PROVINCIA DE MOXOS

Circunscripcion y estension.

La provincia de Moxos, una de las mas espaciosas de Bolivia, pues que abraza ella sola tanto terreno como uno ó dos departamentos de las regiones montañosas, ocupa el estremo norte de la república y del departamento del Beni, representando una superficie oblonga, que se dirige de norueste á sudeste, hallándose comprendida entre los grados 10 y 16 de latitud sud y los 64 y 70 de longitud occidental del meridiano de París. Esta superficie, que tiene poco mas ó ménos veintidos grados cuadrados, ó sean trece mil setecientas cincuenta leguas, de á veinticinco el grado, se encuentra limitada hácia el norte por el Guaporé ó Iténes y por el Beni (rios que trazan los límites entre Bolivia y el Brasil), siendo el último el que la separa de la provincia de Caupolican por la parle norueste. Sus límites naturales hácia el oeste, por el lado del pais de las Yuracarees, son las llanuras desiertas que están situadas al pié de las últimas faldas de la cordillera. Finalmente, la provincia de Moxos se halla circunscripta hácia el sud, sudeste y este por bosques impenetrables ó por inmensos pantanos interpuestos, sin límite determinado, entre ella y las provincias de Santa-Cruz de la Sierra y de Chiquitos.

Montañas.

A pesar de hallarse la provincia de Moxos bastante vecina á las colinas de Chiquitos por el este, así como por el norte á las montañas brasileras, que contornean la orilla derecha del rio Iténes, y por el oeste á las últimas faldas de la cordillera de los Yuracarees, no encierra en su circunscripcion una sola montaña, ni aun siquiera insignificantes colinas, formando por lo tanto una superficie llana, que se reune al sud con las inmensas planicies de Santa-Cruz de las Sierra, y al norueste con las de la provincia de Caupolican. Sobre este horizonte sin límites, apénas se descubren cuatro puntos culminantes que se elevan á la altura de treinta varas sobre lo restante del terreno, y los que, á no hallarse en medio de un pais tan sumamente llano, pasarian acaso inapercibidos. Estos cuatro puntos son unos morones aislados; el primero, que es el cerro del Cármen, está situado como doce ó quince leguas al sudeste de la mision de su nombre, y entre los rios Blanco y de San-Miguel; el segundo, colocado sobre la ribera derecha del rio Machupo, y vecino á la mision que lo denomina, es el cerro de San-Ramon; el tercero es un pequeño morro situado mas abajo de Exaltacion, sobra la orilla derecha del Mamoré: finalmente, el cuarto, que es el cerro de San-Simon, se descubre al este de Magdalena; su reputacion de muy rico me parece dudosa, como debe serlo la de todo lugar inaccesible; se asegura, sin embargo, que está lleno de minas de oro y de diamantes.

Rios.

En un pais montañoso los relieves determinan la direccion de las corrientes; per en Moxos, cuyo territorio no presenta mas que una sola llanura uniforme y sin asperidades, donde las pequeñas eminencias que separan á los rios desaparecen bajo la inundacion en las estaciones lluviosas, permitiendo atravesar en canoas una gran parte de la provincia, todas las corrientes serpentean por la llanura convergiendo del circuito hácia el centro, y encaminándose á la vertiente del Amazonas, despues de haberse reunido en tres principales, que son el Guaporé ó Iténes, el Mamoré y el Beni.

Tributarios del Guaporé ó Iténes.

El Rio Barbados nace en la provincia de Chiquitos[1], á una distancia bastante apartada de Moxos: esta corriente, la principal entre las que dan nacimiento al Guaporé, es navegable hasta mas arriba de Casalbasco. Como ella arranca de un marjal en donde toma tambien orígen el rio Paraguay, seria muy factible unir el primer tributario de este rio con el Guaporé, abriendo para ello un canal de cuatro mil ochocientas varas solamente. De este modo se darian la mano los dos rios gigantes de la América meridional, el Plata y el Amazonas, viniendo á formar un canal natural de mas de mil doscientas leguas.

[Nota 1: Al describir la provincia de Chiquitos hablaré mas estensamente sobre esto rio y los cuatro que siguen.]

El Rio Verde toma orígen al norte de San-Ignacio de Chiquitos, y dirigiéndose hácia el norueste, va á reunirse al rio Barbados, cerca de los 64 grados de longitud y de los 14 de latitud, formando con este el rio Guaporé ó Iténes: barcos de vapor pueden libremente navegar en él y subir muy arriba hácia sus cabeceras.

El Rio Serre nace al norte de Concepcion de Chiquitos, y siguiendo la misma direccion que el rio Verde, se incorpora al Guaporé como veinticinco leguas mas abajo. Es igualmente navegable para barcas de alguna dimension.

El Rio Blanco ó Baures toma su orígen tambien al norte de Concepcion de Chiquitos; y como los dos anteriores se encamina hácia el norueste, pasando inmediato al Cármen y á Concepcion de Moxos, para ir á desaguar en el Guaporé, cerca del fuerte de Beira. Se puede navegar por este rio hasta Chiquitos.

El Rio Itonama recibe, bajo el nombre de rio de San-Miguel, gran parte de las aguas de Chiquitos; se une luego al Huacaré, cerca de Guarayos, y sigue en paralelo al rio Blanco hasta incorporarse al Guaporé juntamente con el rio Machupo, cerca del fuerte de Beira. Los buques de vapor pueden por todas partes navegar sobre sus aguas hasta Chiquitos.

El Rio Machupo acaudala los tributos de muchos riachuelos que parten del seno de las llanuras inundadas de Moxos: estos riachuelos son, el de San-Juan, navegable desde San-Pedro, el Moocho, el Molino, el Machupo y el Chananoca, todos ellos ya reunidos al Machupo cuando este rio pasa por delante de las misiones de San-Ramon y de San-Joaquin, para ir á juntarse con el rio Itonama, y á par de este arrojarse despues en el Guaporé, cerca tambien del fuerte de Beira.

El rio Guaporé, una vez depositario de todos estos caudales de agua, corre en direccion al oestenorueste hasta llegar á incorporarse con el Mamoré, hácia los 12 grados de latitud sud y 68 de longitud occidental del meridiano de París.

Tributarios del Mamoré.

El rio Mamoré recibe todas las aguas de la vertiente oriental de las cordilleras: sus tributarios, empezando por aquellos que se encuentran mas al oriente, son los que siguen.

El Rio Ivary nace en las llanuras inundadas que están al oeste del pais de los Guarayos, y dirigiéndose hácia el norueste, recibe por su izquierda las aguas de los rios Tico y de San-Antonio, yendo á reunirse con el Mamoré un poco mas arriba de la Trinidad de Moxos. Ente rio es navegable casi en todo el largo de su curso.

El Rio Grande reune todas las aguas de las provincias montañosas de Chayanta, de Cochabamba, de Mizqué y de Valle-Grande, descendiendo en seguida á la llanada de Santa-Cruz, y adunándose con el Piray para formar el rio Sara hácia el norte de la provincia. Se puede navegar en sus ondas hasta muy cerca de Santa-Cruz de la Sierra.

El Rio Piray nace en las montañas de Samaypata, provincia de Valle-Grande, desemboca en el llano de Santa-Cruz de la Sierra, y pasa inmediato á la ciudad de este nombre, recibiendo por todas partes pequeños tributos, y continuando en seguida paralelo al rio Grande hasta juntarse con él para formar el rio Sara, muy al sud de los 15 grados de latitud. Siendo muy rápida su corriente en algunas partes, solamente cuando sale de madre pueden navegar en sus aguas los barcos de alguna dimension.

El Rio Ibabo toma orígen bajo el nombre de Yapacany en la cordillera orienta, hácia el este del pais de los Yuracarees, y continúa corriendo, paralelo á los rios Grande y Piray, hasta arrojarse en el rio Sara, unas cuantas leguas mas abajo del punto en que desagua, en este mismo, el último de aquellos. El rio Ibabo es navegable en su mayor parte.

El Rio Mamoré nace al este del rio Ibabo, sobre las montañas de la vertiente oriental de las cordilleras y en el pais de los Yuracarees. Su corriente, que recibe desde luego los caudales del Chimoré, se encamina por la llanura de Moxos hácia el norte, inclinándose unos cuantos grados al oeste. Este rio, recibiendo el tributo de los demás rios de la provincia, conserva el nombre de Mamoré hasta los 10 grados de latitud sud, en cuyo término incorporándose con el Beni, toma la denominacion de rio de Madeiras. El Mamoré puede servir de vehículo á los paquebotes hasta el pié de las cordilleras.

El Rio Chaparé, formado de los rios Coni, San-Mateo, Paracti y otros muchos, nace en el pais de los Yuracarees, al oeste del Mamoré sobre la vertiente oriental de la cordillera, y dirigiéndose al norte se reune al Mamoré hácia el sud de los 15 grados de latitud meridional. Se puede navegar por él casi hasta la confluencia del rio Coni, es decir, hasta el punto donde empieza la llanura.

El Rio Securi, formado por los rios Chipiriri, Samucebeté, Isidoro, Yaniyuta, Securi y Sinuta, navegables todos ellos hasta el pié de las cordilleras, recibe los raudales de la vertiente oriental de estas, desde los 68 hasta los 70 grados de longitud occidental, y se incorpora al Mamoré mas arriba de la Trinidad, hácia el norte de los 15 grados de latitud.

El Rio Tijamuchi que nace en la cordillera oriental, al oeste de los últimos tributarios del rio Securi, recibe las aguas del rio Taricuri y atraviesa la llanura de la provincia por la parte nordeste hasta el Mamoré, al cual se reune como á los 14 grados de latitud, un poco mas arriba de la mision de San-Pedro. Grandes barcas pueden ascender por él hasta el pié de las montañas.

El Rio Aperé toma orígen, al oeste del anterior, sobre las mismas montañas: recibiendo luego el tributo del rio de San José se encamina hácia el nordeste para ir á incorporarse con el Mamoré, mas abajo del Tijamuchi, distante ménos de medio grado el uno del otro. Es igualmente navegable este rio hasta muy arriba de su corriente.

El Rio Yacuma nace tambien al oeste del Aperé y en la misma cerranía;
adunándose luego con el rio Rapulo, pasa inmediato á la mision de
Santa-Ana y va á reunirse con el Mamoré muy al norte de los 14 grados.
Se puede subir por él hasta el confin de las llanuras.

El Rio Iruyani tiene sus cabeceras en la llanura, y recibiendo el caudal del rio Bococa se arroja en el Mamoré hácia el norte de los 13 grados.

El Mamoré, despues de haber atesorado los caudales de estas once corrientes principales, se aduna como á los 12 grados con el rio Iténes ó Guaporé; continúa en seguida su marcha hácia el norte hasta recibir el desagüe del Beni y formar el rio de Madeiras. Tributarios del Rio Beni.

El rio Beni, del que ya se ha hecho larga mension al hablar de Caupolican, arranca de las montañas situadas al nordeste de la cordillera, en las provincias de Cochabamba, de Sicasica, de Yungas, de Muñecas y de Apolobamba; y desembocando en la llanura como á los 14 grados de latitud, recibe por el oeste los tributos del rio Mapiri, del rio Tuyche, etc. Sigue luego corriendo hácia el norte hasta los 11 grados, en donde cambia de rumbo, torciendo al nordeste para ir á incorporarse con el Mamoré á los 10 grados de latitud.

Cuando se consideran en su conjunto las corrientes que cruzan la provincia de Moxos, no se puede ménos de admirar que haya una superficie de diez y ocho grados, ó sean diez mil leguas, surcada por treinta y cuatro rios, navegables casi en todo el largo de su curso, no teniendo entretanto otro conducto para su desagüe que el rio Mamoré. Resulta naturalmente de esta singular disposicion territorial, que en la estacion lluviosa la mayor parte de las aguas de las provincia de Chiquitos, del centro de Bolivia y de la vertiente oriental bajan á la vez, con mas ó ménos ímpetu, á depositarse en el fondo de ese gran receptáculo, diremos así, que forma la provincia de Moxos, en donde no encontrando fácil y natural conducto para su derrame, cunden por la llanura, ocasionando inundaciones periódicas, de que pocos parages están á cubierto: así es que puede recorrerse casi toda la provincia en tal estacion, bogando en canoas que pasan sin impedimento alguno por sobre las pequeñas eminencias que separan á los rios. Mas, si en el tiempo de lluvias hay solamente pequeñas lenguas de terreno, que hallándose al abrigo de las inundaciones forman una especie de islas en donde se crian ganados y se labra la tierra, todo cambia de aspecto en la estacion de la seca: los rios se encajonan en sus cauces, prados magníficos sustituyen á los fangosos bañados, y la provincia presenta por todas partes un suelo virgen que se brinda á la agricultura. Su territorio es un conjunto de llanuras sobre las que se aperciben de trecho en trecho boscages aislados, ocupando terrenos mas altos, á donde no alcanzan las aguas de las crecientes anuales.

La perfecta igualdad del terreno de Moxos determina en esta provincia una disposicion geográfica muy particular. No solamente las pequeñas eminencias que deberian encontrarse entre las diversas corrientes, son enteramente agenas de su territorio, sino que tambien rios diferentes toman orígen en un mismo pantano, como sucede con el rio Machupo y el rio de Huarichona (tributario del Itonama), que nacen ámbos en el mismo lago. ¿No seria esta una ocasion oportuna para preguntar á los geógrafos demasiado sistemáticos, que en todas partes quieren que haya indispensablemente montañas entre cada surco de agua, cómo es que en este lugar no existen?

A mas de los rios que acabo de mencionar hay todavía multitud de arroyos, ramificaciones de esos troncos principales, y de los que no doy aquí la nomenclatura. Sus corrientes solo pudieran servir para la navegacion en las épocas de crecientes: en el resto del año se mantienen casi totalmente secos.

Lagos.

Si en tiempo de crecientes la provincia de Moxos, inundada casi por todas partes, forma, por decirlo así, una sola sábana de agua; en la estacion de seca las llanadas quedan enjutas, y únicamente se ven sobre las partes mas hundidas del suelo, numerosos pantanos, particularmente al este y al oeste de la provincia, sin que se encuentren muchas lagunas permanentes. Pueden citarse algunas sin embargo:

La Laguna de Chitiopa, que está situada mucho mas arriba del Cármen, y en la misma cabecera del rio Blanco, al que da orígen por consiguiente.

La Laguna de Itonama, que se halla colocada sobre el rio del mismo nombre, como veinticinco leguas mas arriba de Magdalena: tiene esta laguna cerca de dos leguas de ancho, sobre cuatro á cinco de largo y está formada por un ensanche estraordinario del rio. Solamente en un tiempo sereno se aventuran los indios á navegar en ella; pero siempre con cierto recelo que no deja de ser fundado, pues las oladas que suele de improviso levantar el viento, sumergiría infaliblemente sus canoas.

Cerca de San-Ramon, se ven dos lagos permanentes, el uno situado á distancia de media legua y el otro á poco ménos de dos leguas. Ambos tienen una forma oblonga y como una legua de diámetro á lo mas. Es muy esquisito el pescado que se saca de ellos; pero la multitud de caimanes estorba mucho á los pescadores. Encuentrase todavía, en las cercanías de la mision de San-Joaquin, otro lago de la misma dimension que el anterior y que tambien contiene pescados en abundancia.

Por el tiempo de la seca se ven finalmente á mas de los citados, sea en medio de la llanura, sea inmediatos á los rios, infinidad de pequeños lagos ó estanques, cuya demasiado estrechez hace que carezcan de importancia: por otra parte, aquellos que se encuentran sobre la orilla de los rios, como por ejemplo los que están sobre las riberas del Mamoré, cambian frecuentemente de sitio segun los terromonteros ó las avenidas de tales rios.

Geologia.

La provincia de Moxos no presenta pues, por lo visto, otro aspecto geográfico que el de una llanura, circunscripta hácia el sud, por las montañas de los Andes y las colinas de Chiquitos, hácia el norte, por los montes brasileros del Diamantino y del Iténes. Esta llanura, en la que vienen á rematar todas las corrientes de la vertiente oriental de las cordilleras y de las vertientes occidental y septentrional de la provincia de Chiquitos y de la Capitania General de Mato-Grosso, se reune con las pampas por medio del Monte-Grande, al paso que prolongándose por la parte norte, establece en aquel punto la comunicacion con la gran fuente del Amazonas: de modo que la provincia de Moxos no es otra cosa que la continuacion septentrional de las pampas, la continuacion meridional de las llanuras del Amazonas, ó mas bien, una prosecucion de ese inmenso bajo que está situado entro las últimas faldas de las cordilleras y los montes del Brasil, y que abraza de norte á sud todo el centro del continente meridional de América, interrumpido solamente, del noveno al decimo grado de latitud, por la cerranía poco elevada que determina las numerosas cachuelas y las cascadas del rio de Madeiras.

Cuando el rio de San-Miguel sale de madre, lo que se verifica todos los años, sus ribazos ofrecen aluviones terrosos, mezclados con arena muy fina ó con una arcilla negruzca, y depositados en capas horizontales. Estos terrenos vanse levantando gradualmente con la adicion de las partículas arrancadas á los lugares altos de la provincia de Chiquitos. Hay entre los rios de San-Miguel y de Baures pantanos considerables, cubiertos de aluviones fangosos modernos, y de arcillas cenagosas rojas que creo tienen alguna relacion con mi terreno pampeano, aunque no haya visto yo en ellas animales fósiles: estas arcillas forman en aquel lugar la capa inferior á los aluviones actuales; pues no se les echa de ver sinó cuando estos aluviones, compuestos de tierra negruzca ó de arena muy fina, llegan á ser arrancados por las erosiones. Estos terrenos son notables sobre todo en el arroyo de San-Francisco y algo mas adelante, en direccion á la mision del Cármen. Segun me aseguraron, estas mismas arcillas se estienden, subiendo hácia el sud, sobre una vasta superficie que se encuentra entre los rios Blanco y de San-Miguel. En medio de ellas se levanta, como á distancia de doce leguas al sudsudeste, un pequeño moron de piedra arenisca de la formacion devoniana, que tiene mucha analogía con la de los Guarayos.

El rio Blanco no atraviesa sinó por sobre aluviones modernos; he hallado sin embargo sobre muchos puntos de las cercanías de Concepcion, y principalmente en los contornos inmediatos á la mision, algunos retazos de terreno pampeano debajo de la arena finísima de recientes aluviones. Todas las llanuras, que se estienden desde Concepcion y desde Baures hasta Magdalena, están formadas de aluviones, á escepcion de los lugares poblados de pequeños boscages en donde se descubre un poco de arcilla cenagosa roja: los ribazos de Guacaraje y varios puntos de los alrededores de Magdalena tambien la manifiestan. Estos pequeños retazos de terreno pampeano,, diseminados por todas partes, me dieron una prueba inequívoca de que ese limo cubre la parte oriental de la provincia, y que si no está visible en otros puntos es porque ha sido tapado. En aquellas planicies, una vara de diferencia en el nivel es bastante para que lo encubran los aluviones, haciéndolo desaparecer totalmente. Hay al este, 20 grados norte de la brújula y como á diez leguas de Magdalena, un morro bastante alto que no alcancé á visitar; pero que, segun me aseguró un Cura que la habia examinado, debe componerse tambien de piedra arenisca.

Entre Magdalena y San-Ramon se ven todavía llanuras cubiertas de aluviones, advirtiéndose solamente cerca de la hacienda de San-Cárlos, y entre los rios Machupo y Huarichona, algunas manchas de arcilla rojiza. En San-Ramon se descubre debajo de esas arcillas cenagosas, una verdadera arcilla que contiene gran número de pepitas de hierro hidratado, y que ofrece en todo la capa de mi terreno guaraniano. Es efectivamente el mismo envoltorio, y entran en su composicion los mismos granos redondos. Puesta la una junto á la otra estas dos rocas no presentan la mas mínima diferencia. Sobre los ribazos del rio Machupo se manifiestan arcillas rojas, cubriendo todos los puntos en seco, de los contornos de San-Joaquin. Sin embargo, sobre el sitio mismo de la mision y en su circuito, así como siete leguas mas al norte, y tambien cerca de la confluencia de los rios Machupo é Iténes, he notado bajo terrenos pampeanos retazos considerables del terciario guaraniano con pepitas de hierro hidratado. Estas arcillas, llenas de negras y lustrosas pepitas de hidrato de hierro, cubren, segun mis particulares observaciones, una superficie de cerca de veinte leguas de largo, en donde el mas rico mineral de hierro se muestra á flor de tierra sin que jamas se haya pensado en beneficiarlo. Al efectuar este descubrimiento el año de 1832, inmediatamente calculé las pingües ventajas que podria reportar á la república el laboreo de estas minas; y no cabe la menor duda en que se operaria un cambio favorable de cosas, proporcionando á sus habitantes el material y los medios para entregarse á todo género de empresas industriales.

La ribera izquierda del Guaporé, cerca del Fuerte de Beira, se compone de terrenos bajos inundados en tiempo de crecientes, ó de retazos de terreno guaraniano con sus pepitas de hidrato de hierro: la ribera derecha, por el contrario, se va levantando en colinas hácia la serranía formada por uno de los ramales del Diamantino, la cual serranía, dirigiéndose en paralelo con la corriente del rio Iténes hácia el oestenorueste y estesudeste, continúa hasta un punto bastante apartado en medio de las selvas, donde viene á determinar las cachuelas y las cascadas del rio de Madeiras. Compónese esta serranía de piedras areniscas desmoronantes, muy ferruginosas y generalmente rojas, análogas en todo á las de la Sierra de San-José de Chiquitos y tambien á las de las últimas faldas de la cordillera, que bajan hácia el norte y nordeste de Cochabamba. Esta piedra arenisca forma un todo compacto de capas que se esconden bajo un ángulo de doce ó quince grados. Estas capas, que parecen estenderse hasta muy léjos hácia el norte, van á rematar cerca del rio Iténes, donde son encubiertas, sobre una anchura de mas de una legua, por conglomeraciones ferruginosas, en vetas perfectamente horizontales, y que contienen mucho hidrato de hierro. Estas conglomeraciones, enteramente idénticas á las de Chiquitos, y aun diré tambien á las de la provincia de Corrientes, representan exactamente mi terreno guaraniano. He hallado pues, en esta parte de la provincia, las conglomeraciones ferruginosas del terciario guaraniano como nivel de los terrenos antiguos; en la arcilla, la capa con sus pepitas de hierro hidratado, análogas á las de Corrientes; y por último, el terreno pampeano con sus limos: todo lo cual se encuentra cubierto por aluviones modernos.

La corriente del Guaporé me ha presentado por todas partes, sobre su ribera izquierda, aluviones modernos, que se estienden hasta un punto que está diez leguas ántes de llegar á la confluencia, en donde he creido notar nuevamente una capa considerable de arcilla cenagosa rojiza, mezclada con aluviones: la orilla derecha se compone entretanto, por el espacio de algunas leguas, de conglomeraciones ferruginosas frecuentemente encubiertas por aluviones, luego de aluviones solamente y de terrenos inundados hasta la confluencia del Mamoré. No me ha ofrecido este sobre sus riberas, durante casi todo el largo de su curso, otra cosa mas que aluviones modernos arenosos. He notado sin embargo, algunas leguas mas abajo de Exaltacion, en medio de un bosque situado á poco trecho del rio, una pequeña colina aislada en el llano, á la que no pude acercarme; pero me aseguraron que se componia de piedra arenisca desmoronable, análoga tal vez á la piedra arenisca carbonífera. Encontré tambien arcillas cenagosas rojizas, debajo de aluviones, en los alrededores de las misiones de Exaltacion, de Santa-Ana, de San-Pedro, de San-Xavier, de Trinidad y de Loreto.

La corriente del rio Chaparé me ha enseñado por todas partes aluviones modernos arenosos; he creido notar sin embargo, sobre muchos puntos, que bajo estos aluviones se ocultaban arcillas cenagosas, pero sucede esto tan solo á una gran distancia de las montañas. Los primeros quijarros se manifiestan en la confluencia de los rios Coni y de San-Mateo. He visto realizado esto mismo en el rio Securi. En todos los parages donde la corriente no transita por sobre los terrenos ya recorridos por las aguas, he visto una espesa capa de terreno de aluvion, formada de arena muy fina ó de arcilla parda, hornaguera, la cual encubre una arcilla cenagosa, amarilla ó rojiza, de una época bien distinta y que anunciaba evidentemente provenir de causas anteriores al actual estado de cosas. Un documento histórico sobre la edad de los aluviones me lo aseguró completamente. Sobre un ribazo del rio Securi, algo mas abajo de su reunion con el rio Sinata, llegué á descubrir una barranca, poco mas ó ménos, de ocho varas de alto, que habia quedado á descubierto por estar las aguas enteramente bajas. Esta barranca se componia; de dos varas de arcilla cenagosa amarilla rojiza, un poco untuosa y en la que no vi resto alguno de cuerpos organizados; de una capa de seis varas de arena muy fina, frecuentemente entremezclada con arcilla y con arcilla hornaguera negruzca. En la parte inferior de estas últimas capas, y en un pequeño trecho lleno de carbon de leña, encontré gran número de fragmentos de vagilla de barro cocido, cuyas formas revelaban aun el uso á que estaban probablemente destinados los vasos y demás útiles que tales tiestos debieron componer. Estos vestigios de una morada antigua de la raza indígena, que descubrí enterrados como cinco varas mas abajo del terreno actual, sobre el cual se alzan hoy en dia árboles corpulentos y que cuentan muchos siglos, dióme un seguro testimonio de que la existencia de toda aquella arena menuda ó de esa arcilla hornaguera debia ser posterior al establecimiento del hombre en aquellos lugares; siéndome permitido por lo tanto, considerar con evidencia esas capas de aluvion como enteramente análogas á las capas formadas por los fenómenos todavía existentes.

La corriente del rio Grande me ha presentado aluviones hasta la confluencia del rio Piray; pero muy luego hame ofrecido este por todas partes arcillas cenagosas, ó levemente pegajosas, amarillentas ó rojizas, las cuales componen todo el álbeo del rio y sus ribazos. Son estas arcillas las que toda vez que las aguas se encuentran bajas determinan esa especie de cachuelas, en donde la diferencia súbita del nivel haciendo que la corriente sea mas rápida, obliga á los navegantes á retirar del agua sus canoas y á trasportarlas por tierra hasta salvar la cachuela, para volver á emprender su marcha por el rio. Esta especie de resaltos de media vara á dos varas de altura se componen totalmente de arcilla amarilleja poco cenagosa y en la que no están muy marcadas las capas. He notado en esta arcilla concreciones calizas, análogas á las de las pampas; y he descubierto ademas, en el álbeo mismo del rio, osamentas de grandes mamíferos fósiles en un estado algo desmenuzable, las cuales me dieron una prueba inequívoca de que todas esas arcillas, mas ó ménos cenagosas, ó los limos de la provincia, pertenecen evidentemente al mismo periodo geológico que el gran depósito de las pampas, y que por lo tanto deben resultar de una causa comun.

Para dar un resúmen sobre la composicion geológica de la provincia de Moxos, voy á pasar sucesivamente en revista las diferentes épocas geológicas, que se ven marcadas en el vasto recinto que ella forma.

En ninguna parte se encuentran allí vestigios de rocas de orígen ígneo.

Los gneiss y los filados de la época siluriana, son igualmente desconocidos.

El terreno devoniano, representado por piedras areniscas compactas, es la parte mas ínfima que allí se advierte. Estos terrenos no presentan grandes superficies: dos pequeños retazos que pertenecen á series ocultas bajo los aluviones, se muestran tan solo, la una inmediata á la mision del Cármen, la otra al este de Magdalena; ámbos dos al este de la provincia.

Los terrenos carboníferos presentan en medio de aluviones, y bajo la forma de piedras areniscas rojas y desmenuzables, dos pequeños morones, el uno cerca de San-Ramon, y el otro no léjos de Exaltacion. Estos terrenos constituyen, por la parte del norte, la cerranía de Beira, inmediata al rio Iténes, y que se dirige de oestenorueste á estesudeste: ellos componen tambien, por el sud, las últimas colinas de la vertiente oriental de la cordillera, que forman la otra estremidad de la provincia. Es ciertamente una circunstancia muy notable el que esas dos estremidades de la gran llanada de Moxos[1] estén formadas par cerranias. La primera de estas, que es la de Iténes, va á perderse hácia el sudoeste, al paso que la otra se inclina al nordeste; de lo cual debiera acaso inferirse que ántes de las dislocaciones que han colocado á estos terrenos en el sitio donde hoy se encuentran, no formaban ellos sino un solo depósito. Dichos terrenos carboníferos se hallan cubiertos, ya por aluviones modernos, ya por conglomeraciones ferriferas pertenecientes á los terrenos terciarios.

[Nota 1: Véase en la lámina 10, fig. 1, el corte geológico trasversal de la provincia, y el mapa geológico de Bolivia.]

Entre tanto no he visto en Moxos una sola capa que pueda corresponder á los rangos, triásico, jurásico, ó cretáceo.

Los primeros depósitos, que han nivelado las dislocaciones del rango carbonifero son conglomeraciones ferruginosas de hierro hidratado ó de arcillas llenas de ese mismo hierro en pepitas. Estos depósitos, de que se ven á descubierto algunos retazos en San-Ramon, San-Joaquin y sobre las riberas del rio Iténes, cerca del fuerte de Beira, me han parecido idénticos á mi terreno guaraniano, que tan desenvuelto se manifiesta en Corrientes sobre el rio Paraná; y en efecto, él se compone tambien de conglomeraciones ferriferas ó de arcilla llena de pepitas de hierro hidratado. Como quiera que sea, estos terrenos forman capas perfectamente horizontales, las que en el fuerte de Beira se sobreponen inmediatamente á las piedras areniscas de los terrenos carboníferos. En todas las otras partes, ellos se encuentran encubiertas por arcillas cenagosas.

La provincia de Moxos carece en su conjunto de todos los terrenos terciarios marinos.

Se diria que las capas pampeanas cubren totalmente la provincia, y efectivamente, en los lugares donde los aluviones se ven arrancados, están ellas representadas por un depósito horizontal, compuesto de limo rojizo, ó de arcilla cenagosa amarilleja, algo pegajosa. El limo parece dominar ménos aligado con otras materias en la parte este de la provincia, mientras que en el sud las arcillas tienen la supremacía. Estas capas me han ofrecido en el rio Piray osamentas de mamíferos fósiles característicos de su época. He tenido ocasion de ver este depósito en varias partes; entre el rio Blanco y el rio San-Miguel, entre este y el Machupo, sobre la corriente y al oeste del último; cerca de la confluencia del rio Iténes en el duodécimo grado, cerca de Exaltacion y de Santa-Ana al oeste del Mamoré; al este del mismo, en San-Pedro, en Trinidad y en Loreto; lo he reconocido luego bajo los aluviones del rio Securi y del rio Chaparé, y en el rio Piray sobre una dilatada superficie. Cuando se hallan á descubierto las capas inferiores se advierte que están sobrepuestas al grado terciario guaraniano. Por todas partes se encuentran tales capas mas ó ménos encubiertas por los aluviones modernos. Los innumerables puntos donde se manifiestan, me indicaron que deben ellas haber venido á llenar las desigualdades y á nivelar las inmensas llanuras de la provincia, tal cual se ve que ha sucedido en las pampas: la superficie que abrazan en aquella, es acaso igual á la mitad de estas. Esta superficie parece hallarse sobre el grado guaraniano en vez de estar sobrepuesta al grado patagoniano, del cual carece la provincia de Moxos.

En la parte superior á las capas pampeanas y en todas las depresiones formadas por las denudaciones de tales capas, son aluviones los que cubren la mayor parte del suelo de la provincia. Estos aluviones consisten ya en arena muy fina, ya en arcilla ó en limo hornaguero, compuesto de despojos vegetales. La estension de estos aluviones, así como su espesor, que es de diez á doce varas, harian presumir que algunas conmociones violentas los hubiesen producido; pero es evidente que se forman todos los años por las avenidas de los rios que bajan rápidamente de las montañas, trayendo consigo partículas terrosas y areniscas que se desparraman por la llanura, y dejan anualmente en ella una nueva capa. No se encuentra un solo guijarro sobre la superficie de la provincia de Moxos, y hasta pudiera yo decir que jamas he notado en toda ella un solo grano de arena un poco gruesa. Es menester acercarse al pié de la cordillera para tropezar con las primeras guijas.

En último análisis, la provincia de que tratamos, representa un grande y profundo receptáculo, una especie de gran lago al cual llegan por todas partes los rios y arroyos, arrastrando materias terrosas ó arrenáseas, que en la época de las inundaciones cunden por la esplanada, y contribuyen á levantar gradualmente el suelo. Estos aluviones parecen venir en mayor abundancia de las regiones occidentales, en donde vierten sus aguas todos los torrentes de los Andes; así es que por tal lado, en poquísimas partes llegan á descubrirse las capas pampeanas, al paso que dichos aluviones son comparativamente de muy exigua importancia.

En las estaciones lluviosas, los innumerables rios que por todos lados se precipitan con ímpetu sobre la llanura, trasforman á esta en un lago, hasta tanto que desparramado por los campos ese volúmen inmenso de aguas, llega á derramese por el único evacuadero natural de la provincia, que es el rio de Madeiras.

Algunos autores, propensos á ver por todas partes riquezas imaginarias, han sentado que los jesuitas habian estraido del cerro de San-Simon cantidades considerables de oro y de diamantes. Otros se han adelantado á creer que se encontraban piedras preciosas en las orillas de los rios Beni, Mamoré y Guaporé. Las investigaciones geológicas que he practicado yo mismo me han asegurado que no pueden absolutamente existir en Moxos materias tales: seria por consiguiente trabajo perdido el ponerse á buscar allí, tanto los diamantes, como el oro, la plata ó todo otro metal de esta naturaleza. Entre tanto, la provincia de Moxos encierra en su seno un tesoro de mucha mas valía; tal puede decirse de las minas de hierro que he descubierto cerca de San-Ramon y de San-Joaquin. Si estos mineros llegan á beneficiarse, es de esperar que sus productos sustituirán ventajosamente á esos preciados minerales, dando al pais una riqueza ménos efímera, y por lo tanto mas positiva.

Temperatura y clima.

El clima de Moxos, como el de todos los lugares situados bajo la zona tórrida, es tanto mas caluroso cuanto que la provincia entera solo consta de una grande llanura, ó por mejor decir, está formada por una fuerte depresion del suelo sin asperidades. Cuéntanse en ella dos estaciones totalmente distintas, que son el verano ó la estacion lluviosa, y el invierno ó la estacion de secas. La provincia de Moxos tiene pues que participar única y esclusivamente ó de la una ó de la otra de esas estaciones. En el tiempo de seca es menester bajar á los rios para encontrar agua, mientras que, durante los seis meses de lluvias, la inundacion abraza de tal modo el territorio, que se puede navegar en canoas casi por todo él, sin hallar el menor embarazo. Presentando entónces la provincia el aspecto de una vasta laguna, con dificultad se descubren sobre ella algunos puntos, que á manera de islas permanecen á cubierto contra la invasion de las aguas. En semejante estacion, sopla contantemente el nordeste, el cielo se muestra de continuo totalmente encapotado, y solo á intérvalos muy distantes asoma de vez en cuando el sol. Hay ocasiones en que llueve á destajo durante dos ó tres dias consecutivos, cayendo perpendicularmente los chorros de agua sin ser desviados por el menor soplo de viento: otras veces, nubarrones colosales se cruzan en tumulto por las bóvedas etéreas, y cuando llegan á entreabrirse, torrentes de lluvia se desploman con tal ímpetu y abundancia por el espacio de algunas horas, que la tierra se ve cubierta, hasta la altura de un pié, de aguas que se derraman luego muy lentamente.

Las misiones de la provincia han sido fundadas sobre los pocos puntos que están al abrigo de las inundaciones; es en ellas donde se han establecido las haciendas para la cria de ganados y para las labranzas. Hay igualmente algunos boscages, que siendo los únicos lugares del centro de las llanuras á donde no alcanzan las aguas, sirven de refugio en la predicha estacion á los reptiles de las cercanías, y á todos los animales salvages que ofrecen entónces fácil y buena caza; pero sucede frecuentemente que los tigres, huyendo tambien de las inundaciones, vienen á buscar allí la segura presa que le brindan las manadas de ciervos de diversas especies, y la cantidad variada de mamíferos; así es que los Indios, careciendo de armas para defenderse, no se atreven á llegar allí cuando están solos, y oyen con espanto los frecuentes bramidos de esos animales feroces. Los pájaros ribereños y acuáticos, qué se ven diseminados á lo largo de los rios todo el tiempo que dura la estacion de seca, se reunen en los periodos lluviosos, los primeros, sobre los terrenos no inundados, los otros, sobre el lago que forma la llanura. Millares de estos seres aligeros pueblan el territorio de Moxos. Encuéntranse en los parages ménos hondos las garzas azules y blancas, los jabirus, etc., y en todos los otros puntos bandadas de patos tan numerosas, que forman una inmensa nube cuando levantan el vuelo.

En el mes de marzo se van ya minorando las lluvias; los terrenos comienzan á orearse; las diversas corrientes naturales arrastran en su curso las aguas que cundian por la llanura, reemplazándolas por toda ella magníficos herbazales. A principios de abril ya no desbordan los rios, y las llanadas ostentan solamente una multitud de lagunillas circunscriptas. Hácia este periodo del año se advierten por los aires, á una altísima distancia, innumerables bandadas de grandes y pequeñas garzotas que se encaminan invariablemente de sud á norte, formando cada bandada dos hileras de la misma dimension, que unidas por un estremo representan la figura de un ángulo. Este es el periodo de una de esas emigraciones generales, en que los pájaros ribereños abandonan las regiones del sud, ya demasiados secas, para ir á buscar los bañados de Moxos y del Amazonas que empiezan á despejarse, dejando sobre la llanura cantidad de pescados, cuya fácil adquisicion presenta pasto abundante á esos volátiles viageros, que llegan allí á millares. Es digno de admiracion el espectáculo que presenta á la vista tanta diversidad de pájaros confundidos; el jabirú de collarin punzó se enmarida graciosamente con la blanca garzota, con la espátula rosada, con los disformes savacúes, con los tántalos, con los esparavanes ó garzas reales y con los socos. Todos ellos se disputan á porfía y metiendo una bulla espantosa la presa que yace en tierra[1]. Auméntase entretanto el número por instantes con la llegada de otras bandadas que se presentan atraidas por esa ralea general; y cuando ya todos se encuentran hartos, el jabirú, sin abandonar el campo, se retira gravemente hácia un lado, miéntras que las garzas blancas y azules y otras aves de la misma familia, levantándose en tropel, van á posarse desparramadas sobre los bosques vecinos. Es tal la abundancia de garzotas en la provincia, que se suelen ver sobre sus campos, bosques enteros blanquando á lo léjos como si estuviesen cubiertos de nieve.

[Nota 1: Véase la lámina 7.]

Cuando los bañados se encuentran enteramente secos, esta numerosa familia los abandonan para ir á tomar su asiento cerca de los rios; así es que las orillas del Mamoré se ven por todas partes animadas por multitud inmensa de pájaros ribereños: allí el tántalo, en bandadas de algunos millares, se pasea con mesurado andar sobre las partes fangosas, acompañado de la espátula rosada, ó de las garzas blancas; al paso que se ven los bancos de arena cubiertos de rayadores y de gaviotas, que hacen rezonar el aire con sus graznidos, si acierta á pasar por allí alguna embarcacion, á la que persiguen unidos con los chotacabras, temorosos acaso de que los navegantes les destruyan sus nidales.

La distribucion de las tormentas segun las varias regiones, no deja de ser un fenómeno curioso. Durante elestío, torrentes de lluvia inundadan la tierra; jamas se oye entretanto el estampido de un trueno, y hasta el viento parece mantenerse quedo. En la estacion del invierno, es decir, desde mayo hasta setiembre, el tiempo es generalmente hermoso, y los vientos varian de norte á nordeste. En tal periodo, las tempestades se forman de repente por la parte del sud: se oye entónces tronar estrepitosamente por todos lados: ruge el viento sud, y á par que cae el rayo, un verdadero diluvio inunda todo el suelo. Es necesario haber presenciado esas tormentas de las regiones tropicales, para tener una verdadera idea de la violencia con que sopla el viento, y de los torrentos de agua que se desprenden sobre la naturaleza espantada. Un frio rígido y penetrante sucede á semejantes borrascas, que hacen declinar súbitamente la temperatura como de veinte grados, manteniéndola en el mismo punto uno ó dos dias, pasados los cuales renace la calma. Estas tempestades son tanto mas singulares, cuanto que son desconocidas sobre las montañas, donde solo reinan en el verano (el cual empieza por noviembre y termina en mayo), siendo entónces casi periódicas como sucede en Chuquisaca. La impetuosidad con que sopla el viento del sud promueve inmediatamente en los grandes rios gruesas oleadas, que obligan á los viageros á suspender su marcha para no verse irremisiblemente sumergidos junto con sus canoas.

La seca acompañada de tempestades se prolonga hasta el mes de agosto, y la provincia, casi enteramente enjuta, no posee mas agua que la correntosa de los rios, ó la muy escasa que se mantiene estancada en lo interior de los inmensos bañados. La tierra se encuentra talmente seca, que se raja por todas partes, y la naturaleza entera parece calcinada con el solo reflejo de un sol abrasador. Por este tiempo se pueden recorrer á caballo todas esas llanuras poco ántes inundadas; los ganados retozan libremente por los verdosos y dilatados campos, y finalmente, la provincia de Moxos muestra con ufanía todo el completo de su vasta superficie.

Una nueva estacion principia en los meses de noviembre y diciembre: la vegetacion, que habia suspendido su crecimiento durante la estacion de seca, desenvuelve un tierno y lucido follage con el fomento de algunos aguaceros de primavera: la naturaleza entera desplega ostentosamente sus mas primorosas galas. ¡Cuán deliciosas son entónces las mañanas bajo la zona tórrida! Al despejarse con los primeros rayos del sol la espesa niebla que cubria las campiñas, con cuánto regocijo se respira el aire fresco de la atmósfera, y el perfume que por todas partes despiden de su seno las flores recien abiertas, ó las hojas que se desarrollan bajo la doble influencia del calor y de la humedad! Los pajarillos celebran alborozados el retorno de la aurora, saltando de hoja en hoja, y cortejando á esas hijas predilectas de la primavera, cuya diversidad de coloridos presenta los mas admirables contrastes. Aquí, matas enteras de la púrpura mas viva ó del dorado de mayor pureza, allí, los acacias cuyo olor es idéntico al de la bainilla, acullá, enfin, la pudorosa sensitiva con sus leves penachos color de rosa, lisongean agradablemente á la vista y sonrien á la imaginacion.

Fisonomía animal.

Las inundaciones hacen que el centro de la provincia caresca algun tanto de mamíferos; pero subiendo los rios hácia todas direcciones, se encuentra multitud considerable de monos[1] que ofrecen pieles magníficas, particularmente los de la especie mas grande: son tambien abundantes y muy notables por la hermosura de su piel los marimonos[2] y los monos chillones[3]. Cerca del Cármen hay muchedumbre de murciélagos que se alimentan de mosquitos[4]. No son nada escasos los tigres[5], sobre todo en las selvas; y al paso que rara vez se ven allí jabalíes[6], abundan prodigiosamente los antas[7] ó gran-bestias, los ciervos[8] y los venados[9]. Suelen tambien encontrarse á veces algunos borochis[10] ó lobos colorados, cuyos dientes, en virtud de una preocupacion popular, se emplean frecuentemente como un antídoto contra la picadura ponzoñosa de las víboras. Los rios se hallan entre tanto llenos de carpinchos[11] y de delfines ó bufeos[12].

[Nota 1: Especies de los géneros Lagothrix, Cebus fulvus, Calitrix antomophagus.]

[Nota 2:Ateles paniscus.]

[Nota 3:Mycetes seniculus y Caraya.]

[Nota 4:Noctilio rufipes affinis, etc.]

[Nota 5:Felis onca.]

[Nota 6:Dicotyles torquatus y labiatus.]

[Nota 7:Tapirus americanus.]

[Nota 8:Cervus paludosus.]

[Nota 9:Cervus campestris, rufus y nemorivagus.]

[Nota 10:Canis jubatus.]

[Nota 11:Hydrochoerus capibara.]

[Nota 12:Inia boliviensis, de Orb.]

Hay allí, en cuanto á los pájaros, mucha ménos variedad que en los paises montañosos. Abundan, empero, en los bosques y cerca de los lugares habitados, cantidad de gallinazos[1] y diversidad de aves de rapiña diurnas[2] y nocturnas[3]. Los carpinteros[4], los varios picaflores y multitud de loros habitan las florestas; así como en los bañados, á la par que los patos[5], muchedumbre considerable de pájaros ribereños, tales como el jabirú[6], los tántalos,[7] las garzas azules[8] y blancas[9], el soco[10], los savacúes[11], las gallinetas de agua[12]. Encuéntranse finalmente, sobre las orillas de los rios, los rayadores[13], las gaviotas[14], los caprimulgus[15] y las espátulas.[16]

[Nota 1: Cathartes urubu y aura.]

[Nota 2: Especies de los géneros Falco, Buteo, Nisus, Maiagua, etc.]

[Nota 3: Especies de los géneros Noctua, Strix y Bubo (sobre todo el Bubo magillanicus).]

[Nota 4: Especies del género Picus.]

[Nota 5: Especies del género Anas.]

[Nota 6: Micteria americana. Véase la lám. 7]

[Nota 7: Tantalus leuculatur. Véase la lám. 7.]

[Nota 8: Ardea americana.]

[Nota 9: Ardea pealei.]

[Nota 10: Ardea violacea.]

[Nota 11: Cancroma cochelaria.]

[Nota 12: Galeonila y Fulica.]

[Nota 13: Ryncops niger.]

[Nota 14: Especies del género Sterna.]

[Nota 15: Caprimulgus arenarius, de Orb.]

[Nota 16: Platalea ajaja.]

Los reptiles terrestres son rarísimos en Moxos, y bien pudieran contarse las ocasiones en que se encuentra una que otra serpiente venenosa: de vez en cuando se ven algunos boas acuáticos, no pocas tortugas[1], y los caimanes de que los rios y bañados están lleños; estos feroces anfibios destruyen el pescado y son el terror de los moradores de la provincia.

[Nota 1: Especies del género Emys.]

Los viageros que costean los rios se hallan espuestos al punzante aguijon de las rayas[1] y aveces á la mordedura de la palometa[2]; pero tambien están seguros de encontrar pesca fácil y abundante para su alimento, pues por todas partes se presentan á la mano del pescador, y casi voluntariamente, los enormes surubies[3], los sustanciosos pacus, considerable número de bagres[4] y sábalos[5], y otras muchas especies de que se ven atestados, diremos así, todos aquellos rios.

[Nota 1: Trygon histrix. Véase la lám. 14, fig. 1.]

[Nota 2: Serrasalmus marginatus. Véase la lám. 5, fig. 2.]

[Nota 3: Platistoma pardalis, y Orbignyanus. Véase la lám. 5, fig. 2.]

[Nota 4: Simelodus maculatus, pati, etc.]

[Nota 5: Paca lineatus.]

Es bastante exigua la variedad de insectos en la provincia de Moxos, y solo se conocen aquellos que afeccionan la humedad. Hay entre tanto muchedumbre de xejenes y de tábanos, que se complacen en torturar durante el dia al pobre viagero, mientras que por la noche enjambres de mosquitos no le permiten gustar un solo instante de reposo.

Por causa de la estension de los bañados, inundados una parte del año, la vegetacion de esta provincia es mucho ménos variada que la de las demás que componen el departamento. Las llanadas se hallan guarnecidas de plantas gramineas muy convenientes para el pastoreo: en los lugares pantanosos crecen los juncos, y esa admirable planta acuática que es el gigante de aquellas comarcas, y cuyas hojas de dos varas de diámetro, se tienden pintorescamente sobre las aguas[1]. Los ribazos ostentan una variedad inmensa de vegetales; y miéntras que los terrenos recientemente abandonados por las aguas se ven cubiertos de cañaverales ó del chuchio de los indígenas, tan útil á estos y á los viageros; miéntras que los puntos un poco mas elevados ofrecen por todas partes á la vista, tan pronto los lisos, tan pronto los sauces; abundan los terrenos mas antiguos, del lambaiba[2] de jugosas frutas; del bibosi[3], cuya corteza suministra la materia principal para los trages de los Moxeños; de diversas especies de nogales, y de infinita variedad de árboles y plantas, tales como el acacia, las mimosas, etc., etc.

[Nota 1:Victoria regina. Véase la lám. 9.]

[Nota 2: Especie de Piperace.]

[Nota 3: Especie de Ficus. Véase lám. 7.]

La palmera es el vegetal que mas abunda. Las llanuras inundadas están pobladas de un árbol llamado carandai[1], cuyas hojas en forma de abanico se columpian con suma gracia sobre su tronco esvelto; crecen entre tanto, en los llanos secos, el totai[2], utilísimo en los tiempos de penuria; el vistoso tarampabo[3]; el cuci[4], de frutos aceitosos. Se ve tambien sobresalir entre los bosques el variado follage de los motacúes[5] mas comunes; el del marayahu[6], cuyos frutos saben muy bien al paladar; el de la chonta[7], de tronco tan duro como el hierro; el de la palma real[8], la mas hermosa que se conoce por la forma de sus hojas; el del vinte-pes[9] de raices muy estrañas; el del empinado sumuque[10]; el de la palma de rosario[11]; el del chuco[12], de hojas lustrosas; y los de la palma chica[13] y de la palma enredera[14].

[Nota 1: Copernicia cerifera. Véase lám. 9.]

[Nota 2: Cocos totai. Véase lám. 6.]

[Nota 3: Oenocarpea tarampabo.]

[Nota 4: Orbignia phalerata.]

[Nota 5: Maximiliana princeps.]

[Nota 6: Bactris maraja.]

[Nota 7: Astrocarium chonta. Véase lám. 12.]

[Nota 8: Mauritia vinifera.]

[Nota 9: Iriartea Orbigniana, Martius. Véase lám. 13.]

[Nota 10: Cocos botryophora.]

[Nota 11: Euterpe precatoria. Véase lám. 6.]

[Nota 12: Thrinax chuco.]

[Nota 13: Mauritia armatum. Véase lám. 6.]

[Nota 14: Desmoncus rudentum.]

A mas de estas plantas leñosas, las llanadas, las selvas y la orilla de los rios están cubiertas de plantas de mediana altura, entre las que se cuentan la pudorosa sensitiva, varias clases de índigo, y cantidad prodigiosa de frutos silvestres.