DON RAFAEL OBLIGADO

EN LA RIBERA

Ven, sigue de la mano

Al que te amó de niño;

Ven, y juntos lleguemos hasta el bosque

Que está en la margen del paterno río.

¡Oh, cuánto eres hermosa,

mi amada, en este sitio!

Sólo por ti, y á reflejar tu frente,

Corriendo baja el Paraná tranquilo.

Para besar tu huella

Fue siempre tan sumiso,

Que, en viéndote llegar, hasta la playa

Manda sus olas sin hacer rüido.

Por eso, porque te ama,

Somos grandes amigos;

Luego, sabe decirte aquellas cosas

Que nunca brotan de los labios míos.

El año que tú faltas,

La flor de sus seíbos,

Como cansada de esperar tus sienes,

Cuelga sus ramos de carmín marchitos.

Por la tersa corriente,

Risueños y furtivos,

Como sueltas guirnaldas, no navegan

Los verdes camalotes florecidos.

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Sólo inclinan los sauces

Su ramaje sombrío,

Y las aves más tristes, en sus copas

Gimiendo tejen sus ocultos nidos.

Pero llegas..., y el agua,

El bosque, el cielo mismo,

Es como una explosión de mil colores,

Y el aire rompe en sonorosos himnos.

Así la primavera,

Del trópico vecino

Desciende, y canta, repartiendo flores,

Y colgando en las vides los racimos.

¡Cuál suenan gratamente,

Acordes, en un ritmo,

Del agua el melancólico murmullo

Y el leve susurrar de tu vestido!

¡Oh, si me fuera dado

Guardar en mis oídos,

Para siempre, esta música del alma,

Esta unión de tu ser y de mis ríos!