ESCENA V
DON EDUARDO Y LUEGO DON PEDRO
DON EDUARDO. ¡Muchacha encantadora! Es lástima por cierto que haya leído tanta novela, porque su corazón….
DON PEDRO. Buenos días, Sr. D. Eduardo, muy buenos días ¡y qué temprano tenemos el gusto de ver a usted en esta su casa!
DON EDUARDO. En efecto, Sr. D. Pedro, la hora es bastante inoportuna, y bien sabe Dios que no sé cómo disculparme con usted.
DON PEDRO. ¿De qué, amigo mío?
DON EDUARDO. Por una visita realmente demasiado matutina e inesperada.
DON PEDRO. ¿Y quién le dice a usted que yo no esperaba esta misma visita?
DON EDUARDO. ¿Que me esperaba, dice usted?
DON PEDRO. Hoy precisamente, no; pero sí en una de estas mañanas, porque ya había yo notado ciertos síntomas … ya se ve, a ustedes los enamorados se les figura que un padre cuando juega en un rincón al tresillo, o que una madre cuando está más enfrascada en la letanía de las imperfecciones de su cocinera, no piensa en otra cosa sino en el codillo que le dieron, o en las almondiguillas que se quemaron, y de consiguiente que no notan las ojeadas de ustedes, ni oyen los suspiros, ni se enteran de las peloteras … pues, no señor, están ustedes muy equivocados; ni el padre ni la madre pierden ripio de cuanto va pasando….
DON EDUARDO. Nada más natural, ciertamente.
DON PEDRO. Y llevan también libro de entradas y salidas como si hubieran sido toda su vida horteras.
DON EDUARDO. Así, Sr. D. Pedro, usted habrá ya observado….
DON PEDRO. Sí, señor, ya sé que usted está muy prendado de mi Matilde.
DON EDUARDO. Entonces advinará usted también que el objeto de mi visita es….
DON PEDRO. El de pedirme su mano. ¿No es ése?
DON EDUARDO. Ése mismo; y si fuera yo tan dichoso que reuniera a los ojos de usted aquellas circunstancias….
DON PEDRO. Muchas reune usted, por vida mía, Sr. D. Eduardo: nacimiento ilustre, mayorazgo crecido, educación, talento, moralidad….
DON EDUARDO. Usted me confunde, Sr. D. Pedro.
DON PEDRO. Y el ser sobre todo sobrino y heredero de mi mejor amigo … de ahí que yerno más a mi gusto sería muy difícil que se me presentase.
DON EDUARDO. ¿Entonces puedo esperar?
DON PEDRO. Pero mi hija es la que se casa, yo no; ella es pues, la que ha de juzgar si usted….
DON EDUARDO. ¡Oh, Sr. D. Pedro, y qué feliz soy! La amable, la hermosa
Matilde, me corresponde, no lo dude usted, y está en el secreto, y….
DON PEDRO. Tanto mejor, amigo mío, y ahora vamos a ver, porque, con el permiso de usted, la haré llamar; en presencia de usted consultaremos su gusto y su voluntad.
DON EDUARDO. No deseo otra cosa, y cuanto más pronto….
DON PEDRO. Ahora mismo…. ¿Bruno? Que ella venga y se explique, y si dice que sí, entonces…. ¿Bruno?
BRUNO. Mande usted. (Desde adentro)
DON PEDRO. Porque si dice que no … ya ve usted … un buen padre no debe nunca violentar la inclinación de sus hijos.
DON EDUARDO. Repito a usted que ella misma….