I

Como las aguas muertas
desparraman pestíferos vapores,
de juncos y de flores
y de brillos fantásticos cubiertas;
y como al fin la gente,
ya su prole cual muertos insepultos,—
descubre los ocultos
focos de la malaria pestilente:
¡oh, calumnia cobarde,
tu maldad, como un charco, ni se agita,
y tu lengua maldita
se arranca finalmente, pero tarde!