CAPITULO TERZERO
En el qual se escriue como Antoño Sedeño tuuo en Puerto Rrico noticia de Meta, y junto gente y la ynuio con el capitan Batista a Maracapana, y como los soldados de Jeronimo Ortal se dieron a rrouar y hazer esclauos con mas libertad que de antes.
En tanto que las cossas ya contadas pasaron asi en la jornada del rrio de Paria, como en la costa de Tierra Firme, Antonio Sedeño, que se auia vuelto[495] a la isla de Puerto Rrico, nunca cesaua de ymaxinar y pensar como podria juntar de nueuo gente para voluer a su gouernacion y adelantamiento de la Trenidad, porque no hallaua soldados que en aquella jornada le quisiesen seguir, asi por el gran temor que de los naturales de la isla de la Trenidad tenian, como el poco prouecho que de hella esperauan; de todo lo qual estaua muy infamada aquella tierra por los que hen ella auian estado con el propio Sedeño; y despues de auer echado artos balances sobre lo que deuia hazer, sucedio que entre otros esclauos y esclauas que tenia, auidos de Tierra Firme, estaua vna yndia que le dio muy grandes nueuas de la jornada de Meta y de sus rriquezas, prometiendo de si fuesen con gente que vastase[496] rresistir los naturales que por el camino auia, metellos en la rriqueza y prosperidad de la tierra.
Esta nueua se comenzo a derramar por la isla, la qual mouio algunas ociosas gentes a que persuadiesen a Antonio Sedeño hazer esta jornada, el qual, pareciendole que no hera mala ocasion para poner en execucion sus desinos, los quales heran de, so aquella color a que auia sido persuadido, juntar la gente que pudiese y trahella a Tierra Firme, y de alli buscar modo como lleuallos a La Trenidad, paso a Santo Domingo y pidio licencia y facultad al Audiencia para poder pasar gente a Tierra Firme, y hazer jornadas o entradas a poblar en las prouincias que descubriese.
Concediosele esta licencia como la pidio, y con ella y la fama que la yndia esclaua auia dado de Meta, comenco a juntar gente, la qual hizo en breue tienpo; y por juntar todos los mas soldados que pudiese, despues de auer juntado asta ciento y quarenta honbres y quarenta cauallos, los ynuio en vna carauela, con el capitan Bautista, el qual, desenbarcando en Maracapana, puerto de mar en Tierra Firme y muy nonbrado en estos tiempos por la mucha y rrica gente que zerca del dizen que ay(A).
Jeronimo Ortal estaua rrancheado hobra de dos leguas de Maracapana, y aunque supo la llegada del capitan Batista a Tierra Firme y tan cerca de su alojamiento, no se aluoroto cosa ninguna, antes se comunico con el amigablemente, y lo mismo hazia el capitan Bautista, pareciendoles a entranbos que en tierra tan larga[497] y tan poblada no auia para que mouer disinciones[498], pues todos podian poseher sin dagnificarse los vnos a los otros.
Jeronimo Hortal acordo de entrarse la tierra adentro, como antes que el capitan Bautista llegase tenia determinado, y poniendolo en efecto con hasta setenta honbres, comenzo a caminar y llegar algunas poblazones cuyos moradores heran tan uien acondicionados que procurando su amistad le salian a rresceuir al camino de paz, la qual por todo estremo aborrecian asi capitanes como soldados, por tener mas cierto el prouecho de la dudosa guerra que el de la muy segura paz, y porque su pretension y aprouechamiento hera hazer esclauos; y como las gentes donde los avian de hacer salian de paz no consintia el Gouernador que a estos tales se les hiziese ningun daño, por lo qual, como otra uez e dicho, aborrecian todos la conpañia de Geronimo Ortal, y asi, despues de auer descansado ciertos dias en vna poblazon que le par tenian, persuadieron a su Gouernador, y aun casi le constriñeron a que se voluiese a su uiaje y alojamiento que en la costa de la mar tenia, dejandoles por caueza y capitan Augustin Delgado, que deuia de ser tan vuena conciencia qual ellos la deseauan para estas sus jornadas.
Constreñido el Gouernador por esta uia, se uoluio con asta ocho conpañeros a la costa.
Augustin Delgado y sus conpañeros, des que entendieron que ya estaua Jeronimo Ortal y los que con el yvan, fuera del peligro, comencaron a desmandarsse por las poblazones circunvezinas adonde hellos estauan alojados, y a tuerto y a derecho, y que estuuiesen de paz o que no, rrancheallos y rrouallos por fuerza, tanto que constriñeron a los yndios con sus tiranias a que tomasen las armas para defenderse, lo qual hizieron los naturales de un pueblo que los soldados quisieron vltimamente rrouar y saquear, los quales, esperando a los españoles con buena horden, les defendieron la entrada, mas al fin, como sus armas son tan flacas, no uastaron hazer tanta rresistencia como quisieran; contentaronse con que no les lleuaron gente ninguna, avnque les saquearon el pueblo, y con todo les hirieron algunos españoles, con lo qual y porque ya en los pueblos atras tenian hechas sus mangas y presas en cautividad con esta peruersa guerra, mas de quinientas animas, dieron la buelta a donde Jeronimo Ortal los estaua esperando junto a la mar, en su antiguo alojamiento, y rresciuiendolos alegremente no curo de preguntar la forma que auian tenido en hazer esclauos, porque le aprouechaua poco, pues no era parte para rremediallo aunque quisiera, y asi dio luego orden en como se herrasen para ante los ofiziales del Rrey, que cobrauan los quintos rreales.
En esta sazon auia mercaderes que de Santo Domingo y Puerto Rrico y las demas islas de barlovento tenian por granjeria de uenir en nauios a costa de Tierra Firme a conprar esclauos a los españoles que hen ella estauan de asiento, hurtandolos; y a la sazon que Agustin Delgado llego con esta presa a donde su Gouernador estaua, llego tanbien vn navio de una de las islas a quien vendieron todos los esclauos a trueco de mercadurias y otras cosas de España y oro, a precio cada uno de diez pesos. Heran en el vender los soldados y capitanes muy moderados; no querian estremarse en los precios, porque acudiesen los mercaderes otro dia, y porque la sangre ynocente que uendian les costaua aquellos poco trauajo, aunque arto dolor, pues sino hera supliendolo la misericordia diuina y muerte y pasion de nuestro Maestro y Rredentor Jesucristo, no podian hellos satisfazer los grandes daños y muertes y rrouos y pecados que con aquella manera de hazer esclauos cometian.