DON JOSÉ JOAQUÍN ORTIZ

COLOMBIA Y ESPAÑA

¡Oh! ¡reposad en vuestras quietas tumbas,

Augustos padres de la patria mía,

Pues bien lo merecéis! La grande obra

De redención al fin está cumplida;

Y no llegue á turbar vuestro reposo

El tumulto de lucha fratricida.

Hoy á vuestros sepulcros hace sombra

La bandera del iris, enlazada

Á la de los castillos y leones;

Que el odio no es eterno

En los pobres humanos corazones;

Y llegó el día en que la madre España

Estrechase á Colombia entre sus brazos,

Depuesta ya la saña;

No sierva, no señora;

Libres las dos como las hizo el cielo.

¡Ah! ¿ni cómo podría

Hallarse la hija siempre separada

Del dulce hogar paterno,

Ni consentir la cariñosa madre

Que tal apartamiento fuera eterno?

En esos años de la ausencia fiera,

El recuerdo de España

Seguíanos doquiera.

Todo nos es común: su Dios, el nuestro;

La sangre que circula por sus venas

Y el hermoso lenguaje;

Sus artes, nuestras artes; la armonía

De sus cantos, la nuestra; sus reveses

Nuestros también, y nuestras

Las glorias de Bailén y de Pavía.

Si á veces distraídos

Fijábamos los ojos

Á contemplar las hijas de Colombia;

En el porte elegante,

En el puro perfil de su semblante,

En su mirada ardiente y en el dejo

Meloso de la voz, eran retrato

De sus nobles abuelas;

Copia feliz de gracia soberana,

En que agradablemente se veía

El decoro y nobleza castellana

Y el donaire y la sal de Andalucía;

Y entonces exclamábamos: Un nombre

Terrible, España, tienes; ¡pero suena

Qué dulcemente al corazón del hombre!

¡Oh! ¡que esta santa alianza eterna sea,

Y el pendón de Castilla y de Colombia

Unidos siempre el universo vea!

Y que al ¡viva Colombia! que repiten

El áureo Tajo, y Ebro y Manzanares,

¡Responda el eco que rodando vaya

Por los tranquilos mares

Á la ibérica playa

De ¡viva España! con que el Ande atruena

El Cauca, el Orinoco, el Magdalena!