DON FERNANDO CALDERÓN

LA ROSA MARCHITA

¿Eres tú, triste rosa,

La que ayer difundía

Balsámica ambrosía,

Y tu altiva cabeza levantando

Eras la reina de la selva umbría?

¿Por qué tan pronto, dime,

Hoy triste y desolada

Te encuentras de tus galas despojada?

Ayer viento süave

Te halagó cariñoso;

Ayer alegre el ave

Su cántico armonioso

Ejercitaba, sobre ti posando;

Tú, rosa, le inspirabas,

Y á cantar sus amores le excitabas.

Tal vez el fatigado peregrino,

Al pasar junto á ti, quiso cortarte:

Tal vez quiso llevarte

Algún amante á su ardoroso seno;

Pero al ver tu hermosura,

La compasión sintieron,

Y su atrevida mano detuvieron.

Hoy nadie te respeta:

El furioso aquilón te ha deshojado.

Ya nada te ha quedado

¡Oh reina de las flores!

De tu brillo y tus colores.

La fiel imagen eres

De mi triste fortuna:

¡Ay! todos mis placeres,

Todas mis esperanzas una á una

Arrancándome ha ido

Un destino funesto, cual tus hojas

Arrancó el huracán embravecido!

¿Y qué, ya triste y sola,

No habrá quien te dirija una mirada?

¿Estarás condenada

Á eterna soledad y amargo lloro?

No, que existe un mortal sobre la tierra,

Un joven infeliz, desesperado,

Á quien horrible suerte ha condenado

Á perpetuo gemir: ven, pues, ¡oh rosa!

Ven á mi amante seno, en él reposa

Y ojalá de mis besos la pureza

Resucitar pudiera tu belleza.

Ven, ven, ¡oh triste rosa!

Si es mi suerte á la tuya semejante,

Burlemos su porfía;

Ven, todas mis caricias serán tuyas,

Y tu última fragancia será mía.