DON OLEGARIO V. ANDRADE
ATLÁNTIDA
Canto al porvenir de la raza latina en América
VII
¡Siglos pasaron sobre el mundo, y siglos
Guardaron el secreto!
Lo presintió Platón cuando sentado
En las rocas de Engina contemplaba
Las sombras que en silencio descendían
Á posarse en las cumbres del Himeto;
Y el misterioso diálogo entablaba
Con las olas inquietas
¡Que á sus pies se arrastraban y gemían!
Adivinó su nombre, hija postrera
Del tiempo, destinada
Á celebrar las bodas del futuro
En sus campos de eterna primavera,
¡Y la llamó la Atlántida soñada!
Pero Dios reservaba
La empresa ruda al genio renaciente
De la latina raza, ¡domadora
De pueblos, combatiente
De las grandes batallas de la historia!
Y cuando fué la hora,
Colón apareció sobre la nave
Del destino del mundo portadora—
Y la nave avanzó. Y el Océano,
Huraño y turbulento,
Lanzó al encuentro del bajel latino
Los negros aquilones,
¡Y á su frente rugiendo el torbellino,
Jinete en el relámpago sangriento!
Pero la nave fué, y el hondo arcano
Cayó roto en pedazos;
¡Y despertó la Atlántida soñada
De un pobre visionario entre los brazos!
Era lo que buscaba
El genio inquieto de la vieja raza,
Debelador de tronos y coronas,
¡Era lo que soñaba!
¡Ámbito y luz en apartadas zonas!
Helo armado otra vez, no ya arrastrando
El sangriento sudario del pasado
Ni de negros recuerdos bajo el peso,
Sino en pos de grandiosas ilusiones,
¡La libertad, la gloria y el progreso!
¡Nada le falta ya! lleva en el seno
El insondable afán del infinito,
¡Y el infinito por doquier lo llama
De las montañas con el hondo grito
Y de los mares con la voz de trueno!
Tiene el altar que Roma
Quiso en vano construir con los escombros
Del templo egipcio y la pagoda indiana,
¡Altar en que profese eternamente
Un culto solo la conciencia humana!
¡Y el Andes, con sus gradas ciclopeas,
Con sus rojas antorchas de volcanes,
Será el altar de fulgurantes velos
En que el himno inmortal de las ideas
La tierra entera elevará á los cielos!
VIII
¡Campo inmenso á su afán! Allá dormidas
Bajo el arco triunfal de mil colores
Del trópico esplendente,
Las Antillas levantan la cabeza
De la naciente luz á los albores,
Como bandadas de aves fugitivas
Que arrullaron al mar con sus extrañas
Canciones plañideras,
Y que secan al sol las blancas alas
¡Para emprender el vuelo á otras riberas!
¡Allá Méjico está! sobre dos mares
Alzada cual granítica atalaya,
¡Parece que aun espía
La castellana flota que se acerca
Del golfo azteca á la arenosa playa!
Y más allá Colombia adormecida
Del Tequendama al retemblar profundo,
¡Colombia la opulenta
Que parece llevar en las entrañas
La inagotable juventud del mundo!
¡Salve, zona feliz! región querida
Del almo sol que tus encantos cela,
Inmenso hogar de animación y vida,
¡Cuna del gran Bolívar! ¡Venezuela!
Todo en tu suelo es grande,
Los astros que te alumbran desde arriba
Con eterno, sangriento centelleo,
El genio, el heroísmo,
¡Volcán que hizo erupción con ronco estruendo
En la cumbre inmortal de San Mateo!
Tendida al pie del Ande,
Viuda infeliz sobre entreabierta huesa,
Yace la Roma de los Incas, rota
La vieja espada en la contienda grande,
La frente hundida en la tiniebla obscura,
¡Mas no ha muerto el Perú! que la derrota
Germen es en los pueblos varoniles
De redención futura—
entonces cuando llegue,
Para su suelo, la estación propicia
Del trabajo que cura y regenera,
Y brille al fin el sol de la justicia
Tras largos días de vergüenza y lloro,
¡El rojo manto que á su espalda flota
Las mieses bordarán con flores de oro!
¡Bolivia! la heredera del gigante
Nacido al pie del Ávila, su genio
Inquieto y su valor constante
Tiene para las luchas de la vida;
Sueña en batallas hoy, pero no importa,
Sueña también en anchos horizontes
En que en vez de cureñas y cañones
¡Sienta rodar la audaz locomotora
Cortando valles y escalando montes!
Y Chile el vencedor, fuerte en la guerra,
Pero más fuerte en el trabajo, vuelve
Á colgar en el techo
Las vengadoras armas, convencido
De que es estéril siempre la victoria
De la fuerza brutal sobre el derecho.
El Uruguay que combatiendo entrega
Su seno á las caricias del progreso,
El Brasil que recibe
Del mar Atlante el estruendoso beso
Y á quien sólo le falta
El ser más libre, para ser más grande,
¡Y la región bendita,
Sublime desposada de la gloria,
Que baña el Plata y que limita el Ande!
¡De pie para cantarla! que es la patria,
La patria bendecida,
Siempre en pos de sublimes ideales,
¡El pueblo joven que arrulló en la cuna
El rumor de los himnos inmortales!
Y que hoy llama al festín de su opulencia
Á cuantos rinden culto
Á la sagrada libertad, hermana
Del arte, del progreso y de la ciencia—
¡La patria! que ensanchó sus horizontes
Rompiendo las barreras
Que en otrora su espíritu aterraron,
¡Y á cuyo paso en los nevados montes
Del Génesis los ecos despertaron!
¡La patria! que, olvidada
De la civil querella, arrojó lejos
El fratricida acero
Y que lleva orgullosa
La corona de espigas en la frente,
¡Menos pesada que el laurel guerrero!
¡La patria! en ella cabe
Cuanto de grande el pensamiento alcanza,
En ella el sol de redención se enciende,
Ella al encuentro del futuro avanza,
Y su mano, del Plata desbordante
¡La inmensa copa á las naciones tiende!
IX
¡Ámbito inmenso, abierto
De la latina raza al hondo anhelo!
¡El mar, el mar gigante, la montaña
En eterno coloquio con el cielo...
Y más allá desierto!
Acá ríos que corren desbordados,
Allí valles que ondean
Como ríos eternos de verdura,
Los bosques á los bosques enlazados,
¡Doquier la libertad, doquier la vida
Palpitando en el aire, en la pradera
Y en explosión magnífica encendida!
¡Atlántida encantada
Que Platón presintió! promesa de oro
Del porvenir humano—Reservado
Á la raza fecunda,
Cuyo seno engendró para la historia
Los Césares del genio y de la espada—
Aquí va á realizar lo que no pudo
Del mundo antiguo en los escombros yertos
¡La más bella visión de sus visiones!
¡Al himno colosal de los desiertos
La eterna comunión de las naciones!
PROMETEO
VII
¡Arriba, pensadores! que en la lucha
Se templa y fortalece
Vuestra raza inmortal, nunca domada,
Que lleva por celeste distintivo
La chispa de la audacia en la mirada
Y anhelos infinitos en el alma;
¡En cuya frente altiva
Se confunden y enlazan
El laurel rumoroso de la gloria
Y del dolor la mustia siempre-viva!
¡Arriba, pensadores!
¡Que el espíritu humano sale ileso
Del cadalso y la hoguera!
Vuestro heraldo triunfal es el progreso
Y la verdad la suspirada meta
De vuestro afán gigante.
¡Arriba! ¡que ya asoma el claro día
En que el error y el fanatismo expiren
Con doliente y confuso clamoreo!
¡Ave de esa alborada es el poeta,
Hermano de las águilas del Cáucaso,
Que secaron piadosas con sus alas
La ensangrentada faz de Prometeo!