SILICEA (Sílice).

§ I.—Historia.

El sílice obtenido por procedimientos de que no debemos ocuparnos aquí, es una sustancia terrosa, un óxido cuya base poco conocida aun, se la llama silicium. El sílice forma, por su combinacion con distintas bases, sales diferentes esparcidas en la naturaleza y en los terrenos. Recomendamos con confianza el estudio del sílice á los autores que pretenden conocer las aguas minerales sin tener en cuenta el sílice y silicatos que algunas contienen[21]. Se las clasifica, con nombres mas ó menos aceptables, en aguas yoduradas, ferruginosas, alcalinas..... pero no se ha creado todavía la clase de silíceas, aun cuando algunas deben al sílice sus propiedades. Esto solo basta para probar los graves errores de las actuales clasificaciones de las aguas, si no hubiera otro mas grave; si no se hubiese despreciado casi completamente el estudio de los síntomas fisiológicos que cada manantial mínero-medicinal produce en particular. Hubieramos querido dar en esta obra un estudio completo de las aguas salutíferas de Bondonneau, situadas en el distrito de Montélimar; pero remitimos á los lectores que deseen conocerlas; á la patogenesia de las aguas silicatadas cuyo trabajo hemos publicado[22].

Cuando por primera vez se publicaron casos de curacion obtenidos por el sílice, no sorprende hubiera incrédulos irreflexivos; pero hoy, despues de medio siglo y de innumerables hechos, es indispensable reconocer una actividad real, generalmente muy estensa, en el sílice y otras sustancias reputadas por inertes, y que lo son en verdad en su estado bruto, natural; pero que, sin embargo, cuando se las divide y atenúa suficientemente, adquieren propiedades incontestables, ya por su reduccion al estado molecular, ya por la libertad que su accion medicinal adquiere y que la fuerza de cohesion impedia su manifestacion.

Trasportadas estas moléculas perfectamente divididas hasta los mas pequeños vasos de la economía, pueden penetrar en el torrente de la circulacion y en las corrientes eléctricas cuya existencia en el organismo está perfectamente probada. El uso de la pila y la aplicacion razonada de la electricidad al tratamiento de las enfermedades nos descubrirán algun dia con sus progresos ciertos misterios relativos á la accion de los medicamentos; nos esplicarán el por qué, en casos dados, medicamentos muy divididos obran instantáneamente desde un órgano á otro que no está contiguo; porque en algunas enfermedades las secreciones de la piel se hacen alcalinas y las de las mucosas ácidas..... y la ciencia podrá ensayar el formular algunas leyes posológicas, desde la dósis miasmática, semejante al miasma de una afeccion epidémica, hasta la casi igual de medicamento dada para combatirla, ó á las dósis mas materiales de las que están destinadas á reconstituir los elementos orgánicos y obrar de una manera alterante y reconstitutiva.

No carecemos de antecedentes al efecto, respecto al sílice: muchas aguas minerales deben sus virtudes á esta sustancia; los afiladores y picapedreros suelen padecer afecciones especiales causadas por el sílice, y sus átomos, esparcidos por el aire de ciertos talleres, ocasionan enfermedades y producen síntomas morbosos. Juzgamos que nuestros lectores están al corriente de la literatura médica y que, por consiguiente, conocen los trabajos que diversos autores han publicado respecto á este asunto, por lo cual nos limitamos á tomar acta y sacar partido de este estudio. Utilizarémos igualmente las esperimentaciones de Hahnemann[23] y otros médicos, experiencias plenamente confirmadas por las observaciones clínicas y por un número de hechos de todo género y siempre creciente.

§ II.—Efectos fisiológicos.

Las relaciones de este medicamento son mas especiales con los aparatos del sistema nutritivo. Su accion sobre el sistema sanguíneo arterial es un efecto efímero de su primera impresion; pues cuando se inicia la fiebre héctica, es sintomática de una lesion orgánica ó de una alteracion profunda de la vida nutritiva, es decir, de los manantiales de la vida, como la linfa, el quilo y la sangre venosa; los fundamentos ó los estímulos, ó ambas cosas á la vez se alteran. No pretendemos escluir por esto al sílice de que pueda estar indicado en las fiebres lentas y hécticas esenciales, á las que corresponde además por el ataque que las fuerzas vitales sufren por su influencia, necesaria por el efecto mismo de la alteracion de los órganos y de sus estímulos. Tampoco escluimos de las indicaciones de este medicamento las afecciones nerviosas y neurálgicas, á las cuales conviene, si no por su accion electiva y directa, por los efectos al menos que se desarrollan antes que su evolucion se haya completado y caracterizado en todos los sistemas.

Es evidente que obrando profundamente la silicea en los tejidos, desde la piel hasta el sistema óseo, espresa sus tendencias por una série de efectos intermediarios entre su primera impresion, completamente nerviosa, y el último término de su accion, totalmente orgánica, y que estos efectos llegan á todos los aparatos, á todos los sistemas; es verdad que los síntomas del sílice se pueden dividir, como los del acónito, en síntomas nerviosos del período inicial ó prodrómico, en nerviosos del período activo y en los del crónico, asténico, en el que se desarrollan las lesiones orgánicas; pero el sílice, sin embargo, no es un medicamento pirético, porque su patogenesia cuenta entre sus efectos mas fenómenos nerviosos crónicos del último período y mas síntomas febriles, procedentes de la alteracion orgánica y nutritiva, que los que son propios de la fiebre esencial; si el acónito, en fin, tiende á afectar electiva y directamente el sistema arterial, el sílice dirige su electividad á la esfera nutritiva, y los sistemas nervioso y sanguíneo solo se afectan particularmente por la discrasia creada por la influencia de aquel.

Los síntomas característicos del sílice son indudablemente asténicos, ya con flojedad de los tejidos y de las superficies afectadas, y eretismo en la afeccion simpática de los sistemas nervioso y circulatorio, ya con eretismo general y alteracion de la sangre, ó de los tejidos y del trabajo de descomposicion orgánica.

Los dolores son lancinantes, dislacerantes; afectan con preferencia los tejidos blancos y las articulaciones, están acompañados de adormecimiento, quebrantamiento y debilidad paralítica, sobre todo por la tarde; estos mismos se agravan ó aparecen por la noche, por el movimiento, al aire libre y por los cambios de tiempo. Hay calambres en los músculos de los miembros, algunas convulsiones epileptiformes, estremecimientos musculares, agitaciones orgánicas despues de haber estado sentado por largo tiempo, y temblores con flojedad por la mañana despues de dormir; la marcha es vacilante; los niños tardan en andar; un poco de vino ó el alimento producen efervescencia de la sangre, el marasmo se hace escesivo, las fuerzas se pierden completamente, se presentan desvanecimientos echándose en decúbito lateral, la menor impresion del aire produce resfriados, las estremidades se enfrian y los miembros lo están tambien al tacto.

La cara está pálida, térrea, como encerada; la superficie cutánea espresa una sensibilidad dolorosa, las menores lesiones tienden á ulcerarse; hay prurito, diferentes erupciones, vegetaciones, induraciones, inflamaciones forunculosas y carbuncosas, úlceras fungosas, fagedénicas, cáries, focos de supuracion. Los gánglios linfáticos se infartan, supuran, se hacen fistulosos; el trayecto de los vasos linfáticos se presenta duro y sensible; el pus de los abscesos y de las úlceras es fétido y de mal carácter. Hay inquietud nocturna con sueños lascivos ó terroríficos, ansiedad nerviosa, movimientos congestivos en la cabeza y latidos ó enardecimientos; y aunque los síntomas relativos al sueño varian algunas veces, una de las contraindicaciones de la silicea es el sueño apacible y tranquilo; la repugnancia á los alimentos, la pronta saciedad y la pérdida del apetito indican la atonía de los órganos digestivos; el hambre escesiva produce la necesidad forzosa de reparar las fuerzas aniquiladas suministrando á la economía los materiales reparadores que la faltan. Los caractéres del moral son: ansiedad, agitacion, disposicion á la desconfianza y terquedad, al desaliento y á la apatía.

No creemos preciso estendernos mas en enumerar los síntomas que caracterizan al sílice; pues tanto para las fuerzas nerviosas como para las circulatorias, para los órganos de los sentidos como para los digestivos, siempre se observa una irritabilidad, una sobreimpresionabilidad, una tension, un orgasmo efímeros, y una astenia constante, una flojedad y flujos mucosos, serosos, purulentos y colicuativos, que no impiden exista cierto eretismo febril, que sobrevienen con alguna periodicidad siguiendo el curso del sol y presentándose principalmente desde cerca de las diez de la mañana hasta el crepúsculo.

Ciertos fenómenos nerviosos son igualmente intermitentes, pero á largos períodos se agravan en el novilunio ó plenilunio; algunos además afectan una mitad del cuerpo, un lado de la cabeza por ejemplo. Todos estos síntomas especiales corresponden á afecciones en las que se les observa con singular regularidad: así es que hay fiebres lentas nerviosas que se exacerban por el dia; la ténia y la epilepsia incomodan á los enfermos en ciertos períodos lunares; las afecciones neurálgicas y paralíticas son semi-laterales y semi-cranianas...

Para lo que nos resta que decir, suponemos que el lector no perderá de vista el estado general del organismo bajo la accion del sílice, tal como acabamos de presentarle en un sucinto cuadro, que sin ser privativo de un temperamento y sexo dado, corresponde á las afecciones de las personas de cualquiera constitucion y edad que sean. Vamos, pues, á establecer sumariamente las indicaciones del sílice en una multitud de casos que puede curar ó modificar bastante para dar lugar al uso prudente de otro medicamento mas apropiado.

El sílice es muy conveniente despues de belladona, pulsatila, rhux y mercurio en las afecciones de la esfera sanguínea; despues de la espigelia, la pulsatila, el mercurio y el fósforo, en las de la esfera nerviosa; del licopodio, el sulfuro de cal y el arsénico, en las de la vida nutritiva y plástica; últimamente, despues de sílice completan ó están frecuentemente indicados el arsénico, el carbon vegetal, el azufre, la sepia, el carbonato de cal y el licopodio.

§ III.—Efectos terapéuticos.

A. Fiebres. Flegmasías.—En las fiebres hécticas el sílice es muy análogo de fósforo. El enfermo es muy sensible al frio, hay frecuentes accesos de calor de corta duracion; fiebre ardiente sin calofríos durante el dia y sudor nocturno. Se suda por poco que se pasee, y por la mañana se presenta un sudor muy debilitante. Existen abscesos, focos de supuracion, infartos, flujos mucosos que debilitan y sostienen la fiebre con reabsorcion purulenta muchas veces. Encendimiento de las mejillas como si fueran manchas con calor quemante, sensacion igual en la punta de los dedos de la mano y grande ardor en los piés por la tarde, y por último, frio habitual en las estremidades. Los edemas de los piés son frecuentes, así como las palpitaciones, la opresion, la palidez, el enflaquecimiento y la debilidad general, escepto en los paroxismos de la fiebre, durante los cuales goza el enfermo de cierta energía física y moral. La tos con espectoracion abundante, los vómitos viscosos por la mañana en medio de los accesos de tos, la disnea, los esputos sanguinolentos y los sudores nocturnos le indican tambien en la tisis.

El sílice está bien indicado en los niños ó en los jóvenes en un estado de desarrollo enfermizo, con fiebre, dolores violentos en las articulaciones, adormecimiento de los miembros, escitacion sanguínea ó pulsaciones arteriales. Es tambien necesario en la fiebre de denticion que se prolonga demasiado y cuando los niños enflaquecen mucho.

No corresponde en las flegmasías, mas que en los casos graves de estrangulacion, de falta de estension de los tejidos por constriccion de las aponeurosis ó de las vainas tendinosas, y en inflamaciones de mal carácter ó gangrenosas, tales como:

1.º El panadizo, que puede hacer abortar si se le usa antes de la supuracion;

2.º Ciertas inflamaciones de las partes fibrosas articulares, inestensibles, de la rodilla por ejemplo, con calor quemante, dolores vivos, y cuando estas inflamaciones proceden de una herida, de un golpe ó contusion;

3.º El forúnculo carbuncoso, el carbunco y la pústula maligna, con grande tension de la piel, dolor generalmente intolerable; se usa despues de la brionia y antes del arsénico casi siempre;

4.º Las inflamaciones que terminan por induracion con debilitacion y adormecimiento de la parte.

B. Necrosis. Pústulas. Afecciones escrofulosas. Caquexias. Piogenia.—Las necrosis que resultan de las flogosis intensas que terminan por supuracion ó gangrena, se tratan muy bien con sílice, del mismo modo que la fístula lagrimal y la estercorácea con tension inflamatoria, sin cuya circunstancia son preferibles el causticum y el carbonato de cal. El sílice es un escelente medio curativo en las oftalmías escrofulosas con inminencia de perforacion de la córnea, en las inflamaciones de la misma con tumefaccion de los bordes libres de los párpados, y en los casos mas graves de estas especies de oftalmías en el estado crónico é indolentes generalmente.

Las afecciones escrofulosas que reclaman el uso de este medicamento son los mas graves, como se ve por los síntomas siguientes: fiebre lenta, abolicion de la nutricion, flujos colicuativos, infartos é induraciones de los gánglios y vasos linfáticos y del tejido celular, abscesos frios, trayectos fistulosos, cáries, raquitismo, tabes mesentérica. La silicea es igualmente útil en otras varias afecciones escrofulosas infebriles, tales como bubones, hidrocele, úlceras de bordes callosos; en el coriza crónico con mucosidades abundantes y romadizo únicamente mientras duran las exacerbaciones febriles.

En las caquexias de las personas linfáticas ó aniquiladas por largas enfermedades, cuando están caracterizadas por el eretismo, fiebre lenta agravada despues de comer, estreñimiento, espectoracion abundante ó vómitos por la mañana, cefalalgia obtusa, dolores erráticos generalmente muy vivos, piel terrosa, amarillenta, seca y muy blanca, cubierta á veces de manchas pitiriásicas, el sílice es el medicamento mas propio para restablecer la armonía en las funciones, reconstituir la tonicidad de los tejidos, la plasticidad de la sangre, dirigir las fuerzas nutritivas y activar la vitalidad del sistema óseo y de la piel. Es un medio esencial en la diátesis purulenta, sobre todo despues de largas enfermedades y cuando hay eretismo interno y flojedad con descomposicion piogénica en la piel, en el tejido celular subcutáneo, abscesos en la superficie.

C. Afecciones nerviosas y neurálgicas.—Entre las afecciones de este género que el sílice puede curar, indicarémos: 1.º el insomnio nocturno con sueño interrumpido por ensueños lascivos y espantosos, bocanadas de calor, enardecimiento de la sangre, somnolencia por el dia, grande abatimiento; el referido insomnio es rebelde y generalmente sin afeccion alguna orgánica.

2.º La hemicránea esencial con vértigos y náuseas ó vómitos, principalmente por la mañana; los dolores son dislacerantes por accesos, y parecen salir de los ojos á cada movimiento de estension; las lancinaciones, los latidos y el vértigo forman parte, y la elevacion de los ojos y la accion de bajarse aumentan el vértigo; á todo esto se agrega generalmente sudor en la frente.

3.º Ciertas neuralgias de la cara, de la cabeza, de los ojos, de los dientes y de los oidos. Son tirantes por sacudidas y punzadas dislacerantes, agravadas por el tacto; en el intérvalo de los paroxismos hay hormigueo, prurito, debilidad; la vista, el oido y el olfato están exaltados al principio de la neuralgia ó mientras existe, pierden al fin su agudeza y se embotan; se presentan calofríos y frio de las estremidades, y en momentos dados, sudores parciales de los piés, de las axilas; la nariz está seca, con costras y escoriaciones al interior; los ojos lagrimean, hay irritacion en la mucosa de la boca, pero la piel está generalmente muy blanca y pálida.

4.º La gastralgia se presenta unas veces con pirosis, otras con hipo ó náuseas y vómitos viscosos; hay calor, pesadez, sensibilidad y sensacion de constriccion; estreñimiento tenaz, ventosidades, eructos, somnolencia, abatimiento, frio de las estremidades, pérdida del apetito, digestiones lentas y laboriosas, bulimia frecuente, é imposibilidad, sin embargo, de satisfacer el apetito.

5.º La bulimia, especie de hambre canina que obliga á comer con esceso y frecuentemente, es propia del sílice, ya sea esencial, ó sintomática, cuando los enfermos son secos, nerviosos, irritables, de saliva abundante, deposiciones fáciles ó diarréicas, y sudores, sobre todo nocturnos.

6.º La disecea y la ambliopia amaurótica en personas muy impresionables, cuando la vista y el oido están debilitados por el abuso de los estimulantes propios.

7.º La impresionabilidad escesiva de las personas cuya nutricion es insuficiente, no por la calidad de los alimentos, sino por falta de asimilacion; que están estreñidas, dispuestas á neuralgias repentinas, al erotismo, á la melancolía.

8.º La coqueluche en el último período.

9.º Ciertas afecciones histéricas, epileptiformes y paralíticas, procedentes de escesos eróticos, de trabajos forzados de gabinete, de neuralgias rebeldes, de hemicráneas; las convulsiones son calambróides y afectan los músculos de relacion; la parálisis es incompleta y corresponde á la sensibilidad, acompañada frecuentemente de atrofia.

10. En fin, corresponde al sílice, el asma nervioso esencial en el que la tos es seca y espasmódica; que la opresion impide permanecer acostado y bajarse; que hay constriccion en la faringe y latidos debajo del esternon; que los accesos se presentan á cualquier hora, pero mas especialmente despues de acostado; que la respiracion sigue siendo corta y sibilante; que se reproduce por la noche aun cuando no haya acceso asmático: este medicamento es igualmente útil en esta afeccion, cuando despues de una duracion más ó menos prolongada, ha modificado la mucosa bronquial; cuando el asma se ha hecho húmedo y toma la forma de un catarro sofocante; que la tos provoca vómitos y una espectoracion abundante y muchas veces purulenta.

D. Afecciones cutáneas. Induraciones. Vegetaciones. Dartros.—La accion del sílice en el sistema cutáneo es de las mas notables. Sin salir de los límites de su electividad sobre la nutricion intersticial y las fuerzas plásticas, produce un empobrecimiento particular de los jugos nutritivos que la ciencia apreciará algun dia, pero como esta accion determina mil formas de lesiones cutáneas, de pérdidas de sustancias, de erosiones fagedénicas, es mas análoga á la del arsénico que á cualquier otro medicamento.

Se ha dicho de muchos modos, y Lobethal lo ha espresado tambien despues, que de todos los remedios de la materia médica, ninguno es tan apto como el sílice para corregir la disposicion viciosa de las úlceras mas malignas, para convertir una sanies fétida en pus de buena calidad, para prevenir la cáries de los huesos subyacentes, para combatir las úlceras escrofulosas saniosas, los abscesos múltiples con comunicaciones fistulosas y pus de mala ley, las úlceras fungosas y rebeldes, las callosas, herpéticas, varicosas, corrosivas y sobre todo sicósicas, es decir, que reemplazan á una escrescencia verrugosa y que tienen un fondo grisáceo con bordes duros.

Este medicamento está tambien indicado en las cáries, en la induracion de los gánglios y en su supuracion con trayectos fistulosos, y en otros casos de este género de que ya nos hemos ocupado mas arriba. Uno de los caractéres comunes de estas lesiones propias del sílice es el tener los bordes callosos, endurecidos, ó de estar situadas en tejidos que ofrecen la misma dureza, en nudosidades tuberculosas. Este medicamento es atendible en las induraciones del píloro, del cuello de la matriz y en otros infartos internos, ya indolentes, ya con dolores lancinantes.

Así como el carbonato de cal y los medicamentos que obran especialmente sobre la nutricion y los jugos nutritivos, corresponden á las alteraciones de los tejidos y á las vegetaciones, á las escrescencias y exuberancias vegetativas, del mismo modo goza el sílice de una accion igualmente favorable en las úlceras de que acabamos de hablar, en las fisuras y ulceraciones largas y estrechas, como ciertos rágades del pezon y otras partes de piel fina, alterada por una afeccion herpética; es igualmente eficaz en las producciones verrugosas ó sicósicas; su indicacion, en estos casos, tan solo difiere de la de la tuya, del licopodio, del ácido azótico...., en que el sílice corresponde mas á granos sicósicos, tirantes, lustrosos, lancinantes, duros y dispuestos á degenerar al comenzar á formarse.

Entre las numerosas formas de las afecciones cutáneas análogas á las del sílice, citarémos, por haberse curado muchas veces ó por lo menos haberse modificado mas ventajosamente con él, las erupciones papulosas, psoriformes, impetiginosas y pitiriásicas, en las que la piel está seca, lisa, pero con placas de pitiriasis diseminadas aquí y acullá, que sirven generalmente de base á las vesículas, á las pápulas, á las costras herpéticas de una afeccion mas avanzada. Podria decirse que carece la piel de jugos nutritivos para reparar y sostener su tejido, y que la plasticidad reduce sus límites hasta el punto que los cabellos se caen y que el cuero cabelludo se cubre de una capa de películas furfuráceas. Este es uno de los caractéres del sílice, así como la rubicundez en la piel de la nariz y en la de algunas articulaciones. Estos intertrigos, estas rubicundeces, esta alopecia y estas películas furfuráceas son frecuentemente un síntoma de astenia en los convalecientes, que, en union con otros síntomas, reclaman el uso del sílice.

Sea cual quiera el número de sus indicaciones, no podemos lisonjearnos de haberlas espuesto todas; solo hemos pretendido inculcar la idea de que este medicamento no cura por sí solo todas las afecciones que dejamos enumeradas; pues se ha podido comprender que solo corresponde á uno de sus períodos, que produce cambios favorables y dispone al organismo á la accion de otros medicamentos, lo cual es muy conveniente en una multitud de afecciones crónicas y de lesiones orgánicas rebeldes, y generalmente de las que mas se resisten á los tratamientos empleados.

Dósis.—Pocas veces son preferibles las primeras atenuaciones á las mas elevadas; sin embargo, suele ser conveniente espolvorear una úlcera con la segunda ó tercera trituracion, ó lavarla ó curarla con una solucion de algunos decígramos de la tercera atenuacion en 250 gramos de agua. Administrado al interior á la dósis de algunas gotas ó glóbulos de la sesta á la trigésima, es como se obtienen del sílice mejores efectos; la eficacia de estas dósis es generalmente superior á las demás, especialmente en los casos de eretismo é irritabilidad.