DON MIGUEL ANTONIO CARO
LA VUELTA A LA PATRIA
Mirad al peregrino
¡Cuán doliente y trocado!
Apoyándose lento en su cayado
¡Qué solitario va por su camino!
En su primer mañana,
Alma alegre y cantora
Abandonó el hogar, como á la aurora
Deja su nido la avecilla ufana.
Aire y luz, vida y flores,
Buscó en la vasta y fría
Región que la inocente fantasía
Adornaba con mágicos fulgores.
Ve el mundo, oye el rüido
De las grandes ciudades,
Y sólo vanidad de vanidades
Halla doquier su espíritu afligido
Materia da á su llanto
Cuanto el hombre le ofrece;
Ya la risa en sus labios no florece,
Y olvidó la nativa voz del canto.
Hízose pensativo;
Las nubes y las olas
Sus confidentes son, y trata á solas
El sitio más repuesto y más esquivo.
Á su penar responde
En la noche callada,
La estrella que declina fatigada
Y en el materno piélago se esconde.
¡Vuelve, vuelve á tu centro!
Natura al infelice
Clama; ¡vuelve! una voz también le dice
Que habla siempre con él, amiga, adentro,
¡Ay triste! En lontananza
Ve los pasados días,
Y en gozar otra vez sus alegrías
Concentra reanimado la esperanza.
¡Imposible! ¡Locura!...
¿Cuándo pudo á su fuente
Retroceder el mísero torrente
Que probó de los mares la amargura?
Ya sube la colina
Con mal seguro paso;
Del sol poniente al resplandor escaso
El valle de la infancia se domina.
¡Ay! Ese valle umbrío
Que la paterna casa
Guarece; ese rumor con que acompasa
Sus blandos tumbos el sagrado río;
Esa aura embalsamada
Que sus sienes orea,
¿A un corazón enfermo que desea
Su antigua soledad, no dicen nada?
El pobre peregrino
Ni oye, ni ve, ni siente;
De la Patria la imagen en su mente
No existe ya, sino ideal divino.
Invisible le toca
Y sus párpados cierra
Ángel piadoso, y la ilusión destierra,
Y el dulce sonreir vuelve á su boca.
¡Qué muda despedida!
¿Quién muerto le creyera?
¡Mirando está la Patria verdadera!
¡Está durmiendo el sueño de la vida!