IV
Tarde... Los que tú lames
para siempre jamás doblan sus lomos,
egregios eccehomos
ungidos de las mirras más infames;—
porque la frase artera
que lanzas al azar y medio trunca,
ya no se borra nunca,
ni aunque Dios, si hay un Dios, lo dispusiera.
Tarde... Los que tú lames
para siempre jamás doblan sus lomos,
egregios eccehomos
ungidos de las mirras más infames;—
porque la frase artera
que lanzas al azar y medio trunca,
ya no se borra nunca,
ni aunque Dios, si hay un Dios, lo dispusiera.