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Las cien mejores poesías (líricas) de la lengua castellana

Nota de transcripción


LAS CIEN MEJORES POESÍAS

(LÍRICAS)

DE LA LENGUA CASTELLANA


Primera Edición, Agosto 1908. Segunda Edición, Diciembre, 1908. Tercera Edición, Febrero 1910.

LAS

CIEN MEJORES POESÍAS

(LÍRICAS)

DE LA LENGUA CASTELLANA

Escogidas por

DON M. MENÉNDEZ Y PELAYO

Madrid: Victoriano Suárez, 48 Preciados
Lisboa: Ferreira Limitada, 132 Rua Aurea
Paris: A. Perche, 45 Rue Jacob
Lausanne: Edwin Frankfurter, 12 Grand-Chêne
Berlin: Wilhelm Weicher, Haberlandstr. 4
London & Glasgow: Gowans & Gray, Ltd.
1910

ADVERTENCIA PRELIMINAR

Comprende este tomo cien poesías líricas escogidas entre lo mejor de la literatura española antigua y moderna, excluyendo los autores vivos. No se nos oculta la dificultad de esta selección, en que tanta parte puede tener el gusto individual, ni presumimos tanto del nuestro que estemos seguros de haber logrado constantemente el acierto. Hemos procurado, sin embargo, no omitir ninguna de las poesías ya consagradas por la universal admiración, ni dar entrada a ninguna que no tenga a nuestros ojos mérito positivo, aunque no siempre llegue a la absoluta perfección formal. Hay en algunas de estas composiciones rasgos de mal gusto propios de una época o escuela determinada, pero hubiera sido temeridad borrarlos, porque la integridad de los textos es la primera obligación que la crítica impone al colector de toda antología por diminuta y popular que sea.

Hemos prescindido de las poesías anteriores al siglo XV porque exigirían comentario filológico, inoportuno en la ocasión presente. Las pocas que insertamos del siglo XV son de belleza indudable y de fácil lectura para todo el mundo. El mayor espacio de nuestra colección va dedicado naturalmente a la edad de oro de nuestra lírica (siglo XVI y principios del XVII). Se notarán en ella omisiones que nos duelen mucho, pero que eran inevitables dentro de los estrechos límites impuestos a nuestro plan: spatiis exclusas iniquis. Nada hemos puesto de Castillejo, de Acuña, de Valbuena, de Jáuregui, y otros preclaros ingenios, y hemos tenido que reducir a muy pocas muestras el tesoro poético de Góngora, de Lope de Vega y de Quevedo.

Nuestra tarea era relativamente fácil tratándose del siglo XVIII, el mas prosaico de nuestra historia literaria, pero se tornaba dificilísima respecto de la opulenta producción poética del siglo XIX, que sin ser superior a la antigua como lo ha sido en Francia y en otras partes, ha continuado con nuevo espíritu la tradición de las formas líricas, las ha remozado a veces merced al impulso genial de los poetas y al contacto con extrañas literaturas, y ofrece buen numero de obras ya sancionadas por el común aplauso. En esta parte más que en ninguna solicitamos y esperamos indulgencia.

Aunque se titulan líricos los poemas de esta colección, no ha de entenderse esta palabra en sentido tan riguroso que excluya algunas narraciones poéticas breves en que se entremezcla lo épico con lo lírico. Esta salvedad, que a todas las literaturas alcanza, tiene más propio lugar en la castellana, que siempre ha conservado rastros de su origen épico. Por eso incluimos algunos romances antiguos, de los de tono más lírico, y un par de leyendas de los dos grandes poetas románticos Zorrilla y el Duque de Rivas.

El orden en que van colocadas las poesías no siempre es estrictamente cronológico, porque se ha atendido a la sucesión de escuelas y formas artísticas.

M. MENÉNDEZ Y PELAYO

ÍNDICE

PÁGINAS
Romances Viejos
[3.]Romance de Abenámar[18]
[4.]Romance del rey moro que perdió Alhama[20]
[5.]Romance de Rosa fresca[22]
[6.]Romance de Fontefrida[23]
[7.]Romance de Blanca-niña[23]
[8.]Romance del conde Arnaldos[25]
[9.]Romance de la hija del rey de Francia[26]
[10.]Romance de doña Alda[27]
Alcázar (Baltasar del) (1530-1606)
[32.]Una cena[87]
Anónimo
[23.]«No me mueve, mi Dios, para quererte»[67]
Argensola (Bartolomé Leonardo de) (1562-1631)
[39.]«Dime, Padre común, pues eres justo»[104]
Argensola (Lupercio Leonardo de) (1559-1613)
[36.]A la Esperanza[101]
[37.]«Imagen espantosa de la muerte»[103]
[38.]«Llevó tras sí los pámpanos octubre»[104]
Arguijo (Don Juan de) (1567-1623)
[28.]Al Guadalquivir, en una avenida[85]
[29.]La tempestad y la calma[86]
[30.]La avaricia[86]
[31.]«En segura pobreza vive Eumelo»[87]
Arjona (Don Manuel María de) (1771-1820)
[66.]La diosa del bosque[174]
Arolas (Padre Juan) (1805-1849)
[83.]Sé más feliz que yo[276]
Avellaneda (Doña Gertrudis Gómez de) (1816-1873)
[86.]Amor y orgullo[283]
Balart (Don Federico) (1831-1905)
[99.]Restitución[343]
Bécquer (Don Gustavo A.) (1836-1870)
[95.]Rimas. «Del salón en el ángulo oscuro»[327]
[96.]«Cerraron sus ojos»[328]
Bello (Don Andrés) (1781-1865)
[72.]La agricultura de la zona tórrida[199]
Calderón de la Barca (Don Pedro) (1600-1681)
[60.]«Estas que fueron pompa y alegría»[146]
Campoamor (Don Ramón de) (1817-1901)
[89.]¡Quién supiera escribir![296]
[90.]Lo que hace el tiempo[299]
Caro (Rodrigo) (1573-1647)
[34.]A las ruinas de Itálica[92]
Cetina (Gutierre de) (1520-1560?)
[13.]Madrigal[46]
Cruz (San Juan de la) (1542-1591)
[22.]Cántico espiritual...[60]
Espronceda (Don José de) (1808-1842)
[76.]Himno de la Inmortalidad[226]
[77.]Canción del Pirata[228]
[78.]Canto a Teresa[232]
Fernández de Andrada (? - ?)
[35.]Epístola moral[95]
Gallego (Don Juan Nicasio) (1777-1853)
[69.]Elegía a la muerte de la Duquesa de Frías[184]
Gil (Don Enrique) (1815-1846)
[82.]La violeta[273]
Góngora (Don Luis de) (1561-1627)
[48.]Angélica y Medoro[118]
[49.]«Servía en Orán al rey»[123]
[50.]«Entre los sueltos caballos»[124]
[51.]«Ande yo caliente»[128]
[52.]«La más bella niña»[129]
Heredia (Don José María) (1803-1839)
[73.]Niágara[210]
Herrera (Fernando de) (1534-1597)
[26.]Por la vitoria de Lepanto[75]
[27.]Por la pérdida del rey don Sebastián[82]
Jovellanos (Don Gaspar M. de) (1744-1811)
[63.]Epístola de Fabio a Anfriso[162]
León (Fray Luis de) (1529-1591)
[14.]Vida retirada[46]
[15.]A Francisco Salinas[49]
[16.]A Felipe Ruiz[51]
[17.]Noche serena[53]
[18.]Morada del Cielo[56]
[19.]En la Ascensión[57]
[20.]Imitación de diversos[58]
[21.]Soneto[60]
Lista (Don Alberto) (1775-1848)
[67.]Al Sueño[176]
López de Ayala (Don Adelardo) (1828-1879)
[88.]Epístola a Emilio Arrieta[292]
Manrique, Jorge (1440-1478)
[2.]A la muerte del maestre de Santiago...[2]
Maury (Don Juan María) (1772-1845)
[70.]La timidez[193]
Meléndez Valdés (Don Juan) (1754-1817)
[64.]Rosana en los fuegos[168]
Mira de Mescua (Don Antonio) (1578?-1644)
[61.]Canción[146]
Mora (Don José Joaquín de) (1783-1864)
[71.]El Estío[198]
Moratín (Don Nicolás F. de) (1737-1780)
[62.]Fiesta de toros en Madrid[151]
Moratín (Don Leandro F. de) (1760-1828)
[65.]Elegía a las Musas[172]
Núñez de Arce (Don Gaspar) (1834-1903)
[93.]Estrofas[315]
[94.]Tristezas[322]
Palacio (Don Manuel del) (1832-1906)
[100.]Amor oculto[347]
Pastor Díaz (Don Nicomedes) (1811-1862)
[81.]A la luna[269]
Piferrer (Don Pablo) (1817-1848)
[84.]Canción de la Primavera[277]
Polo (Gil) (c. 1535-1591)
[25.]Canción[70]
Querol (Don Vicente W.) (1836-1889)
[97.]Carta al Sr. D. Pedro A. de Alarcón...[331]
[98.]En Noche-Buena...[338]
Quevedo (Don Francisco de) (1580-1645)
[53.]El Sueño[131]
[54.]Epístola satírica y censoria...[134]
[55.]Memoria inmortal de don Pedro Girón...[141]
[56.]«Ya formidable y espantoso suena»[141]
[57.]«Miré los muros de la patria mía»[142]
[58.]Letrilla satírica[142]
Quintana (Don Manuel José) (1772-1857)
[68.]A España, después de la revolución de Marzo[179]
Rioja (Francisco de) (1583-1659)
[33.]A la rosa[91]
Rivas (Duque de) (1791-1865)
[74.]El Faro de Malta[215]
[75.]Un castellano leal[217]
Ruiz Aguilera (Don Ventura) (1820-1881)
[92.]Epístola[310]
Santillana (Marqués de) (1398-1458)
[1.]Serranilla[1]
Sanz (Don Eulogio Florentino) (1825-1881)
[87.]Epístola a Pedro[286]
Selgas (Don José) (1824-1882)
[91.]El Estío[305]
Tassara (Don Gabriel García) (1817-1875)
[85.]Himno al Mesías[279]
Torre (Francisco de la)[1]
[24.]La cierva[68]
Vega (Garcilaso de la) (1503-1536)
[11.]Égloga primera[29]
[12.]A la flor de Gnido[42]
Vega (Lope de) (1562-1635)
[40.]Canción[105]
[41.]«A mis soledades voy»[109]
[42.]«Pobre barquilla mía»[112]
[43.]Judit[116]
[44.]«Suelta mi manso, mayoral extraño»[116]
[45.]«¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?»[117]
[46.]«Pastor, que con tus silbos amorosos»[117]
[47.]Temores en el favor[118]
Villegas (Don Esteban Manuel de) (1596-1669)
[59.]Oda sáfica[145]
Zorrilla (Don José) (1817-1893)
[79.]Introducción a los «Cantos del Trovador»[244]
[80.]A buen juez, mejor testigo[247]

MARQUÉS DE SANTILLANA

1. Serranilla

Moça tan fermosa

Non vi en la frontera,

Como una vaquera

De la Finojosa.

Façiendo la vía

Del Calatraveño

A Sancta María,

Vençido del sueño

Por tierra fragosa

Perdí la carrera,

Do vi la vaquera

De la Finojosa.

En un verde prado

De rosas e flores,

Guardando ganado

Con otros pastores,

La vi tan graçiosa

Que apenas creyera

Que fuesse vaquera

De la Finojosa.

Non creo las rosas

De la primavera

Sean tan fermosas

Nin de tal manera,

Fablando sin glosa,

Si antes sopiera

D’aquella vaquera

De la Finojosa.

Non tanto mirara

Su mucha beldat,

Porque me dexara

En mi libertat.

Mas dixe: «Donosa

(Por saber quién era),

¿Dónde es la vaquera

De la Finojosa?...»

Bien como riendo,

Dixo: «Bien vengades;

Que ya bien entiendo

Lo que demandades:

Non es desseosa

De amar, nin lo espera,

Aquessa vaquera

De la Finojosa

JORGE MANRIQUE

2. A la muerte del maestre de Santiago
don Rodrigo Manrique, su padre

Recuerde el alma dormida,

Avive el seso y despierte

Contemplando

Cómo se pasa la vida,

Cómo se viene la muerte

Tan callando:

Cuán presto se va el placer,

Cómo después de acordado

Da dolor,

Cómo a nuestro parescer

Cualquiera tiempo pasado

Fue mejor.

Y pues vemos lo presente

Cómo en un punto es ido

Y acabado,

Si juzgamos sabiamente,

Daremos lo no venido

Por pasado.

No se engañe nadie, no,

Pensando que ha de durar

Lo que espera

Más que duró lo que vio,

Porque todo ha de pasar

Por tal manera.

Nuestras vidas son los ríos

Que van a dar en la mar,

Que es el morir;

Allí van los señoríos

Derechos a se acabar

Y consumir;

Allí los ríos caudales,

Allí los otros medianos

Y más chicos;

Allegados, son iguales

Los que viven por sus manos

Y los ricos.

Invocación

Dexo las invocaciones

De los famosos poetas

Y oradores;

No curo de sus ficciones,

Que traen yerbas secretas

Sus sabores.

A aquél solo me encomiendo,

Aquél solo invoco yo

De verdad,

Que en este mundo viviendo,

El mundo no conoció

Su deidad.

Este mundo es el camino

Para el otro, qu’es morada

Sin pesar;

Mas cumple tener buen tino

Para andar esta jornada

Sin errar.

Partimos cuando nacemos,

Andamos mientras vivimos,

Y llegamos

Al tiempo que fenecemos;

Así que cuando morimos

Descansamos.

Este mundo bueno fue

Si bien usásemos d’él

Como debemos,

Porque, según nuestra fe,

Es para ganar aquel

Que atendemos.

Y aún el Hijo de Dios,

Para subirnos al cielo,

Descendió

A nacer acá entre nos,

Y vivir en este suelo

Do murió.

Ved de cuán poco valor

Son las cosas tras que andamos

Y corremos;

Que en este mundo traidor

Aun primero que muramos

Las perdemos.

D’ellas deshace la edad,

D’ellas casos desastrados

Que acaescen,

D’ellas, por su calidad,

En los más altos estados

Desfallescen.

Decidme: la hermosura,

La gentil frescura y tez

De la cara,

La color y la blancura,

Cuando viene la vejez

¿Cuál se para?

Las mañas y ligereza

Y la fuerça corporal

De juventud,

Todo se torna graveza

Cuando llega al arrabal

De senectud.

Pues la sangre de los godos,

El linaje y la nobleza

Tan crecida,

¡Por cuántas vías e modos

Se pierde su gran alteza

En esta vida!

¡Unos por poco valer,

Por cuán bajos y abatidos

Que los tienen!

Otros que por no tener,

Con oficios no debidos

Se mantienen.

Los estados y riqueza

Que nos dexan a deshora

¿Quién lo duda?

No les pidamos firmeza,

Pues que son de una señora

Que se muda.

Que bienes son de fortuna

Que revuelve con su rueda

Presurosa,

La cual no puede ser una,

Ni ser estable ni queda

En una cosa.

Pero digo que acompañen

Y lleguen hasta la huesa

Con su dueño;

Por eso no nos engañen,

Pues se va la vida apriesa

Como sueño:

Y los deleites de acá

Son en que nos deleitamos

Temporales,

Y los tormentos de allá

Que por ellos esperamos,

Eternales.

Los placeres y dulçores

D’esta vida trabajada

Que tenemos,

¿Qué son sino corredores,

Y la muerte es la celada

En que caemos?

No mirando a nuestro daño

Corremos a rienda suelta

Sin parar;

Des que vemos el engaño

Y queremos dar la vuelta

No hay lugar.

Si fuese en nuestro poder

Tornar la cara fermosa

Corporal,

Como podemos hacer

El alma tan gloriosa

Angelical,

¡Qué diligencia tan viva

Tuviéramos cada hora,

Y tan presta,

En componer la cativa,

Dexándonos la señora

Descompuesta!

Estos reyes poderosos

Que vemos por escripturas

Ya pasadas,

Con casos tristes, llorosos,

Fueron sus buenas venturas

Trastornadas;

Así que no hay cosa fuerte;

Que a Papas y Emperadores

Y Perlados

Así los trata la muerte

Como a los pobres pastores

De ganados.

Dexemos a los Troyanos,

Que sus males no los vimos,

Ni sus glorias;

Dexemos a los Romanos,

Aunque oímos y leímos

Sus historias.

No curemos de saber

Lo de aquel siglo pasado

Qué fue d’ello;

Vengamos a lo de ayer,

Que también es olvidado

Como aquello.

¿Qué se hizo el Rey Don Juan?

Los Infantes de Aragón

¿Qué se hicieron?

¿Qué fue de tanto galán,

Qué fue de tanta invención

Como truxeron?

Las justas e los torneos,

Paramentos, bordaduras

E cimeras,

¿Fueron sino devaneos?

¿Qué fueron sino verduras

De las eras?

¿Qué se hicieron las damas,

Sus tocados, sus vestidos,

Sus olores?

¿Qué se hicieron las llamas

De los fuegos encendidos

De amadores?

¿Qué se hizo aquel trovar,

Las músicas acordadas

Que tañían?

¿Qué se hizo aquel dançar

Y aquellas ropas chapadas

Que traían?

Pues el otro su heredero,

Don Enrique ¡qué poderes

Alcançava!

¡Cuán blando, cuán alagüero

El mundo con sus placeres

Se le daba!

Mas verás cuán enemigo,

Cuán contrario, cuán cruel

Se le mostró,

Habiéndole sido amigo,

¡Cuán poco duró con él

Lo que le dio!

Las dádivas desmedidas,

Los edificios reales

Llenos de oro,

Las vajillas tan fabridas,

Los enriques y reales

Del tesoro;

Los jaeces y cavallos