VIII
Sí, calumnia cobarde,
tu maldad, como un charco, ni se agita
y tu lengua maldita
se arranca finalmente, pero tarde;
porque la frase artera
que lanzas al azar y medio trunca
ya no se borra nunca,
ni aunque Dios, si hay un Dios, lo dispusiera.
Sí, calumnia cobarde,
tu maldad, como un charco, ni se agita
y tu lengua maldita
se arranca finalmente, pero tarde;
porque la frase artera
que lanzas al azar y medio trunca
ya no se borra nunca,
ni aunque Dios, si hay un Dios, lo dispusiera.