy deservido y yo perjudicado. Mis pecados que lo uvieron de hacer: el libro fué hurtado y por manos de diversas personas traydo y trasladado, y como unos á otros le hurtavan y por manos de pajes le escrevían, como cada día crescían en él más las faltas, y no avía más de un original por do corregirlas. Es verdad que me trugeron algunos á corregir: que si supieran hablar, ellos se quexasen más de los que los escrivieron, que no yo de los que le hurtaron. Añadiendo herror sobre herror, ya que yo andava al cabo de mi obra y quería publicarla, remanesce Marco Aurelio impresso en Seuilla, y en este caso yo pongo por juezes á los lectores entre mí y los impresores, para que vean si cabía en ley ni justicia un libro que estaba á la imperial majestad dedicado, era el auctor niño, estava imperfecto, no venía corregido, que osase ninguno imprimirlo ni publicarlo. No parando en esto el negocio imprimiéronse otra vez en Portugal y luego en los reynos de Aragón, y si fué viciosa la impressión primera no por cierto lo fueron menos la segunda y tercera; por manera que lo que se escrive para el bien común de la república, cada uno lo quiere aplicar en provecho de su casa. Otra cosa acontesció con Marco Aurelio, la qual he vergüenza de la dezir, pero más la habrán de tener los que la osaron hazer, y es que algunos se hazían auctores de la obra toda, otros en sus escripturas enxerían parte della como suya propria: lo qual paresce en un libro impresso do el auctor puso la plática del villano, y en otro libro también impresso pusso otro la habla, que hizo Marco Aurelio á Faustina, quando le pidió la llave. Pues estos ladrones han venido á mi noticia, bien pienso yo que se deve aver hurtado más hazienda de mi casa. En esto verán que Marco Aurelio no estava corregido, pues agora se le damos muy castigado. En esto verán que no estava acabado, pues agora sale perfecto. En esto verán que le faltava mucho, pues agora le verán añadido... Este Relox de Príncipes se divide en tres libros. En el primero se trata que el Príncipe sea buen Cristiano. En el segundo, cómo el Príncipe se ha de aver con su mujer y hijos. En el tercero, cómo ha de gobernar su persona y república".
En 1528 se publicaron tres ediciones clandestinas del Libro áureo de Marco Aurelio, emperador y eloquentissimo orador; otras tres salieron, no menos fraudulentas, el año siguiente de 1529. Habianle hurtado el manuscrito de la Cámara Imperial, se sacaron muchas copias y se imprimieron sin saberlo el autor, hasta que el año 1529 intervino en la primera edición permitida, que rotuló Libro llamado Relox de Príncipes en el qual va encorporado el muy famoso libro de Marco Aurelio, Valladolid, 1529. Hay otra edición del mismo año con el título de Libro del emperador Marco Aurelio con Relox de Príncipes, Valladolid, 1529. Una de las fraudulentas lleva por título Libro áureo de Marco Aurelio: empador (sic) y eloquentissimo orador, Zaragoza, 1529. De las demás ediciones, tras la legal de 1529, citaremos: Sevilla, 1531 y 1532; Salamanca, 1532; Barcelona, 1532, edición que lleva añadidas "nueve cartas y siete capítulos" (del 58 al 73 del l. III); Libro nuevo de Marco Aurelio Emperador, Valencia, 1532. Otras ediciones sin valor bibliográfico; Sevilla, 1533, 1534, 1537; Venecia, 1553; Zaragoza, 1555; Sevilla, 1557; Alcalá, 1566. Obras completas, Valladolid, 1529, 1545. Libro titulado Monte calvario, Valladolid, 1529; Salamanca, 1542, 1545; Zaragoza, 1545; Valladolid, 1546; Zaragoza, 1549; Valladolid, 1549, 1551; Zaragoza, 1551. Oratorio de religiosos, Valladolid, 1542; Zaragoza, 1543; Valladolid, 1545, 1546 y 1550, etc. Epístolas familiares, primera y segunda parte, Valladolid, 1539; 2.ª pte., Valladolid, 1541 y 1542; Zaragoza, 1543; Valladolid, 1544-45, etc. Menosprecio de Corte, Valladolid, 1539; Lyon, 1542 (en francés); París, 1542 (íd.); Lyon, 1543 (íd.); París, 1543 y 1544 (íd.); Londres, 1548 (en inglés), etc. Aviso de privados y doctrina de cortesanos, Valladolid, 1539; Amberes, 1539; Venecia, 1544 (en italiano); Lyon, 1556 (en francés), etc. De los inventores del arte de navegar, Valladolid, 1539, etc. Décadas de las vidas de los diez Césares, Valladolid, 1539; Londres, 1577. De adventu Sancti Iacobi, Amberes, 1608. Dejó manuscritas: Disputatio contra Iudaeos. Crónica imperial de Carlos V, etc.
Antonio de Guevara, Epístolas familiares, Bibl. de Aut. Esp., t. XIII. Menosprecio de Corte, ed. J. de San Pelayo Ladrón de García, Bilbao, 1893. Arte de marear, ed. J. de San Pelayo Ladrón de García, Bilbao, 1895. Consúltense: M. Menéndez y Pelayo, Orígenes de la novela, Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. I, págs. ccclxv-ccclxxv, L. Clément, Antoine de Guevara, ses lectures et ses initiateurs français au xvie siècle, en Revue d'histoire littéraire de la France (1900), t. VII, págs. 590-602; (1901), t. VIII, págs. 214-233. R. Foulché-Delbosc, Revue Hispanique (1908), t. XXIII, págs. 633-635. J. M. Gálvez, Guevara in England (Kapitel I und II), Berlín, 1910. A. Morel-Fatio, Historiographie de Charles-Quint, París, 1913. John. Garret Underhill, Spanish Literature in the England of the Tudors, New-York, The Columbia University, 1899.
57. Año 1528. Francisco Delicado ó Delgado, de la Peña de Martos, discípulo de Lebrija, siguió el estado eclesiástico y partióse para Roma, donde logró el cargo de vicario del valle de Cabezuela, sin residencia, pues allí vivió dado á los vicios de aquella ciudad, de los que le resultaron unas bubas. Allí mismo acabó de escribir, en 1524, el Retrato de la Lozana Andaluza, y el año de 1528, tras el saco de Roma, pasó á Venecia, donde lo publicó, con algunas añadiduras, el mismo año, pero sin nombre de autor, "por no vituperar el oficio escribiendo vanidades", hasta que, viendo el buen suceso del libro, declaróse por autor de él. Es un retablo de la vida de una cortesana andaluza en Roma, con todas las obscenidades tomadas del natural, sin recato ni ideal alguno; no siendo novela ni comedia, sino narración, pero hablada, dialogada y viva, "en lengua española muy claríssima". Conocía La Celestina, el Asno de oro, de Apuleyo; pero no á Pedro Aretino, como se ha dicho, pues sus obras son posteriores á 1528; antes, ya ha dicho Arturo Graf que, si imitación hubo, lo fué del Aretino y no al revés, y cierto, el parecido es grandísimo, aunque M. Pelayo y Farinelli nieguen tal imitación. Menos tiene La Lozana del Diálogo de las hetairas, de Luciano, del cual tomó lo más indecente el Aretino. La Lozana no salió de los libros, sino de la vida real de Roma, vivida por su autor. Encierra muchos elementos folklóricos y frases españolas; pero no menor mezcla de italianismos, propios de la lengua franca que en Roma usaban los españoles de baja estofa, de la cual echó mano igualmente Torres Naharro, sin dejar, con todo eso, de tener trozos y frases en castizo y familiar lenguaje, con su propio color y brío.
58. El Ragionamento della Nanna e della Antonia, del Aretino, es de 1533; el Diálogo della Nanna é della Pippa sua figliuola, de 1536; el Ragionamento del Zoppino fatto frate... dove contiensi la vita e genealogia de tutte le cortegiane di Roma, no se publicó hasta 1539. Acaban de ser elegantemente impresos Los Diálogos del divino Pedro Aretino, por Joaquín López Barbadillo, Madrid, 1914, 2 vols., las dos primeras jornadas. Véase Graf, Giornale Storico della letteratura italiana, Turín, 1880, t. XIII, pág. 317. A. Farinelli, en Ressegna Bibliographica della letteratura Italiana, t. VII, pág. 281, Pisa, 1900. M. Pelayo, Oríg. nov., t. III, pág. cxcvi. "Y si quisieren reprender que por qué no van munchas palabras en perfeta lengua castellana, digo que siendo andaluz y no letrado y escribiendo para darme solacio y pasar mi fortuna, que en este tiempo el Señor me había dado, conformaba mi hablar al sonido de mis orejas, que es la lengua materna y el común hablar entre mugeres, y si dicen por qué puse algunas palabras en italiano, púdelo hacer escribiendo en Italia..., si me dicen que por qué no fuí más elegante, digo que soy iñorante" (pág. 333).
Un solo ejemplar se conoce de La Lozana, en la Bibl. imperial de Viena; reimprimióse en la Colecc. de libros raros y curiosos, Madrid, 1871; en París, 1888, con traducción francesa, y en Madrid, en la Colecc. de libros picarescos, 1899. Las tres proceden de la copia que Gayangos sacó de Viena, y está en la Bibl. Nacional. En 1531 y 1534 editó La Celestina, Venecia; en 1534 corrigió y publicó el Primaleón, Venecia, en la introducción de cuyo tercer libro declaró "Como lo fuí yo quando compuse la Loçana en el común hablar de la polida Andalucía". Al fin del tomo se dice que los tres libros de Primaleón "fueron corregidos y emendados de las letras que trastrocadas eran por el vicario del valle de Cabezuela Francisco Delicado, natural de la Peña de Marros". Cuando padecía de las bubas compuso De consolatione infirmorum (pág. 334), y curado, con el cocimiento del guayaco ó palo santo, introducido en España en 1508 y en Italia en 1517, compuso un cierto electuario (pág. 280), escribiendo sobre el modo de curar con él, en italiano, Il mal franceso, Venecia, 1529, opúsculo del cual hablan Astruc, médico de Montpellier y Morejón y Chinchilla (Historia bibliográfica de la Medicina Española, obra póstuma de don Antonio Hernández Morejón, t. II, Madrid, 1843, pág. 219. Anales históricos de la Medicina..., por don Anastasio Chinchilla, t. I, Valencia, 1841, pág. 186). Delgado llaman ambos al autor, así como el privilegio de Clemente VII para imprimir su libro en 4 de diciembre de 1526; éste debió de ser su propio apellido, italianizado de alguna manera en Delicado. En 1533 editó el Amadís de Gaula, Venecia.
59. Año 1528. Fray Francisco de Osuna, franciscano († 1540?), comenzó en 1528 á publicar la Primera parte del Abecedario espiritual, Sevilla; Burgos, 1537; Medina, 1544; Zaragoza, 1546; Sevilla, 1554. La Segunda parte, Sevilla, 1530; Burgos, 1539 y 1545; Sevilla, 1554; Burgos, 1555. La Tercera parte, Toledo, 1527; Valladolid, 1537; Burgos, 1544; Sevilla, 1554; Burgos, 1555. La Cuarta parte, 1530; Burgos, 1536; sin lugar, 1542 y 1551; Valladolid, 1551; Sevilla, 1554. La Quinta parte, Burgos, 1542; Sevilla, 1554; Burgos, 1554. La Sexta parte, Sevilla, 1554; Medina, 1554. Gracioso convite de las gracias del santo Sacramento, Sevilla, 1530; Burgos, 1537 y 1542, etc. Norte de los estados, Sevilla, 1531, 1536, 1541; Burgos, 1541 y 1550; Medina, 1550. Fué el Abecedario de los libros que más leyó Santa Teresa. En latín: Sanctuarium biblicum, Tolosa, 1533. Sermones de Virgine super verba Beatus venter, Tolosa, 1553. Pars meridionalis, París, 1583; Zaragoza, 1546, 1549; Medina, 1554. Commentaria super verba Missus est, Amberes, 1545. Trilogium evangelicum, Amberes, 1537; París, 1557. Pars occidentalis, Amberes, 1536; Zaragoza, 1546; París, 1546, 1548; Zaragoza, 1549; París, 1550; Medina, 1554; Lyon, 1569; Venecia, 1572, 1583, etc. Passio compassionis, Venecia, 1573. Tercera parte del libro llamado Abecedario Espiritual, ed. M. Mir, Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. XVI.
El protonotario Luis Mexía, acaso pariente de los hermanos Pedro y Cristóbal Mexía, los tres erasmistas, tradujo la obra de Erasmo Colloquio intitulado institución del Matrimonio cristiano, Valencia, 1528. "En este presente tratado se contienen tres Colloquios de Erasmo en romance... Colloquio de Erasmo llamado Menipsigamos... Una carta de Erasmo al Emperador: con la respuesta del emperador á Erasmo. Trasladadas de latín en romance... El primero del segundo tratado de los Colloquios de Erasmo...". Los coloquios de Erasmo, Sevilla, 1529 (Brunet); Toledo, 1530. Colloquios familiares compuestos en latín... traduzidos por un muy sabio varón, 1528 (?): los ocho primeros traducidos por anónimo; los tres últimos por Luis Mexía. El anónimo cree Bonilla fué Alonso de Virués (Erasmo en Esp., pág. 65). Doze coloquios de Erasmo, Zaragoza, 1530 (Juan M. Sánchez, Bibliogr. Arag. siglo xvi, pág. 228). Colloquios de Erasmo, 1532, sin más que: I. A. T. O. L. (Bonilla, ibid., pág. 68): es reimpresión de la edic. de 1530 "nuevamente añadido", acaso por el impresor I(uan) de A(yala) en TOL(edo). El Colloquiorum liber se publicó en 1522 ó 1523; Basilea, 1524. Los Coloquios de Erasmo se han reimpreso en los Orígenes de la Novela, t. IV, Madrid, 1915. Escribió además Luis Mexía el Apólogo de la ociosidad y el trabajo, intitulado Labricio Portundo, obra que glosó y moralizó el aventurero humanista Francisco Cervantes de Salazar, Alcalá, 1546.
El M. Bernardo Pérez de Chinchón nació en Valencia, donde fué chantre, canónigo de Gandía y de la servidumbre de don Juan de Borja, duque de Gandía. Declaración del Pater Noster. Item el sermón de la grandeza y muchedumbre de las misericordias de Dios, Logroño, 1528; Amberes, 1549: es traducción de la Precatio Dominica, de Erasmo. Silenos de Alcibiades compuesto por el famoso doctor Erasmo, Valencia, 1529; Amberes, 1555. Diálogos christianos contra la secta mahomética y contra la pertinacia de los judíos; en la dedicatoria dice Valencia, 1534. Libro del Aparejo que se deue hazer para bien morir, Burgos, 1535; Amberes, 1549; Sevilla, 1551; ó Preparación y aparejo para bien morir, compuesto por el famoso y excelente doctor Desiderio Erasmo Roterodano, Amberes, 1555. Historia de las cosas que han pasado en Italia desde el año 1521 de nuestra redempción hasta el año 30 sobre la restitución del Duque Francisco Sforcia en el ducado de Milán, Valencia, 1536. Espejo de la vida humana, Granada, 1587; Alcalá, 1589, 1590; Sevilla, 1656. Antialcoran, sive contra errores Sectae Machometanae, Salamanca, 1595.
60. Año 1528. Francisco de las Natas, beneficiado en la parroquial de Cuevas Rubias y en la de Santa Cruz de Rebilla Cabriada (Burgos), publicó Segundo libro de las Eneidas de Virgilio, trobado en metro mayor de nuestro romance castellano, Burgos, 1528. Comedia Claudina, en coplas, 1536 (Reg. Colón). Comedia llamada Tidea... Trátanse los amores de don Tideo con la donzella y cómo la alcançó por interposición de aquella vieja alcagueta; y en fin por bien de paz fueron en uno casados, 1550. Es el argumento de La Celestina, en coplas, con feliz desenlace y con algunos pastores á lo Enzina. En la versificación y en las cinco jornadas sigue á Naharro. Hállase en la Bibl. de Munich (Fern. Wolf, Sitzungberichte, de la Acad. de Viena, t. VIII, 1852). La ha reimpreso Cronan, Madrid, 1913, Bibliófilos Madrileños.
Juan Pastor publicó Auto nuevo del santo nacimiento de Cristo nuestro Señor, Sevilla, 1528. En él cita, y escribió de hecho, dos Farsas llamadas Grismaltina y Clariana. Además la Farsa ó Tragedia de la castidad de Lucrecia, reimpresa por Bonilla en la Revue Hispanique, 1912, del ejemplar de la Nacional, y por Ochoa, Madrid, 1914. En ella no ve Bonilla ninguna cualidad brillante ni en la versificación, ni en los incidentes, ni en la trama principal. "El bobo es verdaderamente inaguantable, y la ocurrencia de hacer acompañar á Tarquino, como si fuese cualquier pirulero, por un negrito, no abona el ingenio de Juan Pastor. Una Tragedia tan desmayada y fría era digna de estar inspirada en la obra de quien diputó al Fedón platónico por un escrito sin importancia".
61. Año 1528. Juan de Aguilera, profesor salmantino, publicó Canones Astrolabii, Salamanca, 1528, 1554.—Arnoldo Alberti († 1545), mallorquín, canónigo y luliano, publicó Quaestio de secreto, Valencia, 1528. Repetitio nova, ibid., 1534. De agnoscendis assertionibus Catholicis et Haereticis, Panhormi, 1553. Commentaria super Artem Magistri R. Lulli.—Libro de Juan bocacio que tracta de las ilustres Mugeres, Sevilla, 1528.—Fray Luis de Carvajal, franciscano andaluz, antierasmista, publicó Apologia monasticae religiones diluens nugas Erasmi, París, 1528; Salamanca, 1528; Amberes, 1529. Tradújose al castellano: Dulcoratio amarulentiarum Erasmicae responsionis ad Apologiam. De restituta Theologia, Colonia, 1540; Amberes, 1548. Consúltense fray Juan de San Antonio, Bibliotheca Franciscana, t. II, pág. 292. Eysengrein, Catalogus testium veritatis, Dilingen, 1565, página 192. Sepúlveda, t. III, epíst., págs. 219, 611.—Fray Juan de Cazalla, franciscano de Veracruz, publicó Lumbre del Alma, Sevilla, 1528.—Rodrigo de Cueto publicó Primus Tractatus Summularum in textum Petri Hispani, 1528.—Floramante de Colonia y Lidaman de Ganayl, 1528.—Martín de Frías publicó varios Tratados sobre moral, 1528; Salamanca, 1550.—Fuero de Vizcaya, Burgos, 1528; Medina, 1575.—Esteban Martínez ó Martín, vecino de Castromocho, publicó el Auto de cómo San Juan fué concebido y ansimesmo el nacimiento de San Juan, Burgos, 1528; otra edición con otras canciones, sin lugar ni año (La Barrera).—Cursus quattuor mathematicarum artium, Alcalá, 1528.—Obras... assi en prosa como en metro de Moner, las más dellas en lengua castellana y algunas en su lengua natural catalana, Barcelona, 1528. Véase M. Pelayo, Antol. de poet. lír. cast., t. VII, pág. ccxlii, etc.—Fray Alejo de Salamanca, franciscano de Zamora, publicó De Christi D. Republica Dialogi tres, Salamanca, 1528.—Don Francisco Velázquez Minaya publicó Esfera forma del mundo con una breve descripción del mapa, Madrid, 1528 (Vindel).
62. Año 1529. Juan de Valdés (1501?-1541), hermano de Alfonso, hijo del corregidor perpetuo de Cuenca, don Fernando de Valdés, nació en aquella ciudad; debió de estudiar en Alcalá y anduvo diez años "andante en corte" y dado á la lección de libros de caballerías, aunque mezclándola con la de Luciano, de quien aprendió el tono del dialogar. Supo las lenguas clásicas y el hebreo. Por medio de su hermano, se relacionó con Erasmo, el cual, en 1528, le escribió animándole á continuar sus estudios y felicitándole porque "enriquece su ánimo, nacido para la virtud, con todo linaje de ornamentos". En 1527 compuso su hermano el Diálogo de Lactancio, y parece le ayudó Juan corrigiéndolo y retocándolo. En 1528 compuso el mismo Juan el Diálogo de Mercurio y Carón, obra lucianesca, sátira moral y religiosa, más variada y artística que los Coloquios, de Erasmo, y que el Diálogo de Lactancio, de su hermano Alonso, aunque en el asunto se les parezca. También se parece á las Danzas de la muerte de la Edad Media, en cuanto van presentándose personas de todos estados, juzgando sus buenas y malas acciones. Monumento clarísimo, como dice M. Pelayo, del habla castellana. El ingenio, la gracia y la amenidad rebosan en él, y bien puede decirse que nada hay mejor escrito en castellano durante el reinado de Carlos V, fuera de la traducción del Cortesano, por Boscán. La lengua brilla del todo formada, robusta, flexible y jugosa, sin afectación ni pompa vana, pero, al mismo tiempo, sin sequedad ni dureza, y con toda la noble y majestuosa serenidad de las lenguas clásicas. En 1531, Juan de Valdés, "caballero noble y rico", en frase de Juan Pérez, "gentilhombre de capa y espada", como le llama Carnesechi, fué á Roma con una carta de recomendación de su hermano para Juan Ginés de Sepúlveda, que, viendo en él la estampa de su hermano, no sólo en el aspecto, sino también en la doctrina, ingenio y estudios, le agasajó cuanto pudo. Seguía allí en 1532; pero, fuera de algún corto viaje á Roma, asentó en Nápoles desde 1535 hasta su muerte. Había llegado erasmista á Italia y, á fuerza de leer y pensar, tomó algunas doctrinas heréticas, por ejemplo, sobre la justificación y la gracia, quizá en los Lugares Comunes, de Melanchton. Su doctrina se aparta de las de éste, de las de Lutero, Calvino y demás herejes del siglo xvi por ciertos aspectos sustanciales que le dan carácter personal en lo dogmático y en la exégesis bíblica, sobre todo en lo que toca á la disciplina de la Iglesia. Después de 1534, pues habla como de cosa conocida de El Cortesano, no publicado hasta aquel año, y antes de setiembre de 1536, pues se nombra en él á Garcilaso como á persona viva, escribió el Diálogo de la Lengua, que nació de verdaderas conversaciones con amigos suyos, españoles é italianos, tenidas en la ribera del Chiaja. Las doctrinas filológicas no podían ser certeras en aquel tiempo, y apenas merece recordarse más que la de la ortografía, que no se ha de escribir de una manera y pronunciar de otra, principio que tomó de Nebrija, en quien se ensaña más de lo justo, y la del rechazar los latinismos. Pero como crítico literario, juzgó tan delicadamente autores y obras, que sus fallos ha ido robusteciéndolos el tiempo. Su principio acerca del estilo es el mismo de Cervantes y el que practicó en todos sus escritos, distinguiéndose cabalmente por él entre todos los escritores castellanos. "El que tengo me es natural y sin afectación ninguna. Escribo como hablo; solamente tengo cuidado de usar de vocablos que signifiquen bien lo que quiero decir, y dígolo cuanto más llanamente me es posible, porque, á mi parecer, en ninguna lengua está bien la afectación". Admirable principio, que vale por todos los tratados de retórica. Ése es, realmente, el estilo de Valdés, y si de alguno, de él puede decirse que escribió llano, transparente y sin la menor afectación. El diálogo es apacible charla entre dos italianos corteses y entendidos: un soldado que pica en desenfadado y fanfarrón y el mismo Valdés, hombre descontentadizo, de delicado gusto cuanto al arte, respetado maestro y ahidalgado toledano, con sus puntas de franca modestia y su picante de socarronería castellana. Tiene vida el diálogo; es cosa sucedida; corre por todo él cierto aire lucianesco y helénico; cortesano gracejo y lindos donaires le engalanan.
63. Juan de Valdés, en el Diálogo de la Lengua, se dice castellano, criado en el reino de Toledo y en la Mancha de Aragón, y paisano de mosén Diego de Valera; por consiguiente, natural de Cuenca, donde era regidor perpetuo su padre Ferrando de Valdés. Que era hermano de Alfonso se ve por las cartas de Erasmo y Sepúlveda. Francisco de Enzinas, que conoció á los dos hermanos, dice que Juan fué "praeclare instructus in disciplina fraterna" (Memoires, ed. Campan, t. II, pág. 154), esto es, cuanto á las ideas reformistas erasmianas. Gallardo: "J. de V. compuso el Diálogo de Mercurio y Carón, según resulta de documentos que vi el año 1820 en los papeles del Archivo de la Inquisición general". La primera edición del Diálogo de Mercurio y Carón es de 1529, aunque no tiene fecha, é impresa en Italia. De ella se valió Usoz para su reimpresión; hay ejemplares en las Bibls. de Rostock, Munich y Goettinga; 2.ª, sin lugar ni año; 3.ª, en el Museo Brit.; 4.ª, copia de la segunda; 5.ª, acaso flamenca; 6.ª, Dos diálogos escritos por Juan de Valdés, ahora cuidadosamente reimpresos, 1850, t. IV de los Reformistas Españoles, de Usoz, Madrid. Ambos diálogos están prohibidos en el Índice, de Pío IV (1564) y en los posteriores de España y Roma. Hay traducción italiana: Due dialoghi, l'uno di Mercurio et Caronte..., l'altro di Lattantio..., 1546, y tuvo reimpresiones; el traductor créese haber sido Bruccioli. Otra alemana, Amberg, 1609, 1613; Francfort, 1643. El título es: Diálogo de Mercurio y Carón: en que allende de muchas cosas graziosas y de buena doctrina, se cuenta lo que ha acaescido en la guerra desde el año de mill y quinientos y veinte y uno, hasta los desafíos de los reyes de Francia et Inglaterra, hechos al Emperador en el año de M. D. XXVIII... "La causa principal... deseo de manifestar la justicia del Emperador y la iniquidad de los que le desafiaron, y en estilo que de todo género de hombres fuese con sabor leído". Es diálogo político y moral, Lucianesco, imitación del 10.º de los Diálogos de los muertos y del Charon sive speculatores, del Charon, de Pontano, y aun de los Coloquios, de Erasmo, aunque es más variado y artístico que cualquiera de los del roterodano. Ocultó su nombre, diciendo que lo era "uno que derechamente deseaba la honra de Dios y el bien universal de la república cristiana". La fecha: "en este año de M.D.XXVIII". Por contexto del Diálogo saca M. Pelayo (Heterod., II, pág. 155) que "no pasaba Valdés de erasmista, aunque no más mesurado y razonable que su hermano... andaba muy lejos de la doctrina de Lutero contra la eficacia de las obras, y más bien pensaba como los católicos en este punto... no se harta de decir que los ayunos, devociones, rezos, etc., son "muy buenos medios para alcanzar y seguir la doctrina cristiana y ganar el Cielo, con tal que no vayan desnudos y vacíos de caridad...". Hay un tono de buena fe y sinceridad en todo el Diálogo tal, que induce á creer que, cuando Valdés le escribió, todavía era, ó se creía, católico, aunque le extraviaban sus fatales propensiones al laicismo y á la inspiración privada, que después hicieron en él un místico sui generis, misionero de capa y espada, catequizador de augustas princesas y anacoretas de buena sociedad". En la teoría del pacto social ó político se adelantó á Rousseau cerca de tres siglos, y le aventajó en claridad, sin declamaciones ni paradojas: "Cata que ay pacto entre el príncipe y el pueblo; que si tú no hazes lo que deves con tus súbditos, tampoco son ellos obligados á hazer lo que deven contigo. ¿Con qué cara les pedirás tus rentas si tú no les pagas á ellos las suyas? Acuérdate que son hombres y no bestias, y que tú eres pastor de hombres y no señor de ovejas. Pues que todos los hombres aprenden el arte con que viven, ¿por qué tú no aprenderás el arte para ser príncipe, que es más alta y más excelente que todas las otras? Si te contentas con el nombre de Rey ó príncipe sin procurar de servirlo, perderlo has y llamarte han tirano. Que no es verdadero Rey ni príncipe aquel que le viene de linage, mas aquel que con obras procura de serlo. Rey es y libre el que se rige y manda á sí mismo; y esclavo y siervo el que no se sabe refrenar. Si te precias de libre, ¿por qué servirás á tus apetitos, que es la más torpe y fea servidumbre de todas? Muchos libres he uisto servir y muchos esclavos ser servidos. El esclavo es siervo por fuerza y no puede ser reprehendido por serlo, pues no es más en su mano; mas el vicioso que es siervo uoluntario no deve ser contado entre los hombres. Ama, pues, la libertad y aprende á ser de veras Rey". "Á los pobres, lisiados, clérigos y frayles mendicantes ó mercenarios, ordena cómo les sea dado de comer y no les consientas andar mendicando".
El Diálogo de la Lengua no se publicó hasta que lo hizo Mayáns en el t. II de sus Orígenes de la lengua española, 1737, tomándolo del único manuscrito conocido hasta la fecha, que está en la Biblioteca Nacional (x-236) y fué de Zurita; pero echándolo á perder, y así se reprodujo en 1873. Luis Usoz, en 1860, hizo otra edición, correcta y ajustada al original. Marcio parece ser Marco Antonio Magno, apoderado de Julia Gonzaga y traductor del Alfabeto, de Valdés; Coriolano, el secretario del virrey don Pedro de Toledo, más bien que el Obispo de San Marcos en Calabria, como quiso Boehmer; el soldado español, que primero se llama Pacheco y después Torres; en fin, Valdés mismo, que hace de maestro, á quien los demás consultan, y un taquígrafo llamado Aurelio, completan los personajes del Diálogo.
64. Después de escribir el Diálogo de la lengua, se dió enteramente Valdés á la propaganda de sus doctrinas religiosas, con aquellos dulcísimos modales y hablar halagüeño y atractivo, con aquella respetada autoridad de maestro, que se ve en el mismo Diálogo. Juntábanse en su casa, ó en el palacio de la princesa Julia Gonzaga, ó en el del señor Bernardo Guesta, y más á menudo en la quinta de Chiaja, cerca del Posílipo, sus discípulos, todos personas de cuenta de Nápoles. El Alfabeto es un diálogo entre Valdés y Julia Gonzaga, tenido en 1535, de vuelta de los sermones del padre Ochino; perdióse el original castellano y sólo se conserva la traducción italiana, retrotraducida al castellano por Usoz. Consérvanse de sus traducciones, hechas del original griego, las epístolas de San Pablo á los romanos y primera á los corintios, impresas en Génova: la primera, en 1556; la segunda, en 1557. Es fiel y puntual versión, siguiendo el texto de Erasmo é inspirándose en Lutero, Melanchton y Bucer. También tradujo del hebreo el Psalterio, inédito y descubierto por Boehmer en la Biblioteca Imperial de Viena, con un comentario sobre el primer libro, y el Comentario á San Mateo, que está en la Biblioteca Imperial de Viena. Su principal obra religiosa son las Consideraciones divinas (1538-1539), cuyo original castellano no se ha impreso, sirviéndonos hoy de texto la traducción italiana publicada en Basilea, 1550, por Celio Segundo Curión: así que Usoz hizo tres ediciones castellanas, conforme á una traducción castellana hecha en 1558 de la traducción italiana y vertiéndolas él mismo del italiano. Últimamente se ha descubierto en Viena el texto castellano original. Murió Valdés en Nápoles, dejando heredera á Julia Gonzaga, no sólo de su espíritu, sino también de sus manuscritos. Guardó ella muchos de éstos en su poder como sagradas reliquias, hasta que, á su fallecimiento, los legó á sus amigos, quienes los publicaron poco á poco, traducidos del castellano al italiano. Apenas murió Valdés, se establecía la Inquisición en Nápoles, desperdigando á sus partidarios y discípulos. Fué un reformador religioso y literario, y con ideas políticas de castiza cepa española, sustentadas con brillantez y brío durante todo el siglo xvi por muchos teólogos, filósofos y juristas, como Las Casas, Falcón, Fox Morcillo, Simón Abril, Mariana.
65. Rivadeneira, en el t. LX Autor. Esp., pág. 597: "Comenzó á picar la herejía entre gente principal, siendo maestro della Valdés, hermano del secretario Valdés". Caracciolo, Vida de Paulo IV (César Cantú, Gli eretici d'Italia, pág. 333): "En 1535 vino de Nápoles un cierto Juan de Valdés, noble español cuanto pérfido hereje. Era (según me dijo el cardenal Monreal, que mucho le recordaba) de hermoso aspecto, de dulcísimos modales y de hablar suave y atractivo; hacía profesión de lenguas y sagrada escritura; habitó en Nápoles y Tierra de Labor... leía y explicaba en su casa á los discípulos y afiliados las epístolas de San Pablo". Nic. Balbani, Vida de Galeazzo Caracciolo: "Había por entonces en Nápoles un hidalgo español, que teniendo algún conocimiento de la verdad evangélica y, sobre todo, de la doctrina de la justificación, había comenzado á traer á la nueva doctrina á algunos nobles, con quienes conversaba, refutando las opiniones de la propia justicia y del mérito de las obras y poniendo de manifiesto algunas supersticiones... los discípulos de Valdés eran en Nápoles numerosísimos, pero en el conocimiento de la verdad cristiana no habían pasado más allá del artículo de la justificación y de rechazar algunos abusos del papismo; por lo demás, iban á las iglesias, oían misa y participaban de la común idolatría" (esto es, de la práctica católica). Miscellanea variarum rerum (en Ferm. Caballero): "Paréceme, dice Jacobo Bonfadio, que veo á v. señoría suspìrar con íntimo afecto por aquella tierra y acordarse de Chiaja y del hermoso Posílipo... Pero ¿adonde iremos, después que el señor Valdés ha muerto?" Allá acudía el elocuente capuchino sienés fray Bernardino Ochino, general de su Orden, varón de ayunos y maceraciones, siempre descalzo y á la intemperie, pidiendo limosna de puerta en puerta, durmiendo en el campo al pie de un árbol y que predicaba con tal espíritu y devoción, que hacía llorar á las piedras, en frase de Carlos V. Juan de Valdés, en 1536, se lo atrajo para sí, y con él á otros religiosos de su Orden. Iban también Pedro Mártir Vermigli, canónigo regular de San Agustín y abad de Spoleto; Marco Antonio Flaminio, buen médico y elegante poeta latino; monseñor Pietro Carnesecchi, noble florentino, protonotario y secretario de la Sede Apostólica, embajador del Duque de Ferrara, muy protegido por Clemente VII y por todos los Médicis; Galeazzo Caracciolo, marqués de Vico; Marco Antonio Magno, apoderado de la Duquesa de Trajetto; el humanista é historiador de Génova Jacobo Bonfadio: tales eran los discípulos más allegados, sin contar con que más ó menos claudicaban en la fe los Arzobispos de Otranto, Sorrento y Reggio; los de Catania, La Cava, San Felice, Nola y Policastro, y más de tres mil afiliados, según Caracciolo. Las más nobles señoras de Nápoles, Catalina Cibo, duquesa de Camerino; Isabel Briceño, Victoria Colonna y Julia Gonzaga, eran de su partido, ó participaban más ó menos de sus doctrinas. Pero la discípula querida de Valdés, la que inspiró casi todos sus escritos religiosos, fué Julia Gonzaga, duquesa viuda de Trajetto y condesa de Fondi, de famosa hermosura y de no menos maravilloso menosprecio del mundo, del cual se apartó para darse á la caridad y devoción. La traducción del Alfabeto al italiano por Marco Antonio Magno se imprimió en 1546, y el único ejemplar conocido, descubierto por Wiffen, sirvió á Usoz de texto para las versiones castellana é inglesa de entrambos: Alphabeto Christiano, che insegna la vera via d' acquistare il lume dello Spirito Santo... M.D.XLVI. Alfabeto Christiano, scritto in lingua Spagnuola por Giovanni di Valdés. E dallo stesso manoscrito autografo recato nell' Italiano por M. A. Magno. Otra ristampata fedelmente la versione italiana, pagina per pagina, con l' aggiunta di due traduzioni, l' una in Castigliano, l' altra in Inglese... Londra. L' anno MDCCCLX, por Usoz y Wiffen. Según Carnesecchi había trabajado sobre todas las epístolas de San Pablo, menos la de los Hebreos. Comentario ó declaración breve y compendiosa sobre la Epístola de San Pablo Apóstol á los romanos, Venecia, 1556. Comentario ó declaración familiar y compendiosa sobre la primera Epístola de san Paulo Apóstol á los Corinthios, Venecia, 1557; reimpresa modernamente sin lugar ni año. Esta publicación la hizo en Ginebra, con el rótulo de Venecia, el calvinista español Juan Pérez. Hay ejemplares en la Bibl. de San Isidro y entre los libros de Usoz, el cual las reimprimió (ts. X y XI de su colección), Madrid, 1856. Le cento et dieci divine Considerationi del S. Giovanni Valdesso: nelle quali si ragiona delle cose più utili, più necessarie et più perfette della Christiana professione, Basilea, 1550 (ejemplar en la Bibl. de M. Pelayo). Hay traducción francesa, tres veces impresa, Lyon, 1563; París, 1565; Lyon, 1601; dos traducciones inglesas, Oxford, 1638; Londres, 1865. Ediciones di Usoz: Ziento i diez consideraziones de Juan de Valdés. Ahora publicadas por primera vez en castellano... Año de MDCCCLV, t. IX de Reformistas. Ziento i diez consideraziones leídas i explicadas hazia el año de 1538 á 1539. Por Juan de Valdés. Conforme á un manuscrito Castellano escrito el año 1538, existente en la Biblioteca de Hamburgo. Y ahora publicadas por primera vez con un facsímile... España. Año MDCCCLXII, t. XVI de Reformistas antiguos españoles. Pero el ms. de Hamburgo no es el original de Valdés, sino una traducción del italiano, hecha con poco esmero por algún protestante español en 1558. Tornó Usoz á publicar las Ziento i diez consider..., traducidas por él mismo, Londres, 1863, t. XVII de Reformistas, con notas, apéndices y documentos sobre los hermanos Valdés. La traducción italiana fué reimpresa por Boehmer, Halle, 1860; su mujer las tradujo al alemán, Halle, 1870. De este libro saca M. Pelayo que Valdés fué antitrinitario y arriano, creyendo que Cristo tuvo la imagen de Dios, pero que no fué Dios, sino algo intermedio entre Dios y el hombre. Fué de severo ascetismo y tuvo á la carne por enemiga de Dios, tal como suena, entendiendo por ella, no los pecados y obras carnales, como San Pablo, sino el mismo cuerpo humano y sus actos fisiológicos. Atribuye á Dios el mal y el pecado, como verdadero autor de él; condena la ciencia y el deseo de saber; no desecha las imágenes; cree que la unión con Dios se hace por el amor, que nace del conocimiento intuitivo. M. Pelayo le tiene por luterano, cerrado en lo de la justificación y la fe; por unitario, en lo de la Trinidad, y, en lo demás, por un iluminado, predecesor de Jorge Fox y de Barclay. Es un místico frío y sin unción, por lo que tiene de islamita y arriano. M. Pelayo, Heterod., t. II, pág. 203: "¿Y hay algo de español en el ingenio de Valdés? Á mi juicio, dos cosas: la extremosidad de carácter, que le lleva á sacar todas las consecuencias del primer yerro, y de erasmista le convierte en luterano, y de luterano en iluminado, y de iluminado en unitario; en segundo lugar, la delicadeza de análisis psicológico y la tendencia á escudriñar los motivos de las acciones humanas, que es lo que más elogian en él los extranjeros, y el único parecido que tiene con nuestros místicos ortodoxos".
66. Juan de Valdés, Diálogo de Mercurio y Carón, ed. E. Boehmer, en Romanische Studien (1881), t. VI, Heft XIX. Diálogo de la lengua, ed. E. Boehmer, en Romanische Studien (1895), t. VI, Heft XXII. Trataditos, ed. E. Boehmer, Bonn, 1880. Ziento i diez consideraziones, ed. L. de Usoz i Rio, Londres, 1863. Le cento e dieci considerazioni di Giovanni Valdesso, ed. Boehmer. Commentary upon 1 Cor., tr. por J. T. Betts, London, 1883. El Evangelio según San Mateo, Madrid, 1880. Consúltense: B. B. Wiffen, Life and writings of Juan Valdés otherwise Valdessio, London, 1865. E. Boehmer, Spanish Reformers, Strassburg-London, 1874-1883, ts. I y II. Fermín Caballero, Conquenses ilustres, Madrid, 1875, t. IV. M. Carrasco, Alfonso et Juan de Valdés, leur vie et leurs écrits religieux, Genève, 1880. M. Menéndez y Pelayo, Historia de los Heterodoxos españoles, t. II, págs. 149-206, y t. III, págs. 843-848. E. Boehmer, Revista Cristiana, Madrid, 1885-1887. C. A. Wilkens, Geschichte des spanischen Protestantismus im 16. Jahrhundert, Gütersloh, 1888. W. Webster, Gleanings in Church History, London, 1903, págs. 136-157. B. Croce, Una data importante nella vita di Juan de Valdés, en Archivo storico per le provincie napolitane (1903), fasc. I. Diálogo de Mercurio y Carón, trad. danesa por E. Gigas, Kjöbenhavn, 1904. A. Stor, Julia Gonzaga y Juan de Valdés, en La Ilustración Española y Americana (1906), t. LXXXI, págs. 124, 126-127. E. Boehmer, en Realencyclopädie für protestantische Theologie und Kirche (Leipzig, 1908), t. XX, págs. 380-390. J. Heep, Juan de Valdés in seinem Verhältnis zu Erasmus und dem Humanismus, Leipzig, 1909. Id., J. de Valdés, seine Religion, sein Werden, seine Bedeutung, Leipzig, 1909.
67. Año 1529. Aurelio é Isabella. Amorosa historia de Aurelio é Isabella, hija del Rey d'Escocia, Venecia, 1529; Amberes, 1556; Bruselas, 1596, 1608.—Diego de Cabranes, del concejo de Villaviciosa, maestro en Artes y en Santa Teología, religioso de la Orden y caballería del glorioso Apóstol Santiago del Espada, et capellán de S. M., publicó la Clave espiritual para abrir la alta materia de la predestinación, Toledo, 1529. Abito y armadura espiritual, Puebla de Guadalupe, 1545.—Miguel de Eguía, impresor de Alcalá, publicó La Memoria de la Passión de Christo, Alcalá, 1529.—Coloquio espiritual de la Pasión de N. S., Sevilla, 1529, hoy desconocido (Reg. Colón).—Estímulo de Amor, de S. Buenaventura, Logroño, 1529; Alcalá, 1597 (dos ed.).—Fray Martín de Castañega, franciscano, publicó el Tratado muy sotil y bien fundado de las supersticiones y hechizerías y vanos conjuros y abusiones: y otras cosas al caso tocantes y de la possibilidad é remedio dellas, Logroño, 1529. (Se funda en el proceso contra el aquelarre de Zugarramurdi, en Logroño, 1527, por el que fueron condenados 150 brujos).—Alfonso Martínez publicó De la complexión de las Mugeres, Medina, 1529. Otros le llaman Antonio Martínez ó Alonso Martín.—Fray Rodrigo Navarro, dominico, publicó Discursos Evangélicos, Alcalá, 1529.—Antonio Polo, canónigo de Cuenca, publicó Contra Sacerdotes Concubinarios, Venecia, 1529.—Regla de la orden de la cavallería de señor Santiago del Espada, Toledo, 1529; ibid., 1530. (Véase I, 502).—Sumario breve de los Sonetos Sacramentos, Sevilla, 1529.—Fray Luis Vicente tradujo Historia de todas las propriedades de las cosas, Toledo, 1529.—Luis de Villa Rubia publicó De preservatione ᘔ cura ab Epidemiali morbo, Toledo, 1529.
68. Año 1530. El padre M. Juan de Ávila (1500-1569), apóstol de Andalucía, beato desde 1894, nació en Almodóvar del Campo; fué hijo de Alonso de Ávila y Catalina Xixona y estudió Derecho en Salamanca (1514) durante cuatro años. Pero, como después decía él: "¿para qué se me daban á mí las negras leyes?" Vuelto de vacaciones á casa, recogióse (1518) en una celdilla y se entregó á las asperezas y vida devota, aunque, por consejo de un franciscano, se fué á estudiar Artes y Teología en Alcalá (1520), para mejor servir á Dios en su Iglesia. Oyó á fray Domingo de Soto, se hizo amigo de Pedro Guerrero, después Arzobispo de Granada, y, ordenado de sacerdote (1525), pensó en pasar á las Indias á predicar la fe; pero ya en Sevilla (1527), detúvole el arzobispo don Alonso Manrique, empleándole en la predicación, con la cual, por púlpitos, plazas y hospitales, y con la enseñanza del Catecismo á los niños, no es de creer el fruto que logró. En Écija convirtió á Dios á doña Sancha Carrillo, hija de los señores de Guadalcázar, para quien, aquel mismo año de 1530, escribió el Audi filia, paráfrasis en 113 capítulos del Salmo 44, publicado, sin autorización del autor, hacia 1538; volvióse á publicar en Alcalá, 1556, también furtivamente, y, prohibido por la Inquisición, rehízolo estando en Montilla, en 1557, y así es como salió con aprobación oficial en 1574 y 1577. Denunciáronle á la Inquisición algunos presumidos y envidiosos de su celo y fama y encarceláronle (1532), hasta que, aclarada la verdad de su ejemplar vida y doctrina y la calumnia de los delatores, fué dado por libre (1533), en sentencia definitiva y por voto unánime. De Sevilla pasó á predicar á Alcalá de Guadaira, Jerez, Palma, Écija, Andújar y Córdoba, donde hizo asiento por varios años, estando allí en 1535 y 1536; luego á Granada (1537), Guadalcázar, adonde fué para asistir á la muerte de doña Sancha, en 1537, y Granada otra vez, y allí predicó las honras de la Emperatriz (1539) con el efecto que todos saben en el Marqués de Lombay, después San Francisco de Borja. Allí había sido no menos instrumento de la conversión de San Juan de Dios (1537). Estuvo en Baeza, donde organizó la Escuela y Universidad, que el doctor Rodrigo López, capellán y familiar de Su Santidad, había fundado en 1538, siendo nombrado nuestro Beato su patrono por bula de Paulo III (1540), y haciendo él las constituciones de los estudios y eligiendo los maestros entre sus mejores discípulos. Fué gran parte para que, en 1544, se fundasen en Córdoba los estudios de Artes y Teología, nombrando él los lectores. Predicó en Montilla la Cuaresma de 1545, trabando amistad con el conde de Feria, don Pedro Fernández de Córdoba y Figueroa y su mujer doña Ana Ponce de León, á quienes acompañó en 1546 desde Córdoba á Zafra, donde predicó, así como en Fregenal (1547), volviendo á Córdoba para el 1549, año en que escribió á San Ignacio, respondiéndole á la que le había dirigido en enero exponiéndole las objeciones que los teólogos salmantinos movían contra el nuevo Instituto. Otra carta desde Córdoba, al mismo fundador de la Compañía, lleva fecha de 3 de agosto de 1551. Entre Córdoba y Montilla pasó el resto de sus días, molestado de enfermedades y entregado á la dirección espiritual de sus discípulos, entre los cuales merecen mención particular doña Ana Ponce de León, condesa de Feria, que se había entregado enteramente á Dios; don Diego de Guzmán, hijo de los Condes de Bailén, que entró en la Compañía; don Antonio de Córdoba, hijo de los Marqueses de Priego, adonde fué en 1552 para ayudar á bien morir al marqués don Pedro Fernández de Córdoba. En 1553 entró la Condesa de Feria en el convento de Santa Clara, de Montilla. Ayudó á la fundación de los colegios de la Compañía de Córdoba (1555) y Montilla (1558). San Ignacio y los demás padres hicieron cuanto pudieron para que entrase en su Orden. En 1557 rehizo, estando en Montilla, el Audi filia, para que, sin escrúpulo de la Inquisición, pudiera imprimirse. Predicó en Córdoba, el 1563, sus pláticas para sacerdotes, de las que se hizo edición en 1595 en la misma ciudad, y allí procuró se fundasen los estudios de clérigos de la Asunción, lo cual hizo (1564) don Pedro López, médico de Carlos V, levantándose más tarde edificio (1569) y alcanzando bula del Papa (1574). Vuelto á Montilla, parece que no tornó á salir de aquella ciudad, adonde le escribió San Francisco de Borja dos cartas en 1566. Envióle, en 1568, Santa Teresa el libro de su Vida y pecados, que, por consejo del inquisidor Soto, había escrito segunda vez, con el fin de que se lo examinase el padre Ávila, el cual le escribió el mismo año aprobando el espíritu de sus revelaciones. Agobiado de enfermedades, que se le recrecieron en 1569, de la gota que padecía diez y ocho años había, de un "corrimiento de ojos", que le dejó casi ciego en los últimos de su vida, con su "perdido estómago" y crueles dolores en "las conjunturas", falleció el 10 de mayo. Fué sepultado, según su voluntad, en la iglesia de la Encarnación de la Compañía, hoy de San Francisco de Asís, y en 1641 trasladaron sus restos en la misma iglesia adonde hoy está. Comenzada en 1623 su canonización, á instancias de la Congregación de Sacerdotes naturales de Madrid, fueron declaradas heroicas sus virtudes por decreto de Clemente XIII en 1759, aprobados sus milagros por León XIII en 1893 y beatificado por el mismo en 1894. De los muchos discípulos que dejó, baste nombrar á fray Luis de Granada, que le bebió su espíritu y escribió su vida.
El beato Ávila fué, ante todo, un verdadero predicador apostólico, un apóstol de Andalucía. Sus pláticas para sacerdotes no son más que apuntes ó esbozos. Nunca escribió sus sermones, contentándose, en las ocasiones de mayor aparato, con "una dobladura de una carta", donde apuntaba la noche antes algunos conceptos, hablando, por lo común, de improviso. Pero su preparación doctrinal había sido maciza y su vida entera, dada á la lectura de los santos Padres, á la meditación y á la oración, no era más que un estar siempre aparejado para hablar en público. Su venerable presencia, su voz fuerte y "sonorosa", la "blandura de caridad", lo bien "enhilados" que salían sus razonamientos, el ser "buen romancista", el saber las Escrituras "de coro", el hallarse siempre fervoroso y de "temple", según frases del padre Granada; su imaginación brillante y su alma fogosa y tierna, hacían que su predicación encantase y arrastrase á las gentes, y la sinceridad de su decir, acompañada del ejercicio de las virtudes que todos en él veían, ataba de pies y manos á sus oyentes, obrando maravillosas conversiones. La elocuencia sagrada española verdadera, la predicada en los púlpitos, en iglesias y plazas, sólo nos es conocida por lo que trasciende á los escritos que publicaron á otros propósitos nuestros oradores sagrados. La del beato Ávila tenemos que figurárnosla por lo que de la misma manera dejó escrito: el Audi filia, los Veinte y siete tratados del Santísimo Sacramento, otros del Espíritu Santo, de Nuestra Señora y de San José y las cartas dirigidas á personas particulares, recogidas por sus discípulos y dadas á la estampa con el título de Epistolario para todos los estados, Madrid, 1578. Jamás pensó su autor que habían de ver la luz pública. En ellas se retrata su fervoroso espíritu, su maciza doctrina, el nervio de su persuasivo decir, la valentía y fuego de su alma, la mansedumbre de su dulce trato, la discreción para encaminar á cada uno conforme al propio talento. Dictábalas según se ofrecía, sin premeditación ni estudio ordinariamente, á no ser en casos que pedían pensar sobre particulares consultas. Fué el primero que con estos libros dió comienzo en España al escribir libros espirituales y de oración, de manera que bien puede decirse haber sido el fundador de la literatura mística y ascética española, la cual, como derivada de esta tan pura fuente, se mostró siempre embebida en divina unción, sincera y sin pretensiones ajenas á la más pura intención de encaminar á Dios las almas de los fieles, haciéndoles llanos los más elevados conceptos de la teología católica, puestos en escena en los cuadros de la Sagrada Escritura, comentada al estilo de las homilías de los Santos Padres, con un realismo y colorido tan vivo y en lenguaje tan popular y castizo, que, el que no la conozca, puede asegurarse que desconoce la mitad del espíritu artístico de la literatura española y la mitad del inagotable tesoro del idioma castellano.
No es de esas místicas que se pierden en nebulosidades ni se soterran en el hondón de Taulero; siempre enderezada á la vida práctica, desde las más encumbradas concepciones del platonismo cristianizado ensímase en las más hondas reconditeces del alma apartada del mundo y de los sentidos, y entregada á sólo Dios, abátese y sube y vuelve continuamente al vivir cotidiano, á la pintura de las costumbres, á ensalzar la virtud y aborrecer el vicio. Puros místicos, que otra cosa no sean, no se dan á España; los más profundos jamás dejan de ser ascéticos, como Santa Teresa y San Juan de la Cruz. El despego de las cosas mundanas y de sí propio son en ella los medios para allegarse á Dios. La convicción más sincera, el fervor más encendido, el brío, el color, la popularidad en el lenguaje, la llaneza y claridad en la expresión, son sus cualidades. La mística, más que otras cualesquiera causas, comunicó la naturalidad, la fuerza, el color y el realismo á toda nuestra literatura. El día en que feneció la literatura mística, comenzó á enseñorearse de toda nuestra literatura el embustero convencionalismo, y por ende, la falta de personalidad y vida, la decadencia, en una palabra, manifestada en el gongorismo y el conceptismo del siglo xvii. El beato Ávila no escribió tratados de mística; el Audi filia lo dirigió á una alma piadosa, que comenzaba á servir en la religión á Dios, de manera que no podía ni debía meterse en las honduras de la contemplación, aunque él las tenía prácticamente bien conocidas, como se ve al aprobar las visiones de Santa Teresa. No es, pues, místico propiamente, ni tampoco ascético, que reglase el vivir espiritual. Fué predicador y director de almas piadosas; su oficio consistió en encenderlas en deseos de servir á Dios y apartarse del mundo y de sí mismos. Pero en sus escritos, á este fin enderezados, y cuya primera cualidad, por tanto, había de ser y es el fervor de espíritu, la unción y el atractivo hacia el bien y la virtud, no dejan de trasparentarse conceptos, á veces sublimes, verdaderamente místicos y reglas prácticas de sana ascética. Celebradísima fué, como que la copiaron Granada, Ribadeneira y otros muchos, la altísima idea del amor de Dios y de Jesucristo hacia los hombres, que tocó en varios lugares, sobre todo en uno de los tratados del Santísimo Sacramento. Fundada en la más firme teología y vista por aquellos sus ojos de humilde contemplativo y fino enamorado de Dios, es la idea más sublime que del amor divino ha podido escribirse. En suma: el beato Ávila, comúnmente fué un místico y ascético popular, puesto que dirigió sus escritos á personas comunes en el camino de la virtud, como dirigía al pueblo sus sermones.
69. P. Ávila, en el pról. del Audi, 1562: "Y á cabo de pocos días supe que se había impreso un tratado sobre este mismo verso y con título de mi nombre en Alcalá..., año de 1556. Maravilléme de que oviese quien se atreva á imprimir libro la primera vez sin la corrección del autor... y procuré con más cuidado entender en lo comenzado, para que, impreso este tratado, el otro se desacreditase...".
Obras del beato Ávila. Libro espiritual que trata de los malos lenguajes del Mundo, Carne y Demonio..., Alcalá, 1577, había salido en Alcalá, 1556, sin noticia del autor. Primera (y segunda) parte del Epistolario Espiritual para todos estados, Madrid, 1578 (edición reimpresa por Vicente García de Diego, Madrid, 1912); Alcalá, 1579. Obras del P. M. Juan de Ávila. Aora de nuevo añadida la vida del Autor y las partes que ha de tener un predicador del Evangelio, por el padre fray Luis de Granada, Madrid, 1588. Primera (y segunda) parte de las obras del P. M. J. de Ávila, Madrid, 1595. Tercera parte, Sevilla, 1596. Tercera parte de las Obras del P. M. J. de Ávila..., que trata del Smo. Sacramento y del Stu. Sto. y de N. S.ª, Sevilla, 1603. Segunda parte de las obras..., Sevilla, 1604. Vida y Obras del M..., 2 vols., Madrid, 1618, 1674; ibid., 9 tomos, 1759-1760; 9 tomos, 1792-1806. Epistolario Español por D. Eugenio de Ochoa, t. I, Madrid. 1850 (t. XIII de Autor. Esp.). Nueva edición de las obras del beato J. de Ávila, con prólogos, notas, etc., por don José Fernández Montaña, 4 vols., Madrid, 1901. Epistolario esp., con notas, por Vicente García de Diego, Madrid, 1912 (La Lectura). M. F. Miguélez, Cartas inéditas y Sermones, en La Ciudad de Dios, 1909. Consúltense: A. Catalán Latorre, El beato Juan de Ávila, su tiempo, su vida y sus escritos y la literatura mística en España, Zaragoza, 1894. Vida del padre J. de Ávila, por fray Luis de Granada; íd. por Luis Muñoz (1671); íd. por el padre Longaro degli Oddi, S. J., traducida por don Luis de Durán, Barcelona, 1865; íd. por don José Fernández Montaña, Madrid, 1889 y aumentada por don Luis Delgado Merchán, ibid., 1894.
70. Año 1530. Diego Gracián de Alderete, secretario de Carlos V y Felipe II, excelente humanista, que estudió en Lovaina con Vives, publicó La coronación Imperial con todas las cerimonias, del latín, 1530. Apotechmas de Plutarcho, Alcalá, 1533. Los oficios de San Ambrosio, Toledo, 1534; Lyon, 1553. Las obras morales de Plutarcho, Alcalá, 1542, 1548; Salamanca, 1552, 1571. La Historia de Thucydides, Salamanca, 1564. La conquista de la ciudad de África en Berbería, de Calvete de Estrella, del lat., Salamanca, 1558. De Re militari, 5 vols., traducciones, Barcelona, 1566. Arrestos de Amor, del francés, de Marcial de París, Madrid, 1569. Isócrates, de la gobernación del reino; Agapeto del oficio y cargo de Rey; Dion, de la institución del Príncipe, Salamanca, 1570.
Año 1530. Hacia 1530 florecía Fray Diego de Astudillo, dominico, que publicó Quaestiones super VIII libros Physicorum Aristoteles. Super duos libros de Generatione; otras obras inéditas dejó en la biblioteca del Colegio Gregoriano de Valladolid.—Antonio de Cartagena, alcalaíno, médico de Carlos V, publicó De Signis Febrium et Diebus criticis, Alcalá, 1530. De Fascinatione, ibid., De Febri pestilenti, ibid., 1530.—El doctor Juan Bernal Díaz de Lugo († 1556), sevillano, obispo de Calahorra, publicó Instrucción de Prelados, Alcalá, 1530. Aviso para todos los Curas de Animas, ibid., 1539, 1543, 1545, 1547; Zaragoza, 1547; Medina, 1550. Aviso para todos los Religiosos y Predicadores, con el anterior. Soliloquio: Suma breve y muy compendiosa, con la cual se puede despertar el ánima cristiana á contemplar consideraciones muy altas, Burgos, 1541. Colloquium, París, 1541. Doctrinae Magistralis, Lyon, 1541. Doctrina y amonestación charitativa..., traducida por el arcediano de Alcor Alonso de Madrid, Estella, 1547. Practica Criminalis Canonica, 154...; Lyon, 1554: Alcalá, 1565, 1594, 1604. Regulae Iuris, Alcalá, 154..., 1569. Antidotum Desperationis, Salamanca, 1553. Selectarum Regularum... utriusque iuris, Alcalá, 1569.—Miguel Gilberto de Majarrés publicó Menosprecio del mundo, 1530.—Juan Gómez publicó el Triunpho de la Inmaculada Concepción, 1530.—Hystoria breve d'el muy excelente caballero el conde Fernán Gonçález, sacada del libro viejo que está en el monasterio de San Pedro de Arlança, Burgos, 1530, 1537, 1546. Véase el año 1562.—Pedro González de la Torre, sacerdote, publicó Tratado muy útil de las obras de misericordia, traducido... de Latín en Romance de las obras del famoso doctor Alexandro Anglico, Toledo, 1530.—El Delfín de música para tañer viguela, hecho por el excelente músico Luis de Narváez, Valladolid, 1530. El segundo libro del Delfín de Música de cifras para tañer vihuela, 1538.—García Pérez de Morales publicó Del Bálsamo, Sevilla, 1530.—La hystoria de la Poucella de Francia..., Sevilla, 1530; Alcalá, 1585. Con el título de Historia de la Doncella de Francia, Sevilla, 1531; Burgos, 1557, 1562. Traducción del francés.—Alfonso de Prado, toledano, publicó Quaestiones Dialecticae supra libros Periermenias, Alcalá, 1530.—El portugués Antonio Rodríguez, rey de armas del Rey de Portugal, tradujo del francés la Crónica llamada el triunpho de los nueve preciados de la fama, Lisboa, 1530; retocóla en el estilo después Juan López de Hoyos, maestro de Cervantes; Valencia, 1552; Alcalá, 1585 (la ed. corregida); Barcelona, 1586.—Alonso de Toro publicó Trabajo de vicios, Coplas hechas, 1530 y 1532.—Tratado de tribulación devoto: spiritual ᘔ muy prouechoso, Sevilla, 1530.
71. Año 1531. El maestro Alejo Vanegas ó Venegas de Busto (1493?-después de 1543), nació en Toledo, estudió con Alonso Cedillo, abrió escuela de letras humanas y enseñó á toda la juventud de entonces. Varón de inmensa erudición, ingenioso y de elegantísimo decir. Tratado de ortografía y acentos, Toledo, 1531, 1592. Agonía del tránsito de la muerte, Toledo, 1537, 1540; Zaragoza, 1544; Alcalá, 1565, 1568, etc. ó Declaración de las sentencias y vocablos de la agonía del tránsito de la muerte, Toledo, 1543, 1547, 1553. De la diferencia de libros que hay en el universo, Toledo, 1540, 1546, 1553; Madrid, 1569; Salamanca, 1572. Tratado y plática de la ciudad de Toledo, Madrid-Escorial, 1583 (con la Historia virginis Florentinae, de fray Rodrigo Yepes). Alvari Gomez in Valleris aurei locos obscuriores enucleatio, Toledo, 1540. Brevia scholia in Petri Papaei Samaritem comoediam, Toledo, 1542.
72. Año 1531. Miguel Servet (1511?-1553) fué, como afirmó él mismo en el proceso de Viena, "natural de Tudela, en el reino de Navarra", y "aragonés, de Villanueva", cuanto á la tierra de sus padres, "cristianos de antigua raza, que vivían noblemente", siendo el padre notario en Villanueva de Sixena. Asistió á las escuelas de Zaragoza; fué á aprender leyes á Tolosa (1528), donde se hizo heterodoxo independiente. Viajó por Italia y Alemania como secretario del confesor de Carlos V fray Juan de Quintana, franciscano; asistió á la coronación imperial (1529) y á la Dieta de Ausburgo (1530); conoció á Melanchton y acaso á Lutero, y dejó al confesor (1530?), yéndose á Basilea y Strasburgo, y publicó De Trinitate Erroribus Libri Septem, Haguenau de Alsacia, 1531, no fundándose más que en la libre interpretación de la Biblia y atacando la divinidad de Jesús, que "no era Dios por naturaleza, sino por gracia..., porque Dios puede levantar á un hombre sobre toda sublimidad y colocarle á su diestra". En 1532 publicó Dialogorum. De Trinitate libri duo. De Iustitia Regni Christi. Capitula Quatuor, Haguenau, 1532. Falto de recursos, pasó á París, donde halló á Calvino (1534), su antítesis, "corazón duro, envidioso y mezquino; entendimiento estrecho, pero claro y preciso; organizador rigorista, inflexible y sin entrañas; nacido para la tiranía al modo espartano; escritor correcto, pero seco, sin elocuencia y sin jugo; alma de hielo, esclava de una mala y tortuosa dialéctica; sin un sentimiento generoso; sin una chispa de entusiasmo artístico. ¡Cómo había de entenderse tal hombre con Miguel Servet, espíritu franco y abierto, especie de caballero andante de la Teología!" (M. Pelayo). Hízose Servet corrector de imprenta y publicó Claudii Ptolomaei Alexandrini Geographicae Enarrationes, Lyon, 1535, 1541; obra de mérito y trabajo, que le dió fama de hombre de ciencia. Hízose amigo del médico lionés Champier (Campeggius), le ayudó en sus publicaciones y aprendió de él medicina; defendióle en una Apología, 1536, y se puso á estudiar esta ciencia en París, teniendo por condiscípulo á Vesalio; tomó los grados de maestro en Artes y doctor en Medicina y se puso á ejercerla y "á leer Matemáticas", esto es, á enseñar Astrología, publicando la Apologetica disceptatio pro Astrologia y Syruporum universa ratio, París, 1537, 1545, 1546, 1547, 1548. Vivió después en Lyon, Aviñón, Charlieu y en Lyon otra vez, donde reimprimió á Tolomeo (1541) y dió á luz la Biblia, de Santes Pagnino, Lyon, 1542, y otras obras. Llamado á Viena del Delfinado por el arzobispo Palmier, pasó diez ó doce años (1542-1553) muy bien tratado; pero era de los de su tierra, "Inquietus est et magna moliens Hispanorum animus", y dejó la tranquilidad de vida, buscó nuevas aventuras, carteándose con Calvino (1546-1547) y publicando clandestinamente, á su costa, pues nadie se atrevió á hacerlo, el libro destructor del Cristianismo, Christianismi Restitutio, 1553, reimpreso con la misma fecha en 1791. En esta obra es donde descubrió el primero la pequeña circulación de la sangre, ó sea la pulmonar, entre mil sueños fantasmagóricos y heterodoxos, "orgía teológica, torbellino cristocéntrico" (M. Pelayo). Llegó el libro á manos de Calvino y, por medio de otro, le delató al inquisidor Ory, quien le mandó prender, aunque le facilitó la huída el Arzobispo. Vino á parar á Ginebra, acaso sin saber, y pensó irse á Zurich; pero le ocurrió asistir en el templo á la predicación de Calvino, el cual, reconociéndole, le mandó prender; buscó quien le acusase de haber escrito 38 proposiciones heréticas y difamado en la persona de Calvino á la Iglesia de Ginebra, y tras un ficticio proceso, fué quemado, con su libro, sin quererse retractar aquel pensador que, perdido el rumbo del catolicismo, llegó, como buen español, hasta las últimas consecuencias de un panteísmo entre emanatista é idealista. Consúltese M. Pelayo, Heterod. esp., t. II, pág. 249, donde se halla la bibliografía. Fué condenado sin defensa, maltratado; los cargos eran supuestos por la mayor parte. Se le acusó de haber hablado contra la inmortalidad del alma. "Esto es horrible y execrable, escribió en carta desde la cárcel; entre todas las herejías y entre todos los crímenes, no hay ninguno tan grande como el de hacer mortal el alma. El que diga esto no cree que hay justicia, ni Dios..., ni nada... Me condenaría yo mismo á muerte". Y acababa su carta al Consejo de Ginebra (22 Setbre. 1553): "¡Os pido, señores, justicia, justicia, justicia!" Esta palabra y la de misericordia, que pronunció al morir, las echó Calvino á chacota: "In eius morte apparuit belluina stupiditas... Quod postremo tandem sic invaluit, ut tantum hispanico more roboaret misericordia, misericordia!" Fué el único hombre de ciencia español muerto en la hoguera, y no por la Inquisición española, perseguidora de la ciencia, como dicen los que dirán lo que quieran, pero en ello no dicen verdad.
73. Año 1531. Los quatro libros del muy noble y valeroso cauallero Félix Magno, Barcelona, 1531; Sevilla, 1543, 1549.—Fray Gonzalo, franciscano, publicó Speculum Fratrum Minorum, Sevilla, 1531.—Juan Gutiérrez de Gualda, toledano, publicó Arte breve y muy provechoso de cuenta castellana y aritmética, Toledo, 1531, 1539; Zaragoza, 1557, 1564; Alcalá, 1570; Sevilla, 1609.—Obra nuevamente compuesta sobre el nascimiento del sereníssimo príncipe don Felipe hijo de las cesáreas y cathólicas magestades, por Diego Hernández..., sin año (ejemplar de Gayangos; compróse en 1531 en Burgos).—Lope de Herrera publicó Oratio de studiis humanitatis, 1531.—Don Luis Milán, valenciano, compuso el Libro de Música de vihuela de mano. Intitulada El maestro, Valencia, 1531; ibid., 1534, 1535, 1536. Libro intitulado el Cortesano, Valencia, 1561, libro curioso donde se describe el modo de vivir en el palacio del Duque de Calabria.—Diego de Olivares publicó Género del nombre según Nebrixa... en coplas, Toledo, 1531.—Juan del Pastor, aragonés, publicó Suma de Fueros de las Ciudades de Santa María de Albarracín y de Teruel..., Valencia, 1531.
74. Año 1532. Feliciano de Silva, de Ciudad Rodrigo, hijo de Tristán de Silva, cronista de Carlos V, y de noble familia, fué primero paje de don Alonso de Guzmán el Bueno, sexto duque de Medina-Sidonia, á quien servía en Sevilla el año 1540; con sus libros vivió desahogado y aun rico, según la Carta del Bachiller de Arcadia. Fué lo que hoy llamaríamos un novelista de folletín ó por entregas. Imitó La Celestina y escribió libros de caballerías con harta inventiva, larga vena y feliz maña, para buscar recursos con que variar y mantener, á fuerza de salsas, la atención de los lectores. Tiene, por lo mismo, cosas buenas y malas. El lenguaje es el corriente de la época; el estilo, desigual, como de quien escribía de prisa, aunque á veces con chispazos brillantes.
75. La coronica de los muy valientes y esforçados ᘔ inuencibles caualleros Don Florisel de Niquea, y el fuerte Anaxartes: hijos del muy excelente Príncipe amadís de Grecia: emendada del estilo antiguo según que la escribió Cirfea reyna d'Argines por el muy noble cauallero Feliciano de Silva, Valladolid, 1532; Salamanca, 1551; Lisboa, 1566; Zaragoza, 1584 (con las demás partes), y después de esta fecha, nada se sabe ya de Feliciano de Silva. Parte segunda que llaman oncen de Amadís (Florisel de Niquea), Medina, 1535. Parte tercera de la Chronica del muy excelente príncipe don Florisel de Niquea, en la qual se trata de las grandes hazañas de los excelentíssimos príncipes don Rogel de Grecia y el segundo Agesilao, hijos de los excellentíssimos príncipes don Florisel de Niquea..., Sevilla, 1536, 1546, 1551; Salamanca, 1555; Évora (dos, sin año); Lisboa, 1566. Cuarta parte de don Florisel de Niquea, Salamanca, 1551; Zaragoza, 1568. "Tócanse en la hystoria algunas bucólicas, á la forma de verso de España, y sonetos y epigrammas en verso endecasílabo". La Segunda comedia de Celestina, Medina, 1534; Sevilla, 1534 (con la primera Celestina); Salamanca, 1536; Venecia, 1536; Amberes, 1550 (?); Madrid, 1874 (en la Colecc. de Libr. rar. y cur., t. IX). El noueno libro de Amadís de Gaula, que es la chronica del muy valiente y esforçado príncipe y cauallero de la Ardiente espada Amadís de Grecia, Burgos, 1535; Sevilla, 1542, 1549; Medina, 1564; Valencia, 1582; Lisboa, 1596. En el prólogo se dice que lo compuso Feliciano de Silva. Aquí "aparecen por primera vez algunos rasgos del género pastoril: el perfecto caballero y no menos perfecto amante, está en vías de convertirse en pastor almibarado y melancólico" (Fitzmaurice-Kelly, Hist. lit. esp., 1913, pág. 214).—Sueño de Feliciano de Silva. En el qual le fueron Representadas las excelencias del amor; agora nuevamente puesto de prosa en metro castellano por un su cierto servidor, 1544. Consúltese Bibl. de Aut. Esp., t. XL.
76. Año 1532. Camino de la Perfección espiritual del alma, Sevilla, 1532, de anónimo franciscano.—Deuotíssima exposición sobre el psalmo de Miserere, Cuenca, 1532.—La Gran farsa christiana, Valencia, 1532, hoy desconocida.—Historia del Valiente cavallero don Florambel de Lucea, Valladolid, 1532; Sevilla, 1548.—Fernán Flores, canónigo de Jerez de la Frontera, publicó la Historia de Herodiano, Historiador, 1532. Regimiento de sanidad de todas las cosas que se comen y beven con muchos consejos. Compuesto por el excelente médico maestre Miguel Savonarola de ferrara, Sevilla, 1541.—Fray Gonzalo de Ocaña, jerónimo, publicó Los Diálogos de San Gregorio, Sevilla, 1532.—Gutierre González, presbítero, publicó el Libro de doctrina xriana, Sevilla, 1532; Toledo, 1564.—Ley de Jesucristo N. Sr., Sevilla, 1532.—Fernán López de Castañeda publicó Del descubrimiento de la India y su conquista por los portugueses, 4 vols., Coimbra, 1532, 1554, 1561.—Juan Martínez, clérigo, maestro de los moços de Coro de la Sancta yglesia de Sevilla, publicó el Arte de Canto llano, Alcalá, 1532; Sevilla, 1560.—Juan Rodríguez de Pisa, granadino, publicó Curia Pisana, Medina, 1532, 1548.—Francisco Román, de Carmona, publicó Tratado de la Esgrima con figuras, Sevilla, 1532.—Libro de medicina llamado Thesoro de pobres, Sevilla, 1532, 1562; con un regimiento de sanidad. Agora nuevamente corregido y enmendado, Alcalá, 1589. Fué escrito por encargo que hizo el papa Juan á su médico Juliano; el Regimiento de sanidad es de Arnaldo de Villanova. Otra ed., Alcalá, 1602.
77. Año 1533. Poco después de 1532, Luis de Miranda, extremeño, de Plasencia, publicó la Comedia Pródiga, obra excelente, de intención moral, que dramatiza algo profanamente la parábola del Hijo pródigo. "Bien pintados los caracteres, bien escritas algunas de sus escenas, las situaciones se suceden unas á otras, aunque no con particular artificio dramático, siempre con verisimilitud y rapidez". (L. Fern. Moratín, Orígenes del teatro). La única edición conocida es la de 1554, reimpresa por José Asensio en la Sociedad de Bibliófilos españoles, Sevilla, 1868. Creen algunos que es imitación libre y bien hecha de la Commedia d'il figliuol prodigo, del florentino Juan María Cecchi, mezclando cosas de La Celestina; pero la obra italiana se hizo hacia 1570.
78. Año 1533. Bartolomé Albornoz publicó el Arte de los contratos, Valencia, 1533.—Fray Antonio de Aranda, franciscano, guardián en Alcalá, publicó Verdadera información de la tierra sancta según la disposición en que en este año de Mil y Quinientos y Treinta El autor la vió y passeó, Alcalá, 1533; Toledo, 1537, 1545, 1551; Alcalá, 1563, 1568. Loores de la Virgen N. S.ª, madre de n. s. Jesús, sobre la exposición de las siete palabras, que esta Virgen habló, conforme a lo que los Evangelistas escriven con la aplicación de cada uno de los siete dones del Espíritu Sancto, á cada qual de las siete palabras, Alcalá, 1552. Es autor curioso en noticias, castizo y elegante, y en la segunda obra, elocuente y empapado en verdadera unción.—Fernando de Arce, de Benavente, publicó Adagiorum ex vernacula, id est, Hispana lingua latino sermone redditorum quinquagenae quinque, Salamanca, 1533. Grammaticae Latinae Institutiones, Salamanca, 1548.—Don Francisco Arias de Valderas, de León, publicó De belli Iustitia et iniustitia, Roma, 1533. Repetitio, Venecia, 1587.—Pedro Bravo, canónigo de La Calzada, publicó De Primo et magno Charitatis praecepto, Alcalá, 1533.—El doctor Bernabé Busto, maestro de los pajes de Su Majestad, publicó Introductiones grammaticas, Salamanca, 1533. Arte para aprender á leer y escribir perfectamente en romance y latín, 1535.—Juan Lorenzo Carnicer, natural de Maella, médico en Zaragoza, tradujo el Inventario ó collectorio en cirugía compuesto por Guido Cauliaco: cirurgico y doctor en medicina. Con la glosa del muy excellente doctor en cirurgía y medicina maestre Joan Falco: residente en la muy antigua y affamada universidad de Mompeller, Zaragoza, 1533. Tratado de Flebotomía de Antonio de Aviñón, ibid., 1533. El glosador Juan Falcón, de Sariñena, cursó la Medicina en la Universidad de Montpellier, donde sucedió en la cátedra á Juan Garcín en 1502, decano en 1529; murió en 1538. Entre las obras que escribió ó comentó: Glosas al Colectorio de cirugía de Guido de Cauliaco, Zaragoza, 1533, 1555; Alcalá, 1574: Valencia, 1596. Additiones ad practicam Antonii Guainerii, Lyon, 1517; Pavía, 1518; Lyon, 1525. Notabilia super Guidonem, Lyon, 1559. De morbis oculorum (Catálogo de la Bibliot. de Turín).—Fray Pedro de Carvajal, morador en sant francisco de Salamanca, publicó el Libro de la vida, sanctidad y excellencias de san Juan baptista, Salamanca, 1533.—Leonardo Jacchino publicó Adversas Avicennam, Mesuan et vulgares medicos omnes, 1533. Opuscula elegantissima, nempe praecognoscendi methodus. De rationali curandi arte. De acutorum morborum curatione, 1563, etc.—La lengua de erasmo nueuamente romançada por muy elegante estilo, en dos ediciones del mismo año; una acaso de Toledo, 1533; otra de Sevilla, 1533, 1544; Amberes, 1550; Zaragoza, 1551. Bonilla se inclina á creer que fué algún valenciano, acaso Bernardo Pérez.—Pedro López de Santa Catalina publicó Espejo de cavallerías en el qual se verán los grandes fechos: y espantosas aventuras que el conde don Roldán por amores de Angélica la Bella hija del rey Galafrón acabó..., traducido y compuesto por Pero López de S. Catalina, Sevilla, 1533, 1545, 1551; Medina, 1586. Es la traducción del Orlando Enamorado, de Mateo Boyardo. Libro segundo del Espejo de Cavallerías... (Al fin:) ...traducido y compuesto por Pedro López de S. Cathalina, Sevilla, 1536, 1549; Medina, 1586. Tercera parte del Espejo de Caballerías, Toledo, 1585; Alcalá, 1587. En el final del l. 2.º de esta 3.ª pte. dícese haber sido traducido y compuesto por Pedro López de S. Catalina. Sólo en la portada se dice que va dirigido por Pedro de Reynosa á don Bernardino de Ayala. Primera, Segunda y Tercera parte de Orlando enamorado. Espejo de Cavallerías... Por Pedro de Reynosa, vezino de la muy noble Ciudad de Toledo, Medina, 1585. Nótese: Fin del segundo libro de Espejo de Caballería. Traduzido y compuesto por Pedro López de S. Catalina. Prólogo del tercer libro... dirigido al muy magnífico señor don Bernardino de Ayala, traduzido de lengua Toscana en nuestro vulgar Castellano por Pedro de Reynosa... Sola, pues, la 3.ª pte. lleva la dedicatoria de Reynosa, aunque en el frontis del libro primero se dice ir dirigido á don Bernardino de Ayala por Pedro de Reynosa: esta 3.ª pte. es, pues, la única que se ha de atribuir á Pedro de Reynosa, si ya no es el mismo Pedro de S. Catalina; y aunque dice ser vecino de Toledo, bien pudiera ser natural de Reinosa. M. Pelayo (Oríg. nov., t. I, pág. cxli) atribuye á Reinosa las partes segunda y tercera.—En 1533 estaba ya publicado el Libro del esforçado gigante Morgante y de Roldán y Reinaldos, hasta agora nunca impresso en esta lengua, Valencia: no se sabe quién lo vertió del Morgante maggiore, italiano, Valencia, 1535; Sevilla, 1550.—Santiago Naveros, profesor de Artes en Alcalá, publicó Super libros Periermenias. Alcalá, 1533, 1543. Theoremata super Universalia Porphyrii. Preparatio Dialectica, Toledo, 1537.—Don Lorenzo de Padilla, de Antequera, adelantado de Castilla, archidiácono de Ronda y cronista de Carlos V, peritísimo en antigüedades, escribió Libro Primero de las Antigüedades de España, 1533, publicado en Valencia, 1669, por Pellicer. Catálogo de los Santos de España, Toledo, 1538. La Historia general de España (Ms.). Geografía de España (Ms.). Nobiliario ó Linages de España. Origen y sucessión de los Príncipes de la Casa de Austria hasta el R. D. Felipe II (Ms.). Catálogo de los Arzobispos de Toledo (Ms.).—Crónica del muy valiente y esforzado caballero Platir hijo del invencible Emperador Primaleón, Valladolid, 1533. "Libro entre los raros rarísimo, y del que no llegó á hacerse segunda edición: no se conoce más ejemplar de él que el de la Bibl. Alessandrina de Roma, y hoy día es propiedad de don José de Salamanca" (Gallardo).—Andrés de Quevedo publicó Comedia evangélica á la Resurrección, en coplas, Sevilla, 1553 (Reg. Colón).—Fray Francisco de Robles, franciscano, publicó Copia sive Ratio accentuum omnium fere dictionum difficilium, Alcalá, 1533 (trata también de ortografía castellana); Toledo, 1552, añadida por Juan de Robles: Ratio accentuum...; Berlanga, 1564.—Pedro Sánchez publicó Cuatro pasos de la Pasión, 1533.—Fray Agustín de Sbarroya, dominico cordobés, publicó Expositio Summularum Petri Hispani, 1533. Dialecticae Introductiones, Sevilla, 1533; y la 2.ª parte, Sevilla, 1535. Purificador de la conciencia, Sevilla, 1550.—Fray Alonso de Zurita, mercedario, publicó Speculum Religiosorum, Valladolid, 1533.
79. Año 1534. El B. Fr. Alonso de Orozco (1500-1591), natural de Oropesa, agustino y predicador de S. M., publicó muchas obras espirituales en estilo grave, lenguaje castizo y con unción evangélica. Soliloquios de la Pasión de N. S., Madrid, 1534; Zaragoza, 1566; Madrid, 1620. Vergel de Oración y monte de contemplación, Sevilla, 1544, 1548. Examen de conciencia, ibid., 1551. Coronica breve de los Santos de la Orden de S. Agustín, ibid., 1551. En 1555, nuevamente corregidas, enmendadas y añadidas, publicó sus seis obras: Confesonario, Vergel de oración, Monte de contemplación, Memorial de amor santo, Regla de vida cristiana, Ejercitatorio espiritual, Valladolid, 1555; Alcalá, 1570. Vida de la Reyna Sabá, 1565; Salamanca, 1575. Regimiento del Anima, Salamanca, 1565; Zaragoza, 1566. Gratitud Christiana, Zaragoza, 1566. Regla de vida cristiana, ibid., 1566. Desposorio espiritual, ibid., 1566. Siete Sermones sobre las siete palabras de la Madre de Dios, 1566. Todos estos opúsculos y otros se comprenden en la Recopilación de todas las obras que ha escripto el muy rev. P. Fr. Alonso de Orozco. Agora nuevamente emendadas por el mismo auctor, Zaragoza, 1566. Epistolario cristiano, Alcalá, 1567. Obra nueva... de las siete palabras de la Virgen, Medina, 1568. Vitoria del mundo, Alcalá, 1570. Declamationes quadragesimales (lat.), Mantua, 1570. Examen de la Conciencia, Zaragoza, 1572. Cathecismo, Salamanca, 1575. Libro de la suavidad de Dios, ibid., 1576. Excelencias de los dos Juanes, Sevilla, 1580. Sermón en las Honras de la Christianisima Reyna D.ª Isabel, Burgos, 1583. Corona de N. S.ª, Madrid, 1588. Guarda de la Lengua, ibid., 1589, 1590. Confesiones, ibid., 1620. Y otras castellanas y latinas, en Nicolás Antonio. Consúltese fray Tomás Cámara, Vida y escritos del B. Orozco, Madrid, 1882. La obra más notable es acaso el Epistolario christiano para todos estados, Alcalá, 1567, en que para todos da consejos saludables. Orozco escribe con gran pureza de dicción, y su estilo severo y grave brilla en esta obra más aún que en la Crónica breve de algunos Santos de su Orden.
Confesiones: "Mi nacimiento fué en Oropesa, reynando la muy católica Reyna doña Isabel de gloriosa memoria. Mi padre se llamó Hernando de Orozco: y mi madre María de Mena. Los quales se vinieron á morar á Talavera, cinco leguas de Oropesa. Sería yo entonces de ocho años. Sirviendo algunos años en la Iglesia mayor en Talavera, me llevaron á la iglesia mayor de Toledo, en la qual serví tres años. Saliendo de Toledo me envió mi padre á estudiar á Salamanca, adonde estaba un hermano mío mayor de edad estudiando. Y allí nos hizo el Señor merced del hábito que tomamos juntos en el monasterio de nuestro Padre San Agustín".
80. Año 1534. Diego de Covarrubias y Leyva (1512-1577), toledano, hijo de Alonso y María, profesor de Cánones en Salamanca y publicista á los veintidós años de su edad, organizador de aquella Universidad, mereció ser llamado Bartolo Español; fué juez en Burgos, oidor en Granada (1548), propuesto para el Arzobispado de Santo Domingo (1549), obispo de Ciudad Rodrigo (1559); estuvo en Trento, donde, con Buoncompagni, redactó los decretos De reformatione; después fué obispo de Segovia (1564), consejero de Castilla (1572), presidente del mismo Consejo (1574). La colección de sus obras en Lyon, 1568; Zaragoza, 1583, 2 vols.; Lyon, 1606; Amberes, 1638; Lyon, 1661; Ginebra, 1762; Amberes, 1762. Véanse en Nic. Antonio.—Arte para enseñar á leer perfectamente, 1534.—Barcas del Paraíso y del Infierno, en coplas del perú, Sevilla, 1534 (no es la de Gil Vicente), hoy desconocida.—Canciones y Villancicos, Medina, 1534.—Gabriel de Castañeda publicó Quinto Curcio de los hechos del magno Alexandre, Sevilla, 1534.—Fray Alonso de Castro (1496-1558), franciscano de Zamora, predicador de la Corte y consejero de Felipe II, designado arzobispo de Santiago en 1557 y fallecido al año siguiente, publicó Adversus omnes Haereses, París, 1534. In Psalmum 4, ibid., 1537. De insta Haereticorum punitione, Salamanca, 1547. De Potestate Legis poenalis, ibid., 1550. Opera omnia, París, 1565, 4 vols.; 1572, 2 vols.—Juan de Córdova, vecino de Salamanca, publicó el Libro primero del valiente ᘔ inuencible cauallero Lidamor, Salamanca, 1534.—Despertador de pecadores, Medina, 1534; Burgos, 1541, fotolitografiado en Madrid modernamente.—Desprecio del Mundo ó Espejo de un dominicano, Medina, 1534.—Diego Díez publicó Coplas sobre el pregón de las mugeres, Medina, 1534.—Pedro de Espinosa, salmantino, publicó Summulae, Salamanca, 1534. Philosophia naturalis, ibid., 1535. Tractatus proportionum, Salamanca, 1545. Sphera Ioannis de Sacrobusto, cum propriis commentariis, ibid., 1550.—Ejercitatorio de la vida spiritual, Sevilla, 1534 (del B. Orozco?).—Esopi Fábulas en español, Toledo, 1534, 1546, 1547.—Juan Francisco Fernández publicó Farsa Guillarda (sic) del Nacimiento, en coplas, 1534.—Francisco de Jerez, nacido en 1504, natural de Sevilla, secretario de Pizarro, publicó la Verdadera Relación de la Conquista del Perú, Sevilla, 1533; Salamanca, 1547; Madrid, 1891, Vict. Suárez. Tradújose en alemán é italiano. Partióse á las Indias en 1519, donde estuvo veinte años; los diez y nueve en pobreza; pero el último se hizo rico, volviendo con 110 arrobas de plata. Fué soldado valiente, herido varias veces; una vez, rota la pierna. Repartió entre pobres grandes cantidades. Todo ello se sabe por unos versos de la primera edición, que debió componer Fernández de Oviedo, que se hallaba en Sevilla en 1534, cuando la edición salió. El mismo año salió en Sevilla La conquista del Perú, que parece fué como un ensayo del mismo autor, publicado antes de la obra principal, pues sólo tiene ocho hojas (Museo Británico).—Juan de León publicó Coplas sobre el Perú, Medina, 1534.—Meditación de la Pasión, Medina, 1534, por un agustino.—Fray Juan de Ortega, dominico aragonés, publicó Tratado subtilísimo de Arismética y de Geometría (agora nuevamente corregido y emendado), Sevilla, 1534, 1537, 1542, 1552; Granada, 1563. Desde la ed. de 1552 fué enmendado por Gonzalo Busto.—Imitación del Plauto de Hieremías, nuevamente traducido en metro castellano y latino, Salamanca, 1534. Créese ser del M. Pedro Lerma, así como Lamentaciones de amores. Comedia ó Farsa, Alcalá, 1508 (véase Pedro Fernández del Pulgar, Vida... de Cisneros, 1673).—El licenciado Diego Ramírez de Ávalos, de la Piscina, escribió la Crónica de los Reyes de Navarra, 1534, Ms., Gallardo.—Bernardo Rapio, catalán, publicó Tractatus de reformatione populi: et de ornatu loquendi, 1534.—Diego de San Pedro publicó Las siete Angustias de N. S.ª, Medina, 1534. En el Reg. Colón: Jacobi de Sanpedro: Égloga pastoril en español. La égloga de Diego de Guadalupe (Reg. Colón) tiene el mismo principio que ésta.
D. Andrés Laguna.
(J. Maea lo dib.º V. Mariani lo grabó)
81. Año 1535. El doctor Andrés Laguna (1499-1560) nació en Segovia, donde estudió Gramática; siguió sus estudios en Salamanca y París, volviendo á España en 1536; enseñó en Alcalá, donde se doctoró, pasando después á Gante por orden de Carlos V, y siendo médico de Metz, en Alemania (1540), cinco años, conservando "los ánimos de todos los ciudadanos en devoción, obediencia é officio (del Emperador), é que si mi industria é solicitud no interveniera no se vieran en aquella republica oy por ventura ni altares ni templos", como él dice de sí en el prólogo de Dioscorides, librando además la ciudad de la peste. De allí fué á Bolonia, donde fué contado entre sus doctores; luego á Roma, donde fué muy honrado del Papa; á Francia, como médico del cardenal Bobadilla, y asimismo de Julio III, siendo nombrado Caballero de la Espuela de Oro y Conde palatino. Por entonces compuso su Pedazio Dioscorides, retirándose á menudo para ello á la quinta donde había estado el Tusculano, de Cicerón, y el mismo año 1555 que el Papa murió, imprimió su obra en Amberes, volviendo á la patria en 1557, y en la iglesia de San Miguel, de Segovia, puso un epitafio á su padre, ya difunto, y allí permaneció el resto de sus días, aunque fué á Francia con la comitiva del Duque del Infantado, que acompañó á Isabel de Valois cuando vino á casarse con Felipe II. Murió en Segovia, y fué sepultado en el túmulo de su padre, hasta que en 1869 fueron trasladados sus restos al panteón nacional de San Francisco el Grande. Obtuvo de Felipe II la creación de un jardín botánico en Aranjuez, anterior á los de Montpeller y París.
82. Las obras en castellano de Laguna son el Pedazio Dioscorides Anazarbeo acerca de la materia medicinal y de los Venenos mortíferos, Amberes, 1555, dirigido al príncipe don Felipe, traducción elegantísima del griego, con 700 pasajes restaurados y un comentario muy erudito; Salamanca, 1563, 1566, 1570, 1586; Valencia, 1636, 1651, 1677, 1695; Madrid, 1733. De la Preservación y cura de la Peste, Amberes, 1556; Salamanca, 1560, obra que antes escribió en latín. Quatro elegantissimas y gravissimas Oraciones de M. T. Ciceron, contra Catilina, Amberes, 1557.
Las obras completas de Laguna son: Anathomica Methodus, París, 1535. Aristotelis de mundo, Alcalá, 1538; Colonia, 1543. Aristotelis de natura stirpium, Colonia, 1543. Castigationes in translationem octo ultimorum librorum de re rustica Constantini Caesaris per Janum Cornarium, Colonia, 1543. Galeni omnium Operum... Epítome, Venecia, 1548; Basilea, 1551; Lyon, 1553, etc. Galeni Vita, Venecia, 1548, con De Ponderibus ac Mensuris. Epitome omnium rerum et Sententiarum, quae notatu dignae in Commentariis Galeni in Hippocratem extant, Lyon, 1550, 1554, con De Contradictionibus, quae apud Galenum sunt. Annotationes in Galeni versiones, Venecia, 1548. Methodus cognoscendi extirpandique nascentes in vesicae collo carunculas, Roma, 1551; Alcalá, 1555. Adnotationes in Dioscoridis factam a Joanne Ruellio interpretationem, Lyon, 1554. Epistola Apologetica ad Ioannem Cornarium, Lyon, 1554. Victus ratio, Scholasticis pauperibus paratu facilis et salubris y De Victus et exercitiorum ratione, maxime in senectute, observanda, París, 1547; Colonia, 1550. De Articulari Morbo, Roma, 1551. Compendium Curationis praecautionis morbi passim populariterque grassantis, Argentorati, 1542. Galeni de Antidotis Epitome, Amberes, 1587. Europa [Greek: Ἐαυτοντιμορουμένη], discurso dicho en Colonia, en 1543. Tradujo mucho del griego: Aristotelis De Phisiognomia, París, 1535. De Plantis, Colonia, 1543. De Virtutibus, 1544. La Tragopodagra, de Luciano, y el Ocypo, con el De Mundo, del seudo Aristóteles, Alcalá, 1538. Galeni De Historia Philosophica, Colonia, 1543. El Geoponicum, de Constantino Porfirogeneta ó de Dionisio de Utica, Colonia, 1543.
83. Año 1535. Fray Juan de Argomanas, franciscano, publicó Enchiridion seu Manuale frm minorum, Sevilla, 1535. Reglas y arte para aprender á rezar el oficio divino, ibid., 1535. Tractado... de las indulgencias y perdones, Sevilla, 1539, 1545, 1548, 1622.—El bachiller en Decretos Juan Bautista publicó Doctrina de sacerdotes, Sevilla, 1535.—Luis del Castillo publicó Canción con su glosa y otras muchas canciones glosadas: y villancicos y motes, Medina, 1535, 1537.—Antonio Díez, "librero sordo", publicó el Auto de Clarindo, Toledo, hacia 1535, sacado de las obras de El Cautivo; ejemplar, en la Bibl. Nacional, reproducido por Bonilla en la Revue Hispanique, 1912, y por Ochoa, Madrid, 1914. "La obra, dice Bonilla, dividida en tres jornadas, es de lo más execrable que puede imaginarse. El argumento, tomado quizá de alguna comedia italiana, no deja de ofrecer interés; pero el arreglador lo ha tratado de la peor manera posible, embarazando á cada paso la acción con las impertinentes patochadas del bobo Pandulfo, que acaban de caer como golpes de maza sobre el cerebro del lector". Y M. Pelayo: "Clarindo y Clarisa son una nueva repetición de Calisto y Melibea; pero esta intriga de amor está cruzada por otra entre Felecín y Florinda. Los padres de las dos doncellas las encierran en un monasterio, de que era abadesa una tía suya; pero logran fugarse de él gracias á la diabólica intervención de una bruja, que, hechizándolas á entrambas, las hace cautivas de la voluntad de sus enamorados" (Oríg. nov., t. III, pág. cxlix). Es, con todo, notable, por los romances y versos de pie quebrado y sabor antiguo.—Espejo de bien biuir, Valencia, 1535, por un agustino.—Francisco Faleiro publicó el Tratado del Esphera y del Arte del marear, Sevilla, 1535. Florisenda, comedia en coplas de cinco jornadas, 1535 (Reg. de Colón), hoy desconocida.—Pedro Melero, de Alquézar de Aragón, publicó Compendio de los números y proporciones, Zaragoza, 1535.—Libro segundo de Morgante, Valencia, 1535, por Jerónimo de Auner, traducción del Marguttino ó Morgante Minore, italiano. La primera parte, en 1533; ambas en Sevilla, 1552.—Orisea, comedia de Valencia, 1535, en coplas, hoy desconocida.—Paladina, farsa del nacimiento, en coplas, desconocida.—Pedro Juan Oliver, de Alcoy, vivió en Francia, Inglaterra, Flandes, Alemania; publicó Scholia in Ciceronis fragmentum de Somno Scipionis y Summa Capita in Cic. Philosophiam moralem, Pictavii, 1535; Basilea, 1538. Pomp. Melae De Situ Orbis, París, 1536, 1539; Lyon, 1551; París, 1557. De Prophetia et spiritu Prophetico, Basilea, 1543. Annotationes in Cic. De Finibus, ibid., 1544; París, 1573. Prosodia, Valencia, 1564. Scholia in Solini Polyhistora. Porphirii Isagoges. Praedicamenta Aristotelis, etc.—Don Pedro Luis Sanz publicó Trezientos Proverbios, Consejos y avisos (Valencia, hacia 1535) (Salvá), en tercetos endecasílabos, Barcelona, 1618.
84. Año 1536. Fray Luis de Granada (1504-1588) añade á la ciencia teológica y al fervor de espíritu de su maestro el B. Ávila el conocimiento de las humanidades, sobre todo la elocuencia aprendida en Cicerón y San Juan Crisóstomo y el sentimiento de la naturaleza. Es el que redondea el período castellano y purifica más y más su transparencia; el que esplaya la doctrina ascética, el que le comunica la fuerza oratoria, fundando, puede decirse, la gran elocuencia del púlpito. Nació el 1504, en Granada. Su padre, N. Sarria, natural del pueblo del mismo nombre en Galicia; su madre, lavandera de un convento. El Conde de Tendilla cuidó de su educación y le admitió de paje de sus hijos, estudiando con ellos la Gramática. Entró de acólito en la Capilla Real, y en 1524, de novicio en el convento de dominicos de Santa Cruz, donde tomó el nombre de la ciudad de su nacimiento. Pasó á estudiar al Colegio mayor de San Gregorio, de Valladolid, el 1529; después volvió á enseñar en Granada Filosofía y Teología, recibiendo el grado de maestro, y preparándose á la predicación con la lectura de San Juan Crisóstomo, sobre todo, y del profeta Jeremías. Predicó en aquella ciudad, hasta que fué nombrado (1534) Prior de Scala Cœli, en la sierra de Córdoba, de donde bajaba á predicar á la ciudad, y allí compuso el libro de la Oración y meditación, y conoció al maestro Juan de Ávila, haciéndose su discípulo. Ocho años más tarde se lo llevó á su palacio de Sanlúcar el Duque de Medina-Sidonia; pero, huyendo del tráfago palaciego, ofrecióse para la fundación del convento de Badajoz, donde compuso la Guía de Pecadores. Á instancias del infante cardenal don Enrique, arzobispo de Évora, fué á aquella ciudad. Elegido Provincial de Portugal en 1557 y confesor de doña Catalina, logró rechazar con su elocuente palabra y maravillosa humildad la mitra de Braga, que pretendía ella darle.
Acabado el tiempo del provincialato (1560), retiróse al convento de Nuestra Señora de la Luz, de Pedrogaon, en Lisboa. Murió en 1588, poniéndole el epitafio latino su amigo Francisco Duarte, proveedor de las Reales Armadas, en el sepulcro, que estaba en el antecoro del convento de Santo Domingo, de Lisboa, de donde fueron trasladados sus restos en 1634 al monumento de mármol y jaspes que se labró junto á la capilla mayor. Sus virtudes y escritos le atrajeron la estimación de los más graves y santos personajes en vida y en muerte.
El Maestro Fray Luis de Granada.
(Pacheco, Libro de Retratos)
85. Francisco Pacheco, Libro de retratos: "Doze años avían passado después de la gloriosa conquista del Reino de Granada... cuando nació en aquella ilustre Ciudad el insigne Maestro Frai Luis de Granada... sus Padres fueron pobres, aunque limpios y de cristianas costumbres. Faltóle el Padre á los 5 años, i la Madre con el trabajo de sus manos le sustentava en sus estudios, pero con tanta estrecheza que le obligava á pedir todos los días, en la portería del convento de Santa Cruz de la Orden de Predicadores... á los 16 años tomó el ábito en aquel Convento, donde estudió Lógica i Filosofía, i como virtuoso i abstinente hijo, pidió licencia al Prior, para partir cada día la mitad de la ración con su Madre, esta Piedad le causó mil prósperos sucessos. el primero fué, nombrarlo por Colegial de San Gregorio de Valladolid, no admitió Cátedras, por poder correr más desembaraçado en el exercicio de la Predicación... concluído su tiempo, i curso de Teología, i graduado de Maestro, se bolvió asu Convento de Granada... aventajósse mucho en lo espiritual con la comunicación del Maestro Juan de Ávila... salió de allí el año 1534, á reedificar el convento de Escala Celi, cerca de Córdova, donde compuso el libro de Oración i Meditación: fué á fundar á Badajoz, hizo en ella gran fruto, i escrivió el libro que más estimó llamado Guía de pecadores. vivía en esta sazón en Évora, ciudad de Portugal, el Cardenal don Enrique hijo del Rei don Manuel, que quiso tenerlo á su lado, i no sólo fué admitido por hijo de aquella Provincia, pero elegido por Padre della. traduxo á san Juan Clímaco i dedicólo á la Reina doña Catalina abuela del Rei don Sebastián. fué tres vezes acometido con las mayores dignidades, i siempre con más aumento; la Reina le ofreció el Obispado de Viseu, i después el Arçobispado de Brag, i el Pontífice Sixto quinto el Capelo de Cardenal... Passó de Évora á Lisboa... Víspera de la Magdalena del año 1586 abriéndosele una pequeña rotura se le cayeron súbitamente las tripas no pudiendo bolver á su lugar, i viendo que vivía se las ligaron con una venda de lienço. vivió assí dos años, con admirable paciencia... no dando de mano á ninguno de sus Santos exercicios, ni al soberano Sacrificio de la Missa. cosa espantosa, que passando de 80 años i las tripas más abaxo de las rodillas... el otro trabajo (no sé si mayor) fué el grande sentimiento del escándalo general, que causó la Santidad fingida de la Monja de Lisboa, que nro Señor permitió que se le encubriesse, para acrisolarlo más. el dia pues que dió principio al famoso Sermón para animar á los Siervos de Dios, en semejantes caídas, fué el de su postrera enfermedad... se apartó su bendita alma del cuerpo... último día del año 1588. de edad de 84 años. sepultáronlo en el Convento de Predicadores de Lisboa como se puede pensar. i Francisco Duarte que era Proveedor de las Armadas de su Magestad le mandó poner en una hermosa piedra gravada este Epitafio...".
86. La primera obra del padre Granada fué la versión de la Imitación de Cristo (1536); luego publicó el Libro de la oración y meditación (1554). Ya en Portugal desde el 1555, escribió el Compendio de la Guía de pecadores (1556), y la Guía de pecadores (1567). El Libro de la oración y meditación y el Compendio fueron puestos en el Índice (1559), con otras obras de Juan de Ávila y de Francisco de Borja. Vino á España á parar el golpe; pero ya era tarde, y hallando en la cárcel á su amigo Bartolomé Carranza (1503-1576), arzobispo de Toledo, corrigió sumisamente estos libros y se volvió á Portugal. El mejor de los escritos en castellano es la Introducción del Símbolo de la Fe (1582-1585), donde muestra un delicado sentimiento de la naturaleza verdaderamente virgiliano. De hecho, como Virgilio, tenía un corazón tierno y le eran más propios los afectos dulces y delicados que los recios y tempestuosos. Es un Cicerón en la galanura del estilo, en la dulcedumbre mansa del redondear onduladamente el período y en el sentir hondamente todos los movimientos suaves y afectuosos: pero faltan en él los fuertes arrebatos, las salidas cortantes y briosas, no menos que el chistoso gracejo para burlar y guasearse, cosas que tanto abundaron en Cicerón. No hay que buscar en él, por lo mismo, el centelleo, el vivo color, la riqueza de fraseología, la novedad de vocablos arrancados á la cantera popular, en que sobresalen otros escritores místicos menos famosos que fray Luis. Y aunque tampoco admite los feos latinismos con que algunos empedraron su estilo antes de él, su lenguaje está formado de voces las más comunes, muchas de origen erudito y latino, pocas enteramente populares, briosas y realistas. Añádase la increíble facilidad con que ensancha su decir, rodando amplio y sonoro, cual rozagante vestidura, trabando con gran riqueza de conjunciones las cláusulas, y se comprenderá la fluidez, la abundancia y suavidad de sus escritos; pero, al propio tiempo, lo descolorido y desvahado, lo común que parece su lenguaje. El nervio y el color que faltan al castellano en Juan de Valdés y en fray Luis de Granada, los traerá el poeta y semitizante fray Luis de León. De todas suertes el castellano debe al padre Granada el estilo oratorio, amplio y elegante, numeroso y bien trabado, y la literatura castellana trozos maravillosos de fervorosa piedad y delicados sentimientos, reflejos de su encendido y tierno corazón. Cuanto á la doctrina, el padre Granada tiene más de ascético que de místico, y más de orador, que de ascético. La doctrina cristiana, la teología, la Escritura, oratoriamente expuestas, como si hablara desde el púlpito, aunque de suyo las expresara por escrito: tal es su obra y manera. Bien se ve que ni escribía él mismo sus libros, sino que los dictaba, que es casi casi como si los improvisara delante de un auditorio, que sin duda, se representaba siempre tener delante de sí.
87. Capmany dijo de fray Luis de Granada que "parece que descubre á sus lectores las entrañas de la Divinidad y la secreta profundidad de sus designios y el insondable piélago de sus perfecciones", y que "el Altísimo anda en sus discursos, como anda en el Universo, dando á todas partes vida y movimiento". En filosofía y teología sigue á Santo Tomás, como los demás de su Orden; en la elocuencia es discípulo de Cicerón y de San Juan Crisóstomo; en la doctrina de la hermosura, hasta copia al Areopagita, á San Agustín y á Platón (Guía de Pecadores, l. I, caps. I, IV, IX, XI, XIV, XV y XVI. Símbolo, 1.ª pte., cap. II. Memorial, 2.ª pte., caps. I, II y XXXII. Adiciones, cap. XIV. Melchor Cano en Ferm. Caballero, Vida de M. C., página 597): "Fray Luis de Granada pretendió hacer contemplativos é perfectos á todos, é enseñar al pueblo en castellano lo que á pocos dél conviene, porque muy pocos pretenderán ir á la perfección por aquel camino de fray Luis que no se desbaraten en los ejercicios de la vida activa competentes á sus estados. É por el provecho de algunos pocos dar por escripto doctrina en que muchos peligran... siempre se tuvo por indiscreción perjudicial al bien público é contrario al seso y prudencia". Por eso Cano, aunque con alguna exageración, viendo los alumbrados que se rebullían en Toledo, Llerena, Sevilla, se mostró duro con fray Luis, hasta decir que sus libros tenían "doctrinas de alumbrados" y otras "contrarias á la fe y religión católica". Divide M. Pelayo la historia de nuestra mística en dos períodos: el primero hasta el año 1550, incluyendo en él al beato M. Ávila y á fray Luis de Granada en sus primeras ediciones, que las que él corrigió por mandado de la Inquisición "le constituyeron en el gran maestro de la segunda" (Ideas estét., t. III, pág. 120). Esta segunda puede clasificarse por órdenes religiosas, que cada una suele tener parecidas doctrinas y tradiciones: dominicos, franciscanos, carmelitas, agustinos y jesuítas. El "respeto á la ciencia humana y al ejercicio de la razón, añade M. Pelayo, es una de las mayores glorias del misticismo castellano, que no temió declarar, por boca del más extático de sus intérpretes, que "más vale un pensamiento del hombre, que todo el mundo". Y es otra de sus glorias no haber negado jamás, con ese apocado y sombrío ascetismo, que algunos sueñan, la belleza que Dios derramó en las criaturas, puesto que en la vida presente las considera como espejos "en que en alguna manera se ve la hermosura de Dios" y en la vida futura y en el gozo beatífico "Dios mismo será espejo en que se vea la belleza de las criaturas".
Obras de Granada: Imitación de Cristo ó Contemptus Mundi, nuevamente romanzado, traducción del Kempis, Sevilla, 1536, 1538; Lisboa, 1542; Alcalá, 1543; Sevilla, 1547; Évora, 1555, con unas Oraciones y Ejercicios de devoción; Madrid, 1567, 1589; más de 30 ediciones en el siglo xvi. Tratado de Meditación, Évora, 1554. Libro de la oración y meditación, Salamanca, 1554, 1567; Medina, 1578; Madrid, 1609, tuvo 4 ediciones el primer año; 8, hasta 1556, y 11, hasta 1559. Pero fué prohibido por la Inquisición en 1559, juntamente con otras del después San Francisco de Borja y del padre Ávila. Llegó tarde á Castilla para impedir la prohibición y acudió al Concilio de Trento, donde obtuvo la aprobación del Libro de la Oración, confirmada por Pío IV. Pero de 1559 á 1566 no parece edición alguna, y las posteriores á esta fecha llevan una advertencia: "sale agora nuevamente añadido y emendado y quasi hecho de nuevo". Lo emendado debían de ser las frases que, según Melchor Cano, tenían cierto sabor de la herejía de los alumbrados. Aceptó fray Luis las correcciones y así salió emendado. La 3.ª pte. prometida se publicó en 1556, formando el Libro llamado Guía de Pecadores, complemento del Libro de la Oración y base de la Guía de Pecadores del 1567. Compendio de la Doctrina Christiana, en portugués, Lisboa, 1559, recopilado en gran parte de varios autores. Tradujéronlo los dominicos padre fray Enrique de Almeida y padre Montoya, cada uno de por sí, saliendo ambas traducciones castellanas en Madrid, 1595. Publicóse con las obras de Granada la del padre Almeida, aunque la del padre Montoya es mejor. El padre Cuervo volvió á traducirlo (1906). Libro llamado Guía de Pecadores, t. I, Lisboa, 1556; t. II, 1557. Incluyóse en el Índice, de Valdés, de 1559, juntamente con la Oración y meditación, influyendo no poco el informe que Melchor Cano dió en su Censura del Cathecismo, de Carranza, y puede verse en el Libro segundo de Audiencias del proceso de D. Fr. Bart. de Carranza (Acad. Historia, estante 24, gr. 1.ª B, número 6), y en M. Pelayo, Ideas estét., t. III, pág. 119. Retirólo su autor de la circulación; pero dejando echados en él los cimientos de la Guía de Pecadores de Salamanca, 1567, pues el t. I de la Guía, de 1556, no es más que un compendio de la posterior, como el autor mismo dijo. El t. II es la tercera parte prometida en el Libro de la Oración, con otras cosas. Tratado de la Oración y Meditación, Lisboa (sin fecha, pero no anterior á 1557, por citarse en él la Segunda Parte de la Guía de Pecadores, ni posterior á 1559, en que se publicó el Índice, donde se incluyó la misma Guía). Esta obra lleva en la portada: "R. P. Fr. Pedro de Alcántara...". Manual de diversas Oraciones y Espirituales Ejercicios, Lisboa, 1557; Amberes, 1558. Otro diferente Manual de diversas Oraciones y Espirituales Ejercicios, Lisboa, 1559, prohibido en el Índice, de Valdés. Memorial de lo que debe hacer el cristiano. Tratado de algunas muy devotas oraciones para provocar el amor de Dios y de las otras virtudes. Vita Christi, en el cual se contienen los principales pasos y misterios de la vida de Cristo. Estos tres opúsculos salieron juntos en Lisboa, 1561. Escala Espiritual, trad. de San Juan Clímaco, Lisboa, 1562; Alcalá, 1568; Medina, 1585; Madrid, 1612. Guía de pecadores, Salamanca, 1567, 1568, 1570, 1571; Medina, 1578; Salamanca, 1587. Memorial de la Vida Cristiana, 2 vols., Lisboa, 1565; Alcalá, 1566; Salamanca, 1566; Amberes, 1572; Madrid, 1594, 1599, 1604, 1606; Barcelona, 1614. Institución y regla de bien vivir para los que empiezan á servir á Dios, Barcelona, 1566; Madrid, 1618. Adiciones al Memorial de la Vida Cristiana, 2 vols., Salamanca, 1574, 1577, 1579, 1586; Madrid, 1599, 1604, 1606 (con el Memorial). Recopilación breve del libro de la Oración y Meditación, Salamanca, 1574. Ecclesiasticae rhetoricae, Lisboa, 1576; Colonia, 1578; Venecia, 1578; Colonia, 1582; Milán, 1585; Valencia, 1770. Por orden del obispo Climent se tradujo y publicó en Barcelona, 1770, y en la Bibl. de Autor. Españoles. Introducción del Símbolo de la Fe, en cuatro partes, Salamanca, 1582, 1583; Zaragoza, 1583; Salamanca, 1590. La Quinta parte es un compendio de las cuatro primeras, Salamanca, 1585, 1588. Salió además la Introducción en Madrid, 1595, 1601, 1604. Breve tratado en que se declara de la manera que se podrá proponer la doctrina... á los nuevos fieles, Salamanca, 1582 (con la Introducción); Madrid, 1595, 1604. Obras, Salamanca, 1583, 2 vols.; Barcelona, 1600; Gerona, 1622. Sermones en las fiestas de la Anunciación, de la Resurrección, de la Ascensión, de Pentecostés, del Santísimo Sacramento, de la Asunción de María, de Todos los Santos, de la Concepción, del Nacimiento de N. Redentor (Cuervo). Doctrina Espiritual, 1587, en que juntó varios opúsculos publicados de 1554 á 1561, con mejoras; otra edición, Lisboa, 1589. Diálogo del Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, Barcelona, 1605, en la Historia de la Vida de... fray L. de Granada, por fray Francisco Diago. Discurso de la Redención (Ms. publicado por Cuervo). Vida del beato Juan de Ávila, Madrid, 1588, con las Obras del padre M. J. de Ávila. Vida de don fray Bartolomé de los Mártires, Valladolid, 1615, con la Cuarta Parte de la Historia general de Santo Domingo, por fray Juan López. Doctrina espiritual, Barcelona, 1620. Historia de las Virtudes y Oficio pastoral del Sermo. Cardenal don Enrique... (Ms., Cuervo, 1906). Vida de sor Ana de la Concepción, Vida de la Muy Ilustre señora doña Elvira de Mendoza, Vida de una devota mujer por nombre Melicia Hernández: tres biografías en ms. del Colegio de Corpus Christi de Valencia (Cuervo, 1906). Cartas (más de 50, Cuervo, 1906). Sermón en que se da aviso que en las caídas públicas de algunas personas ni se pierde el crédito de la salud de los buenos ni cese y se entibie el buen propósito de los flacos.
Obras de fray L. de Granada, edic. fray J. Cuervo, Madrid. 1906 y sigs., 14 vols. publicados; Bibl. de Aut. Esp., ts. VI, VIII y XI. Consúltense: Fray J. Cuervo, Biografía de fray Luis de Granada, Madrid, 1896. Id. fray Luis de Gran., en Homenaje á Men. y Pelayo, t. I, págs. 733-743. Vida: Fray Jerónimo Joannini Capuano, Venecia, 1595. Francisco Diago, 1605. Fray Francisco Olivera. Fray Juan de Marieta, 1604, Luis Muñoz, Valverde, 1730.
88. Año 1536. Cristóbal de Villalón nació á principios del siglo xvi, en Villalón ó en Valbuena del Duero, de familia humilde; su madre, partera, la cual tuvo cuatro hijos más. Estudió en Alcalá, donde se entregó á las Humanidades, sobre todo al estudio del griego. Fué mordaz y satírico, desenfadado, alegre y algo licencioso en sus verdes años; tuvo el grado de licenciado en Teología sin ser clérigo. Vivió bastante tiempo en Salamanca (1525-1538), donde estaba el año 1525 trabajando en su estudio, enseñando acaso en el colegio Trilingüe; el año 1539 vivía en Valladolid. Viajó por Italia, aunque no como soldado, acaso acompañando á don Francisco de Bobadilla, gobernador de Sena, maestrescuela que fué de Salamanca en 1528; antes de 1552 había estado en Palermo, Trápani, Nápoles, isla de Capri, Milán, Roma, Venecia, Lyon y París, después en Flandes, en fin, había "andado la tercera parte del mundo", como él dice. Cayó cautivo cerca de las islas de Ponza, en una de las naves de Andrea Doria que iban hacia Nápoles. Hízose pasar por médico "de orina y pulso", y con un libro de Medicina que halló, fué estudiando lo que pudo, y estando en Constantinopla curó á Sinan Bajá, su amo, del asma, por lo cual mandó le quitasen la cadena, y aunque tuvo no poco que sufrir por no renegar de la fe, fué creciendo en fama por haber sanado á la Sultana y otra vez al mismo Sinan, de suerte que fué nombrado médico del Sultán é intérprete y secretario de Sinan, y muerto éste, escapóse con otro cautivo al monte Athos, llegó á la isla de Chíos, Atenas, Samos y Mesina y atravesando Italia y Francia vino á parar á Valladolid á últimos de 1555, donde enseñó Humanidades y escribió El Crotalón, el Viaje de Turquía y el Libro de las transformaciones. En 1558 compuso, estando en una aldea, la Gramática castellana, y ya no sabemos más de él, fuera de que en la información que hizo Cervantes para sincerarse de las calumnias que le levantaba Blanco de Paz, entre los testigos parece un Cristóbal de Villalón, natural de Valbuena, de cuarenta y cinco años de edad aquel año de 1580. El autor de El Escolástico debía de contar á lo menos sesenta, ya que en 1536 había publicado, siendo bachiller, la Tragedia de Mirrha. Pudiera haber error de edad, como sucedía á menudo en tales documentos, y así, siendo un mismo Villalón, se explicaría lo que Cervantes parece tomó del Crotalón. Distinguido helenista, hombre corrido y experimentado, de envidiable buen humor, fué Villalón tan independiente como valeroso y sufrido en todo linaje de penalidades; se hizo querer en todas partes, y sobre todo en el cautiverio, por su inteligencia y su arrojo, siendo en todo esto muy parecido á Cervantes. Villalón no fué luterano, como algunos creyeron, sino eramista y aficionado á Juan de Valdés, cuyos diálogos tenía muy leídos. Censura las peregrinaciones, búrlase de las falsas reliquias, anatematiza la simonía de la Curia Romana, menosprecia las Ordenes religiosas y habla de los Papas como de hombres malvados y corrompidos; pero, como Alfonso Valdés, quedóse dentro de las fronteras del catolicismo sin profesar error alguno de la Reforma luterana. Su independencia filosófica fué como la de Fox Morcillo, Francisco Sánchez, Luis Vives, Pedro de Valencia, el Brocense y tantos otros españoles que desmienten á voz en cuello lo que han propalado por ahí de la tiranía de la Inquisición contra el pensamiento español (Viaje de Turquía, fols. 84 y 85). Su filosofía era la de Laguna, Huarte y Francisco Sánchez, que daban mayor importancia al procedimiento inductivo sobre el demostrativo (Crotalón, c. XII). Antes que Bacon, escribió: "Sola la Medicina dicen que ha menester experiencia; no hay Facultad que juntamente con las letras no la tenga necesidad y más la Teología". Gran humanista, conocía á fondo los autores griegos y latinos, como se ve por El Scholástico; hablaba el griego antiguo y el moderno, y, además, cinco idiomas: "Deprendí muy bien la lengua griega, turquesca y italiana, por las quales supe muchas cosas que antes ignoraba, y vine por ellas á ser el christiano más privado que después que hay infieles jamás entre ellos hubo". "Hay pocos en Grecia que hablen más elegante y cortesanamente su propia lengua que yo, ni aun mejor pronunciada". Como escritor es de los mayores de aquel siglo. El Crotalón es una sátira lucianesca de las costumbres de entonces, con varias novelas ingeniosas y ejemplares. El Viaje es modelo de esta clase de obras, con mucho también de sátira. No menos lucianescas son las Transformaciones. Supo mezclar lo castizo con lo clásico, tomando del habla popular sus voces y frases y de los griegos la elegancia del diálogo artístico.
89. Obras de Villalón: Tragedia de Mirrha, en la qual se recuentan los infelices amores que ouo con el Rey Ziniras su padre, Medina, 1536, novela dialogada sobre el asunto de las Metamorfosis, de Ovidio, libro 10. Ingeniosa comparación entre lo antiguo y lo presente, Valladolid, 1539 (Museo Britán.). Provechoso tractado de cambios y contrataciones de mercaderes y reprovación de usuras, Valladolid, 1541, 1542; Sevilla, 1542; Valladolid, 1546. Nic. Antonio añade otra edición de Córdoba, 1546. El Scholástico, en el qual se forma una académica república ó scholástica universidad con las condiciones que deven tener el maestro y discípulo para ser varones dignos de la vivir (Ms. en la Acad. Histor.), debió de escribirlo en Valladolid, hacia 1538, imitando los diálogos de Platón y Macrobio, como él dice, haciendo intervenir á don Francisco de Mendoza y Bobadilla, autor del libelo Tizón de la Nobleza, á don Francisco de Navarra, prior de Roncesvalles; á don Alonso Osorio, hijo del Mayordomo de Carlos V; á don Francisco de la Vega, toledano; á don Antonio de Velasco, hijo de la que fué aya de la reina de Portugal, doña María de Velasco; á don Guillermo Carrillo, toledano; á don Alberto de Benavides, á don Gaspar de Mendoza, al maestro Hernán Pérez de Oliva y al caballero portugués don Francisco Manrique. Gramática castellana, Amberes, 1558. El Crotalón de Christophoro Gnosopho, del cual hay dos mss., uno en la Biblioteca Nacional, y fué del Marqués de la Romana; otro fué de Gayangos, ambos del siglo xvi. Es imitación de Luciano, como él mismo dice. Viaje de Turquía, en dos manuscritos de la Biblioteca Nacional: el uno fué su borrador, empezado á escribir el 1.º de marzo de 1557; el segundo es copia de éste, del último tercio del siglo xvi; Gallardo vió otro con el título de Diálogo de Pedro de Urdimalas y Juan de Voto á Dios y Mátalas Callando, que trata de las costumbres y secta de los turcos y de otras cosas de aquellas partes. Los personajes están velados con seudónimos: Pedro de Urdemalas ó Polítropo es Villalón; Juan de Voto á Dios ó Apatilo es Alonso de Portillo, rector de la Universidad de Alcalá en 1515, fundador del hospital de la Resurrección, que fué en algún tiempo casa llana, y Mátalas Callando ó Panurgo es Mata, el clérigo de Granada. Diálogo de las transformaciones, ms. de la biblioteca de M. Pelayo.
Cristóbal de Villalón, El Crotalón, Madrid, 1871, Bibliófilos Españoles; Madrid, 1907, Nuev. Bibl. de Autor. Esp., M. Pelayo. El Scholástico, Madrid, 1911, Biblióf. Madrileños. Transformaciones, Madrid, 1907, Biblióf. Españ. Viaje de Turquía, Madrid, 1905, Nuev. Bibliot. Autor. Españ., por Serrano y Sanz. Ingeniosa comparación..., Madrid, 1898, Biblióf. Españ., por Serrano y Sanz, donde se trata copiosamente de la vida y escritos de Villalón.
90. Año 1536. Sebastián Fox Morcillo, nacido en Sevilla en 1528, doctísimo filósofo platónico y elegante escritor, estudió en Lovaina, y llamado por Felipe II para enseñar al príncipe don Carlos, pereció en un naufragio, muy joven, cortando el hado las esperanzas que la filosofía española de tan gran ingenio se prometía. Imitó á Cicerón en el estilo con que quiso arrear su independiente filosofía. De Regno et Regis institutione, Amberes, 1536. In Topica Ciceronis Paraphrasis et Scholia, Amberes, 1550, escribióla de diez y nueve años. Compendium Ethices Philosophiae ex Platone, Aristotele aliisque authoribus collectum, Basilea, 1554. In Platonis Timaeum, ibid., 1554. De Imitatione sive de informandi styli ratione, Amberes, 1554. De natura Philosophiae, seu de Platonis et Aristotelis consensione, Lovaina, 1554; París, 1560, 1589; Amberes, 1621; Lyon, 1622. De Usu et exercitatione Dialectica, Basilea, 1556, junto con De Demonstratione, De inventute y De Honore, Basilea, 1556. In Phoedonem, Basilea, 1556. In Platonis X Libros de Republica, ibid., 1556. De Historiae Institutione Dialogus, Amberes; París, 1557; Amberes, 1564. Consúltese: U. González de la Calle, S. F. M., estudio histórico-crítico de sus doctrinas, Madrid, 1903.
91. Año 1536. Miguel de Cifuentes, de Gijón, publicó Nova Lectura sive declaratio legum Taurinarum, Salamanca, 1536, 1546; Medina, 1555. Glosa al Quaderno de las leyes nuevas de Toro, Medina, 1546 (traduc. del anterior), 1549, 1555. Ordenamiento Real de Castilla, Medina, 1555.—El Deseoso ó Espejo de Religiosos, compuesto por un devoto religioso de la orden del señor sant hierónimo nuevamentre traduzido d' lengua catalana en nro vulgar castellano y añadida la quarta & quinta parte que fasta agora no havía sido impressa, Toledo, 1542, 1548; Burgos, 1548; Salamanca, 1574, 1580. Este áureo libro de mística se tradujo á muchas lenguas.—Tragedia de los amores de Eneas y de la Reyna Dido, como los recuenta Vergilio en el quarto libro de la Eneida, hacia 1536, en 5 jornadas, como las obras de Torres Naharro (Bibl. Lisboa).—Fasciculus Myrrhae, de franciscano anónimo, Sevilla, 1536; Amberes, 1553.—Bartolomé Felipe, portugués, publicó De Fictionibus, Salamanca, 1536. Repetitio in cap. Scindite corda vestra, Lisboa, 1539. Del Consejo y de los Consejeros de los Príncipes, Coimbra, 1584.—Gaspar Gómez, de Toledo, escudándose con el nombre de Feliciano de Silva y dirigiéndole su obra, publicó Tercera parte de la tragicomedia de Celestina, en 50 actos, Medina, 1536; Toledo, 1539. En M. Pelayo, Oríg. nov., t. III, pág. ccxii, puede verse el Prólogo y argumento de los actos: "necia y soporífera" la llama, "la fábula, insulsa y deslavazada; el estilo, confuso, incorrecto y, á veces, bárbaro". Hay una canción en vascuence, que ha traducido Julio Urquijo de alguna manera.—Antonio Honcala, de Yanguas, canónigo de Ávila, alabado por Santa Teresa, publicó Epinicion Abulaf ab Honcala dictum pro victoria Carolo Imperatori..., Alcalá, 1536. De decimis ecclesiasticis, ibid., 1540. Index... in universa opera... Hieronymi, ibid., 1545. Grammatica Propaegnia. Pentaplum Christianae pietatis, Alcalá, 1546.—Opuscula XVII, Alcalá, 1551. In Genesim, ibid., 1555.—Cristóbal de Horozco publicó Castigationes in Interpretes Pauli Aeginetae, Venecia, 1536. Annotationes in Interpretes Actii Medici, Basilea, 1540.—Metaphora medicine e chirurgie... por un fraile menor, Sevilla, 1536, tratado completo en castellano de medicina y cirugía.—Juan Bautista Monardes, médico y botánico sevillano, que no ha de confundirse con Nicolás, publicó Diálogo llamado Farmacodilosis ó Declaración medicinal, Sevilla, 1536. Verdadera descripción de todas las yerbas que hay en España y en otras regiones, y la verdad de lo que son y cómo se llaman, en griego, latín, arábigo y asimismo en nuestro vulgar castellano, 1536 (citado en la Farmacodilosis).—Don Guido Morel, zaragozano, canónigo de La Seo, publicó Minerva Aragoniae Assis Budeani Supputatio compendiaria ad Monetam, Ponderaque et Mensuras Hispaniae nostrae, Zaragoza, 1536.—Juan de París publicó Égloga nuevamente compuesta, 1536 (Bibl. Nac., R. 4104); Madrid, 1913 (Biblióf. Madril.); otra edición de 1551, en Munich, Bibl. Real.—En 1536 se imprimieron dos farsas y con ellas está encuadernada la Farsa siguiente hizo Pero Lopes Rangel, á honor y reverencia del glorioso nascimiento de N. Red. Jesu-Christo y de la Virgen Gloriosa Madre sua (Colecc. de Ternaux-Compans). Hay en el Abeced. de Colón otra: Petri López: Farsa del Nacimiento, en coplas, Sevilla. ¿Será del mismo?—Juan Rodríguez de Castello-Branco, portugués de nacimiento, salmantino por los estudios, discípulo del médico Alderete, uno de los mejores médicos peninsulares, publicó Index Dioscoridis, Amberes, 1536. Después, con nombre de Amato Lusitano, In Dioscoridis Anazarbaei de materia médica libros e narrationes, Venecia, 1553; Strasburgo, 1554; Venecia, 1557; Lyon, 1558; Strasburgo, 1565. Curationum Medicinalium Centuriae VII, la 1.ª, en Florencia, 1551; 2.ª, Venecia, 1552; la 7.ª, Lyon, 1570; todas juntas en Venecia, 1557 y 1566; Lyon, 1560 y 1580; Barcelona, 1628; Brujas, 1620; París, 1617; Francfort, 1646. Tradujo al castellano la Historia romana, de Eutropio.—El doctor Sancho Salaya ó Celaya ó Selaya publicó Repertorio de tiempos, Zaragoza, 1536; Granada, 1542; Zaragoza, 1546.—Diego de Salazar, soldado y luego ermitaño, publicó Tratado de Re Militari. Tratado de Cauallería hecho á manera de diálogo que passó entre los illustríssimos señores don Gonzalo Fernández de Córdoua llamado Gran capitán Duque de Sessa ᘔc y don Pedro Manrique de Lara duque de Naxara..., Alcalá, 1536; Bruselas, 1590. Appiano Alexandrino. Historia de todas las guerras civiles que vuo entre los romanos..., Alcalá, 1536. Suyos son los versos de la traducción de la Arcadia de Jacobo Sannazaro, hecha por Diego López de Ayala (véase año 1546, y además la Carta del bachiller de Arcadia, año 1547).—Juan Sedeño de Arévalo, publicó Dos coloquios de amores y otro de bienaventurança, especie de diálogos filosóficos y morales, 1536 (sin lugar) (Abeced. de Colón). La tragicomedia de Calisto y Melibea, nuevamente trobada y sacada de prosa en metro, Salamanca, 1536, 1540, en desaliñadas coplas de arte menor (Bibl. Nac.). Otra versificación vimos que hizo de un trozo Pedro Manuel de Urrea, y otra Lope Ortiz de Stúñiga, según el Abeced. de Colón: Farsa en coplas sobre la comedia de Calisto y Melibea. El mismo Sedeño publicó Summa de varones ilustres: en la qual se contienen muchos dichos, sentencias y grandes hazañas y cosas memorables de Docientos y veynte y quatro famosos, ansí Emperadores, como Reyes y Capitanes, Medina, 1551; Toledo, 1590.—Fray Gabriel de Toro, nacido en esta ciudad, profesó en la provincia franciscana de Galicia, en la que desempeñó cargos de cuenta. Fué predicador de los Reyes de Portugal y de Carlos V, el cual le nombró visitador del monasterio de las Huelgas de Burgos y consejero de la Inquisición de Castilla. Murió en 1540. Thesoro de Misericordia divina y humana docta y curiosamente compuesto por..., Salamanca, 1536, 1548; Zaragoza, 1548; Valencia, 1575; Salamanca, 1597. Teología mística ó unión del alma con Dios, Zaragoza, 1548.—Andrés Urdaneta (1498-1568), de Villafranca, en Guipúzcoa, escribió Relación sumaria del viaje y sucesos del Comendador Loaisa desde 24 de julio de 1525 (1536), publicada por Navarrete, Colecc., t. V. Relación de los sucesos de la armada del Com. Loaisa desde... (publicada por el mismo). Derrotero de la navegación que había de hacer desde el puerto de Acapulco para las islas de Poniente (ms. Arch. Indias).
92. Año 1537. El maestro Juan Pérez ó Petreius, toledano, profesor de Retórica en Alcalá, de grandes esperanzas en la prosa y verso latino, murió harto mozo, de treinta y cinco años. Publicó Progymnasmata Artis Retoricae... una cum Annotationibus in Senecae declamationes, controversias et deliberativas, Alcalá, 1539. Muerto ya, publicó su hermano Antonio Pérez Libri quatuor in laudem Divae Mariae Magdalenae: una cum aliis eiusdem opusculis, Toledo, 1552; Córdoba, 1568: los opúsculos son Genethliacum Ser. Principis Philippi, Epithalamium eiusdem et Ser. Principis Mariae, Euterpe, seu De Musica, Carmen in laudem D. Christophori, Epigrammaton liber unus. Comediae quatuor, Toledo, 1574; Necromanticus, Lena, Decepti, Suppositi, traducidas de Ariosto, menos Decepti, que Gallardo pregunta si es de Lope de Rueda, Los Engaños. Oratio Complutis in Studiorum initio habita, anno 1537 (ms. Gallardo).
Francisco de Mendoza y Bobadilla (1508-1566), nació en Córdoba, sus padres don Diego Hurtado de Mendoza y doña Isabel de Bobadilla, marqueses de Cañete, cuyo beneficio simple le dió el obispo de Cuenca, don Diego Ramírez de Villaescusa, y don Francisco de Bobadilla, su tío, que gobernaba la iglesia de Salamanca, añadióle el priorato de Aroche. Gran latino y helenista en Alcalá, doctor por Salamanca, donde explicó griego y fué Maestrescuela en 1528, después Arcediano de Toledo, y en 1536, Obispo electo de Coria. Al año siguiente celebró un Sínodo, en el cual se dispuso "que los hijos bastardos y espurios de los clérigos no sirvieran á sus padres en la iglesia diciendo Misa ó en otra cualquier manera". Precaviendo los fraudes que se inventarían para eludir la prohibición, conminóse á los que tal hicieran con excomunión mayor. En 1558 pasó á la iglesia de Burgos, fué gobernador de Sena y recibió á Felipe II en Génova el año 1547. Asistió al Cónclave en que salió Papa Julio III. Nombrado Arzobispo de Valencia, murió en Arcos cuando iba á aquella ciudad; fué sepultado en la catedral de Cuenca. Se le atribuye, sin gran fundamento, el famoso libelo Tizón de la Nobleza española ó máculas y sambenitos de sus linajes, Gibraltar, 1821; Madrid, 1849; Cuenca, 1852; Madrid, 1871; Barcelona, 1880.
Juan Andrés, zaragozano, publicó Práctica de Arithmética, Sevilla, 1537.—Luis Escrivá, caballero valenciano, publicó la novela castellana, con título latino, Veneris Tribunal, Nápoles, 1537, reproducida por Huntington.—Excelencias de la Fee, Alcalá, 1537, de anónimo franciscano.—Farça á manera de Tragedia, como passó de hecho en amores de un cavallero y una dama, Valencia, 1537 (Museo Británico), del género de las obras de Juan del Enzina, con parecido lenguaje ó dígase sayagués, en verso octosílabo, quintillas, en cinco autos. Según dice Rennert, que la ha reimpreso en la Revue Hispanique, 1911, "no carecen los versos de cierta facilidad, y tanto en el estilo como en el artificio dramático, aventaja mucho á las más piezas de esta escuela que han llegado á nuestros tiempos".—Fray Julián Garcés, dominico, primer obispo de Tlascala, publicó De Capacitate Indorum, 1537.—Mysterios de la devoción, de franciscano anónimo, Burgos, 1537.—Diego Montes, vecino de La Guardia, soldado viejo de Su Majestad, publicó la Instruccción y regimiento de guerra, Zaragoza, 1537.—El doctor Pedro Núñez Salaciense (1492-1577), de Alcázar de la Sal, cosmógrafo del Rey, publicó Libro de álgebra en arithmética y geometría, Amberes, 1564, 1567. Tratado de sphera com a theorica do sole da lua..., Lisboa, 1537. De Crepusculis, ibid., 1542. De arte atque ratione navigandi, Coimbra, 1546. De erratis Orontii finei mathematum Lutetiae professoris, Coimbra, 1546. Y otras obras (Picatoste).—Jerónimo de la Peña, de Medina, publicó Commentariorum philosophiae moralis l. III, París, 1537.—Don Martín Pérez de Ayala, obispo de Segovia y arzobispo de Valencia y que asistió á la Dieta de Worms y al Concilio Tridentino, publicó Commentaria in Universalia Porphyrii, Granada, 1537. De Divinis, Apostolicis atque Ecclesiasticis traditionibus, Colonia, 1549. Compendio y declaración de lo que son obligados á guardar los Cavalleros de la Orden de Sant Iago, y Un breve Tratado para bien confesar, Milán, 1552. El Catecúmeno, ibid., 1552. Avisos de bien morir, ibid., 1552. Doctrina Christiana, ibid., 1554. Catecismo, Valencia, 1599. Doctrina Christiana en lengua Arábiga y Castellana, Valencia, 1566.—Andrés Prado, estudiante, publicó la Farsa llamada Cornelia, Medina, 1537. Según Moratín, salió en esta fecha; reimprimióse en Medina, 1603 (por yerro en Gallardo, 1553). Editóla Pérez Pastor en La Imprenta en Medina, Madrid, 1895, págs. 300-337.—Retraimiento del alma, anónimo, Valencia, 1537.—Thomás de Torquemada publicó Copilación de las instrucciones del Officio de la sancta Inquisición, Granada, 1537; Madrid, 1577.
Año 1538. Pedro Díaz de Toledo publicó Opusculum de morbis puerorum, 1538.—Fray Gutierre de Trejo, franciscano de Plasencia, publicó Paradisus delitiarum Pauli Apostoli, Alcalá, 1538. In IV Evangelia, Sevilla, 1554.—Juan de Medina escribió Suma de notas de Escrivanos, Valladolid, 1538.—Plutarco, Contra la codicia de las riquezas, Valladolid, 1538, por benedictino anónimo.
93. Año 1539. Don Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575) nació en Granada; sus padres, don Iñigo López de Mendoza, nieto del Marqués de Santillana, del mismo nombre y apellido. Su primera instrucción en la latinidad recibióla de Pedro Mártir de Angleria, residente á la sazón en aquella ciudad, traído por el primer Conde de Tendilla, abuelo de don Diego. Con él estudió fray Luis de Granada, recogido por el Conde. Pasó á Salamanca, donde se dedicó más de asiento á las Humanidades, á la Filosofía y al Derecho civil y canónico. Acabados los estudios, y acaso recibidas las órdenes menores, partió para Italia y entró en la carrera militar (1524-1526), asistiendo á la batalla de Pavía (1525), recorriendo Bolonia, Padua y Roma. Carlos V le empleó pronto en cargos diplomáticos, en Inglaterra (1537-1538), en los Países Bajos (1538), en Venecia (1539-1547), en Trento y Roma (1547-1555). En Inglaterra fué embajador extraordinario para negociar el matrimonio de Enrique VIII con la Duquesa de Milán, sobrina del Emperador, y el de María Tudor con el príncipe Luis de Portugal; no habiendo tenido buen suceso, pasó en los Países Bajos el otoño de 1538. En Venecia tuvo por misión contrarrestar las tendencias de la Señoría de romper la Liga y aliarse con Francia en favor del turco. En Trento, desde 1542, fué uno de los cuatro Enviados de Carlos V al Concilio, y su valor y valer hicieron correr la especie de que el Emperador le haría obispo y Paulo III († 1549), cardenal. No fué así, y quedó en Roma hasta fines del pontificado (1550-1555) de Julio III. Al mismo tiempo se encargó del gobierno de Siena, pueblo siempre incitado por Paulo III y el rey Francisco á rebelarse contra el Emperador. Estas luchas se alargaron hasta 1551. Su vida pública en Italia duró veinte años. Desde el 1551, que fué relevado de su cargo por el Emperador, no tenemos más noticias ciertas. Sedano cita un códice florentino que le atribuye la misión de Embajador cerca del Gran Turco. Vuelto á España, desde 1554 parece que desempeñó algunas comisiones de Felipe II, no muy á su satisfacción, y en 1567 el Rey le desterró de la Corte por haber tenido en Palacio una reyerta con un caballero. Desde entonces vivía retirado en Granada, dado á escribir á sus amigos, en especial á Zurita, correspondencia conservada en parte en los Progresos de la Historia del Reino de Aragón, por Dormer. Allí se cree que escribió la Guerra de Granada (aunque hoy comienza á dudarse sea obra suya) y muchas de las poesías que conocemos. Murió poco después de vuelto á la Corte, el año 1575, de edad de setenta y dos años.
94. Don Iñigo López de Mendoza, nieto del célebre Marqués de Santillana y padre de nuestro don Diego, fué el primer marqués de Mondéjar y segundo conde de Tendilla, alcaide de la Alhambra y capitán general del reino de Granada desde su conquista; casó en segundas nupcias con doña Francisca Pacheco, hija de don Juan Pacheco, marqués de Villena y primer duque de Escalona. De este matrimonio nacieron cinco hijos y dos hijas: don Luis, el primogénito, marqués de Mondéjar, capitán general del reino de Granada y presidente del Consejo; don Antonio, marqués de Cañete, virrey y capitán general de la Nueva España y del Perú; don Francisco, gobernador de los Países Bajos, después presbítero y obispo de Jaén; don Bernardino, general de las galeras de España, muerto en la jornada de San Quintín; don Diego, nuestro poeta; doña Isabel, que casó con don Juan Padilla, y doña María, mujer de don Antonio Hurtado, conde de Monteagudo. La causa del destierro de Mendoza y su retiro en Granada fué una disputa que en junio de 1568 se despertó en el Palacio Real de Madrid entre Mendoza y el joven cortesano Diego de Leiva. Agarróle Mendoza el puñal, quitóselo de la mano y lo arrojó por la ventana. Felipe II le desterró á Granada, donde escribió la guerra de los moriscos, si fué él quien la escribió. En su destierro se dedicó á sus estudios y aun á la poesía, como se ve por la canción dirigida á don Diego de Espinosa, presidente de Castilla, donde apunta lo que padecía. Consultábanle allí los sabios, como consta por Ambrosio Morales en la dedicatoria que le dirigió, donde confiesa su extraordinaria erudición en Geografía y su puntualidad y juicio en averiguar antiguallas de la toponimia española. Entregóse á las antigüedades arábigas y juntó más de 400 códices árabes, como se lo dice á Zurita, su gran amigo, á quien ayudó á vencer dificultades que sus émulos le pusieron para escribir los Anales de Aragón. En carta de diciembre de 1573 le dice que casi va á cumplir los setenta, de donde se saca el año de su nacimiento. Buscó consuelo en el trato con Santa Teresa, que le escribió complaciéndose por los propósitos virtuosos que le había manifestado (Cart. de Santa Teresa, t. I, ii). Ofreció al Rey sus libros cuando le permitió volver á la Corte; pero á pocos días de llegado le dió el mal de la muerte.
95. Don Diego Hurtado de Mendoza fué en el siglo xvi lo que su bisabuelo Iñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, en el siglo xv, y algo más. Manejó la espada y la pluma, gran diplomático, macizo canonista y teólogo, soldado valiente, delicado poeta, prosista consumado, erudito, eminente humanista, hombre de mundo, ligero y grave á la vez, alegre y socarrón, altivo y malicioso y trabajador incansable. De aquí el habérsele atribuido tantas obras, de las que hoy le vamos despojando. El erudito historiógrafo Juan Páez de Castro († 1570), uno de sus mejores amigos en Trento, cuenta que Mendoza solía decirle: "Estudiemos, señor Joan Páez". Paulo Manucio le dirigió las obras filosóficas de Cicerón; Carranza, la Suma de los Concilios. En Venecia fué patrono de los famosos impresores Aldos; allí y en Roma, sobre todo, afanóse por sacar copias de muchos manuscritos griegos, de la biblioteca de Bessarion, que regaló al Escorial. Según Miller y Grame, antes del incendio de aquel Monasterio en 1671, había 353 de ellos, los 32 recibidos como presente del gran turco Suleimán II el Magnífico. Envió á Nicolás Sofiano á Grecia y Turquía para buscar otros. La primera edición del texto griego de Josefo se imprimió en Basilea, 1544, por tres manuscritos de Mendoza. Tuvo propósito de comentar á Aristóteles y tradujo la Mecánica. Gran helenista y gran latino, hizo traducciones de Virgilio y Ovidio. Renacentista convencido, vertió poesías líricas italianas, y sin dejar la métrica antigua castellana, abrazó desde luego la nueva traída por Boscán y Garcilaso. Su picante agudeza chispea en las redondillas, que encantaban á Lope; su sinceridad de sentimiento se halla hasta en las poesías de los nuevos metros, la elegía á la muerte de doña Marina de Aragón († 1549); su elegancia, en la Fábula de Adonis, Hipomenes y Atalanta, en octavas reales; pero abusa del verso agudo, no acaba de encajársele el ritmo italiano y sólo es poeta entero cuando se atiene á las viejas coplas castellanas. Su socarrona ironía, su malicia burlesca campea en las Cartas, Epístolas satíricas y escritos burlescos y políticos al estilo del Mercurio y Carón, de Valdés. Como poeta, pertenece Mendoza á la época de Carlos V; tenemos poesías suyas desde el año 1539. Las poesías de Mendoza hoy conocidas son 170, sonetos, canciones, églogas, elegías, epístolas, sátiras, octavas, cartas, poesías burlescas, poesías varias, Fábula de Adonis, Hipomenes y Atalanta.
Como prosista, es de la época de Felipe II. Según Foulché-Delbosc, los 18 primeros cantos de La Austriada, de Juan Rufo, no son sino versificación de la Guerra de Granada, que Rufo pudo ver manuscrita y que hasta hoy ha sido atribuída á Hurtado de Mendoza; no falta quien apunte, sin embargo, que la Guerra de Granada está calcada sobre La Austriada con frases y hasta versos enteros. Mientras no se aclare este punto seguiremos la opinión tradicional. Con no haberle dado su autor la última mano, es la Guerra de Granada la más artística historia que tenemos, en el noble sentido de la palabra, pareciéndose no poco á Tucídides, Salustio y á veces á Tácito. Tiene las grandes cualidades de los más sobresalientes historiadores: ciencia, imparcialidad, alteza de pensamiento, penetración filosófica, fuerza narrativa, elocuencia dramática. Copia con viveza las acciones, los ánimos, los caracteres de los personajes, desabrocha los pechos, manifestando los intentos de los que tercian en los acontecimientos y descubre sus causas y enlaces. El estilo es de una reciura y brío incomparables, denso y nervioso, desembarazado y á chorros, grandioso y natural, con un corte en las oraciones que sabe á la elocuencia de Demóstenes y un aire en el decir que suena más á griego que á latino. Dúdase sean suyas la Carta del Bachiller de Arcadia y Respuestas del capitán Salazar; no es suyo el Lazarillo de Tormes.
96. En carta de Juan Páez de Castro á Zurita se dice de Mendoza (Dormer, Progres. de la Hist. del reino de Aragón, l. 4, cap. XI; Cartas de D. Juan Páez de Castro, fol. 465): "Es tan bueno y tan humano, que puede usted decir: Nil oriturum alias, nil ortum tale fatentes. Su erudición es muy varia y estraña; es gran aristotélico y matemático; latino y griego, que no hay quien se le pare; al fin es un hombre muy absoluto. Los libros que aquí ha traído son muchos, y son en tres maneras: unos de mano, griegos, en gran copia; otros impresos en todas facultades; otros de los luteranos: todos éstos están públicos para quien los pide, si no son los luteranos, que no se dan sino á los hombres que tienen necesidad de los ver para el Concilio. Ha sido tan gran cosa esta, y tan grandemente dispuesta, que allende de grandes costas que ha escusado, ha dado gran luz á todos, que ni supieran qué libros eran necesarios, ni de dónde se habían de traer; á lo menos yo no sabía qué hacerme en este lugar. Tienen todos creído que medrará mucho concluído este Concilio, y que S. M. le hará obispo, y su santidad cardenal: plega á Dios que sea así, y en él estará todo bien empleado". Herrera, Anotac. á Garcilaso: "Don Diego de Mendoça halló maravillosamente i trató sus concetos, que llaman del ánimo, i todas sus perturbaciones con más espíritu que cuidado; i alcançó con novedad lo que pretendió siempre; que fué apartarse de la común senda de los otros poetas; i satisfecho con ello se olvidó de las demás cosas. porque si como tuvo en todo lo que escrivió erudición i espíritu i abundancia de sentimientos, quisiera servirse de la pureza i elegancia en la lengua, i componer el número i suavidad de los versos; no tuviéramos invidia á los mejores de otras lenguas peregrinas. i no se puede dexar de conceder, que cuando reparó con algún cuidado, ninguno le hizo ventaja, pero como él se exercitó por ocupar oras ociosas, ó librar el ánimo de otros cuidados molestos; assí la grandeza de sentimientos i consideraciones, i el natural donaire i viveza de sus versos lo desvían, como tengo dicho, del vulgo de la poesía común". En el prólogo de una copia de la Guerra de Granada, hecha por Juan B. Lavaña de 1618 á 1619: "Costó trabajo enmendar, de dos ó tres copias, ésta religiosamente, como es justo; porque no se mudaron sino puntos, pasando pocas veces á otra parte las mismas palabras, si la cláusula no se puede entender bien de otra manera, ó quitando algunas, muy pocas, cuando son notoriamente superfluas. Finalmente, entre esta copia y cualquiera de los originales de donde se ha sacado, hay menos diferencia de la que ellos entre sí tenían". La primera edición la hizo el licenciado Luis Tribaldos de Toledo († 1634), bibliotecario del Duque de Olivares, siguiendo escrupulosamente esta copia de Lavaña y corregida por el Conde de Portalegre, y la hizo imprimir en Lisboa, 1627, cincuenta y dos años después de la muerte de Mendoza y ocho años después de sacada la copia. Después en Madrid, 1674; Valencia, 1730, 1766, 1776, por Mayáns, que llenó las varias lagunas del final del l. III y principio del IV, que tenían las otras ediciones, con trozos dados á luz por don Juan de Iriarte en la pág. 577, etc., de su Regiae Bibliothecae Matr. codices graeci Mss. Hallólos Iriarte en un ejemplar de la 1.ª edición, que fué de la librería de Felipe IV, hoy de la Bibl. Real, en el que los insertó Tribaldos en 1628, transcribiéndolos de una copia completa de mano del mismo Duque de Béjar. Reimprimió esta de 1776 Eug. Ochoa, París, 1840, añadiendo los párrafos del Conde de Portalegre con que se completaba en las cuatro primeras ediciones el l. III. Tribaldos, pról. á su edic.: "es muy sabido y muy antiguo en el mundo el odio á la verdad... Por esto nuestro don Diego determinó no publicar en su vida esta historia, y sólo quiso, con la libertad que, no sólo en él, mas en toda aquella ilma. casa de Mondéjar es natural, dejar á los venideros entera noticia de lo que realmente se obró en la guerra de Granada; y pudo bien alcanzarla, por su agudeza y buen juicio; por tío del general que la comenzó, adonde todo venía á parar; por hallarse en el mismo reino y aun presente á mucho de lo que escribe: afectó la verdad y consiguióla... La determinación de don Diego me prueban unas gravísimas palabras, escritas de su letra, al principio de un traslado de esta historia que presentó á un amigo suyo, en que juntamente pronostica lo que hoy vemos. "Veniet qui conditam et saeculi sui malignitate compressam veritatem dies publicet. Paucis natus est, qui populum aetatis suae cogitat. Multa annorum millia, multa populorum supervenient: ad illa respice. Etiamsi omnibus tecum viventibus silentium livor indixerit, venient qui sine offensa, qui sine gratia iudicent". Sénec. Epíst. 79. Dije que no quiso sacarla: añado, que ni pudo, porque no la dejó acabada y le falta aún la última mano...".
Obras del insigne cavallero Don Diego de Mendoza... recopiladas por Frey Juan Díaz Hidalgo..., dirigidas á D. Iñigo López de Mendoza, Marqués de Mondéjar, Conde de Tendilla, Madrid, 1610. Tiene 96 composiciones. Reimprimióse en 1854, t. I de los Poetas Líricos de los siglos xvi y xvii, por Adolfo de Castro, con 94 de las de Hidalgo, cuatro tomadas de Sedano, Gregorio Silvestre y Espinosa, de dudosa autenticidad, menos la de Silvestre; la Oda, de Horacio, es de fray Luis de León: total, 98 composiciones. Obras Poéticas de D. Diego Hurtado de Mendoza, primera edición completa, Madrid, 1877, por el doctor William I. Knapp, con 170 composiciones, sacadas de todos los códices españoles conocidos y dos de París. Guerra de Granada, hecha por el rey de España D. Felipe II N. S. contra los Moriscos de aquel Reino, sus rebeldes, Lisboa, 1627, publicada por el licenciado Luis Tribaldos de Toledo; Madrid, 1674, 1730; Valencia, 1776. Diálogo de Caronte y Pedro Luis Farnesio, publicado en Curiosidades Bibliográficas de la Bibl. de Autor. Españ. Paraphrasis in totum Aristotelem. La Mechanica de Aristóteles, traducida de griego en castellano, dirigida al Duque de Alba. Commentarii Politici (Ms.). La Conquista de la Ciudad de Túnez. Batalla Naval (al fin de la Guerra de Granada).
97. Diego de Mendoza, Obras poéticas, ed. W. I. Knapp, en Colección de libros raros ó curiosos, t. XI (faltan bastantes composiciones). Poesías, Bibl. de Aut. Esp., t. XXXII. Poésies burlesques et satiriques inédites, ed. A. Morel-Fatio, en Jahrbuch für romanische und englische Sprache und Literatur (Leipzig, 1875), t. II, págs. 63-80 y 186-209. Guerra de Granada, ed. R. Foulché-Delbosc (en prensa), y Bibl. de Aut. Esp., t. XXI. Mechanica de Aristoteles, ed. R. Foulché-Delbosc, en Revue Hispanique (1895), t. II, págs. 208-303. Cartas, ed. R. Foulché-Delbosc, en Archivo de investigaciones históricas (1911), t. II, págs. 155-195, 270-275, 463-475 y 537-600. Carta al capitán Salazar, etc., Bibl. de Aut. Esp., t. XXXVI, y en Sales españolas, ed. A. Paz y Melia, Madrid, 1890, t. I, págs. 63-99. Carta del Bachiller de Arcadia y Respuestas del capitán Salazar, edición crítica de L. de Torre, Madrid, 1913 (tirada aparte de la Revista de Archivos, etc.); y véase la nota crítica de A. Bonilla, en el Boletín de la Real Academia de la Historia de 1914. Carta en nombre de Marco Aurelio á Feliciano de Silva, en Sales españolas, ed. A. Paz y Melia, Madrid, 1890, t. I, págs. 227-234. Sermón de Aljubarrota, en Sales españolas, ed. A. Paz y Melia, Madrid, 1890, t. I, págs. 101-225. Consúltense: A. Morel-Fatio, Les lettres satiriques, en Romanía (1874), t. III, págs. 298-302. C. Graux, Essai sur les origines du fonds grec de l'Escurial (Bibl. de l'École des Hautes Études, fasc. 46), París, 1880. R. Foulché-Delbosc, Étude sur la Guerra de Granada, en Revue Hispanique (1894), t. I, págs. 101-165 y 338. R. Foulché-Delbosc, Un point contesté de la vie de Mendoza, en Revue Hispanique (1899), t. V, págs. 365-405. R. Foulché-Delbosc, Le portrait de Mendoza, en Revue Hispanique (1910), t. XXIII, páginas 310-313. J. D. Fesenmair, Don Diego Hurtado de Mendoza: ein spanischer Humanist des 16ten Jahrhunderts, München, 1882-1884. E. Señán y Alonso, D. Diego Hurtado de Mendoza: apuntes biográfico-críticos, Granada, 1886. Calendar of Letters, Despatches and State Papers, relating to the negotiations between England and Spain [ed. P. de Gayangos], t. V, parte II (1888), y t. VI, parte I (1890). Letters and Papers, foreign and domestic, of the reign of Henry VIII [ed. J. Gardner], t. XII, partes I y II (1890-1891) y t. XIII, partes I y II (1892-1893). A. Rodríguez Villa, Noticia biográfica y documentos históricos relativos á D. H. de Mendoza, Madrid, 1873.
98. Año 1539. Jorge de Montemayor, castellanizado por él mismo su apellido portugués de Montemor, por haber nacido en Montemor o velho, cerca de Coimbra, fué hijo de un platero judaizante; militó en Flandes, probablemente en la guerra de 1555 á 1559, cuando San Quintín (1557); pero antes había sido "cantor en la capilla de Su Alteza la muy alta y muy poderosa señora la infanta doña María", hija de don Juan III, casada en 1543 con el que luego fué Felipe II, y que murió en 1545. Luego (1551) sirvió á doña Juana, esposa del príncipe portugués don Juan y madre de don Sebastián. Al morir Feliciano de Silva, su amigo, escribió una elegía en tercetos y un epitafio (Cancionero, fols. 122-125). También fué amigo de Cetina, á quien llama Vandalio (fols. 146 y 147). Volvió á Portugal (1552) acompañando á la princesa doña Juana como aposentador y entonces escribió á Sá de Miranda. Muerto don Juan, volvió á Castilla con la Princesa en 1554, año en que se publicaron sus Obras. Murió en el Piamonte pocos meses después de 1559, muerto por un muy su amigo por celos ó amores (Fray Bartolomé Ponce, Clara Diana á lo Divino, dedicatoria). Compuso Montemayor la Exposición moral sobre el Salmo ochenta y seis, Alcalá, 1548, en quintillas el salmo y en prosa la exposición. Después, en 1554, publicó en Amberes sus Obras en dos libros, el primero de poesías profanas; el segundo, de versos de devoción, entre ellos tres Autos de Navidad. Volviéronse á imprimir en Amberes, el 1558, con el título de Segundo Cancionero de George de Montemayor, y Segundo Cancionero spiritual, en dos volúmenes, quitadas unas cosas y añadidas otras; pero el tomo de versos devotos, prohibido por la Inquisición en el Índice de 1559, no volvió á imprimirse. Hizo glosas á la Canción de Jorge Manrique y tradujo del catalán los Cantos de Amor, de Ausias March. La Diana, probablemente publicada en 1559, tiene el argumento de la historia de don Félix y Felismena, tomado de la novela 36 (2.ª parte) de Mateo Bandello; pero acomodado á las costumbres españolas, con más cortesía y sin lascivia. Imitó algo á Sannazaro y al Petrarca; pero la mayor parte fué obra propia. Las coplas castellanas valen más en él que los versos mayores italianos, y mucho más que las coplas, la prosa desenfadada, elegante y bien pulida, aunque de poco vigor. Es la mejor de las novelas pastoriles, pues Gil Polo no le aventaja más que en los versos. La obra que le dió inmensa fama dentro y fuera de la Península fué la Diana, novela pastoril y simbólica, como las bucólicas de Virgilio. Montemayor se aficionó á este género de naturalismo falso por su vida entre las paredes de los palacios. Cuando se huye del campo, se inventa un campo artificial; cuando no se tienen flores que huelan y solacen la vista, se hacen de papel; y cuando la vida cortesana está alejada, entre paredes y calles, de la naturaleza, se inventa una literatura que remede la naturaleza en toda su sencillez, la naturaleza silvestre donde haya riachuelos, árboles, ganados y pastores; pero que revisten almas cortesanas, con sus afectos melindrosos, sus entretenidas sutilezas, su afectado conceptismo, y hasta se particularizan en ellos personas conocidas. Esto último es una manera de chismografía elegante y con clave, como la que se murmujea en los estrados de los señores, en las antesalas de las dueñas y en los tinelos de la servidumbre. Son los pastores verdaderos cortesanos que lamentan dengosamente los desdenes de las damas pastoras. Para variar las escenas, monótonas de suyo, de amoríos, zampoñas y poesías recíprocas ó amebeas, Montemayor acude, como Sannazaro, á hechiceras y hadas, á hechizos y bebedizos amorosos, á los que alude Cervantes cuando por el Cura dice: "Que se le quite todo aquello que trata de la sabia Felicia y de la agua encantada". Dentro de este falso género Montemayor es admirable, flúido narrador, requebrador tierno, endechador dulce y melancólico, galante cortesano, esmerado en la frase melodiosa y en las escogidas voces. Es diestro en la versificación y más todavía en la adamicada prosa.
99. Cultivó mucho el metro italiano é hizo cuatro largas églogas imitando á Sannazaro y Garci Laso; pero sus mejores poesías son de la escuela española de Castillejo y Gregorio Silvestre, imitando á Jorge Manrique, cuya elegía glosó dos ó tres veces. La primera, árida y prosaica, en sus Obras de Amberes, 1554, y en pliego suelto de Valencia, 1576; Sevilla, 1883. La otra, poética y bien sentida, en diez coplas, como nueva lamentación sobre la muerte de doña María, no está en el Cancionero, sino en pliego suelto de la Bibl. Nac. de Lisboa, del cual la transcribe Domingo García Peres en el Catálogo razonado de los autores portugueses que escribieron en castellano, págs. 393-403. Otra, que pudiera ser la primera, se imprimió en Lisboa, 1663. La Diana fué la que le dió más nombre, y tal, que no se leía en la Corte otra cosa, y traspuso la frontera. Hasta hay huellas en Shakespeare, en Sidney, en Sarrasin, en Desportes. Prometió continuarla. Los editores añadieron en las ediciones póstumas la Historia del Abencerraje y la hermosa Xarifa, que se halla en el Inventario, de Antonio de Villegas, cuyo privilegio es del 1551, aunque no se imprimió hasta 1565. Varios autores continuaron después la Diana ó el género pastoril. Según Lope de Vega, la heroína de la Diana fué una señora de Valencia de don Juan, cerca de León; según Faria é Sousa, se llamaba Ana, y conservábase todavía hermosa cuando, en 1603, la vió Felipe III.
100. Feliciano de Silva fué de los primeros, si no el primero, que introdujo en España el falseado género pastoril (escena 33). Sannazaro lo había introducido en Italia, copiando y remedando, en latín, los bucólicos griegos y latinos. Juan del Enzina tradujo á Virgilio; pero él mismo y Gil Vicente se atuvieron al género pastoril popular y realista, que de mucho tiempo antes había brillado en el pueblo gallego, de donde pasó al rey don Diniz y á los poetas cortesanos portugueses, y luego, á veces, á los cortesanos de Castilla, y que con mayor empuje realista y originalidad castellana lució en manos del Arcipreste de Hita, y luego, más acortesanado, en las del Marqués de Santillana. Ambos géneros pastoriles, el puramente español y el clásico greco-latino, vivieron en España; pero el extraño acabó presto y el nacional siguió cultivándose por Lope, Tirso y demás dramáticos del siglo xvii. Cotejada la novela pastoril con la caballeresca, ambas son fantásticas ó idealistas y amatorias, como no españolas de origen; pero mientras el caballero andante, para alcanzar el objeto de su amor, emprende hazañas descomunales y arrostra pavorosos peligros, el pastor enamorado tañe su rabel y su zampoña y tararea lindos versos. Bien se ve que los libros de caballerías eran bastante apropiados para los españoles de entonces, ganosos de aventuras y emprendedores de hazañas; pero cuando el esfuerzo fué decayendo y ganando tierra la vida retirada de la corte, los poetas, que antes meneaban á la par pluma y espada, sólo quisieron el campo para sentarse orillas del arroyo, á la sombra de algún alcornoque, donde tañer y cantar. Obra de puros poetas cortesanos, que no gozando de la naturaleza, se la fantasean, viviendo en ella tan sólo en sueños, ya que de hecho moran en los palacios. En la novela caballeresca domina la acción; en la pastoril, la charla y la cantilena. Está bien escrita la pastoril, como obra de artistas que es; mal y y toscamente la caballeresca, por ser obra para el vulgo, hecha por gente vulgar, que se meten á escritores. Pero por más que quieran pintar tales artistas cortesanos la viva naturaleza, como no la tocan ni sienten, sino que se la figuran desde su casa, resulta una naturaleza, que no impresiona, de pintados bastidores. Así Virgilio es menos naturalista que Teócrito, por ser puro imitador, aunque gustase y sintiese tan delicadamente la vida campestre; ¡cuánto menos habían de serlo cortesanos imitadores de Sannazaro (Venecia, 1502), imitador de Virgilio, que lo fué de Teócrito, y que no llevaban otra vida que la urbana! Es un mosaico erudito de la antigüedad la Arcadia, de Sannazaro, y nuestras novelas pastoriles son mosaicos hechos con piedrezuelas del mosaico de Sannazaro. El que la introdujo en España fué Jorge de Montemayor (1559). Si en lugar de traerla de Italia, hubiera continuado la poesía pastoril española de Enzina y Gil Vicente, hubiéramos tenido una novela pastoril nacional, popular, realista, pareja del teatro de estos autores y de Lope de Rueda. El mal uso del Renacimiento por parte de Montemayor tuvo la culpa; siguieron su carril todos los demás, sin apartarse un punto. Como la novela no había todavía nacido, en lugar de hechos reales y de luchas del alma, la pastoril se reducía á determinadas escenas entre pastores y al discretear más ó menos ingenioso y afectado de poetas que de pastores se vestían. Hasta las ideas morales y religiosas son medio paganas y la fatalidad es la que obra, ni más ni menos que entre los antiguos. No hay visión de las almas, como no la hay de la naturaleza. Son amores y penas aquéllas, convencionales y postizas.
101. M. Pelayo, Disc. acerca de Cerv. y "El Quijote": "Á la falsa idealización de la vida guerrera se había contrapuesto otra no menos falsa de la vida de los campos, y una y otra se repartieron los dominios de la imaginación, especialmente el de la novela, sin dejar por eso de hacer continuas incursiones en la poesía épica y en el teatro y de modificar profundamente las formas de la poesía lírica. Ninguna razón histórica justificaba la aparición del género bucólico: era un puro dilettantismo estético; pero no por serlo dejó de producir inmortales bellezas en Sannazaro, en Garcilaso, en Spenser, en el Tasso. Poco se adelanta con decir que es inverosímil el paisaje, que son falsos los afectos atribuídos á la gente rústica y falsa de todo punto la pintura de sus costumbres; que la extraña mezcla de mitología clásica y de supersticiones modernas produce un efecto híbrido y discordante. De todo se cuidaron estos poetas menos de la fidelidad de la representación. El pellico del pastor fué para ellos un disfraz, y lo que hay de vivo y eterno en estas obras del Renacimiento es la gentil adaptación de la forma antigua á un modo de sentir juvenil y sincero, á una pasión enteramente moderna, sean cuales fueren los velos arcaicos con que se disfraza. La égloga y el idilio, el drama pastoral á la manera del Aminta y del Pastor Fido, la novela que tiene por teatro las selvas y bosques de Arcadia, pueden empalagar á nuestro gusto desdeñoso y ávido de realidad humana, aunque sea vulgar; pero es cierto que embelesaron á generaciones cultísimas, que sentían profundamente el arte, y envolvieron los espíritus en una atmósfera serena y luminosa, mientras el estrépito de las armas resonaba por toda Europa. Los más grandes poetas, Shakespeare, Milton, Lope, Cervantes, pagaron tributo á la pastoral en una forma ó en otra. Tipo de este género de novelas fué la Arcadia, del napolitano Sannazaro; elegante humanista, poeta ingenioso, artífice de estilo más paciente que inspirado. Su obra, que es una especie de centón de lo más selecto de los bucólicos griegos y latinos, apareció á tiempo, y tuvo un éxito que muchas obras de genio hubieran podido envidiar. Hasta el título de la obra, tomado de aquella montuosa región del Peloponeso, afamada entre los antiguos por la vida patriarcal de sus moradores y la pericia que se les atribuía en el canto pastoril, sirvió para designar una clase entera de libros, y hubo otras Arcadias tan famosas como la de Sir Felipe Sidney y la de Lope de Vega, sin contar con la Fingida Arcadia que dramatizó Tirso. Todas las novelas pastoriles escritas en Europa desde el Renacimiento de las letras hasta las postrimerías del bucolismo, con Florián y Gessner, reproducen el tipo de la novela de Sannazaro, ó, más bien, de las novelas españolas compuestas á su semejanza y que en buena parte le modifican, haciéndole más novelesco. Pero en todas estas novelas, cuál más cuál menos, hay, no sólo reminiscencias, sino imitaciones deliberadas de los versos y de las prosas de la Arcadia, que, á veces, como en El Siglo de Oro y en La Constante Amarilis, llegan hasta el plagio. Aun en la Galatea, que parece de las más originales, proceden de Sannazaro la primera canción de Elicio ("Oh, alma venturosa"), que es la de Ergasto sobre el sepulcro de Androgeo, y una parte del bello episodio de los funerales del pastor Meliso, con la descripción del valle de los cipreses. Si la prosa de Cervantes parece allí más redundante y latinizada que de costumbre, débese á la presencia del modelo italiano. Lo que Sannazaro había hecho con todos sus predecesores lo hicieron con él sus alumnos poéticos, saqueándole sin escrúpulo. El género era artificial y vivía de estos hurtos honestos, no sólo disculpados, sino autorizados por todas las Poéticas de aquel tiempo". —M. Pelayo, Oríg. novel., t. I, pág. cdlxv: "Todo es ingenioso, sutil, discreto en aquellas páginas, que ostentan á veces un artificio muy refinado; pero no hay sombra de melancolía ni asomo de ternura... En la falta de sentimiento Montemayor está á la altura de Sannazaro, aunque la disimula mejor con el arte de galantería, en que era consumado maestro. Y esto explica en parte su éxito: reflejaba el mejor tono de la sociedad de su tiempo; era la novela elegante por excelencia, el manual de la conversación culta y atildada entre damas y galanes del fin del siglo xvi, que encontraban ya anticuados y brutales los libros de caballerías y se parecían por la metafísica amorosa y por los ingeniosos conceptos de los petrarquistas. Montemayor los transportó de la poesía lírica á la novela y realizó con arte y fortuna lo que prematuramente habían intentado los autores de narraciones sentimentales, es decir, la creación de un tipo de novela cuya única inspiración fuese el amor ó lo que por tal se tenía entre los cortesanos... Para la naturaleza no tiene ojos: su novela es mucho menos campestre que la de Sannazaro... Todas estas figuras se mueven, no sólo en un paisaje ideal, sino en una época indecisa y fantástica: son á un tiempo cristianos é idólatras... Esta mezcla de mitología y vida actual, de galantería palaciega y falso bucolismo, es uno de los caracteres más salientes de la novela pastoril". Cervantes le juzgó con demasiada severidad: "Soy de parecer que no se queme, sino que se le quite todo aquello que trata de la sabia Felicia y de la agua encantada y casi todos los versos mayores, y quédesele enhorabuena la prosa y la honra de ser primero en semejantes libros". Cervantes no aplaudía lo maravilloso y poco real, y de los versos alababa los más españoles, que de hecho son los mejores, los cortos, como "heredero de Gil Vicente y de los bucólicos portugueses por su origen; heredero de los salmantinos Juan del Enzina y Cristóbal de Castillejo, por su larga residencia en el reino de León y en la Corte de Castilla, donde todavía tenían muchos partidarios los versos de la manera vieja, las antiguas coplas" (M. Pelayo). "La prosa de Montemayor, añade, es algo lenta, algo muelle; tiene más agrado que nervio; pero es tersa, suave, melódica, expresiva, más musical que pintoresca, sencilla y noble á un tiempo; culta sin afectación, no muy rica de matices y colores, pero libre de vanos oropeles, cortada con bastante habilidad para el diálogo; prosa mucho más novelesca que la prosa poética y archilatinizada de Sannazaro... La Diana ha influido en la literatura moderna (sobre todo en Francia é Inglaterra) más que ninguna otra novela pastoril, más que la misma Arcadia, de Sannazaro, más que Dafnis y Cloe".
Obras de Montemayor: Primera parte de las obras del excellentissimo Poeta y Philosopho mossén Ausias March, sin lugar ni año (Salvá, n. 771); Valencia, 1539; Barcelona, 1543, 1545; Sevilla, 1553; Valladolid, 1555; Barcelona, 1560; Zaragoza, 1562; Madrid, 1579 (con tres cánticas más); Madrid, 1582. Exposición moral sobre el salmo LXXXVI, Alcalá, 1548. Obras, Amberes, 1554; con título de Segundo Cancionero, 2 vols., Amberes, 1558; omitido el tomo de versos devotos por haberse prohibido en 1559, salió sólo el Cancionero de versos profanos, Zaragoza, 1562; Alcalá, 1563; Salamanca, 1571; Alcalá, 1572; Salamanca, 1572; Coimbra, 1579; Salamanca, 1579, "de nuevo emendado y corregido"; Madrid, 1588. La Diana se publicó en Valencia, sin fecha, probablemente entre 1558 y 1559 (Revue Hisp., 1895, página 304); otra edición de Milán, sin fecha; Zaragoza, 1560; Valladolid, 1561; Barcelona, 1561; Cuenca, 1561. "Fueron impresos los siete libros de la Diana, con el Triunfo de Amor, de Petrarca (traducido por Álvaro Gómez de Ciudad Real), y los Amores de Alcida y Silvano (en octavas)", Amberes, 1561; Valladolid, 1562 (con el Triunpho de Amor, de Petrarca, traducido por Álvar Gómez de Ciudad Real), y la Historia de Alcida y Siluano. Con los amores de Abindarraz y otras cosas; Colonia, 1565 (con la Historia de Píramo y Tisbe, etc.); Venecia, 1574 (añadidas 65 octavas ajenas al Canto de Orpheo); Alcalá, 1564; Venecia, 1568; Zaragoza, 1570, con los verdaderos amores del Abencerraje y la hermosa Xarifa. La historia de Alcida y Silvano. La infeliz historia de Píramo y Tisbe. Van también Las Damas Aragonesas, Catalanas, Valencianas y Castellanas, que hasta aquí no avían sido impressas (ejemplar único, en la Bibl. Nac.); Amberes, 1575; Pamplona, 1578; Amberes, 1580; Pamplona, 1582; Venecia, 1585; Madrid, 1586, 1591, 1595, 1599, 1602; Valencia, 1602; París, 1603, 1611 y 1612 (con trad. franc.); Barcelona, 1614; Milán, 1616; Madrid, 1622; Lisboa, 1624; Madrid, 1795; Barcelona, 1886. Texto inglés, de Barnaby, Londres, 1563; de Bartolomew Yong, Londres, 1598.