CAPITULO HONZE

De como los Siluas, honbres naturales de la isla de Tenerife, siguieron al comendador Hordas, y el fin que ouieron por sus malas obras.

Al tiempo y sazón que el comendador Hordas llego a la isla de Tenerife, salto en tierra[308] Alonso de Herrera, a quien el traia por su maese de campo, para que como honbre practico en negoçios de miliçia y de singular graçia para atraer a si los animos de los soldados por su hauilidad[309] asi en el hablar como en tratar, juntase alguna jente; el qual, entre otros vezinos y naturales con quien el alli trato y tubo amistad, fueron estos Siluas, jente de mediana hazienda y linaje y juueniles en la hedad y aun en el juizio, a los quales façilmente atrajo a si Alonso de Herrera, para que deshaziendose del patrimonio y bienes que alli tenian, los gastasen en armar vn nabio o los que pudiesen, y en ellos metiesen los soldados y jente que hallasen, para yr con el comendador Hordas en demanda de aquella rrica por fama e ynçierta notiçia del Marañon, y con esto no solo adquiririan titulos de capitanes y personas prinçipales y preheminentes, mas tenian[310] tanta mano en el negoçio del gouierno de la jente y tierra que se descubriese y poblase, como el propio gouernador; y poniendoles por delante demas de las adulaciones dichas, las muchas rriquezas, aunque biolentamente auidas, que en aquellos tiempos de las Indias se lleuauan a España, que aunque no eran tantas ni tan licitamente auidas como las de estos tienpos, parecian ser en tanto numero por ser la tierra nueuamente descubierta.

Determinados los Siluas de hazer lo que Alonso de Herrera les rrogaua, pareçiendoles venilles muy bien y a pelo el negoçio, con vna ynçierta y bana esperanza se deshizieron de los bienes y hazienda que en ella tenian, y conprando vna nao y una carauela o nauio, comencaron a ponerse a punto de proseguir y salir con su jornada adelante, conuocando y atrayendo a su conpañia muchos amigos y conocidos de los que en aquella ysla tenian, los quales con uer a estos bezinos deshazerse de sus heredades y dejar la zierta y mediana pasedia[311] que tenian, por meterse deuajo de lo que la fortuna con hellos quisiese guiar, facilmente se despusieron a seguillos, y asi juntaron mas de doçientos honbres.

Estando ya a punto estos capitanes con su jente y nauios para se partir en segimiento de su capitan y gouernador, llego a la misma ysla de Tenerife, al propio puerto de Santa Cruz, donde estauan surtos los nauios de los Siluas, vn galeon de vn cauallero portugues cargado de mercadurias y de otras cosas que para el sustento de aquella ysla se traian, en el qual ansi mesmo venia vna donzella de poca hedad, hija o parienta del señor del galeon. El que venia por maestre deste galeon, o por enojo que de su dueño tuuo o por otra diabolica codizia que a ello le mouio, trato con Gaspar de Silua, que hera hermano mayor de los tres, que se apoderase en el galeon y en todo lo que en el estava y lo lleuase consigo. Gaspar de Silua dexose facilmente venzer de su cudicia, y hizo lo que el maestre del galeon le dezia, del qual apoderandose contra toda rrazon y justizia; echo los demas que contra su opinion y boluntad estauan en el y dioles en renconpensa la nao que tenia para su viaje, que era ya bieja y maltratada con el mucho trauajo, y de lo que le parecio paso al otro nauio que el antes tenia, en el qual pensaua nauegar con la donzella que en el galeon auia benido. Rrepartiendo la jente que alli tenia hecha en el galeon y nauio, metio a sus dos hermanos, llamados Juan Gonzalez y Bartolome Gonzalez, en el galeon por capitanes del y el se metio en la caravela.

Haziendose a la vela tomaron su derrota a las yslas de Cauo Uerde, como el gouernador Hordas les auia mandado, a donde en pocos dias llegaron; y saltando en tierra a tomar algun rrefresco para la mar, procuro aprouecharse mas de lo que hera rrazon a jente de su nacion, rrouando todos los ganados y otras cosas que pudo auer contra la boluntad de sus dueños, y aun casi a manera de amotinado, rrouo y despojo algunos portugueses que en la ysla a manos allo, todo lo que tenian, y dejandolos despojados de sus haciendas se enuarco y prosigio su viaje, en el qual porque[312] se efetuasen todos los generos de maldades, forzo y corronpio a la donzella que en el galeon auia tomado con las otras cosas.

El galeon hera mas ligero en el nauegar, y asi en el camino se adelanto, y dejando atras a la carauela, en que yba Gaspar de Silua, se fue dando vista al rrio Marañon y a los demas puertos que por alli auia, y biendo quen todos hellos no auia rastro ni señal de los nauios del comendador Hordas, enboco por las bocas del Drago, y fue derecho a dar al puerto de Paria[313], donde hallo que estava surta la nao capitana. El Comendador sintio muy gran alegria y contento de uer uenir la jente que atras auia dejado, y haziendose su salua e manera de rreciuimiento los vnos a los otros, surgio el galeon de los Siluas, y saltando en tierra fueron muy bien rreceuidos de su Gouernador, y uiendo que tan bien proueidos venian, aunque no sauia a cuya costa, y que no solo traian lo que auian menester, mas otras muchas cosas para uender a los que en la tierra estauan, se alegro muy mucho mas y les rrindio mas particularmente las gracias, dandoles lizençia que[314] pudiesen bender lo que traian sobrado como quisiesen.

Mas Dios nuestro señor, que no consiente que semejantes maldades pasen ni queden sin castigo, permitio que dos soldados que en el galeon auian venido, llamados Hernan Sanchez Morillo y Briorres, que no deuian de auer sido consentidores en las maldades de los demas, dieron noticia al gouernador Ordas de lo que los Siluas tan maluadamente auian hecho, ansi en auerse alcado con el galeon y todo lo que en el venia, como el corronpimiento y[315] fuerza de la donzella y rrouos echos en Cauo Uerde, lo qual no curando disimular el Gouernador, antes procurando y deseando que se les diese el castigo que semejantes negocios merezen, mando luego a Gil Gonzalez de Auila, a quien el tenia por su alcalde mayor, que prendiese a los dos hermanos que venian en el galeon y que haziendo ynformacion sobre los crimenes de que le auian dado noticia, hiziese justicia dellos y castigase a todos los mas culpados. El Alcalde mayor puso luego por hobra lo que su Gouernador le mandaua, y auida ynformacion bastante sobre hello, corto las cauezas a los dos hermanos Juan y Bartolome Gonzalez, y afrento y acoto a otros participantes de dichos delitos, a cada uno segun tenia la culpa[316]. Donde a pocos dias llego a esta fortaleza Gaspar de Silua, el hermano mayor que auia quedado atras, y allo que se auia ya partido el Comendador en demanda y seguimiento de su jornada al rrio de Uriaparia, en cuya busca y alcanze se fue luego, a los quales alcanco luego a la entrada del propio rrio Uriaparia, mostrando mucha alegria con bozes y altilleria que solto de su carauela, y se metio luego en vn esquiffe y se fue a la nao capitana a uesar las manos al gouernador Ordas, el qual luego lo mando prender y se hiziese justicia del como de sus hermanos, y lo lleuaron a enterrar a una isleta pequeña que alli zerca hazia el rrio, llamada Peratabre, la qual desde en adelante[317] se llamo la isla de Gaspar de Silua; y desta suerte estos tres hermanos ouieron y rresciuieron la pena que su loco atreuimiento e ynfames echos merescieron, participando del castigo y pena todos los demas soldados y otras personas que auian sido participantes de los delitos, cada qual segun tenia la culpa como arriua rreferi[318].

Todos los vienes y mercadurias que estos Siluas rouaron, asi en el galeon como en Cauo Verde, y los demas que ellos traian por suyos, fueron secrestados[319] y bendidos y encargados a los que alli venian por ofyciales del Rrey para quellos pusiesen en cobro.

De esto se puede conjeturar quan mas y mejor ouiera sido a estos Siluas contentarse con su mediana pasedia[320] y no procurar o pretender por ynciertas vias y medios adquerir vana honrra, especialmente siendo tan ynciertos los vienes y prometimientos de la fortuna, pues como es notorio, por vno que en las Indias suue y alcanza mayor dinidad y estado y mas prosperidad de rriquezas, dezienden y se pierden diez de mayores quilates que aquel que subio, como nos lo muestra la espirienzia de muchos mayorazgos, que con bana esperanza de ser mas rricos, se an desecho en España de sus patrimonios con que honrrosamente sustentauan la memoria de sus mayores, y pasando a las Indias y perdiendo y gastando el aparato que despaña sacaron, an uenido a morir miserable y pauperrissimamente, y aun a muchos dellos en poder de yndios cariues y de tigres y otros animales en cuyos bientres an sido sepultados, caresciendo de la materna sepultura, y lo que mas es de sentir, de los benefficios y sufraxios que en sus tierras se les hizieran, de que pudieran gozar no siguiendo la banidad ni dejando lo cierto por lo dudoso, como el bulgar rreflan dize.