III

El frío es ya irresistible....

05 Ha llegado el momento de encerrarme en las entrañas de esa
peña; de incrustarme en su centro como un marisco en su
concha.

Antes de sepultarme en la que acaso será efectivamente mi
tumba; antes de vestirme esa mortaja de piedra, quiero despedirme
10 del mundo, de la Naturaleza, de la luz, de la vida....

Camina el sol tan poco elevado en el horizonte, que desde
que sale hasta que se pone no hace más que recorrer su ocaso[[113-1]]
como luminoso fantasma que da vueltas alrededor de su
sepulcro.

15 Sus rayos pálidos y horizontales reverberan tristemente sobre
el mar.

Las aguas empiezan a rizarse.... Pronto quedarán encadenadas
por el hielo.

La bóveda celeste ostenta un azul cárdeno y sombrío, que la
20 hace aparecer como más distante de la Tierra.

El soplo del aquilón quema y marchita las tristes flores que
osaron desplegar aquí sus encantos, y ata con lazos de cristal el
curso de los torrentes.... ¡Helos ya mudos, inmóviles, petrificados
en sus enérgicas actitudes, como trágicos héroes esculpidos[[113-2]]
25 en mármol!...

Reina un silencio sepulcral, un silencio absoluto. No se oye
ni canto de ave, ni rumor de corriente, ni suspiro de brisa, ni
columpio de planta....

¡Ni movimiento ni ruido!... ¡Nada! El mutismo del
30 no ser: he aquí todo. La eternidad y lo infinito deben de parecerse
a estas monótonas soledades, a estos páramos de inacción
y muerte.
(p114)
El calor de mi sangre, los latidos de mi corazón, el soplo de
mi aliento, el eco de mis pasos, son los únicos síntomas de vida
que ofrece la Naturaleza. Me creo, pues, solo en un mundo
cadáver, en un planeta posterior a su Apocalipsis;[[114-1]] en la Tierra
05 misma, pasado el Juicio final....

Hoy tiene el día diez y seis minutos.

Mañana no saldrá el sol.

Mañana me ocultaré yo por seis meses; él por tres.

¡Oh, sol! ¿ Volveremos a vernos?

10 ¡Qué frío tan espantoso!...
La humedad del aire se convierte en agujas de hielo que
punzan mi semblante.

Mi aliento me rodea de una especie de niebla que no puede
elevarse a la condensada atmósfera.

15 El humo de mi escopeta se dilata también horizontalmente.

Ayer toqué el gatillo sin mis gruesos guantes, y mis dedos
quedaron tan fuertemente unidos al acero que, para separarlos,
hube de dejarme allí la piel.

La sábana blanca que se extiende indefinidamente alrededor
20 de mí, y las irradiaciones de la luz en ella, hanme producido en
la vista una terrible inflamación....

Pronto vendrá el escorbuto....

¡Oh! ¡Qué espantosa es esta lucha de mi vida con la
muerte de todo lo creado!