II
Pero el Hombre, pero el Genio,
más que un sol en el abismo,
por sí solo, por sí mismo
marcha mal o marcha bien:
Tiene rumbos preconceptos,
con sus planos y su equipo
y ha forjado el arquetipo
supraexcelso de su ser.
Y persigue aquel modelo
por más leyes que lo impidan,
por más fuerzas que coincidan
y le arrastren hacia atrás:
Presidiario incorregible
que la ergástula no arredra
y en el hierro y en la piedra
va y escribe ¡Libertad!
Eso canta, mi Gertrudis,
ese arcángel, ese mito
que ultramonta lo infinito
tras la sombra de su Dios:
Que reniega de sí propio,
de sí propio horrorizado,
que se siente desolado,
que se siente triunfador.
No te asombre pues, hijita
si en la noche de tus bodas
yo no cuento y nombro todas
tus bellezas de mujer:
Si a la faz de tus encantos
cual un torpe, cual un ciego,
yo renuncio, yo reniego
del color y del pincel.
Si no tengo ni una nota,
si no bordo ni una frase
que pregone de tu enlace
la suntuaria señoril,
que compare las estrellas
con los soles de tus ojos
y tus rojos labios rojos
con la fresa y el rubí.