LXVI.

"Todo esto discurría yo tendido al pié de un árbol, con el corazón despedazado, cuando llegó el carruaje."

"Monté violentamente y tomando las riendas agitaba los caballos como si quisiera volver á México en alas del relámpago."

"Tuve impulsos de precipitar el coche á una barranca, pero me detuvo la consideración de que también perecerían el conductor y Mariano, quien, temiendo tal vez una catástrofe, me arrebató las riendas; yo se las abandoné inconscientemente."

"El camino era largo y llegué á México á las diez de la noche."

"En la puerta del jardín despedí al cochero y ordené á Mariano fuese á la casa, para esperarme hasta nuevo aviso."

"Como siempre guardaba una llave, no me fué difícil entrar sin ser visto."

"Hacía mucho frío y el jardín resonaba con esos murmullos de la noche que no sé de dónde salen."

"La luna casi oculta entre las nubes derramaba una claridad débil é indecisa."

"Los espacios de luz y sombra cambiados sin cesar con la oscilación de los árboles agitados por el viento, hacían figuras que me parecieron esqueletos colgados de las ramas y animales que saltaban y desaparecían."

"Corriendo en línea recta para llegar cuanto antes á la escalera que terminaba en la puerta de mi cuarto, ví aproximárseme un enorme fantasma, le acometí sin miedo y me lastimé una mano, porque no era otra cosa que el tronco de un árbol; continuando sin ver á dónde pisaba me hundí en un caño cenagoso que conducía el riego."