IPECACUANHA (Ipecacuana).

§ I.—Historia.

Se usa la raiz de esta planta, de la familia de las rubiáceas, Juss.—De la pentandria monoginia, Linneo.—Este medicamento fué conocido en la América del Sur mucho tiempo antes que en Europa, y se importó hácia la mitad del siglo XVII. La ipecacuana, ó por abreviatura la ipeca, se la usó primeramente en la disentería, y poco á poco se la empleó en otras muchas enfermedades, pero desgraciadamente por datos puramente empíricos. Diferentes opiniones reinan en el campo de la terapéutica respecto á este medicamento. Para unos es irritante, y como tal produce el vómito; para otros es un antiflogístico, y como tal contiene el vómito y la disentería; no falta quien le considere como un medio que llaman vagamente incisivo, y del que se sirven para combatir las broncorreas y disminuir la abundancia de la espectoracion; para muchos es un tónico que provoca una espectoracion abundante; en fin, la emplean en accidentes nerviosos, aun los de la fiebre, y uno de nuestros mas célebres profesores de terapéutica le preconiza para todas las afecciones de las recien paridas. Verémos lo que hay de positivo en todas estas aserciones formuladas por buenos observadores, aunque desprovistos de fundamento.

§ II.—Efectos fisiológicos.

La ipecacuana tiene una accion electiva general sobre el sistema nervioso ganglionar, especialmente en su parte torácica y gástrica, lo cual confirma su propiedad esencial de provocar vómitos y diarrea. A los nervios, pues, de este sistema debe sus efectos especiales: 1.º sobre el sistema capilar; 2.º sobre las membranas mucosas; 3.º sobre la médula espinal. En esto se funda su notable actividad: 1.º en las congestiones sanguíneas, hemorragias y afecciones febriles; 2.º en los estados gástrico y catarral; 3.º en la coqueluche, catarro sofocante, parálisis inminente del pulmon, asma, convulsiones y diversas neuroses....

Hé aquí el objeto de este estudio sobre la ipecacuana y de la comparacion que hemos verificado de sus síntomas fisiológicos con su accion terapéutica. No queremos alterar estos simples datos con esplicaciones difusas; pero á fin de justificarlos, señalarémos los síntomas característicos de este medicamento en los principales aparatos de su actividad:

Acceso de malestar con repugnancia á todos los alimentos, y debilidad escesiva y repentina; sensibilidad escesiva al frio y al calor; enflaquecimiento pronunciado; acceso de indisposiciones de cabeza con náuseas y vómitos; color pálido, térreo de la cara; deglucion difícil como por parálisis de la lengua y de la garganta; náuseas con acumulacion abundante de saliva, vómitos de las bebidas, de las sustancias ingeridas y de materias mucosas, vómito con diarrea; sensacion de una grande incomodidad en el estómago; cólicos con anhelacion y gritos en los niños; cólicos con dolores calambróides, cólico flatulento; deposiciones diarréicas, diarrea con cólicos y vómitos.

Movimientos congestivos y convulsivos en diversos órganos; vértigos y dolores lancinantes de la cabeza; epistaxis y vómitos de sangre, deposiciones y orina sanguinolentas; congestion uterina; reglas muy precoces y fuertes, metrorragias con flujo de sangre roja y coagulada; tos con espectoracion de sangre, opresion de pecho; palpitaciones de corazon; manchas encendidas alrededor de la boca; placas rojas en el pecho; ojos encendidos é inflamados; legañas en los ángulos; coriza con obturacion de la nariz; pérdida del olfato; labios cubiertos con pequeñas aftas; sensibilidad dolorosa en toda la boca; lengua cubierta con una capa blanca ó amarilla; incomodidad en la garganta como por tumefaccion de la laringe, que dificulta la deglucion; gusto insulso, pastoso ó amargo; repugnancia á los alimentos; deseo de cosas dulces; gases y mucosidades en el estómago; vómitos de materias mucosas, biliosas, amarillentas ó verdosas; fetidez del aliento; dolores de escoriacion en el abdómen; deposiciones mucosas, serosas ó biliosas; sensacion quemante en la uretra, orinas turbias con sedimentos.

Accesos de espasmos y de convulsiones; alteracion de las facciones con movimientos convulsivos de los músculos de la cara, de los labios, de los miembros; estremecimiento de estos durante el sueño, sobresaltos frecuentes con sueños espantosos estando durmiendo; acumulacion de saliva en el momento de las náuseas y vómitos; vómitos y algunas deposiciones con tenesmo; temblor de los párpados; tos, sobre todo por la noche; tos convulsiva, tos seca con vomituricion de alimentos; tos con hemorragia por la nariz y por la boca; tos espasmódica, seca, conmovente con acceso de sofocacion, rigidez del cuerpo y cara azulada; asma con sensacion de constriccion en la laringe; espasmos del pecho; rigidez tetánica é inversion del tronco, ya hácia adelante, ya hácia atrás; calambres nocturnos en los muslos.

La accion de la ipecacuana en la nutricion y la piel es indirecta; se manifiesta por enflaquecimiento y palidez, por erupciones miliares, por un prurito violento y manchas rojas con prurito y sensacion de quemazon despues de rascarse, por el color negruzco que toman las úlceras.

Los síntomas neurálgicos son pocos; no existen en la patogenesia de este medicamento, esceptuándose algunos dolores evidentemente sintomáticos en la cabeza, en el vientre; es decir, en las cavidades esplánicas; la odontalgia se manifiesta del modo siguiente: sensacion como si se arrancase un diente, y dolor de luxacion en la articulacion coxo-femoral desde que se sienta, síntomas que son probablemente congestivos. Esta rareza de los dolores de la ipecacuana recuerda el opio, que tambien produce síntomas espasmódicos y neuropáticos, que no son esenciales, sino debidos á la ingurgitacion de los capilares, por la diminucion de la inervacion ganglionar en el cerebro soporoso. En su lugar oportuno tratarémos de esto, concretándonos ahora á manifestar que el opio y la ipecacuana son por esto mismo antídotos recíprocos.

Debemos consignar algunas particularidades en los efectos de la ipecacuana: 1.º este medicamento es análogo del arsénico, del eléboro blanco, y aun del centeno cornezuelo por ciertos síntomas insignificantes en apariencia, tales como vértigo, vómito, deposicion, coriza, síntomas que producen debilidad, incomodidades y ansiedad que no están en relacion con estos síntomas; 2.º los movimientos congestivos en la ipecacuana son rápidos, parciales y precedidos de cierto estado nervioso, espasmódico, sin contar los calofríos cuando existen: estas congestiones son á veces muy violentas y afectan principalmente las vísceras del pecho y del abdómen, comprendiendo la matriz misma; 3.º la aparicion ó aumento de algunos síntomas, como el espasmo, los calofríos, pruritos, vértigos, dolor en el momento de los vómitos; la grande sensibilidad al frio ó al calor; es decir, á las temperaturas estremadas, asimismo en el momento del calofrío febril; la agravacion de la cefalalgia dislacerante y otros dolores congestivos, por el tacto; regurgitaciones despues de beber líquidos frios; pinchazos en el vientre agravados por el movimiento y aliviados por el reposo. Todos estos síntomas facilitan la eleccion de la ipecacuana.

Los homeópatas alemanes creen que la juventud, el temperamento linfático-sanguíneo y linfático-nervioso, el abuso de la quina, del café ó el opio, las consecuencias de un enfriamiento, los elementos catarral, mucoso, los resultados de una afeccion gástrica saburral y mucosa, son los signos que indican este medicamento y las circunstancias favorables á su accion. Y nosotros agregamos la estacion del estío, los climas tropicales y los países en que reinan las fiebres palúdicas.

Hasta ahora, nada hemos dicho de la accion de la ipecacuana en la circulacion general. Por lo espuesto, se puede ya juzgar que este medicamento obra en la circulacion y en los capilares por una accion mediata y primitiva en los nervios ganglionares; se puede estar convencido de ésto por los síntomas febriles que produce en el hombre sano y por los que cura en los febricitantes: el calofrío es precedido de malestar, pandiculaciones, laxitud, frio, sudor frio. Los calofríos se elevan hasta la horripilacion; duran incomparablemente mas que el calor, y en otras ocasiones, este es muy vivo, de larga duracion y sin relacion con los fenómenos de concentracion. En el estadio del frio hay náuseas y vómitos, y los síntomas gástricos subsisten en la apirexia. El acceso sobreviene con preferencia por la tarde, ó bien este es el momento de la agravacion de la fiebre; por lo general, el sudor es nocturno interceptado por movimientos congestivos pasajeros. La sed se presenta solamente con los calofríos, y la ansiedad subsiste en los dos primeros estadios. El calor es seco y quemante.

La esperiencia ha probado que la ipecacuana es un medicamento esencial en el tratamiento de las fiebres de Africa y de todos los países pantanosos, cálidos ó intertropicales, y que en union de la quina y el arsénico, constituye el fondo de su terapéutica. Esta especialidad de la ipecacuana en las fiebres palúdicas nos parece que procede de su electividad sobre el sistema nervioso ganglionar que distribuye sus nervios del plexo solar y otros plexos en la aorta y en los órganos gástricos y pulmonales.

§ III.—Efectos terapéuticos.

A. Afecciones febriles.—La ipecacuana está indicada en las fiebres intermitentes, especialmente las de los países cálidos. Su tratamiento debe empezarse con dósis débiles; es decir, impotentes para provocar la menor náusea ó el mas pequeño efecto diaforético: entonces la ipecacuana abrevia la duracion de la fiebre, la simplifica, la corta por sí sola, sin reproduccion; tenemos numerosos hechos que lo confirman. No es necesario generalmente inquirir con toda exactitud la analogía de sus síntomas con los de la fiebre intermitente, remitente ó subcontinua que se quiere tratar. Este hecho práctico admitido hace mas de veinte años por muchos médicos de las colonias y de la Argelia, merece mucha consideracion. Es preciso evitar el obstinarse en el uso de la quina ó del arsénico, é investigar mas medios que los puramente empíricos de las curaciones mas positivas.

La nuez vómica, la quina y la ipecacuana son los tres medicamentos esenciales de la fiebre intermitente ó remitente de los países pantanosos, si bien no debe impedir el que en ocasiones dadas se recurra á la pimienta de la Jamaica, al arsénico y á otros febrífugos de este género.

No omitirémos el indicar la propiedad abortiva de la ipecacuana administrada antes del calofrío y desde los primeros signos de concentracion citados mas arriba, signos propios de la ipecacuana y de muchas fiebres de estío con accesos cotidianos: este medicamento suprime el acceso y algunas veces la fiebre. Tambien es, despues de la quina ó alternada con esta, el medicamento mas apto para prevenir el desarrollo de los accesos y de la fiebre palúdica.

La ipecacuana está eminentemente indicada despues de acónito en los casos de fiebre sobreaguda con flogosis en la garganta, en los bronquios, ó en el pulmon, en los niños. La falta de esta agudeza y la carencia de fenómenos congestivos rápidos y espasmódicos, de terquedad y de susceptibilidad, contraindican su uso en los niños, en los jóvenes y en las mujeres, aun en una fiebre gástrica. La manzanilla tiene mucha analogía con la ipecacuana en las fiebres, con la diferencia que aquella corresponde á un orgasmo sanguíneo menos intenso, y á un eretismo mas bien atáxico que espasmódico en las fiebres ya desarrolladas y en un período avanzado.

La fiebre gástrica ó biliosa subaguda con propension continua al vómito durante una epidemia ó en estío, corresponde á ipecacuana. Le pertenecen tambien las fiebres en las que el sudor es escesivo y hay espasmos, con ansiedad y tendencia al desfallecimiento ó aun con desfallecimiento y grande debilidad. La brionia corresponde igualmente al sudor escesivo de ciertas fiebres; pero este sudor es debido á un orgasmo sanguíneo del pulmon y no está acompañado de esos fenómenos. El eléboro blanco solo conviene en un sudor abundante, pero con frio. El acónito no tiene espasmos ni desfallecimiento en estos casos, y el sudor es mas sosegado, sin que á veces sea menos abundante. Solo el arsénico puede rivalizar con la ipecacuana, si el sudor abundante al que corresponde, está acompañado de espasmos; pero exige además una ansiedad mucho mayor.

B. Flegmasías. La ipecacuana es útil en las inflamaciones subagudas, cuando subsiste la irritacion nerviosa despues del período de incremento de la fiebre; su accion está en relacion con los fenómenos convulsivos de los miembros, y difiere del beleño, en que los síntomas nerviosos se fijan en la cabeza ó proceden de los primeros; de la sal de nitro, porque esta afecta mas particularmente el corazon; de la pulsatila, porque desenvuelve mas bien neuralgias y alternativas de calofríos y calor.

La ipecacuana está indicada en las erupciones miliares de las mujeres paridas, si hay angustia, opresion, suspiros: análoga en estos casos á la brionia, difiere por la menor afeccion del peritoneo; pero á decir verdad, es eficacísima en la mayor parte de las enfermedades febriles de las embarazadas, con tal que haya espasmos y movimientos congestivos. Está, en fin, indicada en los prodromos de la meningitis y aun en el primer período de esta grave afeccion, y lo está asimismo hasta el fin, cuando la enfermedad, por su rápida marcha, confunde sus períodos. El beleño es preferible en la agudeza, y se le puede administrar ventajosamente despues de ipecacuana.

No está probado, como se necesita, que este medicamento sea mas eficaz que el sublimado corrosivo y el arsénico en la disentería; pero es útil al principio de esta afeccion cuando es febril ó que las deposiciones contienen mucha sangre. La ipecacuana se limita muchas veces á modificar el estado general sin disminuir el tenesmo ni cambiar las deposiciones de un modo notable, como no sea la supresion de la sangre que contienen, cantidad que puede llegar hasta constituir una hemorragia intestinal. Pero el médico posee poderosos recursos para estas especies patológicas, con la quina, el zumaque, el arsénico, el cólchico, el mercurio, sobre todo el corrosivo, pues cada uno de estos en su especialidad, llenan las exigencias de los diversos casos de disentería. Las diarreas disentéricas, las colicuativas, las mucosas ó biliosas, tienen tambien sus respectivos medicamentos, entre los cuales es la ipecacuana el que ocupa el primer lugar. Las diarreas del estío y todos los flujos intestinales con síntomas mucosos y gástricos ceden generalmente con la ipecacuana.

Si á estos síntomas se une la fiebre, en los niños, casi siempre serán indicadores de la ipecacuana, los movimientos convulsivos, los vómitos, la diarrea, fiebre violenta, bronquitis y opresion.

C. Congestiones. Hemorragias.—Entre las afecciones análogas á los síntomas de este medicamento, se hallan las congestiones y hemorragias. La apoplejía solo reclama su uso en los casos en que el estómago es la pars mandans de la congestion, pues su accion sobre el cerebro es consecutiva á la que ejerce en el estómago. La nuez vómica es tambien muy eficaz en la apoplejía gástrica. Despues del acónito, es la ipecacuana uno de los mejores remedios de la hemoptisis, cuando hay congestion pulmonal caracterizada por la palidez del resto del cuerpo y por los espasmos de las estremidades. Importa en estos casos averiguar la causa de la hemoptisis y recurrir á brionia, árnica ú otros medicamentos que mejor correspondan por este concepto. En general, las congestiones del pulmon que mas se adaptan á brionia, exigen como intercurrente algunas dósis de ipecacuana. El fósforo está indicado en las congestiones del tejido pulmonal, y en todos los casos de congestiones completas y fijas, y el zumaque en las menos rápidas y activas que las de la ipecacuana.

En las congestiones uterinas con movimiento rápido de la sangre, palidez y nerviosidad, la ipecacuana puede evitar el aborto.

Este medicamento se opone eficazmente á las hemorragias uterinas con contracciones normales de esta víscera. Disminuye las reglas escesivas producidas por una fuerte congestion uterina, y las cura completamente cuando degeneran en metrorragia. Los loquios escesivos se reducen á sus justos límites con la accion de la ipecacuana. Como síntomas indicadores en todos los casos, es preciso tener presente un dolor rápido ó continuo y cortante en el ombligo, una sensacion de presion en el útero y de espulsion hácia el cuello de este órgano, calor en la cabeza con frio en lo restante del cuerpo.

D. Afecciones espasmódicas y neurálgicas.—Estas afecciones no tienen para la ipecacuana el carácter nervioso esencial como en las de ignacia. Son siempre el resultado de una afeccion gástrica, uterina, pulmonal, con movimientos congestivos. No tienen la pasibilidad de las del opio, ni el carácter esclusivamente calambróide del cobre. Están acompañadas de palidez de la cara, de gritos involuntarios, y consisten principalmente en sacudidas ó rigideces del cuerpo, en movimientos continuos de los músculos de la cara; se presentan en fin al principio de una fiebre ó en el período agudo, y algunas veces en los estados graves de las afecciones puerperales, en la denticion.... Ha sido eficaz la ipecacuana en ciertas neuralgias congestivas é intermitentes del ojo, en oftalmías muy dolorosas con turbacion de la vista, y que la inflamacion afecta con preferencia el íris y la córnea.

Los vómitos incoercibles del embarazo, para los que se han preconizado tantos medicamentos y que la pulsatila, el arsénico, el eléboro blanco, el platino...., han curado algunas veces, ceden generalmente á la ipecacuana y la nuez vómica. Se usará el primero de estos dos, durante las dos horas antes de comer, y el segundo, en las dos ó tres horas despues de comer: esta medicacion es casi siempre eficaz, pero exige dósis pequeñas. Tambien produce buen efecto la ipecacuana en las toses gástricas con ó sin vómitos, y en los de los niños de teta que arrojan fácilmente la leche no elaborada.

E. Afecciones de los órganos respiratorios.—Conviene la ipecacuana en las bronquitis con esfuerzos para vomitar, opresion mayor que la que el grado de irritacion bronquial puede hacer suponer, ansiedad ó debilidad que no corresponde á la benignidad de la enfermedad. Por su electividad en las membranas mucosas, corresponde la ipecacuana al carácter catarral, y se adapta por una parte á las bronquitis con fiebre ó tos seca, y por otra, á la misma afeccion con espectoracion abundante y astenia, es decir, á los períodos inicial y final, puesto que presentan síntomas característicos de la ipecacuana. La coqueluche en que está indicada, es eminentemente catarral y tiene el dolor tirante profundo, las titilaciones en la laringe que escitan la tos, esputos sanguinolentos, diarrea, padecimientos asmáticos pero que no se elevan hasta el enfisema pulmonal. En el primer período, ó en el catarral de la coqueluche, es cuando conviene mas la ipecacuana despues del acónito y la belladona ó antes que esta última.

La ipecacuana es, en general, un medicamento precioso en la disnea de las bronquitis y de las afecciones asmáticas, cuando empieza la espectoracion despues de la tos, y que los esputos son espumosos y abundantes, hasta el punto de escitar el vómito. En estos casos, el tártaro estibiado está tan indicado como la ipecacuana. En el asma de Millar ó calambre del pecho, la ipecacuana rivaliza con el arsénico, la nuez vómica y el saúco, especialmente si hay un elemento congestivo. No es menos recomendable en el catarro sofocante, de los niños al menos, y en el asma húmedo que cura en union de la brionia, la lobelia, el arsénico y la nuez vómica, á dósis mas ó menos frecuentemente repetidas, y alternadas con las de los referidos.

La ipecacuana puede conjurar los accidentes mas graves: la disnea estremada, la respiracion angustiosa, la parálisis inminente del pulmon. En la acumulacion de mucosidades en los bronquios que aumenta en proporcion del peligro, son de grande utilidad el almizcle, el tártaro estibiado, el arsénico y la cantárida administrada al interior ó aplicada como vesicatoria. Agregarémos al efecto, que la abundancia de mucosidades, aun las filamentosas, sin otro accidente, se corrige mejor con la ipecacuana que con el mismo arsénico, si aun subsiste algun resto de irritacion; se recurrirá al fósforo y al carbon vegetal, cuando la flegmorragia es mas asténica. En el tratamiento siempre largo de estas broncorreas, son tambien útiles la senega, la pulsatila, la dulcamara, la escila.

No se debe desdeñar el uso de la ipecacuana en el crup antes de la formacion de las falsas membranas, si los síntomas generales y concomitantes la indican; pues ya se la ha recomendado eficazmente para esta grave enfermedad antes que lo propusiese M. Teste, siendo por otra parte cierto que la ipecacuana posee síntomas fisiológicos muy análogos al crup. M. Teste la alterna con la brionia, felicitándose mucho de este procedimiento; nosotros no podemos alegar en favor de esta opinion el resultado de esta esperiencia, y por lo tanto suspendemos el juicio. A la verdad que conociendo bastante las imperfecciones de la materia médica, aguardamos con confianza que nuevas esperiencias y ensayos bien hechos, agrandarán continuamente el campo de la terapéutica, y descubrirán en muchos medicamentos propiedades no comprendidas aun en sus patogenesias incompletas por lo general.

Dósis.—Se usa á la dósis de una á cinco gotas en agua, en los casos de catarro sofocante, asma, afecciones congestivas, espasmódicas y flegmásicas. Se emplearán dósis mas débiles en los casos de fiebres menos tempestuosas, y en las afecciones gástricas y neurálgicas. Es raro convenga administrarla á menores dósis que las de algunos glóbulos de la tercera atenuacion, á no ser en niños altamente impresionables.