XXI.

"Mi madre, con su natural ingenuidad, me dijo:—Aquí está María Luisa, ¿qué te parece? Mucho tiempo ha vivido en un pueblo y cuando murió su tía vino á la ciudad; hoy al encontrarla en la calle, me contó que servía en una casa donde yo sé que hay malas costumbres; por eso la he ocupado aquí mientras tiene colocación en otra parte."

"Yo no supe qué responder, estaba sintiendo la turbación eléctrica que se apodera del espíritu en los momentos supremos de placer ó de martirio."

"Ese día formó época en mi vida; despertaron en mi alma las más tiernas afecciones, me pareció que se habían satisfecho todas mis vagas y confusas esperanzas de felicidad."

"Entonces conocí esa ilusión espiritual del sentimiento, ese amor primero que para unir el cielo y la tierra, nace con la adolescencia y muere con la vida."

"¡Qué torbellino de ilusiones se levantó en mi cabeza delirante!"

"¡Qué palacios de nubes alzaba yo en el cielo purísimo de mis sueños!"

"Por mucho tiempo á nadie manifesté lo que sentía."

"El amor que calla es el verdadero amor."

"Yo escondía mi cariño como una flor guardada en el alma, y María Luisa por su parte, sin decir su amor, lo exhalaba como un aroma en torno suyo."