XX.

"Ya contaba yo diez y ocho años y María Luisa debería tener diez y seis."

"Mi madre quiso dedicarme al sacerdocio, pero yo deseaba ser abogado; sus temores de que alguna vez pudiese arrastrarme la política en su voraz torbellino, me obligaron á optar por la profesión de mi padre y comencé á estudiar medicina."

"Una tarde al volver del colegio con el libro bajo el brazo y muy satisfecho por mis adelantos, quedé admirado, mudo é inmóvil en la puerta de la sala donde mi madre trabajaba."

"Veía, sin poder creerlo, á María Luisa, que ya convertida en mujer núbil y hermosa, estaba sentada cosiendo junto á mi madre, con la frente caída y la cabellera destrenzada."

"La joven, sorprendida y llena de rubor, se paró á saludarme con respetuoso afecto."

"Aquella criatura que había yo conocido tan pequeña y tan débil, la contemplaba entonces bellísima, gentil y esbelta, flexible como palmera y gallarda como antílope."

"Tenía la mirada de la noche y la sonrisa de la mañana."

"Su tez mórbida y pura ofrecía el tinte de las rosas y el terciopelo de los lirios."

"Me pareció que la primavera vivía en su alma y que la estancia se iluminaba con la luz de sus ojos orientales."

"Vestía un corpiño blanco que realzaba sus formas estatuarias y una enagua obscura y corta permitía ver sus piés desnudos y rosados como los piés de las palomas."

"Oí su voz tan suave y cariñosa como antes, pero algo melancólica."