CAPITULO SEIS

Como Jeronimo Ortal, despidiendo al capitan Bautista y a los que heran de su opinion, se metio con los que le quisieron seguir la tierra adentro, en demanda de Meta, y como fue muerto Agustin Delgado de un flechazo.

Avida esta uitoria, Geronimo Ortal se rrecoxio con todos los prisioneros y despojo al pueblo del principal Diego, y poniendo la guarda quera razon en los uencidos, descanso aquella noche con demasiado contento, por estar bastantemente satisfecho de su ynjuria.

Algunos soldados de los de Bautista, que en el conflito de la batalla se auian escondido en arroyos y arcabucos zercanos, por gozar de la clemencia y misericordia, se uinieron de su voluntad a presentar ante Jeronimo Ortal. De toda la gente de Bautista solamente escaparon asta veinte honbres que en cauallos, vyendo, se fueron a la costa, donde estaua la gente del capitan Vega; y aunque Gironimo Hortal ynbio tras ellos para los prender y auer cunplida uitoria, porque no ouiese quien contra el se rrehiziese, pero no pudieron ser auidos ni alcancados.

Otro dia siguiente el Gouernador junto toda la gente del capitan Bautista, y dandoles noticia de la jornada y derrota que pensaua seguir la tierra adentro, les dijo que a todos los que con el quisiesen yr les volveria todas sus armas y cauallos y lo demas que se les ouiese tomado, y que serian galardonados tan por entero en la tierra que descubriesen y poblasen como los demas que sienpre le auian seguido, y que los que se quisiesen voluer a la costa, que les daria licencia para hello, pero que no les pensaua voluer cosa alguna de lo que se les auia tomado. Todos los mas de los soldados de Bautista se declararon y ofrecieron de yr con Jeronimo Ortal, y los demas con su capitan Bautista fueron despedidos y enviados desnudos y despojados y con sendas uaras en las manos a guisa de rrendidos.

Hallose Jeronimo Ortal con mas de ciento y cinquenta honbres, a los quales declaro particularmente su yntencion, y les dijo como queria yr por tierra y proseguir su jornada e yr en demanda de Meta, pues Dios auia sido seruido de dalle tan buen aparejo de gente y armas. Los capitanes y soldados todos vinieron hen ello y desde luego se pusieron a punto de caminar y comenzaron a entrar la tierra adentro, marchando siempre casi al Poniente.

Pasados algunos dias de camino sin sucedelles cosa notable, llegaron a una poblazon rrala y algo llana, donde los moradores de temor nunca esperaron. Entraron los soldados hen ella y buscaron si auia que pillar y no hallaron mas de comida enterrada en algunas vasijas deuajo de la tierra, y alojose el Gouernador en la mejor parte que les parecio. Pasados pocos dias que en esta poblazon estauan descansando, vajo vn yndio por vna loma o cuchilla auajo hazia el rreal con vn arco y flechas en la mano. Hallose mas a punto de salir a tomar aquel yndio el capitan Agustin Delgado, por tener su cauallo ensillado, lo qual sienpre el tenia de costunbre andando en tierra de guerra, y caualgando salio a tomar el yndio, el qual sin hazer ninguna manera de defensa ni rresistencia se uino con el capitan Delgado, que delante de si lo traia sin auelle quitado las armas por ver su mansedunbre. Viniendo marchando el capitan Delgado con su yndio delante de si, asomo otro yndio de la propia prouincia por la loma por donde yndio ya dicho auia uajado, y caminando anzia el rreal de los cristianos venia dando muy grandes vozes en su lengua, hablando con el yndio que Delgado traya delante de si, y diciendole que donde se sufria que un honbre se dejase prender de otro honbre y lleuar cautivo a miserable seruidumbre; que arto mejor le fuera defendiendose morir, que como couarde dejarse prender del que lo lleuava; que estuuiese cierto que si de la prision en que yva escapaua y uenia entre sus deudos y naturales, que todos le auian de consumir la uida con la mas cruel muerte que pudiesen ynuentar.

Indinado con estas uozes el yndio preso, puso vna de las flechas que lleuaua en el arco y en alcando y apuntando se uoluio para Agustin Delgado a disparar en el la flecha. El Delgado puso las piernas al cauallo, que estaua amaestrado en aquello, porque hera usanza de los que hazian esclauos en yendo en alcanze de algun yndio y llegando zerca rrepararse el cauallo para tomallo de los cauellos sin hazelle mal ninguno. Esta maestria rredundo en daño del Agustin Delgado, porque como el cauallo se rreparo, el yndio enbevio la flecha en el arco y apunto al rrostro del jinete, el qual se adargo con la rrodela, y biendolo el yndio adargado, acometio a tirar la flecha al pecho del cauallo: acudio alli el capitan Delgado a cubrir con la adarga; el yndio, uiendo el rrostro descuuierto, torno a suuir el arco y disparando con toda presteza e ynpetu, dio con la flecha al capitan Delgado entre los ojos o entre las cejas, que le llego a la tela de los sesos. La herida fue mortal, y asi la sintio como tal, y despues de auerse confesado murio aquel propio dia. En la noche, el yndio que lo hirio y el que se lo aconsejo pagaron el daño con las uidas, que con muchas heridas que les dieron les fueron alli quitadas.

Sintio Jeronimo Ortal mucho la muerte deste Capitan, porque demas de ser tan buen Capitan y soldado como se ha dicho, hera gran parte para que al Gouernador se le tuviese el rrespeto y acatamiento que hera rrazon y que todos lo ouedeciesen, y tanbien para que Jeronimo Ortal tratase con los soldados y capitanes afable y generosamente; todo lo qual se perdio con su muerte, y comenzaron los soldados y capitanes a menospreciar a su Gouernador y tenello en poco, que fue causa de grandes tumultus, como adelante se uera.