CAPITULO VIII.

De la afirmacion y negacion de las proposiciones.

[19] La partícula negante, para que la proposicion sea negativa, ha de juntarse con el verbo; pues si se antepone al nombre, le hace infinito é indeterminado, sin que por eso la proposicion sea negativa. Non homo est aliquid, lo no hombre es alguna cosa, es proposicion afirmativa, aunque haya negacion, bien que el sugeto se hace infinito. En las nociones mentales, siguiendo el orden natural, la negacion de las proposiciones siempre va cerca del verbo, y esto deben hacer los que quieren hablar y escribir con perspicuidad; pero los Escolásticos para hallar nuevos modos de enredar los conceptos del entendimiento han hecho mil transposiciones de la partícula negativa, sacándola del orden natural, y con esto han movido muchas qüestiones impertinentísimas. Con lo que hemos dicho de la negacion, y con saber el uso que de ella se hace en las principales lenguas, se podrá gobernar qualquiera con acierto en la averiguacion de la verdad: lo que en este asunto conviene explicar con mas extension es el uso que ha de hacerse de la afirmacion y negacion. Afirmar significa, como hemos dicho, juntar en el entendimiento dos nociones por el verbo ser, ú otro, que puede reducirse á este. Afirmar significa tambien asegurar una cosa consintiendo en ella. Quando juntamos en el entendimiento las nociones de monte y de oro, diciendo: El monte es oro, afirmamos en el primer modo, y no en el segundo, porque aunque tengamos juntos estos conceptos, no asentimos á semejante proposicion. Lo mismo ha de entenderse de esta proposicion: Pedro es piedra, la qual es afirmativa en el primer modo, mas no afirmamos en ella ser Pedro piedra en el segundo. Esta diferencia consiste, en que la afirmacion con que solo juntamos los extremos, qualesquiera que sean, es obra del ingenio; mas la afirmacion con que asentimos á una proposicion, es obra del juicio. Y sucede muchísimas veces hallarse en el entendimiento muchas combinaciones diferentes, sin aprobarlas el juicio, porque este asiente á la verdad de una proposicion, quando ya ha visto la conexîon que tiene con los principios primitivos; así quando decimos Pedro es piedra, en la nocion de Pedro considera el juicio la de hombre, la de viviente sensitivo y racional; y en la de la piedra concibe la de un cuerpo duro, é incapaz de vida y sentimiento, y no pudiendo juntar, ni combinar realmente estas nociones, no asiente á semejante proposicion.

[20] Por esto será bien advertir, que tenemos muchas percepciones de las cosas sin asentir á ellas, y por consiguiente, que no es lo mismo pensar, que consentir. Muchos de conciencia delicada se equivocan en esto, porque no se paran á meditar lo que les sucede en la variedad de sus pensamientos; pero si reflexîonan un poco, conocerán claramente, que las percepciones que tenemos por los sentidos, puesta la buena disposicion de sus órganos, no pueden dexar de seguirse á las impresiones, que estos reciben. Son pues, como lo hemos explicado, libres el asenso y disenso, que pertenecen al juicio; y como este asunto sea importantísimo, será bien declararse con algunos exemplos. Preséntase Ariston delante de un arbol ó de un jardin, y si tiene los ojos sanos y bien dispuestos, no puede dexar de ver aquellos objetos. Estará á la verdad en su albedrio algunas veces ponerse delante del jardin ó del arbol; mas ya puesto y aplicado á mirarlos, no puede evitar el verlos. Si el arbol es grande ó pequeño, y el jardin ameno y divertido, luego acompañará á la vision de ellos el juicio afirmativo: El jardin es ameno, el arbol es grande, y estas proposiciones son en todas maneras afirmativas, porque al tiempo que junta al arbol la nocion de grande, por el uso y experiencia de las cosas, sabe que le conviene, y así lo afirma y lo consiente; y lo mismo sucede quando la nocion de la amenidad la apropia al jardin. Supongamos ahora, que Ariston es curioso en las cosas naturales, y luego su curiosidad le mueve á saber qué arbol es el que tiene por grande. Aquí no hallándose con bastantes principios experimentales para asegurarlo, queda dudoso, ó suspende su juicio, y esta suspension, sin afirmar ni negar, no es otra cosa que el exercicio de su libertad, con la qual consiente, disiente ó suspende el asenso y disenso á su albedrio. Mas ya Ariston exâminando las partes del arbol, su forma externa, su figura, y todas las demas cosas necesarias, combinándolas con otras de que tiene ciencia y experiencia cierta, asiente á que el arbol grande es almendro. No hay que dudar, que quando Ariston averiguaba qué arbol era el que veía, tendria dentro de sí varios pensamientos con que le compararia hasta encontrar con aquel que tenia entera conveniencia con el que buscaba, y así interiormente diría: Este arbol parece sauce, y afirmaba en el primer modo en quanto juntaba la nocion de sauce con la de aquel arbol; mas no en el segundo, porque no hallando entre el arbol presente, y el sauce la semejanza necesaria que debia corresponder á su experiencia, no asentia á que lo fuese. Del mismo modo pensaria en otros árboles, y de ninguno lo afirmaria con asenso hasta llegar al almendro.

[21] De otro modo le sucede á Ticio, que, paseando con serenidad de ánimo, ve á Crisias su mayor enemigo, que quiso tal vez en otro tiempo quitarle la vida, y la fama. Luego que Ticio le descubre, percibe á Crisias, y junta la nocion de enemigo, diciendo dentro de sí: Crisias es mi enemigo; Crisias me quiso quitar la vida; Crisias intentó quitarme la fama. Pero al mismo tiempo se le excita á Ticio la memoria del agravio y maldad de Crisias, y los afectos de ira, de odio, ú de venganza. Esto se executa en Ticio tan aprisa, que casi lo mismo es ver á Crisias, que suceder todo lo referido. La primera percepcion de Crisias, que tuvo Ticio, no fué voluntaria, puesta la aplicacion de la vista en el modo dicho. Tampoco lo fué la memoria del agravio, y de la ofensa, ni el primer movimiento de los afectos nombrados. Lo son solamente las proposiciones propuestas, y lo son mucho mas los juicios que suelen seguirse á los afectos, como si Ticio llevado de la ira dixese: He de vengarme, y otros semejantes. Aquí se han de distinguir los afectos é inclinaciones que se excitan en Ticio quando ve á Crisias, de los juicios que de ordinario suele Ticio juntar con ellos, porque el primer movimiento de aversion ácia Crisias, excitado de la primera percepcion que aquel tuvo de este, no es voluntario, y los Filósofos le llaman motus primo primus; pero los juicios que suelen acompañar aquellos movimientos son voluntarios, y puede Ticio, y debe apartarlos, y en algunas ocasiones aplicar todas sus fuerzas para reprimirlos.

[22] Síguese de lo dicho, que los errores están en el juicio, y que debemos trabajar en dirigirle con acierto para proceder con rectitud en el exámen de la verdad. Tambien es de notar, que han de distinguirse las operaciones libres del alma, de las que no lo son, porque este conocimiento importa mucho para poder hacer buen uso de nuestra libertad. Algunos modernos hacen actos de la voluntad, y no del entendimiento, al asenso y disenso, y por consiguiente al juicio; y lo fundan en que á nuestro albedrio consentimos en las proposiciones, ó disentimos á ellas quando queremos, lo que parece propio de la voluntad. Esta qüestion la tengo por poco util para hallar la verdad, y evitar el error en las Artes y Ciencias. Lo que yo juzgo es, que en el alma no son potencias distintas el entendimiento y voluntad, sino que son el alma misma en quanto piensa y quiere, y que estas denominaciones y distinciones de potencias solo se toman de los diversos actos que exercita; y así siempre que piensa, ya sea imaginando, ya sintiendo, ya acordándose de las cosas, ya hallándolas, ya combinándolas, lo hace el alma por una fuerza que llamamos entendimiento; y siempre que ama ú aborrece, asiente ó disiente á las proposiciones, lo hace el alma misma: y aquella fuerza con que libremente exercita estos actos llamamos voluntad.