ESCENA II

EL CASERO Y DICHOS

CASERO. ¡Vaya, y qué dormida estaba usted!

DOÑA MATILDE. No señor, sino que….

CASERO. ¿Y el Sr. D. Eduardo?

DOÑA MATILDE. Acaba de salir….

CASERO. ¡Calle! ¡Y me había prometido que me pagaría por la mañana el mes adelantado!

DOÑA MATILDE. Es que….

CASERO. ¡Mal principio … muy malo, a fe mía! ¿Y cuando estará de vuelta?

DOÑA MATILDE. Me dijo que volvería al anochecer y que luego….

CASERO. ¡Al anochecer!… Salir en un día de tornaboda a las ocho de la mañana y no volver hasta el anochecer, dígole a usted que no me da buena espina.

DOÑA MATILDE. Puede que vuelva más pronto, y….

CASERO. Pues no crea que a mí me ha de traer como a un zarandillo … y lo que son los trastos no valen ni treinta reales.

DOÑA MATILDE. Caballero, mi marido es incapaz de….

CASERO. ¡De pagar a su casero, eh?

DOÑA MATILDE. No digo eso, sino que aunque somos pobres somos personas de honor, y que….

CASERO. Sí, sí, personas de honor sin dinero … eso es lo que yo me temía … y ésos son los peores inquilinos.

DOÑA MATILDE (aparte). ¡Qué insolencia!

CASERO. Pero repito que no se juega conmigo … dígaselo usted así, y que si esta noche no me baja los tres duros, mañana pongo a ustedes en la calle con todos sus cachivaches….