ESCENA VII
DON PEDRO Y DICHOS
DON PEDRO (aparte). Si se habrá ya ido.
DOÑA MATILDE. Papá, papá, aquí está D. Eduardo.
DON PEDRO. ¡Hola! Conque…. (Risueño)
DON EDUARDO. Hum. (Tosiendo)
DON PEDRO (aparte). ¡Canario! que se me olvidaba el encargo….
DOÑA MATILDE. Y ya nos hemos explicado cierto qui pro quo que había … y … nos hemos mutuamente satisfecho … y….
DON PEDRO. ¡Oh! pues si se han satisfecho ustedes, entonces….
(Risueño)
DON EDUARDO. Hum. (Tose)
DON PEDRO (aparte). ¡Maldita carraspera!
DOÑA MATILDE. ¿No es verdad, papá, que usted se alegra de ello, y que?…
DON EDUARDO. Achí. (Estornuda fuerte)
BRUNO. Dominus tecum.
DON PEDRO. No, hija mía, no me alegro de semejante cosa ni tampoco puedo aprobar … porque … después de todo, y … en fin, yo me entiendo, yo me entiendo.
DOÑA MATILDE. Yo soy la que no entiendo a usted, papá mío, porque….
DON EDUARDO. Su papá de usted, Matilde mía, se habrá irritado al verme aquí en conversación con usted, cuando me había hecho decir que no quería recibirme.
DON PEDRO. Precisamente.
DON EDUARDO. Y creerá que en esto le hemos faltado al respeto.
DON PEDRO. Cabal.
DON EDUARDO. Y que nuestra conferencia clandestina es contra las leyes del decoro.
DON PEDRO. Sí, señor, clandestina, y contra las leyes del decoro.
DON EDUARDO. Y al notar yo el furor de sus miradas y el calor con que se expresa, le protesto a usted empiezo a temer además que ya no quiera atender a otras razones, que nos quiera separar, y aun para separarnos más pronto que la coja ahora mismo del brazo y se la lleve a su gabinete.
DON PEDRO. Eso es, eso es, ni más ni menos, lo que voy a hacer….
Vente conmigo. (A Matilde)
DOÑA MATILDE. ¿Pero papá?
DON PEDRO. Vente conmigo. (Llevándola como por fuerza)
DON EDUARDO. Pero Sr. D. Pedro….
DON PEDRO. ¡Eh! (Volviéndose para oír lo que va a decir)
DON EDUARDO. Decía que yo también me retiraba para no ofender a usted más con mi presencia.
DON PEDRO. Bien hecho…. Vamos. (A Matilde)
DOÑA MATILDE. Adiós, Eduardo.
DON EDUARDO. Adiós, Matilde.
DON PEDRO. Vamos, repito.
DOÑA MATILDE. Fíate en mi constancia. (Al entrarse)
DON EDUARDO. Ya me fío. (Yéndose)
DOÑA MATILDE. Adiós. (Desde adentro)
DON EDUARDO. Adiós. (Vase)
BRUNO. ¡Cómo se quieren! Como dos tortolillos … y el amo, a pesar de eso, y sin saber por qué, los separa y los … vaya, no hiciera otro tanto Herodes el Ascalonita.