ESCENA IV

BRUNO Y DICHOS

BRUNO. ¡Vaya que estaba su papá de usted como un tronco de dormido!

DOÑA MATILDE. ¿Y qué ha respondido?

BRUNO. Ni oste ni moste: oyó mi relación, se sonrió y echó mano a los calzoncillos.

DON EDUARDO. ¿Se sonrió?

BRUNO. ¡Pues! como quien dice "ya sé lo que es".

DOÑA MATILDE. Dios sabe además lo que tú le dirías.

BRUNO. Ésta es otra que bien baila: le dije sólo que usted me había mandado le anunciase que el Sr. D. Eduardo….

DOÑA MATILDE. ¿Ves como al fin habías de hacer alguna de las tuyas?

BRUNO. ¿Conque usted no me mandó?

DOÑA MATILDE. Sí; pero no había necesidad de decir que era yo la que te enviaba, ni de añadir, como sin duda habrás añadido, que había hablado antes o me quedaba hablando con este caballero.

BRUNO. Ya se ve, que le dije también entrambas cosas; ¿y qué mal hubo en ello?

DOÑA MATILDE. Que ya papá no se sorprenderá, y que la escena pierde por lo mismo una gran parte de su efecto.

DON EDUARDO. En cuanto a mí, le protesto a usted, Matilde, que me alegro mucho de que Bruno haya en cierto modo preparado a su papá de usted para lo que voy a decirle; porque ahora tendré menos cortedad, y podré desde luego entrar en materia.

DOÑA MATILDE. Bueno…. Si a usted le parece así, mejor….

BRUNO. Ya siento al señor en la escalera.

DOÑA MATILDE. ¡Ay Dios…. qué susto!… ¡No sé lo que por mí pasa!… ¿Me he puesto muy pálida? Me voy, me voy a mi cuarto … a suspirar … a llorar … a ponerme un vestido blanco…. Ven tú también Bruno … y el pelo a la Malibrán…. ¡Oh, y qué crisis!… Allí esperaré a que mi padre me llame…. ¡La crisis de mi vida! … porque siempre me llama en tales casos … ánimo Eduardo … valor … resignación … si habrá planchado anoche la Juana mi collereta a la María Estuardo … sobre todo confianza en mi eterno cariño. (Vase, llevándose tras sí a Bruno)

BRUNO. Señorita, que me desgarra usted la solapa.