ESCENA VII

LA MARQUESA Y DICHA

MARQUESA. ¿Vive en este cuarto una mujer que lava encajes?… Pero ¿qué ven mis ojos? ¡Matilde!

DOÑA MATILDE. ¡Clementina!

MARQUESA. ¡Tú aquí!

DOÑA MATILDE. ¡Oh! ¡qué gusto tengo en verte!

MARQUESA. ¡Y yo!… Pero ¿qué haces en este desván?

DOÑA MATILDE. Ya te diré … es que … ¿y tú, estás todavía en las
Salesas?

MARQUESA. Qué, si me casé hace cinco meses, y vivo precisamente en el cuarto principal de esta misma casa.

DOÑA MATILDE. Cuánto me alegro … así estaremos todo el día juntas y … pues me habían dicho que era una marquesa la que….

MARQUESA. Ésa soy yo.

DOÑA MATILDE. Entonces no te has casado con aquel cadete de Algarbe….

MARQUESA. Qué disparate; una cosa es hacer telégrafos por entre las ventanas, y otra cosa es casarse.

DOÑA MATILDE. Pero supongo que siempre te habrás casado enamorada de tu marido.

MARQUESA. No lo creas … ni le ví hasta que todo estaba tratado y firmado.

DOÑA MATILDE. ¿Y eres dichosa?

MARQUESA. Así, así … tengo coche … dos mil reales al mes de alfileres … y en cuanto a mi marido … es como todos los maridos, ni feo, ni bonito, ni … tu suerte, Matilde, es la que no me parece muy envidiable.

DOÑA MATILDE. Al contrario … ayer me casé con el hombre que adoraba.

MARQUESA. ¡Calla! ¿Serías tú acaso la novia que estuvo a pique de acostarse anoche a oscuras?

DOÑA MATILDE. Verdad es que….

MARQUESA. ¡Ja, ja!… y que no tuvo que cenar…. (Riéndose) ¡ja, ja!… Vaya, quién me hubiera dicho cuando las criadas me contaban al desnudarme tu fracaso, ¡ja, ja!…

DOÑA MATILDE. ¡Clementina!

MARQUESA. Perdona, Matilde; pero es un lance tan gracioso … ¡ja, ja!… ¡tan inesperado!

DOÑA MATILDE. Inesperado no; y acuérdate que siempre te juré que no me casaría sino a gusto mío, y con quien no tuviera nada.

MARQUESA. Sí, es cierto … también yo lo juré, si mal no me acuerdo, y ya ves cómo lo he cumplido … ¡pobre Matilde!

DOÑA MATILDE. ¡Me compadeces!

MARQUESA. Criada con tanto regalo, y obligada ahora a tener que ganar tu vida, cosiendo o bordando, o … porque algo tendrás que hacer para ayudar a tu marido … que por su parte también trabajará sin duda….

DOÑA MATILDE. Un escribano le ha dicho que le dará que copiar … cuando tenga.

MARQUESA. Pues … a dos reales el pliego … y tres o cuatro pliegos al día en escribiendo corrido … buena ocupación, por vida mía … pero dime, y tu padre ¿está furioso, eh?

DOÑA MATILDE. Ya ves, habiéndome casado sin su consentimiento….

MARQUESA. Y tiene mucha razón … ningún padre puede aprobar el que su hija se case con un perdulario.

DOÑA MATILDE. ¡Perdulario mi Eduardo! ¡Y se ha dejado desheredar de diez mil ducados de renta a trueque de casarse conmigo!

MARQUESA. Entonces tu Eduardo es un loco de atar, porque….

DOÑA MATILDE. Basta Clementina … tu marquesado no te autoriza para que me insultes porque me ves ahora pobre … y mucho más cuando nada pienso pedirte.

MARQUESA. Harás muy mal … que si no se pide a las amigas cuando no se tiene que llevar a la boca, no sé yo cuándo se ha de pedir … y yo lo he sido tuya, Matilde … no de las íntimas … pero … pero siempre te he querido bien … ya lo sabes … y te lo voy a probar ahora mismo … allí tengo en casa cuatro docenas de camisas de batista sin hacer del agua, y te las enviaré….

DOÑA MATILDE. No, Clementina, mil gracias, pero….

MARQUESA. Sí, te las enviaré … para que las bordes … y para que … lo que había de ganar otra … tú bordabas muy bien….

DOÑA MATILDE (aparte). ¡Qué humillación!