XXIV.

"Muy pronto quedó arreglado el viaje porque mi tío luego se ofreció para llevarme hasta Veracruz donde me recomendaría con un comerciante amigo suyo que estaba próximo á embarcarse para Cádiz."

"En vano intenté hablar con María Luisa, porque huía de mí procurando estar cerca de mi madre."

"La víspera de mi marcha me esperó al anochecer en el fondo de un corredor por donde yo debería pasar."

"Su mirada me sonreía á través de sus lágrimas."

"Viéndola extender sus brazos hacia mí, pensé que intentaba abrazarme y quedé inmóvil.—Esto era de mi madre,—me dijo poniéndome en el cuello un cordón del que pendía una medalla de cobre grabada con la imagen de la Virgen."

"Yo me sentí bañado con su aliento y nada pude contestarle porque en el acto desapareció."

D. Carlos suspendió unos instantes su narración y poniéndose la mano en el pecho, continuó:

"Aquí guardo todavía esta prenda del sentimiento y de la gratitud."

"¡Cuántas veces la he besado, la he comprimido sobre mi corazón y mojado con mi llanto!"

"Era lo único que poseía en el mundo aquella niña desdichada."

"Aun no amanecía; después de abrazar á mi madre, bajé á tomar el coche acompañado por mi tío; Sebastián conducía el equipaje y una linterna."

"En el descanso de la escalera encontré á María Luisa, que había estado allí toda la noche para verme pasar."

"Sus labios temblaban y sus cabellos caían en desorden; sus ojos llenos de lágrimas me dirigieron una mirada de agonía."

"Al pasar junto á ella me pareció escuchar un gemido triste como el ay de la tórtola cuando llora por el hijo que le han robado."

"Yo no tuve ánimo para decirle adiós."

"El coche partió en la calle de mi casa y el buque se hizo á la vela en el puerto de Veracruz."

"Aunque uno de los más hermosos sueños de mi vida consistía en viajar por lejanos países y á pesar del encanto secreto que goza el alma de la juventud cuando corre á lo desconocido, aseguro á Ud., Padre, que no pude soportar el dolor de la nostalgia y pronto me consideré más desventurado que nunca."