XXVI.
En la tarde siguiente llegaron los dos amigos á ocupar el mismo sitio.
D. Carlos, invitado por el Padre José, continuó su historia en estos términos:
"Por espacio de tres años mi vida en Madrid fué pesada, solitaria y monótona, con excepción de breves temporadas."
"Encerrado en un colegio, solamente veía la calle cuando era muy preciso."
"Estudiaba con ahinco, huía de mis compañeros y pensaba sin cesar en mi familia y en mi patria."
"Mi madre y María Luisa eran los objetos invariables de todos mis votos y todas mis esperanzas."
"El sueño había huido de mis ojos."
"Aquella pasión devastadora exasperada con la distancia, estaba consumiendo mi vida."
"A la par que por complacer á mi madre había empezado mis estudios de medicina, también frecuentaba las cátedras de jurisprudencia por cuya carrera tuve siempre decidida vocación."
"Durante largo tiempo no abandoné los libros ni á las horas de comer."
"Vivía como refugiado en mi aislamiento, teniendo la patria en el corazón y la cabeza llena con esas ideas que matan esperanzas y presentan el porvenir del color de la noche."