IODIUM (Yodo).
§ I.—Historia.
Introducido este metalóide en la materia médica casi en nuestros dias, goza ya de gran celebridad. Preconizado primero, y con razon, en el bocio, se estendió bien pronto su indicacion á todos los infartos linfáticos y glandulares, siéndolo despues igualmente á los numerosos accidentes secundarios de la sífilis; es en fin hoy dia una panacea para muchos terapéuticos, llenando él solo un periódico.
Justo es que convengamos en la verdad de la alta importancia que el yodo ha conquistado. Invadidos estamos hoy por una multitud de desórdenes orgánicos que bajo una triple forma amenazan el porvenir de todas las familias; la sífilis secundaria y terciaria, el tubérculo y la escrófula, tres diátesis que afectan profundamente la economía y la celdilla orgánica, y que el yodo parece debe modificar mas ventajosamente que ninguno de los medicamentos de la antigua materia médica que han resistido á la rutina, al esclusivismo de los sistemas y al escepticismo moderno. No nos admiremos, pues, de su alta fortuna clínica. Pero las confusiones y dudas que han surgido en nuestros dias en las memorias y en la Academia[4] sobre los efectos del yodo, y sus indicaciones, prueban cuánta es la ligereza con que se ha procedido en el frecuente uso de este medicamento. Ciertamente se puede asegurar que si se hiciese un severo exámen de toda la materia médica antigua, pocos medicamentos dejarian de presentar las mismas confusiones en la apreciacion de sus efectos fisiológicos y terapéuticos. De este modo se vendria á reconocer que la ley de los semejantes no es un principio despreciable, y que los trabajos de Hahnemann y de los médicos que, adeptos á su escuela ó partidarios de otros métodos, se han dedicado á esperiencias formales, son de una grande importancia.
Los compuestos del yodo conocidos son: el yoduro de bario, el yoduro de calcio, el de hierro, el protoyoduro de potasio ó hidriodato de potasa, los yoduros de mercurio. El hidriodato de potasa es la sal de yodo mas usada y á la cual se refiere lo que dirémos de este cuerpo simple. Su accion solo difiere por la menor actividad y por efectos mas suaves y mas graduados. Las otras combinaciones del yodo con el hierro, el mercurio, etc., están probablemente llamadas á estender la accion terapéutica de este medicamento; la práctica se ha enriquecido con algunos hechos nuevos, pero la esperiencia falta en este asunto, y las indicaciones de todos estos compuestos del yodo solo se pueden establecer claramente con esperimentaciones fisiológicas y clínicas.
§ II.—Efectos fisiológicos.
La accion del yodo sobre el sistema nervioso es fugaz é incoherente en su principio; pero por la modificacion que induce en la inervacion ganglionar y en los líquidos, es decir, por sus efectos discrásicos, altera al sistema nervioso de la vida de relacion hasta el punto de producir síntomas neurálgicos que corresponden con bastante exactitud á los que espresan las diátesis escrofulosas sifilítica y mercurial, tales son: dolores erráticos en las articulaciones, dislaceraciones en las mismas y aun en los miembros por la noche, sensacion de pesadez y temblor en estos, estremecimientos musculares, marcha vacilante, grande debilidad; y en particular, calambres en los dedos, dolores osteócopos en los brazos, dolores que alteran el sueño, movimientos convulsivos y temblores de los brazos y de las manos, adormecimiento de los dedos de estas, dolores, pesadez, debilidad paralítica de las piernas, calambres en los piés por la noche.
El sistema sanguíneo sufre una primera alteracion que es completamente escitante, caracterizada por el aumento de calor en la piel; turgencia sanguínea que comunica un aspecto de salud floreciente; pulso acelerado y duro, de noventa pulsaciones; cefalalgia gravativa y congestiones hácia la cabeza y la laringe, en el pecho, el corazon, el estómago, los intestinos; opresion y tos con esputos sanguinolentos. Esta primera escitacion es reemplazada por un aumento de secreciones; por congestiones pasivas ó subagudas; por irritaciones locales de las membranas mucosas de los ojos, de la nariz, de la laringe, de los órganos génito-urinarios; por un estado gástrico caracterizado por pirosis, náuseas, vómitos, digestiones difíciles, cólicos, desarrollo de gases, deposiciones irregulares; por palpitaciones violentas y momentáneas del corazon.....
Si se continúa el uso del yodo, bien pronto se alteran mas y mas las digestiones, la sangre se hace mas serosa, la piel toma un aspecto sucio, el sudor es viscoso, el pulso débil, las venas se llenan de una sangre cargada de elementos mal elaborados, de grasa y otras sustancias absorbidas; sus paredes debilitadas se distienden, las venas se hinchan, se aumenta la debilidad muscular, se presentan temblores de los miembros, angustia, facilidad á asustarse, sueños penosos. El marasmo es notable, las mismas glándulas desaparecen con el tejido adiposo, y son absorbidas; las secreciones aumentan simultáneamente, y se hacen mas copiosos los flujos mucosos, los esputos, la diarrea, la leucorrea, etc. El sistema nervioso adquiere grande irritabilidad, y sobreviene, por último, un estado erético con diminucion ó supresion de las secreciones, fiebre contínua y con mas frecuencia remitente, hinchazon y meteorismo del vientre, estreñimiento, impresionabilidad de la fibra y de los órganos de los sentidos, abatimiento, ansiedad, debilidad estremada.....
Hahnemann resume de este modo los síntomas que indican el yodo[5]: aturdimiento por la mañana, latidos en la cabeza, escozor en los ojos, zumbido de oidos, disecea, lengua sucia, salivacion, gusto como de jabon en la boca, eructos ácidos con ardor, pirosis despues de la ingestion de alimentos indigestos, hambre canina, náuseas, flatuosidades, estreñimiento, miccion en la cama, reglas retardadas, tos crónica por la mañana, dificultad de respirar, hinchazon esterior del cuello, laxitud de los brazos por la mañana en la cama, adormecimiento de los dedos, torcedura de los huesos, sequedad de la piel, sudor nocturno. Despues de estos síntomas que refiere Hahnemann al tratar de este medicamento, hubiera podido agregar el siguiente cuadro: dolor é irritacion en la garganta, coriza fluente, lagrimeo, irritacion y sequedad ó atonía de las mucosas y flujo mucoso, pústulas de acné especialmente en la cara y en la espalda, temblor de las manos que se estiende luego á todo el cuerpo.
Ya Lobethal, en 1840, decia del yodo que es un medio poderoso para la reabsorcion y absorcion; que provoca todas las secreciones y escreciones; que ataca principalmente el sistema de la vida vegetativa; que es un medicamento eficaz en la alteracion de la actividad plástica ó reproductiva, por su accion específica sobre el sistema linfático y glandular.
Es evidente que el yodo posee una accion electiva muy pronunciada sobre la vida vegetativa en los fenómenos de absorcion y exhalacion, y que luego obra inmediatamente sobre los sistemas nutritivo y quilífero, mucoso y seroso, linfático y glandular, y tambien, por consiguiente, aunque secundariamente, sobre el sistema venoso, sobre la celdilla orgánica y sobre el processus plástico. Si bajo este concepto, puede emplearse el yodo para combatir la tuberculizacion, mejor podrá empleársele si se tiene presente, que sus efectos diatésicos son análogos á los de las diátesis escrofulosa y sifilítica. En su accion sobre la nutricion intersticial y sobre la célula orgánica, solo el azufre y quizás el arsénico son los únicos medicamentos mas justamente análogos, y los mas convenientes para obtener felices modificaciones en los sugetos predispuestos ó afectados ya de tubérculos.
Las relaciones entre el yodo y el arsénico se manifiestan por su eretismo y actividad de los absorbentes, por la venosidad y la caquexia final; entre el yodo y el mercurio, por la accion recíproca de ambos en el sistema linfático y glandular, y aun en la laringe. El yodo ofrece bastante analogía con la cina por la alteracion de la nutricion. El azufre tiene muchas relaciones de analogía con el yodo, y aquel, así como el arsénico, son los mejores antídotos despues del mercurio. Por lo tanto, el yodo es uno de los mas naturales de este último medicamento, sin esceptuar el sulfuro de cal.
La accion tan pronunciada del yodo sobre el sistema linfático y la vida vegetativa, hace que sea un medicamento precioso en las discrasias escrofulosa, sifilítica, mercurial, tuberculosa. A esta accion debe el adaptarse á la constitucion linfática con predominio de las glándulas, de las mucosas y de los jugos blancos. La infancia y el período de la vida en que existe este predominio, son muy simpáticos al yodo. Por esta razon dedujo el doctor Asunn de sus propias observaciones, que solo debia emplearse el yodo en los jóvenes, ó hasta los cuarenta años cuando más, época del predominio de los sistemas sanguíneo, gástrico y pulmonal, y la edad de mayor fijeza en los elementos orgánicos. Sin embargo, así como el yodo, por su accion sobre los gánglios linfáticos y glándulas salivales, y sobre las criptas mucosas de las superficies internas, es mas análogo á la edad de la juventud en la que estos órganos gozan de mayor actividad, así tambien es fácil admitir, y la clínica autoriza esta opinion, que la vejez, por la actividad en sentido inverso de los mismos órganos de secrecion y escrecion, no está fuera de la esfera de accion del yodo.
§ III.—Efectos terapéuticos.
Es un hecho de observacion comprobado por los prácticos de todas las escuelas y doctrinas, que la mayoría de los estados morbosos curados con el yodo se hallan entre los síntomas que este medicamento produce en el hombre sano. Esta observacion, comun á todos los medicamentos generalmente empleados, prueba la alta importancia de los trabajos de Hahnemann y de sus discípulos, especialmente alemanes que han formado sociedades para la esperimentacion fisiológica de aquellos.
Las afecciones escrofulosas, en sus espresiones locales y diatésicas, ofrecen muchas indicaciones del yodo. Desde el infarto de los gánglios del cuello, del mesenterio....., hasta la úlcera escrofulosa, que empieza por un grano é invade los tejidos, cicatrizándose por un lado, á medida que se estiende por otro; desde la amigdalitis y la prostatitis crónicas con hipertrofia, hasta el bocio, que corresponde á la esponja quemada, principal sustancia yódica conocida de los antiguos, rara es la afeccion en estas escalas en que el yodo no tenga un momento de oportunidad. El azufre, el arsénico y el carbonato de cal, entre otros medicamentos, son con frecuencia tan eficaces como el yodo, y este mismo tiene en el bromo su reciente y moderno rival.
El yodo se ha manifestado hasta indispensable en las ulceraciones de los huesos por el vicio escrofuloso, si bien el sílice, el mercurio y el azufre están igualmente indicados en un tratamiento de esta especie. Se ha decantado mucho al yodo, es decir, el hidriodato de potasa en el escirro, las producciones sicósicas degeneradas, los tumores glandulares endurecidos; en este último caso, pueden jugar oportunamente el oro, el clematis, la cicuta.
Las induraciones del tejido celular y de las glándulas, del hígado y del bazo, las periostitis crónicas y la tumefaccion de los huesos, reclaman el uso del yodo, aunque rara vez se curan con él solo. El carbonato de cal ó el de potasa, el azufre, el sílice, el mercurio y el arsénico son generalmente sus auxiliares. El yodo está indicado en muchas flegmasías subagudas, cuando tienen un carácter escrofuloso, ó que proceden de la sífilis degenerada ó antigua, ó son un resultado de la mercurializacion, entre las que se pueden citar las siguientes: oftalmías húmedas, corizas fluentes; la ozena, leucorrea, algunos vómitos rebeldes, el tialismo mercurial ó simplemente la salivacion, ya asténica, ó esténica, la escesiva abundancia de las orinas y la secrecion láctea exagerada con un estado linfático mas ó menos pronunciado.
El yodo es particularmente útil en las discrasias que afectan particularmente el organismo en el sentido que hemos indicado y con especialidad en la disposicion á la tuberculizacion, en el linfatismo, y en ese estado constitucional en que abundan los jugos blancos, que las carnes están flácidas, las mucosas irritadas y flogoseadas con facilidad, y la reaccion es lenta é incompleta. El azufre y la sal marina son muy apropiados á estos estados.
Se ha pretendido negar la existencia de un vicio, de un principio escrofuloso, sin pensar que las causas á que han querido atribuir la escrófula, si bien pueden esplicar la existencia de esta afeccion en las personas que la padecen, no sucede lo mismo cuando estas afecciones escrofulosas se presentan en indivíduos sanguíneos, de nutricion buena y de una quilificacion escelente. Por otra parte, está desgraciadamente bien probada la trasmision hereditaria del vicio escrofuloso, por multitud de hechos que todos los dias se presentan á la observacion de los médicos.
La accion electiva del yodo en la laringe le hace á propósito para las afecciones de este órgano, tanto como el bromo y la esponja quemada que contienen compuestos del uno y del otro; así pues se le usa en el crup, despues de acónito, en dósis muy pequeñas. El doctor Koch le emplea desde 1840, en lugar de la esponja, cuyos síntomas fisiológicos tienen grande analogía con los del yodo. Nosotros mismos hemos recurrido á la tintura de yodo en un caso de crup muy urgente, y obtuvimos un feliz resultado.
El yodo es, con el sulfuro de cal y el fósforo, uno de los mejores medios para curar la ronquera rebelde que subsiste á veces mucho tiempo despues del crup, en los niños débiles ó de bello aspecto, pero muy linfáticos ó hereditariamente escrofulosos. El yodo es tambien un escelente recurso para combatir la disposicion á contraer corizas y bronquitis, en ciertas personas flemáticas. El azufre es un poderoso auxiliar, así como la cantárida, pero esta exige una debilidad tal de los órganos torácicos, que el mas simple ejercicio, aun el uso mas moderado de la palabra, provoca una sensacion de fatiga y aniquilamiento.
El yodo, en fin, está muy indicado en los niños cuya tos es húmeda y que tienen habitualmente el pecho lleno; es decir, con ruido ó estertor mucoso.
Nos falta indicar un estado caquéctico propio del yodo, y que le modifica muy ventajosamente, manifestándose con principalidad en personas generalmente jóvenes, poco apáticas ó muy irritables, pero no por temperamento; en las que se observa fiebre, palpitaciones, tos seca, insomnio, espasmos, dolores, vómitos, grande irritacion gastro-intestinal, y sobre todo un marasmo rápido. En este estado, los enfermos padecen tambien alguna afeccion local, tal como infartos ó induraciones glandulares, adenitis mesentérica, raquitismo, dartros indolentes, otitis ú oftalmías crónicas y escrofulosas, úlceras húmedas y edematosas en sus bordes, dispepsia con orinas abundantes, leucorreas con amenorrea ó galactorrea, laringitis ó bronquitis crónicas, bocio, tumor blanco.
Con síntomas diatésicos de este género y mas ó menos pronunciados, se desarrollan las afecciones nerviosas que el yodo combate victoriosamente. De este número es el corea, cuyo punto de partida reconocido es el sistema nervioso ganglionar, y que resulta de una afeccion visceral persistente, y especialmente de la induracion de una víscera abdominal, ó de una mesenteritis escrofulosa. De este número son tambien los dolores reumáticos causados ó sostenidos por restos sifilíticos, por una gonorrea mal tratada ó por el abuso del mercurio ó del azufre.
Dósis.—Este medicamento es uno de los que mas conviene usar á dósis alterantes y por mucho tiempo. De la primera y segunda atenuacion no pueden esperarse generalmente mas que efectos nerviosos fugaces ó pasajeros, impotentes para obtener la modificacion que se desea de los líquidos y sólidos; pues si bien sus efectos dinámicos pueden quizá ser suficientes para obtenerla en personas de una reaccion legítima poderosa, es un caso escepcional en las circunstancias en que el yodo está indicado, circunstancias que ofrecen precisamente la condicion opuesta; es decir, una inercia vital que exige algunas veces dósis mayores, como la de medio gramo de yoduro de potasio en solucion para veinticuatro horas. Pero el práctico debe usar dósis mas débiles en una multitud de casos.
Las combinaciones del yodo con el azufre, el hierro...., exigen igualmente dósis mas crecidas que en la mayor parte de los medicamentos. El compuesto de yodo y almidon, que parece mas suave y menos activo que las demás combinaciones, no le conocemos nosotros lo bastante. En el aceite de hígado de bacalao, tan universal y ventajosamente empleado, tenemos uno de los mejores sucedáneos del yodo en ciertos casos de diátesis escrofulosa en los jóvenes. No pretendemos ciertamente afirmar la existencia del yodo en este aceite; solo aludimos á la analogía de sus efectos fisiológicos, y, por consiguiente, de sus indicaciones. La esponja quemada que contiene yodo y bromo, se emplea en casos de la misma naturaleza.
A pesar de que no nos hemos propuesto tratar en esta obra de la accion mecánica del yodo y su aplicacion esterna en inyecciones, manifestarémos, sin embargo, que esta accion irritante no impide el desenvolvimiento de su accion dinámica por la absorcion de una cantidad dada del medicamento. El uso del yodo en inyecciones en los quistes, en las cavidades esplánicas...., prueba su electividad en las membranas serosas y su eficacia en ciertas hidropesías, cuya curacion no puede atribuirse esclusivamente á la irritacion de las superficies enfermas, ocasionada por el yodo, sino tambien por el concurso de los efectos dinámicos de este medicamento. Es esto tan cierto, que se obtienen igualmente curaciones de este género por dósis de yodo muy atenuadas y debilitadas; y que las inyecciones practicadas en una cavidad serosa, en el punto de la serosidad derramada, con dósis pequeñas que solo contengan una cantidad muy débil de yodo, que no produce irritacion alguna, determinan, no obstante, una diuresis abundante. Conocidos son, en fin, los buenos efectos de la pomada yodurada en el tratamiento de ciertas induraciones é infartos glandulares y linfáticos.