VIII
Y la doblez, la astucia, la codicia;
La vileza del sable que amenaza;
La insidia ruín que a la virtud deshonra
Y a las turbas conturba y maniata;
La evidencia del mal, su negro imperio
Sojuzgando las cosas y las almas,
Cual si fuera la torpe levadura
Que lleva la creación en sus entrañas,
La genésica fuerza incontrastable,
El fiat inicial del protoplasma,—
Ésas son la verdad, Dios de los pueblos,
A cuyos pies la humanidad se arrastra
Como van los rebaños trashumantes
Hacia donde los vientos los arrebatan,
Los pluviales arroyos a los ríos,
¡Y a las aguas del mar todas las aguas!