VIII

Admet-ben-Carime-el-Abdoun respiró alegremente, y aun
hizo alguna zapateta,[[89-6]] sin que por eso se le cayesen las mal aseguradas
20 zapatillas, tan luego como se vió fuera de los redoblados
muros de la plaza española y con toda el África[[89-7]] delante de
sí....

Porque África, para un verdadero africano como Manos-gordas,
es la tierra de la libertad absoluta; de una libertad anterior
25 y superior a todas las Constituciones e instituciones humanas;
de una libertad parecida a la de los conejos no caseros y
demás animales de monte, valle o arenal.

África, quiero decir, es la Jauja[[89-8]] de los malhechores, el seguro
de la impunidad, el campo neutral de los hombres y de las fieras,
30 protegido por el calor y la extensión de los desiertos. En(p90)
cuanto a los sultanes, reyes y beyes que presumen imperar en
aquella parte del mundo, y a las autoridades y mílites que los
representan, puede decirse que vienen a ser, para tales vasallos,
lo que el cazador para las liebres o para los corzos: un mal encuentro
05 posible, que muy pocos tienen en la vida, y en el cual
muere uno o no muere: si muere, tal día hizo un año;[[90-1]] y si no
muere, con poner mucha tierra por medio[[90-2]] no hay que pensar[[90-3]]
más en el asunto. Sirva esta digresión de advertencia a quien
la necesitare, y prosigamos nosotros nuestra relación.

10 —¡Toma aquí,[[90-4]] Zama!—dijo el moro a su cansada esposa,
como si hablase con una acémila.

Y, en lugar de dirigirse al Oeste, o sea hacia el Boquete de
Anghera, en busca del sabio santón, según había dicho a D.
Bonifacio, tomó hacia el Sur, por un barranquillo tapado de malezas
15 y árboles silvestres, que muy luego le llevó al camino de
Tetuán,[[90-5]] o bien a la borrosa vereda que, siguiendo las ondulaciones
de puntas y playas, conduce a Cabo-Negro por el valle
del Tarajar, por el de los Castillejos, por Monte-Negrón y por
las lagunas de Río-Azmir, nombres que todo español bien nacido
20 leerá hoy con amor y veneración, y que entonces no se habían
oído pronunciar todavía en España ni en el resto del mundo
civilizado.

Llegado que hubieron[[90-6]] ben-Carime[[90-7]] y Zama al vallecillo del
Tarajar, diéronse un punto de descanso a la orilla del arroyuelo
25 de agua potable que lo atraviesa, procedente de las alturas de
Sierra-Bullones; y en aquella tan segura y áspera soledad, que
parecía recién salida[[90-8]] de manos del Criador y no estrenada
todavía por el hombre; a la vista de un mar solitario, únicamente
surcado, tal o cual[[90-9]] noche de luna, por cárabos de piratas
o buques oficiales de Europa encargados de perseguirlos,
30 la mora se puso a lavarse y peinarse, y el moro sacó el manuscrito
y volvió a leerlo con tanta emoción como la primera
vez.

Decía así el pergamino árabe:
(p91)
«La bendición de Alah sea con los hombres buenos que lean
estas letras.

«No hay más gloria que la de Alah, de quien Mahoma fué y
es, en el corazón de los creyentes, profeta y enviado.

05 «Los hombres que roban la casa del que está en la guerra o
en el destierro viven bajo la maldición de Alah y de Mahoma,
y mueren roídos de escarabajos y cucarachas.

«¡Bendito sea, pues, Alah, que crió estos y otros bichos para
que se coman[[91-1]] a los hombres malos!

10 «Yo soy el caid Hassan-ben-Jussef, siervo de Alah, aunque
malamente he sido llamado D. Rodrigo de Acuña por los sucesores
de los perros cristianos que, haciéndoles fuerza y violando
solemnes capitulaciones, bautizaron con una escoba, a guisa de
hisopo, a mis infortunados ascendientes y a otros muchos islamitas
15 de estos reinos.

«Yo soy capitán bajo el estandarte del que, desde la muerte
de Aben-Humeya,[[91-2]] titúlase legítimamente rey de los andaluces,
Muley-Abdalá-Mahamud-Aben-Aboó, el cual, si no está ya sentado
en el trono de Granada, es por la traición y cobardía con
20 que los moros valencianos han faltado a sus compromisos y juramentos,
dejando de alzarse al mismo tiempo que los moros
granadinos contra el tirano común; pero de Alah recibirán el
pago, y, si somos vencidos nosotros, vencidos serán también
ellos y expulsados a la postre de España, sin el mérito de haber
luchado hasta última hora en el campo del honor y en defensa
25 de la justicia; y, si somos vencedores, les cortaremos el pescuezo
y echaremos sus cabezas a los marranos.

«Yo soy, en fin, el dueño de esta Torre y de toda la tierra
que hay a su alrededor, hasta llegar por Occidente al barranco
30 del Zorro y por Oriente al de los Espárragos, el cual debe tal
nombre a los muchos y muy exquisitos que cultivó allí mi abuelo
Sidi-Jussef-ben-Jussuf.

«La cosa no anda bien. Desde que el mal nacido D. Juan
de Austria[[91-3]] (confúndalo Alah) vino a combatir contra os(p92)
creyentes, prevemos que por ahora vamos a ser derrotados, sin perjuicio
de que,[[92-1]] andando los años[[92-2]] o las centurias, otro Príncipe
de la sangre del Profeta venga a recobrar el trono de Granada,
que ha pertenecido setecientos[[92-3]] años a los moros, y volverá a
05 pertenecerles[[92-4]] cuando Alah quiera, con el mismo título con que
lo poseyeron antes vándalos y godos, y antes los romanos, y
antes aquellos otros africanos que se llamaban los cartagineses:[[92-5]]
¡con el título de la conquista! Pero conozco, vuelvo a decir,
que por la presente[[92-6]] la cosa anda mal, y que muy pronto tendré
10 que trasladarme a Marruecos con mis cuarenta y tres hijos,
suponiendo que[[92-7]] los austriacos no me cojan en la primera batalla
y me cuelguen de un alcornoque, como yo los colgaría a
todos ellos si pudiera.

«Pues bien: al salir de esta Torre para emprender la última
15 y decisiva campaña dejo escondidos aquí, en sitio a que no
podrá llegar nadie sin topar primero con el presente manuscrito,
todo mi oro, toda mi plata, todas mis perlas; el tesoro de mi
familia; la hacienda de mis padres, mía y de mis herederos; el
caudal de que soy dueño y señor por ley divina y humana, como
20 es del ave la pluma que cría, o como son del niño los dientes que
echa con trabajo, o como son de cada mortal los malos humores
de cáncer o de lepra que hereda de sus padres.

«¡Detente, por tanto, oh tú, moro, cristiano o judío que, habiéndote
puesto a derribar esta mi casa, has llegado a descubrir
25 y leer los renglones que estoy escribiendo! ¡Detente, y respeta
el arca de tu prójimo![[92-8]] ¡No pongas la mano en su caudal!
¡No te apoderes de lo ajeno! Aquí no hay nada del
fisco, nada de dominio público, nada del Estado. El oro de
las minas podrá pertenecer a quien lo descubra, y una parte de
30 él al Rey del territorio. Pero el oro fundido y acuñado, el
dinero, la moneda, es de su dueño, y nada más que[[92-9]] de su dueño.
¡No me robes, pues, mal hombre! ¡No robes a mis descendientes,
que ya vendrán, el día que esté escrito,[[92-10]] a recoger su
herencia! Y si es que buenamente, por casualidad, encuentras(p93)
mi tesoro, te aconsejo que publiques edictos, llamando y notificando
el caso a los causa-habientes de Hassan-ben-Jussef; que
no es de hombres honestos[[93-1]] guardarse los hallazgos cuando estos
hallazgos tienen propietario conocido.

05 «Si así no lo hicieres, ¡maldito seas,[[93-2]] con la maldición de Alah
y con la mía! ¡Y pártate un rayo! ¡Y quiera Dios que cada
una de mis monedas se vuelva en tus manos un escorpión, y
cada perla un alacrán! ¡Y que mueran de lepra tus hijos, con
los dedos podridos y deshechos, para que no tengan ni tan siquiera[[93-3]]
10 el placer de rascarse! ¡Y que tu hija la mayor se escape
de tu casa con un judío! ¡Y que a ti te metan un palo
por el cuerpo, y te saquen asi a la vergüenza, teniéndote en
alto hasta que, con el peso de tu cuerpo, el palo salga por
encima de la coronilla y quedes patiabierto en el suelo, como
15 indecente rana atravesada por un asador!

«Ya lo sabes, y sépanlo todos, y bendito sea Alah, que es
Alah.

«Torre de Zoraya, en Aldeire del Cenet, a 15 días del mes de
Saphar del año de la egira[[93-4]] 968.

20 «HASSAN-BEN-JUSSEF.»