SANTA-MAGDALENA.

Esta mision fué fundada por los Jesuitas, en el año de 1700, con la nacion itonama que hablaba una lengua totalmente distinta de las otras lenguas de la provincia. Bajo el régimen de estos religiosos su poblacion se acreció de tal manera, que en 1792 mandó el gobernador Zamora que se fundase con el excedente de ella el pueblo de San-Ramon, cerca del rio Machupo. El pueblo de Magdalena, situado sobre la ribera izquierda del rio Itonama, se ve circunscripto por llanuras anegadas en la estacion de las lluvias, formando entónces un islote, de poco mas de una legua, en direccion al nornordeste. Colocado en la estremidad sud de esta parte no inundada, la que sin embargo, apénas tiene de una á dos varas de elevacion sobre el resto del terreno, está distribuido de la mejor manera posible: su iglesia, construida en el mas bello estilo gótico de la edad media, es muy vasta, y notable sobre todo por sus esculturas en madera. El colegio, que tiene un piso alto, es de forma cuadrada, y está dividido en grandes salas, mas hermosas que cómodas. El resto no difiere en nada de las otras misiones. Una calzada de quinientas varas de largo conduce de la mision al puerto, donde habita con su familia un indio encargado del resguardo.

Aunque la industria de esta mision se halla en general ménos adelantada que la de Concepcion, sus tegidos son mucho mas finos. En el campo vecino á la poblacion, se ven inmensos plantíos, de cañadulce, de algodon, de tamarindos y sobre todo de cacao: indicaremos el modo como se cultiva este último vegetal. Primeramente se planta una huerta de plátanos, y cuando estos están ya bastante crecidos, se siembra el cacao al pié de cada uno de ellos: los cacahuales brotan y van creciendo poco á poco, protegidos en su primera edad por la sombra que les hacen los plátanos, hasta que al cuarto ó quinto año du su plantacion fructifican abundantemente. Estas huertas, que son de la propiedad del Estado, sirven para el abasto del colegio. Los plantíos de los indios están á distancia de cuatro jornadas de camino, bajando el rio Itonama hasta cerca de su confluencia con el rio Machupo. Como los pobres indígenas dependen absolutamente de los administradores, apénas consiguen al año un permiso de quince dias para ir á efectuar las siembras, y de otros quince para recoger sus frutos; pero precisamente la estacion de las cosechas suele ser la del comercio y del transporte de mercancias, por lo que acontece generalmente que no pudiendo ir en el debido tiempo á retirar los productos de sus sembrados, pierden la mayor parte, y pasan un año entero sumidos en la mas profunda miseria.

Esta poblacion se compone solamente de indios itonamas, cuyo lenguage gutural se asemeja por la dureza de sus sonidos á los idiomas quichua y aymará, siendo en todo lo demás enteramente distinto. La estatura dé los Itonamas es bastante elevada, y aunque tienen las piernas muy delgadas, no por eso dejan de ser los hombres mas activos de la provincia.

El egoismo es uno de los rasgos distintivos del carácter de estos naturales, que son incapaces de partir entre ellos ni aun siquiera lo superfluo. Un solo hecho bastará para probarlo. Un indio que habia obtenido una vela, la tenia encendida en uno de esos vastos galpones donde viven muchas familias reunidas; y no queriendo que sus vecinos participasen de la luz, habla colocado á su familia de manera que la ocultase enteramente para todos aquellos. A pesar de esto, son por lo general muy bondadosos, y la grande miseria en que viven casi de continuo, disculpa en cierto modo su propension al robo. Son dóciles hasta el servilismo para con los blancos, á quienes profesan, sin embargo, un odio quizas no injusto. Su manera de vestir nada tiene que los distinga de los naturales de las otras misiones; el color negro es el de predileccion para los tipois que llevan las mugeres.

Bajo el régimen actual empiezan nuevamente los Itonamas á contraer todas las superticiones y costumbres singulares de su estado primitivo: así, por ejemplo, los padres desposan á sus hijos desde que nacen, y considerándolos ya como legítimos esposos, los instruyen, tan luego como atinan á comprender las cosas, de las relaciones recíprocas y mas íntimas que deben existir entre ellos, acostándolos muchas veces en una misma hamaca. Esta costumbre, que se trata de estirpar, obliga entre tanto á los curas á unir en la mas tierna edad á los jóvenes, con el objecto de cohonestar en cierto modo la conducta de estos y la de sus deudos; por lo que se ven niñas de ocho años formalamente casadas con mancebos de doce. El culto religioso de estos naturales no es sino esterior; de modo que su conciencia está enteramente agena de todo género de escrúpulos. Los hombres se franquean espontáneamente sus mugeres, las que por su parte se entregan tambien cuando quieren á todos sus parientes. He hablado ya, en otro lugar, de las supersticiones que los dominan con respecto á las enfermedades, y de la bárbara conducta que estas supersticiones los obligan á observar para con los enfermos.

La poblacion dé la mision de Magdalena ascendia, en 1820, á dos mil ciento y ocho almas, en 1832, á dos mil setecientas ochenta y una; por manera que en el espacio de once años el acrecimiento de ella habia sido solamente de seicientas setenta y tres almas.

En 1832, las haciendas del Estado tenian siete mil setecientas cincuenta cabezas de ganado vacuno, y dos mil novecientos veinte caballos.

Hay al este 20 grados norte de Magdalena, una montaña cuya cima se ve desde muy léjos sobre el horizonte: para encaminarse á ella es menester aprovechar la estacion seca, y cuando no, aquella en que la inundacion general permite la libre navegacion por la llanura.

Camino de Magdalena á Concepcion.

Concepcion de Baúres dista de Magdalena unas veinte leguas hácia el sud. En la estacion de seca se va á caballo, atravesando la llanura; mas en tiempo de lluvias se suben nueve leguas por el rio Itonama, muy tortuoso cerca de Magdalena y que transita por unas praderas anegadas en parte, pero pobladas de millares de ganados pertenecientes á las estancias de San-Antonio y de San-Miguel que se descubren á un lado del rio. De tiempo en tiempo se aperciben tambien sobre el ribazo algunos carpinchos y caimanes que salen fuera del agua. Los bordes de este rio, que es bastante anchuroso, están desnudos de arbolado hasta llegar á su confluencia con el riachuelo del Guacaraje, por el cual se suben tres leguas hasta el puerto de Concepcion, situado sobre la ribera. Este puerto, nueve leguas distante de Concepcion, y en el cual hay un capitan encargado de su vigilancia, es el punto de partida para las misiones de Moxos y del Mamoré, no siendo posible continuar por el rio Blanco cuyos grandes y numerosos rodeos alargarian muchísimo el camino. Al dejar el puerto se sigue por una hermosa calzada de dos leguas de largo, construida por los Jesuitas en medio de un pantano. Esta calzada, hecha nada mas que con tierra, perfectamente trazada, y de un tránsito fácil en todo tiempo, conduce á una selva tambien de dos leguas de largo, y poblada de palmas motacúes y de variedad de árboles muy hermosos, que guarnecen un suelo arenoso, lleno de tierra negruzca, muy conveniente para las labranzas. Pasada la selva, se encuentra otra calzada casi tan larga y bien construida como la primera, luego algunos boscages, y finalmente una llanura, anegada en partes, que conduce hasta el rio Blanco. Pásase este en canoas, despues de haber hecho pasar á nado los caballos, que muchas veces suelen ahogarse espantados por los caimanes, tan abundantes en todos aquellos rios. Una tercera calzada de la misma naturaleza que las anteriores, conduce por último, cruzando en línea recta un hondo pantano, hasta el pueblo de Concepcion.