II

Tarde... como hay estrellas
que cerraron sus ojos soberanos
y en los ojos humanos
ya muertas en el éter, viven ellas:
tus perdurables signos
no los borra ni el mar... mucho más anchas
donde fueron tus manchas
dibujan otras manchas los malignos!
Tarde... Como en el suelo
que abona el viejo Nilo en sus crecientes,
germinan las simientes
al primer gestador beso del cielo:
las catervas esclavas
repletas del rencor de sus fatigas,
devuelven cien espigas
por cada gota puerca de tus babas.