ESCENA VII
BRUNO, Y DESPUÉS DOÑA MATILDE
BRUNO. ¡No sabía yo lo de la afiladura del espadín! Con esto, y con que después se le antoje el que yo tuve arte o parte en el negocio … y me atraviese como un palomino…. Dígole a usted que … vamos, por más que lo miro y lo remiro … no hay escapatoria … tiene que acabar la tragedia … porque a la altura en que estamos … es claro que o se matan ellos o los mata D. Pedro, o me mata éste a mí … o se mata él … o nos morimos todos de pesadumbre … lo dicho … tiene que haber muertes … tiene que haberlas necesariamente … a menos que un milagro….
DOÑA MATILDE. ¿Salió mi padre?
BRUNO (aparte). Adiós con mi dinero … ya está aquí doña Matilde.
DOÑA MATILDE. ¿No me respondes si salió mi padre?
BRUNO. Salió, y como un rehilete … no sé yo lo que podía urgirle tanto … pero … ¿qué hace usted?…
DOÑA MATILDE. Lo que tú has olvidado … apagar las velas….
BRUNO. ¿Que es de rigor en tales aventuras el andar a tientas?
DOÑA MATILDE. Es prudencia por lo menos para evitar el que la vecina de enfrente fisgonee lo que va a pasar en este cuarto.
BRUNO. ¡Ay! (Dase con la cabeza contra la pared)
DOÑA MATILDE. ¿Qué es eso?
BRUNO. No es cosa, un chichón que debo a la vecina de enfrente.
DOÑA MATILDE. ¡Y todavía no has abierto la reja!
BRUNO. ¿Para qué? ¿Si se ha de ir usted al cabo, no vale más el que se salga usted por la puerta?
DOÑA MATILDE. No lo creas … eso cualquiera lo haría … y es también menos dramático.
BRUNO. ¿Menos qué?
DOÑA MATILDE. Vaya, despáchate en abrir la reja … mira que creo que ya ha dado la media.
BRUNO. ¿Qué había de dar? no, señora … ni por pienso…. Dios nos libre de que hubiera dado.
DOÑA MATILDE. ¿No abres?
BRUNO. Aquí tengo la llave; pero antes reflexione usted, hija mía, la pesadumbre que va usted a dar a su padre con este escándalo … y lo que….
DOÑA MATILDE. ¿Oyes ahora la media?
BRUNO. Virgen del Tremedal…. (Corriendo a la ventana) ¡Allá va, allá va!… (Gritando a don Eduardo)
DOÑA MATILDE. ¡Cómo! ¿A quién gritas?
BRUNO. Nada, nada.
DOÑA MATILDE. ¡Ah traidor! ya te entiendo … pero antes que vengan a sorprendernos apelaré a mi último recurso. (Hace como que saca las píldoras)
BRUNO. Tenga usted el brazo; (Corriendo a doña Matilde) tire usted esas píldoras, que es a D. Eduardo a quien yo avisaba…. (Vuelve a la ventana) Allá va, allá va…. Repito que es D. Eduardo a quien yo…. (Vuelve a doña Matilde) ¡ay qué sudor frío me ha entrado!
DOÑA MATILDE. ¿Pues por qué no me decías que D. Eduardo estaba ya esperándome?
BRUNO. Porque … porque … bueno estoy yo ahora para decir el porqué de nada, y si me sangraran….
DOÑA MATILDE. En suma, ¿quieres o no quieres abrir la reja?
BRUNO. En este instante…. (Aparte) Empecemos al menos por salvar dos vidas … ¡qué premiosa está!
DOÑA MATILDE. Pon luego una silla.
BRUNO. Pongo una silla.
DOÑA MATILDE. ¿Y está ya D. Eduardo?
BRUNO. Le estoy tocando con la mano la copa del sombrero.
DOÑA MATILDE. Entonces … ¿dónde dejaré la carta para papá?… y muy contenta que estoy con ella … ¡oh! me ha salido muy tierna y muy respetuosa … mucho más tierna que la de Clari en la ópera … aquí la pondré sobre la mesa … ahora vamos … no; me falta todavía que implorar al cielo, y rogar también por mi padre. (Se pone de rodillas)
BRUNO. ¡Si la tocará Dios en el corazón!
DOÑA MATILDE. Ahora quiero besar la poltrona (Se levanta) en que duerme papá la siesta … la mesa … la jaula de la cotorra … adiós, muebles queridos … adiós, paredes que me guarecisteis durante mis primeros … mis más dichosos años … y que quizá no volveré a ver más … dame la mano, Bruno … adiós, Bruno … que seas feliz … que me vengas a ver … ¡ay, que me caigo!…
BRUNO. No tenga usted cuidado … y déjese usted ir … ¡maldito alfiler!
DOÑA MATILDE. Que consueles a mi padre.
BRUNO. A buena hora, mangas verdes … téngala usted, D. Eduardo … así … ya llegó al suelo … y corren como gamos … y ya llegan a la iglesia … y ya entran y … Dios los haga buenos casados … quitémonos ahora de la reja … cerrémosla … y cuidemos antes de todo de esconder el espadín de acero.