CAPITULO III.

De las ideas.

[9]No es qüestion de voz, sino de cosas muy precisas la que vamos á tratar. Aunque comunmente se cree, y graves Autores lo dicen, que Platon fué el primero que usó la voz idea: yo hallo que Hippócrates, anterior á Platon, la usó muchas veces en sus escritos legítimos; con que solo se puede decir, que Platon fué el que hizo mas universal la noticia de las ideas. Decia este Filósofo, que quando el Hacedor de todas las cosas hizo este mundo visible, miraba como originales á quienes se adaptaba ciertas formas exteriores, inmateriales, insensibles, eternas, que le servian de exemplar, y á estas llamaba ideas. Leyendo el Timeo de Platon y su Phedon, donde trata de estas cosas, se echa de ver mucha confusion en los dictámenes de este Filósofo, y poca constancia en lo que establece sobre estas ideas, de modo que sus sectarios Plotino, Alcinoo, Apuleyo, y otros, no se pueden convenir entre sí quando tratan de averiguar la mente de su Maestro en este punto. SAN AGUSTIN, que con admirable sabiduría supo enmendar los errores gentílicos, convirtiéndolos en usos verdaderos para ilustracion de las verdades christianas, hablando de las ideas de Platon, las coloca en la mente divina, como que Dios en la creacion del mundo iba poniendo en obra lo que desde la eternidad estaba en su mente. ARISTÓTELES impugnó las ideas Platónicas; y en los tiempos medios no se ha hecho mencion de ellas sino para rechazarlas, de manera que en las Escuelas nunca han tenido entrada, ni en su significado, ni en la voz Idea, para explicar los actos del entendimiento. Los modernos han tomado por su cuenta hablar en sus Lógicas de las Ideas, no de las de Platon, porque todos conocen que son fingidas, sino aplicando esta voz á los conceptos del entendimiento, con lo que han introducido un lenguage, que en sí es confusísimo, y cierra la comunicacion de los Dialécticos de ahora con los de la antigüedad. CARTESIO, á lo que yo entiendo, por no hablar como los antiguos, fué el que introduxo las ideas en la Filosofía[a]. Como el sistema Cartesiano deslumbró toda la Europa, se hizo como cosa de moda pensar, y hablar como Cartesio. Despues que han conocido los hombres de buen juicio, que la Filosofía Cartesiana era por la mayor parte un cúmulo de ficciones bien encadenadas, la han abandonado, quedándoles pegada alguna cosa, como sucede siempre que se han preocupado los entendimientos, pues cuesta mucho desarraigar de todo punto lo que estuvo internado en la mente. Han quedado, pues, las Ideas, y las aplican los mas á cosas con que no tienen conexîon, ni pueden tenerla. Ni Platon, ni sus discípulos entre los Griegos: ni Ciceron, ni Séneca entre los Latinos entendieron, que la voz Idea significase conceptos mentales, sino la forma exterior, hábito y caracter circunstanciado, con que se muestran las cosas, de modo que la Idea reside en ellas, no en el entendimiento; y es el modelo, exemplar, y especie exterior que se tiene presente para la imitacion. En el mismo sentido usó Galeno de esta voz. En las Escuelas han guardado en esto mas propiedad, porque llaman Conceptos lo que los modernos Ideas, y así mantienen la inteligencia de las voces que usaron los antiguos. Algunos Filósofos de estos tiempos, conociendo esto, se han disculpado del demasiado uso de la voz Idea, como Gasendo, y Lock[c]. Los mas han hecho la salva en sus Lógicas de la variedad suma que reyna entre ellos mismos sobre la inteligencia de las Ideas[d]; pero la torrente del siglo, y el no ser facil desprenderse de lo que prematuramente se creyó, ha hecho que siguiesen en sus Lógicas lo que veían en los que les habian precedido. El inconveniente que trae el usar de esta voz, como se hace, es el impedir la inteligencia de los Filósofos Griegos y Romanos, que no usaron tal lenguage, y quando lo usaron, que fué muy pocas veces, era en otro sentido. Es tambien inconveniente, y no pequeño, el no estar convenidos los modernos en lo que está significado con la voz Idea. Cartesio no se declaró bastantemente, ni está firme en la significacion[e]. Despues algunos no entienden por Idea, sino las imágenes y representaciones de la fantasía: otros la extienden á significar todos los actos del entendimiento. La obscuridad que de esto nace es muy grande, porque se confunden las operaciones de las potencias mentales, y se atribuye á una lo que es propio de las otras. Tienen por axîoma (así llaman á una proposicion de todo punto cierta, aunque los antiguos no lo entendieron así) que lo que se incluye en la idea clara y distinta de una cosa es de la esencia de ella. Si por Idea entienden las imágenes de la fantasía, es falso, porque estas representaciones cada punto engañan por ser correspondientes á la impresion de los objetos sensibles, y ser muy facil que los sentidos nos engañen. Con toda claridad, y distincion se nos pinta en la imaginativa como torcido un palo metido en el agua quando está derecho: y con la misma claridad se nos representa una bola de cera como si fuesen dos, quando la movemos con los dedos atravesados, y así otras muchas cosas, en que quedamos cada dia engañados por las representaciones de la fantasía. Este punto le trató bien el Padre Mallebranche, sin embargo que de las Ideas habló con mucha extravagancia, así en la difinicion de ellas, como en afirmar que vemos todas las cosas en Dios[f]. Si por Ideas se entienden las imágenes que de los mismos pensamientos forma la fantasía, tampoco es verdadero el axîoma, porque formándose estas de las primeras, estan expuestas á las mismas equivocaciones; á que se añade, que las imágenes de los actos mentales que la imaginacion engendra, y conserva la memoria, nunca son exâctas porque se forman de las sensibles, y lo representado por ellas no lo es[g]. La verdad, pues, y la seguridad que se puede tener de alcanzarla, no depende de las que llaman Ideas, sino de la rectitud del juicio, y esta depende de los principios de juzgar, de que hemos hablado en el capítulo antecedente, y tendrémos hartas ocasiones de hablar en esta Lógica. De lo que hemos dicho se colige, que la voz Idea en su riguroso sentido no está bien aplicada á las nociones mentales: que conviene hablar de cada una de estas segun lo que son, y las potencias de donde dimanan, sin confusion alguna: que para mantener la comunicacion de idiomas con los modernos, y poder usar de sus luces, nos podremos valer alguna vez de la voz Idea, fixando su significacion á las meras imágenes de la fantasía, sin transcender á los demas actos del entendimiento, como lo hacen entre ellos los mas cuerdos: y que la adquisicion de la verdad no se puede conseguir sino por la aplicacion de los principios sólidos, con que el juicio descubre la conformidad de ellos con las demas nociones mentales.

[Nota a: Véase la Introduccion, núm. 12.]

[Nota b: Véase mi Discurso sobre el Mechânismo, pág. 69.]

[Nota c: Gassend. Instit. Log. pars 1. tom. 1. pág. 92. Lock Essai
Philos. praefat. num. 8. pág. 5
.]

[Nota d: Véase Purchot Logic, c. 1. p. 46. Leibnitz Logic. oper. tom. 2. pág. 17. edicion de Ginebra de 1768.]

[Nota e: Véase la respuesta á las primeras objeciones, pág. 53. De existentia Dei, pág. 85. y la impugnacion 3. de Gasendo, pág. 16.]

[Nota f: Véase la Inquisicion de la verdad, tom. 2. cap. 1. pág. 59. y sig. edicion de París de 1730.]

[Nota g: Véase Leibnitz en el lugar antes citado.]

[10] Segun lo que dexamos sentado es claro que no hay ideas innatas, aun en el sentido en que lo entienden los modernos; porque las imágenes de la fantasía dimanan de los sentidos: los demas actos del entendimiento proceden de sus respectivas potencias, y no se ponen en obra, sino quando hay en la imaginacion las representaciones de las cosas sensibles, las quales son el objeto inmediato de ellas. Así que es indubitable, que nada hay en el entendimiento que no haya entrado por los sentidos, en quanto estos son las primeras puertas por donde entra en la mente la primera noticia de las cosas, y con la ocasion que de esto toman las potencias intelectuales, exercitando su natural fuerza, producen sus actos. Comparo yo esto por lo que toca á cada una de las potencias (aunque en tales asuntos no hay que esperar comparaciones del todo exâctas) á un grano de trigo ú otra semejante semilla. Tiene esta dentro de sí la fuerza de engendrar su semejante; mas no la exercita si no la meten en la tierra, y allí recibe las disposiciones necesarias para producir su efecto. Estas disposiciones son ocasion y motivo preciso para que el grano ponga en obra la virtud oculta que encierra; pero el engendrar á su semejante lo hace por la potencia natural que en él se halla, muy distinta de los aparatos que se requieren para explicar su fuerza. Así como en el grano no es innato quanto hace el Labrador, y solo lo es la potencia interior de engendrar su semejante, del mismo modo no son innatos los motivos y ocasiones que el entendimiento tiene para obrar, y solo lo son las potencias con que exercita sus actos mentales. La equivocacion que ha dado motivo á esta duda consiste en esto. Hay ciertas verdades fundamentales, que con la luz natural se alcanzan, como el todo es mayor que su parte: cada cosa es ó no es, &c. y á estas algunos modernos, renovando máxîmas de la antigüedad, las llaman innatas, como que están plantadas en el alma, y solo se excitan, ó dispiertan con la presencia de los objetos. La verdad es, que ni estos ni otros tales principios están en la mente humana, sino que las potencias mentales los engendran quando hay motivo y proporcion; por donde son innatas las potencias, y nunca lo son sus actos. Conviene explicar un poco mas este punto. Las primeras verdades que el entendimiento alcanza, le vienen de dos fuentes, es á saber de la experiencia, y de lo que llamamos razon natural. La experiencia nos subministra principios para juzgar de todo lo corporeo y sensible: y la razon natural nos sugiere luces para conocer lo incorporeo é insensible. Las leyes inviolables, que en su modo de obrar guarda la naturaleza corporea, observadas por la recta aplicacion de nuestros sentidos, son objetos de conocimientos claros, y de principios indubitables. La verdad, justicia, virtud, relacion, y otras cosas á este modo, conocidas por los actos mentales, y miradas atentamente por el juicio, son objetos que subministran máxîmas indefectibles á la razon natural. La Física en toda su extension averigua las verdades experimentales. La Moral, la Jurisprudencia, la Metafísica, y la Lógica son el depósito de las máxîmas que pertenecen á lo incorporeo. Unidas todas ellas entre sí, enriquecen al entendimiento de principios seguros y constantes para seguir la verdad y evitar el engaño. Lo que conviene es saber aplicar las proposiciones de qualquiera asunto á las máxîmas ciertas, ya experimentales, ya de luz natural; porque el entendimiento en viendo claramente la conformidad y conveniencia de unas con otras, queda convencido de todas ellas. La Lógica trabaja mucho en hacer esta aplicacion, y de prueba en prueba, y de argumento en argumento conduce la mente á conocer la conveniencia del asunto que se trata, y su conformidad con las verdades primitivas. Nada hay innato hasta aquí: todo se adquiere con el debido exercicio de los sentidos, y con el uso de la recta razon. A las potencias del entendimiento les es innata la fuerza de producir los actos de las primeras verdades, una vez que antecedan las ocasiones y motivos necesarios para que obren; y puestas estas disposiciones, como que se vienen por sí, no pueden dexar de producirlos. Propónese á la mente una cosa acaecida, para la qual halla imposible la causa, y no asiente á ella, porque sin poderlo evitar produce este acto intelectual: ningun efecto puede haber sin causa, y de este sube al principio: de la nada, ó de lo que no hay, nada se puede hacer. Propónesele tambien que haga una injuria á su próximo, y lo repugna, porque el entendimiento conoce: lo malo no se puede hacer, y el injuriar á otro es malo, puesto que ninguno ha de hacer á su próximo lo que no quiere que se haga con él. Todas estas proposiciones hasta llegar á la verdad primitiva, que por sí misma es clara, son unos sylogismos tácitos, que con facilidad se pueden reducir á raciocinios descubiertos, con los quales se llega á ver la conveniencia de lo que se trata con los primeros principios. Estas y otras tales verdades primitivas las producen, en presentándose ocasion, las potencias mentales sin poderlo evitar, y por eso es innata en ellas la fuerza de engendrar los primeros razonamientos que han de servir de basa á todos los otros. Así como la tierra es una madre fecunda, que recibiendo varias semillas, hace que cada una, dado que acudan las necesarias disposiciones, engendre á su semejante sin poderlo estorbar, y sin equivocar las fuerzas respectivas de cada una de ellas, del mismo modo el entendimiento humano, puestas las ocasiones y motivos necesarios para obrar, produce los actos que corresponden á cada una de sus potencias: y así como á la imaginativa le toca formar imágenes de los objetos, al ingenio combinarlos, á la memoria retenerlos, al juicio le pertenece producir las primeras proposiciones que encierran las verdades fundamentales de la razon, y lo executa como que esto es propio de su íntima y natural potencia. De lo dicho se deduce, que la qüestion de las ideas innatas, que inutilmente se trata en las Lógicas de los modernos, es importuna, porque conociendo y distinguiéndose bien las potencias mentales de sus actos, y viendo atentamente cómo estas cosas se exercitan, se sabrá lo que es innato y no lo es, y tambien lo que puede ser provechoso averiguar en esta materia.