VI
Por ti van cohibidas
con los ojos en tierra cien mujeres:
no concibes, no quieres
nada más que bellezas prostituidas;
por ti, por tu mandato,
no llegan a ser madres las doncellas
y apagan sus estrellas
en la iracunda paz del celibato;
por ti los más garridos,
los púberes Apolos más hermosos
pasan por tenebrosos,
satánicos arcángeles caídos;
por ti van los aciagos,
impulsivos demonios de los celos,
bramando en los Otelos
que surgieren al chisme de tus Yagos;
por ti marchan sujetas
al índice vulgar vidas preciosas
sufriendo silenciosas
una carrera diaria de baquetas;
por ti, locuaz arpía,
todos los seres, todos juntos, gimen
y la idea del crimen
suele turbar a la razón más fría;
por ti blancos armiños
de máculas y taras están llenos...
y no parecen buenos,
santos y buenos, ¡ni los propios niños!