VII
Tú tienes los secretos
del reproche y el óbice y la mengua:
tan sólo por tu lengua
Sócrates y Platón no son completos,
por ti los inmortales,
en el mármol y el bronce redivivos,
aguardan pensativos
que caigan de una vez sus pedestales;
tú acechas la subida
del Tabor de la Gloria en un repliegue,
para que nadie llegue
sin llevar en el rostro tu escupida;
por ti se para el carro
del más gran triunfador donde tú mandes;
tú obligas a los grandes
a ceñir un laurel sucio de barro...
¡y tanto les azotas
y es tanto lo que injurias su grandeza
que sienten la tristeza
de no ser unos míseros idiotas!