IX
Ésas son la verdad, Dios providente,
Que todo lo precaves y lo mandas,
Arquitecto invisible, que dispones
La orientación del pórtico y su fábrica,
Poderoso caudillo que presides
La instrucción del soldado y la batalla,
¡Tragediante inmortal que verificas
La negra intriga de tus propios dramas!
Ésas son la verdad Dios de justicia,
Y cuyo tribunal siempre me llama,
Que has hecho del placer el ancho cauce
Que conduce a la muerte o la nostalgia;
Que has dejado indefensa a la gacela
Armando al lobo de potentes garras;
Que has dividido el mundo de los hombres,
En los más, que padecen y trabajan,
Y en los menos, que gozan y que cumplen
La misión de guiar la recua humana,
Que más grandes son cuando más mienten,
¡Que más nobles son cuando más matan!...
¿Dónde estás Jehová? ¿Dónde te ocultas
Que así me dejas blasfemar y callas,
Mi rebelión airada no sofrenas,
Mi pequeñez pomposa no anonadas,
Mi razón deleznable no enloqueces,
Y esta lengua de arpía no me arrancas,
Y esta lengua de arpía no derribas
Y la haces cual fruto de una rama?