Proceso del
Dr. José Rizal Mercado y Alonso
Con
Notas, Apendices é Ilustraciones
Por
Epifanio de los Santos Cristobal
C. de la Real Academia de la Historia.
Manila
Imprenta “Cultura Filipina”
Cabildo, 191.—Intramuros.
1914.
Del mismo autor
Marcelo H. del Pilar.—Estudios biográfico-crítico.
Literatura Tagala.—Conferencia.
Wenceslao E. Retana.—Ensayo crítico.
Algo de Prosa.—Cuentos y paisajes filipinos.
Cinco notas al capítulo octavo de los “Sucesos de las Islas”, del Dr. Antonio de Morga.
Filipinos y Filipinistas.
Los orígenes de la Imprenta Filipina.—Informe.
Emilio Jacinto.—Ensayo crítico.
Report.—por Clemente J. Zulueta.
Cartas familiares del Dr. Rizal.
El Teatro Tagalo.—Discurso.
Escritos inéditos del Dr. José Rizal.
Influencia de la poesía castellana en la indígena de Filipinas.
Trinidad H. Pardo de Tavera.—Ensayo crítico.
Ignacio Villamor.
Nuestra literatura á traves de los siglos.
Proceso
Del
Dr. José Rizal Mercado y Alonso
Año 1913.
Notas Bibliográficas.
El proceso, los apéndices y las ilustraciones son de suyo tan elocuentes que huelga ciertamente todo comentario. Algunas notas bibliográficas, sin embargo, informatorias de la procedencia de los mismos y que los autentiquen son necesarias para la información de los profesionales, de los filipinistas y de los filipinólogos.
«Para facilitar aún más la tramitación de los procesos, dispuse, escribe el General Blanco, por providencia autorizada, la división de esas grandes causas en piezas que, distribuídas á jueces distintos, pudiesen terminarse y fallarse con la rapidez conveniente á la pronta y saludable ejemplaridad de la pena.» La causa fundamental del Katipunan, según el Auditor, acusaba mil quinientas diez fojas, distribuídas en siete piezas, y los encartados excedían de cuatrocientos cincuenta. De aquí que se descartase lo referente al Dr. Rizal, formándose la pieza separada que hoy publicamos.
Según la nota de la página tres, el proceso de Rizal procedió del Archivo de Segovia y fué á parar en el del Ministerio de la Guerra de Madrid, España, donde Retana, por encargo nuestro, sacó copia. Esta copia es prácticamente íntegra, El testimonio de los cargos que le resultan al Dr. Rizal y las citas de las declaraciones prestadas por Pío Valenzuela y otros (folios 12 al 19) que se omiten, podrá verlos el lector en el resumen del Juez Instructor (folios 33 al 38). Ciertas diligencias sólo se indican, cuando son de mera fórmula. Avaloran esta copia notas y observaciones del Sr. Retana que importan á todo investigador.
Los Estatutos de la Liga Filipina [[Apéndice A]], son copia del original que obra en poder de D. Mariano Ponce. En el ángulo superior derecho de la primera página del original de Estatutos dibujó el Dr. Rizal un monograma á modo de insignia, pero que no llegó á adoptarse. El extracto impreso, bilingüe, de los Estatutos es todavía más importante, porque es lo que realmente usaron los afiliados á la Liga, especialmente el texto tagalo, antes de afiliarse. Aunque el pie de imprenta dice London, realmente, como todos los que llevan el mismo pie de imprenta, se estampó en Hong-Kong. Retana en su Vida de Rizal (página 236 al 241), trae únicamente el texto castellano, y lo mismo la versión inglesa hecha por James A. Robertson en The Philippine Islands 1493–1898 [LII, páginas 217 al 226], que vierte únicamente el texto castellano.
Las Diligencias [[Apéndice B]] instruídas contra Pablo Mercado proceden directamente del General Blanco quien las remitió á Retana, que sacó la copia que publicamos, y á las que se refiere en su carta siguiente, cuya parte subrayada, hace el facsímil N.o 1,
Madrid, 14 Eno. 1906.
Sr. Dn. Wenceslao E. Retana
Muy Sr. mío y estimado amigo: la circunstancia de venir su grata de V. de 30 de Nov. e, dentro del tomito de «La venganza de Fajardo» q. tardé muchos días en hojear pr. hallarme enfermo, ha sido causa de que no me haya enterado de ella ni la haya por consiguiente contestado, rogando á V. me dispense esta involuntaria falta.
Mucho me satisface el que haya V. encontrado curiosos é interesantes los documentos q. le he enviado. Tengo más; pero entre el océano de papeles q. he ido guardando durante tantos años no me entiendo ya y no encuentro los q. busco, porque tampoco ayuda la cabeza que no me permite como en otro tiempo trabajar mentalmente mucho tiempo: ya V. lo ve.
De todos modos yo quisiera conservar mientras viva los que poseo y pueda poseer; pero V. podrá sacar copia de todos los q. quiera devolviéndome los originales tomándose para este trabajo de copia el tiempo que necesite y autorizándole también para citarlos públicamente como míos si le conviene.
Y termino esta ya larga misiva felicitando á V. pr. su propósito de imprimir un libro, que aunque ya á destiempo, puede servir de enseñanza y escarmiento á los que no saben ó no quieren convencerse de que no es pr. el castigo y la violencia como se gobiernan los pueblos en el siglo XX: con el Canal de Suez llegaron á Filipinas auras de libertad y de progreso que en vano quisimos contener, en lugar de encauzarlas y dirijirlas: y la marmita reventó, naturalmente pr. una Ley física, imposible de contrarestar.
Perdóneme estas filosofías y sabe puede mandar á su atento amigo affmo. s. s.
q. b. s. m.
Ramon Blanco
Hé aquí la carta autógrafa de Luis Taviel de Andrade, cuya parte subrayada hace el facsímil N.o 1.
9 Dbre. 1905.
Sr. Don W. E. Retana
Mi distinguido amigo. Mil gracias por su felicitación y crea que lo mismo le deseo en el venidero año que promete ser pródigo en disturbios á juzgar por el princípio; allá veremos.
V. no me molesta jamás y puede hacerme cuantas preguntas quiera, que puede tener la seguridad que le serán contestadas con prontitud y completa sinceridad.
Mis respuestas á sus últimas son las siguientes:
Rizal jamás creyó fuese sentenciado á la última pena, y su asombro se comprobó ante el Consejo: después de ésto en mi opinión si no dejó de concebir esperanzas (pues ¿quien no las tiene?) de indulto, creo que eran casi borradas, pues se hizo cargo de su verdadera situación y se preparó á bien morir. Insisto que aparte de la poca esperanza que pudiera tener murió como un bravo, cayendo boca arriba, de donde fué recogido después de visto por todos los concurrentes (que fueron muchos) en un coche mortuorio, disponiendo el Gobernador Civil (Manuel Luengo) su traslación. Se ignora (creo que fué la fosa común) el sitio, para que durmiera el sueño de los justos en el mayor olvido de sus compatriotas. A muchos ví que con iguales motivos era preciso cojerlos á puñados para ponerlos en el sitio del suplicio.
Las gestiones que para su indulto hicieron creo que pocas ó ninguna pues en aquella época de terror era indispensable mucha sangre para aplacar los ánimos (estos comentarios los hago con toda reserva pues no debo ser yo quien juzgue la conducta de aquellos prohombres). Sí le diré que el General Blanco se opuso con toda su energía al fusilamiento y que no lo llevó á efecto á pesar de las reiteradas órdenes del Gobierno: su sucesor se encargó de lo demás.
Le indicaré al auditor general Peña que podrá ilustrarle ese punto que desea saber pues se encontraba á la sazón, por aquel entonces desempeñando el cargo de auditor general. Creo que se encuentra en esa y le será fácil ponerse al habla con él.
Disponga de su affmo. amigo s. s. q. s. m. b.
Luis Taviel de Andrade.
La carta, autógrafa de Fr. Matías Gómez, interesantísima y que no tiene precio para todo investigador de cuestiones filipinas, se la debemos á la generosa bizarría del P. Aglipay, que la halló entre los papeles del que fué Cura Párroco de Malasiqui, Pangasinán, en 1898.
El apéndice C., ó sea la Memoria dirigida al Ministerio de Ultramar (21 Abril 1898) por los «Superiores de las Corporaciones de Agustinos, Franciscanos, Recoletos, Dominicos y Jesuitas establecidas en Filipinas»... es reproducción de un ejemplar impreso, igual al descrito bajo el núm. 3991 en el Aparato de Retana (III, página 1399). Nuestro ejemplar es primera reproducción del impreso hecho en Manila; un ejemplar de este último posee hoy la Philippine Library de Manila. La segunda, se describe bajo el núm. 1862 en la Biblioteca Filipina de Vindel. Una versión inglesa de esta Memoria hallará el lector en The Philippine Islands 1493–1898 (LII, páginas 227 al 286). Después de las firmas, léese al pie de esta versión la siguiente advertencia:
«Notice. Because of the impossibility, due to the length of this exposition, of drawing up the copies necessary for the archives of each corporation, it has been agreed by the respective superiors to print an edition of fifty copies, ten for each corporation, which are destined for the purpose stated above.
Collated faithfully with its original, and to be considered throughout as an authentic text. In affirmation of which, as secretary of my corporation and by the order of my prelate, I sign and seal the present copy in Manila, April 21, 1898.
Fr. Francisco Sadaba del Carmen,
secretary-provincial of the Recollects.
There is a Seal that says: «Provincialate of the Recollects.»
Antes de esta versión inglesa, hízose otra, parcial é inadecuada, por Ambrose Colman, O. P., publicada en Rosary Magazine, 1900. James A. Robertson dice que esta memoria «is one by those who are fighting for life, and who see dimly ahead the fate that may overtake them (obra citada, página 25), James A. LeRoy, refiriéndose á esta versión de Robertson, dice lo siguiente:
«The chronological record of Spanish rule is very appropriately closed with a document of the religious orders, which had from the first been at the forefront in this history; it is the memorial signed by the four Philippine orders that had figured in the political controversy and by the Jesuits and addressed to the Colonial Minister at Madrid (but never formally presented) on the eve of the outlook of war in 1898 and just before Dewey's ships sailed from Hong-kong. Those who believe that the friars' mission in the Philippines was over will find confirmation of that view in the arrogant tone and intolerant viewpoint of this message, a veritable gauntlet of defiance flung down before the Liberal administration at Madrid. But it is an eloquent defense of the friars' record in the Philippines, nevertheless, and a fine piece of rhetoric. Though the translation is faulty in places, it makes available a document practically unknown heretofore», [The American Historical Review, núm. de Oct., 1908, págs. 159 y 160.]
Tal era el ambiente de entonces, 1896–97, en que ser masón, librepensador ó reformista, era lo mismo que ser filibustero y antiespañol. Y aunque los hechos depusieren lo contrario, no habría remisión. El P. Pablo Pastells mismo, amigo de Rizal, jesuita de los muy liberales, escribía á Retana con respecto á Rizal lo siguiente:
....«Y para refutar sus ideales filibusteros, entre otras, le propuse la demostración de éstas dos tesis: El separatismo es imposible en la ejecución; insostenible en la práctica: y en último resultado contraproducente. Unida á España, recorrerá triunfante Filipinas la senda del verdadero progreso; separada, precipitaráse en el caos de la anarquía, de la esclavitud y del salvajismo. Rehuyó siempre Rizal, á pesar de mis reiteradas instancias y retos, entablar conmigo discusión alguna por escrito sobre este último extremo [del separatismo] por no juzgarse con la independencia necesaria para emitir su pensamiento, durante la deportación, sobre aquel punto. Así fué que nuestra polémica hubo de circunscribirse solamente al asunto religioso. Aproveché este cabo; harto sabía yo que reducido Rizal á la Religión Católica, la cuestión de españolismo se hubiese ventilado luego con mayor facilidad, como consecuencia de sus principios y deberes religiosos».... [Carta de 6 de Enero, 1897].
En otra carta, de 19 del mismo mes y año, sienta la siguiente doctrina: «El error ó herejía de nuestros días, sabe V. muy bien que consiste en emancipar la política de la moral y de la Religión; como si el Dios de la Religión no fuese al propio tiempo el Dios de la Sociedad. Cuando Rizal lamentó que Pañganiban no hubiese podido dar su sangre por la causa, lamentablemente mal lo hizo; si él ofreció otro tanto, no pudo ofrecerlo; y por lo tanto, debió no cumplirlo; y no cumpliéndolo supo hacer lo que debía. Nadie puede rebelarse en conciencia contra la autoridad legítimamente constuída, nos lo dice San Pablo. No hay autoridad que no dimane de Dios; el que resiste á la potestad, resiste á la ordenación de Dios, y los que la resisten adquieren para sí la condenación».
Estas ideas, adicionadas y desarrolladas convenientemente, se exponen con un muy sutil razonamiento, y entonación valiente y solemne, un la Memoria de las Corporaciones religiosas de Manila. En ella se contestan ciertas acusaciones de Blanco ante el Parlamento español.
Ciertamente, Blanco en su Memoria al Senado (1897) transcribe, en los apéndices (págs. 190 al 195), tanto el Oficio del M. R. P. Provincial de Dominicos como el suyo contestando al del Provincial, y donde, de paso, formula graves cargos contra los religiosos, cargos que no recibieron réplica, añade Blanco, aparte otras insinuaciones irónicas que éste ingirió en el cuerpo de su trabajo, referentes á los agustinos Eduardo Navarro y Mariano Gil, cuyo retrato, el de este último, al hacerlo campear como trofeo de gloria en el centro del periódico El Español, hízolo con daño de su sagrado carácter de sacerdote.
Hélos á continuación:
Oficio del M. R. P. Provincial de Dominicos.
Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas de la Orden de Predicadores.—Excmo. Sr.: Las noticias que del Padre Vicario Provincial y de otros párrocos de mi Corporación en Cagayán recibo acerca del estado grave en que se encuentra dicha provincia, son, dada la excepcional situación por que atraviesa el archipiélago, de tal importancia, que creo un deber ponerlas en conocimiento de V. E., por si en su elevado criterio juzga conveniente tomarlas en consideración.—Efectivamente, en dicha provincia hay, como debe constar en ese Gobierno general, por lo menos dos logias masónicas y separatistas: una en Aparri y otra en Tuguegarao: aquella compuesta, según referencias de gran crédito, de más de 80 individuos principales de la localidad y de influencia en Cagayán, todos ellos dispuestos, así como los de Tuguegarao, á levantar la provincia en cuanto reciban indicaciones de sus ignorados y misteriosos Jefes, con lo cual conseguirán establecer un nuevo y apartado foco de insurrección que distraiga nuestras tropas y les facilite más la consecuencia de sus malvados intentos: Se dice que en las costas próximas al puerto de San Vicente ha habido alijos de armas; que los negritos flecheros de los montes de Cabo Engaño están convenidos con los laborantes de Aparri para bajar sobre los pueblos cuando se les llame, con objeto de coadyuvar á la rebelión; que en dicho Aparri tienen ya los laborantes, en sus casas ó en las de sus dependientes, armas dispuestas para el caso de la sublevación; que se vió hace tiempo en aguas de dicho cabo un vapor sospechoso, del que se cree hizo alijo de armas, pues se halló en el bosque inmediato á la playa un bote sin quilla, de estructura no acostumbrada allí, con 10 remos, á propósito para acercarse mucho á tierra, el cual bote lo recogieron los señores Astigarraga, madereros de aquella comarca, coincidiendo ésto con la boya que se recogió en las costas de Palanan y con los frecuentes viajes que en bancas, dichas allí taculis, hacía la gente del Sr. Macanaya, muy tildado de laborante, doblando el Cabo Engaño sin motivo racional que explique dichos viajes.—A esto se agrega que el Gobernador civil de la provincia, á pesar de las repetidas veces que se le han expuesto estas noticias, y no dando importancia á los clamores de la colonia peninsular, no ha tomado medida alguna para impedir cualquier movimiento en la provincia, no ha recogido las armas á las personas tildadas y se ha negado á gestionar eficazmente el armamento de los peninsulares, que se lo pedían con insistencia. Unido ésto á que él mismo, según referencias, se ha confesado masón, y, por lo tanto, no puede estar á la altura de las presentes circunstancias; á que no se pone de acuerdo con el elemento peninsular, ni se entiende para nada con los párrocos, y, en cambio, en comunicaciones, pidiendo nombres de sospechosos, se dirige solo á un Capitán municipal como el de Aparri, D. Pedro Alvarado, conocido masón, motiva gran desconfianza y fomenta la intranquilidad y los temores en la provincia, de suerte que algunas familias de los peninsulares y extranjeros han abandonado la cabecera y refugiádose en Aparri para más fácilmente coger un vapor que los ponga á salvo.—Añádase á ésto que, hallándose tan lejos del centro de las islas esta provincia, y pudiendo fácilmente los separatistas, que son allí ricos é influyentes, en el triste caso de ocurrir un movimiento, cerrar la barra de Aparri, la insurrección se extendería por todas las provincias del Valle, se nos impediría la entrada por mar á aquellas vastas y ricas comarcas, á las que por otro lado tan fácil es que de las costas del Japón ó del Norte de América se verifiquen desembarcos de armas, como se han verificado ya en otras partes del archipiélago. Llegado este caso, no inverosímil, y que debe prevenirse, la pacificación de Cagayán resultaría sumamente difícil y costosa, cuando no imposible.—Noticias son éstas de cuya certidumbre, en cuanto á los detalles, atendida la índole de las mismas y el secreto con que los laborantes trabajan, no se puede responder, pero que demuestran desde luego que en Cagayán hay elementos que se agitan contra la madre Patria, aunque la masa de la población es fiel y leal, razón de más para que á tiempo se tomen precauciones que imposibiliten su defección; que en esta provincia, por su distancia de Manila, por la extensión de su territorio y de sus costas, es mayor y más temible el peligro que en otras partes, y que el actual Gobernador Civil de la misma, según la opinión general, dado su proceder hasta el presente, no reune condiciones para impedir que la rebelión levante su cabeza.—El envío á las provincias del Valle de algún cañonero que guarde la barra del Ibanang y vigile las costas para evitar desembarcos muy posibles de armas, y á la vez de una compañía de soldados que se sitúen en Aparri, Tuguegarao é Ilagan, puntos céntricos de aquel territorio; el adoptar disposiciones de cierto rigor, suavizado por la prudencia, para contener los trabajos de los laborantes, privándoles de los medios de conspirar y rebelarse, y el nombramiento de un Secretario del Gobierno de la misma, porque la persona que ahora tiene dicho cargo, por sus ideas y proceder, no es el más á propósito para estos momentos de prueba, son medidas que la opinión de los Padres y de los peninsulares de aquella comarca reclaman, pero que el Provincial que suscribe no se atreve á pedir á V. E., concretándose á manifestárselo, por si las creyera dignas de tomarse en cuenta y dispusiera de medios bastantes para realizarlas.—Es cuanto, en previsión de lo que ocurrir pudiera en la provincia de Cagayán, y haciéndome eco de los informes que sobre la misma tengo, debo manifestar á V. E.—Dios, etc.—Manila, 24 de Noviembre de 1896.—Excmo. Sr. F. Bartolomé Alvarez del Manzano, Provincial de Dominicos.—Excmo. Sr. Gobernador Capitán General de Filipinas.
Oficio del Gobernador General al M. R. P. Provincial de Dominicos.
Gobierno general de Filipinas.—Recibo la atenta comunicación de V. R., fecha 24 del corriente, en la que, con referencia á los informes del Rvdo. P. Vicario Provincial y de otros párrocos de su respetable corporación en Cagayán, se sirve darme noticia del estado en que se encuentra aquel territorio, que, dada la excepcional situación por que atraviesa el archipiélago, considera gravísimo, creyendo de su deber ponerlo en mi conocimiento.—Esta es la primera vez que recibo de V. R., ni de ningún otro Padre Provincial de las distintas órdenes religiosas comunicación oficial alguna relativa á asuntos políticos del archipiélago, á pesar del indiscutible derecho que para hacerlo les asiste, no solo por el conocimiento que del país deben tener, y tienen indudablemente, sino por las funciones que en la administración de estas provincias se les señala tradicionalmente.—Por cierto, Rvdo. P. Provincial, y le ruego me dispense esta pequeña digresión, que si en vez de valerse de la crítica, de la murmuración y de la pública censura, se valieran las comunidades religiosas de ese medio, que siempre tienen expedito, y que, además de ser perfectamente legal, es natural y lógico, ganarían mucho, á no dudarlo, el gobierno de estos pueblos, el principio de autoridad, en cuyo desprestigio nada va ganando tampoco el elemento religioso, y el buen nombre de las mismas corporaciones, que tan alta deben conservar en todo tiempo su secular y bien cimentada reputación de virtud y nobleza.—Consecuente con esos principios, y agradecido, como no puedo menos de estarlo, de los avisos y apreciaciones contenidos en el escrito de V. R., reitero las órdenes que tengo ya comunicadas para extremar la vigilancia en la provincia de Cagayán, prevengo á la Comandancia general de la escuadra la necesidad de enviar á aquellas costas un cañonero que las vigile y guarde la barra del Ibanang, siendo grato para mí, en cuanto á este asunto se refiere, manifestarle que la boya por allí no hace mucho aparecida se cree fuese una fondeada y perdida en un temporal por el cuerpo de Obras Públicas, que la situó cerca del faro para facilitar el servicio de los vapores que aprovisionaban á los torreros.—Así mismo me propongo enviar á Cagayán un fuerte destacamento que, convenientemente distribuído y colocado, asegure el orden en el territorio, inspirando confianza á sus honrados y leales habitantes.—Por lo que toca al actual Gobernador de la provincia, habían llegado ciertamente hasta mí rumores poco favorables; pero las noticias que V. R. me comunica, la opinión que tanto á V. R. como á los demás Padres de la provincia merece, y la filiación masónica que se le atribuye, gravísima siempre, pero mucho más en estas circunstancias, son motivos más que suficientes para relevarle de su cargo, como me propongo también hacerlo muy en breve.—Lo digo á V. R. como resultado de su precitado oficio, esperando no será ésta la única vez en que me haga presente cuanto al mejor servicio del Estado crea oportuno y conveniente, seguro de que por mi parte he de atenderlo siempre con el interés y la preferencia que merece su respetable origen.—Dios, etc.—Manila, 27 de Noviembre de 1896. Ramón Blanco.—M. R. P. Provincial de Dominicos.—Manila.
Dice Blanco que las concertadas calumnias contra él adquirieron carácter de delirium tremens poniendo de relieve la falta de sentido moral de sus enemigos, porque no había querido fusilar á diestro y siniestro conspiradores grandes y opulentos, sino desgraciados, sin nombres, sin bienes y sin carácter; hombres obscuros y desconocidos. «¿Qué tenía que ver yo, decía, autoridad judicial, con que fuesen ricos ó pobres ó que tuviesen ésta ó la otra figura? ¿Había que suspender el fallo de estas causas contra personas poco acomodadas, hasta que pudieran fallarse las de las bien acomodadas? ¿Ó coger á éstas, que es á lo que al parecer se tendía, y fusilarlas gubernativamente sin más forma de proceso, cosa que yo no podía, ni debía, ni estaba dispuesto á hacer? ...»
«La misión de la autoridad en estos casos es, á mi juicio, bien clara. Castigar duramente á los traidores convictos de su crimen, nunca sacrificar sin pruebas ni sentencia á los que acuse la pasión ó el estravío de entusiasmos ardientes, que pueden ser hasta nobles, pero equivocados en sus juicios. Para ciertas gentes las pruebas de carácter y de energía se dan fusilando á diestro y siniestro, á gusto del público, que suele ser apasionado, cuando es precisamente lo contrario: la energía se demuestra resistiendo todo género de imposiciones, y esa más que ninguna. Fusilar, es muy fácil; lo difícil es no fusilar.»
«Si en algo debe una autoridad extremar el severo cumplimiento de la ley es en la recta administración de justicia, que nunca ni por nada debe torcerse.» [págs. 65 y 68, de su Memoria]
Y porque no quiso dar cebo ni pasto á la opinión conjurada, fué relevado. «Bien pueden estar satisfechos y orgullosos—termina—los conjurados. Su triunfo ha sido completo y pueden vanagloriarse de haber derribado á un Gobernador y Capitán General de Filipinas mandando su Ejército frente al enemigo; pero yo daré por bien empleada mi horrible mortificación, mi sufrimiento y, ¿por qué no decirlo?, hasta la vergüenza, que aún ahora mismo me enrojece el rostro, si esa humillación sirve de ejemplo para que no se repitan nunca más hechos parecidos.» (pág. 78)
Polavieja, pues, fué la concesión á la opinión conjurada; y á lo que se negó Blanco, hízolo Polavieja: fusilar á Rizal. Porque, de no hacerse así, como dijo Cánovas á Pí y Margall, ¿«quién pondría entonces el cascabel al gato?». Había tal fiebre patriótica que el desvarío fué no más que consecuencia de estado tan morboso. Quizás, Jesús, previendo cosas por el estilo en las convulsiones sociales, dijo á sus discípulos: «Va á venir tiempo en que quien os matare, se persuada hacer un obsequio á Dios.» Tan terrible verdad, sobre todo, cuando median fanatismo, interés ú odios de raza, no debe olvidarla el historiador. Es propio del espíritu humano, escribe Federico el Grande, que los ejemplos no corrijan á nadie; las tonterías de los padres no enmiendan á los hijos; es necesario que cada generación haga las suyas. Y la generación de aquella aciaga época tuvo que pagar su escote á verdad tan humana.
Justo es declarar que hubo entonces espíritus serenos, imparciales. Blanco en primer término, y luego los hermanos Andrade y algún otro más. Polavieja mismo, á costa de dolorosísima experiencia, convencióse de su error y del de la situación que le trajo á las Islas, y dijo, á su regreso á España, lo que tanto deplora Fr. Matías Gómez: que los Religiosos no conocen el país ni al indio. «La verdad es, informó Blanco, que nadie sabía más, ni aún siquiera tanto como yo.»
Con la lección de los acontecimientos posteriores ¿no habría sido mejor haber seguido las indicaciones de Sinibaldo de Más, quien en 1842 propuso al Gobierno español medios tendentes á emancipar las Islas?
«Para conseguir este fin [de resolver la emancipación de Filipinas y prepararla para darle la libertad] se hace necesario adoptar un sistema cuasi diametralmente opuesto al primero [de retención perpetua de las Islas]. El objeto principal debe ser el que no se derrame sangre, que las relaciones de amistad y de comercio con la España no se interrumpan, que los españoles europeos que en ella se encuentra no pierdan sus bienes muebles ó inmuebles, y sobre todo que nuestra raza allí, los españoles filipinos, conserven sus haciendas y los derechos de naturalización y queden libres de la desgraciada suerte que les amenaza y aún que inevitablemente les espera, si se separa violentamente y en este momento la colonia. Es preciso fomentar la instrucción pública por todos los medios posibles, permitir periódicos sujetos á una liberal censura, establecer en Manila un colegio de medicina, cirujía y farmacia: romper las vallas que dividen las razas, amalgamándolas todas en una, á cuyo fin se admitirán para cadetes de los cuerpos militares, con perfecta igualdad á españoles del país, mestizos chinos y filipinos: se abolirá la contribución del tributo personal, ó se impondrá uno igual y general, al que estarán sujetos todos los españoles; este último plan me parece más conveniente por hallarse la capitación ya establecida y no ser oportuno hacer prueba de contribuciones nuevas cuando se trate de dejar al país que se gobierne por sí mismo. Como el tributo actual no es igual, se tomará el promedio y se fijará por consiguiente, á quince ó diez y seis reales por tributo entero, ó sea un peso fuerte anual para cada persona adulta tributante: este arreglo producirá un aumento en las rentas de 2 á 300,000 pesos fuertes, cuya suma se consagrará á dar impulso á la mezcla de las razas, protegiendo los matrimonios cruzados por medio de dotes concedidos á las solteras de este modo. A una mestiza china que se case con un filipino 100 ps. fs.; á una filipina que se case con un mestizo chino 100 ps. fs.; á una mestiza china que se case con un español 1,000 ps. fs.; á una española que se case con un mestizo chino, 2,000 ps. fs.; á una filipina que se case con un español 2,000 ps. fs.; á una española que se case con un principal filipino, 3 ó 4,000 ps. fs. Se nombrarán algunos alcaldes mayores de provincia mestizos y filipinos; se mandará que cuando un principal filipino vaya á casa de un español le dé asiento como á su igual, en fin, por éstos y otros medios se borrará de la mente de los naturales la idea de que ellos y los castilas son dos clases de gentes distintas, y se emparentarán las familias de tal modo que cuando libres del dominio castellano quisiesen algunos exaltados filipinos expulsar ó esclavituar á nuestra raza la hallasen tan entrelazada con la suya propia, que fuese su proyecto materialmente impracticable.
Al cabo de algunos años cuando esté la población desbastada suficientemente, se formará una asamblea de diputados del pueblo para que celebre sesiones en Manila durante dos ó tres meses cada año, en las cuales se tratará de los negocios públicos, particularmente de las contribuciones y presupuestos; y después de algún tiempo de tal educación política se podrá sin temor retirar nuestro gobierno, fijando antes el que haya de quedar establecido, que probablemente sería alguna Constitución análoga á las de Europa, con un príncipe real al frente escojido de entre nuestros infantes.
Mi tarea está concluída. Cual de los planes arriba analizados sea más justo ó conveniente seguir, no me toca á mí recomendar cuanto menos proponer.
Añadiré, sin embargo, una página para emitir mi opinión como individuo de la nación española. Si yo hubiese de elegir votaría por el último. No sé qué beneficios hayamos reportado de las colonias: la despoblación, la decadencia de las artes y la deuda pública nos vienen en gran parte de ellas. El interés de un Estado consiste, á mi modo de ver, en tener una población densa y bien educada; y no hablo solamente de educación literaria ó política, sino de aquella general que hace á cada uno perfecto en su oficio, quiero decir de aquella que constituye á un ebanista, tejedor, ó herrero, el mejor ebanista, tejedor, ó herrero posible. El mayor ó menor número de máquinas es en nuestro siglo un termómetro cuasi seguro para conocer el poder de los imperios.
Una colonia no puede ser útil sino con el fin de llenar alguno de estos tres objetos. Hacer de ella un país tributario para aumentar la renta de la metrópoli; (como efectúa la Holanda por medio de un sistema compulsivo y exclusivo); erigirla en segunda patria y sitio de emigración para la población sobrante (como son más particularmente la Australia, Van-Diemen y Nueva Zelandia); en fin procurarse en ella una plaza para espender productos de la fábricas nacionales (que es el principal blanco de los establecimientos ultramarinos modernos). Para el primero ya hemos visto que las Filipinas son un pobre recurso y lo serán en mucho tiempo; y no me admiraré de que antes de perderlas nos cuesten al contrario algunos millones; para el segundo, son innecesarios; pues no tenemos población sobrante de que descargarnos; y para el tercero inútiles, pues carecemos de manufacturas que exportar. Barcelona que es el país más fabril de la Península no tiene con ellas la menor comunicación directa: todo lo que se lleva allí desde Cádiz consiste en un poco de papel, aceite y licores: sino fuese por el tabaco y los pasageros que van y vienen, uno ó dos buques anuales bastarían para encerrar todas las especulaciones mercantiles entre ambos países. Algunos observarán sin embargo, que si ahora nuestra industria está atrasada podrá dentro de algunos años hallarse al nivel de las más perfectas y contar en Filipinas con un rico mercado ... La separación no impedirá entonces esta ventaja: el comercio de Inglaterra con la América del Norte, es ahora cien veces mayor que cuando obedecía á sus leyes.—Que si no tenemos población sobrante podremos tenerla dentro de un siglo.... Entonces las Filipinas no estarán escasas de habitantes y sería preciso emigrar á las Marianas.—Que si dejamos el país, pronto se perderá, por lo menos entre los naturales, la religión cristiana.... Como no soy misionero, confieso que la objeción no me hace gran fuerza y creo que Dios basta por sí solo para cuidar de la salvación de sus pueblos....—Que atendida la dificultad de defender aquel país dividido en muchas islas y sus demás circunstancias no se puede dudar de que pronto caerían con alguna excusa ó sin ella en poder de la Inglaterra, Francia ú Holanda, de lo cual hasta ahora se ha librado por el respeto que se tiene á la España, y que si no en manos de potencias europeas caerían en las de naciones asiáticas, especialmente de los chinos, bajo cuyo yugo gemirían ya hace muchos años, si no hubiesen batallado para impedirlo soldados de Castilla, ó si no en las de los nacientes estados de Nueva Australia, Van-Diemen y Nueva Zelandia.... Por estos principios deberíamos erigirnos en caballeros andantes de todos los pueblos desvalidos: cuando tal caso llegue, los españoles establecidos en el país tendrán siempre el recurso de volver á su patria primitiva....—Que la España ha gastado por las islas más de 300 millones de pesos fuertes, á más de infinitas vidas, y es muy justo que nos reembolsemos.... También hemos gastado mucho oro en expediciones á la Tierra Santa, y no pensamos en recobrarle....—Que con un rey ó gobierno propio tendrían los filipinos que pagar más pesadas contribuciones que las que ahora de ellos se exigen como es fácil comprobar con el ejemplo de las naciones libres, sin exceptuar á la misma España.... Lo propio ha sucedido á los griegos, que están ahora más pobres y pagan más que antes de la insurrección, y sin embargo no llaman á los Osmanlis. Y si los filipinos nos echan de menos algún día, se acordarán entonces de nuestros tiempos con reconocimiento, y se arrepentirán de la ingratitud que muchos de ellos nos han manifestado...—Que la culpa de algunos no ha de caer sobre la cabeza de todos, que los que desean la ruina de nuestro dominio son los menos, los díscolos y los ambiciosos; y que si se preguntase á los habitantes uno por uno si querrían que nos marchásemos ó nos quedásemos los 90 por 100 votarían por lo último.... Suponiendo que sea ésto cierto, no me convence enteramente, porque sé que las mujeres turcas juzgan que su suerte es muy feliz y compadecen la de las Europeas y ésta no es sin embargo, una razón para creer que su condición es envidiable y que si conociesen otra vida que la del harem pensasen del mismo modo. En conclusión, si conservamos las islas por amor á los isleños, perdemos el tiempo y el mérito; porque el agradecimiento se encuentra á veces en las personas, más nunca debe esperarse de los pueblos; y si por amor nuestro, caemos en una anomalía porque ¿cómo combinar el que pretendamos para nosotros la libertad y queramos al mismo tiempo imponer la ley á pueblos remotos? ¿por qué negar á otros el beneficio que para nuestra patria deseamos? Por estos principios de moral y justicia universal y porque estoy persuadido de que en medio de las circunstancias políticas en que se halla la España se descuidará el estado de aquella colonia; no se adoptará (ésta es mi convicción) ninguna de las medidas que yo propongo para conservarla; y se emancipará violentamente, con pérdida de muchos bienes y vidas de españoles europeos y filipinos, pienso que sería infinitamente más fácil, más útil y más glorioso el adquirir nosotros el mérito de la obra, anticipándonos con la generosidad. Así los escritores extranjeros que tantas calumnias han estampado injustamente contra nuestros gobiernos ultramarinos, escritores de naciones que nunca satisfacen su hambre de colonias, tendrían por lo menos esta vez que decir; «los españoles, cruzando nuevos y remotos mares, extendieron el dominio de la geografía descubriendo las Islas Filipinas. Hallaron en ellas la anarquía y el despotismo, y establecieron el orden y la justicia: encontraron la esclavitud y la destruyeron imponiendo la igualdad política; rigieron á sus habitantes con leyes, y leyes benévolas; los cristianizaron, los civilizaron, los defendieron de chinos, de piratas moros y de agresores europeos; les llevaron mucho oro y luego les dieron la libertad.» (Política interior.... págs., 95 al 101).
Como los papeles que aquí exhumamos y reproducimos pertenecen al régimen español y son de procedencia española, nuestras notas se circunscriben también á homogéneas fuentes de información, así autógrafas, como manuscritas ó impresas, y de nuestra propiedad, con el objeto de indicar, de una manera autorizada, las distintas fases y aspiraciones de la política española en Filipinas, omitiendo, de las impresas, las de general conocimiento y de fácil adquisición.
Epifanio de los SANTOS CRISTOBAL.
C. de la Real Academia de Historia.
Proceso
Del
Dr. José Rizal Mercado y Alonso.
PLAZA DE MANILA.
Año de 1897.
CAPITANIA GENERAL DE FILIPINAS
Juzgado de Instrucción,
CAUSA.[1]
Instruída por rebelión, sedición y asociación ilícita contra el Dr. José Rizal Mercado y Alonso.
Empezaron las actuaciones en 3 de Diciembre de 1896. Fué preso el acusado en
| Juez Instructor | Secretario |
| El Capitán de Infantería | El Cabo E. del Regimiento No. 74 |
| Don Manuel Carrillo y Ojeda[2] | Juan González García |
—Oficio del general Blanco. Manila. 2 Diciembre 1896 remitiendo al Juez instructor D. Rafael Domínguez, un «testimonio deducido de los autos, referente al encartado en ellos y detenido incomunicado en la Real Fuerza de Santiago D. José Rizal y Mercado Alonso» que con fecha 26 de Noviembre le había remitido el Juez instructor D. Francisco Olive.
[Coletilla de Blanco:]
«Lo que con inclusión del testimonio que se cita en el anterior inserto, traslado á Vd. á fin de que con el carácter de Juez y auxiliado del Secretario que tiene designado al efecto, proceda á incoar con la mayor actividad la correspondiente causa, haciéndole presente que el citado D. José Rizal y Mercado Alonso se halla preso incomunicado en la Real Fuerza de Santiago donde queda á su disposición.
—3 Dbre. 1896.—Queda aceptado el Secretario, Cabo europeo del Regimiento de Manila núm, 74 Juan González García.
—3 Dbre. 1896.—Diligencia de quedar unido el testimonio.
Un testimonio de los cargos que le resultan al Dr. D. José Rizal Mercado y Alonso, deducidos de la causa que se instruye en dicho Juzgado [militar de la Capitanía General, en la plaza de Manila] contra D. Benedicto Nijaga y otros individuos, por los delitos de rebelión y asociación ilícita. [Juez instructor, Coronel de Infantería D. Francisco Olive García; Secretario, el 1.er teniente del Regto. infantería n.o 73 D. José Fandos Novella.]
[Fol. 4.]
—Folios 2293 al 2230 vuelto. Declaración indagatoria del médico detenido D. José Rizal Mercado y Alonso.
“Manila, á los veinte días del mes de Noviembre de mil ochocientos noventa y seis, compareció ante S. S.a y presente secretario el individuo anotado al margen, y habiendo sido preguntado convenientemente y advertido por S. S.a de la obligación que tiene de decir verdad, Dijo: Llamarse D. José Rizal Mercado y Alonso, natural de Calamba, Provincia de La Laguna, mayor de edad, de estado soltero, profesión médico, no ha estado procesado; y—Preguntado si conoce á Pío Valenzuela, si les une parentesco ó amistad, si están enemistados y si le tiene por sospechoso, Dijo: Que en Dapitan conoció un médico llamado D. Pío que
[Fol 4 vto.]
le llevó un enfermo de la vista, al que no conocía anteriormente ni volvió á ver y al que más bien le une amistad y reconocimiento por las atenciones que guardó á la familia del declarante durante el viaje y el regalo que le hizo de un botiquín.—Preguntado: si conoce á Martín Constantino Lozano, si les une parentesco ó amistad, si están enemistados ó si le tiene por sospechoso, Dijo: Que no conoce á ninguna persona de ese nombre, pero que pudiera ser que conozca al individuo si le viera; y Preguntado si conoce á Águedo del Rosario,... Dijo: que no conoce ningún individuo de ese nombre, pero pudiera suceder que le conociera personalmente; y Preguntado si conoce á José Reyes Tolentino..., Dijo: que no le conoce; y preguntado si conoce á Antonio Salazar,... Dijo: que conoce un sujeto apellidado Salazar que es dueño del Bazar del «Cisne,» donde se provee de zapatos el declarante, pero no le conoce personalmente ni sabe si su nombre es Antonio; y Preguntado si conoce á José Dizon, Dijo: Que ha oído nombrar á un grabador de ese nombre y apellido, pero no le conoce personalmente; y Preguntado si conoce á Moisés Salvador,... Dijo: que conoció á Moisés Salvador en 1890 en Madrid; que no les une parentesco, pero que en aquella echa tuvieron trato como paisanos, pero que no le tiene por sospechoso; y Preguntado: si conoce á Domingo Franco, comerciante en tabaco en rama que vive en Nagtajan, Dijo: Que no le conoce; y Preguntado: si conoce á Irineo Francisco, Dijo: que no le conoce; y Preguntado: si conoce á Deodato Arellano... Dijo: Que le conoce, porque cuando vino el declarante á Manila en 1887 le visitó para felicitarle por el «Noli me tangere»; que en 1890 tuvo el declarante algunos disgustos y rozamientos con Marcelo H. del Pilar, cuñado de Deodato Arellano y supo que éste último habló mal del declarante y hasta manifestó que estaba bien deportado en Dapitan por cuyo motivo le tiene por sospechoso; y Preguntado, si conoce al teniente D. Ambrosio Flores, presidente del Consejo Regional Masónico de Filipinas, Dijo: que no le conoce personalmente ni de nombre; y Preguntado si conoce á Teodoro Plata, Dijo: que no le conoce personalmente ni de nombre; y Preguntado si conoce á Ambrosio Salvador, Dijo: que le conoce por ser el padre de Moisés Salvador, al que le fué presentado por su hijo; y Preguntado si conoce á Bonifacio Arévalo, Dijo: Que le conoce porque estuvo á comer un domingo el declarante en la casa de Bonifacio Arévalo, al que no ha vuelto á ver desde entonces, y Preguntado: si conoce á Timoteo Páez... Dijo: Que le conoció en 1892, porque le fué presentado por Pedro Serrano, con el cual tuvo alguna intimidad en aquella fecha; pero luego ha sabido el declarante en Dapitan que estaba en contra suya; y Preguntado: si conoce á Francisco Cordero, Dijo: Que no le conoce personalmente ni de nombre; y Preguntado, si conoce á Estanislao Legazpi, que vive en la calle de Encarnación, núm. 36, de Tondo, Dijo: Que no le conoce personalmente ni de nombre, pero cree recordar alguna firma de Legazpi en alguna carta dirigido á Marcelo H. del Pilar ó alguna otra
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persona; y Preguntado si conoce á los hermanos Alejandro y Venancio Reyes, sastres establecidos en la Escolta, Dijo: Que conoce un compañero de Colegio que se apellida Reyes, que tiene sastrería en la Escolta, en la que se hizo un traje, pero no tiene amistad con el citado; y Preguntado: si conoce á D. Arcadio del Rosario,... Dijo: Que le conoció en Manila siendo niño el declarante y luego en Madrid tuvo con Don Arcadio algún trato; y Preguntado: si conoce á D. Apolinario Mabini, Dijo: Que no le conoce personalmente ni de nombre; y Preguntado si conoce á Pedro Serrano,... Dijo: Que le ha conocido en Manila en 1887, y luego han tenido alguna intimidad en Europa, pero luego ha sabido el declarante que le hacía la guerra, por lo que le tiene por sospechoso. Y Preguntado.—(sic) Además de llevarle un enfermo á Dapitan, ¿con qué otro objeto hizo el viaje Pío Valenzuela, y de qué asuntos le habló y dió conocimiento, Dijo: Que el médico D. Pío le habló al declarante de que iba á llevarse á cabo un levantamiento
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y que les tenía con cuidado lo que pudiera ocurrirle al declarante en Dapitan. El dicente le manifestó que la ocasión no era oportuna para intentar aventuras, porque no existía unión entre los diversos elementos de Filipinas, ni tenían armas, ni barcos, ni ilustración, ni los demás elementos de resistencia, y que tomaran ejemplo de lo que ocurría en Cuba, donde á pesar de contar con grandes medios, con el apoyo de una gran Potencia y de estar avezados á la lucha, no podían alcanzar sus deseos, y que cualquiera que fuera el resultado de la lucha, á España le convendría hacer concesiones á Filipinas, por lo que opinaba el declarante debía de esperarse; y Preguntado: si ha formado ó constituído en Madrid una Asociación de Filipinos, qué nombre ó denominación se le dio á la aludida Sociedad, y cuáles eran su objeto y fines, Dijo: Que con un nombre ó denominación que en este momento no recuerda, que el declarante constituyó una Asociación de Filipinos en Madrid, que tuvo corta existencia, y cuyo objeto era el de moralizar la Colonia Filipina. Y Preguntado qué relación existía entra la aludida Sociedad y el periódico La Solidaridad, Dijo: Que eran independientes una de otra; Que Mar-
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celo H. del Pilar hacía trabajos para que La Solidaridad y la Asociación fuesen dirigidas por el citado Marcelo; y encontrando el declarante marcada oposición por el citado Marcelo á sus deseos de que no se realizara la fusión, dejó la dirección de la Sociedad el declarante y se marchó á París. Y Preguntado: Qué tendencias políticas perseguía la repetida Sociedad, Dijo: Que ninguna; que la parte política estaba encomendada al periódico La Solidaridad, dirigido por Marcelo H. del Pilar. Y preguntado si ha dado comisión á alguna persona ó si ha hecho trabajos para la instalación de Logias Masónicas en Filipinas, Dijo: Que puede asegurar que no ha tenido la menor intervención de la Masonería en estas Islas. Y Preguntado si ha redactado los estatutos ó reglamentos para una Asociación denominada «Liga Filipina», y á qué persona remitía dichos estatutos, y con qué objeto, Dijo: Que en 1891 llegó á Hong-Kong el declarante y se hospedó en la casa de D. José Basa, cuyo sugeto, en las varias conversaciones que tuvieron, le dijo al dicente que la Masonería había tenido gran éxito en Filipinas; pero que los masones estaban muy quejosos en la parte
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referente á su administración; y excitado por D. José Basa el que declara, redactó los estatutos y reglamento de una Sociedad denominada «Liga Filipina», bajo las bases de las prácticas masónicas. Y Preguntado para qué objeto y fines se instituía la «Liga Filipina», Dijo: Que el objeto de la Asociación era para conseguir el establecer la unión entre los elementos del país, con el fin de fomentar el comercio, estableciendo una especie de Asociación Cooperativa. Y Preguntado: Qué fines políticos se perseguían por la repetida «Liga Filipina», Dijo: Que en este momento no recuerda el declarante haber indicado ningún fin político en los estatutos; que se los entregó á José Basa, no recordando á la persona que se los remitió. Y Preguntado si escribió á alguna persona interesándola que se enterara de los estatutos de «La Liga», Dijo: Que es posible que el declarante haya escrito á alguna persona, pero que no recuerda en este momento. Y Preguntado: si en los días 27 y 28 de Junio de 1892, hizo un viaje de ida y vuelta á la provincia de Tárlac, acompañado de Pedro Serrano, y con qué objeto, Dijo: Que no recuerda la fecha; pero que debió ser el día treinta
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de Junio y 1o. de Julio cuando al tomar el tren de Malolos para ir á Tárlac, encontró á Pedro Serrano acompañado de un joven que le presentó con el nombre de Timoteo Páez acompañando ambos al declarante en su viaje que tenía por objeto conocer el ferrocarril y las provincias; en aquel entonces estaba ya tendida la vía, la cual terminaba en Tárlac. Y Preguntado: si por iniciativa del declarante se verificó una reunión en la casa de Doroteo Ong-junco, antes ó después de su viaje á Tárlac, Dijo: Que asistió á la reunión indicada, pero que no tomó la iniciativa el declarante y tuvo lugar algunos días después de su viaje á Tárlac; que Timoteo Páez le dijo al que declara, que algunos filipinos deseaban verle y saludarle, contestándole que no tenía inconveniente y acompañado de Timoteo Páez asistió á la reunión. Y Preguntado de qué se trató en la aludida reunión, Dijo: que se trató de la «Liga Filipina» y de la Masonería, y que recuerda que tomó la palabra Pedro Serrano, proponiendo que se fundieran la «Liga» y la Masonería, procurando atender las quejas y remediarlas, creyendo el declarante que aceptó la idea puesto que se separaron cordialmente. Y Preguntado: si al dirigir la palabra á los convocados en la casa de Doroteo Ong-junco, sobre poco más ó menos dijo el declarante lo siguiente: «Que le parecía
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que estaban muy desalentados los filipinos, y que no aspiraban á ser un pueblo digno y libre, por lo que se ve siempre á merced de los abusos de las autoridades, como así lo había manifestado el general Despujol en una de sus conferencias; que los abusos eran debidos á las facultades discrecionales que tienen los Gobernadores y que era preciso pensar en ello; que á pesar de los consejos de algunos amigos para que no viniera á Manila por temor al daño que pudieran hacerle sus enemigos, había venido para ver de cerca al toro y al mismo tiempo para arreglar la desunión que existe entre los amigos de la propaganda y que la desunión de los filipinos en Madrid, la zanjó cuando fué á Europa, y que á pesar de todo Marcelo H. del Pilar era un buen amigo. Después habló Rizal sobre la importancia de que se estableciera la «Liga» conforme al reglamento de que era autor y para alcanzar sus fines; reglamento del que todos debían tener conocimiento; que por medio de la Liga adelantarían las artes, las industrias, el comercio, y el país, siendo rico y estando unido el pueblo, conseguirían su propia libertad y hasta su independencia.» Dijo: Que conviene en que cuanto se le ha dicho haya podido decirlo el declarante en la reunión en la casa de Doroteo Ong-
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junco, porque lo ha dicho muchas veces; pero que no está seguro si en la aludida reunión lo dijo. Que respecto á que estaban desalentados y desunidos los filipinos, no pudo decirlo el declarante porque estaba penetrado de lo contrario al ver que la Masonería se había propagado más de lo que era de esperar. Asímismo no pudo decir el declarante que había conseguido la unión de los filipinos en Madrid, porque era todo lo contrario, hasta el punto que hubo desafíos entre ellos. Y Preguntado: si antes de terminar la reunión en casa de Doroteo Ong-junco, se procedió á la elección de cargos, para la organización de los trabajos de la «Liga», y si resultaron elegidos, provisionalmente, Presidente Ambrosio Salvador y Secretario Deodato Arellano, recomendando el declarante á D. Ambrosio la mayor actividad, la unión y la armonía entre los asociados, Dijo: Que efectivamente ocurrió lo que se le pregunta, excepto en lo referente á que fuera elegido Secretario Deodato Arellano, porque el declarante no tiene ni siquiera idea de que Arellano asistiera á la reunión. Y en este estado dispuso S. Sa. suspender esta declaración ... José Rizal y Alonso.—Francisco Olive.—Miguel Pérez [Secretario.]
Folios del 2301 al 2304. Ampliación á la declaración del médico D. José Rizal y Alonso.
Manila, á los veintiún días del mes de Noviembre de mil ochocientos noventa y seis, compareció .... manifestándose conforme, afirmándose y ratificándose en ella, teniendo sin embargo que hacer algunas pequeñas rectificaciones en algunos detalles que ha recordado mejor el declarante, y después de advertido por S. Sa. de la obligación que tiene de decir verdad, fué Preguntado: Si ha asistido á una reunión que hubo en el mes de Junio ó Julio de 1892 en la casa de Estanislao Legaspi, calle de la Encarnación, Tondo, en la cual casa fué presentado por Juan Zulueta y Timoteo Páez, Dijo: Que durante su estancia en Manila por aquella fecha, comía todos los días en diferentes casas, y puede que lo haya hecho en la de Estanislao Legaspi, pero no recuerda ningún detalle personal del sujeto, ni de la casa ni de la fiesta; pero de apellido Legaspi recuerda que creyéndole un pseudónimo lo ha visto en Hong-Kong, en
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algunas cartas dirigidas á José Baza, y Preguntado: Si tomó la iniciativa para la reorganización de la «Liga Filipina» que tuvo lugar en uno de los primeros meses del año de 1893, Dijo: Que no tiene noticia de la reorganización de la «Liga», ni ha tomado ninguna iniciativa para dicho objeto el declarante, ni ha tenido ninguna relación con la aludida sociedad. Y Preguntado: si conoce á Andrés Bonifacio, Presidente del Consejo Supremo del «Katipunan» y si ha estado relacionado con el citado individuo, Dijo: Que no le conoce por el nombre, siendo ésta la primera vez que lo oye y personalmente tampoco, aún cuando asistiera á la reunión en la casa de Doroteo Ong-junco, donde le fueron presentados muchos que ni siquiera recuerda sus nombres ni su figura. Y Preguntado: Cómo explica el declarante que su retrato estuviera entre los afiliados á dicha Asociación, Dijo: Que respecto al retrato, como el declarante se hizo en Madrid uno de regular tamaño, pueden haber adquirido alguna reproducción; respecto á que se tomara su nombre como de guerra, ignora el declarante el motivo, pues no ha dado ni pretexto para ello, y lo considera como un abuso incalificable; que sí sabía por referencia de su familia que se abusaba del nombre del declarante para recaudar fondos
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en su favor, y el declarante, además de darle cuenta al comandante político-militar de Dapitan para que lo pusiera en conocimiento del Excmo. Sr. Gobernador general, interesó á su familia el declarante para que por medio de sus conocimientos [dijese] que el dicente no pedía limosna, y que tenía fondos suficientes, con lo que le producía su profesión y lo que había ganado de la Lotería, para todas sus atenciones. Y Preguntado: Si ha tenido conocimiento para que estuviera prevenido de que se intentaba su evasión de Dapitan, Dijo: Que ha oido rumores de tal intento, pero que no se le ha dicho directamente al declarante, ni hubiera aceptado el salir en semejante forma de Dapitan, á no ser que hubiera sido arrancado violentamente y sin saberlo de antemano el dicente. Y Preguntado si personas de importancia ó de representación por cualquier concepto en estas islas, simpatizaba y apoyaba las ideas del declarante ostensiblemente, Dijo: Que no sabe de ninguna persona de representación ó importancia, simpatice ni coadyuve en favor de los ideales del declarante, ni ostensible ni secretamente, y que más bien ha recibido pruebas en contrario. Y Preguntado: Si conoce á José Ramos y á Doroteo Cortés, y qué clase de relaciones les une, Dijo: Que la primera vez que vino de
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Europa el declarante, tuvo algún trato aquí en Manila con José Ramos; pero la segunda vez que vino de Europa no ha hablado ni visto siquiera á José Ramos. Respecto á Doroteo Cortés, le conoció de vista cuando era estudiante el dicente; pero no le ha hablado nunca; y hasta cree que Doroteo Cortés no le quiere bien, atribuyendo al declarante que fué la causa de su deportación. Y Preguntado si conseguida la evasión de Dapitan en cualquiera forma, el declarante había de ir al Japón á reunirse con Doroteo Cortés y Marcelo H. del Pilar, para gestionar de aquel Gobierno que prestara ayuda á los filipinos, Dijo: Que no ha tenido conocimiento de semejante cosa, y que los que han propalado semejante especie, ignorando sin duda el antagonismo que existe entre Doroteo Cortés y el declarante, que no les permite obrar juntos para nada. Y Preguntado: Qué objeto y qué gestiones tenía las practicadas por el declarante para establecer una Colonia Filipina en Sandakan, Dijo: Que no era una Colonia Filipina en Sandakan lo que proponía el declarante, sino domiciliarse con su familia en aquella Colonia Inglesa, como así se lo manifestó á S. E. el Ge-
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neral Despujol en carta desde Hong-Kong y de palabra, cuando el declarante vino á Manila. Y Preguntado, habiéndosele puesto de manifiesto una nota que existe entre los papeles ocupados al declarante, acerca de la desviación de una brújula, con relación á Dapitan; qué objeto tiene ó tenía el aludido apunte, Dijo: Que la nota que se le pone de manifiesto se la facilitó al declarante el P. Sanchez [S. J.] al regalarle una brújula cuando estuvo en Dapitan, y la aludida nota es una observación hecha, según cree el declarante, por el P. Cirera. Y en este estado dispuso S. S.a suspender esta ampliación... el declarante se mostró conforme, afirmándose y ratificándose en ella...—José Rizal y Alonso.—Francisco Olive.—Miguel Pérez. [Secretario.]
[Siguen citas de las declaraciones prestadas por: Pío Valenzuela Alejandríno,—Martín Constantino Lozano,—Aguedo del Rosario Llamas,—José Reyes Tolentino,—Antonio Salazar y San Agustín,—José Dizon y Matanza,—Moisés Salvador y Francisco,—Domingo Franco y Tuason,—Irineo Francisco Quison,—Deodato Arellano y Cruz,—Ambrosio Salvador,—Timoteo Páez,—Pedro Serrano y Lactao. (Y aquí acaba el testimonio.)
[Fol. 20.]
—3 Diciembre 1896.—Dispone el juez que se oficie al Gobernador de La Laguna para que remita la partida de bautismo, informes de conducta, etc., del acusado.
—3 Diciembre.—Dispone el juez que se oficie al Gobierno General pidiendo antecedentes sobre la conducta del acusado.
[Fol. 20 vto.]
—Diligencia de haber recibido un oficio con documentos.
[Fols. 21 y 22.]
—Oficio del Coronel Olive, juez de instrucción de la Capitanía general, remitiendo dos documentos, y copias de otros: Manila, 4 Diciembre 1896.
[Fol. 23.]
[Autógrafo del P. Cirera:]
Jhs.
La pequeña brújula del P. Sánchez tiene un error instrumental de 3.o próximamente; esta desviación es hacia el O.
Teniendo en cuenta la declinación de Dapitan tendremos que para que la línea S. N. de la brújula se dirija al N. exactamente; la aguja debe quedar 1° 40' al O.
R. C. S. J. (Rubricado.)
Manila 18 Agosto 92.
[Fol. 24.]
Á L∴ G∴ D∴ G∴ A∴ D∴ U∴
Masonería Universal
Familia Filipina.
Libertad, Igualdad, Fraternidad
La Gr∴ Log∴ Central Nilad de A∴ L∴ y A masones, en federación del Gr∴ Or∴ Esp∴ (sede en Madrid)
envía
S∴ F∴ U∴
al q∴ h∴ Dimasalang; y le hace saber:
Que en ten∴ ord∴ del 31 de Enero ppdo, se acordó por este cuadro nombrar Ven∴ de honor de esta Resp∴ Gr∴ Log∴ al susodicho h∴ á quien se dirige el infranscrito Sec∴ G∴ S∴, como premio á sus relevantes servicios en pro de su país natal.
Igualmente le participa que oportunamente se le comunicará el proyecto de reorganización mas∴ que el que suscribe presentó al Gr∴ Or∴ Esp. por lo cual se recabó los plenos poderes para constituirnos en familia aparte, como en efecto, levantamos colum-
[Fol. 25.]
Lo que transcribo para su conocimiento;
Recibe q∴ h∴ el ósculo de paz que os envían los oobr∴ de este tall∴
VVall∴ de Manila 9 de Febrero de 1892 (e∴ v∴)
Panday-Pira, gr∴ 3.o
[Fol. 26.]
[Copia de documentos remitida por el Juez Olive]
«...... documentos escritos en tagalo y clave pertenecientes á Andrés Bonifacio encontrados por la Guardia civil Veterana en la bodega del Sr. Fresell, los que traducidos al castellano y numerados, entre otros particulares citan al Dr. Rizal en la forma siguiente:
[Carta de Antonio Luna:] Madrid 16 de Octubre 88.—Mi querido amigo Mariano [Ponce]: Rizal ha dicho muy bien de Lete (filipino estudiante de Derecho en Madrid, director del periódico «España en Filipinas»)
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que no servía para grandes empresas. Consulta con éste sobre esto de la dirección del periódico á Llorente. Rizal conoce á ambos; sabe también la capacidad de Llorente y es muy íntimo suyo, pues son dos chicos de valer, y Rizal le tiene á Llorente en muy buen concepto. Pídele consejo y ten muy en cuenta lo que él te diga. Dile que he conseguido de Llorente que aceptara la dirección.—Un abrazo y eleva á consulta el asunto á Rizal.—Tuyo,—Antonio.—P. D. Ròmpe esta carta después de enterarte de su contenido.—Indícame en seguida las señas de Rizal en Londres.
[Carta de Carlos Oliver:] Barcelona, 18 de Septiembre de 1891—Pelayo, 11, 4o, 2.a—Muy señor mío y de toda mi consideración: Razón tendría Vd. para calificarme de atrevido, dirigiéndome sin tener el honor de ser conocido por Vd.; no es la persona humilde que con su nombre le firma, sino el patriota que en su pequeñez quiere colaborar en la regeneración
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de su oprimida Patria.—Hemos sabido con general sentimiento que entre los dignos individuos de ese Comité domina por hoy cierta presunción contra el amigo Rizal.—En una de sus correspondencias me escribe el citado R. lo que íntegramente transcribo á continuación.—«Siento mucho que me hagan la guerra, desprestigiándome en Filipinas, pues me resigno con tal que el que me haya de sustituir, prosiga la obra comenzada. Pregunto sólo á los que dicen que yo desuno á los filipinos: ¿había algo sólidamente unido antes que yo entrase en la vida política? ¿Había algún jefe cuya autoridad haya querido combatir? ¡Es triste cosa que en la esclavitud nos arrojemos los trastos á la cabeza! Me alegro mucho saber el entusiasmo de Uds. por fundar un periódico; espero que tendrá las mismas aspiraciones que la “Sol∴”; es un campeón más.»—Leido esto, el que ve en lontananza el porvenir de
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Filipinas, el que conociéndolo sabe que peligra al menor percance, víctima como es de la más tirana opresión, le pregunto: ¿así [se] corresponde al hombre que patriótica y abnegadamente se ha olvidado de sí mismo para sacrificarse [¿por la Patria?] trabajando por ella para ponerse al lado de sus hermanos, alentarlos y tenerlos dispuestos para el momento de la lucha?—El que cree aún en una Providencia no puede menos de ver en ese hombre el hombre providencial que ella envía entre todos nosotros, para que nos conduzca á la tierra prometida de la Libertad.—Creo de más recomendarle el sigilo que se debe guardar en este punto.—Aprovecho esta ocasión para ofrecerme suyo afmo. s. s. q. b. s. m. Carlos Oliver.
[Carta de Rizal Segundo.—Fechada en Manila, Sept. 17 1893.—Dice que el 16 de Sept. fueron arrestados en sus casas Doroteo Cortés y Antonio Salvador]
[Fol. 28.]
y conducidos delante del Gobernador Civil que les ordenó que fuesen deportados inmediatamente á los distritos de Príncipe y Bontoc. [Deplora el comunicante el estado en que se hallan los filipinos, cada vez más tiranizados.—Dirígese al Editor del Hongkong Telegraph.—Atribuye esas deportaciones á los frailes que tenían á los dichos sujetos por «amigos» de Rizal.]
[Carta de Ildefonso Laurel. Lamet (sic)] Manila 3 de Septiembre de 1892.—Sr. D.
[Fol. 28 vto.]
José Rizal.—Dapitan.—Querido amigo y paisano:—A mi llegada en esta desde la Bahía he sabido la triste desgracia que le ha sucedido. Su padre en una noche que estuve de visita en su casa me ha dado la noticia de que dentro de poco será Vd. indultado. ¡Cuánto nos alegraríamos fuese verdad esta noticia!—El estado de ánimo del pueblo se encuentra latente, y siempre en espera de Vd., como á su redentor y salvador.—No dude Vd. de la fidelidad de sus paisanos, pues todos lloran con Vd. la traición de que ha sido Vd. víctima, y todos dispuestos están á sacrificar su sangre por su salvación y la de nuestra patria.—Todos le saludan por medio de mí y le envían el abrazo de amor á la patria con que todos algún dia, unidos, desean morir.—Ildefonso Lamet (sic). [¿Laurel?] P. D.—Nuestro amigo D. Deodato Arellano me ha dicho que ha recibido dos cartas de Madrid dirigidas á Vd. sin que pueda enviarle hasta ahora por carecer de medios, y por tanto espero la disposición que Vd. adoptase.
[Fol. 29.]
Kundiman.
En el bello Oriente,
Donde nace el sol,
Una tierra hermosa
Henchida de encantos
Con fuertes cadenas
El déspota abruma,
¡Ay! esa es mi patria,
Mi patria de amor.
Cual esclava muere,
Entre hierros gime,
Dichoso quien puede
Darla libertad.
Manila, 12, 9, 91.—El autor J. R.
[Anónimo] ¡Qué iniquidad! Sr. Director del periódico Hongkong Telegraph.—Muy señor mío.—Por decreto de la superior Autoridad del Archipiélago Filipino ... [Deplora el destierro de Rizal.]
[Fol. 29 vto.]
[Carta de Dimasalang (Rizal.) Hong-kong 24 Mayo 1892.—2 Reduaaele Terrace.—Al H∴ Tenluz.—Querido h∴ (Después de censurar un artículo publicado en el periódico La Solidaridad, cuyo autor era un tal Lete que le ofende y cuya satisfacción la deja al arbitrio prudente del comité, dice:) Repito una vez más. No comprendo la razón del ataque, cuanto que yo me dedico ahora á preparar á nuestros paisanos un seguro refugio en caso de persecución y á escribir algunas obras de propaganda, que dentro de poco saldrán á luz. El artículo además es altamente impolítico y perjudicial para Filipinas. ¿Porqué decir que lo primero que necesitamos es tener dinero? Lo sabido se calla y no se lava la ropa en público.—Saludo fraternalmente á todos.—Suyo afmo.—Dimasalang.
[Carta de Dimasalang (Rizal).—Hong Kong 1 de Junio de 1892.—2, Reduaxele Terrace.—A la P. P.—Queridos hermanos. (Se refiere á la colonización de Borneo con una
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colonia filipina. Termina diciendo:) Sin más, espero que ese comité nos secundará en esta patriótica obra, como él la llama.—Su h∴—Dimasalang.
[Carta de Rizal.] Príncipe 1, 3o—Madrid, 20 Agosto 1890. [Dirígese á sus padres y hermanos.] (Después de manifestarles que no había podido hablar con el Ministro de Gracia y Justicia respecto á un expediente gubernativo contra varias personas, dice, entre otras cosas:) Si las Autoridades [de Filipinas] fuesen ilustradas, ni habría expedientes gubernativos traidores, ni chanchullos ni infamias. Yo veo la Providencia en estos destierros de personas ilustradas en puntos lejanos para mantener despierto el espíritu de los pueblos, no dejarlos dormir en una paz letárgica,
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esparcir las ideas, acostumbrar al pueblo á no temer los peligros, á odiar las tiranías, etc. Mañana veré lo que ha de resultar de mi entrevista con el Ministro. Muchos recuerdos á todos; beso lo mano á nuestros padres.—Vuestro hermano—Madude.
A Talisay—himno
Niños somos, pues tarde nacimos,
mas el alma tenemos lozana,
Y hombres fuertes seremos mañana
Que sabrán sus familias guardar.
Somos niños que nada intimida,
Ni las olas, ni el baguio, ni el trueno;
Pronto el brazo y el rostro sereno,
En el trance sabremos luchar.
Nuestros brazos manejan á turno
El cuchillo, la pluma, la azada,
Compañeros de la fuerte razón.
Laonglaan (Rizal.)
[Carta de Marcelo H. del Pilar á Deodato Arellano.] Madrid, 7 Enero 1891.—R. Dzte: Ayer día de Reyes correspondimos á Rizal y compa. con una merienda.—Rizal quiere vincular La Solidaridad en la Colonia Filipina, y yo me
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he opuesto.—Recuerdos á todos, y recibid el abrazo fraternal de vuestro Vzkkqjc del Pilar.
[Carta de Marcelo H. del Pilar á D. Juan A. Tunluz (Juan Zulueta).] Madrid, 1.o de Junio de 1893.—Sr. D. Juan A. Tunluz.—Mi querido amigo. (Después de comunicarle los disgustos que tenía con Rizal y del inmenso mal que un tal Serrano había causado á los intereses de la Masonería con la malversación de ciertas cantidades recaudadas para la Propaganda, dice, entre otros particulares:) La Masonería Penínsular es para nosotros un medio de propaganda. Si los masones de allí (ahí) pretenden hacer la Masonería un órgano de acción para nuestros ideales, estarían muy equivocados. Es preciso un organismo especial dedicado especialmente á la causa filipina; aunque sean masones sus miembros ó algunos de sus miembros es preciso que no dependa de la Masonería. Parece que esto es lo que viene á realizar la L. F.—Sin
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más por hoy, recuerdos...—Marcelo.
[Discurso de Emilio Jacinto.] (Concluye:) Mientras tanto, alentemos nuestros corazones con estos gritos: ¡V¡va Filipinas! ¡Viva la Libertad! ¡¡Viva el Doctor Rizal!! ¡¡Unión!!—23 de Julio 1893.—Pin kian.
[Fol. 32.]
[Discurso de José Turiano Santiago.] (Concluye: Gritemos de una vez: ¡Viva Filipinas! ¡Viva la Libertad! ¡Viva el eminente Dr. Rizal! ¡¡Muera la Nación opresora!! Manila, Sta. Cruz, 23 de Julio de 1893.—Tik tik.
[Acaban las copias.]
[Fol. 33.]
—Resumen del Juez de instrucción [D. Rafael Domínguez]. (Autógrafo.)
.... resulta: que el procesado José Rizal Mercado es el organizador principal y alma viva de la insurrección de Filipinas, fundador de Sociedades, periódicos y libros, dedicados á fomentar y propalar las ideas de rebelión y sedición de los pueblos y jefe principal del filibusterismo del país, según se comprueba por las declaraciones siguientes:
[Fol. 33 Vto.]
Folio 12. Martín Constantino dice, el objeto y fin de la Asociación era el matar á los españoles, proclamar la Independencia y nombrar supremo á Rizal.
Al folio 12 vuelto, Águedo del Rosario manifiesta: que Rizal es Presidente honorario del Katipunan; que su retrato está en el salón de actos, y que Pío Valenzuela fué encargado para comunicar á Rizal que el pueblo pedía el levantamiento en armas.
A folios 24 se une una carta masónica por la cual se nombra venerable de honor al hermano Dimasalang (nombre simbólico de José Rizal) como premio á sus relevantes servicios en pro de su país natal.
A folios 12 vto. y 13, José Reyes dice: Rizal era uno de los muchos masones que trabajaban por la independencia de estas Islas; que vino de España Moisés Salvador con instrucciones de Rizal para establecer una Liga Filipina, cuyos estatutos estaban redactados por José Rizal.
A folios 14 al 15, Moisés Salvador asegura que José Rizal constituyó en Madrid una Asociación de Filipinos que dirigía la instalación de Logias en Filipinas y trabajos filibusteros, en la cual fué elegido Presi-
[Fol. 34.]
dente; que estando Rizal en Hong-Kong le remitió al declarante los estatutos para organizar la «Liga Filipina», cuyos jefes eran Rizal y H. del Pilar; que la Liga era para proporcionar medios para conseguir la independencia de Filipinas; que en Junio llegó Rizal á Manila y tuvo una reunión en casa de Doroteo Ong-junco, manifestando la necesidad de la Liga para conseguir la separación de estas islas de la Nación española.
Al folio 14, José Dizon manifiesta: que la Liga era para allegar fondos para los gastos del levantamiento en armas, y que el Katipunan ý la Liga constituían una misma Asociación.
A folio 15, Domingo Franco dice que Rizal convocó una reunión en casa de Doroteo Ong-junco manifestando en ella la conveniencia de establecer la Liga para allegar fondos á fin de alcanzar prontamente la independencia de estas islas, y que acogida la idea, fué nombrado Presidente de la Liga Ambrosio Salvador.
A folio 16 al 17 y 18 vto., Deodato Arellano manifiesta que comisionado por José Rizal vino de España Pedro Serrano para establecer Logias; que estas Logias tenían por objeto la propaganda filibustera; que Timoteo Páez recibió una carta de Rizal,
[Fol. 34 Vto.]
cuando éste estaba en Hong-Kong, remitiendo un reglamento de la Liga; que una vez Rizal en Manila convocó una reunión en casa de Ong-junco, de todos los asociados á la Liga, resultando elegido Presidente Ambrosio Salvador; que deportado Rizal á Dapitan, las Logias allegaron fondos para su evasión, citando el discurso de Rizal, por el cual se hace ver la importancia de la Liga y que marcharía á Hong-kong porque esperaba la resolución del gobierno para establecer una colonia filipina en Sandakan (Borneo).
A folio 17, Ambrosio Salvador dice que en la reunión celebrada en casa de Ong-junco se trató de organizar una Liga, propuesta por Rizal, y que fué elegido Presidente el declarante.
A folio 19, Pedro Serrano manifiesta que hizo una expedición con Rizal al pueblo de Tárlac; que estuvo en la reunión de casa de Ong-junco; que habló Rizal, y otros del periódico Solidaridad y en contra de la Masonería.
A folio 12, Pío Valenzuela dice que reunidos en Pásig acordaron un viaje al Japón, para el cual esperarían la resolución de Rizal.
[Fol. 35.]
A folio 13 Antonio Salazar dice que Timoteo Páez fué con la hermana de Rizal á Singapore para fletar un barco, y caso de escaparse Rizal, se iría al Japón á reunirse con Doroteo Cortés y Marcelo H. del Pilar, detallando la suscripción que se hizo para facilitar la evasión de Rizal, deportado en Dapitan.
A folio 16, Francisco Quizon dice que se acordó costear el viaje á Pío Valenzuela para ir á Dapitan y manifestar á Rizal, jefe supremo del Katipunan, que la Sociedad tenía vivos deseos de llevar á efecto el levantamiento.
A folios 17 al 18, Timoteo Páez manifiesta que asistió á la reunión en casa de Ong-junco; que Rizal remitió á Moisés [Salvador] unos estatutos de la Liga, y éste se los llevó al declarante, y que cuando fué á Singapore lo hizo por mero recreo.
El acusado José Rizal en su indagatoria y ampliación á folios 4 al 11, no niega en absoluto los cargos que le resultan, pero tampoco afirma concretamente, más que en escasas contestaciones; no obstante deja esclarecer llanamente su culpabilidad y la certeza de
[Fol. 35 vto.]
las declaraciones anteriores.
[Enumera luego los documentos aportados, que quedan reproducidos]
[Fol. 37 vto.]
Y considerando, el Juez instructor que suscribe, ultimado el período de sumario, á falta de unir los antecedentes y fe de bautismo del acusado, pero que en atención á
[Fol. 38.]
la mayor actividad mandada observar en el superior decreto que encabeza pueden unirse al ser recibidos; tengo el honor de elevar á la respetable autoridad de V. E. la presente causa, para la resolución que proceda.—Manila 5 de Diciembre de 1896.—Excmo. Señor.—Rafael Domínguez.
[Fol. 38 vto.]
[Diligencia de entrega: 5 Dbre. 1896.]
[Fol. 39.]
[Decreto:] Manila, 5 de Diciembre de 1896.
Pase á dictamen del Señor Auditor general de Guerra.—Blanco.
[Dictamen del Auditor.]—[Manifiesta procede] «elevar á plenario esta causa»
El procesado continuará en prisión y el Instructor incoará la correspondiente pieza de embargo en cantidad de un millón de pesos al menos.
El mismo Instructor tendrá presente que la obligación de defensor no puede recaer en abogado, sino precisamente en oficial de Ejército.
V. E. no obstante...
Manila, siete de Diciembre de mil ochocientos noventa y seis.—Excmo. Sr.—Nicolas de la Peña.»
[Fol. 40.]
[Decreto del general Blanco, 8 Dbre. 1896, de conformidad con el anterior dictamen, y disponiendo pase la causa al teniente auditor de 1.a a D. Enrique de Alcocer.]
[Fol 41.]
(Autógrafo.)
Excmo. Sr.:—El Fiscal, evacuando el traslado de calificación á que se refiere el art.° 542 del Código de Justicia Militar, formula las siguientes conclusiones provisionales:
1.a Los hechos que han dado margen á la formación de esta causa, constituyen los delitos de rebelión en la forma que lo define el artículo 230 en relación con el núm. 1o del 229 del Código penal vigente en este Archipiélago, y el de fundar asociaciones ilícitas, previsto en el núm. 2° del 119 de dicho Código, siendo el segundo medio necesario para cometer el primero.
2.a De estos delitos aparece responsable
[Fol. 41 Vto].
en concepto de autor, el procesado D. José Rizal Mercado.
3.a El Fiscal renuncia á la práctica de ulteriores diligencias de prueba.
Manila 9 de Diciembre de 1896.—Excmo. Sr.:—Enrique de Alcocer y R. Vaamonde.
[Fol. 42.]