V
25 Dos semanas después, un hermosísimo día de Enero, como
sólo los hay en el Norte de África y en el Sur de Europa,
tomaba el sol en la azotea de su casa de dos pisos el maestro
de capilla de la catedral de Ceuta con la tranquilidad
de quien ha tocado el órgano en misa mayor y se ha comido
30 luego una libra de boquerones, otra de carne y otra de
pan, con su correspondiente dosis de vino de Tarifa.[[83-9]]
(p84)
El buen músico, gordo como un cebón y colorado como una
remolacha, digería penosamente, paseando su turbia mirada de
apoplético por el magnífico panorama del Mediterráneo, y del
Estrecho de Gibraltar, del maldecido Peñón[[84-1]] que le da nombre,
05 de las cercanas cumbres de Anghera y Benzú[[84-2]] y de las remotas
nieves del Pequeño Atlas, cuando sintió acelerados pasos en la
escalera y la argentina voz de su mujer, que gritaba gozosamente:
—¡Bonifacio! ¡Bonifacio! ¡Carta de Ugíjar! ¡Carta de
tu tío! ¡Y vaya si es gorda![[84-4]]
10 —¡Hombre![[84-5]]—respondió el maestro de capilla, girando
como una esfera o globo terráqueo sobre el punto de su
redonda individualidad, que descansaba en el asiento.—¿Qué
santo se habrá empeñado para que mi tío se acuerde de mí?
¡Quince años hace que resido en esta tierra usurpada a Mahoma,
15 y cata aquí[[84-6]] la primera vez que me escribe aquel abencerraje,[[84-7]]
sin embargo de haberle yo escrito cien veces a él!
¡Sin duda me necesita para algo!
Y, dicho esto,[[84-8]] abrió la epístola (procurando que no la leyese
la Pepa de la posdata), y apareció, crujiente y tratando de
20 arrollarse por sí propio,[[84-9]] el amarillento pergamino.
—¿Qué nos envía?—preguntó entonces la mujer, gaditana[[84-10]]
y rubia por más señas,[[84-11]] y muy agraciada y valiente a pesar de
sus cuarenta agostos.
—¡Pepita, no seas tan curiosa!... Yo te lo diré, si debo
25 decírtelo, luego que me entere. ¡Mil veces te he advertido
que respetes mis cartas!...
—¡Advertencia propia de un libertino como tú! En fin,
¡despacha! y veamos si yo puedo saber qué papelote[[84-12]] te
manda tu tío. ¡Parece un billete de Banco del otro mundo!
30 En tanto que[[84-13]] su mujer decía aquellas cosas y otras, el
músico leyó la carta, y maravillóse hasta el extremo de ponerse
de pie sin esfuerzo alguno.
Tenía, sin embargo, tal hábito de disimular, que acertó a
decir muy naturalmente:
(p85)
—¡Qué tontería! ¡Sin duda está ya chocheando aquel mal
hombre! ¿Querrás creer que me remite esta hoja de una
Biblia en hebreo, para que yo busque algún judío que la compre
imaginándose el muy bobo que darán por ella un dineral?
05 Al mismo tiempo...—añadió para cambiar la conversación
y guardándose[[85-1]] en la faltriquera la carta y el pergamino:—al
propio tiempo ... me pregunta con mucho interés si tenemos
hijos.
—¡Él no los tiene!...—observó vivamente Pepita.—¡Sin
10 duda piensa dejarnos por herederos!
—¡ Más fácil es que al muy avaro se le haya ocurrido heredarnos
a nosotros!... Pero ¡calla!: están dando las once,
y yo tengo que afinar el órgano para las vísperas de esta tarde....
Me voy. Oye, prenda: que la comida esté dispuesta a
15 la una, y que no se te olvide[[85-2]] echar dos buenas patatas en el
puchero. ¡Que si tenemos hijos[[85-3]]!... ¡Vergüenza me da
de haber de contestarle que no!
—¡Escucha! ¡Espera! ¡Oye!—contestó como un rayo
la parte contraria....
20 —¡Ya! ¡Ya!
—¡Anda, zambombo, tonel, desagradecido![[85-4]] ¿Quién te
habrá amado a ti en el mundo como esta necia, que, con ese
barrigón y todo, te considera el hombre más hermoso que
Dios ha criado?
25 —¿Sí? ¿Me has dicho hermoso? ¡Pues mira, Pepa—respondió
el artista, pensando seguramente en el pergamino
árabe;—si mi tío llega a dejarme por heredero, o yo me
hago rico de cualquier otro modo, te juro llevarte a vivir a la
plaza de San Antonio de la ciudad de Cádiz, y comprarte más
30 joyas que tiene la Virgen de las Angustias[[85-5]] de Granada! Conque
hasta luego, pichona.
Y tirando un pellizco[[85-6]] en la barba a la que de antemano
tenía ya el hoyo en ella, cogió el sombrero y tomó el camino...,(p86)
no de la catedral, sino de las callejuelas en que suelen
vivir las familias moras avecindadas en aquella plaza fuerte.[[86-1]]