CAPITULO NUEBE

Como escapando Ordas con su nao capitana de la fortuna del Marañon, entro en el golfo de Paria y se apodero del fuerte de Sedeño por mandado de Jeronimo Ortal.

Viendo el comendador Hordas el gran peligro y rriesgo en que estaba, por no tener sufiçiente hondura alli la mar para nabegar, con la brevedad que se rrequeria procuro hazerse a la mar, a lo qual le ayudo façilmente el viento, que por permision divina en aquel punto se bolvio a tierra, y haziendose a la mar tomo acuerdo con algunos de los que tenian notiçia de aquella costa y tierra en lo que devian hazer, pues no eran parte para entrar en el rrio Marañon a cavsa de no aber en algunas partes de su entrada la hondura que para nabegar su nao se rrequeria. No falto quien tubo notiçia de la tierra de Paria, cuya provinçia se afirma ser muy poblada de naturales y rrica de oro y plata, y dando abiso dello al Governador y de quan çerca estaba de alli y de su Governaçion, luego, de comun consentimiento, tomaron la derrota para yr alla, y començando a nabegar, no apartandose de vista de tierra por no engolfarse, sin aber nabegado mucha distançia, permitieron sus hados, que en todo les eran contrarios, que diese y encallase la nao en vn pequeña ysla o baxio que por delante tenia, cuya playa, por ser arenosa o leganosa, no cavso la total perdiçion desta nao y gente, los quales, viendose en este peligro y que por rrazon de no aberse de rrepente la nao quebrado y hecho pedaços, podrian ser rremediados, con toda diligencia salto toda la gente en tierra, que serian seysçientos honbres, y alijando y echando fuera quarenta caballos y otras muchas cargas que dentro tenia, procuraron por todas las vias que pudieron sacar la nao sin lision alguna de aquel peligro, y por mucha prisa que se dieron y diligençia que pusieron, se estuvieron alli dos mareas sin poder mover la nao, y a la tercera quiso Dios nuestro Señor, porque tanta gente no pereçiese, que echando todos los remos que pudieron en el batel o fragata que la nao traya para su serviçio, y atando la nao al batel y tirando con todo el ynpetu y fuerça que pudieron poner en los rremos, sacaron la nao a lo largo do podia navegar, y tornando a enbarcar los caballos y otras cosas que abian sacado fuera, prosiguieron su viaje, y enbocando por las bocas del Drago, que es vn estrecho y angostura que vna punta de la Trinidad haze con otra de la Tierra Firme, entraron en el golfo de Paria, que es vna concabidad que de mar se haze entre Tierra Firme de Paria y la ysla de la Trinidad, el qual esta quasi cerrado, porque solas dos salidas que tiene que, como he dicho, la vna es las bocas del Drago y la otra hazia la parte de Cuba Agua, donde asimesmo otra punta de la ysla de la Trinidad estrecha la mar con la Tierra Firme, son muy angostas y estrechas, y avn esta salida que este golfo de Paria tiene hazia Cuba Agua es de mas peligro y rriesgo que las bocas del Drago, por tener en medio dos ysleos pequeños donde peligran muchas veces los nabegantes.

Entrado en este golfo el Comendador con su nao, echo de su gente en tierra, a la parte de Paria, en vna provinçia de yndios llamada los Açios, que por aber tratado antes con españoles no se açoraron ni alborotaron con la llegada de la gente de Hordas, antes tratandose amigablemente con ellos, les dieron a entender casi por señas como en otra provinçia, que estaria ocho leguas de alli, llamada Turuquiare, abia españoles.

Sabida por Don Diego de Ordas esta nueva, no dexo de alborotarse, por no saber que jente fuese aquella y pareçelle que forçosamente abia de tener controbersias sobre el poseer de aquella tierra, porque pretendia que ya que por su contraria fortuna le abia salido ynçierta la jornada del Marañon, yntroduzirse y meterse en aquella provinçia de Paria, diziendo que entraba en los terminos y limites de su governaçion, y con esta confianza vino a preguntar que jente estaria en donde los yndios dezian, los quales le rrespondieron dandole a entender que seria hasta veynte honbres, y que estavan en vna sola casa. Con esta nueba cobro mas aliento el governador Hordas, y mandando adereçar çien honbres, les dio por capitan a Geronimo Hortal, que despues, por muerte suya, vino a ser Governador de Paria, a quien el traya por tesorero de la hazienda rreal en su governaçion, mandandoles que diligente y cuerdamente fuesen a donde los yndios dezian y viesen que jente era aquella y la rreconoçiesen, y si fuesen parte para con poco tumulto, prendellos, y le abisasen de ello.

Con estos honbres se enbarco Geronimo Ortal en el vergantin, y nabegando hazia la fortaleza de Paria, llego a ella, donde no pequeño contento y alegria rreçibieron los soldados que alli estavan, por ver españoles y gente de su naçion con quien poder salir y escapar de la sujeçion que los naturales de aquella provinçia tenian sobre ellos, que a no aber tenido el rreparo y abrigo de aquella fragil casa y çercado de tapias donde estaban rrecogidos, a quien tenian puesto nombre de fortaleza, obiesen sido muchos dias antes muertos y desbaratados de los yndios, avnque fuera mucha mas cantidad y con mejores adereços de armas que ellos alli tenian.

Saltando en tierra Geronimo Ortal con su gente y viendo la poca gente que en la fortaleza abia y quan descoloridos, flacos y maltratados estaban, se entro, como suelen deçir, de rrondon en la fortaleza, y preguntandoles la cavsa de su estada alli, y abida la rrespuesta de ellos, se apodero en la fortaleza y en todo lo que en ella abia, y despojando a Juan Gonçalez, a quien Antonio Sedeño abia dexado alli por su tiniente o cavdillo, del poder y juridiçion que tenia, luego dio abiso dello al comendador Ordas, que con la nao abia quedado atras, de todo lo que pasaba y abia visto y hallado, a lo qual enbio el vergantin en que el abia venido, con algunos soldados asi de los de Sedeño como de los que con el abian venido.