ESCENA IV
DOÑA MATILDE Y BRUNO
DOÑA MATILDE. Adiós … Bruno.
BRUNO. ¿Señorita?
DOÑA MATILDE. ¿Te enteraste de lo que hemos tratado?
BRUNO. Ni jota … como tenía que atender a lo que pasaba por allá dentro….
DOÑA MATILDE. Pues has de saber … pero antes jura que no lo has de decir a nadie.
BRUNO. Digo que no lo diré a nadie.
DOÑA MATILDE. Júralo.
BRUNO. Cuando prometo yo una cosa….
DOÑA MATILDE. Bueno … escucha ahora.
BRUNO. ¿Qué es ello? (Con curiosidad)
DOÑA MATILDE. ¿Me quieres, Bruno?
BRUNO. Toma, ¿y para eso tantos aspavientos?
DOÑA MATILDE. Es que si tú no me quieres … (y mira, Bruno, que me has de querer mucho) de lo contrario es inútil que te refiera nada, porque ni me ayudarías ni … conque así responde, ¿me quieres mucho, Bruno?
BRUNO. ¿Que si la quiero a usted? Buena pregunta, cuando la he visto a usted nacer, como quien dice, y la he arrullado, y la he dado papilla y la he….
DOÑA MATILDE. Tienes razón … y por lo mismo me decido ahora a confiarte que me caso esta noche con don Eduardo.
BRUNO. ¡Oiga! Su padre de usted consintió al cabo….
DOÑA MATILDE. No tal, antes al contrario se opone a ello.
BRUNO. ¿Y dice usted que se casa?
DOÑA MATILDE. Dentro de media hora … ahí está el misterio.
BRUNO. No puede ser eso entonces, niña.
DOÑA MATILDE. Te digo que sí … D. Eduardo lo ha arreglado ya todo, y me vendrá a buscar dentro de media hora para llevarme a la iglesia.
BRUNO. No será el hijo de mi madre el que le abrirá la puerta.
DOÑA MATILDE. No importa, porque precisamente tengo decidido el salir por la ventana.
BRUNO. ¿Por la ventana?
DOÑA MATILDE. Por esa reja, quise decir, cuya llave tienes tú, y que está tan baja que con la ayuda de una silla, cualquiera puede….
BRUNO. Según eso, ¿usted cree que yo le voy a dar la llave?
DOÑA MATILDE. ¿Por qué no?
BRUNO. ¿Y también quizá que yo mismo le pondré la silla para encaramarse?
DOÑA MATILDE. ¿Quién había de ser?
BRUNO. ¿Y quien la sostendrá de los brazos hasta que el Sr. D. Eduardo la recoja en los suyos?
DOÑA MATILDE. Sí.
BRUNO. Pues se engañó usted de medio a medio.
DOÑA MATILDE. ¡Cómo!
BRUNO. Y ahora mismo voy a noticiar al amo todo este fregado. (Hace que se va)
DOÑA MATILDE. ¡Detente!
BRUNO. No faltaba más … ¡una niña bien nacida pensar en semejante gitanada!
DOÑA MATILDE. ¡Bruno!
BRUNO. ¡Y proponérmela a mí, que he comido treinta y cinco años el pan de su padre!
DOÑA MATILDE. Pero escucha, por Dios….
BRUNO. Ni por la Virgen … todo lo sabrá el señor D. Pedro.
DOÑA MATILDE. Recuerda que prometiste….
BRUNO. Si prometí fué en la suposición de que sería cosa inocente….
DOÑA MATILDE. ¿Qué hará luego mi padre?
BRUNO. ¿Qué? Encerrar a usted bajo llave si no desiste….
DOÑA MATILDE. ¡Encerrarme … a mí!… Bruno, está visto … me quieres precipitar … pues bien … lo lograrás … ¿ves este papel?…
BRUNO. ¿Y qué hay en ese cucurucho?
DOÑA MATILDE. Píldoras.
BRUNO. ¿De jalapa?
DOÑA MATILDE. De rejalgar.
BRUNO. ¡Jesús mil veces!
DOÑA MATILDE. Que D. Eduardo me trajo esta mañana.
BRUNO. ¡Habrá bribón!
DOÑA MATILDE. A petición mía … porque una mujer desgraciada no puede estar sin un poco de veneno en su ridículo.
BRUNO. Maldita la necesidad que veo yo de eso….
DOÑA MATILDE. A grandes males, grandes remedios … así … tenlo por cierto … si das otro paso hacia la puerta con tan vil propósito, ni una píldora dejo de todo el cuarterón que no me trague.
BRUNO. ¡Condenadas boticas!
DOÑA MATILDE. Y me verás caer aquí redonda, lo mismo que si me hubieras dado un trabucazo.
BRUNO. No haga usted tal … tenga usted compasión de su pobre padre y de mí….
DOÑA MATILDE. Tenla tú de la desventurada Matilde.
BRUNO. Yo … sí … pero….
DOÑA MATILDE. ¿En fin, qué determinas?
BRUNO. Vaya … no diré nada, con tal que me dé usted esas píldoras para….
DOÑA MATILDE. ¿Y me ayudarás también?
BRUNO. Eso no, porque….
DOÑA MATILDE. Que me las trago.
BRUNO. Sí, sí, ayudaré … haré todo lo que usted quiera … pero vengan esas píldoras, repito.
DOÑA MATILDE. Qué desatino … no ves que me desarmaría si te las diera…. Lo que haré será guardarlas en donde las guardaba antes, para el caso en que intentes todavía venderme.
BRUNO. ¡Paciencia!
DOÑA MATILDE. Ahora paso a decirte lo que exijo de ti, y es que si papá viene a esta sala, en tanto que yo entro en mi cuarto a recoger algunas frioleras, trates de alejarle de aquí con cualquier pretexto.
BRUNO (aparte). Ojalá viniera.
DOÑA MATILDE. Que cuides de que no haya luz….
BRUNO. En soplando las que están encendidas….
DOÑA MATILDE. Y que la reja esté abierta para cuando yo vuelva.
BRUNO. Si sé donde puse la llave, que me….
DOÑA MATILDE. Ya la encontrarás … no se te olvide nada … ¿lo entiendes? y yo me voy a lo que dije … cuidado que es menester que una mujer tenga cabeza para atar tantos cabos.