III

Tarde... Como traidora
la lengua de Don Juan va sugerente
bruñendo la pendiente
que conduce al nefasto «cuarto de hora»;
así, rufián hediondo,
al propio corazón del que difamas
le tientas y le llamas
y le arrojas vencido a lo más hondo;
así los directrices
de carácter más neto y más hidalgo,
vienen a ser por algo
lo mismo que tú inventas y tú dices.