I
En la pequeña villa del Padrón, sita en territorio gallego,[[33-1]] y
allá por el año[[33-2]] del 1808, vendía sapos y culebras y agua llovediza,[[33-3]]
a fuer de legítimo boticario, un tal GARCÍA[[33-4]] DE PAREDES,
misántropo solterón, descendiente acaso, y sin acaso,[[33-5]] de aquel
05 varón[[33-6]] ilustre que mataba un toro de una puñada.
Era una fría y triste noche de otoño. El cielo estaba encapotado
por densas nubes, y la total carencia de alumbrado terrestre
dejaba a las tinieblas campar por su respeto[[33-7]] en todas las
calles y plazas de la población.
10 A eso de las diez de aquella pavorosa noche, que las lúgubres
circunstancias de la patria hacían mucho más siniestra, desembocó
en la plaza que hoy se llamará[[33-8]] de la Constitución un silencioso
grupo de sombras, aun más negras que la obscuridad de
cielo y tierra, las cuales avanzaron hacia la botica de García de
15 Paredes, cerrada completamente desde las Ánimas,[[33-9]] o sea desde
las ocho y media en punto.
—¿Qué hacemos?[[33-10]]—dijo una de las sombras en correctísimo
gallego.
—Nadie nos ha visto....—observó otra.
20 —¡Derribar la puerta!—propuso una mujer.
—¡Y matarlos!—murmuraron hasta quince voces.
—¡Yo me encargo del boticario!—exclamó un chico.
—¡De ése nos encargamos todos!
—¡Por judío![[33-11]]
25 —¡Por afrancesado!
—Dicen que hoy cenan con él más de veinte franceses....
—¡Ya lo creo! ¡Como saben que ahí están seguros, han
acudido en montón!
(p34)
—¡ Ah! Si fuera en mi casa! ¡Tres alojados llevo echados[[34-1]]
al pozo!
—¡Mi mujer degolló ayer a uno!...
—¡Y yo ... (dijo un fraile con voz de figle) he asfixiado a
05 dos capitanes, dejando carbón encendido en su celda, que antes
era mía![[34-2]]
—¡Y ese infame boticario los protege!
—¡Qué expresivo estuvo ayer en paseo con esos viles
excomulgados!
10 —¡Quién lo había de esperar[[34-3]] de García de Paredes! ¡No
hace un mes que era el más valiente, el más patriota, el más
realista del pueblo!
—¡Toma! ¡Como que[[34-4]] vendía en la botica retratos del
príncipe Fernando![[34-5]]
15 —¡Y ahora los vende de Napoleón!
—Antes nos excitaba a la defensa contra los invasores....
—Y desde que vinieron al Padrón se pasó a ellos....
—¡Y esta noche da de cenar a todos los jefes!
—¡Oíd qué algazara traen![[34-6]] ¡Pues no gritan ¡viva el
20 Emperador!
—Paciencia.... (murmuró el fraile.) Todavía es muy
temprano.
—Dejémosles emborracharse.... (expuso una vieja.)
Después entramos[[34-7]]... ¡y ni uno ha de quedar vivo!
25 —¡Pido que se haga cuartos[[34-8]] al boticario!
—¡Se le hará ochavos,[[34-9]] si queréis! Un afrancesado es más
odioso que un francés. El francés atropella a un pueblo extraño:
el afrancesado vende y deshonra a su patria. El francés comete
un asesinato: el afrancesado ¡un parricidio!